Capítulo 11: Guardián.
"Las tentaciones, a diferencia de la oportunidades, siempre llaman dos veces." O. A. Battista.
Era un shinobi de la vieja escuela, eso era evidente en la fría dignidad con que parecía estar sobrellevando su situación. El vestuario había sido sustituido por un holgado conjunto de entrenamiento, aunque Asuma le había descrito el original a detalle y eso le revelaba como alguien apegado a las normas más estrictas del código ninja de siglos atrás. Apoyaba la barbilla en el pecho, casi obligado por las cadenas que le separaban los brazos a una distancia desde la cual era incapaz de realizar signos, las piernas también aseguradas por grilletes. El curtido rostro aparecía velado por una abundante mata de bronco cabello matizado de tonalidades grisáceas. Se acercó al hombre, caminando hacia él con actitud relajada, las manos cruzadas a la espalda, la máscara fija en su dirección.
El prisionero podía sentir la mirada escondida tras la barrera de porcelana analizándolo, disecándolo con una fría pasividad que impedía la menor lectura del lenguaje corporal. "Conoce a tu enemigo", pensó, el esbelto ANBU aplicaba al pie de la letra el famoso dicho. Llegó frente a él y se detuvo, ladeando ligeramente la cabeza.
–Querías verme –afirmó, la voz ahogada por la máscara.
–Así que eras tú, eso explica todo… agradezco que hayas accedido a venir, ANBU Lobo de Konoha –dijo, inclinando la cabeza a manera de saludo, hasta donde se lo permitían las cadenas.
–¿Te dejaste aprisionar sólo para verme?, ¿supongo que es un halago? –un suave bufido le contestó–. Un guardián fácil de atrapar.
–¿Cómo supiste que lo era? –preguntó, sin ocultar la sorpresa en su rostro.
–Todos ustedes tienen ese algo que los identifica –dijo, poniéndose de pie– son protectores, no asesinos.
–Supongo que la mujer te dio la reseña –dijo despectivo, escupiendo hacia el suelo.
–Kaia-chan no suele dar explicaciones de su conducta –respondió, sin abandonar la postura relajada.
–Como dijiste: me dejé atrapar.
–¿Dije eso? –respondió Lobo con una voz carente de matices–, ella es capaz de cortarte en pedacitos sin que te des cuenta. ¿Qué quieres?
–Como le dije al guardián, hablar.
–¿No es lo que estás haciendo?
–¡No en estas circunstancias! –jaloneó con brusquedad las cadenas.
–Oh. Imagino que quieres un tratamiento acorde a tus servicios a la realeza, esto es parte del protocolo de seguridad –se acercó a él y desprendió con facilidad las cadenas, el hombre lo miró confundido.
–¿Entonces no temes por tu seguridad?
–¿Debería?
El hombre rió una buena carcajada, liberando toda la tensión que había acumulado en la larga noche que estuvo en las instalaciones. El ANBU lo miraba imperturbable, sin moverse un ápice de su posición, aunque algo le decía que podía reaccionar instantáneamente. Se quedó perdido por un instante, la conducta atípica le dejó sin saber por dónde comenzar.
–Estás en peligro –afirmó, brusco.
–¿Lo estoy?
–Nadie desafía al guardián y sobrevive.
–¿Es eso una amenaza? Creí que querías respuestas, debí haberme equivocado –dijo dando media vuelta y alejándose hacia la puerta de la celda.
–¡No me refiero a mí! –exclamó, interponiéndose en su camino, poniendo una mano en el pecho de Lobo.
–No hagas eso –le advirtió con la misma voz átona, el hombre bajó la mano de inmediato, atontado por su propia falta de cuidado.
–Yageshi Tôshi, miembro de los doce guardianes de Taki no kuni. Sobreviví al encuentro con el guardián y no me enorgullezco de ello –bajó la voz.
Por primera vez el ANBU pareció interesado en lo que le estaba diciendo. Toshi bajó la vista, las arrugas surcando un rostro que había visto demasiado en un mundo hostil. Y ante él se encontraba un joven que parecía haber vivido lo mismo que él, pero que parecía manejarlo mejor. No le temía, eso era evidente por su falta de armas y armadura, la única protección que llevaba era un par de guantes índigo con guardas de acero, los finos dedos al descubierto.
–No hay sillas, pero el suelo está limpio, tengo que concederlo –se sentó con las piernas cruzadas. Toshi le imitó.
–Como dije, te buscaba a ti.
–Algo por el estilo me dijo Asuma, –Toshi lo miró interrogante– el de la barba, al que le llamas guardián… eso son… bastantes guardianes.
–Oh, así que ese era Sarutobi, otra leyenda.
Toshi parecía conocer los nombres de los shinobi, no así su apariencia, algo extraño en un mundo donde los libros Bingo proveían bastantes datos sobre los shinobi renombrados, fotografías incluidas. Lobo rió para sí, eso de las leyendas ya le estaba colmando la paciencia, volvió la máscara hacia una de las paredes. A Toshi le pareció como si se estuviera divirtiendo por un chiste personal.
–Tampoco creí que esto fuera una conversación privada –dijo Toshi siguiendo la dirección de la careta– y querías que yo lo supiera.
–No sé de qué hablas –Toshi rió suavemente, en realidad no le importaba si había o no testigos, era un prisionero, no dictaba las reglas.
–Murieron 5 de mis compañeros en ese secuestro. ¿No te preguntas qué puede ser tan importante?, y no me refiero a la vida de la princesa.
–Dímelo tú. Mi misión era recuperarla a ella.
–Y utilizaste la misma táctica que nosotros, ordenaste un grupo de contención y un grupo de extracción.
–Ah… así que siguieron mis órdenes –reflexionó Lobo en voz alta.
–Pero ustedes sobrevivieron.
–Y tu punto es…
–Como te dije, nadie y lo remarco, sobrevive a un encuentro con el guardián.
Lobo le miró por un instante e inclinó un poco la cabeza y Toshi pudo visualizarlo cerrando los ojos con exasperación, aunque su exterior sólo delatara una ligera elevación del pecho.
–Bien, no quieres preguntar: Los Hayabusa Kai.
–¡Uunnn momento! –Shiki irrumpió en la habitación, derrapando frente a Toshi que lo miró abriendo mucho los ojos.
–Me preguntaba cuánto tiempo tardarías –dijo Lobo, palmeó el piso a un lado suyo, Shiki parecía enojado, pero se sentó–. Los desconozco.
–Son un grupo de ninjas con un solo objetivo: proteger los artefactos. Están integrados por miembros de las tribus originales que los poseyeron. Natsuko-sama violó la prohibición y fue dada la orden para su exterminio.
–Extiende esa parte.
–Desde muchas generaciones atrás, la familia real de Taki no kuni ha sido el custodio de una de las 5 armas del pasado –Lobo miró hacia Shiki que ocultó la sorpresa lo mejor que pudo. – Cuando en el país del fuego, hace poco más de un año, se reportó la aparición y destrucción del Orbe de Sora junto con un complejo entero, Natsuko-sama decidió que la existencia del Amuleto del Rayo era un peligro para el país, así que decidió entregarlo a Konoha para que fuera sellado para siempre. De alguna manera se filtró la información, su vida se vio amenazada y al final todo terminó así –hizo un gesto vago, señalando las cadenas que lo aprisionaran.
–¿Es un grupo religioso? –preguntó Lobo.
–No, aunque su estructura jerárquica está organizada de manera similar –respondió Shiki, Toshi le miró.
–Hinorobu Shiki, el infame arqueólogo de Konoha –murmuró– es una sorpresa encontrarte aquí.
–Sí, bueno, la última excavación me dejó algo raspado –respondió Shiki– vacaciones forzadas.
–Querías respuestas, Toshi de Taki no kuni –recordó Lobo, alzando una mano para contener la cháchara de Shiki.
–¿El amuleto llegó a salvo?
–Me temo que esa en particular sólo puede dártela Natsuko-sama, solicita una audiencia con el daimyō –dijo Lobo, levantándose, seguido de Shiki.
–¿Sigo siendo prisionero?
–Esa respuesta tampoco me corresponde dártela.
–25 millones de ryu, creo comprender por qué te tasan tan alto, Hatake Kakashi.
Si hubo alguna sorpresa al escuchar la declaración de su nombre, el exterior no demostró nada, tampoco la soberana indiferencia con que caminó hacia la reja de la celda. Toshi se quedó sentado en el mismo lugar, mirando fijamente las baldosas del suelo. Escuchó, más que ver, la reja cerrarse y las pisadas amortiguadas perdiéndose hacia el final del largo corredor.
–¡Esto es increíble! –exclamó Shiki, siguiendo las largas zancadas de Lobo.
–¿Y bien?
–Es guardián, en efecto, el tatuaje de su antebrazo es auténtico –respondió Asuma; se había unido a ellos en cuanto abandonaron la celda.
–El pañuelo me parece menos doloroso –opinó Shiki, solemne.
–Algunos países prefieren el viejo método de marcado antes que los accesorios externos –dijo Asuma– creen que eso imbuye la lealtad en la sangre.
–¿Qué opinas? –le preguntó Lobo.
–Que dice la verdad, al menos una parte –afirmó Asuma.
–En efecto, algo oculta.
–Shika solicitó la confirmación de su identidad, llegó apenas antes que salieran de ahí –le mostró un pergamino, que Lobo fue leyendo sobre la marcha– todo concuerda, aunque tú ya lo sabías. Tal vez debiste decirle que ya no era un prisionero –comentó Asuma, divertido.
–Dejemos que lo deduzca solo.
–Proporcionó información sobre los Hayabusa –afirmó Shiki, comenzando a subir las largas escaleras que conducían a la superficie– lanzó el cebo.
–Y tú lo mordiste, como siempre –respondió Lobo.
–Dame algo de crédito, Lobo-chan. Si hubo filtración una vez puede haberla dos.
–Adicto a la adrenalina… quizá no es una exageración. Por cierto, Kaia me pidió que te dijera que llevaras tu trasero a su casa al menos una vez antes de que mueras –le dijo Asuma– Ah, e Ibiki mencionó que podías pasar por el juguete de Shiki –se dirigió a Lobo–. Yo iré a visitar a mi padre.
Apenas habían abandonado la cárcel de alta seguridad, Lobo lo condujo hacia los cuarteles de T&I, donde Ibiki les entregó cubo y duplicado. Tras pasar un par de horas en el cuartel ANBU, Shiki decidió dejarlos ahí e ir a visitar a su hermana. Salió del lugar sumido en sus pensamientos. Cierto, deseaba intentar combinaciones, con la esperanza de que alguna de ellas formara una imagen conocida, algo que le mostrara el objetivo del artefacto. Los antiguos solían grabar 'ideas' en ellos como advertencia para los incautos, quizá alguna de ellas coincidiera con al menos una que él conociera. Ahora, tras la pequeña charla con el guardián, las sociedades secretas eran algo alejado de su campo, aunque él solía explorarlas por diversión; sabía que tendría que ahondar en el terreno de la antropología. Salió de sus pensamientos tratando de descubrir a qué hora se le habían pegado Kakashi y sus patitos.
Entró al bar, seguido por la tribu completa. Hasta cierto punto agradecía la presencia del equipo insignia de ANBU, aunque fueran vestidos con el uniforme estándar de jounin. Había poca actividad, ya que apenas era mediodía. Kaia fumaba un cigarrillo, los antebrazos apoyados en la barra, platicaba con uno de los clientes en voz baja. En cuanto los vio les indicó la discreta mesa que siempre estaba dispuesta para Lobo y su grupo. Sin más preámbulos despidió al cliente y se dirigió hacia ellos con una bandeja de bebidas que colocó sobre la mesa; una rápida secuencia de signos los aisló del mundo exterior.
–Hermana –saludó Shiki.
–Fuiste descubierto, idiota –dijo, dándole un sonoro coscorrón– hice algunas indagaciones en esa aldea mercenaria del país de la Hierba. ¿Recuerdas? hace poco más de un año.
–Kaia-chaaan –se quejó, sobándose la cabeza– tuve que volar mi fachada, estos estaban en problemas –se excusó.
–Me preguntaba cómo es qué apareciste justo a tiempo –comentó Genma.
–Me quedaba de camino –respondió, jalando una silla–. Sandaime-sama me envió a investigar la suerte de los guardianes. Considerando que son shinobi de alto nivel, le pareció sospechoso que Taki no solicitara la búsqueda de algún sobreviviente o la limpieza de sus restos. Un país pequeño no puede darse el lujo de perder a sus guardianes.
–Descubriste al sobreviviente –afirmó Kakashi.
–Sí y no –se sirvió una taza de sake–. Llegué ahí un día después del secuestro, el rastro llegaba a la aldea de la frontera de la Hierba, pero siempre iba atrás de él. Estuvo preguntando por el orbe, Shiki. Aunque ahí desconocían tu nombre y procedencia, tus características físicas son suficientes para identificarte, eres recordado como el traidor que se alió con los ladrones.
–Mi plan era más sutil, pensaba sustituirlo por una copia –se excusó.
–Entonces el 'sí y no'… –comenzó Kakashi.
–Nunca llegué a obtener una descripción de él, nadie parecía recordarlo, sólo sus hechos. Seguí su rastro hasta la aldea de la Liana, también en territorio de Kusa y ahí me enteré que se había reunido con un grupo misterioso y habían partido al amanecer rumbo al país del Fuego. Ahí es donde los encontré mocoso –volvió la vista hacia Genma.
–El grupo misterioso… –dijo Shiki– ¿descubriste algo sobre ellos?
–No mucho… parecen vivir ahí desde hace mucho tiempo, aunque no se relacionan con nadie de la aldea, son una especie de clan cerrado y nadie del lugar sabe su origen, son inofensivos; es todo lo que sabían los aldeanos.
–Los datos sobre él afirman que es originario de esa aldea, Ka-ia-chan –dijo Kakashi.
–Kusa es un país pequeño, pero en el pasado examen chūnin envió participantes –comentó Tenzô– por lo tanto su aldea oculta aún produce shinobi. ¿El clan posee alguna técnica de barrera de sangre?
–Odio tener que decirlo, pero no me detuve a investigar, tenía que encontrarlo y saber cuáles eran sus planes al reunir un grupo tan numeroso –contestó, molesta.
–Eso nos salvó el trasero –dijo Genma, enfático.
–El hombre dijo que quería respuestas Kakashi, ¿obtuviste algunas? –preguntó Kaia.
–Es posible que vengan en busca del amuleto.
–Y al ser el último que estuvo en contacto con él, es tu trasero el que buscan –afirmó Kaia.
–Shiki, creo que sería conveniente que platicaras a solas con tu hermana –dijo Kakashi, levantándose seguido de Tenzô, Gai y Genma.
Kaia deshizo la barrera, sólo el tiempo suficiente para que desaparecieran, sin desviar la mirada hacia ellos. Shiki apuró una taza de sake, desviando la vista de los inquisidores ojos de su hermana. Kakashi lo había puesto en un verdadero apuro, aunque era cierto que había ido a verla voluntariamente, no era el escenario que él había planeado. Decidió comenzar con la verdad.
–El guardián puso un cebo, pero yo le ofrecí a cambio algo en qué pensar.
–Que no tiene nada que ver con el cubo que te afloja las emociones –dijo ella, exhalando una bocanada de humo hacia él, que tosió ruidosamente.
–Deberías dejarlo, es malo para la salud –dijo, los ojos llorosos.
–Como lo es robar artefactos de un país aliado, diría que una muerte escogida es preferible a lo que te harían si lo descubrieran.
–Kaia… yo…
–Déjalo –suspiró– sé que estabas haciendo tu trabajo.
Shiki se sirvió otra taza de sake, su hermana nunca había aprobado lo que consideraba no era un verdadero trabajo ninja. Ahora parecía aceptarlo y eso lo aterrorizaba indeciblemente.
–Y el humo sirve para que no vean tus labios, animal –le acomodó otro coscorrón–. ¿Por qué crees que seguirían al cubo y no al amuleto?
–¡Duele! … es un gambito, si van por uno, irán por dos –encogió los hombros.
–No pretendía ser una caricia. Háblame de ellos.
–Los Hayabusa son una especie de sociedad secreta, su origen se pierde en el inicio de los tiempos, no existen registros de su procedencia, tampoco de sus actividades. Aparecen y desaparecen de la historia escrita y a su alrededor se han tejido muchas leyendas.
–Que creerás como lo haces siempre.
–Las leyendas-
–Ya sé, tienen un núcleo de verdad –lo interrumpió– Sandaime es tan fantasioso como tú.
–Esas fantasías-
–Shiki…
–De acuerdo, no hablaré de ello –dijo, reconociendo el tono de advertencia.
–Sabes que puedes quedarte aquí, ¿verdad? –dijo ella, apagando el cigarrillo y bebiendo una taza de sake.
–Lo sé.
–Sólo quería asegurarme. Ve a reunirte con los mocosos –se levantó, deshaciendo la barrera nuevamente– lleva ese paquete para Kakashi –señaló la barra.
Asintió, Kaia le mostraba su afecto de manera extraña. Los 'paquetes', como ella les llamaba, generalmente contenían un obsequio para Kakashi y varios para él. Sonrió disimulado, Kakashi siempre había sido especial para ella al ser hijo de su maestro, Genma también entraba dentro de los cariños de la mujer ya que había cuidado de Kakashi desde que se re-integrara al escuadrón ANBU, poco después de la muerte de Minato.
"Yondaime se preocupaba por él, a pesar de ser un ANBU no deja de ser un niño aún", le había dicho Genma en alguna borrachera. Caminó, pensando en los curiosos lazos que unían a la gente.
Hiruzen se quitó el sombrero, acomodando su cansada humanidad en los cojines a los que era proclive. Kakashi había sido, como siempre, parco en la descripción de la conversación con el guardián, asumiendo que Hiruzen rellenaría los huecos que dejara intencionalmente. Terminando su informe, le indicó que Shiki se encontraba pasando un rato con su hermana.
Ahora se encontraba revisando los detalles de la misión que le entregara. Memorizando todo lo necesario. Sarutobi esperaba sus preguntas.
–Esta misión… –comenzó, deteniéndose ante la inquisitiva mirada del joven, que había despegado la vista del pergamino.
–Proteger a Konoha es la prioridad. Shiki supone que si la información se filtró en el grupo cercano al guardián de Natsuko-sama, entonces se puede repetir el proceso.
–Un guardián tiene un juramento.
–Es posible que él no sea exactamente la fuente de la filtración –respondió Kakashi.
–Y es posible que sí lo sea –tanteó Sarutobi.
–Especular sobre ello carece de sentido. Shiki ya había barajado la posibilidad de que un grupo fanático estuviera involucrado y que yo me hubiera convertido en el blanco.
–Así que decidió convertirse en blanco solidario al deslizar la información de la excavación. Si su proyección es acertada, entonces lo siguiente que hará es averiguar cuál fue su última misión.
–Y si es cierto lo que dijo el guardián sobre el origen de los Hayabusa, ligar las ruinas de Thopar a uno de los artefactos prohibidos será lo próximo que hagan.
–No les será difícil –murmuró Sarutobi– en Kusa podrán desconocer su identidad, pero sumar uno más uno no es tan complicado. Aunado a que esta situación garantiza la seguridad de Natsuko-sama…
–Tendemos a poner atención sólo a aquello que nos afecta directamente.
Sarutobi asintió, Kakashi tenía razón, la atención del daimyō sobre el costo de la misión se vería atenuado en gran manera al garantizar de manera absoluta la seguridad de un asilado de la realeza de otro país en la tierra del Fuego. Se quedó en silencio, permitiéndole continuar con el proceso de memorización de los detalles de la misión. Parte del protocolo para ese tipo de asignaciones era destruir el pergamino antes de abandonar la protección de la oficina del Hokage.
–Tus chicos me darían la lata por largo tiempo si les dejo fuera ¿verdad?
–Puede ordenarles que permanezcan aquí –respondió, sin separar la vista del pergamino.
Sarutobi rió. A pesar de su actitud concentrada, era capaz de responder a la broma. No se le ocurriría enviarlo sin ellos, sobre todo por el hecho de que todo el montaje de la misión estaba destinado a convertir en cebos a dos de sus shinobi más importantes. Era el tipo de asignación que el escuadrón detestaba, porque les obligaba a permanecer a la espera del siguiente movimiento del enemigo.
Había pocas cosas en la vida que sacudieran sus cimientos. Rin era una de ellas, el eje alrededor del que giraban sus sentimientos más ocultos. La vio entrar a su oficina y le sonrió, señalándole la silla frente a la mesa que le servía de escritorio. Era una bella mujer, de una belleza sin ostentaciones, alguien que atraía la mirada por la misma sencillez de su persona.
–Ser ANBU no es tan glamoroso como se cree –comenzó– encontrarás que el trabajo es el mismo, sólo que un poco más… complicado.
–Porque es complicado es la razón de que estés a cargo, ¿me equivoco, Kakashi?
–Maa… en realidad quien estará a cargo tuyo es Ishin. Los medi-nin del escuadrón son de combate.
–Entendido.
–Tu taijutsu es muy bueno, pero no es suficiente. Estarás en entrenamiento por algunos meses antes de ser enviada a misión.
–Entendido.
–Rin, tienes que entender que un ANBU médico…
–No espero que me trates diferente, Kakashi –murmuró, bajando la vista.
Mala idea, se dijo, había creído que podría manejar la situación deshaciéndose de sus emociones, pero éstas parecían ser más pegajosas desde que Shiki y el bendito cubo irrumpieran en su vida. Se sentía permeable a las emociones de los demás, mantener el desapego que le permitía observar y analizar las situaciones con objetividad le estaba resultando cada día más difícil.
–¿Sabes lo que es el karma? –preguntó de pronto, rompiendo el silencio que se había creado entre ambos.
–Una especie de ley cósmica de retribución, ¿o no?, no creo en ello y te conozco, tampoco tú.
–No como religión, aunque sí creo que una decisión marca el inicio del ciclo causa-efecto. Es como el efecto mariposa.
Rin le miró, Kakashi solía decir frases extrañas, asumiendo que los demás eran capaces de seguir el rumbo de sus pensamientos. Pensó que en realidad su amigo no había cambiado nada.
–¿Te refieres a..?
–Vamos, conozco una taberna donde preparan entremeses deliciosos –dijo alegre, tomándola del codo.
"No puedes adivinar el futuro, Kakashi, pero puedes forjarlo". El sonido de la voz de su padre ya no le causó extrañeza, los recuerdos seguían volviendo en momentos inesperados, pero había decidido seguir el consejo de Ibiki: aceptarlos. Sonrió, antes de hacer los sellos que los trasladaran a la taberna.
Tenzo entró a la oficina con un pergamino en mano.
–Sempai, Sandaime…
Miró alrededor y sólo pudo percibir el leve residuo del ozono, así como el familiar aroma del perfume de Rin.
N.A. Cierre de año bastante difícil, demasiado qué hacer y poco tiempo. Como ya he dicho anteriormente: no se preocupen, la historia tendrá un fin, no me gusta acumular mal karma (es el tiempo lo que me anda escaseando) en fin ¡Gracias a los que aún siguen leyendo! ^^ Feliz 2012, deseo de corazón que este año sea para ustedesa como ustedes quieren que sea. Luz y paz.
