Advertencia: este capítulo es ¡demasiado sexy! Ok no, espero lo disfruten.
Capítulo 4 Amor, paciencia y enemigos.
Aoba se quedó en la cama, pensativo, aquello había parecido demasiado real como para ser un sueño, pero ¿Qué pruebas tenía de ello?
No tenía ni la más mínima prueba de que sus palabras fuesen verdad o de que aquello hubiera sucedido. Su mente estaba borrosa y solo podía recordar algunos detalles del día anterior, posiblemente, tal como su mayordomo lo había indicado, todo había sido solo un sueño, ni más ni menos. De cualquier forma soñar algo así no es muy normal. ¿Quién sueña que se viste de chica en una fiesta? Eso es algo muy absurdo.
Posiblemente algo me cayó mal anoche y por ello soñé tonterías
Aoba, algo mareado aun, se levantó suavemente. Miró el calendario y luego miró su reloj, tenía que salir para ir a la universidad. Se puso sus ropas normales y bajó a comer algo simple, poco después salió sin decirle ni una palabra a sus buenos mayordomos. Solo salió corriendo, de cierta forma Aoba prefirió olvidarlo todo y enfocarse en el hoy, especialmente a sabiendas de que vería a su maestro, Mink.
…
Mink fumaba tranquilamente en su despacho, faltaban unos veinte minutos para que comenzaran las clases y entonces tuviera que ir a enseñar a los chicos universitarios que vivían en el pueblo cercano a la escuela. No era mal trabajo, la paga era buena y enseñar era entretenido. Pero, algo había tomado su atención y ese algo era el chico nuevo: Seragaki Aoba; ese chico era diferente a todos los demás, era dedicado, amable y atento, con un aspecto llamativo y extravagante, él no era un chico de pueblo, venía de la cuidad, eso era obvio, quizá por ello todos se alejaban de él.
Sin embargo, Mink sabía algo que los demás no, él sabía porque todos, quisieran o no evitaban a Aoba… y eso tenía que ver con vampiros. Sí, Mink sabía que Aoba estaba rodeado de vampiros, por ello comenzó a convivir con él, a observarlo cuidadosamente. Mink llegó a la conclusión de que Aoba no sabía nada, no estaba consciente de que clase de criaturas le rodeaban, no presentaba signos de haber sido mordido o intimidado, no era un vampiro, y tampoco tenía ningún sello, simplemente tenía impregnada una esencia de muerte y eso provocaba que el instinto natural en otras personas se activara y le evitara todo el tiempo.
Mientras Mink se perdía en sus pensamientos, dejaba salir largas bocanadas de humo, sus ojos estaban puestos en la nada, ese día estaba algo pensativo. Se estaba interrogando a sí mismo, preguntándose cosas como: "¿Y qué esperas obtener? ¿Para qué ayudarías a ese chico? ¿De verdad crees que puedes hacerlo? ¿Y si no te cree? ¿Cómo? ¿Por qué?". Pero por más que intentó e intentó no encontraba una respuesta lógicamente satisfactoria. Todo era sin motivo o razón.
—¡Mink-san! —se oyó la jubilosa voz de Aoba.
—¿Aoba? ¿Qué sucede? —Preguntó Mink, apagando su cigarro—. ¿No es temprano aun?
—Puede que sí —admitió— pero es mejor llegar temprano ¿no?
—Supongo… —Mink miró el reloj, faltaban ya cinco minutos, no era tan temprano en realidad—. Será mejor que nos vayamos de una vez. Anda.
Aoba asintió, tenía una dulce sonrisa en el rostro, Mink debía admitir que su estudiante le atraía y mucho, pero si dejaba llevar por esa dulzura sería un problema, no debía olvidar los problemas que tenía en frente, pero tampoco podía olvidar u ignorar aquello que su corazón comenzaba a sentir; una ternura enternecedora que llenaba su alma, quería abrazarlo cuando veía esa tierna sonrisa.
—Leí el libro que me diste —dijo Aoba, mientras ambos se dirigían al salón—. Me gustó mucho… aunque fue algo triste.
—¿Te parece?
—Bueno, sí —Aoba suspiró—. Supongo que un final feliz… me hubiera gustado. Quizá sea inmaduro, pero quizá soñar con finales felices no está tan mal… ¿verdad?
Mink meditó un momento, con suma suavidad acarició la cabeza de Aoba y le dedicó una ligera sonrisa.
—No, no está mal, creo que soñar con algo mejor no hace mal a nadie.
Aoba curvó sus labios en una suave sonrisilla, esas simples palabras le alegraron de sobre manera, aunque si podía ser sincero, no estaba solo feliz por las palabras sino por el orador de las mismas. Por Mink, por eso se sintió tan feliz. Incluso sintió su rostro arder por unos segundos, esperaba no haberse sonrojado. Agachó el rostro y contuvo sus ganas de gritar, su pecho dolió, latió tan fuerte que no supo que hacer.
¿Qué era ese sentimiento que iba creciendo en su interior?
…
Clear miraba con cariño la rosa roja que había recogido el otro día. Koujaku tocaba el piano mientras esto sucedía, ambos estaban solos en la enorme habitación, con su mente en el aire, pensando en lo mismo: Aoba.
—¿Y esa rosa? —preguntó Koujaku, sin dejar de tocar.
—Creo que lo sabes muy bien, lo viste todo —respondió Clear, sonriendo sarcástico, mientras sostenía la rosa contra sí.
—Ya veo, eres muy perspicaz —bromeó él—. Como fuera, la noche anterior fue algo interesante, ¿Disfrutaste de una buena cena?
—Pudo ser mejor —se quejó Clear—. A veces no te entiendo, Koujaku. Tú eres el que más desea probarlo, ¿Por qué nos estamos conteniendo? Jamás lo habíamos hecho, todo siempre era igual: Llegaba la presa, la seducíamos y la comíamos. Eso era todo.
Koujaku siguió tocando, la sonrisa no se iba de sus labios.
—Porque él es diferente, ¿No lo has notado? Dime, Clear, de todos los cuerpos que has sepultado en nuestro jardín de rosas ¿Cuántos han logrado producir una rosa como la que tienes entre manos?
Clear suspiró, era cierto, vivos o muertos, mujeres o hombres, ninguno había logrado hacer florecer una rosa roja, ninguno había logrado hacer que esta creciera tan rápido, era un pequeño pero muy importante misterio al cual Clear no había encomendado gracia alguna.
—Entiendo, él es diferente, pero ¿No es esa una mayor razón para hacerlo nuestro?
—Lo será, solo debemos tener paciencia. Tienes razón Clear, me estoy volviendo loco, su aroma es exquisito, pero debemos ir lento o todo se arruinará.
Clear asintió mientras sentía el aroma de la rosa en sus manos, comprendía las palabras de Koujaku y las respetaba, no porque Koujaku fuera mayor que él o algo así, sino que Koujaku era el segundo sangre pura de la casa, y Clear, siendo solo un convertido escuchaba a lo que él tenía que decir, sabía muchas más cosas y de nada serviría buscarse problemas.
…
—A-Aoba… nhg… nhg… ¡A-Ah!
Se escuchaban gemidos y jadeos, la voz suave de alguien salía presa de la excitación.
En la cama de Aoba se encontraba Ren, acostado en esta, con la cara hundida en la almohada de Aoba, sintiendo su aroma mientras se tocaba a sí mismo. No podía resistirse, sentía una excitación fatídica cada vez que ese dulce aroma le impregnaba. Más que hambre sentía excitación, sentía una calentura difícil de soportar y disimular. Por ello, cuando Aoba no estaba, se daba el gusto de masturbarse en la cama del peli-azul, aunque no era mucho, por lo menos podía tocarse a sí mismo mientras la esencia de Aoba inundaba sus sentidos.
La mano de Ren subía y bajaba con fuerza, apretaba de vez en cuando y comenzaba de nuevo. Todo estaba poniéndose más húmedo y caliente. Ren, con los ojos cerrados, imaginaba que esa mano no era la suya, sino que era Aoba otorgándole placer. ¡Diablos! ¡Si tan solo la imaginación fuese realidad!
Pese que la noche anterior había tenido relaciones sexuales como bestia, no era suficiente, no sentía que estuviera realmente satisfecho, pues por más cuerpos que hubo tocado o probado, ninguno era Aoba, ninguno tenía esa esencia, ninguno era lo que Ren en realidad deseaba.
Ren era un vampiro curioso, era poco sádico, y mucho menos masoquista, pero era muy 'pervertido' usualmente probar la sangre o sentir el aroma delicioso de alguna presa, lejos de inspirarle sadismo, le inspiraba pasión y un impulso sexual irrefrenable. Era extraño, pero fuera de alimentarse, provocar dolor no le llamaba en nada, no quería torturar o hacer gritar a nadie (a menos que fuera de placer).
Un último jadeo y dejó que su excitación se liberara en las sabanas de Aoba. Ren, con la respiración errática y cortada se quedó ahí un momento, turbado por esa curiosa esencia que le orillaba a masturbarse y a producir sonidos tan indecentes.
—Ya no aguanto —murmuró para sí.
…
—¿Este o aquel? —dijo Noiz.
Noiz miraba los arneses, correas, ropajes y otro tipo de cosas, estaba tratando de pensar cual se le vería mejor a su lindo Aoba. El S&M* de por sí ya era su gusto, pero el bondage* le excitaba mucho. Ese juego de amo/esclavo que deseaba jugar con Aoba era algo que le mantenía ocupado, si aún no podía tocarle por lo menos podía idealizar como sería jugar con él.
—No es suficiente —gruñó frustrado—. ¿Cuánto más nos hará esperar ese anciano? —escupió, refiriéndose a Koujaku.
—Este anciano tiene sus motivos ¿sabes? —dijo Koujaku, sonriendo burlonamente, recargado en la puerta de la habitación de Noiz—. Quizá podrías dejar tus tontos jueguitos pre-potentes y venir abajo, tenemos algo que discutir, es sobre Aoba.
—Maldito anciano —Noiz le dirigió una mirada asesina al azabache, pero simplemente obedeció.
Un vez en la sala, los cuatro tomaron asiento y esperaron a que alguien tomara la palabra, en este caso esperaban a que Koujaku dijera lo que tenía que decir.
—Algo raro sucede con Aoba, y no estoy seguro de que podrá ser.
—Lo noté también —convino Clear—. Hoy en la mañana tenía nuestra esencia impregnada y hoy apenas llegó a la casa llegó apestado, era asqueroso ese aroma, además no pude tocarlo… no pude.
—¿Algún talismán? —preguntó Ren.
—Posiblemente, pero no sabemos que es —dijo Koujaku.
—De cualquier forma no podemos quitarle nada, no podemos ni tocarlo —dijo Clear, con escepticismo aunque en realidad se notaba la ira en sus ojos.
Todos se miraron los unos a los otros. Sabían que Aoba no había aquerido dichas protecciones por conocimiento o necesidad, él aun no sabía que eran ellos en realidad. Lo que significaba que alguien más si lo sabía y ese alguien se los dio a Aoba con intenciones muy claras. Posiblemente tenían un enemigo en las sombras pero ¿Quién era?
…
Hoy fue un día extraño, sinceramente no entiendo muy bien que les sucede a mis mayordomos. Llegué de clases, todo muy normal, me recibieron como siempre, pero Clear parecía no querer tocarme como si yo tuviera la peste negra y él era quien más insistiría en abrazarme o tocarme de alguna forma. Y hoy no, simplemente se apartó, parecía casi asustado de mí.
Luego fue igual con Ren. A Noiz no le vi, quizá estaba ocupado. Koujaku me preguntó por mi día y le conté sobre algunas cosas sobre medicina que aprendí en la escuela. Luego le platiqué sobre algunos libros nuevos que me dispondría a leer más tarde. Él sonrió, pero pude notar algo diferente también en él.
Aparte de ello, creo que mi día con mi profesor fue magnifico. Sigo sin comprender que es este sentimiento en mi corazón…Cada vez que Mink sonríe o me halaga sintiendo que voy a estallar en mil pedazos, aunque me hace sentir bien. Mientras me daba un baño en la gran tina de burbujas comencé a pensar en lo que había soñado y en otras cosas. Por primera vez me comencé a preguntar acerca de cómo ese hombre y mi abuela se conocieron, realmente no tuve oportunidad para hablar con él sobre el pasado de mi abuela.
El agua caía por mi cuerpo, sentí una helada corriente de aire que heló mi piel, algo así como un presentimiento, sentía claramente que alguien estaba mirándome. Voltee pero no vi nada, ni un alma, ninguno de mis mayordomos estaba ahí. Sonreí un poco para mí mismo, ya estaba tan nervioso que estaba imaginando cosas. En ese momento pensé que quizá… debería dejar de leer los libros sobre vampiros que Mink me había dado.
Miré mi mano, ahora tenía una sortija nueva, era un regalo… tenía una bonita gema roja en el centro, era muy bonito…
…
—¿Le diste la protección, Trip?
—Sí, le he dado un anillo y un collar —respondió.
—Bien, bien, ¿Cómo responderán los vampiros ante esto?
—No lo sé. Pero sin duda será muy, muy divertido.
—Sí, su osadía ha sido grande al robarnos lo que es nuestro.
—Ya no podrán tocarlo.
Dos chicos, uno con cabello rubio y el otro pelirrojo comenzaron a reír, se reían porque su plan había sido todo un éxito. Le habían ofrecido a cierto joven una gema capaz de repeler vampiros, pues les quemaba. Los vampiros no eran más que un pobre intento de demonio, pero era imperfecto y dependiente, patético en todos los sentidos, o por lo menos así lo veían esos dos jóvenes que ahora reían con tanta satisfacción.
—Aoba-san, nuestro ángel celestial, pronto iremos por ti —comentó el rubio mientras miraba un espejo, ahí se podía ver la imagen de Aoba, estaba durmiendo tan pacíficamente. Era un encanto.
—Sí, así será —convino el otro.
Los nombre de esos dos chicos eran: Trip y Virus...
Y ellos eran demonios.
…
Palabras de la autora: :D ¡LOL! Espero les haya gustado este capítulo. Realmente me divierte mesclar vampiros con los hermosos personajes de Dramatical murder. Omg ¡Ya aparecieron los no-gemelos-oxigenados! Y para hacerlo todo más difícil ¡Son demonios! Pobre Aoba D: Corre por tu vida. En fin, nos leemos a la próxima.
