Capítulo 3: Cambios

"Porque a la gente no le gusta el cambio. Pero has que el cambio suceda lo suficientemente rápido y pasarás de un tipo de normalidad a otra".
Making Money. Terry Pratchett.

–Los tiempos están cambiando, –afirmó Asuma dando un hondo jalón al cigarrillo que había abandonado en el cenicero, fijando una mirada seria en el chico que tendía el pergamino hacia su amigo.

Kakashi echó un rápido garabato en el documento, se lo regresó al muchacho y volvió la vista hacia él. Asuma había cambiado desde su regreso del servicio con los Doce;tal vez su visión del mundo ninja derivaba de ese hecho; aunque era cierto, el mismo Hokage había platicado con él sobre ello. La inclusión de un Uchiha en ANBU había alborotado no pocas plumas entre los clanes, así que se apresuraron a solicitar la autorización de su prole para ingresar al escuadrón. Como resultado, el cuartel abundaba en asustados rostros de jovencitos que ni siquiera habían soñado pertenecer ahí, aunque era cierto que otros se alegraban de romper hasta cierto grado el control paterno y gustosos se mudaban al edificio.

Los conflictos recientes habían inclinado la balanza a favor del reclutamiento, ya que el daimyō veía con aprensión los movimientos de grupos radicales que parecían estar brotando como mala yerba, no sólo en el país del Fuego, sino en todo el mundo ninja. Existían grupos de choque que practicaban la guerrilla y eso aunque solía incrementar el comercio también elevaba la ansiedad del sector civil en general.

Para Kakashi el incremento de la población élite sólo suponía logística adicional y un papeleo interminable que ya comenzaba a irritarlo. Forzó una de sus sonrisas de ojo en pro de su amigo.

–Maa Asuma, ¿creí que era una visita social? ¿Por los buenos tiempos?

Asuma rió del comentario, Kakashi tenía una manera peculiar de manejar situaciones estresantes. Aunque sí había ido tan solo a visitarlo.

–Esperaba encontrar a Shikaku por aquí para una buena partida de Shogi –lo provocó.
–Shika está asignado a Inteligencia, lo puedes encontrar con Inoichi.
–A falta de… ¿interesado?

Extendió el tablero sobre el escritorio sin esperar la respuesta de Kakashi que sólo lanzó un dramático suspiro. Comenzaron a mover las piezas.

–Encontré a Sora hace unos días, Raíz también está reclutando. Cambios, Kakashi –miró a Asuma con desaliento, no pensaba dejar el tema.
–El equilibrio de poder lo exige, aunque la población civil está viendo este… ligero cambio… como un augurio de tiempos interesantes –respondió casi sin pensarlo.
–Interesantes las palabras que elegiste para plantearlo.
–Todo movimiento genera una reacción, Asuma. El ingreso de Itachi no fue tan bien aceptado y no es mi papel cuestionar la decisión de Hokage-sama. La facción fundamentalista de la aldea es un factor a considerar pero… los juegos de poder son algo que no me atrae particularmente.
–Lo sé. Sin embargo estás involucrado.
–Ciertas decisiones no me son consultadas ¿sabes? –rió suavemente.
–Mi padre difícilmente consulta a alguien en estos días –respondió con desdén, haciéndole pensar que aún había cosas por solucionar entre ambos.
–Siempre se suele escoger el menor de los males, ¿no? Pero… no soy un estratega. Jaque-mate.
–Uff, podrías haberme engañado. Supongo que hiciste algunas proyecciones.
–Aasumaaa…
–Ya, no quieres hablar de ello –guardó el tablero.

En efecto, no quería hablar de política. Era algo que consideraba engorroso e interminable. Asuma había emprendido su propia búsqueda y había regresado a su hogar, más maduro, más centrado, dejando atrás el impulso revolucionario de la juventud. Todo estaba cambiando, era cierto, los aldeanos cada vez veían a ANBU con más temor, incluso entre la población shinobi se estaba generando una atmósfera de exclusión. Asuma quería averiguar la postura que él tomaría, aunque el motivo se le escapara.

–Mantengo la neutralidad, Asuma –le dijo. Su amigo se detuvo en la puerta y le sonrió.

Asuma temía una guerra civil. El equilibrio entre las fuerzas ANBU y Raíz debía mantenerse, a pesar de lo opuesto de sus premisas. Vio a su amigo salir de la oficina y miró ausente por la ventana, Sarutobi lo había convocado la noche anterior ante un par de tazas de excelente sake. Llegó a la Torre deseando que la conversación no cayera en el tema de Rin, ella había tomado su decisión y él sólo podía hacer lo que hace un verdadero amigo: apoyarla sin dudar. Las primeras palabras del Hokage lo aliviaron hasta cierto punto.

Es posible que desaparezca el puesto de comandante, Kakashi –comentó, el humo de su pipa lanzando sombras tenues sobre el tatami.
¿Tendré que buscar empleo? –Sarutobi rió de buena gana, había que confiar en Kakashi para obtener respuestas extrañas.
No te estoy despidiendo.
Me había hecho ilusiones. Imaginaba un sabático en el país de las Aguas Termales.
Sé que liderar un escuadrón no forma parte de tus ambiciones personales.
Maa, creí no tener ninguna –se rascó la nariz.
Quería saber tu reacción.

Kakashi lo miró, con el filo acerado que le aparecía en los ojos cuando alguna de sus proyecciones había dado en el blanco. Sarutobi rió, el muchacho no cambiaba, no expresaba ninguna opinión ni precipitaba ningún movimiento aunque comprendía a la perfección sus palabras, sus motivaciones. Su siguiente respuesta fue más reveladora que las evasivas que le estaba dando.

Sólo significa que cambiaré de una clandestinidad abierta a una oculta –dijo en tono bajo. Asegurándole con esa respuesta que él seguía siendo fiel a su juramento, que su lealtad hacia él era inamovible como su lealtad hacia la Hoja.

Sabes que tengo planes para ti, aunque no son a corto plazo –dijo Sarutobi en tono más serio.

Sus deseos son órdenes, Hokage-sama –posó a rodilla en el suelo, apoyando la mano sobre el corazón y bajando la vista.

La situación va a empeorar. Eres uno de mis mejores guerreros, comprendes lo que más poder en manos de un solo hombre significa.

Asintió. Lo entendía. Significaba peligro hacia aquél que esgrimía semejante poder. Si el rumbo de los acontecimientos se mantenía fijo, el Hokage no sólo estaría en la mira de Raíz, sino también en la del daimyō y en la de viejos enemigos que aspiraban a ese mismo poder. Sarutobi quería cerciorarse de que no olvidara que tendría que entrenar al jinchūriki, enseñarle las bases para controlar al poder más grande sobre el planeta, estuviera él o no. Kakashi tragó saliva, pensar en la ausencia de Sarutobi le causaba un hueco en el estómago.

El movimiento percibido por el rabillo del ojo lo sacó de su divagación, siguió con la vista al halcón blanco del Hokage que sobrevolaba el cuartel, la elegante ave hizo una amplia aunque veloz maniobra y entró por la ventana para posarse en su brazo. Desató el pergamino que tenía atado en la garra izquierda y lo descifró rápidamente con la serie de signos que únicamente conocían los miembros del escuadrón. Un signo más y un montón de cenizas cayó sobre el cenicero que Asuma dejara atiborrado de colillas.

Extendió el brazo y tomó la mochila, se caló la máscara, abandonando el edificio un instante después que Takamaru. Llegó a la puerta norte de la aldea y disimuló la sorpresa que le causó la presencia de los tres compañeros de su propio equipo. Eran contadas las ocasiones en que todo el equipo era enviado a misión. Todos ellos estaban asignados a "solos", como les decían a las misiones solitarias, los habían hecho regresar exclusivamente para esa misión. La otra sorpresa era la medi-nin que acompañaba a su equipo.

–Miko… ¿dónde está Hikari? –preguntó.

–El hospital no puede prescindir de ella en estos momentos –respondió– me enviaron en su lugar.

Movió la cabeza, asintiendo, comprendió que la responsable de sustituir a Rin sería Hikari. Aunque extrañaría a su médico favorito, Miko era un excelente sustituto, pertenecía a la rara clase de médicos de combate. La chica le entregó un pergamino con el sello de Sarutobi, él lo tomó y lo abrió con rapidez. Lo vieron leerlo y quemarlo.

Salieron de la aldea muy callados, destruir un pergamino de asignación era algo que entraba dentro del protocolo de máximo secreto, la presencia de Miko era todavía más preocupante. Sarutobi no asignaba a su médico personal a una misión bajo ninguna circunstancia. Apenas habían abandonado el bosque cuando una rápida sombra emparejó a su capitán.

–Tráelo vivo, Lobo, si no, no podría matarlo por idiota –dijo Kaia, la voz traicionando su preocupación.

–Así será –respondió él, continuando su camino sin volver la vista.


Suna era una aldea hermosa, con sus murallas altas y el estilo único de sus construcciones. Como en todo el país las noches eran frías y ellos arribaron al día siguiente por la noche ya que habían viajado sin descanso. La "escaramuza" como la había nombrado Shiki, les hizo tomar la precaución de despojarse de las máscaras, adoptando el atuendo jounin estándar antes de entrar al territorio de Suna. Una escolta les llevó directo a la torre Kazekage, el jefe del equipo los guió ante la presencia del mandatario en persona. El hombre se levantó y saludó con una ligera inclinación de cabeza.

–Hatake Kakashi, eres idéntico a tu padre.
–Kazekage-sama –hizo una ligera reverencia, seguido por sus compañeros.
–Debido a un infortunado accidente en la excavación, Shiki-san está gravemente herido, nuestros médicos le han mantenido sedado para evitarle un shock a causa del dolor. Están haciendo todo lo posible.
–Miko se encargará de él de ahora en adelante –afirmó Kakashi, si el Kazekage no se andaba con preámbulos, él tampoco tenía la intención de hacerlo.
–No es recomendable, dada su condición.
–Los resultados de su investigación le serán entregados como está convenido en el contrato en cuanto él sea capaz de extraerlos físicamente de los contenedores.
–Considero tu respuesta ofensiva Hatake-san, no se han utilizado métodos de interrogación en él.
–Sería diplomáticamente impropio que yo me atreviera a sugerir tal cosa.
–Acepto tu disculpa.
–Pero comprenderá que de nuestros tokubetsu nos encargamos nosotros.

El Kazekage miró duramente al insolente muchacho y asintió de mala gana; la presencia de cuatro jounin escoltando a un médico recalcaba la importancia que tenía Shiki para Konoha. Sarutobi había sido lo bastante astuto como para hacerle llegar una advertencia en la forma de un equipo élite liderado nada menos que por el hijo del Colmillo Blanco de Konoha, un joven que ya era leyenda.

–Baki, escolta al equipo de Hatake-san al hospital.
–Si mi señor.
–Hatake-san… –la voz del Kazekage sonaba dudosa.

Kakashi hizo una seña a sus compañeros y ellos asintieron, siguiendo a Baki. Era evidente que el Kazkage deseaba hablar con él a solas. La guardia personal abandonó el recinto sellando el lugar con una cúpula de silencio.

–Envié a Sarutobi-sama un informe detallado de lo sucedido, comprenderás que quiero evitar un incidente mayor. Mi hijo es un jinchūriki, Shiki-san hizo algo equivocado y el bijū se salió de control.
–Asumo que no le advirtieron. –El Kazekage carraspeó incómodo– Shiki es un tokubetsu muy diestro, pero jamás enfrentaría solo a un bijū.
–No es algo de lo que estemos orgullosos.
–Lo tomaré como un sí.
–Shukaku defiende a Gaara por instinto de supervivencia –declaró el Kazekage, esforzándose en dejar pasar las impertinencias–, si él muere el bijū morirá con él. Es una situación difícil de explicar –suspiró con cansancio al ver la mirada fija en él, era evidente que Hatake esperaba algo más– No estoy culpando a Shiki-san, mi hijo fue el causante.

Kakashi se quedó en silencio. No conocía al jinchūriki, aunque por la edad del Kazekage era evidente que era muy joven; desde su punto de vista el no advertirle a un aliado de la presencia de un jinchūriki inmaduro era una irresponsabilidad, pero sus órdenes eran dar por terminada la misión en Suna y regresar con Shiki a Konoha.

No se le había enviado a juzgar o a buscar un culpable ya que toda misión ninja implicaba arriesgar la vida.

–Cubriré los gastos adicionales que se hayan generado.
–No le entretengo más, Kazekage-sama –dijo Kakashi. Se dio la vuelta y se retiró, dejando al hombre con la sensación de haber visto antes esa actitud.

Uno de los guardias lo escoltó hasta el hospital. Su equipo lo esperaba justo afuera del cuarto que ocupaba Shiki. Tenzô comparaba los pertrechos y armamento que Shiki llevaba consigo contra la lista de inventario que Baki le había entregado asegurándole que todo estaba completo. Gai montaba guardia con Genma, flanqueando la puerta, ambos con los brazos cruzados.

Se sentó al lado de Tenzô, las esperas siempre eran agotadoras cuando estaba en riesgo la vida de un compañero. Fueron largas horas de expectación mientras Miko trabajaba a puertas cerradas. Sin embargo se mantuvieron justo ahí, sin moverse, aceptando los tarros del fuerte y famoso café de Suna que les llevaban las enfermeras junto con platitos de dátiles y pasas secas que les llenaron el estómago mientras velaban. Finalmente Miko salió de la habitación y le indicó a Kakashi que la siguiera, se apartaron del grupo.

–¿Lo conseguiste?
–Sólo terminé de reparar el daño interno. Los médicos locales ya habían hecho muy buen trabajo, también eliminaron los residuos de arena, parece ser tóxica, le aplicaron un antídoto específico muy efectivo, al parecer tienen experiencia en este tipo de… incidentes.
–¿Algo más? –preguntó, viendo la duda en el rostro de la medi-nin.
–La hija mayor del Kazekage me explicó la situación. Al parecer Shiki alejó a su hermano del derrumbe. La defensa instantánea del chico fue lo que hirió a Shiki, ella dijo que era posible que la arena haya visto el súbito movimiento como una amenaza. Está sorprendida de que haya sobrevivido, al parecer el chico reaccionó a tiempo y detuvo a su arena. Ella parecía muy preocupada.
–Suena muy extraño –dijo él, moviendo la cabeza– nunca había oído hablar de la arena como un ser pensante.
–Lo sé, a mí también me lo parece.
–Coincide con lo que me dijo el Kazekage. ¿Ya está fuera de peligro?
–Los médicos de Suna poseen medicinas regenerativas muy avanzadas, estoy segura de que Tsunade-sama estaría fascinada de echarles mano –guiñó un ojo– no hay daños externos, Kakashi, una de la enfermeras me dijo que hicieron lo imposible para que no quedaran marcas.
–¿Y aparte de conservarle la belleza…?
–Hay que esperar a que recobre la conciencia para eliminar la posibilidad de daño neural por la toxina de la arena –dijo ella, algo desinflada de su fallido intento de broma, procedió con tono más profesional, recordándose que tenía enfrente a Lobo, no a Kakashi– después de eso debería estar inmóvil al menos un día más para que cierren bien las suturas internas, anulé parte de sus nervios para que no haga movimientos bruscos.
–Buena decisión.


El lugar estaba muy iluminado, la luz alcanzaba a atravesar el grueso de la piel. No recordaba cómo había llegado ahí, sólo podía recordar el resplandor de la luna llena bañando de plata las dunas de lontananza, soledad, silencio rodeándolo a él y al pequeño. Abrió los ojos. Tal vez lo había soñado. De cualquier forma, su tienda de campaña difícilmente tenía semejante iluminación.

–¡Gracias a Kami! –exclamó una voz desconocida hacia su derecha.
–¿Dónde estoy? –preguntó, tratando de aclarar la bruma que le llenaba el cerebro.
–En el hospital militar de Sunagakure, ¿dónde más podías estar animal?
–Ah, te extrañaba. Dueles como una maldición Kakashi.
–También te amo.
–¿Quieren dejarse de amoríos por un momento? –dijo Genma– esto es serio.
–Uhh… celos. Dime Shiranui, ¿no te bastaron tantas semanas con él en alta mar?
–¿Qué diablos te pasó? –preguntó Genma, sin reconocer que se sentía aliviado de que siguiera siendo el mismo dolor de trasero que siempre.
–No sé de qué hablas. ¿Qué hacen ustedes aquí?
–Regresándote del inframundo, de hecho Miko-san –contestó Kakashi, señalando con el pulgar a la dueña de la voz.
–¡El gurrumino! –exclamó, volviendo la cabeza a derecha e izquierda, esperando ver una cama más junto a la de él.
–¿El qué? –preguntaron casi a la vez.
–El gurrumino, el gnomo terracota, ¿dónde está? Lo que sea que me golpeó debe… Oh por Kami… soy shinobi muerto, escuchen, el hijo de Kazekage-sama…
–Cálmate Shiki, hasta donde sé él está bien –afirmó Kakashi. Tenzô ya comenzaba a hacer su secuencia de signos, Kakashi lo detuvo con una mano, "no puede moverse" dijo con rápidas señas.
–Temari-chan me dijo que la arena te atacó –intervino Miko.
–Ah ya, vaya… si fue la arena, entonces él está bien –dijo, cerrando los ojos.
–Creo que se le dañó el cerebro –comentó Genma.
–¿Qué sucedió, Miko-chan? –preguntó Gai, mirando la inmovilidad de su compañero.
–Sufrió un trauma múltiple, la intensidad del mismo provocó que su cuerpo neutralizara el dolor casi al instante, pero al disiparse esa adrenalina ha quedado noqueado. Ahora si me disculpan…

Adrenalina era una palabra que les resultaba comprensible aplicada a Shiki, poseía la habilidad de generarla por reflejo. Se hicieron a un lado, dejándola trabajar, el equipo médico de Suna invadió la habitación casi al instante. No cabía duda de que Miko había dado instrucciones muy precisas para ese momento, ya que venían preparados con sueros, vendas y cantidad de bandejas. Salieron de la habitación a acomodarse nuevamente en la banca de espera, los medi-nin de Suna cerraron la puerta, poniéndolos en una tensa alerta.

Esa vez la espera no fue muy larga. Escucharon voces discutiendo y protestando, cuando estaban a punto de levantarse para intervenir, un tambaleante Shiki salió, para su sorpresa, caminando, con un brazo apoyado en Miko. Kakashi clavó una mirada fría en la medi-nin y ella sólo negó con la cabeza. Le hizo una seña a Gai sin despegar la mirada de la mujer y éste de inmediato se acercó a ellos.

–Yo lo sostendré, Miko-chan –dijo amable.
–Sí, el idiota no sólo es pesado de maneras –refunfuñó Genma, colocándose del otro lado.
–Sabía que en el fondo me amabas –dijo Shiki, la voz algo pastosa.
–¿Hacia dónde? –preguntó Gai, confundido.
–A la Torre Kazekage, por supuesto –respondió Shiki– esta bella dama me ha echado de la cama sin miramientos.

Miko enrojeció, evidentemente incómoda por la mirada fija de Kakashi que se limitó a seguir a sus compañeros cuidando la retaguardia. La escolta que los había llevado al hospital se les unió con aprensión, formando un pequeño grupo que atraía las miradas de los civiles en su trayecto hacia la torre.

Entraron a las estancias y un momento después el Kazekage apareció en su atuendo formal de dignatario. El experto de Suna que había acompañado a Shiki durante todo el tiempo de su estancia en la excavación estaba presente, así como el mismo equipo que saliera huyendo noches atrás ante la presencia de Gaara. Shiki desprendió el abrazo de sus dos compañeros y se dirigió hacia él, Tenzô le acompañó, llevando su mochila y armas.

–El objetivo de la excavación ya no existe, Kazekage-sama, por ello me es imposible continuar mi misión en Suna.
–Shiki-san, el contrato especificaba…
–Desafortunadamente las ruinas ahora yacen en un ataúd de arena –dijo realmente entristecido, por alguna razón su dramática elección de palabras pareció congelar el discurso del Kazekage–. Pero la misión ha sido un éxito, conseguí rescatar la mayoría de los documentos de la Biblioteca de Thopar. –Declaró con orgullo, le hizo una seña a Tenzô que abrió por él la mochila y extrajo con cuidado los pergaminos contenedores, le pidió que los colocara en el suelo e hizo sus rápidos sellos de abertura–, el derrumbe me impidió extraer una pequeña cantidad de los más maltratados.
–¡Sorprendente! –exclamaron los expertos, el júbilo ahogando cualquier otra cosa a su alrededor.

Olvidando del todo el rígido protocolo de Suna, se precipitaron hacia las pilas de pergaminos que brotaban de los contenedores, haciendo que el Kazekage retrocediera para abrirles paso. El alivio en el rostro del Kazekage no pasó desapercibido. Shiki hizo un vano intento de detenerlos.

–¡Pedazo de burros! –gruñó frustrado, al instante el grupo se detuvo, conocían sus arranques cuando se trataba de objetos que consideraba valiosos–. Esos son delicados, necesitan restau… –un agudo dolor lo paró en medio de la frase.

Shiki continuaba doblado sobre sí con un brazo apoyado sobre el estómago y el rostro crispado por el sufrimiento. En tanto, los expertos de Suna comenzaban sin demora a recoger los documentos y uno que otro objeto que Shiki había incluido a toda prisa.

–Los productos de la investigación han sido entregados como lo estipulaba el contrato. Si no hay nada más, la misión ha terminado –afirmó Kakashi, adelantándose para ayudar a su compañero a mantenerse vertical.
–Espera Kakashi, sí hay algo más –dijo Shiki, Kakashi volvió el rostro hacia él, interrogante– ayúdame ¿quieres? –siseó, los dientes apretados, Kakashi le dio apoyo para recorrer la distancia que los separaba del hombre, poniendo en alerta a la guardia oficial. El Kazekage les hizo seña de que todo estaba bien. – Me disculpo por haber puesto en riesgo a su hijo –dijo, haciendo un inútil intento de inclinación.
–Dis-culpa aceptada –murmuró el Kazekage, confundido– su muestra de respeto es reconocida y aceptada, Shiki-san. –Baki se acercó a él, entregándole un estuche alargado que tomó y extendió hacia Kakashi.
–Kazekage-sama… por favor despídame del gurru… de Gaara-sama –corrigió Shiki.

Eran una tropa extraña, al menos despertaban la curiosidad de los aldeanos ya que parecían guerreros maltrechos retirándose del campo de batalla. Shiki avanzaba flanqueado nuevamente por Gai y Genma, Tenzô atrás de ellos con Kakashi y Miko.

Shiki sintió la familiar marca de chakra y volvió la vista hacia la muralla, un par de ojos aguamarina lo miraban. Levantó la mano y la agitó. Unos cuantos días después Gaara comenzó a usar casaca.


N.A. ¡Perdoooón!, no pude evitarlo *rubor* siempre me pregunté por qué razón Gaara usaba casaca militar.