Capítulo 7: 48 horas.
"Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga". Ghandi
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Inoichi miró a través del cristal al pequeño montón reunido en la "sala de observación". A su lado, Ibiki tomaba notas en una tablilla, registrando el nervioso andar de Genma, la quietud innatural de Gai, la depresión silenciosa de y el llanto de Yūgao. Sarutobi carraspeó, haciéndoles volver el rostro hacia él.
–Mi comandante está en estado de coma, mi arqueólogo sufrió una recaída, Aoba no ha salido de terapia intensiva, Anko está atada en estos momentos, mi equipo principal está en contención, tengo a un enfurecido Hyūga exigiendo se libere a un sobrino que no quiere hablar ni ser liberado y todos están vendados como momias antiguas…, ¿alguien puede decirme qué está sucediendo?
–Hokage-sama –casi al mismo tiempo hincaron la rodilla en el suelo.
–Levántense. Sólo… –hizo un ademán vago con las manos antes de volver a cruzarlas a su espalda–respóndanme ¿quieren?
–Estrés post-traumático –afirmó Ibiki– están fuera de control.
–Eso es evidente –suspiró Hiruzen– no soy un loquero, pero ¿no convendría tenerlos en un ambiente menos hostil?
–No mi señor –respondió Ibiki, ganándose una mirada divertida por parte de Inoichi– están bajo control médico, no es hostil…
–Escucho.
–Llevárselos de la dama de hierro puede ser contraproducente –afirmó Ibiki.
–¿Mencioné que no soy loquero?
–Están ciclados en sus propios sentimientos de culpa. – Respondió Ibiki, Sarutobi los miró a ambos.
–Yūgao por desobedecer órdenes directas –amplió la información– Genma y Gai por no haber podido impedir que ella defendiera sola a Lobo y por no prever el ataque que éste recibió. Tenzô-kun por no haberse quedado al lado de su capitán y por las heridas de Shiki, aunque es el más controlado de todos; permanece aquí para apoyarlos.
–¿Y el chico Hyūga? –antes que le contestaran desechó la respuesta–. Asumo que él por obedecer –ambos asintieron en silencio.– En una misión rango S+ eventualidades de este tipo son casi parte del contrato –dijo Sarutobi, poco convencido por la explicación–. Morino-kun, esto no es un castigo.
–Ellos lo consideran así y creen que lo merecen –dijo Inoichi– según su propia lógica, no pueden ser recompensados por sus fallos.
–Y ambos coinciden en que es justo darles lo que creen merecer –suspiró Sarutobi incrédulo, volvieron a asentir.
–Hasta estabilizarlos un poco más. Mantienen su cohesión pero perder al líder los ha desmoralizado –afirmó Ibiki– es como si hubieran perdido su corazón.
–¿Están menos inestables?... en fin, Kakashi está fuera de peligro, aunque no han logrado sacarlo del coma –informó Sarutobi, paseando con lentitud de un lado a otro– en cuanto recobre la conciencia sabremos lo sucedido. ¿Avances?
–Los escaneos iniciales revelaron una batalla feroz. Al menos un nukenin con técnicas de barrera de sangre –respondió Inoichi.
–Eso no es un… son élite entrenados, Inoichi-kun –el tono de duda puntuando cada palabra.
–Sus mentes estaban muy alteradas, sólo quedaba esperar –murmuró Inoichi–. Había algo que… que no logro descifrar –bajó la cabeza.
–¿De qué tipo? –preguntó Sarutobi, sin dejar pasar la breve pausa de Yamanaka.
–Emocional, mi señor. –Respondió, casi de mala gana.
Sarutobi lo miró con escepticismo, las declaraciones de su especialista iban contra todo lo que era la naturaleza shinobi. Cierto, ningún ninja, él incluido, estaba exento de emociones, perderlas los convertiría en renegados, armas letales sumamente peligrosas ya que carecerían de límites para sus egos. Sin embargo, todos ellos eran cuidadosamente adiestrados para mantener el control; pero le resultaba evidente que las barreras erigidas alrededor de su vulnerabilidad se encontraban ausentes.
Habían pasado 24 horas y aún no le había sido entregado el informe completo de la misión. Ishin, responsable del escuadrón médico ANBU había coincidido con Ibiki, declarando que ninguna de las anclas estaba disponible o en condiciones para "sacarlos del túnel" y que utilizar drogas nemotécnicas en el estado en que se encontraban y con las heridas físicas que presentaban podía ser contraproducente; Inoichi había insistido en mantenerlos en observación en espera de que el estado de shock se desvaneciera, todo a su tiempo decía el viejo proverbio, pero bastaba verlos para darse cuenta que 24 horas no habían sido suficientes.
De todo el grupo involucrado Atsui era quien había salido mejor librado, su sucinto informe se había limitado a la misión de su propio equipo, declarar que había fallado su cronometraje y que acepaba el castigo por poner en riesgo a sus compañeros, por iniciativa propia se había dirigido a la Dama de Hierro, donde permanecía en una habitación separada.
Sarutobi se veía en una posición delicada porque no quería verse en la necesidad de ceder ante la presión del Consejo para efectuar un interrogatorio en regla ya que, con excepción de Kakashi, la única que podría darle respuestas era la princesa, pero interrogarla quedaba fuera de sus prerrogativas. Las palabras de sus especialistas reforzaron su decisión de oponerse a ello. Se cubrió el rostro por un instante, entendía el porqué ambos querían mantener aislado a ese grupo y sabía que las respuestas tardarían en llegar.
–Trataré de armar el rompecabezas –aseguró Inoichi, volviendo la vista disimuladamente hacia el cristal, movimiento que no pasó desapercibido por Sarutobi.
–Menuda tarea… si su interior está como su exterior… –Sarutobi se rascó la cabeza, los jóvenes solían ser muy dramáticos y emocionales–. Vuelvan a su trabajo –suspiró, percatándose de que ambos exhalaban con disimulo, les urgía que se fuera, una leve risa sacudió sus espaldas al retirarse–. Ah… y háganles saber que su corazón está bien –añadió desde la puerta.
Se miraron entre sí.
–¿Cómo quieres hacer esto? –preguntó Ibiki, mirando preocupado hacia Usuki, había pasado apenas poco más de un año desde que visitara esas instalaciones.
–Es más difícil para ella –dijo Inoichi– este lugar le trae malos recuerdos –agregó– pero como quiera que lo veamos es quien puede darnos la versión más… extensa. Usuki-san, por favor –dijo a través del micrófono.
Yūgao tragó saliva y se levantó, secándose apresurada los ojos; se dirigió hacia la puerta sin volver la vista hacia sus compañeros que sólo atinaron a verla con tristeza. Permaneció muy quieta frente a ambos tokubetsu, Inoichi le indicó que se sentara y le dio breves indicaciones antes de poner las manos en su cabeza.
–Disminuiré un poco su pesar –le comunicó a señas a Ibiki.
–Ino… –dijo Ibiki, con preocupación, la técnica de Inoichi era sólo un alivio artificial, el efecto era parecido a una droga, sin embargo las reacciones secundarias eran únicas para cada persona.
–Lo sé, pero es preciso que esté menos alterada, de otra manera no contestará las preguntas que me pediste que le hiciera –respondió Inoichi, tampoco había querido usar esa habilidad, ya lo había hecho una vez para sepultar los recuerdos de su relación con Kakashi; recordar el informe de la misión aún le causaba escalofríos.
Hurgar en la mente humana requería un control que sólo un Yamanaka poseía, el clan era capaz de percibir en su interior todas las sensaciones que su paciente había vivido. En términos de Ibiki, era una forma suave de interrogatorio. En Yūgao había demasiado dolor, físico y mental. Al examinar sus memorias por primera vez, sólo había conseguido imágenes confusas, desesperación, impotencia, miedo y la vergüenza causada por sus propias reacciones. Sintió el relajamiento de la chica. Respiró hondo, cerró los ojos y comenzó su proceso.
Era algo que Ibiki ya había visto, Inoichi le había explicado en alguna ocasión que "hablaba" directo con la mente inconsciente, planteándole las preguntas que quería que contestara, el interrogado "respondía", en interrogatorios difíciles un aparato "transcribía" la información. Si Inoichi conseguía entrar en el laberinto cerebral sin oposición, él mismo vocalizaba las respuestas.
–Usuki tenía órdenes directas de Lobo de cuidar de Natsuko-sama, sus sentidos estaban enfocados en vigilar los movimientos de avance del enemigo hacia ella –comenzó, Ibiki comenzó a tomar apresuradas notas– no logro ver al atacante, tampoco escucho lo que discuten Lobo y Natsuko-sama, hay demasiado ruido... ahora vuelvo el rostro un instante para asegurarme de la ubicación de Natsuko-sama, ella le está poniendo un amuleto al cuello, un objeto cruza mi campo visual hacia ellos, golpeo con la espada tratando de desviarlo pero fallo... Lobo la arroja hacia Dragón y en ese momento lo alcanza el kunai, Dragón activa su defensa total, me duele, corro y no consigo llegar al capitán, está sangrando mucho.
–Inoichi… –Ibiki le tocó el hombro– yo creo que…
–Sólo un poco más… gracias. Lobo gritó "llévatela Dragón", no distingue mucho lo que sucede alrededor, está sufriendo un gran dolor y parece que sus compañeros también… Aoba y Anko están en el suelo, se ven aturdidos, los ve levantarse y empezar a abrir camino adelantando a Dragón, Yūgao lo aleja de la zona peligrosa, él está inmóvil pero consciente, le dice que lo deje ahí, no le obedece, continúa defendiéndolo hasta que Ardilla y Gallo consiguen acercarse, "lo hiciste bien Halcón, dice Genma yo lo llevaré, Gallo…"
–Es suficiente Inoichi –dijo Ibiki, preocupado por el aspecto de su compañero– el resto ya lo sabemos.
–Uff, eso fue un infierno –separó las manos de la cabeza de Yūgao.
–Yūgao –comenzó Ibiki con voz suave, poniéndose en cuclillas ante ella– todo está bien, Kakashi está bien. –Volvió el rostro hacia él e irrumpió en llanto. Ibiki llamó por su comunicador a uno de su personal, indicándole que la llevara al área médica y pidiéndole que enviara a Atsui.
–Por hoy he terminado, yo lo enviaré –dijo Inoichi, acompañó a Yūgao a encontrarse con su escolta.
Miró retirarse a su compañero, la técnica de Yamanaka le metía dentro del cuerpo de la otra persona haciéndole sentir toda la gama de emociones y sensaciones físicas que recrear un evento llevaba consigo, era parte del funcionamiento de la psique humana que Ibiki comprendía a la perfección. Aunque era incapaz de hacerlo al mismo nivel que Inoichi.
Un shinobi abrió la puerta, se dirigió hacia Ibiki y le entregó un pergamino, atrás de él entró Atsui. El joven Hyūga se puso en posición de firmes ante él, manteniendo la mirada fija en el vacío mientras Ibiki abría el documento. Terminó de leerlo y se puso de pie ante él.
–Permiso para hablar –solicitó Atsui, Ibiki asintió, el chico se estaba portando como un verdadero soldado.–Mi informe está completo, Morino-san, asumo que me llamó para darme el veredicto del análisis.
–De todo el tiempo que te conozco, jamás has actuado como un Hyūga, no comiences ahora.
–¿Orden de un superior?
–Si quieres verlo de esa manera, está bien.
Atsui fijó en él sus inquietantes ojos lila, enmarcados por el rostro inmutable que solían mantener los miembros del clan.
–Puedes sentarte, si así lo deseas –dijo Ibiki.
–Así estoy bien.
Los tres hombres en la habitación volvieron nuevamente el rostro hacia la puerta, esperando que apareciera su compañera. Ibiki se acercó al micrófono y les pidió que entraran, los tres se levantaron al mismo tiempo y abrieron la puerta que les separaba del mundo real y el mundo de pesar en que estaban sumergidos. Les indicó que se sentaran; jalaron las sillas, ajenos a la presencia de Atsui que no movió ni un músculo.
Genma siguió con la vista a Ibiki, que paseaba de un lado a otro de la habitación. Su mirada se detuvo un instante en Atsui que parpadeó nervioso; suspiró hondo, conocía las tácticas, pero no por ello era inmune a ellas, controló la irritación que sentía treparle al rostro, alterando su palidez con un calor que alcanzaba el nacimiento del cabello. Gai, por su parte estaba sentado con la cabeza baja, mirando fijamente el suelo de concreto, totalmente aislado en su mundo personal. Tenzô se miraba las palmas de las manos, como si les preguntara sobre su propia capacidad.
Ibiki se mantuvo en silencio por un buen rato. Se sentían observados y analizados más allá de su margen de confort.
–Nos violenta aquello que no podemos perdonarnos Genma –se dirigió a él, ponderando que Tenzô no se sentía en absoluto el líder del equipo, tanto Gai como él volvieron miradas curiosas hacia Ibiki–. Tendemos a reaccionar con irritación cuando lo que hicimos contradice lo que creemos que deberíamos haber hecho. Estás enojado.
Genma desvió la mirada hacia la puerta, apretando la mandíbula.
–Pero no siempre lo que creemos es lo mejor. En un mundo perfecto todo sale como debería salir, en este no. Incluso un tokubetsu se equivoca.
–Soy un jônin.
–Por título, en la práctica ya perteneces al escuadrón de especialistas, en teoría eso debería acreditarte la madurez suficiente para aceptar el pasado.
–Si crees que eso me consuela deberías revisar tus métodos.
–Sumirte en la autocompasión no solucionará nada. No lo intentes –dijo Ibiki, viendo la tensión de los músculos–. Tratamos de aceptar el pasado cambiando los recuerdos –suavizó la voz.
–¿Y me dices eso por…?, ¿acaso sugieres que debería engalanar las fallas?
–Como yo lo veo no fue una falla, la misión se completó con éxito y todos están vivos.
–Escucha lo que digo –se levantó de la silla, encarándolo a pesar de la diferencia de estatura– no hubo intel –Atsui se sobresaltó ante el movimiento.
–No fue posible –replicó Ibiki de inmediato, las miradas silenciosas de los demás indicaban que pensaban lo mismo–, el Consejo determinó que era un riesgo político que no podíamos asumir.
–¿Riesgo político? ¡Por Kami, Ibiki! ¿Desde cuándo pesa más un riesgo político que la vida? La información es poder ¡Y no son mis palabras!
–Natsuko-hime fue secuestrada camino a Konoha, su guardia personal eliminada. El equipo de fuego se encontraba cerca de la zona –señaló a Atsui con la cabeza, sin desviar la mirada de los ojos de Genma–. En cuanto informaron la ubicación ustedes fueron enviados.
–Ella debió quedarse quietecita –intervino Gai, que no había dicho una sola palabra.
–Lo que ella trataba de proteger era importante –respondió Ibiki.
–Si vas a interrogarme ¿por qué no comienzas de una vez? –dijo Genma, desafiante.
–No necesitas estar a la defensiva, Hokage-sama ordenó que no se les hiciera un interrogatorio en forma –dijo Ibiki con esa sonrisa que a todos ponía de nervios, mirándolos de uno en uno.
–Entonces dime qué quieres saber –respondió Genma, sin bajar un poco el nivel de su enojo.
–Entre el ataque recibido por Lobo y el momento que llegaron hasta él y Usuki –revisó sus notas– transcurrieron 30 segundos, la distancia entre su posición y la de sus compañeros no rebasaba los 10 metros. Los estándares de velocidad de ambos –señaló enfático a Gai y Genma– están mucho muy arriba que eso ¿qué sucedió?
Ibiki supo que había acertado con esa pregunta. La ira de Genma se esfumó como por encanto y sólo atinó a mirar a Gai que encogió los hombros y negó con la cabeza, cubriéndose el rostro con las manos. Tenzô volvió la vista hacia ellos esperando también la respuesta
–No lo sé –murmuró Genma– sentía mucho dolor, vi al enemigo acortar la distancia hacia ellos y corrí, lo más rápido que pude. ¿Atsui? –preguntó, confundido.
–Activé mi defensa total en cuanto hice contacto con Natsuko-sama –respondió de inmediato, enrojeciendo– el movimiento me impidió ver alguna cosa. El… efecto túnel, yo… vi levantarse a Anko y Aoba y abrir camino, no supe cómo cayeron.
–¿Gai?
–¿Crees que no hemos hablado de ello, Morino-san? Sólo había dolor, tan intenso que paralizaba –respondió Gai.
–Dolor… ¿exactamente en dónde? –preguntó Ibiki, ambos lo miraron como si fuera de otro planeta.
–En todos lados Ibiki, adentro y afuera, no estaba localizado en un punto –contestó Genma, impaciente; Gai asintió.
–Ambos son élite, no es una respuesta aceptable, lo saben.
–¿Quieres decir, controlarlo y seguir adelante? –replicó Genma– ¡Eso hicimos! Jamás antes nos detuvo, no lo hizo, sólo nos frenó.
–Bien, aceptaré su respuesta, por ahora –se pusieron de pie, dispuestos a retirarse en tanto él se sentaba– Hokage-sama también ordenó que les informara que Kakashi está fuera de peligro.
–¿Y esa información nos la das ahora? –replicó Genma, dividido entre el alivio y el enojo.
–Atsui, Inteligencia realizó el análisis de tu informe –tomó el pergamino en ambas manos– si deseas alguna sanción, será por parte de tu comandante. Si no estoy equivocado, la técnica Hyūga posee un punto ciego inevitable, dime ¿sentiste algo?
–Dolor… mucho; canalicé mi chakra para cerrarlo y cesó, no podía hacer otra cosa… tenía que sacar a Natsuko-sama de ahí, eran mis órdenes.
–Escucha, se te ordenó abandonar a tu capitán y terminar la misión, hiciste lo correcto. Obedeciste hasta el final.
–¿Lo hice, Morino-san?
–Todos lo hicieron, ¿recuerdan la orden que invariablemente da Lobo en sus misiones?
–No… mueran –musitó Atsui, sus compañeros asintieron.
–Hasta donde yo sé, todos obedecieron.
48
La biblioteca de Konoha albergaba papiros, pergaminos, manuscritos y libros modernos que contenían conocimiento que abarcaba desde tiempos antiguos hasta el presente, algunos de ellos él mismo los había puesto ahí. Los conservadores les daban un tratamiento para preservarlos del paso del tiempo. Cubrían muchas áreas del saber shinobi.
Shiki enrolló la parte del pergamino que ya había revisado, extendiendo una nueva porción.
–¡Lo siento!... Hinorobu-sama, aquí tiene los que me pidió –dijo la joven en voz baja, colocando en la mesa de lectura una brazada de pergaminos– todos estos datan del periodo de las guerras mágicas en Suna.
–Gracias, Tomoko-chan –la miró intrigado por las palabras con que comenzara su pequeño discurso.
–Si me permite decirlo, su trabajo es impresionante –hizo una reverencia.
Shiki sonrió, sin desviar la vista del pergamino. Había muchas cosas que desconocía, que necesitaba encontrar para ser capaz de deducir la naturaleza del cubo, apretó los ojos al ver los títulos de algunos de los papeles, gran parte de la documentación existente sobre las guerras mágicas la había hecho él, le parecía estúpido buscar referencias en su propio trabajo.
–¿Tendrás algo… diferente? Investigar lo que ya… investigué es… extraño, por decir algo –dijo, tratando de mitigar el efecto de sus palabras.
–¡Lo siento mucho!
–No no no no, espera, tratemos otra vez: busco algo relacionado con sellos utilizados en Suna, Tomoko-chan, ¿posiblemente haya alguna referencia en el último paquete que traje hace un mes?
–¡Lo siento!
–Sólo… tráelos ¿por favor?
–¡Lo siento Hinorobu-san! Es la primera vez que lo veo en persona y yo… ¡Lo siento! –Tomoko salió rápidamente en busca de lo que le había pedido.
Shiki respiró hondo tratando de mantener la calma, tenía el tiempo limitado y demasiado material para revisar, sin contar con que se había escapado del hospital. Apenas percibió la llegada y partida de la joven bibliotecaria que a pesar de ser civil era tan sigilosa como un shinobi. Maquinalmente extendió la mano para acercar uno de los pergaminos que no había tenido tiempo de revisar. Leyó de prisa, algunos de los símbolos captaron su interés aunque nuevamente había partes que no comprendía del todo. Garabateó en su bitácora algunas frases completas y saltó párrafos enteros que no parecían tener cabida dentro del contexto de su búsqueda.
–Tomoko-chan –llamó la atención de la chica que parecía discutir algo en voz baja con un grupo recién llegado, se acercó a él, apresurándose a hacer una reverencia.
–¡Lo siento!
–¿Puedo preguntar por qué te disculpas tanto? –preguntó.
–¡Lo siento!
Shiki se incorporó, pero un momento después estaba rodeado del grupo. Entre ellos había varios viejos historiadores a quienes conocía desde que era niño, incluido su maestro, también uno que otro rostro totalmente desconocido que se acercaba a él, comenzó a sentirse alarmado y no porque un grupo de eruditos estuviera cercándolo.
–Hinorobu-donno, Hokage-sama solicita que regreses inmediata y voluntariamente al hospital –dijo el anciano, mirándolo con ojos de disculpa.
–¿Eh? Sakata-shisou, ¡pero si ya casi termino! –respondió, sonriendo y rascándose la nuca, era de esperarse, no había advertido el paso del tiempo. Los rostros desconocidos lo rodearon al instante.
–No oponga resistencia, tenemos autorización de usar fuerza letal.
–¿Eh? ¿El viejo se volvió loco o qué, cómo que fuerza letal? ¡Estoy herido!
–Es por eso que debe regresar al hospital –razonó uno de los shinobi. Shiki trató de ubicarlo pero no lo consiguió, avanzó un sigiloso paso para alejarse de él y de pronto se sintió inmovilizado.
–¡Qué demonios! ¿Sombras? ¡Nara!
–Hinorobu-san, no es mi costumbre perseguir a mis pacientes, normalmente se quedan quietos. Átenlo –dijo la primer cara conocida que se abrió paso hasta enfrentarlo. De inmediato sintió los finos hilos de cabello negro envolver su cuerpo y muñecas, dejando libres sólo las piernas.
–Pero Hikari-chaaan…
–No tengo que decirle que si se mueve demasiado se puede lastimar –respondió ella conteniendo la risa ante el pésimo intento de chantaje ocular.
–Como diría Gai: ante una dama sólo puedo rendirme.
Se encontró acostado en la cama contigua a la de Kakashi en el hospital general de Konoha. Durmió por varias horas; a pesar de que no se había sentido cansado era evidente que su cuerpo opinaba lo contrario. Abrió los ojos, distinguiendo sólo oscuridad. Un ligero desconcierto lo embargó hasta que por fin recordó dónde se encontraba, trató de moverse pero no lo consiguió, respiró lo más profundo que pudo, considerando las características del hilo con que lo habían atado a la cama, posición cómoda, pero se preguntaba cómo diablos iba a hacer cuando quisiera ir al baño; el orinal, colocado junto a uno de sus brazos le dio la respuesta, hizo una mueca de disgusto. Una intravenosa goteaba suero en el otro brazo, no sabía cuándo se la habían puesto.
El cuarto privado donde los habían ubicado se encontraba en penumbra, alumbrado apenas por el resplandor fosforescente de los aparatos de monitoreo a los que estaban conectados, las pequeñas lámparas de cabecera también estaban apagadas; la luz del pasillo, regulada a baja intensidad apenas alcanzaba a iluminar un poco, proyectando las sombras del par de guardias armados con ninjatô que estaban apostados ante la puerta. Un segundo sondeo le advirtió de la barrera de chakra por si intentaban transportarse, suspiró, Sarutobi había decidido mantenerlos ahí a canto y lodo.
Nuevamente llovía, un incesante golpeteo que era mitigado escasamente por las paredes y techos del hospital. A pesar de sus protestas cuando regresaron a la aldea, Sarutobi había insistido en que permaneciera ahí, en cama, acompañando a Kakashi; miró hacia él, le habían cubierto el rostro con la sábana, dejando descubiertos sólo los ojos. Había estado hablando con él por horas el día anterior, aunque las únicas respuestas que obtenía eran las de su propia mente, ya que él permanecía inmóvil, como si estuviera profundamente dormido, pero Ishin le había dicho que estaba en coma. Suspiró nuevamente y cerró los ojos.
–En mala hora se te ocurre desconectarte –murmuró– es la primera vez que te veo así, es… difícil.
–Debo haber llegado al infierno si lo primero que escucho al abrir los ojos es tu voz.
–Confiesa que me amas –respondió en automático.
–Quisieras.
–Espera… ¿Me contestaste? ¡Eso quiere decir que eres tú!
–¿Quién más? ¡Shh!, baja la voz –levantó la mano, haciendo el intento de llevarla a sus labios para indicarle que se callara– yo… en realidad no quiero moverme –dijo, dejándola caer sobre la cama.
–Tampoco puedo, pero no porque no quiera –respondió Shiki, bajando el volumen– la chica Nara creyó oportuno atarme esta vez… con hilo de cabello negro, un tanto exagerado ¿no?
–Sabia decisión.
–No es mi culpa, ¿sabes? Es decir, mi cuerpo carece de neurotransmisores suficientes para…
–Bla bla bla, ten piedad de un moribundo que quiere morir con el oído intacto.
–Si pudiera, del gusto te saltaría encima.
–Gracias a Kami no puedes, en realidad me gusta más tu hermana.
–¿Qué pasó?
–Tch, no quería llamar la atención para que no me interrogaran –siseó.
–Estuviste fuera demasiado tiempo, creí que no volverías –murmuró Shiki, Kakashi giró la cabeza hacia él.
–Pérdida de sangre.
–¿Uh?
–Kin-jutsu rayo-hierro.
Shiki se quedó en silencio, ANBU usaba kin-jutsu aunque también eran entrenados para contrarrestarlos, pero el estado de Kakashi indicaba que no lo había conseguido, al menos no del todo.
–Manejar una transformación de tierra para extraer los minerales específicos es una barrera de sangre de nivel S+, –razonó Shiki en voz alta ya que Kakashi parecía no desear ser más concreto.
–No te escucho, estoy dormido.
