Capítulo 9: Pesquisas.

"En la vida, como en el cereal para el desayuno, es siempre mejor leer las instrucciones en la caja".
Terry Pratchett. Ladrón de tiempo.

Genma, Raidô y Gai, capitaneados por Asuma, llegaron al sitio donde habían rescatado a la princesa. Manchas negruzcas y ceniza húmeda salpicaban el área, los árboles mostraban daños en los troncos y muchos habían perdido la fronda. Las ruinas de la casa sobresalían aún a la distancia, testigos mudos del desastre sufrido unos días atrás. Asuma levantó la mano para indicarles el alto.

–Según el reporte de Dragón, en esa zona es donde todos fueron golpeados. ¿Es correcto, Genma? –Genma asintió– Raidô, revisa el lugar.
–Esos montones de cenizas… ahí cayeron varios enemigos –dijo Genma.
–Equipo de limpieza, sin duda, encargados de borrar cualquier rastro genético utilizable para indicar su procedencia. Tú busca cualquier cosa que hayan dejado atrás. Gai, ven conmigo, veremos qué historia nos cuentan las ruinas.

La madera también estaba humedecida, las paredes habían quedado a medio derrumbar por la mezcla de jutsus de agua y fuego que abundaron durante la lucha. Asuma usó sus técnicas de viento para separar escombros, buscando al menos un tablón que aún tuviera el aceite que Shiki reportara en sus notas. El reporte de Dragón también incluía la frase inconclusa de Lobo haciendo alusión a 'alguna sustancia'.

–Gai –señaló lo que debería haber sido la escalera que conducía al sótano– estaba completamente obstruido por el marco.– Revisa a fondo los calabozos, esa traba no parece natural.
–Entendido.

Gai pulverizó la madera con el puño y descendió las escaleras, mientras Asuma continuaba su búsqueda, examinando minuciosamente los restos de los tablones.

La víspera anterior:

–No esperaba tu llegada –dijo Asuma, aspirando ansioso el humo del cigarrillo.
–Tengo una misión para ti.
–Podrías haber enviado un mensajero… siéntate –le señaló el sillón.

Se sentía incómodo, era la primera vez que Sarutobi lo visitaba en su nuevo hogar, a pesar de las protestas del viejo, había decidido tomar uno de los departamentos del escuadrón ANBU, aunque ya no perteneciera a él. Quería alejarse de los terrenos familiares del clan, experimentar vivir la vida a su modo y por su cuenta. La dura lección aprendida entre Los Doce le había hecho madurar, y aunque no podía recuperar la misma libertad que había experimentado, al menos le había servido de experiencia de vida. Sonrió para sí, su padre había aprovechado la oportunidad para ver las condiciones en que vivía.

–¿Sake?
–Lo apreciaría –asintió Hiruzen, acomodando los amplios faldones de su ropaje, se arrellanó en el sillón y encendió la pipa. Asuma posó la botella y un par de tazas en la mesita.

Bebieron en silencio, saboreando el fuerte sabor del alcohol. Asuma le miró entre las volutas de humo, el viejo se veía cansado, aunque trataba de ocultarlo entre las afables arrugas de su sonrisa. Sabía que hablaría cuando lo considerara necesario, así que sólo se dedicó a disfrutar su tranquilizante compañía. Amaba a su padre, podía haber tenido opiniones diferentes, pero eso no cambiaba el hecho de que lo admiraba.

–Eres de los pocos que Kakashi considera como amigo. –Afirmó, Asuma le miró sin pronunciar palabra.– Imagino que estás al tanto de su… condición.
–¿Ha pasado algo? –preguntó alarmado, sentándose apresurado a la orilla del sillón, había ido el día anterior y Hikari le había dicho que ya había despertado, pero que Yamanaka lo había 'desconectado' para que descansara.
–No, no, al contrario, ordené que fuera enviado a su casa, de cualquier manera siempre que puede se escapa del hospital –Asuma sonrió, era cierto, así era Kakashi.
–Entonces la misión que quieres que tome, se relaciona con él.
–Hace un mes el daimyō de Taki no kuni solicitó asilo político para su hija en el país del fuego. Aparentemente la joven había sufrido varios atentados y él temía por su seguridad, actualmente no cuentan con aldea ninja, excepto los doce guardias personales que los daimyō tienen de prerrogativa, la mayor parte de ellos pagados por el tesoro nacional.
–¿Aparentemente?
–Exacto. Aunque su secuestro posterior confirma la versión. Se programó el traslado de la princesa a cargo de seis de los guardianes, dejando al resto para la protección del daimyō. Debería haber arribado al país del fuego hace dos semanas, al no hacerlo, nuestro daimyō solicitó se investigara su paradero.
–La misión del equipo de fuego.
–Ellos confirmaron que la joven había sido secuestrada y consiguieron descubrir su ubicación, el daimyō ordenó que enviara al equipo insignia de ANBU a recuperarla, el resto ya lo conoces, ambos equipos salieron muy magullados de la misión.
–Lo que no concuerda con el liderazgo de Kakashi. ¿Qué estás sugiriendo? –siseó Asuma, fijando la mirada en el cigarrillo, Hiruzen soltó una risita, Asuma se ponía de inmediato a la defensiva.
–Tenzô es un shinobi muy dócil –afirmó como si nada– sin embargo, estaba hecho un basilisco hace un rato –le tendió el dossier de la misión, Asuma lo abrió y leyó rápidamente.
–En cuanto supo que Kakashi estaba fuera de peligro –proveyó Asuma, sin despegar la mirada de los documentos– típico de él.
–Tenía razón, fueron enviados a una misión improvisada, con tiempo insuficiente para una inteligencia adecuada y sobre todo con información restringida. El equipo de Dragón venía agotado de la misión en Kirigakure y el de Lobo había viajado sin descanso por un día completo, era de suponerse que no iría tan bien.

Se quedaron en silencio, bebiendo en sincronía de sus tazas de sake. Asuma era lo bastante inteligente como para ponerse a cuestionar los motivos políticos tras una misión de ese tipo. Le quedaba muy claro que sólo una fuga de información permitiría que un grupo de guardianes perdiera a su protegida. Taki podía no ser un país grande, ni miembro de la alianza, pero los estándares para los guardianes eran los mismos.

–Ninguno de los equipos reporta haber visto a alguno de los guardianes o su cadáver –señaló Asuma, cerrando el dossier.
–En efecto, en cuanto Natsuko-sama fue comprobada médicamente, el daimyō solicitó que fuera trasladada al palacio.
–Lo que imposibilita su interrogatorio.
–Ya era imposible. Inmunidad diplomática. Natsuko-sama le entregó esto –le mostró un estuche primorosamente bordado– a uno de los chicos de Lobo en el trayecto del hospital al palanquín, insistió en que fuera custodiado en Konoha y que se guardara absoluto secreto.
–Lo que nos hace concluir que tampoco nuestro daimyō conocía su existencia. ¿Qué contiene?
–Un amuleto muy peligroso, hasta donde sabemos. El escuadrón de sellado le puso un sello de seguridad.
–Tampoco viene en el dossier.
–Consideré prudente mantenerlo al margen de cualquier registro. Lobo supone que este amuleto puede ser el origen del debilitamiento de ambos la vida, como en el cereal para el desayuno, es siempre mejor leer las instrucciones en la caja
–¿Y quieres que yo haga exactamente qué? –preguntó Asuma, apagando el cigarrillo en el cenicero.
–Encontrar algo que nos indique quién era el enemigo –Asuma lo miró con seriedad, las palabras de su padre no tenían sentido en el mundo shinobi ya que parecían originarse en un deseo de venganza, respiró hondo, concentrándose en la verdadera causa.
–La furia de Tenzô… –dijo al fin Asuma.
–Exacto. Perteneciste al equipo de Lobo, sabes muy bien de lo que él es capaz.
–Eso podría ser un problema.
–Te acompañarán Raidô, Genma y Gai. Misión jounin.


Día de verano en que el calor les pegaba la ropa al cuerpo sofocándolos, en el ambiente aún había humedad de las lluvias de días pasados. La fogata que habían armado elevaba su humareda al cielo, un fuego mustio que se negaba a iluminar más allá que un pálido círculo a su alrededor. Habían pasado todo el día buscando vestigios de la lucha, y fueron llegando uno a uno al punto que Asuma les indicara para reunirse. Esperaron en agradable camaradería hasta que estuvieron todos presentes, compartiendo algunas barras alimenticias y algo de té.

–¿Genma? –preguntó Asuma.
–Excepto una marca deslavada donde debería haber cenizas, en el supuesto de que se apegaran al procedimiento estándar de los cazadores, no encontré tela ni nada por el estilo.
–¿Un sobreviviente importante?
–Es posible, tomé algunas fotos de la marca y unas muestras de sangre, aunque con las lluvias y el calor del verano… –dejó la conclusión en el aire– también recogí algunos de mis senbon, fue todo.

Asuma miró su propia colección de muestras, pocos rastros en los tablones, lo que hubieran utilizado para destruir la casa había ardido. Suspiró, el equipo de laboratorio tendría bastante trabajo por delante.

–¿Gai?
–Un par de eslabones de una especie de cadena, algo achicharrado, así que descartamos que perteneciera a uno de los sirvientes o a Natsuko-sama. Lo siento Asuma, es todo lo que pude hallar.

Asuma miró la mano extendida de Gai y asintió. Volvió la vista hacia Raidô. El joven movió la cabeza, había hecho su peritaje y el resultado de sus pesquisas le había proporcionado una idea muy clara de lo sucedido en ese lugar.

–Lobo no es estúpido, Asuma –dijo Raidô con cara muy seria– el ataque se enfocó en él y él lo sabía, por eso quiso alejar al grupo. Recorrí el perímetro y las trampas que desactivaran Anko y Aoba en la retirada fueron improvisadas.
–Trataban de desviar nuestra atención del verdadero objetivo –murmuró Asuma.
–Kakashi –dijo Gai.
–El equipo de Dragón no fue perseguido en cuanto cruzaron el cerco, el equipo de guardia fronteriza reportó haberlos visto únicamente a ellos tres –dijo Asuma, Genma y Gai volvieron la cabeza hacia él.
–Rayos… –dijo Genma.
–Si lo intentaron una vez y casi tienen éxito… –dijo Gai, preocupado.
–Hasta donde sé, Tenzô ya se encargó de esa parte –dijo Asuma–. Debemos regresar.

Asintieron. Era una especie de regla no escrita en el mundo shinobi el utilizar ninjutsu sólo con el propósito de sacar del juego al enemigo, los jutsus de muerte estaban limitados a situaciones de guerra, lo cual no era el caso. La medida se había adoptado para limitar el daño sufrido en las continuas escaramuzas entre bandos de aldeas aliadas que recibían un sueldo por cumplir una misión y quienes recibían uno por evitar que los del otro bando cumplieran la suya, así funcionaba el mundo ninja.

El escuadrón ANBU era diferente en ese sentido, sin embargo también como grupo élite poseían sus propios privilegios de inmunidad para realizar sus misiones, especialmente si éstas eran de cacería. Por norma general, el sólo uniforme ANBU significaba una equipo en misión con licencia mortal y eran pocos quienes los enfrentaban, aquellos que lo hacían eran generalmente mercenarios, pero incluso ellos evitaban utilizar jutsus letales. "Determinación rayana en fanatismo", pensó Asuma, una muy mala combinación.


Había intentado recorrer el breve espacio que lo separaba del lecho y las piernas le habían fallado por segunda vez. La primera había sido en cuanto Tenzô se había retirado, había hecho un esfuerzo desesperado por mantenerse de pie ante él, cosa absurda si se ponía a pensarlo. Yūgao se acercó y lo ayudó a incorporarse en tanto Shiki clavaba la nariz intencionalmente en un libro. Cerró los ojos y apretó los dientes, el disimulo de sus compañeros sólo le enfurecía más.

"Odio los hospitales".

–Lo sé –respondió ella sonriendo, la escena aún fresca en su memoria.
–¿Eh?
–Que odias los hospitales.
–Oh sí –dijo Kakashi, mirándola con extrañeza en tanto ella lo ayudaba a subir a la cama.
–Pero esto no es un hospital, anda capi.

Ella parecía haber contestado a una frase suya, pero a pesar de su debilidad estaba seguro de no haber dicho nada. Volvió el rostro hacia Shiki, pero él se había puesto los audífonos, concentrado en lo que estaba leyendo. Se dejó caer en la cama, consciente de que lo único que podía hacer era descansar, permitirle al cuerpo hacer lo suyo.

–Atsui solicitó hablar contigo, ¿lo recibirás?, ha estado sentado afuera desde hace un rato –preguntó Yūgao, acomodando las almohadas a su espalda.
–Sí, lo está –respondió irritado.
–Oh.
–Por favor, hazlo entrar –dijo, subiendo la sábana hasta medio rostro, Yūgao se dio la vuelta.

Atsui apareció tras un par de minutos, siguiéndola. Kakashi le hizo una seña y ella se retiró discreta, cerrando tras de sí la puerta. Se acercó a él e hizo el intento de hincar la rodilla, Kakashi lo detuvo con un ademán. El joven hizo una ligera reverencia, manteniendo la vista baja.

–¿Creí que ya habíamos pasado por eso?
–Fue mi error lo que ocasionó… todo esto –dijo, manteniendo los brazos cruzados a la espalda, en posición de firmes.
–La misión se completó con éxito y seguiste órdenes hasta el fin, no veo motivo para tu pesadumbre. Si Tenzô no te lo dijo…
–Sí lo hizo, capitán, es sólo que yo…
–Siéntate, me está doliendo el cuello.

Atsui jaló la silla hasta un lado del lecho, viendo disimulado a su capitán que parecía estar haciendo un esfuerzo por controlar el mal humor. En un momento de cinismo pensó que su falla de cronometraje se estaba haciendo crónico, pero lo vio cerrar los ojos e inhalar profundamente. Se mantuvo quieto, dándole el tiempo que necesitaba para lo que fuera que estuviera haciendo.

A decir verdad Kakashi no se sentía con ánimos para recibir visitas, había ignorado concienzudo la marca de chakra de su subordinado que se colaba insistente en su conciencia desde hacía un buen rato, sin duda Yūgao estaba esperando el momento adecuado para solicitarle que lo recibiera. Meditó un poco antes de decir algo, era posible que el chico estuviera ahí en busca de afirmación, algo complicado de otorgar cuando se trata de convencer la conciencia personal de alguien, Atsui solía ser muy autocrítico consigo mismo, y muchas veces se preguntaba si el hecho de que perteneciera a un clan élite le impulsaba a elevarse sobre parámetros irreales para la mayoría de los shinobi.. Se sintió embrollado sobre cómo abordarlo, Atsui se había ganado la máscara del Dragón por derecho propio.

–A veces lo único que se puede hacer es improvisar, sobre todo si no existe un soporte efectivo de inteligencia y a veces esa espontaneidad no resulta ser la ideal. Existen límites, Atsui. Venían de misión, hicieron rastreo y entraron en combate casi de inmediato.
–Observamos el lugar un día completo… debimos…
–Un día de intel no es nada, lo sabes.
–Subestimé su habilidad.

Kakashi lo miró fijamente, no podía estar hablando en serio, sólo era una forma de auto-castigo. Cerró un instante los ojos, pensando que había comenzado a hablarle de manera errónea.

–El hecho de que seamos 'élite' –entrecomilló las palabras en el aire– no implica que el adversario sea inferior, asumirlo sería un error de juicio.
–Lo siento.
–No había manera de saber contra quiénes nos enfrentábamos, no con tan poco tiempo. El lugar limitaba las rutas de acceso, la parte débil estaba protegida por los mejores, aquellos que enfrentaron tú y tu equipo.
–Iniciaron el fuego y nos cortaron la entrada a la casa… de no haber sido por Hinorobu-san nosotros…
–En ocasiones puede ser útil –interrumpió Kakashi, deseando romper el ambiente.
–¡Escuché eso, Kakashi! –protestó Shiki.
–Tiene oído de murciélago cuando se habla de él –susurró Kakashi, haciendo reír a Atsui–. Si un bastión no se puede sostener sólo queda destruirlo con los enemigos dentro. Pero no viniste aquí a recapitular una misión, ni a recibir lecciones de estrategia….
–Nn-o.
–A estas alturas ya sabes que no tengo nada en contra de la evaluación que hizo Inteligencia y no creo que hayas venido sólo a ver mi lindo rostro… ¿así que…?

Atsui carraspeó, enrojeciendo visiblemente. Bajó la mirada y se quedó en silencio un rato. Shiki deslizó lo audífonos hacia el cuello, fingiendo que seguía leyendo, pero poniendo mucha atención a lo que decían.

–No pude percibir mucho de lo sucedido durante la extracción, pero la pregunta de Morino-san… –sacudió la cabeza, era imposible que Kakashi supiera sobre ello– vi algo… antes.
–¿Con el Byakugan?
–No, no lo tenía activado, manteníamos posición defensiva con jutsus de fuego de mediano alcance, estábamos… tablas, por decirlo así, hasta que él –señaló a Shiki con la cabeza– llegó fue cuando vi lo… que vi.
–¿Y…?
–Un… algo –encogió los hombros, parecía perdido–. Creí que era una distorsión causada por el fuego.
–Por lo que no lo asentaste en tu reporte.
–No, no lo hice. Fui al hospital, dormías, volví a verlo. Cuando lo de la biblioteca, Anko me pidió que usara el Byakugan en busca de residuos, no encontré nada, pero lo que sus invocaciones describieron en el reporte se ajusta a lo que vi.

Kakashi se quedó en silencio. Podía ver los tenues gajos a su alrededor. Cerró los ojos un momento, respirando profundo, reposando la nuca contra la suavidad de la almohada. Quizá la singularidad de la visión de ambos tenía algo que ver, entreabrió los párpados para ver que Atsui deshacía el Byakugan, disimuló una sonrisa, al parecer lo había activado sólo por un momento.

–Tal vez me equivoque pero deduje que su presencia –volvió a señalar con la cabeza hacia Shiki– era la causante de la distorsión. Creí que… querrías saberlo.
–Y estás aquí para comprobar esa deducción –Atsui enrojeció nuevamente, bajando la vista.– En realidad estás aquí para protegerme.
–Y asumo que no es necesario –dijo Atsui, viendo la mirada confundida que le estaba lanzando Shiki.
–¡Oye!
–No puede culparme, Hinorobu-san, usted tiene fama de utilizar artefactos… riesgosos.

Kakashi cerró nuevamente los ojos, aislándose del intercambio de 'ideas' de sus compañeros, sentía el cansancio atenazarle el cuerpo. Saber que Atsui también percibía los 'halos', de alguna extraña manera lo había hecho sentir aliviado. A pesar de su talante ligero, muy diferente al de su clan, poseía la sangre fría Hyūga, si había algo que lo pudiera sacar de esa frialdad ante situaciones atípicas, Kakashi aún no había descubierto qué. Ambos continuaron hablando un largo rato, él sólo permitió que el agotamiento lo derrotara.

Al tercer día…

–¿Podrías no quedarte sólo ahí, echado cómodamente?, ayúdame –recriminó Shiki.
–¿Por qué haría eso? Hikari dijo que descansara, eso hago.
–¿Y desde cuándo se te da obedecer?
–Tch –Kakashi puso a un lado el Icha icha y se dirigió con lentitud al cuarto de baño– creo que tomaré una ducha… lejos de ti.
–¡Espera!
–Hinorobu-san –Yūgao puso un dedo sobre los labios y le señaló la familiar portada naranja, abrió con uno de los dedos el libro y se lo enseñó rápidamente a Shiki.
–Oh.
–Es el mismo que usted estaba leyendo en el hospital, –se acercó a él– hora de cambiar las vendas –dijo en voz más alta– como Hikari le dijo, esos trucos ya los hemos visto antes –susurró.
–Supongo que habrá que cambiarlos. Como sea… –sostuvo el pergamino con ambas manos ante su cara.
–Deje eso, lo de las vendas era en serio –murmuró– ¿hay algo que confirme su deducción?–preguntó en voz baja, Shiki movió la cabeza, era difícil mantener sus escritos lejos de ojos curiosos, pensó, aunque la verdad es que había olvidado regresarle la portada al original.
–Aún no encuentro algo que pueda servir, hay demasiado material… inconexo, pero estoy seguro que debe de haber algo. ¿Ya me puedo sentar?
–No, pero elevaré un poco su postura –acomodó varias almohadas a su espalda.

Leer el libro que Shiki había mal-camuflado usando la portada de su Icha-Icha había sido muy iluminador y no tanto por el contenido, sino por las notas que garabateara en los márgenes. Se asomó por la ventanilla alta del cuarto de baño, Chita había percibido el movimiento y se había ocultado, pero él alcanzó a distinguirla. Cerró la persiana y abrió la llave de la regadera. La deducción de Shiki parecía provenir de algunos párrafos que había subrayado en el libro, todos ellos relacionados con religión, el hecho de que Chita estuviera en vigilancia confirmaba que, al menos Tenzô, había llegado a la misma conclusión.

Se paró bajo el chorro de agua, dejando que el sonido y la sensación le relajaran. El día anterior aún se había sentido débil, algo que le causaba aprensión. Las cápsulas de plasma que le hacía ingerir Yūgao estaban funcionando, pero sabía que sólo eran una muleta hasta que su organismo terminara el trabajo. Se enjabonó con rapidez, dispuesto a disfrutar por un largo rato la bendición del agua. Necesitaba relajarse, adquirir claridad mental y no lo estaba consiguiendo.

Aunque no había mencionado incidentes adicionales a la percepción visual, la visita de Atsui le había hecho reafirmar su propia cordura, se dijo que tal vez sería buena idea invitarlo a permanecer más tiempo en su casa. Sacudió la cabeza, la idea le había parecido extraña a él mismo, era como si no le perteneciera. Apoyó ambas manos contra la pared, dejando que el agua le cayera sobre la nuca y cerró los ojos intentando ser él mismo, como solía hacerlo en los primeros días después de que le trasplantaran el ojo de Óbito, en ese tiempo tenía la sensación de que veía un mundo diferente, de que de alguna forma ese ojo veía las cosas para él como lo hacía su amigo muerto.

"Cerrar los ojos no te salvará de tus miedos, Kakashi, están dentro de ti, aunque no puedas verlos", Sakumo le retiró la manta con la que se había tapado la cabeza y le sonrió, "mira alrededor, ¿ves? no hay nada ahí", dijo amable, lo tomó entre sus brazos y le dio un beso en la frente.

Abrió los ojos y volvió la cabeza lentamente, ahí estaba aquello que flotaba en filamentos acompañando una vez más a un recuerdo aleatorio. Ibiki le había dicho en alguna ocasión que los recuerdos no desaparecían, que sólo eran filtrados hacia el inconsciente ya que no eran necesarios para la subsistencia cotidiana. Y tenía que ser honesto consigo mismo: las emociones que evocaban eran algo que prefería que permaneciera bien en el fondo. Podía vivir con los reclamos de su conciencia, pero le era muy difícil hacerlo con recuerdos involuntarios. ¿Cuántos años tenía?, ¿dos, tres? Demasiado lejanos para su comodidad.

"Todo es en su debido momento, también me duele, Kakashi".

Había demasiado dolor emocional que creía ya haber dejado atrás.

–Ah… maldición… sería una buena opción sacar a Shiki de mi vida con su condenado cubo. Debería enviarlo directo a Suna de una patada en el trasero –murmuró, cerrando con brusquedad la llave del agua.

Salió del cuarto de baño, una toalla a la cintura y frotándose la cabellera con otra. Yūgao abrió mucho los ojos y le hizo una seña disimulada a Shiki. Éste apretó los ojos a manera de afirmación.

–El líder debió cubrir todas las posibilidades, incluyendo fallar –comenzó a hablar, en el tono que usaba cuando describía una táctica–. El grupo que lo acompañaba sufrió el mismo daño que nosotros, sin embargo su tiempo de reacción fue menor, lo que me lleva a suponer que todos ellos sabían lo que sucedería.
–No eran mercenarios –afirmó Shiki, desconocía los detalles de lo sucedido.
–No, eran un grupo coordinado. El kin-jutsu debió ser el plan de reserva.
–Primera línea en misión suicida –musitó Yūgao.
–De hecho.
–Al anular el jutsu lo dejaste sin más opciones que el enfrentamiento directo. Sólo se detuvieron cuando ustedes alcanzaron la franja fronteriza –razonó Shiki.
–Desconocían la fuerza de apoyo con la que tendrían que enfrentarse.
–Entonces se retiraron –dijo Yūgao.
Se replegaron. ¿Shiki?
–¡Vamos! Estoy encerrado aquí, necesito…
–Lo que necesitas está en esa caja –señaló sin inmutarse el revoltijo de papeles que tenía el archivero.
–¿Quieres decirme por qué entraste en 'modo Lobo'?
–No es algo de tu incumbencia.
–Te odio.
–Correspondido. Ahora mueve el trasero, bueno, no lo muevas –corrigió cuando vio la mirada alarmada de Yūgao– sólo… estudia, has tu cosa, no sé.

Salió de la recámara, lo escucharon bajar las escaleras y correr la puerta del dojo.

–¿Puede hacer ejercicio?
–Sabe sus límites, de todos modos… –puso cara de disculpa.
–See see… haré 'mi cosa' –dijo Shiki arqueando una ceja– anda ve.


N.A. Este capítulo fue reescrito varias veces hasta que me convenció y después… no conseguí hacerlo más corto, así que por esta vez hay material extra. Nuevamente me perdí en el camino de la vida, mis disculpas y gracias por leer.