Capítulo 6: Hechos.

"La verdad es tu propia experiencia, tu propia visión. Aunque yo haya visto la verdad y te la cuente, en el momento de contártela se convertirá en mentira para ti". Osho.

Se encontraba en ese estado en que la piel estaba demasiado sensible, el contacto con las sábanas era insoportable y parecía que cientos de bichos estaban empeñados en abrirse camino entre los finos vellos de su cuerpo.

Estaba familiarizado con el campo electrostático, Kami le había condenado con el chakra del rayo, pero la sensación era diferente, una especie de desazón que lo mantenía en vilo. Se levantó del lecho, demasiado alterado como para poder dormir. Descendió la escalera con ese sigilo característico de su oficio, bastante consciente de que no estaba solo aun cuando sus pasos estaban siendo ahogados por el constante golpeteo del chaparrón sobre el tejado y la tormenta eléctrica que azotaba la aldea. Caminó hacia el refrigerador y sacó el cartón de leche, tomó un vaso de la alacena y se dirigió hacia la salita.

–¿Tampoco puedes dormir o hice mucho ruido?... Lo siento –Shiki estaba acomodado en el sillón, las piernas cruzadas.
–¿Leche?
–Prefiero sake, –le mostró su taza, Kakashi vertió algo del alimento en el vaso, dejando el cartón sobre la mesa– gracias. ¿Ves algo, Kakashi?
–¿Quieres que encienda la luz? Creí que con tanto relámpago era innecesario.
–No me refiero a eso…
–No, no veo nada, el Sharingan no ve fantasmas –se señaló el ojo cerrado–, por otro lado, sabes que no puedo desactivarlo a voluntad.
–Fantasmas.
–Es un decir –replicó, irritado. La mayoría tendía a atribuir cualidades casi divinas a un ojo que para él sólo representaba forzar al propio a realizar las funciones de dos. Sus reservas de chakra eran superiores al promedio pero el Sharingan las agotaba con facilidad. Poseerlo le había dado ventaja, pero no lo era todo. La gente podía estar tan equivocada…
–Hoy no pareces Lobo, pareces gato –refunfuñó, Kakashi le dirigió una gélida mirada – quiero decir que me pareció extraño que hayas escogido esa palabra.

A él también le pareció raro haberla utilizado. Dio un sorbo a la leche y se quedó mirando al vacío, los relámpagos seguían iluminando intermitentemente la habitación. Se sentó en el sofá.

–¿Por qué lo llamaste karma-cubo?
–¿Recuerdas cuando nos encontramos en Kaze? –Kakashi asintió–. Acababa de conseguir un pergamino que se refería al objeto que… recuperé de las excavaciones en Thopar, la traducción literal decía: "los dioses decretaron que no pudiéramos hacer uso del karma que nos habían entregado".

Kakashi volvió los adormilados ojos hacia él, estaba en un estado de semi-vigilia, deseando dormir y a la vez temiendo hacerlo. Se recostó en el sofá, acunando entre las manos el vaso. Recordaba haber leído algo sobre las religiones antiguas de Kaze.

–Acción y reacción –pensó en voz alta.

"Eres libre de elegir, Kakashi, pero recuerda que tienes que afrontar las consecuencias de tu elección, sean cuales fueren". La voz se escuchó claramente entre uno y otro estruendo.

–En efecto, la elección del bien o el mal tiene consecuencias que se deben afrontar, sean buenas o malas.
–¿Qué dem…! ¿Qué dijiste? –saltó del sofá, derramando la leche.
–Sólo citaba a un erudito –respondió Shiki, mirándolo con extrañeza– voy por un trapo –añadió, incorporándose.
–Se me está soltando un tornillo –murmuró Kakashi, quedándose de pie ante la mesita, las palabras de Shiki podían responder tanto su afirmación como la otra.
–Sólo fue un poco de leche… no es para tanto, ¿ves? –afirmó Shiki, pasando el trapo sobre el líquido derramado en piso y mesa– Ya sequé.
–Gracias –respondió, ausente, tirándose de nuevo en el sofá.

Shiki se dirigió a la cocineta, abrió el grifo y lavó el trapo, dejándolo a secar sobre la orilla. Kaia lo había acostumbrado así, pensó, a mantener limpio y ordenado su entorno. Tras la muerte de sus padres ella cuidó de él hasta donde le era posible, pero cuidar a un pequeño entre misiones no era fácil, no obstante lo hizo y él la ayudaba en lo posible. La casa de Kakashi estaba limpia en su mayor parte, aunque solía acumular polvo y pelo de los ninken, Shiki había pasado un par de días dejando brillante el lugar. Miró hacia Kakashi, que a pesar de la inmovilidad, estaba despierto.

–¿Qué? –preguntó Kakashi con brusquedad, levantándose nuevamente, se dirigió al refrigerador a guardar la leche.
–Ibiki dice que el orden externo es directamente proporcional al interno.
–¿Uh?
–Que tienes una buena razón para el aislamiento.
–No sé de qué hablas –respondió desde la cocineta.
–Ajá –chasqueó la lengua–. Nunca te he visto perder la calma, aunque debe suceder, pero incluso así lo más probable es que sigas en control.
–¿Y me dices eso por…?
–No se te está soltando ningún tornillo, es simple, ya somos mercancía dañada.
–¿Por qué generalizas?
–Todos los shinobi lo somos. Vivimos en un mundo de violencia, donde lo único que podemos dejar atrás son los vestigios de la destrucción que causamos. Hordas de fantasmas que permanecen en el pasado sólo para emerger cuando lo que nos queda de conciencia se acuerda de llamarlos.
–Genma tiene razón, no necesitas que te den cuerda. ¿Qué quisiste decir con "ves algo"?

Shiki rió con suavidad. Kakasi había trabajado con él pocas veces, pero eran suficientes para que conociera su capacidad de observación, era parte de las cualidades que lo hacían excelente en su especialidad. La maniobra era evidente, no quería que siguiera analizándolo.

–Me preguntaba si las emanaciones del cubo eran constantes o necesitaban un disparador –encogió los hombros, pero Kakashi comenzó a mirar alrededor, manteniendo el cuerpo en la postura inmóvil que usaba cuando estaba muy concentrado.– Me estás asustando, ¿sabes?
–Creí que eras inmune al miedo –repuso, sin volver la vista hacia él.
–Mitos –agitó la mano como siempre lo hacía para negar una idea ridícula–. Un shinobi sin miedo es un shinobi muerto.

Se quedó esperando una respuesta que no llegó. Kakashi sólo se inclinó ligeramente, rellenó la taza de sake que él había vaciado y la bebió de un trago. Se dio la vuelta y se dirigió a las escaleras.

–¡Maldita sea, Kakashi!, ¿qué viste? –preguntó Shiki, los nervios a flor de piel.
–El reloj, son las 3 de las mañana y tenemos misión en tres horas. Tu sake debería hacerme dormir –respondió sin volver la cabeza.
–Yo lo mato… ¿tenemos? ¡Espera!


No había podido dormir. El alcohol sólo había logrado mantenerlo en un estado de semi-vigilia. Tragó una cápsula de soldado y aceleró, haciendo protestar a Genma por el ritmo que había impuesto. El ramaje de los árboles azotaba sus cuerpos sin piedad, causándoles los familiares chispazos de dolor que solían mantenerlos alerta.

Genma tomó la precaución de avanzar detrás de él, Tenzô en cambio sólo generó una pequeña coraza de madera para evitar el inconveniente, los únicos que parecían felices eran Gai y… Shiki, aunque cada uno por sus propias razones.

Había transcurrido casi un día completo desde entonces y aún se preguntaba qué era ese extraño efluvio que parecía flotar en su casa. Shiki había asumido que lo vería, pero sólo había conseguido percibirlo de manera consciente cuando él se lo preguntó. Normalmente las noches lluviosas conseguían que durmiera profundamente, esa noche había sido la excepción.

El llanto del cielo había limpiado la mañana, dejando tras de sí charcas, lodo y una carga de humedad fría que atería el cuerpo. Aún se sentía irritado y la compañía de su inquilino colaboraba en aumentarle el malestar porque no le permitía olvidar el hecho y concentrarse del todo. Sacudió la cabeza, no podía seguir pensando en esas cosas con una misión por completar, principalmente porque Sandaime había insistido en que "lo invitara". Y ¿realmente el Hokage creía que Shiki no se daría cuenta?

Levantó la mano, señalándoles que habían llegado a destino; las marcas de la avanzada, el equipo de fuego, eran visibles en los troncos de los árboles. Se detuvieron, a corta distancia se podía ver la casa. A pesar de ser una especie de morada de clase media alta, su origen mercenario era evidente por la alta empalizada y un par de torres de control. Examinó con cuidado el área, memorizando con rapidez los patrones de movimiento. Movió la cabeza, el enemigo había escogido un mal emplazamiento en términos estratégicos; las rutas de escape eran nulas, se les podía dificultar la huida, pero eso funcionaba también para las visitas inesperadas. La ausencia de electricidad era evidente por la oscuridad de la casa, unas cuantas lámparas de gas natural iluminaban la entrada con su pálida luz azulada.

–¿Dragón?
Nivel subterráneo, un par de guardias, dos prisioneros civiles en las celdas contiguas a las de nuestro objetivo. Hay dos docenas de shinobi durmiendo en las habitaciones del nivel de tierra.
–Procedimiento estándar, el grupo de asalto crearemos la distracción, ustedes sáquenla de ahí.
Entendido.

Había shinobi patrullando los alrededores, algunos de ellos portaban antorchas, los señaló y Genma asintió, deslizándose hasta el techo de una de las torretas, se tiró sobre el estómago, una señal más y Tenzô saltó al suelo y posó las manos sobre la tierra.

–Castor, cubre la puerta trasera –dijo por el comunicador.
¿Castor? ¿No pudiste pensar un nombre mejor? ¿Y por qué para mí sí vocalizas las órdenes? –refunfuñó Shiki, alejándose a velocidad a su posición– los castores son dientones, ¿sabes?
–¿Te gustaría más topo?
Me quedo con Castor.
–Los topos son barrigones –comentó Gai, pensativo.
Gallo… –protestó Tenzô, aguantando la risa.
–A mi marca. No mueran.

El mutismo de los comunicadores se mantuvo por un corto tiempo, la preparación de silencio de Lobo era legendaria, nadie osaba romper esa concentración. La rápida orden fue seguida por el estruendo causado por Gai al derribar de un puñetazo el macizo portón. La reacción no se hizo esperar, de la casa comenzaron a salir hombres armados. Tenzô derribó la empalizada con todo y torretas en tanto Genma saltaba al mismo tiempo y arrojaba sus senbon hacia las patrullas.

Los jutsus de fuego iluminaron la noche de luna nueva, en tanto los gritos rompían el silencio. Mareas de fuego que el enemigo parecía favorecer eran contrarrestadas por las marejadas de agua que enviaba Gato. Gallo se abría paso a golpe limpio y Lobo allanaba el camino hacia el interior de la casa. El fuego avanzaba hacia las estancias, haciendo crepitar la construcción de madera. Miró hacia uno y otro lado, en busca de la escalinata que conducía a los calabozos, esperando la salida de sus compañeros.

–¿Dragón? –preguntó–. El fuego está avanzando demasiado rápido, alguna sustancia que...
Lo siento. Estamos algo ocupados –respondió con nerviosismo, interrumpiéndolo.
–Castor, apóyalos.
¡Voy!

El equipo de Fuego no era contenido tan fácilmente. Escuchaba la voz de Aoba controlando sus invocaciones, Anko maldecía sin cesar y el silbido de las espadas de Yūgao era interrumpido al hacer impacto. Analizó rápidamente los alrededores, podía percibir con claridad el aceite embadurnado en las paredes. Calculó el tiempo, el oxígeno se agotaría rápidamente en los calabozos. Por fin, entre la humareda consiguió ver la entrada. Bajó corriendo la escalera, las celdas se alineaban a ambos lados, uno de los guardias pasó junto a él sin siquiera volver la vista en tanto el otro le gritaba que era un cobarde y arremetía contra él. No le tomó ni dos segundos deshacerse de él. Recorrió el pasillo buscando a su objetivo.

La chica estaba sentada en cuclillas en un rincón de la celda, abrazándose a sí misma, mirándolo con ojos aterrados.

–Lobo, ANBU de Konoha, mi misión es sacarla de aquí –se presentó mientras abría la reja. Le tendió la mano, ayudándola a ponerse de pie– monte a mi espalda.
–Pero… ellos –señaló las otras dos celdas ocupadas.
–¿Castor?
En camino, el equipo de fuego está algo atontado.
¿Atontado? ¡Maldito gusano! –replicó Anko.
–Dos civiles.
–Yep, ya los vi –afirmó Shiki derrapando ante la celda. Un veloz movimiento de su espada y los barrotes de las celdas fueron cortados al instante.
–Llévatelos –ordenó. Shiki tomó a ambos por la cintura y salió disparado escaleras arriba. – Señorita, esto va a ponerse feo, hay fuego allá arriba, cúbrase boca y nariz con algo y monte a mi espalda, mantenga baja la cabeza.

La chica asintió, sacando un pequeño pañuelo. Lobo echó a correr, subiendo las escaleras de dos en dos. El aliento del fuego había calentado el ambiente de manera insoportable, se detuvo un instante, había perdido un tiempo valioso. Descubrió el Sharingan, algo que aún no quería hacer, para poder avanzar entre la humareda y la distorsión que causaba el calor, finalmente pudo distinguir el boquete que abriera Shiki con su jutsu de tierra y corrió hacia ahí. Se detuvo, un rápido examen le reveló que la chica no había sufrido daño alguno.

–Lobo-sama… –la joven le llamó la atención antes que pudiera decir algo.– Ellos quieren esto, tómelo por favor, debe llegar a Konoha, incluso si yo no consigo salir de aquí. Mis sirvientes…

Vaciló, era una civil, era lo más que decía el pergamino de misión, su deber era rescatarla y llevarla intacta de regreso a Konoha. Miró el pequeño estuche cilíndrico que le tendía. De apariencia poco común, forrado en terciopelo, adornado con figuras de dragones bordadas en oro y plata podía valer varios millones de ryu tan sólo por el trabajo, el contenido debía ser considerado también muy valioso para ponerle semejante envoltura.

–Sus sirvientes están a salvo y usted lo estará también –dijo con suavidad, ella asintió, regresándolo a la bolsa de terciopelo que pendía de su cuello.
Se acerca un grupo de shinobi, debe ser el grupo de entrega –informó Atsui– distingo chakras muy fuertes.
–¿Distancia?
Unos diez kilómetros rumbo norte.
–Gato, únete a Castor y los civiles. Llévalos por otra ruta.
Sí senpai.

Le volvió a indicar a la joven que trepara a su espalda y avanzó hasta donde se encontraban sus compañeros. Consideró las opciones, no tenían de otra más que afrontar al enemigo, pero correr a enfrentarlos quedaba fuera de la cuestión, ya estaban cansados por la batalla. Les señaló que descansaran, el grupo lo obedeció en silencio. Señaló con la cabeza hacia Gato y Ardilla, ambos flanquearon a la joven y él se dirigió hacia los demás.

–Querían asegurarse de que nadie saliera de ahí si algo fallaba, se ocuparon de que el lugar ardiera con todo lo que hubiera dentro.
–Mi error, capitán, fallé –dijo Atsui, hincando la rodilla en el suelo, la cabeza baja.
–Levántate –ordenó, la irritación permeando en su tono de voz.
–Fallamos como ratas capi –afirmó Anko– y salimos apaleados, de no ser por Hinorobu…
–Descansen todo lo que puedan –dijo, aún furioso por los detalles del contrato, evidentemente incompletos.


Le dolía como mil demonios, oleadas de sufrimiento que iban creciendo en intensidad hasta hacerse insoportables, ahogando su existencia, reptando sobre su cuerpo, esparciendo miríadas de pequeños rayos que enviaban descargas de dolor impoluto hasta la más recóndita célula, causando explosiones de color tras los párpados apretados. Temía el momento en que el dolor desaparecía, esa calma le causaba un hueco en el estómago porque tal vez el siguiente asalto lo sumiría en la inconsciencia. Apretó los dientes con fuerza, sintiendo el inicio de la nueva marea.

"Guarda tus gritos, sólo minan tus fuerzas" –la mirada severa de su padre le observaba desde las alturas. Siguió dándole instrucciones, mismas que él seguía a ciegas mientras se preguntaba cuándo terminaría todo, mientras pensaba que la muerte parecía lo más cercano al alivio. "No luches contra el dolor, déjalo llegar, déjalo que pase".

Estaba en el tatami del dojo familiar, tirado en posición fetal, comprimiendo las manos bajo las axilas, deseando que de esa manera dejaran de dolerle.

–Lobo… Lobo, ¡no te desmayes, idiota! –escuchó la familiar voz colarse en su conciencia.

Abrió un ojo, tratando de discernir de dónde provenía la voz, tan sólo para sentir una oleada de náusea treparle a la garganta. Veía el irregular suelo deslizarse ante su vista a gran velocidad. Cerró los ojos, el movimiento incrementaba su dolor.

–¡Detente Ardilla!
–Maldita sea Gato, no hay tiempo, contenlos. Gallo y Halcón no pueden solos contra ellos.
–Pero… ¡Morirá!
–Si se muere lo mato, pero si no los apoyas todos estaremos muertos. ¡Regresa!
–Gen… maldición…

Miró vacilante hacia él y hacia sus compañeros. Yūgao y Gai eran muy rápidos, pero se veían agotados. Se dio la vuelta y calculó la distancia, retrocedió hasta casi medio camino, hincó la rodilla en el suelo realizando signos a gran velocidad, el corazón acelerado, si fallaba podía matarlos. Ladró un rápido aviso en el comunicador y los vio retroceder a velocidad; gruesas ramas formaron una burda empalizada, surgiendo justo entre sus camaradas y quienes los perseguían. Alcanzó a verlos doblar el cuerpo por un momento, apoyar las manos sobre las rodillas el tiempo suficiente para tomar aliento antes de emprender una loca carrera hacia él.

No volvieron la vista, aunque podían sentir la lluvia de ninjutsu que trataba de derribar la barrera que los separaba de ellos, podían sentir sus chakras alejarse en tanto ellos cruzaban la franja fronteriza, Dos ANBU aterrizaron ante ellos en el momento que alcanzaron el puesto de guardia.

–¿Natsuko-sama? –preguntó Ardilla, depositando a Lobo en el suelo de la cabaña.
–Camino a Konoha, con su escolta –respondió, tendiéndole un botiquín de primeros auxilios a Gato– ¿qué pasó? Natsuko parecía estar en shock y Dragón sólo ladró que los esperáramos aquí.
–Mercenarios, –respondió Gallo, mirando ansioso a sus compañeros.
–Por Kami… –exclamo el ANBU, viendo el cuerpo ensangrentado.
–Nukenin con habilidades especiales –respondió Yūgao, en tanto materializaba equipo médico que iba tendiéndole a Tenzô– nos las vimos duras para salir de ahí, sus manos temblaban aún por el esfuerzo.

Gato se deshizo de la máscara arrojándola a un lado, tragó un par de cápsulas de soldado y se apresuró a revisar a Lobo en busca de heridas peligrosas, la sangre que empapaba el uniforme le impedía ubicarlas con precisión, parecían estar en todas partes. Sentía que la ansiedad le nublaba el juicio y el temblor de sus manos se había incrementado por el alza de adrenalina causada por las cápsulas.

–Quédate conmigo senpai –dijo ahogando un sollozo.

"Quédate conmigo, Kakashi, morir significa huir de la vida, un Hatake no huye". La medi-nin lloraba mientras le decía esas palabras, una enfermera le secaba el sudor de la frente e irrigaba agua continuamente sobre ambos, agua fría, destinada a sofocar el infierno generado por el círculo de sellos. El centro del círculo de sanación acumulaba el chakra canalizándolo hacia él a través de las manos de ella, una Nara, -su parte racional proveyó la información sin que lo pidiera- él se encontraba dividido entre el sopor y el frío que lo acercaba al final.

"No llores Hanako" dijo, o creyó decir porque ningún sonido salió de su garganta, o tal vez sí, el estruendo del círculo de sanación ahogaba todo.

Caliente. Frío. El agua estaba caliente. El frío era el de su cuerpo.

–No te sobre-esfuerces jefe, Hikari viene en camino, Dragón envió una de sus invocaciones –dijo el ANBU, posando una mano sobre el hombro de Tenzô.
–No soy Hanako –murmuró, empecinado en aplicar chakra sobre Kakashi, preocupado de ver que sus reservas estaban resultando insuficientes.
–Lo sé, eres Tenzô –respondió el ANBU, mirándolo, consternado.
–No, él dijo Hanako. No tengo la habilidad que ella tenía –tragó saliva.
–Tenzô, escucha lo que dijo Puma, sólo haz lo que puedas –dijo Genma, poniéndose en cuclillas a su lado– espera, ¿habló?
–Sí.
–Entonces todo está bien.
–¡No! No lo está.
–Lo estará Tenzô, descansa. –Levantó la vista hacia la conocida voz, la joven le sonrió y él separó las manos por fin, dejándose caer a un lado. El grupo de medi-nin entró tras Hikari. Ishin se acercó a él, protestó, pero realmente no tenía muchas fuerzas, Ishin le ayudó a incorporarse y comenzó a desnudarlo.
–No es suficiente.
–Lo mantuviste vivo eso es lo importante –dijo Ishin, aplicando chakra sobre las quemaduras de sus brazos y torso.
–Todo el camino hasta aquí estuvo aplicándole chakra –intervino Genma.
–¿No sabes cuándo detenerte, verdad jefe? –bromeó Ishin, moviendo la cabeza.
–Ishin, cuando regresé…
–Shh. Déjalo, sabes que no conviene ir ahí, no ahora.
–Debió enviar a Gai, tiene más resistencia que yo pero me mandó a mí ¿por qué?
–Porque obedeces sin rechistar, ni Gai ni yo le habríamos dejado –escupió Genma, irritado, quitando la mano del medi-nin que trataba de sacarle la abollada armadura.

Tenzô miró a su compañero con tristeza, repasando mentalmente lo sucedido. La fortaleza y velocidad de Shiki eran impresionantes, realmente no le había visto el sentido a acompañarlo, sin embargo a una distancia respetable se había detenido y le había pedido ayuda, cargar dos pesos muertos había terminado por lastimarle las heridas que recibiera en Suna. En cuanto llegaron al puesto de control de la frontera decidió desandar el camino; en el regreso se topó con Dragón llevando a Natsuko, ella lloraba y Dragón sólo le dijo que se apresurara a regresar que él se encargaría. Anko y Aoba avanzaban muy rezagados, ambos parecían lastimados, aunque Anko le dijo que se las arreglarían.

–Tch, y tú no sabes cuándo callarte Genma –gruñó Ishin, sacándolo de sus pensamientos.
–Protegemos lo que es importante, lo sabes–musitó, arrepentido de lo que había dicho, Tenzô volvió hacia él sus grandes ojos y asintió.
–¿Qué rayos pasó? –preguntó Shiki, apoyándose pesadamente en el marco de la puerta. Tenzô lo miró agradecido, era la misma pregunta que quería hacer.
–¿Me creerías si te dijera que no lo sé? –respondió Genma, sulfurado.
–Quédese quieto Shiranui-san –protestó el medi-nin.
–Dime los hechos Gen –dijo Shiki, suavizando el tono, echando vistazos alarmados hacia el maltrecho grupo, incluso Gai estaba muy quieto, recibiendo atención médica.
–Los hechos son que todo salió mal –respondió– perdimos el cronometraje y todos terminamos heridos.
Realmente no lo sabes –musitó Shiki, era algo muy ajeno a la naturaleza observadora de Genma.
–¡Demonios, dije que no lo sé! ¿Tienes que repetir lo evidente? –gritó exasperado– él… él estaba discutiendo algo con Natsuko cuando el enemigo nos alcanzó –agregó, tratando de tranquilizarse.
–Natsuko-sama le puso algo al cuello a Lobo –explicó Yūgao–, él la arrojó hacia Dragón y en ese momento uno de ellos alcanzó a Lobo con un kunai.
–Algo nos… golpeó –dijo Genma, mesándose el cabello– y nos cayeron encima. Yūgao consiguió sacarlo de ahí. No se movía.
–¿Algún kin-jutsu? ¿Un arma? –preguntó Shiki, la expresión airada de Genma le hizo volver la vista hacia Yūgao–. ¿Usuki?
–No sé, fue muy rápido… de pronto Lobo sólo... empezó a sangrar por todos lados, fue como si… como si estuviera transpirando sangre –sollozó–, le ordenó a Dragón que sacara a Natsuko; Anko y Aoba consiguieron despejar el camino lo suficiente para salir de ahí, pero nosotros quedamos cercados con el capitán. Dijo que me fuera… ¡No podía dejarlo!
–Tranquila –dijo Genma, posando una mano sobre su hombro.
–Terminamos, súbanlos al transporte –ordenó Ishin. Los medi-nin se apresuraron a conducir a sus respectivos pacientes a la carreta, Hikari se acercó a él y ambos se apartaron del grupo.
–Esto es malo.
–Ya envié un halcón, Inoichi e Ibiki estarán esperándolos.
–¿Morino-san? –preguntó Hikari, asustada.
–ANBU arregla sus propios asuntos y este es un grupo bastante dañado.


N.A. Mis disculpas, ahora me perdí en el camino de la enfermedad estuve averiada unas cuantas semanas.