Capítulo 4: Fantasmas.
Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Jorge Luis Borges.
Estaba francamente enojado, ninguno de sus acompañantes trató de hacer algún intento de conversación; las primeras palabras que dijo fueron órdenes de que montaran un campamento. Tampoco trataron de protestar a pesar de que habían avanzado sólo lo suficiente para salir del territorio de Suna. Lo miraron acercarse a Miko y hacerle una perentoria seña de que la siguiera, apartándose hasta una distancia respetable. Creó una barrera de silencio que los dejó atónitos.
–Dijiste un día y lo echaste fuera en menos de cuatro horas –dijo con voz gélida– cualquiera puede darse cuenta que apenas se puede mantener de pie por sí solo. ¿Te importaría explicar?
–Shiki necesitaba salir de Suna, mis órdenes fueron…
–Me importan un carajo tus órdenes. Es evidente que no tienes experiencia de campo Miko, le pudimos haber comprado al menos un día más de reposo antes de entregar el reporte al Kazekage. Y no me interesa lo que te haya dicho ese idiota para convencerte.
–¡Cometí un error, Lobo!, lo admito… me di cuenta cuando...
–Termina de curarlo, esta vez del todo –ordenó, interrumpiéndola de tajo– nadie se muere en mi guardia –se dio la vuelta, deshaciendo con un ademán la barrera.
Caminó hasta las tiendas de campaña.
–Gallo, Ardilla, guardias 6/4, Gato crea algo decente para él. Y Shiki… tú te callas si quieres llegar entero a Konoha.
–Pero Lobo… –comenzó éste, deteniéndose en seco. Lobo había echado el brazo hacia atrás, doblando el codo, aferrando amenazador el mango del ninjatō.
–Me encargaron regresarte vivo, no completo –declaró.
Se alejó de las tiendas, sentándose junto a la fogata que habían preparado. Era mala hora para acampar, la noche caía en pleno desierto y las temperaturas bajaban drásticamente, pero el Sharingan le había indicado que los niveles de chakra de Shiki estaban demasiado bajos, también había sufrido pérdida de sangre y era probable que las suturas internas se hubieran roto. Maldijo en silencio, aún enojado por la decisión que, estaba seguro, habían tomado Shiki y Miko. Garabateó apresurado un informe e invocó a uno de los ninken, con la orden expresa de entregarlo a Sarutobi.
–Senpai.
–¿Qué sucede Tenzô? –preguntó, ya más calmado, escribir el reporte le había bajado el enojo.
–¿Té? –le tendió un termo.
–¿Tienes alguna idea de qué es lo que Shiki quería sacar con tanta prisa de Suna? –preguntó, sorbiendo un gratificante trago de té verde.
–Difícil de decir con tanto pergamino codificado como trae en su mochila. Pero lo que sea, lo consideró más importante que su bienestar. Estará bien, senpai.
–Sí, dudo que quiera morirse tras encontrar algo que estaba buscando. Apuesto a que el hijo del Kazekage tuvo algo que ver con que decidiera salir de inmediato. Durmamos Tenzô, esta espera puede alargarse.
Miko trabajó en silencio sobre un maltrecho Shiki que hacía lo imposible por permanecer quieto en el improvisado camastro que Tenzô creara. La verdad es que deseaba abrir su tesoro y ver si había conseguido lo que quería, pero difícilmente podía moverse y el pobre intento que hizo de acumular chakra le había dolido en el alma. Se preguntó si su acto de fuga había sido buena idea, en Suna lo habían mantenido alejado del dolor, lo más lógico era que Lobo demorara su partida hasta que él estuviera, si no bien, al menos parcialmente recuperado. Apretó los ojos, Lobo sólo había cedido porque habían estado en presencia de extranjeros, era inaceptable mostrar una disensión interna. Pero no arriesgaría su misión por nada y en ese momento, vaya si lo sabía muy bien, no era la misión del Hokage sino la de su hermana.
–¿Lo dijo en serio?
–Uh… Lobo no es alguien que amenace, simplemente lo hace, no te asustes –respondió Shiki tratando de alzar los hombros.
–Eso me asusta más.
–Lamento haberte puesto en su mira Miko-chan, perdóname.
–Durante muchas generaciones mi familia ha estado a cargo de la salud de los líderes de la Hoja, Shiki-san. Lo que me dijo dio en el blanco, no tengo experiencia de campo, es ridículo estar entrenado para batalla si nunca enfrentas una real.
–Lo siento. Él no mide las cosas que dice cuando regaña…
–Nnoo, no me dijo que fuera ridículo yo… es que él es diferente como Kakashi yo…
–Ahhh te gustó Lobo-sama.
–¡No digas tonterías!
–¡Te gusta! ¡auch! cuánto tiempo crees que…
–Por el estado de tus músculos un par de días más. Lobo tiene razón, me equivoqué, debí negarme como dijo Lobo y dejarte encamado un día más, aquí no hay el equipo necesario, corres riesgo de infección, seguro que Lobo lo sabía… quién sabe lo que podía haber en esas ruinas y no sé nunca he atendido a un Uchiha, ¿el Sharingan puede ver los virus sin microscopio?
–Caray… oye… no soy tan viejo como para que un simple bicho me haga daño y no toqué nada con las manos desnudas, no soy estúpido… y sigo viendo un patrón, creo que has dicho Lobo al menos tres veces en esa fra... ¡Auch!
–Es mi venganza.
Miko no se atrevía a alejarse de su inquieto paciente. Se sentó en el suelo, dispuesta a vigilar el progreso de sus esfuerzos. Gai le había llevado un par de frazadas y le echó encima su propia capa de viaje. Un termo de té le fue entregado por Tenzô. Se suponía que un médico de batalla debería soportar esas ligeras incomodidades, pero su preparación estaba muy lejos de ser perfecta, el equipo que la escoltaba lo sabía y eso la hacía sentir peor; podía funcionar muy bien en un ambiente controlado, cerró los ojos sintiendo el cansancio terminar de vencerla.
Shiki se incorporó con cuidado, tratando de hacer el menor ruido posible. En numerosas ocasiones había estado lesionado, no era la primera vez y con el tiempo el cuerpo aprendía que su propietario no era tan cuidadoso con él, solía enviarle dolorosas advertencias cuando estaba rebasando los límites de su resistencia. En ese momento su cuerpo parecía estar en ese estado aprensivo, aunque curiosamente no sentía dolor. Se movió con cuidado hasta la mochila que Tenzô había dejado cerca de su lecho.
"El gatito debe haberlo previsto", murmuró para sí. Extrajo el pergamino que contenía su botín y lo extendió sobre la cama. Hizo los sellos muy despacio.
El bloque apareció ante él, escasamente iluminado por la luz que emanaba el pergamino. Precaución que Shiki había tomado imaginando que tendría que abrirlo clandestinamente.
–Sabía que no podrías resistir la tentación.
–Maldita sea… parece que te has propuesto causarme un ataque cardiaco –rezongó en voz muy baja. Lobo estaba ahí, sentado en una silla, los antebrazos posados sobre los muslos, en una postura engañosamente relajada, para nada acorde con el atuendo de asesino.– ¿Desististe de..? –se interrumpió.
–¿Mutilarte si es necesario? No.
–Cielos… tu sentido del humor es aterrorizante.
–No tanto como… arriesgar el pellejo ¿para qué… robar un tabique? ¡Debe ser importante! Un Hinorobu no haría algo así a cambio de su vida, pero olvido que tu hermana es más inteligente, tal vez debería perdonarte.
–No es un tabique, –protestó achicando los ojos– es EL tabique, shhh, baja la voz, ¿quieres?
–Francamente ya comenzaba a preocuparme.
–¿Del tabique?
–Por ti, idiota. Te quedaste en lalaland dos días seguidos.
–No sé de qué hablas, sólo esperé a que Miko se durmiera.
–Miko ya debe de estar en Konoha –señaló a su alrededor, en efecto ahí no se encontraba su médico y no era una tienda de campaña–, ya sabes, sus deberes de geriatra.
–Maldito.
–Antes de irse me aseguró que tu humanidad estaba a salvo. Hora de encender la luz –dijo Lobo, accionando el interruptor–. Bien, escúpelo.
–¿Acaso pasaste tiempo con el equipo de Ibiki? –preguntó Shiki, eliminando el ahora inútil resplandor de pergamino.
–No, pero me defiendo –se levantó la máscara y Shiki pareció respirar en paz–. Interesante modificación a un pergamino contenedor.
–Tch. Pasé un tiempo en el reino del cielo, ya lo sabes, poco antes de que me encontrara con el orbe y con tu equipo. Volaste mi fachada en pedacitos, ¿recuerdas?
–Si no recuerdo mal el que la voló fuiste tú.
–¡No podía quedarme sólo mirando! Mi hermana me habría matado…
–Escudarte tras las órdenes del Hokage te liberó de la duda en Suna, aunque sospecho que hubo causas de mayor peso. Buena maniobra, Shiki.
–Oi oi, me concedes un crédito inmerecido –dijo ruborizado, rascándose la nuca.
–No parece que hayan extrañado el… tabique.
–No vas a dejar de insistir con lo del tabique, ¿verdad?
–¿Por qué habría de hacerlo? Es divertido fastidiarte.
–Tch. Eres peor que mi novia.
–No tienes.
–Por eso lo dije… verás, desde hace tiempo estoy armando un digamos… rompecabezas.
–Con razón.
–¡Ya veo que lo entiendes!
–Con razón se te rompió la cabeza.
–Enviaste de regreso a Miko porque esperabas una represalia –afirmó, bajando la cabeza– descuida, no se puede echar de menos algo que no existe –murmuró– ¿Dónde estamos?
–En la aldea de la frontera con Ame.
–¿Los demás?
–Tenzô y Gai escoltando a Miko de regreso. Genma está haciendo guardia.
–¡Estamos en la tierra del Fuego! ¿quién podría atacar?
–No es para defensa, es para evitar que huyas.
–Cumplí mi misión, ¿no? Lo que haga con mi tiempo libre es asunto mío.
–Tu tiempo le pertenece a Konoha.
–Vamooos Kakashi, tú no eres así.
–Hokage-sama ordenó que no me separara de ti hasta entregarte en Konoha, –deslizó la máscara a su lugar– seré tu chaperón. Empaca tu… tabique y vámonos.
En el momento en que volvió a cubrirse el rostro con la máscara de porcelana, Shiki supo que no tenía la menor oportunidad de negociar. Desconocía las órdenes concretas dadas por Sarutobi, pero era posible que fueran la oportunidad de abandonar Suna bajo su amparo porque hasta cierto punto había deducido lo que perseguía, no es que le hubiera dado toda la información, pero el viejo era un zorro. Por otro lado, Lobo ni siquiera se había molestado en cuestionarlo sobre su botín, exhibiendo la famosa neutralidad de ANBU.
Los jóvenes chūnin registraron su entrada por la puerta norte sin que aminoraran el paso. Alcanzaron la torre Hokage llevaron a Shiki hasta la oficina principal. Un "Gracias por su buen trabajo" dicho a toda prisa por Sarutobi y ambos se retiraron, dejándolos a solas. Genma se despidió con un ligero ademán. Kakashi tomo el rumbo de a su casa, eran pocas las ocasiones en que podía hacerlo, pero el día siguiente lo tenía libre, siempre se les otorgaba uno tras una misión de varios días, esa había tomado más de una semana.
Encaminó sus pasos al bar de Kaia, no podía llevarle a su hermano, pero al menos podía hacerle saber que estaba bien.
El bar de Kaia era la guarida favorita de la población shinobi, a pesar de ello su llegada levantó no poco revuelo entre la clientela. La máscara del Lobo jamás era vista en sitios públicos. Caminó hasta la barra y levantó una mano hacia Kaia, señalándole las habitaciones superiores. Ella asintió y lo siguió.
–Vaya ocurrencia la tuya, podías haberte cambiado –dijo, sonriendo.
–Démosles de qué hablar –respondió, levantándose la máscara y sentándose en la cama.
–Siempre tan atento… dime que no está enfrentando una corte marcial en este momento.
–A menos que se le ocurra robar la bola de Sandaime, lo dudo mucho.
Kaia respiró con alivio, la broma sobre la "bola de Sandaime" era su manera de decirle que todo estaba bien; se sentó a su lado, adoptando la misma postura que él. Kakashi le narró todo lo sucedido desde la llegada al hospital sin decorar las cosas con un barniz de suavidad, la conocía muy bien, sabía que siempre prefería la verdad por cruda que fuera y también estaba consciente de que Kakashi omitiría detalles secretos, revelándole sólo lo que era importante para ella y eso era su hermano.
–Estuvo delirando una de las noches, Kaia; mencionó algo sobre siete sellos, ¿alguna idea de a qué se refería?
–Jamás había escuchado algo por el estilo.
–Ni yo.
–Pero si son sellos ninja puede ser peligroso –dijeron a coro. Kakashi volvió el rostro hacia ella, sonriéndole.
Se quedaron en silencio por un rato, mirando el tatami, acompañándose mutuamente por acuerdo tácito.
–Cuando te sientas así, me recuerdas a alguien –dijo, la mirada perdida en algún recuerdo lejano.
–Espero que sea una memoria agradable.
–Lo es. Gracias, Kakashi.
–Ni lo menciones, de todos modos quedaba por mi rumbo –le guiñó el ojo–. Maa, es hora de retirarse –regresó la máscara a su sitio y se incorporó–. Me avisas si no viene a verte –agregó, deteniéndose en la puerta.
–Oh sí, vendrá. Perderse mi magnificencia es algo que sólo podría hacer una vez antes de morir.
–De hecho –respondió él. Salió por la ventana, no pensaba crear más alboroto de lo que ya lo había hecho.
Los hermanos eran así, se dijo, lo había visto muchas veces aunque no le hubiera tocado vivirlo. Existía un vínculo que los unía más allá de la sangre y la genética. Él, en cambio tenía una pequeña familia que consistía en sus compañeros y el grupo de invocaciones ninken que heredara de su padre. En ocasiones pensaba que su vida era extraña y cuando eso sucedía optaba por dormirse.
Arrojó la máscara sobre la cama y dejando un reguero de ropa por el camino, se dirigió a la ducha, el verano estaba en pleno apogeo y el calor estaba imposible. La lluvia todavía no comenzaba a caer presagiando precipitaciones tardías que tal vez alcanzaran a humedecer el otoño. Casi podía imaginar que en cuanto le cayera el agua encima se evaporaría. Abrió el grifo del agua fría y comenzó a llenar la tina, templándola con caliente sólo para hacerla soportable. Se metió a la bañera, descansando los brazos sobre los bordes, echó la cabeza hacia atrás dejando que el agua le llegara al cuello y nuca y cerró los ojos, relajando el cuerpo, tratando de fluir con el agua.
"No te duermas, Kakashi" la advertencia provenía de Sakumo, su padre. Miró la figura en cuclillas, al borde del río, los ojos grises fijos en él. "Te puede llevar la corriente", añadió, sonriéndole.
–¿Qué rayos fue eso? –preguntó, incorporándose con rapidez en la bañera. Miró hacia uno y otro lado, sintiéndose desconcertado.
La imagen había sido muy vívida para ser tan sólo un recuerdo.
"Hay disparadores, Kakashi. La memoria funciona de manera muy peculiar, recordamos con los 5 sentidos". Esas eran palabras de Inoichi; lo había estado preparando específicamente para una misión de infiltración, donde esconder los recuerdos ante un mentalista era importante. "Nuestra mente absorbe toda la información de lo que nos rodea, pero también tiene un mecanismo que la archiva para que no nos veamos abrumados por tantas memorias, quedan selladas, hasta que encuentran un disparador, esos disparadores son circunstancias, situaciones similares que ya vivimos, olores, colores, texturas, sabores, palabras".
Abandonó la bañera, sintiéndose acosado, pensando que tal vez la legendaria paranoia de los élite por fin comenzaba a convertirlo en su presa. Los recuerdos tenían la mala maña de aparecerse en cuanto bajaba la guardia. Apoyó ambas manos en el lavabo, sonriendo de sus propios pensamientos, el espejo le devolvió otro recuerdo.
La sonrisa de su padre. Era muy parecida a la de él.
Tanto Genma como Kakashi se habían mantenido en un empecinado silencio durante todo el trayecto, comunicándose de cuando en cuando con su código secreto de señas, eso finalmente había terminado de ponerlo de nervios, no era como si no los entendiera. Pero era su manera de mantenerlo a raya. Kakashi podía ser aterrador si se lo proponía y Lobo era peor. Pero Konoha era sólo Konoha, nada oculto en la aldea oculta de la Hoja. Todo parecía igual desde que saliera a la prolongada misión en Suna, aunque había percibido cierta hostilidad hacia sus acompañantes ANBU, algo que no tenía precedentes. Sandaime se veía cordial, como siempre.
–Hokage-sama –saludó.
–Bienvenido, Shiki-kun. Kazekage-sama quedó sumamente complacido con tu trabajo. Envió un par de millones extra de ryu en compensación por el incidente.
–No recuerdo nada de ello, Hokage-sama –dijo sonriendo– se ocuparon de que no despertara.
–Tuviste un encuentro con el bijū, deberías recordarlo –dijo Sarutobi, la pipa entre los labios– aunque a decir verdad creo que es mejor así.
–¿Un bijū? No, para nada –movió la mano desechando la idea–, fue la arena del gurrumino, creo que me agarró manía.
Sarutobi rió hasta que le salieron las lágrimas ante un atónito Shiki que no sabía qué sacar de ello. El viejo definitivamente estaba comenzando a chochear, se dijo. Entre lagrimones lee señaló el cojín frente a sí y él se sentó con las piernas cruzadas, esperando que le pasara el ataque de risa.
–El pequeño Gaara es el jinchūriki del ichibi, –dijo cuando recuperó la compostura.
–¿Qué? Con razón… ¿Queeeé?
–Eres afortunado, pocos sobreviven al ataque de Shukaku. Cuando salgas de aquí ve a ver a Kaia-chan.
–Sí, mi señor.
–¿Encontraste lo que estabas buscando?
–Desafortunadamente perdí unos cuantos libros que no alcancé a recuperar cuando se hundió la biblioteca. Sin embargo, estoy seguro que los de cifrado tendrán bastante trabajo, –le tendió los pergaminos que habían servido de contenedores– confío en que la modificación que hice haya funcionado, el contenido debe haber sido copiado con exactitud.
–Uhh… eso suena peligroso, nos ocuparemos que nuestros aliados no lo averigüen nunca. Sin embargo, Shiki-kun, no has contestado mi pregunta.
–No, señor, aún no encuentro lo que busco –contestó.
–Oh. ¿Tienes alguna idea que es lo que buscas?
–No… –bajó la vista, visiblemente ruborizado– ¡Pero estoy seguro que es algo importante!
Sarutobi sonrió benevolente. Shiki era empecinado y al contrario de los pocos arqueólogos que existían en el mundo ninja, él perseguía quimeras, sueños que los demás desechaban por increíbles. Sin embargo esos sueños locos habían proveído a los armeros de Konoha con técnicas avanzadas en la canalización del chakra en varias ocasiones.
–Tsuchi solicita tus servicios –le tendió un pergamino. Te estás volviendo famoso.
–Hokage-sama…
–Descuida, lo tengo todo previsto. Tómate unos días de descanso, cuando estés completamente repuesto partirás.
Shiki abrió los ojos muy grandes. Sarutobi también era famoso porque podía usar jutsus de mirón, pero dudaba que la clarividencia fuera uno de sus dones. Lo miró con recelo. El viejo sólo arrugó los ojos y volvió a reír. Tenzô, que cubría la guardia, hizo hasta lo imposible por mantenerse quieto y controlar la risa que le causaba la situación. Hokage-sama sin duda era alguien de temer.
–Y simplemente me dijo que cuando esté repuesto partiré. O sea… ¡Tsuchi ni siquiera es nuestra aliada! Y no quiero ni recordar la escena que hizo Kaia. ¡Me recibió con una lluvia de armas! Sólo quería un refugio hasta que sanaran mis heridas pero no, tenía que entrar en modo dramático y amenazar con cortarme en pedacitos. ¡Es contradictorio! Quiero decir, le interesa que esté a salvo o… ¿Qué?
Kakashi había estado viéndolo fijamente, pero volvió el rostro hacia Genma quien sólo alzó los hombros.
–¿Me quieres decir por qué lo trajiste aquí? –preguntó.
–¿Qué querías que hiciera? Miu-chan está… pasando unos días en mi departamento –respondió Genma, el rubor coloreándole las mejillas.
–¿Y yo qué culpa tengo?
–Pero Kakashi… comprende, ¡no podía dejarlo en la calle!
–Hay hoteles… pensiones. Gana más que tú y yo.
–Además, te vendría bien un poco de compañía.
–Oi oi, no hablen de mí como si no estuviera –protestó Shiki, achicando los ojos.
–Me retiro –dijo Genma, desapareciendo al instante.
Shiki miró confundido a Kakashi, que volvió a clavar la vista en el sospechoso libro de portada naranja que estaba leyendo cuando él y Genma llegaron. Se quedó muy quieto, echando ojeadas a la casa, sin saber exactamente qué esperar de esa actitud.
–La ducha está a tu izquierda.
-¡Oye!
Tras protestar asintió, retirándose directo hacia el cuarto de baño, su aspecto debía ser terrible.
Dejó que el agua le lavara las heridas; aún tenía furiosos moretones en la blanca piel que seguían causándole extrañeza. Gaara era un niño precioso, a pesar de su mirada vacía y las profundas ojeras; no había querido hacerle daño, estaba seguro de ello, aunque no comprendía en qué momento la arena –se corrigió- el bijū lo había atacado. Sonrió, esperaba que el pequeño tuviera mejor suerte que la que solían tener los jinchūriki, el pequeño Naruto incluido.
Genma había sido su opción, después de todo eran amigos, tenían la misma edad. Kaia lo había llevado a su primer día de clases a la Academia y ese mismo día había peleado a puñetazos con Genma. Ambos pasaron el examen genin sin mucho problema y aunque con diferentes sensei seguían en contacto. Hasta que Genma optó por ANBU y él por la arqueología, especializándose poco después de cubrir los requisitos jounin. Pero Genma tenía compañía. Una bella rubia que parecía la pareja perfecta para él.
Genma lo había escuchado y lo había arrastrado en su jutsu de transportación, apareciendo de súbito en la casa de Kakashi. Se sintió un poco culpable de allanar ese lugar. Kaia no lo había echado, en realidad él había declinado la invitación a quedarse en la que había sido su propia habitación porque estaba huyendo de fantasmas. Lo reconocía, Kaia era mucho más fuerte que él en ese sentido, él no podía soportar vivir en el lugar donde habían vivido sus padres y sabía que su hermana lo entendía.
Suspiró, jamás lo echaría a la calle aunque eso significara una molestia para él. "Tal vez sí debería irme a un hotel" –pensó en voz alta, mientras cerraba la llave de la regadera. El ruido de la puerta le llamó la atención, volvió somnolientos ojos hacia ella. Kakashi estaba ahí, tendiéndole una toalla.
–Muchos matarían por pasar la noche conmigo, Shiki-kun.
–Te estás juntando mucho con mi hermana –respondió, tomando la toalla.
–Maa, espero que eso sea un cumplido. Quédate el tiempo que desees. La cocina está a tu derecha y el dojo al fondo. No toques las espadas –dijo, retirándose–. Puedes ocupar la habitación de arriba a la derecha, quizá tiene un poco de pelo de los ninken, no he limpiado.
