Hetalia no es mio, eso es mas que obvio… pero pronto… (insertar risa maligna)


Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.

"Un largo beso de despedida."

Cap.4

-¿Por qué tuvo que pasar esto? ¡Dime! ¿¡Por qué!

-…lo s-siento…

-¡cállate! ¡No quiero escuchar más tus mentiras!

-¡te juro que no tuve nada que ver!

-¡cállate, cállate, cállate…! ¡Vete de aquí! ¡Todo es tu culpa!

-…lo siento… perdóname.

-…vete al diablo, no quiero saber nada mas de ti, Prusia.

-…Fritz.

-¡lárgate! ¡Vete! ¿Qué acaso no lo entiendes? ¡Te quiero fuera de mi vida! te odio… por tu culpa el murió…

Ya habían pasado tres días desde su partida, junto a Hans y Keith, Fritz creyó que su plan había dado resultado.

-…descansemos un rato, Keith, Hans.

-¿no crees que sería mejor que avanzáramos, Fritz?

La mirada de Fritz se torno seria, no, el ya no era Fritz, su nombre era Federico y así debían de llamarle, Federico de Hermann von Katte, un joven con una vida "artística" que vive al lado de su amado.

-Federico, apoyo a Keith, creo que sería más conveniente seguir.

-¿seguro, Hans?

-confía en nosotros ¿acaso olvidas quienes somos?

-mi amante y mi amigo.

-…esto… es tan raro oírlo de ti… Fritz…

-… FEDERICO

-¿eh?

-mi nombre es Federico.

-ah, si… perdón… Fri… Federico, lo siento.

-recuérdalo Keith, sigamos adelante Hans.

Siguió adelante con sus compañeros tras él, tenía que llegar a Inglaterra, debía de iniciar su vida desde cero.

Despertó, se había quedado dormido por enésima vez mientras cabalgaba, tenía hambre y frio, un frio que invadía todo su cuerpo, de seguir no llegaría lejos, estaba cansado pero sabía que debía seguir, tenía que encontrarlo, el era su motivación para seguir adelante.

-…Fritz…

Por el llegaría a donde fuera sin importar su condición.

El sol lastimaba su visión, en ratos todo se tornaba borroso, por un segundo juro escuchar la voz de Francis, pero eso era imposible ya que se había separado de él la mañana del día anterior, este se excuso diciendo que debía volver a su país…

"-cuídate Gilbert, no te sobre esfuerces o te desmayaras."

Eso dijo y se fue, sin más.

-"debo de descansar, ya estoy alucinando."

Pensó, tenía mucho sueño, no durmió la noche anterior para avanzar más terreno, no se detuvo a comer porque le pareció una pérdida de tiempo, tal vez, solo por una vez, debía de hacer caso al consejo de alguien más.

Si bien esto no lo mataría, lo sabía perfectamente, pero a final de cuentas su cuerpo era como el de un humano y por lo tanto podía resentirlo.

Gilbert suspiro, bajo del caballo y saco dos manzanas de la bolsa.

-toma.

Le dio una.

-una para ti y otra para el increíble yo.

El animal relincho, Gilbert no pudo evitar echarse a reír, desde que salió del castillo no había sonreído, de hecho, desde que emprendió su búsqueda no hacía nada por si mismo era como si ya no le importase vivir.

Entrecerró los ojos y suspiro con tristeza.

-¿…donde podrá estar?

Le dio una mordida a la manzana.

-…esta agria…

De mal en peor.

Sin rastro alguno que lo llevara hacia Fritz, lo único que podría hacer era lamentar sus desgracias, pero eso no era digno de alguien tan maravilloso, claro que no.

Recargo la cabeza en su bolsa y cerró los ojos…

Y todo se volvió obscuro por segunda ocasión.

Pero a diferencia de la anterior, Gilbert soñó con el pasado.

Era una hermosa mañana, la claridad entraba por las cortinas, volviéndose una luz tenue, en el palacio Sofía Dorotea de Hannoverbuscaba a su hijo.

-¡Federico! ¡FEDERICO!… Prusia ¿has visto a Federico?

Un Prusia con una apariencia de un joven de 18 años se encontraba sentado en los escalones que daban al jardín.

-¿a tu marido o a tu hijo?

-a mi pequeño.

-oh, a Fritz no lo he visto.

-que mal, si lo ves dile que mamá necesita hablar con él.

-está bien Sofí.

-te lo encargo, no lo olvides por favor.

-descuida, no lo haré.

Era un día tranquilo, Gilbert se levanto, ante una mañana tan maravillosa como él, lo más sano por hacer era darse un paseo por aquellos enormes jardines.

que aburrida era su vida en el palacio.

-En este mundo… ¡…que maravilloso es estar solo!

Su vida era aburrida, rutinaria y sobre todo solitaria, comenzaba a hartase de esa maldición, algo tan largo como ser una nación, el vivir tanto comenzaba a ser tedioso.

Los jardines de aquel palacio eran enormes y perderse en ellos para él era cosa de diario, no es que tuviera un pésimo sentido de orientación solo que, simplemente, se distraía con facilidad, además, no era su culpa, claro que no, era culpa de quienes diseñaron los jardines, sí, eso debía de ser.

se detuvo un momento ya que creyó escuchar algo.

¿Un sollozo?

Siguió el sonido, el cual se volvió cada vez más cercano, apresuro el paso, y cuando llego a donde él creía provenía el sonido, se encontró frente a un enorme sauce.

Bien, el ya sabía de los sauces llorones, pero nunca pensó que en serio… pues, que en verdad lloraran.

-…mph… buaaa…

Bien, no solo lloraba, también hacia berrinches.

-¡…l-lo odio!

Y gritaba.

Si no fuera por el miedo que sentía de momento Prusia hubiese admirado las flores del sauce, unas diminutas flores blancas que se desprendían con facilidad haciendo parecer que estas "llovían" de la nada.

-¿…estas llorando?

Fue lo único que pudo decir, una pregunta estúpida en muchos sentidos.

-¿…Prussia? ¿Eres tu Prussia?

Una pregunta estúpida que el sauce contesto con otra más.

-ah, si… supongo que si ¿no?...

-…no estoy…no estoy llorando…

-¿Quién eres?

-…soy Federico.

-ah, Fritz, asómate, que bueno que eres tú, por un momento creí que el sauce… tu sabes… estaba llorando.

Un pequeño de siete años se acerco con cierta timidez a la nación aferrándose con una de sus manos al árbol.

-este es un sauce blanco no un sauce llorón ¿sabes? Y si lo fuese no creo que enserio lloraría, los nombran así por sus hojas.

-¿enserio peque-sabio?

-no sé, supongo, y no me molestes, no estoy de humor.

-para tener siete años estas igual o peor de amargado que tu padre.

-…no me compares con él.

-Sofí te está buscando.

-¿enserio?

-sí, no sé que quería.

-me prometió que dibujaríamos juntos.

-kesese~

-¿de que te ríes?

-señorita.

-inculto.

-…como te odio niño.

-el afecto es mutuo.

-no me importa, prefiero mis ideales y mi soledad, en este mundo tienes que valerte por ti mismo, tienes que pelear…

-hablas de la guerra como si fuese un arte, como lo hace mi padre… arte bélico, no lo había pensado antes…

-no entiendo…

-tú no eres como él, incluso para ti es más fácil adaptarte… pero eso no te quita lo inculto.

-…déjame en paz, por eso no me gustan los niños, prefiero mi soledad…

-¿enserio te gusta estar solo?

-sí.

-antes de que interrumpieras mis lamentaciones, me encontraba completamente solo.

-¿y eso que?

-me sentía muy triste y solitario.

-¿tú crees que eso a mí me interesa?

-no, pero de igual manera te lo digo.

-haz lo que quieras, de igual manera no me interesa en absoluto lo que me dices.

Le resultaba molesto tener que hablar con ese niño, no podía tolerarlo, tan pequeño y tan impertinente…

¿Qué le importaba si era o no culto?

¿Qué diablos se ganaba con preguntarle si se sentía solo?

Ese pequeño parecía disfrutar de molestarlo.

-…uf, ¿te has molestado por lo que he dicho?

-…no… soy demasiado maravilloso como para molestarme por algo tan insignificante, Jajaja.

-¿Prussia?

-¿Qué quieres?

-…ah…y-yo…

-…es mejor que volvamos, Sofía te está buscando.

-¿y mi padre? ¿El también me busca?

-ni idea, supongo que Sofí se lo pidió.

-no quiero ir.

Prusia se giro en dirección del pequeño.

-¿y se puede saber el porqué?

-…no me obligues a ir, por favor.

-¿te volviste a escapar de tu entrenamiento?

-solo… no me obligues a ir, no quiero entrar.

El pequeño se aferro por completo al árbol y temblaba.

-¿Qué ocurre? No puedo volver sin ti.

-si puedes.

-no, no puedo ¿Por qué te ocultas tras el sauce?

-…solo déjame.

-no tengo tiempo para esto.

Lo tomo del brazo con fuerza y lo jalo.

Un grito de dolor hizo aparición.

Lo soltó de inmediato.

-estas sangrando… ¿Qué ocurrió?

-un castigo corporal ante mi desobediencia, eso ocurrió.

-¿…duele?

Otra pregunta estúpida, últimamente no planteaba bien lo que deseaba preguntar.

-…

-está bien, no hay necesidad de que contestes.

-…Prussia…

La nación volteo a ver al pequeño, sus ojos estaban llenos de lagriman las cuales trataba de retener, su rostro completamente rojo y tenía una expresión de dolor.

-¿…t-tu también me odias Prusia?

Se quedo atónito, eso sí que no se lo esperaba, las lágrimas ahora rodaban por sus mejillas.

-¿me odias?

-…Fritz…

Lo miro fijamente, el menor hizo lo mismo, sus ojos verdeazulados lucían cristalinos, ahora lo único rojo eran sus mejillas.

-…tengo miedo.

El pequeño se aferro a la pierna derecha de Prusia y comenzó a llorar.

-duele mucho, duele… no solo donde me golpeo… siento que la cabeza, el pecho y la garganta van a explotar… ayúdame…

-…no te preocupes, eso que sientes tiene cura.

Coloco su mano sobre la cabeza del menor y comenzó a acariciar sus cabellos.

-¿enserio?

-sí, enserio.

Cuando logro calmarse, Fritz se soltó de la pierna de Gilbert.

-¿ya podemos irnos?

-…sí.

Bajo la mirada para observarlo mejor, ya no lloraba, Fritz levanto la cabeza, sus ojos lucían demasiado…

-"…lindos."- pensó.

-creo que hace un momento hice una pregunta tonta.

¿Por qué lucia tan… hermoso? Su corazón comenzó a latir con fuerza.

-¿estás bien Prussia? Estas completamente rojo.

Volvió a tomar su pierna, esta vez con una sola mano, dando de tirones al pantalón de mayor que seguía en su mundo.

El deseo de robarle un beso a un ser tan inocente paso por su mente…

Eso estaba mal, era un niño y él un adulto, eso era inmoral, impuro, tan fuera de sitio… un escalofrió recorrió por todo su cuerpo.

-¿Prussia?

Volvió a la realidad.

-¿…d-di-dime?

-solo por curiosidad ¿tú me odias?

-…- guardo silencio un momento, después opto por negar con la cabeza.

-me alegra saberlo.- el pequeño sonrió.

Por segunda ocasión su corazón comenzó a latir con fuerza.

-…porque… la verdad es que yo tampoco te odio… solo mentía.

-…

-volvamos a casa.

-…s-si.

Le costaba trabajo pasar saliva ¿¡que eran esos nervios tan repentinos!

¿…no se habría… o sí?

Volvió a mirarlo de reojo, el menor tomo la mano del mayor y sonrió.

-¿quieres dibujar un rato conmigo y madre?

Quiso contestar mas las palabras no lograban salir de su garganta.

-¿…te gustaría?

Tomo su mano con más fuerza aún.

-…si.- contesto.- si quiero.

-ya verás cómo es divertido… Prussia.- sonrió.

Despertó, no podía creerlo ¿aun recordaba aquel sentimiento? Incluso si era solo un sueño, las sensaciones eran las mismas.

-"en aquel entonces yo lo odiaba."- pensó.-"bueno, no era tanto como odiarlo simplemente no le toleraba, aun que después de lo ocurrido y lo que le siguió… yo..."

"Después de aquel día…"

"…las cosas entre tú y yo comenzaron a complicarse."

"las sensaciones eran tan intensas…"

"…eh incluso sabiendo que estaba mal…"

"decidí continuarlo."


¡Por fin subi el capitulo 4! T¬T

Les agradezco a quienes han leído mi fic, la razón por la cual no he contestado los reviews es porque no tengo la menor idea de cómo hacerlo (si, lo se, es raro)

Gracias Nerium onee-san por conseguirme más información respecto a Fritz (Y A QUIENES DEJAN COMENTARIOS).

*¬*/ ¡Onee-san esto es por ti!

Respecto a Keith, haré aclaraciones al final del cap.6!

¿Comentarios? (por favor gente, de eso vivo!)

Gracias por leer ^u^-