Capítulo 5: Leyendas.
Probablemente el último sonido antes de que el Universo se repliegue sobre sí mismo, será alguien diciendo: "¿Qué ocurre si hago esto?" Terry Pratchett.
Shiki lo acompañó hasta el cuartel ANBU, no tenía qué hacer y quedarse en la cama era algo que estaba muy lejos en su mente. El grupo lo miró, algunos reconociéndolo, otros no, era el precio por estar casi siempre lejos de la aldea. No le importaba, la presencia de un tokubetsu era permitida como si formara parte del escuadrón. Había estado ahí varias veces, ese día tenía interés en acceder al área de sellos, quizá eso le diera alguna idea sobre el cubo ya que ir a Inteligencia era algo que quería evitar, al menos hasta que satisficiera su curiosidad personal. Todo mundo sabía que ANBU poseía técnicas prohibidas en todas las áreas.
Antes de que tuviera tiempo de hacer cualquier cosa, una chica apareció ante ellos.
–Recibí tu mensaje, Lobo –dijo la joven.
–Hazte cargo –le ordenó–, no des problemas Shiki. Utiliza fuerza letal si es necesario para controlarlo, Hikari –se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la oficina.
–Entendido.
–Oi oi…
–Escuchaste a Lobo, no querrás caer de su gracia –dijo la joven, mostrándole un afilado bisturí que radiaba chakra.
–¿Todos aquí están locos?
–Soy medi-nin, no loquero. Aunque supongo que sí están un poco locos. Sígueme.
La siguió hasta la enfermería más por curiosidad que porque realmente se sintiera amenazado. La joven abrió la mochila y sacó los pergaminos de trabajo, señalándole la camilla. Shiki soltó el arnés que sostenía la larga espada y recostó con cuidado su espada contra la pared. Trepó a la camilla, comenzando a descubrirse el torso lentamente.
–Por Kami. ¿Qué te hizo eso? –preguntó Hikari, sorprendida.
–Un bijū o algo así. No me mires así, también me acabo de enterar –dijo Shiki, ante la mirada incrédula de ella.
–No deberías estar de pie. Recuéstate… bueno, he visto heridas peores. Hicieron muy buen trabajo, aparte de los moretones no hay daño interno –afirmó, recorriendo con finos dedos la piel.
–Miko-chan dijo que la coloración desaparecería a la larga.
–Oh… Miko. Eliminaré tu dolor.
–No he dicho que me doliera.
–Es necesario que estés vendado.
–No lo es y no me duele. ¿Acaso no escuchas?
Hikari presionó con suavidad la parte baja del intercostal derecho, causándole un dolor intenso que le hizo apretar los dientes.
–¿Ves cómo sí te duele?
–¿Ves cómo sí están locos los ANBU? ¿Cómo no me va a doler si me pellizcas?
–Te recomiendo que no la contradigas, incluso Lobo obedece sus indicaciones –dijo Ishin, que observaba la escena divertido, apoyado en el marco de la puerta, los brazos cruzados– y ella no es ANBU.
–¿Obedecerme? Ja… no siempre –gruñó Hikari.
–No eres ANBU.
–No. Ishin…
–Pero es quien repara a Lobo cuando está averiado –dijo Ishin, acercándose a ellos, sacó varias agujas muy finas y las clavó con rapidez en el torso de Shiki– un par de segundos nada más, no te muevas.
–Ishin es experto en acupuntura, eso que hizo ayudará a estimular la circulación del área y deshacer los moretones. Si no escuchas a tu cuerpo éste se cansará de ti –dijo Hikari, extendiendo un ungüento sobre el torso de Shiki– analgésico –aclaró– y aclaro: no te pellizqué, sólo presioné un poco, no sé cómo puedes tolerar la ropa.
Shiki la dejó hacer. Su umbral del dolor era elevado, siempre lo había sido. Su sensei solía decirle que eso era peligroso, porque el dolor era un aviso de que algo andaba mal, el tomar riesgos por ese simple hecho le había costado múltiples coscorrones. Se puso a escuchar la conversación de ambos médicos mientras lo examinaban, untaban su cuerpo y lo vendaban a conciencia.
El chisme de moda era que Genma dejaría ANBU, aunque no sería sino hasta seis meses después. Ambos jóvenes platicaban sin cesar de las posibles repercusiones para el equipo principal, aunque Ishin opinaba que no importaba, después de todo, eran continuamente enviados a misiones solitarias, había de suceder algo muy gordo para que Sandaime convocara al equipo completo y Genma siempre podía ser llamado, al igual que todos los ex ANBU, después de todo no era un retiro por edad avanzada.
Todos los que comenzaban muy jóvenes en el escuadrón, eran retirados también muy jóvenes. No era una tradición, era una necesidad. El mundo ninja era intrínsecamente violencia y muerte, pero quienes más expuestos estaban eran los miembros del escuadrón de operaciones encubiertas, los asesinos élite. Las evaluaciones sicológicas periódicas a que eran sometidos medían si existía o no un riesgo, y los expertos habían determinado que diez años era lo máximo que el alma humana podía resistir sin resquebrajarse. Algunos lo conseguían, otros no. ANBU era el colador definitivo para los shinobi.
Shiki salió de la enfermería tras preguntarle a Ishin en dónde se encontraba el área de sellos. El medi-nin lo acompañó hasta el lugar, dejándolo nuevamente sorprendido de la amplitud del cuartel y de la cantidad de jóvenes que ocupaban las barracas. No recordaba que fueran tantos, por lo general había no más de una veintena acuartelados y el resto en misiones.
–Estamos de moda –comentó Ishin, siguiendo su mirada.
–¿Qué dem…?
–Muchos de ellos renunciarán –afirmó– llegamos.
Ishin se retiró al momento, dejándolo frente a la puerta de la habitación. Era una biblioteca en miniatura, con libros y pergaminos cuidadosamente alineados en limpias estanterías. Un joven shinobi registraba y devolvía a su sitio los pergaminos que habían dejado los usuarios sobre las mesas de lectura. Le pidió un catálogo; el chico le entregó un rollo sin más preguntas.
No sabía qué buscaba. Podía aventurar que para abrir el cubo se requerían sellos de alto nivel de naturaleza indefinida en una combinación que sólo podría abrirse con un elevado conocimiento en sellos, una habilidad que no poseía. Suspiró, quizá le tomara años conseguirlo y tiempo era un lujo que no tenía ya que Sandaime –y Lobo– parecían empeñados en devolverlo rápidamente a la circulación.
Se sentó en una de las butacas, acodó los brazos en la mesa y posó la barbilla sobre manos entrecruzadas, leyendo títulos y resúmenes de contenidos que no le decían nada. Una sombra se proyectó sobre él.
–Gracias, Lobo.
–No sé de qué hablas –montó a horcajadas sobre la silla que enfrentaba a Shiki.
–El orbe formaba parte de un equipo muy antiguo –declaró, cerrando los ojos.
–Tanaka, fuera, sello B nivel 5 –ordenó Lobo, dirigiéndose al joven que abrió mucho los ojos, dejó caer los pergaminos que traía en los brazos y salió corriendo de la estancia.
–El primer indicio que encontré fue ese orbe que ya conoces– continuó Shiki en cuanto Tanaka salió de ahí; sonaba cansado–, parecía ser una misión simple: recuperar un artefacto prohibido en poder de unos mercenarios. Al parecer no era sólo un objeto aislado.
–Por eso querías impedir que fuera destruido.
–Sí, el mecanismo de apertura tenía conexiones aparentemente inútiles. Después de terminar la misión con ustedes hice una investigación y encontré algunos documentos que hacían referencia a otros digamos… componentes.
–¿Un arma?
–No lo sé. Aunque por sí solos son destructivos. El uso del orbe estaba documentado en las guerras del pasado, no así este –señaló el bloque–. Mi teoría es que diferentes aldeas participaron en la elaboración de algo, no sé de qué, algunos dicen que fue un regalo de los dioses otros opinan que todo fue un complot para destruir lo que hoy es Sora. No lo sé, no he conseguido reunir las piezas, ni siquiera sé cuántas son o cómo son, lo único que sé es lo que dicen las leyendas, que reunidas tienen el potencial de cambiar el mundo ninja como lo conocemos.
–Las leyendas son sólo eso, Shiki.
–Te equivocas, todas las leyendas tienen parte de verdad. Tú eres una. Te puedo ver a futuro, cuando Sharingan-Kakashi se haya ido pasarás a ser Lobo, el dios del trueno.
Chasqueó la lengua, desechando la idea con un ademán impreciso; pero Shiki parecía hablar en serio, lo miraba fijamente sin continuar la broma pesada que él esperaba, no sucedió, sonrió, moviendo la cabeza, nada le llamaba menos la atención que llamar la atención.
–¿Sabes de qué están hechas las leyendas? Mírate, las crean gente como tú de carne y hueso que poseen emociones: dudas, temores, alegrías, pesares, éxitos y fracasos, pero en la historia sólo se registran los hechos aislados que ese conjunto de huesos y carne hacen que sean notorios. Y esa parte de verdad es lo que me interesa.
–Buscas la verdad… no sé si en realidad esto sea bueno pero… echémosle un ojo a tus siete sellos.
Shiki achicó los ojos, no recordaba haberle dicho algo al respecto. Extrajo el pergamino y sacó el tabique, colocándolo sobre la mesa. Lobo lo examinó desde distintos ángulos, sin tocarlo.
–Existen 7 niveles de sellado conocidos, –explicó, como si diera una cátedra– un experto puede elevar la combinación a la misma potencia, duplicándolos o cuadruplicándolos en distinto orden, siempre en series pares. Si son 7 sellos los que encubren la… cosa.
–Karma-cubo.
–Bien… el karma-cubo… ¿no se te podía haber ocurrido un nombre mejor…? Entonces las posibilidades de combinación pueden ser infinitas. ¿Estás seguro que los sellos son la protección del bloque?
–Se llama cubo Aryabha –chasqueó la lengua con fastidio– y no, no estoy seguro, aunque he considerado que...
–Humm… si mi suposición es correcta afuera debe haber un montón de curiosos, subiré un poco el nivel de la barrera –veloces signos volaron de sus manos creando una nada alrededor.
–Oye, no pensarás… ¡espera Lobo!
–No lo sabremos hasta intentarlo, ¿cierto? Tenzô…
–Sí, senpai –Tenzô produjo rápidas protecciones para los estantes y extendió la mano derecha hacia Shiki, sosteniéndola con la izquierda.
–Y dicen que el maldito adicto a la adrenalina soy yo… –protestó, sacando de la funda el pesado cuchillo de campo– ¿y a qué hora llegó el gatito?
–Ha estado aquí desde que entraste. Has tu magia, Shiki.
Kakashi lo había leído a la perfección, sabía que intentaría abrir el bloque aunque no tuviera ni la más ligera pista de cómo hacerlo. Era posible que lo hubiera estado observando todo el tiempo desde que hizo su movimiento de convencer a Miko para salir de Suna. Había previsto hacia dónde se dirigiría para comenzar su investigación, Tenzô y él simplemente estaban ahí para limitar el área de daños. Respiró hondo y comenzó a raspar con cuidado los bordes, tratando de descubrir si sólo era una cobertura de mortero o algo más. La dureza de la superficie le obligó a imbuir chakra a la hoja del cuchillo, tampoco podía hacer mucho esfuerzo con el vendaje y los medicamentos que le habían untado la chica e Ishin.
Comenzó a desprender trozos pequeños de material común. La hoja del cuchillo con su chakra era como una extensión de su cuerpo, sus sentidos, incluso podía percibir las diferentes texturas de los minerales. Echó un vistazo a ambos hombres, que no despegaban la vista del bloque y tomó un hondo jalón de aire, mientras más desbastaba la superficie más tensión sentía, al igual que sus compañeros. El movimiento de Kakashi al descubrir el Sharingan sólo aumentó la sensación de peligro. Esa sacudida era embriagante, lo llenaba de una especie de júbilo que no podía explicarle a nadie, porque sabía que nadie lo entendería.
Sintió el metal chocar contra algo una fracción de segundo tarde. El jutsu de tierra apareció ante él como una pared con relieves de buldog, haciendo pedazos la mesa al mismo tiempo que Kakashi lo tomaba de la muñeca y lo hacía retroceder hacia la puerta, mientras Tenzô producía un capullo de madera que los protegió a ambos al instante. Un segundo después la onda de choque se había desvanecido dejando atrás sólo astillas y polvo. Shiki se deshizo de la mano que lo aferraba y se precipitó hacia los restos de la mesa, separando con ansiedad los restos hasta encontrar un cubo metálico perfecto. Sonrió.
–En cuanto hiciste contacto se disparó un mecanismo externo de defensa que tiene efectos parecidos al del orbe –dijo Kakashi, sacudiéndose la tierra– reaccionó al contacto con tu chakra, parece que ya está inactivo.
–Oh no, ¿Tenzô? –preguntó Shiki, buscando alrededor con la mirada.
–Clon de madera, aunque ahora mismo el original debe estar en la enfermería. Comprenderás que tendrás que cubrir los gastos de esta destrucción –señaló alrededor.
–¿Qué?
–¿Te importaría explicarme, Lobo? –la voz les hizo volver la cabeza, atrás de ellos estaba la pequeña figura de Hiruzen.
–Sandaime-sama.
–Creo que esto te pertenece –afirmó Sarutobi, llevaba de la oreja a Tenzô, mientras Hikari se apresuraba a aplicarle chakra en las costillas, protestando en voz baja de que le hubieran quitado así a su paciente y Gai se mantenía a su espalda– Barrera de nivel 5 reforzada, convocaste a tu medi-nin sabiendo que esto podía pasar, pusiste en riesgo a este… sub-comandante.
–En realidad…
–No te estoy preguntando. Y tú Shiki, deberías saber mejor que nadie que existen habitaciones más apropiadas para hacer experimentos con artefactos desconocidos, además de personal calificado.
–Sandaime-sama, ¿podría soltar un poquito a Tenzô-kun? –intervino Hikari con timidez.
–¡Y tú Nara Hikari…! –la joven palideció, pero sólo se limitó a soltarle la oreja a Tenzô, que la masajeó apresurado.
–Sandaime-sama… ¡iba a decirle! –protestó Shiki.
–¿Cuando destruyeras media aldea?
–Todavía ni siquiera hemos intentado abrirlo –masculló Shiki.
–¿Hemos, ahora son equipo? –Sarutobi movió la cabeza, evidentemente divertido, Shiki enrojeció y Kakashi abrió mucho los ojos– Lobo, quiero tu reporte de todo lo que hayas registrado, Shiki-kun, tú… me debes una explicación detallada, ahora. –Sarutobi se dio la vuelta y salió con un revuelo de ropajes hacia el pasillo–. Arreglen este desastre– ordenó.
–Es aterrador, más que mi hermana –gruñó Shiki.
–¡Escuché eso Hinorobu!
–Y tiene muy buen oído, así que mejor cállate –dijo Tenzô, Shiki asintió, saliendo en pos de su líder.
–¿Hikari? –preguntó a la medi-nin.
–Golpes leves Lobo, andará un poco magullado, parece que deshizo la técnica un poco más tarde.
–Estoy bien –protestó Tenzô, le calaba más la vergüenza por el tirón de orejas que los porrazos en las costillas.
–Vaya ahora sí la hicieron buena jefe, ¿te falló el cronometraje? –dijo Anko, recostada sobre el marco de la puerta.
Afuera, como había supuesto, se apilaba una pandilla de mirones que estiraban la cabeza para ver el interior, la mayoría de ellos novatos o solicitantes.
–Ya escucharon a Sandaime-sama, a limpiar –ordenó Lobo, al momento se precipitaron al interior, más por curiosidad por ver la extensión del desastre que por la orden en sí, Lobo sonrió. Salió con Hikari, Tenzô y Anko en fila india tras él.
–Se supone que tenías el día libre –afirmó Genma, sentado frente al escritorio– y esto está muy concurrido –señaló alrededor, Anko, Tenzô y Hikari estaban también en la pequeña oficina– tal vez no fue buena idea llevarlo a tu casa. Ahora Hokage-sama te dará el sermón.
–Era eso o tener que perseguirlo durante todo el día –respondió Kakashi, mirando a través de la ventana, la pequeña figura de Sandaime seguida por la alta de Shiki.
–¿Comprendes que ese viejo zorro maneja los hilos a su conveniencia?
–¡Anko!
–Vamos Hikari, hizo parecer que todo fue decisión de Lobo, ¿no ves un patrón?
Kakashi miró al grupo en silencio mientras Anko despotricaba. Sus órdenes eran vigilar estrechamente a Shiki, su misión no terminaría hasta que el Hokage se lo ordenara. Ir al cuartel era la mejor maniobra para mantenerlo a la vista, Shiki no desperdiciaría la oportunidad de husmear, su nivel de confidencialidad lo permitía ya que un tokubetsu sólo era inferior al Hokage y al Consejo. Tanto Tenzô como Anko habían sido llamados a su oficina en cuanto Shiki estuvo en la enfermería. Le ordenó a Anko que preparara el interior con varias de sus invocaciones para registro y que se mantuviera a la espera, el clon de Tenzô había estado camuflado en las estanterías.
–Hiro no podría crear una barrera de ese nivel, Hikari –dijo Anko rodando los ojos–, y estar cerca de Shiki siempre implica que alguien salga maltratado. Por eso querías que estuviera afuera –ladeó la cabeza.
–¿Es así?
Anko suspiró resignada. Lobo no iba a reconocer nada, aún ante ellos.
–Ondas sónicas, logaron romper la parte interna de la barrera y volar en pedazos tu muro aparte de abollarle las costillas a Tenzô –reportó.
–Sabía que no me defraudarías.
–Tenían un componente adicional que no pudimos deducir, tal vez te hubiera servido más la presencia de Inoichi o Atsui. Envié el equipo de muestreo a recoger residuos de chakra o… lo que sea, es algo que jamás había visto. En cuanto tengan algo…
–Lo sé, gracias.
Anko salió de la oficina, era evidente que también sentía curiosidad, a pesar de que no preguntara ni cuestionara órdenes. Él mismo tampoco había podido elaborar algo sobre la naturaleza del "componente adicional" que ella mencionara, ante su Sharingan sólo aparecía como una serie de emanaciones diferentes al chakra que impulsaba las ondas sónicas, algo que no podía describir pues carecía del vocabulario para expresarlo. Sintió las miradas de sus compañeros fijas en él, volvió la vista.
–Abandoné mi guardia… mi tío me matará… –murmuró Hikari, mientas por fin le vendaba el torso a un Tenzô todavía mosqueado.
–Le explicaré a Shikaku –le dijo.
–Y entonces Miko decidió que lo mejor sería no volver a vernos –explicó Genma, estirando la mano para tomar la cerveza que Kaia le plantara enfrente.
–Quizá si trataras a las damas como las flores que son, conseguirías una relación estable –afirmó Gai, estirándose con inquietud. Se acercaba la hora en que tenía que regresar a su turno de guardia.
–Uh, eso suena extraño –respondió Genma, dándole un apurado trago a su bebida– ¿Entonces Kakashi te dejó quedar en su casa? –preguntó, no le interesaba discutir sobre ese tópico en particular.
–Supongo que no le dejé opción –respondió algo abatido.
–Mi estimado rival es solitario, pero si realmente no quisiera compañía te echaría a la calle sin miramientos –comentó Gai, alzando su taza de café para puntualizar sus palabras.
–A decir verdad, no ha cambiado –comentó Shiki.
–Me retiro, el deber me llama –Gai se despidió, partiendo a la carrera hacia su guardia.
Shiki se estiró, tratando de acomodar no pocos nervios torcidos por las largas horas de tensión en la Torre Hokage y las instalaciones de Inteligencia. La experiencia no había sido muy diferente de las que había vivido en ocasiones anteriores, aunque sí había olvidado lo que era sentirse magullado por intentos fallidos. A fin de cuentas no habían podido descifrar los sellos y el cubo regresó a su mochila a petición suya. La sensación de fracaso no lo dejaba en paz.
–Creo que es hora de regresar a casa –dijo, incorporándose, se dirigió a la barra a pagar las bebidas.
–Llévate esto –dijo Kaia.
–Gracias, hermana.
–No es para ti, es para Kakashi.
–Lo imaginé –respondió, achicando los ojos; tomó el paquete de comida y se dio la vuelta, siguiendo a Genma.
–Sería bueno que echaras algo más que alcohol en la barriga –murmuró ella, sonriendo.
Genma sonreía. Él, por su parte, no tenía ánimos de enredarse en el familiar intercambio de bromas. Kaia era así, él era así, no había más que decir. Sus varios intentos fallidos de abrir el cubo le habían dejado cansado, sin muchos ánimos de hacer algo. Sintió la mano de Genma posarse en su hombro y un instante después estaban en la salita de Kakashi.
–Imagino que el uso de puertas es inútil en una aldea shinobi –murmuró Kakashi, desviando sólo ligeramente la vista hacia ellos.
–Córrete –dijo Genma, acomodándose en el sofá, Kakashi gruñó algo y encogió las piernas, regresando a la lectura de su libro– Miu-chan me dejó.
–Crea fama…
–Eso no es justo Kakashi.
–Eres alérgico al compromiso –afirmó Shiki– Kaia te envió esto Kakashi, lo pondré en el refrigerador.
Se dirigió hacia la cocina.
–Todos lo somos, ¿no? –protestó Genma.
–Enredarte con una y otra mujer, sólo demuestra tu necesidad de afecto. ¿Qué no le das cariño, Kakashi?
–Nahh, se niega –respondió Genma– me retiro, sólo quería asegurarme de que realmente llegaras aquí –sin que lo percibiera, hizo una rápida serie de señas codificadas a Kakashi, que asintió fijando la vista en el libro.
Genma se dirigió hacia la puerta, subrayando así su afirmación. Shiki se quitó el arnés de la kodachi y la apoyó contra la pared, se deshizo de la casaca poniéndose cómodo, dejó caer su humanidad en el sillón. Kakashi seguía enfrascado en su lectura, tras meditarlo un poco decidió ocuparse en algo, extrajo el cubo y lo colocó en la mesita de centro, examinándolo en silencio durante largo rato, sin tocarlo.
–¿Crees que si lo miras fijamente lo puedes convencer?
–Uno nunca sabe. ¿Por qué no me prestas tu sapiencia oh dios del trueno?
–Si resumimos lo que sabemos del cubo tal vez te pueda dar una idea –respondió Kakashi.
–¿Olvidas que Sandaime me sacó de la oreja? Aparte de la maldita polvareda que armaste ¡No me enteré de qué es lo que sabemos!
–En realidad a quien jaló del apéndice fue a Tenzô.
–¡Es retórica! ¿Te importaría decirme tus observaciones ahora?
–Maa maa, podrías haberlo preguntado en vez de tratar de hipnotizar al cubo.
–Serás…
–No es gracioso cuando no contestas con algo agudo –suspiró dramáticamente–. La defensa sónica se activó al contacto con tu chakra, aunque la hoja no llegó a tocar la superficie… parecía flotar. Lo que nos golpeó fueron ondas sónicas, diferentes al orbe. Las invocaciones de Anko reportaron unas irradiaciones, las describieron, aunque afirman que no existe palabra en el lenguaje humano para denominarlas. El equipo de investigación está en ello.
Shiki se sumió en el análisis de los extraños grabados que cubrían cada una de las facetas.
–Leyendas… si pudiera ubicar el tiempo exacto de elaboración… –murmuró.
–Sigues con eso.
–Las leyendas contienen casi siempre un núcleo histórico, aunque admito que incluyen elementos imaginarios.
–Asumo que andas en busca de la simbología arquetípica que originó los grabados –bufó Kakashi, volviendo a echarse en el sofá.
–La representación que contiene algo más que su significado inmediato… ¡Sabía que serías de ayuda!
–¿Ayuda? La interpretación del pasado es tu especialidad, no la mía.
– ¿Qué te parecerían unas vacaciones en Tsuchi?
