Perdón por haber tardado tanto en actualizar…

Ah, Hetalia no es mío… ¿O sí?


Es el tiempo del frío: ama, apresúrate (…) Los arboles esperan: tú no esperes, éste es el tiempo de vivir, el único.

"Azul Prusia"

Cap. 10

Despertó. Trato de levantarse, pero sus piernas no respondieron. Su cuerpo dolía y no podía moverse del todo bien.

Recorrió con la vista la habitación en la que se encontraba, solo para confirmar que no era la suya.

Tenía hambre, sentía como si no hubiese comido durante mucho tiempo. Como pudo levanto parte de su cuerpo y al instante volvió a caer.

¿Qué era esa debilidad tan repentina? ¿Qué le había pasado? ¿En dónde estaba?

-¿Joven amo?- susurro una voz conocida.

Era una de las criadas que se encontraba en el umbral de la puerta.

-¡…Señora Sofía! ¡Ha despertado!- grito la chiquilla.

Escucho a una persona decir algo respecto a un médico y a otra murmurar algo como sobre que no fue necesario al final de cuentas. El sonido de dos voces distintas que le eran del todo conocidas se hicieron más fuertes.

-¿Gilbert?- dijo Sofía entrando a la habitación.

La reina observo a la nación y sonrió, corrió hacia ésta y la abrazo con todas sus fuerzas.

-¡Me alegra tanto que hayas despertado!

¿Se alegraba? ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo llevaba dormido?

-…c-cuanto…- logro decir con un hilo de voz.

-Una semana… Pero eso no importa. Lo que importa es que has despertado y te encuentras bien.- dijo abrazándolo con más fuerza aún.- ¿¡Ve mi señor!

Gilbert miro sobre el hombro de Sofía. El rey se encontraba en la entrada. Éste solo lo miraba inexpresivo.

-Deja de comportarte como una chiquilla, Sofía.- le pidió Federico I a su esposa.

La reina soltó a la nación al instante mas no se aparto de ésta.

-Mandamos a llamar a un médico, pero al parecer ya no es necesario.

Prusia miro con indiferencia al rey, éste le respondió con una sonrisa falsa. Sofía observo la escena y comprendió a la perfección lo que estaba pasando por la mente de ambos.

-Si tienen algo que decirse sean directos y háblenlo como caballeros.- dijo la reina levantándose de la cama.- y si mi presencia no es requerida, puedo retirarme.

-Entonces espera afuera, tengo algo muy importante de que hablar con Prusia.

La reina miro a su marido y después a la nación. Salió con calma de la habitación, no sin antes pedirle a su marido que fuera amable con Prusia. El rey asintió.

Federico I cerró la puerta.

-Y bien, Prusia…- dijo con cierta inocencia.- ¿Qué es lo que necesitas te explique?

-¡No finjas!... Fritz… ¿Por qué le hiciste eso?

-¿Qué precisamente? ¿Encerrarlo? ¿Matar a su amante frente a sus ojos? ¿Qué?

-eres un…

-Deja ya de decir tonterías.- le interrumpió.- Lo que he hecho hasta ahora ha sido por su bien.

-Pues yo no estoy de acuerdo… ¡Sácalo de ese horrendo lugar!- grito Gilbert con todas sus fuerzas.

-No.- respondió secamente el rey.

-¡Yo soy el maravilloso reino de Prusia! ¡Y te estoy dando una orden!

El rey le lanzo una mirada fría. Gilbert se mordió el labio inferior.

-¿Es por qué soy solamente la voluntad del pueblo?- pregunto.

-No, es porque estas siendo egoísta. Esto que pides no es la voluntad de tu pueblo, es tu voluntad, Gilbert.

Prusia abrió los ojos de par en par. Era sumamente extraño que su rey le llamase por su nombre humano.

-Ahora mismo, tú no eres Prusia, eres Gilbert.

Gilbert desvió la mirada.

-¿Y que mas da eso? ¿Es que acaso no se me está permitido siquiera desearlo…?

-…No se te está permitido y lo sabes.

-¡Pero tú también lo has hecho! ¡Has actuado por capricho! ¿¡Por qué yo no puedo actuar por deseo también!- grito.

-Tú no eres humano. Si tú actúas como uno solo conseguirás dañar a quienes te conforman.- dijo el rey acercándose.- Es triste la vida de una nación, no puedes amar, desear o soñar solo por tu voluntad, siempre estará la voluntad de alguien más ante la tuya. Siempre amaras más a tu gente que a esa persona… Que lastima me das.

La nación frunció el ceño. Apretó los puños. Se sentía tan impotente, tan estúpido… y sentía como un sentimiento de odio, dolor y soledad devoraba algo dentro de su cuerpo, era como si de pronto el recordad su realidad hubiese provocado que parte de su corazón se detuviera.

-No necesito tu lastima, tampoco que me expliques lo que ya sé.- farfullo.

El rey suspiro, miro a Prusia y volvió a poner un semblante serio.

-Es necesario. Es justo. Debes siempre recordar cuál es tu posición en esta vida. Muchos podrán decir que no hay diferencia entre Prusia y Gilbert, pero si la hay. Prusia es nuestra gran nación, Gilbert es la parte humana que vive dentro de ti y amenaza con destruir todo lo que has, y lo que hemos logrado a través de lucha, invasiones, política y normas.- explico.

Gilbert dirigió la mirada a su rey, entrecerró los ojos y, con un tono altanero, dijo:

-…No me importa. No me interesa si mi parte humana amenaza con destruir nuestra sociedad. Lo único que me interesa, lo que realmente me importa en este instante es que liberes a Fritz.

-No lo hare. Yo tengo mayor derecho sobre lo que es bueno o no para él.- le espetó Federico con arrogancia.

-Solo dices eso porque no puedes tolerar que él tenga otra forma de ver las cosas, distinta a la tuya.- le restregó la nación.

-Y también a la tuya, Gilbert. El te ha negado, desde el momento en que huyo, el negó ser parte de este reino.

Había dado en el blanco. El rey encontró las palabras correctas para herirlo.

-…el… tal vez pueda…- dijo entrecortadamente.

-Ha mostrado mayor interés en la cultura francesa que en su propia cultura.- le interrumpió.- Ha ignorado por completo los asuntos políticos y militares que hacen que funcione este gobierno. ¿Por qué te niegas a ver lo que siempre ha sido tan obvio?

Gilbert desvió la mirada nuevamente. Esa era una buena pregunta. ¿Por qué se negaba a ver la realidad?

-Porque… no importa lo que haga… siempre se lo dejare pasar… aun si me molesta, si me desagrada o me destroza, siempre le perdonare su indiferencia.- dijo sincerándose.

-…Tu…- mascullo el rey.

-Yo espero grandes cosas de él, Federico.- prosiguió la nación.- Quiero creer que algo casi tan maravilloso como yo esta por ocurrir. Ese es mi deseo, ese es mi egoísmo.

El rey lo miro sorprendido. No podía entender a que venía ese cambio tan repentino en la forma de ser de Prusia. Guardo silencio y repaso en su mente lo que le había dicho la nación. Después de un largo silencio y de analizarlo, logro decir:

-Sí que eres tonto Gilbert. Tonto y sentimental. ¿Tienes idea de lo que me he esforzado para sacarte adelante?

Gilbert levanto la mirada. Lo sabía y no ocupaba que se lo repitiesen. Sabía todo lo que habían tenido que pasar y que no podía ser ingrato con su actual gobernante, pero eso no quitaba el hecho de que ahora había alguien importante para él.

-…Federico… Federico Guillermo, se perfectamente todo lo que luchaste para superar todos los problemas que nos dejo tu padre.- exclamo con seriedad la nación mirando al rey.- Sé que esa forma de ser tan estricta y rígida tuya es en parte culpa de ello y sé que nos ha servido de mucho. Sé que velas porque me desarrolle día a día como nación. Lo sé y te lo agradezco, pero ahora es lo que menos necesito.

-¿Necesitas de Fritz? ¿Tan apegado a él te has vuelto? ¿Tan indispensable se ha vuelto para ti?- pregunto, aun sabiendo que eso era obvio.

-…es algo parecido.- susurro levemente sonrojado.

-…No puedo sacarlo de prisión. No de momento.- explico.

-Entonces dime qué puedo hacer para que esto termine pronto.

La nación le miro a los ojos. El rey le devolvió la mirada.

-… eso te lo diré después.- dijo apartando la mirada.- En estos momentos aun te encuentras débil y necesitas descansar. Ya pronto te lo explicare con calma.

-…Por como lo dices… sospecho que no me gustara.

-Eso depende de que tan "obsesionado" estés con mi hijo.

-¿A qué viene eso?

-Por como hablas y lo defiendes… si no fuera porque creo conocerte del todo pensaría que te has enamorado de él.

-No digas tonterías, Federico.

-Tienes razón, estoy diciendo tonterías. Si no mal recuerdo una vez tu dijiste que jamás te enamorarías y mucho menos de un hombre, que los matrimonios y las alianzas son para los débiles ¿No? Y después me explicaste todo lo que implicaba el ser una nación.

Prusia asintió. El también recordaba esa conversación, fue unos años antes de que Federico Guillermo sucediera a su padre.

-Bien, si eso es todo…- dijo el rey caminado hacia la salida.- Nos vemos.

Prusia solo lo observo alejarse y desaparecer entre la luz del día.

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"Es cierto que alguna vez dije eso…"

"…pero el Prusia de ese entonces…"

"…No sabía que podía existir algo mas importante además de sí mismo."

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Se asomo por la reja de aquella puerta. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Días, semanas o meses tal vez…

De lo único que estaba seguro es que estaba a punto de enloquecer.

"La oscuridad… este fétido olor… la falta de aire…" Pensó.

-¿Federico?- le llamo una voz a lo lejos.

Abrió los ojos de par en par… podía ser posible que…

-¿Hans?- susurro.

Volvió a la realidad. ¿Hans? Eso era imposible… el… el ya estaba lejos… él había…

-El está muerto. ¿Qué acaso lo olvidaste? Lo decapitaron en la plaza Krustin frente a tus ojos...- hubo un breve silencio.-no te preocupes, mientras viva me encargare de recordártelo.

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-¡No te burles!-Grito la nación.

-¡Jajaja! ¡Hay Pru…!- dijo la reina limpiándose las lagrimas, por tanto reír, de los ojos.- Es que… no puedo creer que aun te acuerdes.

-¡Es de caballeros cumplir sus promesas!

-¿Caballeros? ¡Jajaja!

-¡Sofía!

-Lo siento, lo siento… je, es que es tan divertido. Pero, cambiando de tema, aun estamos a tiempo, me encantaría dar un paseo aun que sea dentro del palacio, también cortar algunas flores y… merendar té acompañado por algunas galletas o pastel.

-¿Algo más?

-Sí, para la próxima no tardes un mes en cumplir lo que acordamos.

-…tu…

-Soy honesta, Gil.

-Deja de llamarme así.

-Entonces Pru.

-Dejémoslo en Maravilloso Prusia.

-Dejémoslo en Prusia y debes en cuando Gilbert.

-Igualada…

-¿Qué dijiste?

-…n-nada…

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-¿Qué es lo que quieres?

-nada en particular… ¿Es que no puedo hacerle una visita a mi hijo?- pregunto con un tono arrogante el rey.

Era obvio que disfrutaba de verlo encerrado.

Fritz le lanzo una mirada feroz, sabia a la perfección que se estaba burlando de él y de sus desgracias.

-Eres un pésimo actor.- dijo.- la única razón por la cual vendrías a visitarme es para tratar de imponer tu voluntad sobre mí.

-… veo que a ti no se te puede engañar tan fácil, como sea, vengo a negociar tu libertad.- una sonrisa se dibujo en el rostro de Federico I.

-a ponerle precio dirás. – le corrigió Fritz.

-¿Te recuerdo que el consejo de guerra actúa bajo mis órdenes? Si quieres salir de esta pocilga mas te vale medir tus palabras.

Padre e hijo se miraron a los ojos. El rey le lanzo una mirada llena de desprecio, Fritz se la devolvió.

-Tus chantajes no funcionan conmigo, me has quitado mi libertad y has matado a mi amante, ya no hay nada más con lo que puedas amenazarme.- le espetó.

-¿Seguro?- le pregunto.- ¿Completamente seguro?

Fritz guardo silencio un instante, pensando en su respuesta.

-... seguro.- dijo.- es mas debo de agradecerles, tanto a ti como al concejo de guerra, desde que me enviaron aquí ya no tengo que verte ni escucharte…- sonrió.- no sabes el gran favor que me has hecho.

El rey frunció el ceño, ¡Ese chiquillo insolente! ¿Cómo se atrevía a burlarse de él de esa manera?

No se dejaría vencer tan fácil, si su padre quería guerra eso tendría.

Ambos se miraron, pensando en su siguiente jugada, en si pensando en cómo someter al otro, si en algo se parecían Fritz y Federico I era en que no daban por vencidos tan fácil.

-¿Qué opinas del matrimonio, Fritz?- le pregunto su padre con un semblante serio.

-¿… matrimonio?- pregunto el joven en cuestión como si no comprendiera.

-la unión entre dos personas que se aman… dos personas vivas, claro.- respondió con saña.

Fritz ignoro la indirecta, la muy clara indirecta en la respuesta de su padre y le dijo:

-Lo lamento, por desgracia mi persona amada murió así que no tengo planes de casarme.

El rey soltó un puñetazo a la pared.

-¡No digas idioteces! ¡Mocoso inútil!- grito.

-¿¡Idioteces!- grito el príncipe.- ¡lo único estúpido aquí es esa idea tuya! ¡Ve y dile a esa señorita que se busque otro!

-esa señorita, como la llamas, será tu futura esposa.- dijo el rey aun molesto.

-¿¡Y qué te hace pensar que accederé!- grito con todas sus fuerzas.

-Porque no te queda de otra, porque ese es tu destino… porque esa es la única manera de que te acepte de vuelta.- le expuso.

-¿Y para qué volver?- le pregunto.- ¡No hay nada que me interese ahí! ¡No quiero nada de ti! ¡No necesito que me aceptes por qué no me interesa!

Se dejo caer al piso, agotado de tanto gritar, ¿Por qué no entendía? ¿No podía dejarlo en paz?

-debe haber algo que te interese.- le dijo después de un rato.- Sofía y Gilbert, por ejemplo.

-no metas a mi madre en esto… ni a Gilbert.- le pidió.

-Debes extrañarlos, ¿o acaso me equivoco?- le dijo.- Sofía era tu confidente, tu apoyo… ella se empeñaba en malcriarte… Gilbert en cambio se divertía demostrándote su rebeldía, ¿No es así? Seguramente tomaste ese mal ejemplo de él.

-¡no culpes a mi madre ni mucho menos a Gilbert!- grito.- ¡Si soy así es por tu maldita culpa!

Le importaban. Y ahora él lo sabía. Había decidido hablar en mal momento.

El rey sonrió, se dio la vuelta y antes de marcharse le dijo:

-tu madre se la vive lamentándose día y noche… y todo por tu culpa, si ella muere debido a esa tristeza que le estas provocando… ¿Podrías perdonarte a ti mismo?

Fritz se recostó en el frio y sucio suelo de su celda. Claro que no. No se perdonaría que alguien más muriese por su causa. No lo permitiría, ni dejaría que lo culpasen por ello. Cerró los ojos y cayo profundamente dormido.

Soñó con la muerte de Hans, pero esta vez no solo veía morir a su amante, sino también a su madre y Gilbert… y por más que tratase de impedirlo no podía moverse de su sitio.

Despertó sudando frio… estaba aterrado.

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"Hans…"

"¿Puedes verme desde donde estas?"

"Dime ¿Puedes?"

"Si es así…"

"Ya te habrás dado cuenta que estoy pagando por todos mis errores."

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-¡Auch!- exclamo la nación.

-Te dije que lo dejaras.- dijo la reina observando la herida.- Por suerte es muy pequeña.

-Si solo fue la punta de la espina.- explico la nación observándose el dedo.- Pero ya aflojo, si le doy otro tirón seguro la arranco.

Prusia tomo con cuidado el tallo de la rosa y le dio un tirón logrando arrancarla. La extendió hacia su reina la cual la tomo con sumo cuidado.

-gracias…- susurro esta levemente sonrojada.- no debiste de molestarte.

-No hay de qué y en realidad no fue una molestia.- dijo la nación sonriendo.

-¿Gilbert?- dijo Sofía en voz baja acercándose a este.

-¿Si?- respondió.

La reina rodeo el cuello de la nación con sus brazos y le beso. Gilbert se quedo estático. No respondió el beso pero tampoco puso resistencia.

Después de un rato la emperatriz se separo de este para tomar aire. Prusia se sentía bastante confundido.

-S-so… Sofí…- dijo entrecortadamente.

Sofía lo miro y después observo la rosa. Trago saliva un par de veces. Trato de contener las lagrimas y se volvió hacia la nación.

-Te amo, Gilbert… Es una cosa muy estúpida, ¿Verdad?

Prusia se quedo guardo silencio. Dirigió la vista al suelo.

-¿Qué es lo que amas de mi?- le pregunto.

La reina lo miro atónita. Giro la rosa entre sus dedos y sonrió.

-Amo lo que siento cuando estoy cerca de ti. Me gusta que cuando estoy contigo… ya que no tengo la necesidad de actuar, soy como soy y nada más. Tú no me criticas o me juzgas, también amo tu forma de ser… en si me gusta tu actitud.

Prusia la miro. Se dio la media vuelta y se fue alejando poco a poco.

-Lo siento…- dijo.- yo amo a otra persona…

La reina sonrió mientras agachaba la cabeza, las lagrimas, que tanto se esforzó por reprimir, comenzaron a resbalar una tras otra y sin cesar sobre sus mejillas.

-Eso ya lo sabía… tonto.- murmuro.

Apretó la rosa con fuerza hasta que esta quedo destrozada y sus manos llenas de heridas y, casi por instinto, se dejo caer de rodillas.

-Por eso dije que era estúpido…- dijo entre sollozos.

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"Fritz…"

"…Han pasado muchas cosas desde que te encerraron…"

"Tantas que no sé por dónde empezar a contarte…"

"Aun que dudo que quieras saberlo."

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-Hola…- susurro para después sentarse a su lado.

Se encontraban sentados en las escaleras que daban al jardín. La Nación tenía la mirada fija al cielo.

-¿Sabes cuánto tiempo ha pasado?- pregunto volviéndose hacia ella.

-Casi seis meses…- respondió acercándose.

-…medio año…- mascullo.

-medio año, seis meses…- dijo.-En verdad impresionante.

-¿Qué es impresionante, Sofía?

-Lo rápido que pasa el tiempo.

-¿Tú crees? En mi opinión ha ido muy lento.

-Eso es porque no haces nada además de escribir en tus diarios…

-Pues tú tampoco haces mucho que digamos.

La reina le lanzo una mirada asesina.

-¿Disculpa?

-…n-nada…- dijo entrecortadamente.

Sofía lo miro. Cambio su semblante amenazador por uno serio.

-Oye… ¿Has ido a visitarlo?

-¿Ehh?- exclamo la nación.- ¿De que estas…?

-De Fritz. Que si has ido a verlo.

-¿Se puede?

-Claro, ¿Qué acaso no lo sabías?- La nación negó con la cabeza.- Mi señor va a visitarlo muy a menudo.

-¿Desde cuándo?

-Desde hace como cinco meses. Me sorprende que no lo supieras.

-¡Si nadie me dice nada! ¿¡Como diablos quieres que me entere!

-Oye, tampoco te pongas en esa actitud, por lo menos no conmigo.- dijo Sofía cruzándose de brazos.- Como sea, no creo que lo visite por gusto… Siempre que vuelve de visitarlo no se le ve muy contento.

-oh, Sofí, pero si esa cara de amargado siempre la ha tenido…- dijo la nación en son de broma.

La reina entrecerró los ojos y acto seguido le dio un golpe a Prusia en la cabeza.

-¡Ahhh! ¡Eso me dolió, Sofí!- grito Gilbert.- ¡Solo bromeaba!

-¡No bromees respecto a mi señor!- exclamo Sofía levemente ofendida.- ¡Tonto!

-… Qué carácter…- Exclamó Prusia.- Así nunca lograras enamorarme.

La emperatriz apretó el puño derecho con fuerza.

-Prusia…

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-Mi respuesta sigue siendo no. Ya déjame en paz.- Exclamo el príncipe al recién llegado.

-Me temo que eso es imposible.- dijo el rey.- Tarde o temprano tendrás que acceder, Fritz.

Fritz le lanzo una mirada fría a su padre.

-No pienso darte ese gusto.

-No puedes huir para siempre de este compromiso.

-Si puedo, para empezar no estoy de acuerdo con él. Dile a esa señorita que busque otra persona con quien casarse.

-No hare eso.

-No pienso casarme con una desconocida.

-¿Desconocida? Ella es la hija de un gran militar, descendiente de la casa de Brunswick. La llegaste a ver en algunos eventos sociales… Cabello rubio y rizado… ¿No te suena?

-¿Ehh? ¿No será acaso…?- dijo Fritz haciendo memorias.- ¿Isabel Cristina?

- Vez como si la conoces, en efecto, es ella…

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-Duele… eres mala, Sofí…- dijo Prusia masajeándose la mejilla.

-¡Eso te pasa por jugar conmigo!- Exclamo la reina.- ¡Deja ya de decir tonterías y ponte serio!

-Sofía…

-Si no te digo las cosas es porque nunca tomas la situación enserio.- exclamo levantándose.- ¡Idiota!

-¿Y qué quieres que haga?- pregunto la nación indiferente.- No me pienso poner a llorar por todo.

La reina apretó las manos y comenzó a temblar de rabia.

-¡Te he dicho que no hagas al idiota frente mío!- grito tomándolo del cuello de la camisa.

Gilbert se quedo estático ante el arranque de ira tan repentino de su emperatriz.

- ¿¡Acaso crees que no me doy cuenta de lo que pasa!- grito aun con más fuerza.- ¡Soy mujer pero no significa que sea idiota! ¡Yo sé a la perfección quien es la persona a la que amas! ¡Por eso desde un principio supe que era una estupidez enamorarme de ti!

-No sé de qué me hablas…- murmuro la nación.- Así que suéltame.

-Fritz… el…- dijo entrecortadamente.- El es a quien quieres, ¿Verdad?

Gilbert abrió los ojos atónito.

-c-como…- dijo con un hilo de voz.

Sofía lo soltó. Prusia le exigió una explicación con la mirada. Ella se volvió a sentar a su lado.

-El lloraba todo el tiempo…- susurro.-… Pero siempre había algo que le devolvía la esperanza… curiosamente nunca se entero que quien hacia eso era alguien tan cercano…

Prusia sintió como la sangre dentro de su cuerpo se detuvo por un breve instante. Miro a la mujer sentada a su lado con tal asombro que no podía decir palabra alguna. No podía, ni quería, creerlo.

-Siempre lo supe. Siempre, siempre, siempre… ¡Todo el tiempo!- farfullo.

-¿…Tu?- soltó después de un rato.

-Te vi hacerlo un par de veces.- susurro.- Me sorprende que Fritz no se haya dado cuenta de que eras tú quien lo hacía.

Prusia escondió el rostro entre las manos. Sofía se recargo en el hombro de este.

-Deberías ir a visitarlo…- le sugirió con un tono dulce.- No te detendré. En el fondo, mi único deseo es verte feliz.

-Sofí…

-Porque te amo.- finalizo cerrando los ojos.- Gilbert Beilschmidt.

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Pasaba de la media noche. Afuera el viento soplaba con fuerza y una briza helada entro por su ventana.

Todos dormían en el palacio a excepción de suya.

Gilbert Beilschmidt tomo su mejor abrigo y se coloco sobre los hombros como si de una capa se tratase. Seguía sin creer lo lejos que llegaba una mujer enamorada.

"Toma" Le dijo colocándole en la mano una llave. "Es la llave de su celda, si tienes el valor de escapar con el… tu sabes que no los detendré… ni mucho menos pienso delatarlos."

Introdujo las llaves en el bolsillo de su abrigo, no muy convencido. Se asomo por la ventana una vez más y pudo observar el jardín del palacio siendo iluminado casi por completo por la luz de la luna mientras que otras partes parecían ser tragadas por la oscuridad.

Por un momento deseo ser tragado por la oscuridad también.

Dejo los pensamientos lúgubres y se volvió a su escritorio. Tomo con sumo cuidado la flor que había cortado del patio y ato un lazo al tallo de esta del mismo color.

Marcho hacia la puerta: Esa noche era suya.

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-H-Hans…- susurro entre sueños.

Y él solo lo observaba a través de la rendija aun teniendo la llave en su mano

Prusia lo observaba con una mezcla de tristeza, odio y cariño. Y algo de celos, celos que se retorcían dentro de su pecho.

Deseo con toda su alma odiarlo. Deseo odiarlo, destrozarlo… Amarlo. Deseo besarlo una vez más y decirle la verdad. Porque tal vez, solo tal vez, si se lo decía el volvería a amarlo una vez más.

Tomo la llave y abrió la puerta. Nadie se daría cuenta ya que ni siquiera el guardia lo noto. Porque, aun que fuese por solo un segundo y aun que el estuviese dormido y no pudiese escucharlo, estaría cerca de él y le hablaría con la verdad una vez más.

-Estúpido Fritz…- farfullo.- ¿cómo te atreves a dormir mientras el maravilloso yo te hace una visita? ¿Cómo te atreves a soñar con otra persona?

Fritz dormía plácidamente, por increíble que pareciera, en su celda. Prusia se pregunto que era aquello que soñaba. Sabía que la persona en los sueños de Fritz no era él. Lo sabia… y de pronto comprendió a Sofía…

Sintió una profunda tristeza.

-Sofía me dijo que me ama… ¿Puedes creerlo, Fritz?- susurro.- y también sabe mi secreto… y sobre nuestra antigua relación…- dijo apretando un poco las manos.- Creo que la subestimamos.

Fritz seguía dormido. Su cabello rubio cubría parte de su rostro y una de sus manos tocaba el piso.

-Te dejaría mi abrigo…- murmuro la nación.- Pero no quiero que sepas que vine a verte, pero eso no significa…- dijo sacando la flor de uno de sus bolsillos.- Que no haya pensado en dejarte algo.

Coloco la flor en el piso y miro a su príncipe una vez más.

-No vendré a visitarte más porque esto no solo me lastima a mí, sino también a ella…- dijo a media voz.- Se que tu ya no… ya no sientes eso por mí. Pero aun así te seguiré apoyando… Para serte honesto yo… Aun… aun te amo, Fritz.

Salió de la celda y cerró la puerta procurando no hacer ruido. Entrecerró los ojos.

-Como nación y como persona…- agrego.

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"Es gracioso, ¿Verdad?"

"Como la vida da vueltas y vueltas…"

"…y como las palabras se repiten…"

"… en otro momento y otra situación."

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Sintió algo tibio sobre su rostro, como si de una caricia se tratase y despertó.

-Gilbert…- susurro abriendo los ojos.- no, es imposible… fue solo un sueño.- se dijo con tristeza levantándose.

Los primeros rayos del sol entraban por su ventana. Dirigió la mirara al piso por inercia y observo con gran asombro una pequeña flor casi marchita.

No era la primera vez que encontraba una flor abandonada, muchas veces cuando pequeño llego a encontrar ese tipo de cosas en su escondite, lo que le sorprendía era que a esas alturas aun no supiera quién las dejaba ahí.

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"Y así paso el tiempo…"

"… mucho más rápido de lo que esperaba."

"Entre el dolor y la alegría."

"Entre la nostalgia y la soledad."

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Corrió lo más rápido que pudo, entre carcajadas estrepitosas, y tras él una reina furiosa exigiéndole que se detuviera. La nación la reto entre risas y siguió corriendo sin rumbo fijo hasta llegar a la entrada principal.

A lo lejos observo una silueta, y al reconocer de quien se trataba se detuvo en seco. La reina se detuvo tras la nación y lo tomo por los hombros.

Un joven se detuvo frente a ellos. Al principio no sabía que decir, pero opto por hacer una pequeña reverencia y sonreír.

-Majestad…- dijo con cortesía.- Joven Prusia.

-Fritz…- fue lo único que pudo decir Prusia, aun que realmente no necesitaba decir nada más.

-me alegro de verte tan vivaz como siempre, Gilbert.-dijo mirando sin mirarlo.- También me alegra ver que en estos dos años que estuve en prisión no cambiaste en nada.

-Federico, cariño…- dijo la reina con sonriendo con dulzura.- También nos alegra verte.

Fritz se abrazo a su madre con fuerza, cuando la soltó miro a Gilbert y sonrió. La nación sintió como un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Ambos se miraron a los ojos un breve instante.

-Gilbert…- susurro Fritz colocando su mano sobre el hombro de éste.- Se que ya lo dije pero… Me siento muy feliz de verte.

El joven príncipe lo soltó de inmediato.

-Bien, con su permiso me retiro…- dijo Fritz comenzando a andar.- Tengo algunos asuntos pendientes.

-Nos vemos en la cena.- exclamo Sofía.- Bien…- dijo dirigiéndose a Gilbert.- ¿En qué estábamos?

-Sofí…- susurro la nación.- ¿Por qué no me recordaste que hoy iba a volver?

Sofía suspiro. Y después sonrió con resignación. En verdad no creyó que fuese a olvidarlo… Pero se trataba de Gilbert, su querido Gilbert, del cual casi todo era posible.

-No pensé que fueras a olvidarlo…- explico.- fui una tonta, así que perdón, Pru.

Prusia cruzo los brazos y negó con la cabeza un par de veces.

-Olvídalo…- dijo.- no importa.

Prusia comenzó a caminar dejando atrás a la reina. Ésta corrió tras él hasta llegar a su lado.

-Hey…- exclamo.- Por fin lo recordé…

-¿Qué cosa?- pregunto la nación.

Sofía le dio un fuerte golpe en el costado.

-¡Ahhh!

-¡Retráctate!- grito.

-¡Nunca!

-¡Voy a darte una tunda…!

-¡Eso quiero verlo!- grito Gilbert echándose a correr.- ¡Alcánzame si puedes, tortuga!

-¡Vuelve aquí…! - dijo corriendo tras él con una sonrisa pícara en el rostro.- ¡Gran tonto!

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Se hizo el silencio.

En la mesa se encontraban un enorme banquete y sentados alrededor de ésta cuatro personas en completo silencio.

Un largo he incomodo silencio.

-Y bien…- dijo la reina.- ¿A qué vas a dedicar tu tiempo a partir de ahora, Fritz?

El joven príncipe dio un sorbo a su bebida y se limpio con delicadeza los labios. Dirigió la vista hacia su madre y con amabilidad contesto:

-A lo que vuestro señor ordene…

-¿Y que se supone significa eso?- Pregunto Prusia al rey.

-De ahora en adelante Fritz solo se dedicara a ayudarme con los asuntos políticos y militares relacionados contigo. – Contesto el rey.- Eso fue parte del trato, ¿No es así, hijo?

Todos los presentes le dirigieron una mirada interrogante.

-Así es, padre.- afirmo.

Prusia y Sofía intercambiaron miradas. Algo no estaba bien.

-Creo que es lo menos que puedo hacer por nuestra gran nación…- dijo.- El futuro imperio de Prusia.

Gilbert se quedo atónito. Esa persona sentada frente suyo no era Fritz… O por lo menos eso quería creer.

-Me alegra oír que tengas planes a futuro…- dijo la reina.

-Gracias.

Y una vez dicho eso el silencio volvió. Todos los presentes continuaron cenando. Al parecer no había nada de qué hablar.

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Era de madrugada y no podía dormir. Dio un par de vueltas en la cama.

"Todo lo relacionado con la administración de Prusia, ¿eh?" Pensó para sí. "Lo que menos quiero es verlo…"

Fritz se levanto de la cama. Necesitaba tomar algo de aire fresco y aclarar sus pensamientos.

"No puedo seguir enojado por algo tan estúpido…"

Abrió la puerta de su habitación y comenzó a andar por los enormes pasillos del palacio. Solo necesitaba aire fresco, caminar un poco y aclarar sus ideas. Solo eso.

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La puerta se abrió produciendo un suave crujido. La luz de la luna que entraba por los ventanales dibujo una silueta en la pared.

Observo, en la misma sombra que producía la tenue luz de la luna, como la puerta se volvió a cerrar lentamente tras aquella persona.

-¿Qué quieres?- le pregunto con indiferencia.

No recibió respuesta alguna. Sintió como alguien se acercaba más y más. Sintió como levanto las sabanas de su cama y se adentraba a esta.

Prusia cerró los ojos tratando de ignorar aquella presencia. Una mano se deslizo sobre su pijama, para ser exactos sobre su abdomen y comenzó a acariciarlo.

-Suéltame…- pidió.

No le hizo caso, de lo contrario, deslizo la mano con suavidad bajo el pijama hasta llegar a sus regiones vitales.

La nación trago saliva y unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos.

-Detente… solo detente, por favor…

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Fritz bebió un vaso de agua antes de entrar a la mansión. Camino de vuelta por los pasillos pero esta vez tomo una ruta distinta.

No podía guardárselo para siempre, necesitaba preguntárselo.

Camino hacia el cuarto de la nación decidido a exigir una explicación.

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-¡…Ya!- grito.- ¡Suéltame, Fritz!

Las caricias cesaron. Prusia tomo la muñeca de aquel individuo y de un solo movimiento se coloco sobre éste.

-…- Abrió la boca incapaz de decir palabra alguna. No podía salir de su asombro… Se comenzó a preguntar cómo no se había dado cuenta antes… como pudo confundir a esa persona con Fritz…

Aflojo un poco su agarre mas no le soltó.

-Dijiste el nombre equivocado.- Le reclamo entre sollozos.- Mi nombre es Sofía, ¿Lo recuerdas?

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-¿Por qué, Sofí?- Logró decir al fin.- ¿Por qué si te dije desde un principio que no, vienes y haces esto?

-Aun que lo preguntes…- dijo desviando la mirada.- No sabré darte respuesta alguna…

-¡No hagas al idiota frente mío!- grito.- ¡Siempre me dices eso! ¡Y justo ahora estas actuando como una idiota!

Sofía sonrió con tristeza, con la única mano disponible comenzó a acariciar la mejilla de Prusia.

-Ahora tú eres el que tiene mal carácter…

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Llego hasta la habitación de Gilbert. Abrió de golpe la puerta y entro.

-¡Prusia, necesito…!

Calló al instante. Parpadeo un par de veces preguntándose si eso que estaba viendo era un sueño. No, no lo era… Su amante… no, su ex amante… sobre su madre y ésta le acariciaba el rostro…

No necesitaba preguntarse nada más, ni preguntar, ya que las explicaciones se estaban dando por si solas.

-Fritz…- susurro Sofía.

-No es lo que piensas.- Dijo Prusia soltando a la reina.

Agacho la mirada, se mordió el labio inferior hasta hacerlo sangrar.

-Fritz…- le llamo su madre.

-No.

-Hijo, déjame explicarte…

-No quiero escucharlos… no quiero explicaciones…- dijo reprimiendo la ira.- Lo comprendo a la perfección…

Una lagrima rodo por su rostro, después fue seguida por otras, una tras otra sin cesar…

-Fritz…- murmullo Prusia.- No…

-¿Era por eso, verdad?- pregunto entre sollozos.

-¿Eh?

-Comprendo… - dijo dándose la media vuelta.

Apretó los puños con fuerza y comenzó a temblar. Prusia lo miro confundido.

-¿Fritz?

-¡Fui muy estúpido por pensar que…! ¡Olvídalo!- Grito echando a correr.

-¡Fritz! ¡Espera, por favor!- Grito Gilbert levantándose de golpe para correr tras el.- ¡Fritz!

Sofía observo a Prusia salir tras Fritz. Tomo una almohada y escondió el rostro en esta.

Había sido rechazada una vez más.

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"Fue muy tonto de mi parte el pensar que…"

"…tal vez después de tanto tiempo el…"

"… Se fijaría en mi."

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-¡Fritz!- grito la nación.- ¡Espera!

Fritz hizo caso omiso a las palabras de Gilbert y siguió corriendo hasta que choco con la salida principal del palacio. Gilbert se detuvo tras él.

-Lo siento…- dijo la nación.- Pero en verdad no es lo que estas pensando.

-Mentiroso… ¡Yo los vi, Prusia!- grito.- ¿¡Como te atreves a negármelo!

-No estoy negándotelo porque para empezar no paso absolutamente nada, no te dejes engañar por tus ojos y escúchame…- le pidió.

-No quiero.- respondió escondiendo el rostro en las manos.

-…entonces deja te ayudo.- dijo extendiendo su mano.- ¿O piensas estar para siempre en el suelo?

Fritz tomo la mano de Prusia en silencio. Una vez de pie dejo a la nación de lado y se dirigió a su cuarto, lo cual dejo muy contrariado a Gilbert.

El joven príncipe se detuvo a la mitad del pasillo y volvió la mirada… La nación no lo estaba siguiendo.

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"Hey, Gilbert…"

"¿Es esto acaso una venganza?"

"¿O en verdad ya me olvidaste?"

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-He terminado, Padre…- dijo Fritz.- ¿En que mas puedo ayudarte?

-Es todo por hoy, Fritz.- dijo el rey guardando algunas cosas en el escritorio.- Creo que tienes algo de tiempo libre.

-Me parece bien…- exclamo Fritz estirando los brazos.- Le he dedicado mucho tiempo a esto, tal vez toque un rato la flauta…

El rey lo miro de reojo.

-De hecho…- dijo acercándosele.- Pensaba pedirte que pases algo de tiempo con Prusia… Se le ve un poco apático desde hace un tiempo, creo que le vendría bien algo de compañía.

-…- Fritz cruzo los brazos y negó con la cabeza.- Estará bien, tú sabes que le encanta su soledad.

-solo hazlo.- exclamo el rey saliendo de ahí.

Fritz maldijo su suerte y la hora en que salió de prisión. Suspiro con pesadez.

-diablos…

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Escucho el sonido de una flauta. Fritz estaba tocando nuevamente alguna de sus melodías. Gilbert hizo una mueca de disgusto: Siempre tuvo problemas con Fritz respecto a la música. No solo con la música, sino también con el ajedrez, con la pintura… en si con todo lo artístico.

-¡Gilbert!

Volvió a la realidad al instante. Al asomarse por la ventana pudo ver al príncipe en el patio.

-¿F-Fritz?

-Baja…- le ordeno.- Necesitamos hablar.

Gilbert frunció el ceño.

-¡Vete al diablo!- grito.- ¡Cuando quise hablar contigo no me hiciste caso, así que ahora yo no pienso hacerte caso a ti!

-¡Te dije que bajes!

-¡Y yo dije que no!

-¡Ya dejen de armar tanto alboroto!- grito Sofía desde alguna parte del castillo.- ¡O tu bajas o Fritz sube, pero ya cállense!

-¡No te metas, Sofí!- grito Gilbert.- Si tanto quieres hablar conmigo…- le dijo Gilbert a Fritz.- Sube.

-¿Y por qué tengo que subir? ¿Por qué no bajas?- exclamo el príncipe.- ¡A fin de cuentas es la misma distancia!

-Bien, no me dejan de otra…- murmuro Sofía apareciendo tras de Gilbert. La nación trago saliva: Algo muy malo iba a ocurrirle, estaba seguro de ello.- Muy bien, ¡Prepárate, Fritz!- grito asomándose, el príncipe la miro desconcertado. Sofía se volvió a la nación- ¿¡Listo, Gilbert!

-¿¡Que vas a hacer!- grito Gilbert sintiendo las manos de la emperatriz sobre su espalda.

-¿¡No es obvio!- dijo con una sonrisa maquiavélica en el rostro.- ¡Te voy a ayudar a bajar!

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Respiraban de manera agitada. Gilbert estaba aferrado a Fritz con el rostro escondido en el cuello de éste y los ojos cerrados. Fritz lo abrazaba también completamente aterrado.

-E-en v… en verdad…- tartamudeo Fritz.- Mi madre esta desquiciada…

-Dilo como es…- le pidió Prusia.- ¡Esta loca!

-En serio no creí que fuera a hacerlo…-susurro.

-Como se nota que no la conoces…-

-Y tu seguramente la conoces bien…- dijo con cinismo.- bastante bien.

-…deja de joder con eso, ¡Maldita sea!- grito Prusia apartándose.- Bájame.- le ordeno.

Fritz soltó a Gilbert, la nación se dejo caer al suelo, Fritz se sentó a su lado.

-¿De qué querías hablarme?- pregunto después de un rato.

-Oh, nada en especial.- contesto.- Era una excusa para pasar el rato contigo…

Gilbert se sonrojo. Fritz lo miro de reojo.

-No creas que salió de mí…-dijo con seriedad.- Mi padre me lo ha pedido… él cree que has estado algo apático estos últimos días.

-… no sé de qué me hablas… Si he estado maravilloso como siempre…

-Y dale con la cantaleta de siempre…

-¡Cállate! ¡Seguramente te da envidia!

Fritz entrecerró los ojos.

-Claro- dijo con sarcasmo.

-Te has vuelto un cínico.- señalo Prusia.

-cinismo es el tuyo…- soltó Fritz.

Prusia suspiro con molestia y se llevo la mano a la frente. Estaba cansado, harto, hastiado de la misma cantaleta, de que Fritz no quisiera escucharlo ni creerle… Y de pronto creyó comprender el motivo…

La nación lo miro fijamente.

-¿Acaso estas celoso?- murmuro.

-¿De qué? ¿Por qué debería de estarlo? ¡Estoy molesto que es distinto! - dijo Fritz frunciendo el ceño.

-Yo también estaba molesto…- dijo a media voz.- cuando te vi con el teniente.

-Eso es distinto… estúpido…- farfullo.

-No. No lo es. Es exactamente lo mismo.- dijo.

-Yo mate a algún amigo tuyo.- soltó de pronto el príncipe.- Ni te delate, ni deje que te enviaran a prisión…

-Fritz…

-Ni me ausente dos años de tu vida por gusto, ni me acosté con tu madre…- le reclamó.- ¡Todo lo que haces es herirme, Prusia!

Gilbert apretó el puño izquierdo. Eso no era su culpa… como se atrevía a decir que…

-¡Si se trata de reclamar entonces yo también tengo mucho que decirte!- grito.- Yo no me acosté contigo para luego largarme sin despedirme, ni salía con dos a la vez, ni fingí que no pasaba nada, ni te pedí que me mataras para después tratar de matarte… ni… ni…- Prusia calló al instante.

Las lágrimas brotaban de sus ojos una vez más, aun así miro a Fritz solo para descubrir que este lloraba también.

-Tú también me lastimas y aun así te lo dejo pasar…- dijo entre sollozos.- Entonces dime, ¿Por qué cada vez que me equivoco tu no me lo puedes perdonar? ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia entre tus errores y los míos?

Fritz guardo silencio un instante. Prusia escondió la cabeza entre los brazos.

-Solo olvídalo… ¿Quieres?- dijo el príncipe levantándose.- A fin de cuentas solo somos nación y gobernante. Solo eso.

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"Estoy seguro…"

"…conforme pasa el tiempo…"

"cada día siento que te odio más…"

"Pero también siento que te deseo aun con más fuerza."

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El rey miro con asombro a su hijo. No podía darle crédito a lo que sus oídos estaban escuchando.

-¿Qué has dicho?

-Que lo he pensado y…- dijo Fritz mirando a Prusia desde el balcón.- acepto.

-¿A qué se debe ese cambio tan repentino?- Pregunto el rey.

-He estado pensándolo…- dijo volviéndose a su padre.- Que Prusia no puede quedarse sin un gobernante ante tu muerte y que si sigo así no llegare a ningún lado… Además tu mismo lo dijiste, ¿No?- Recalcó.- Que la razón por la cual estoy encerrado día y noche ayudándote con esto es para que me convierta en un digno gobernante.

Federico I esbozó una sonrisa de satisfacción, al fin había logrado su cometido. Fritz entrelazo los dedos y, sin dejar de mirar a Prusia, que se encontraba en el jardín con Sofía, dijo:

-Además ya diste tu palabra, ¿No? Es mi deber entonces… casarme con ella.

Lo había dicho y ya no podía retractarse, además era obvio que las cosas con Gilbert ya no estaban funcionando, el había tomado un camino distinto. Recordó una vez más la conversación que había tenido con Prusia meses atrás.

"Te has vuelto un cínico… ¿Acaso estas celoso?... Yo también estaba molesto... ¿Por qué no puedes perdonarme?"

Esas palabra no podían salir de su mente ya que, por más molesto que estuviera con el… con Gilbert… Sabía que era verdad.

-Me parece perfecto.- dijo el rey.- Por fin has sentado cabeza, te felicito…

Fritz lo miro con indiferencia.

-Enviare un mensaje a la familia Brunswick.- exclamo saliendo de la habitación.- no hay tiempo que perder.

Federico II se quedo de pie, inmóvil, inexpresivo, observando a Prusia, sintiendo por dentro como el dolor y la rabia lo consumían poco a poco hasta no dejar nada, solo vacio.

-No permitas que me case, Gilbert…- susurro.

Sabía que era inútil pedirlo, a fin de cuentas… Era su decisión.

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Era de noche. Una vez más el viento soplaba, pero esta vez era una briza ligera. El sonido de la perilla de su puerta girando para después abrirse hizo que despertara.

-He oído las buenas noticias…- susurro una voz femenina entrando a su habitación.- ¿Cuándo pensabas decirme que aceptaste casarte?

-Lo siento, lo olvide.- dijo cubriéndose con la sabana.

-No. No lo olvidaste. Más bien fingiste olvidarlo.- exclamó sentándose en la orilla de la cama.- Es más, creo que te has arrepentido y que ahora te escondes como un niño bajo las sabanas.

-No saque sus propias conclusiones, majestad.

-No las saco. Lo veo. – Dijo colocando su mano sobre el rostro de Fritz.- ¿Y quién se lo va a decir a Gilbert?

-El ya debe saberlo.- susurro.- Los rumores corren rápido.

-Créeme…- dijo a la defensiva.- Si lo supiera él estaría aquí, no yo, porque le importas.

-Eso ya lo sé.- dijo molesto.- No ocupo que me lo digan.

La reina se levanto de la cama y camino hasta el umbral de la puerta.

-Fritz…

-¿Qué ocurre?

-Se que no te interesa pero… Entre Gilbert y yo jamás ocurrió nada… porque él está enamorado de alguien más.

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-¡Mira! ¡Apresúrate!- grito jalándolo del brazo.- ¡Son azules! ¡No me había dado cuenta!

-¿Qué cosa?- pregunto la nación con dificultad.

Sofía se volvió hacia esta y sonrió.

-Las flores… son de un tono azul muy peculiar.

-¿Es eso lo que te tiene tan emocionada?- pregunto con algo de sarcasmo.

-En efecto…- respondió ignorando el intento de insulto.

-¿Para eso me sacaste de la cama tan temprano?- le dijo zafándose de su agarre.

-Prusia, pasa del medio día…- recalcó.- Así que no es temprano.

-¡Para mí es temprano!- le reprocho.

-Tonto, claro que no es temprano.- volvió a decirle. Se volvió hacia donde estaban las flores.- Mejor ven y ayúdame a cortar unas cuantas.- sugirió.

Prusia acepto muy a su pesar y fue tras ella. Una vez que cortaron una docena, la reina le hizo una seña con la mano para que se detuviera.

-¿Ya?- pregunto recogiendo todas en un solo ramo.

-Sí.- dijo tomándolas de las manos de Prusia.- Creo que está bien con estas.

-Que bien, tengo ganas de volver y dormir un rato.- exclamo estirándose.

-Holgazán.- dijo en un tono desafiante.

-… hoy no tengo ganas de discutir…- Respondió.

Sofía lo observo detenidamente. Prusia lucia más pálido de lo usual. Parecía cansado y un poco triste, como si le faltara algo. La emperatriz recordó el verdadero motivo por el cual lo había llevado ahí, así que se armo de valor y dijo:

-… oye…

La nación se volvió hacia ella.

-¿Qué ocurre?

-¿Has hablado con Fritz?- pregunto sin dejar de mirarlo.

El rostro de Gilbert se volvió sombrío. No era buena señal, por lo general cuando Sofí le preguntaba por Fritz sabía que significaban malas noticias. Aun así, se atrevió a preguntar:

-… No ¿A qué viene la pregunta?

-Yo… por nada en particular…- titubeo.

-No mientas.-le pidió Gilbert acercándose.- Tu nunca me preguntas sobre Fritz a menos de que haya algo importante de por medio.

-Tienes razón…- dijo Sofía.- lamento ser yo quien tenga que decírtelo…

-¿Qué cosa? – pregunto.

-Fritz… él se… es que… no sé cómo decirlo…-volvió a vacilar.

-Solo dilo, sino me mata me hará más fuerte.- Exclamo la nación exasperada.

Sofía lo miro con tristeza. Trago saliva con dificultad, había un nudo en su garganta. Reprimió la tristeza y ante la mirada inquisidora de Prusia logro decir:

-El ha decidido casarse.

Prusia sintió como la sangre dentro de su cuerpo se congelo por un instante, sintió ganas de gritar, de llorar y de matar a Fritz, mas reprimió todo. Puso una expresión seria en su rostro y pregunto:

-Oh, ¿en serio? ¿Cuándo?

-Hace unas semanas, no te lo había dicho antes porque… tenía miedo.- le explico.

-No te preocupes…- le pidió apartando la mirada.- esto…- susurro.-creo que está bien así, ¿No?

-Prusia…

-No tienes por qué preocuparte por mí.- dijo sonriendo.- ¡Estoy bien!

Sofía lo miro. Mentiroso. No estaba bien pudo darse cuenta de ello. La reina coloco su mano sobre el hombro de Gilbert.

-… Hey… no te reprimas conmigo…- le dijo con dulzura.- si quieres llorar… hare como si nunca te vi.

Prusia la miro y sonrió.

-No, he llorado tantas veces que ya no me quedan ganas…-Dijo.- además…

-Es un azul muy bonito…- dijo la reina interrumpiéndole.

-¿Sofí?

-Me gusta mucho…- volvió a decir sonriendo.

-¿Estas escuchándome?- le reclamo Prusia molesto.

-¿Sabes cómo se llama este tono de azul?- le pregunto Sofía ignorando su pregunta.

-No, no lo sé, pero…

-¿…Que tal si le pongo un nombre?- le interrumpió nuevamente.

-¿Qué tal si me dejas terminar de decirte que…?

-¡Lo tengo! ¡Prusia! ¡Azul Prusia!-Grito dando de saltitos.

-Dios sí que eres…

- ¡Le queda perfecto!- volvió a decir viendo las flores que traía en la mano.

-No uses me nombre para…- mascullo Prusia observándola. Sofía le sonrió. La nación se dio cuenta de la verdadera intención de su emperatriz.- Olvídalo.

Sofía tomo con ambas manos las flores, Prusia se paro tras ella y la abrazo por la espalda.

-… G-Gilbert…- susurro completamente sorprendida.- ¿Q-que…?

-Sofí hay algo que siempre he querido decirte…- susurro la nación escondiendo su rostro en el cabello de ésta.

-¿Qué?- Pregunto apretando las flores entre sus manos.

-Muchas gracias por todo.

Sofía abrió los ojos atónita ante aquellas palabras. Sonrió con cierta tristeza y dejando caer las flores que traía poso sus manos sobre las de Gilbert.

-No hay de qué.- respondió.

-Ah, por cierto…

-No te preocupes.- dijo entrelazando sus dedos con los de la nación.- Fingiré que nunca escuche eso, Prusia.

Gilbert abrazo a su emperatriz con un poco mas de fuerza.

"Danke" Pensó.


¡Capitulo 10 arriba!

¡Perdón! ¡Juro que lo siento! Pero tengo una explicación para no haber actualizado en casi mes y medio, es que me había quedado completamente, totalmente bloqueada. Pero por suerte la inspiración volvió a mí… -En plena madrugada, pero volvió.- además de que tenía y sigo teniendo kilos de tareas y evaluaciones, por lo cual no tenía ni tiempo para pensar en cómo continuarlo.

Pero por fin lo hice TT˰TT

Y aquí les dejo el cap. 10 esperando que no me quieran matar o hacerme vudú o que invoquen a Rusia o pedirle a Iggy que me maldiga o… Basta, creo que estoy dramatizando, ¿o tal vez no? ¬¬u

Bien, aquí dejo las respuestas a los reviews:

YuzuOwO: Ya Fritz tomará su venganza… aun que dudo que el rey viva para verla o contarla… Sobre Gil sirvienta estoy pensando seriamente en hacer un especial de "Cosplays Maid Gilbo"… Bueno, Gil no hizo mucho por Fritz, pero estoy sintiendo venir que más de una persona querrá matar a Sofí… Gracias por leer y me alegra que te haya gustado el cap. Anterior.

Himawari-hayashibara: ¡No, por favor! ¡Mis piernas no! ¿Cómo podre escribir sin ellas? Jejeje, no te preocupes, tal vez tarde pero no dejare inconclusa esta historia. Gracias por leer, me alegra saber que te haya gustado mi fic.

Gracias por comentar, tratare de actualizar pronto. –Y de conseguirme una Aikawa- Sensei hoy mismo si es posible-

Aquí les dejo unas notas históricas y aclaraciones:

Respecto a Fritz:

Fritz escapo en 1730 a la edad de 18, en aquella época la edad perfecta para contraer matrimonio.

Por desgracia el plan de Fritz fue descubierto, provocando que se le asignara una pena en prisión y que fuera privado de su cargo de sucesor al trono temporalmente.

Se dice que la razón por la cual mataron a Hans frente a los ojos de Fritz fue para darle un escarmiento, en algunas versiones manejan que el rey conocía la relación amorosa entre Fritz y Hans.

De 1730-1732, Fritz estuvo prisionero y en 1733, después de dedicarse diligentemente a asuntos militares y políticos, Fritz accedió a casarse con Isabel Cristina y al hacer esto recupero su cargo como príncipe heredero.

Cabe decir que después de eso no le quedaron ganas de oponerse a su padre, hasta que este murió… pero esa es otra historia.

Respecto al Rey Sargento:

No tengo idea ni de por dónde empezar.

Me es muy difícil manejar al rey sargento y su relación con Prusia. Por su parte el padre de Fritz-Federico Guillermo I o Federico I- no fue del todo malo. Vio mucho por Prusia. Durante su reinado Gilbert se desarrollo y creció de manera considerable.

Durante su reinado convirtió a Prusia en uno de los principales estados europeos. Uno de sus principales logros fue el desarrollo interno de Prusia. Fortaleció la industria, instauro en Prusia la enseñanza primaria obligatoria. Desarrollo un enorme y eficaz ejército de cual se sintió orgulloso, compuesta de hombres altos, procedentes (reclutados, y a veces secuestrados ¬¬u) de todos los rincones de Europa, convirtiendo a Prusia en la tercera potencia militar de Europa.

Y curiosa -e irónicamente- Desprecio el lujo de reinado de su padre. De hecho desarrollo un sistema de economía rígido y eficaz para poder hacer frente a las deudas contraídas por su padre y mejorar en gran medida la situación financiera de Prusia.

De esto se pueden sacar varias conclusiones:

*Una de ellas es que Federico I en realidad vio y dio mucho por Prusia. –Ya me lo imagino como un padre con Gilbo-

*Otra es que la rebeldía viene de familia.

*Y que antes del reinado de Federico Guillermo I, Gilbo pedía limosna en las calles, vestía harapos y daba pasiones por unas cuantas monedas… -No se crean lo último, es cierto que el abuelo de Fritz por poco agoto el tesoro público pero eso no significa que Prusia se haya dado a la mala vida.-

Los demás puntos se los dejo a la imaginación.

Ahora si es todo… ¿Reviews?