Capítulo 12: Colisión.
"El único encanto del pasado consiste en que es el pasado".
Oscar Wilde
No nos gustan los cambios, siempre causan inquietud cuando están por producirse, no importa cuántos hayas vivido en su momento, siempre existe cierta resistencia e incertidumbre, un loco aferrarse a un pasado que ya fue, así hubiera sido malo. Aunque este era tan solo un cambio más en la larga carrera que iniciara desde que ingresó a la Academia. Sarutobi le había dicho hacía un par de días que había llegado el momento de cambiar como shinobi, de integrarse a los especialistas, algo muy merecido ya que había rebasado con creces las expectativas de su sensei y las de Minato, pero eso no lo hacía del todo feliz.
Había límites de tiempo de permanencia en el servicio ANBU, era algo que más de medio siglo de experiencia les había enseñado con duras lecciones. Tenía que reconocerlo, el tiempo al servicio de Yondaime había sido estupendo, lo había tomado como su guardaespaldas no obstante las protestas del Consejo, decían que era muy joven para semejante responsabilidad, pero lo había aceptado y había terminado de pulirlo hasta convertirle en élite. Al contrario de Raido, que había permanecido al servicio de Sarutobi casi de turno completo, él había decidido regresar a ANBU tras la muerte de Minato aunque su equipo original se encontraba dividido, después de todo un ANBU era capaz de adaptarse a cualquier equipo al que le asignaran. "Hay asignaciones que duran toda la vida", se dijo mientras bebía un sorbo de su té; desde que Kakashi ingresara al escuadrón, él había tomado la tarea de protegerlo en ausencia de Minato y menuda tarea había sido.
Estaba recostado en la silla frente al escritorio vacío, las piernas posadas sobre la superficie. Kakashi no se veía por ninguna parte y Tenzô sólo le había gruñido algo ininteligible que vagamente le había parecido un "déjalo por la paz". Se removió inquieto, era raro que Kakashi no estuviera en su cuartel si no estaba en misión, tampoco estaba con Shiki, ya que éste se encontraba desde hacía horas con la nariz metida en quién sabe qué libros extraños en la biblioteca.
–¡Genma-kun! –exclamó Gai, irrumpiendo en la oficina y haciéndolo derramar el té al bajar las piernas del escritorio.
–Gai, ¿qué sucede? –preguntó, sacudiéndose la ropa.
–He buscado a mi rival por todo Konoha y no lo encuentro. Y Tenzô sólo me dijo algo que no entendí –frunció el ceño– y que viniera contigo.
–Ah, a mí también me gruñó. ¿Necesitabas algo?
–Estaba ejercitándome cuando pensé que hacía tiempo que Kakashi no aceptaba uno de mis retos, así que decidí venir a ofrecerle una prueba de resistencia. ¿Sabes dónde está?
–No, pero… –se detuvo un momento, el despiste de Gai podía rayar en la indiscreción– es mejor que no lo busques. Puedes esperarlo conmigo –encogió los hombros–, pensándolo bien… ¿qué te parece si vamos a sacar a Shiki de su ratonera y lo embriagamos hasta que pierda neuronas? Cuenta como competencia, ¿no?
–Pero… mañana saldremos en misión. También quería preguntarle sobre ello.
–Es de esas donde no suele dar detalles –dijo para convencerlo de su propósito– la idea es que entre menos sepamos saldrá mejor, anda vamos –dejó la taza vacía sobre el escritorio, alguno de limpieza se encargaría de recogerla.
Si había algo que caracterizara a las dos personalidades de Kakashi era la obsesiva discreción con que manejaba sus relaciones amorosas, pensó, la respuesta evasiva de Tenzô y que le hubiera enviado a Gai, eran indicios suficientes de que esta era "una de esas situaciones", lo mejor era entretenerlo el tiempo necesario para que Kakashi estuviera en paz, ya que cuando a Gai se le metía en la cabeza la idea de una competencia, buscaba a su rival hasta debajo de las piedras. Agradeció a Kami que Gai fuera tan cándido, suspiró, pidiéndole de paso que le diera la resistencia suficiente para aguantar el ritmo de ese dínamo humano.
Su mente parecía evadir el núcleo del asunto, pensó con cinismo; en ocasiones se había preguntado qué diría Óbito si decidiera dejar el pasado como lo que era e iniciar una relación con Rin en lugar de evadirse una y otra vez en los brazos de otras mujeres. También sabía la respuesta que le daría, Óbito era capaz de renunciar a todo con tal de que los demás fueran felices.
No habían sido amigos por mucho tiempo, estaba consciente de ello, al menos no lo había considerado como tal. Era uno de sus arrepentimientos. En esa época la amistad no era una de sus prioridades, las malditas hormonas de la pubertad lo traían loco, su importancia personal era desmesurada y todos aquellos que no alcanzaban sus estándares –la mayoría de sus semejantes– eran desechados en su consideración.
Gai era caso aparte, se había colado en su vida a fuerza de insistencia y él había deshecho la coraza para permitirle entrar en su corazón; ahí había permanecido desde entonces, inmutable, intocable, con todas sus rarezas, dándole una perspectiva distinta al caos en que se había convertido su vida, aunque entonces él no lo supiera. El aislamiento había sido su reacción para enfrentar el dolor de perder a su padre, había adoptado la excelencia ninja como una forma de vida, haciendo caso omiso del impacto que tenía entre la gente que lo rodeaba. Pero eso era el pasado, uno que se había encargado de darle duras lecciones.
Ibiki había dicho acéptalo y eso era una palabra que abarcaba un demonial de cosas. Era capaz de aceptar incondicionalmente a la gente que le rodeaba, pero no lograba aceptarse a sí mismo con todas esas fallas que sabía que tenía. Rin le sonrió, con esa sonrisa dulce que parecía reservada para él, con esos ojos que parecían decirle que siempre lo esperaría. Había tanto amor en su mirada…
Sintió un hueco en el estómago, tal vez no era buena idea. No la merecía, dudaba que pudiera hacerla feliz. No él.
–… y llegó desangrándose, ¿puedes creerlo? Cualquier ninja puede aplicar un vendaje –decía, él cayó en cuenta que había dejado de escucharla desde hacía rato– es sólo que… se bloquean o algo así.
La plática era semejante a las que sostenían cada vez que apartaba un tiempo para acompañarla a almorzar en los jardines del hospital. Ella le contaba cómo había ido su día y él sólo la escuchaba. Rió abiertamente, contento de verla feliz. Quizá era cierto que él tenía en sus manos la capacidad de hacerla feliz sin darle otra cosa aparte de sí mismo y ese pensamiento lo confundía, pero a la vez lo llenaba de un extraño sentimiento de alegría insana. De esperanza.
–Es… raro escucharte reír así, –dijo, él calló en cuanto pronunció las palabras, bajando la cabeza– ¡pero me gusta! –añadió apresurada, tratando de reparar el daño.
El tabernero les había cedido una mesa conciliada por pesados cortinajes, aislándolos de las miradas curiosas de los parroquianos que en su mayoría eran civiles. Kakashi bajó la máscara y dio un trago a su sake, tratando de que el hueco en el estómago se llenara con algo.
–Temo preguntar qué tan seguido vienes aquí –afirmó ella, imitándolo, se sentía torpe. Las palabras consiguieron otra risa de Kakashi.
Y nuevamente Rin deseó que se la tragara la tierra, lo que había dicho era una evidente manifestación de celos. Se dejó la taza pegada a la boca, esperando que el calor desapareciera del rostro. Pero la mano de Kakashi tomó la suya, haciendo que posara la taza en la mesa, mirándola fijamente, con ambos ojos, un residuo de risa aún brillando en ellos. Extendió la otra mano y la tomó de la nuca, atrayéndola hacia él con suavidad, Rin sintió los labios posarse sobre los suyos y cerró los ojos, deseando que el tiempo se congelara en ese instante que, no lo dudasba, permanecería grabado en su memoria.
–¡Bien, a mover el trasero! –dijo Shiki, prácticamente arrastrando a Genma y a Gai hacia la puerta norte.
–¿Quieres bajar el volumen de tu maldita voz? –protestó Genma, Gai sólo se cubrió los oídos.
–No es mi culpa que sus niveles de tolerancia al alcohol estén por debajo de cero. Caminen, que vamos con retraso.
–Al menos tapas el sol –dijo Genma.
–No animal, está nublado ¿quieres abrir los ojos? No soy ningún lazarillo.
–Tch.
–Por Kami, ustedes dos son los ninja más ruidosos que ha visto Konoha –protestó Tenzô, aceleró el paso.
–Oi jefe, desde ayer andas ins-hic-portable. Rayos, ahora tengo hic-po –protestó Genma, tapándose ambas fosas nasales.
Tenzô movió la cabeza con incredulidad, había llegado al punto de encuentro y ninguno del equipo estaba ahí, tras esperarlos un rato regresó a la aldea, los guardias de la puerta norte le informaron que no habían salido aún, así que decidió ir a buscarlos; la casa de Gai estaba vacía, entonces recordó que lo había enviado con Genma, así que probablemente estarían ebrios en su departamento, se dirigió ahí pero tampoco había nadie.
Al quedarse sin opciones decidió ir en busca de Kakashi, llamó educadamente a la puerta, deseando no interrumpir algún asunto privado, pero quien le abrió fue Shiki; lo invitó a entrar y antes de que pudiera preguntarle algo señaló a Genma y Gai, que estaban tirados uno en el sofá y el otro en el suelo. Los tuvo que despertar y mientras preparaba el café, los envió a bañarse. Shiki se ofreció a ir a sus respectivos hogares a recoger las mochilas y cuando volvió prácticamente tuvo que ayudarle a despegarlos del sofá. No, no se encontraba de buen humor.
–Anda jefe, suéltalo, ¿con quién está? –preguntó Genma en voz baja, deshaciéndose del brazo de Shiki y acercándose a Tenzô.
–No sé de qué me hablas. ¡Dense prisa!, senpai debe estar esperándonos –ordenó, acelerando el paso, mintiendo sin ambages; sabía que Kakashi no estaba en el punto de encuentro.
–Oh, ¿también se te hizo tarde Tenzô-kun? –preguntó Gai, bizqueando, aún se sentía mareado.
–Eh, sí, un poco.
Genma percibió el ligero color que le cubrió las mejillas y decidió dejarlo en paz. Conforme se acercaban a la salida, el nerviosismo de Tenzô pareció aumentar, no se veía a Kakashi por ningún lado, posó la mano en el hombro del chico y le sonrió, haciendo que se ruborizara aún más, se apartó de él y emparejó a sus otros compañeros; Shiki parecía omiso de todo, con una mano arrastraba a Gai y en la otra traía un libro abierto que iba leyendo mientras caminaba. Genma sonrió para sí, su amigo seguía teniendo una tolerancia extraordinaria al alcohol, en cuanto a Gai estaba seguro que se recuperaría en poco tiempo, gracias a su envidiable condición física.
–Tengo una teoría –afirmó Genma, decidido a molestarlo, Shiki volvió la vista hacia él, empacando su libro en el bolsillo trasero, mostrándose interesado.
–Te escucho.
–Creo que el alcohol no se te sube al cerebro por una razón bien sencilla.
–Ah, eso, a ver, dime tu teoría –contestó Shiki, lamentándose de haber abandonado su lectura.
–No puede encontrarlo –Shiki le tiró un derechazo que Genma evadió riendo.
–Ustedes dos se aman –dijo Tenzô, moviendo la cabeza, el humor de Genma aminoraba un poco su preocupación.
–Maa, ¿tan temprano y ya con traiciones? –preguntó Kakashi aterrizando frente a ellos.
–¡Senpai! –saludó Tenzô, sintiéndose aliviado–. N-no… es tan temprano.
–Me detuve a ayudar a una ancianita a llevar las compras a su casa.
–¿Hasta Suna? –preguntó Genma
Kakashi sólo sonrió y arrancó, imponiendo el ritmo acelerado que ya les era familiar, indicándoles el rumbo. Había caído la noche cuando por fin marcó el alto. Siguiendo sus señales, Gai salió disparado a verificar y trampear el perímetro seguido de Genma, en tanto los restantes montaban el campamento y encendían la fogata. Se sentaron alrededor del fuego, en un círculo cerrado. Se repartieron los termos y las barras energéticas que serían su alimento hasta que Kakashi decidiera continuar el viaje.
Genma lo miró. Todos ellos solían seguirlo sin importar a dónde fuera o qué tipo de misión tendrían que realizar, tampoco importaba si les daba los detalles o no, su sincronización era perfecta y su confianza en él era absoluta, no había cabida para segundos pensamientos. Ese era uno de los motivos que hacían famoso y temido al equipo lobo. Desde el punto de vista de alguien ajeno a ANBU sólo seguían órdenes y en eso estaban equivocados, Kakashi tenía la rara habilidad de conseguir que cualquiera pudiera integrarse al equipo porque, también, depositaba una confianza absoluta en ellos. En cierta forma, todo ANBU era el "Equipo Lobo".
–Bien, esto no es una misión real, aunque tenemos que conseguir que lo parezca. Shiki, tú y yo somos los cebos, asumo que traes el cubo –Shiki asintió– me entregaron este recuerdo –abrió el cierre del chaleco y mostró el estuche que ya conocían– ¡Mantén tus patas alejadas de mí! –advirtió, deteniendo con un ademán a Shiki que casi se le echaba encima para examinar el artefacto.
–Pero Kakashi… necesito saber de qué está he…
–Turmalina indigolita, como sabes, tiene propiedades piezoeléctricas. Investigación supone que es posible que reaccione con mi chakra, aunque no fueron capaces de descubrir qué tipo de reacción y antes de que preguntes no tengo la intención de averiguarlo. Le colocaron un sello elemental, que sólo yo puedo desactivar–agregó mirándolo recriminador–, por precaución.
–De acuerdo –dijo Shiki de mala gana.
–Shika preparó un montaje. Nuestros compañeros no saben nada del objetivo real de esta misión.
–Ni nosotros, ¿te importaría? –preguntó Genma.
–Eliminar a los guardianes de las reliquias. El Consejo ha determinado que se convirtieron en una amenaza para la seguridad de Konoha desde el momento en que se le dio asilo a una persona de la casa real de Taki no Kuni. Estiman que es necesario descartar la posibilidad de cualquier atentado contra la princesa que pueda poner en peligro la reputación del país del Fuego.
–Cubriendo sus traseros, ¿por qué no me extraña? –gruñó Genma.
–Inteligencia ha esparcido la 'noticia' de que el famoso arqueólogo de Konoha, Hinorobu Shiki, ha sido contratado por el país de la Tierra para investigar una extraña reliquia que se dice se encuentra oculta en las ruinas del Ópalo. Será escoltado y protegido por un equipo jônin mientras dure la excavación ya que aún se encuentra convaleciente de su última misión.
–¿Convaleciente? –protestó Shiki.
–Había que endulzar más el cebo. Si las proyecciones de Shika son correctas, los Hayabusa tratarán nuevamente de obtener esto –señaló su pecho– y a la vez impedir que Shiki consiga la cuarta reliquia.
–Senpai…
–Lo sé, Tenzô. Tsuchi accedió a permitirle a Konoha colocar personal en la excavación, pero no todos serán civiles, ningún civil sobreviviría a un encuentro con ellos. Hay ANBU en la avanzada, se fueron integrando entre el personal flotante.
–Por supuesto, es un gambito, ¿no Kakashi? –afirmó Shiki.
–Quisiera que no fuera así, pero tienes razón, si el guardián es el espía…
–Puede haber daño colateral –dijo Gai.
–El Tsuchikage sabe quiénes somos –dijo Tenzô– hemos hecho varias misiones ANBU de recuperación para él.
–Sé lo que quieres decir, Tenzô, pero tendremos soporte; Tsuchi carece de policía militar, pero eso no implica que los shinobi de Iwa sean ineficaces.
–Tsuchi no es precisamente fan de Konoha –murmuró Genma, la situación no le gustaba nada, el Tsuchikage era un hueso duro de roer, era astuto y probablemente descubriera el objetivo real de su presencia.
–De acuerdo, descansen. Después de todo no hay prisa en llegar a Tsuchi –dijo Kakashi– Gai y yo haremos la primera guardia.
Ir al país de la Tierra no era algo que un shinobi de Konoha apreciara, había demasiados malos recuerdos en juego, demasiadas tretas jugadas en el pasado por los supuestos aliados. Miró a Tenzô dormitar inquieto en su bolsa de dormir, Shiki no parecía afectado y Genma dormía a pierna suelta, recuperándose por fin de la resaca con que había despertado. El escenario planteado por Shikaku cubría todos los detalles imaginables, así era como trabajaba su privilegiada mente, pero incluso él había puesto reparos a la inclusión de Tenzô en la misión. Gai se acercó a él, sacándolo de sus pensamientos, le tendió un termo con café.
–Gracias.
–Saldremos de esta, Kakashi.
–¿Eh? –miró a Gai, sorprendido.
–Son muy fuertes, pero nosotros somos mejores.
–Supongo.
–En todo caso eso no es el motivo de tu preocupación…
–¿Estoy preocupado?
Desvió la mirada, Gai podía ser muy insistente si se lo proponía, tampoco podía ocultarle las cosas por mucho tiempo. Sí, estaba preocupado, Iwa poseía una codicia sin igual en el mundo shinobi en cuanto a Kekei Genkai, se esforzaban en apropiarse de ellos, muchas veces de manera poco ética. Tenzô tenían una de las barreras de sangre más notorias de Konoha, mostrar sus habilidades podía ser contraproducente.
"El pasado tiende a repetirse".
–Así es –respondió distraído, el sonido de la voz de su padre ya no le causaba extrañeza, Gai le miró, frunciendo el ceño.
–¿Estás preocupado?
–No dije que lo estuviera –Gai le miró, confundido– E-es el… fantasma –aclaró.
–Ah. Un fantasma… ¿fan-?
Pisaba terreno desconocido y eso le causaba inquietud; las sociedades secretas estaban constituidas por miembros que creían sin duda alguna en sus dogmas, en preceptos imbuidos por tradición en su sangre y corazón. Kakashi no era alguien que luchara sin conocer antes la forma de pelear del enemigo, sin entenderlo antes, analizaba los hechos y las estrategias en el campo de batalla, hasta averiguar sus habilidades. La dura lucha que habían sostenido con los Hayabusa le había dejado claro que estaban perfectamente sincronizados, la prueba era la manera en que afrontaron el terrible dolor físico del jutsu prohibido. Según las reglas de Konoha, sólo se le causaba daño a un camarada si no había otra opción e incluso ese daño era limitado. Cualquier ANBU correría sin vacilación hacia una muerte segura si él se lo ordenaba, pero dudaba poder hacer lo mismo que el capitán del enemigo.
Temía por su equipo, no por él mismo.
"Somos shinobi, tenemos que hacer las misiones Kakashi, te gusten o no". Sakumo le reprendía con suavidad, Kakashi guardaba un obstinado silencio, a eso se limitaba su berrinche; entregar un paquete no le parecía tarea para un ninja, pero recordaba haber visto a genin mayores que él persiguiendo gatos. Cierto, él no había tenido que atrapar animales fugitivos, tomó el paquete y se despidió de su padre.
Esta era una de esas misiones que no le gustaban porque él mismo se sentía en la necesidad de proteger lo que era importante a costa de lo que fuera. Los Hayabusa consideraban importante proteger las reliquias. Un carraspeo que pretendía ser discreto lo sacó de sus pensamientos.
–Tenzô-kun está preocupado por ti.
–¿Tenzô?
–De acuerdo… yo estoy preocupado. Pero me mandó con Genma, así que imagino que tu ausencia tenía que ver con alguna hermosa dama.
Kakashi sonrió, bajando la cabeza, la curiosidad de Gai rayaba en la indiscreción.
–¿No vas a decir nada?
–No hay nada qué decir.
–Entiendo.
–Hay veces que el pasado choca con el presente, ¿no es así?
–Quisiera saber de qué estás hablando –murmuró Gai, desconcertado.
Kakashi tenía esos giros de conversación que lo dejaban sin saber qué contestar. Genma le había contado entre copas las peculiares reacciones que el cubo de Shiki causaba en su amigo, tal vez era eso. Shiki había bromeado al respecto, había dicho algo así como que era un infierno para él encontrarse permanentemente en el "modo humano", al principio no lo había entendido, para él Kakashi no sólo era su rival, lo conocía, era alguien muy humano… podía ser vulnerable, pensar en esa última palabra le hizo comprender lo que Shiki dijera en broma. A Kakashi no le gustaba ser vulnerable.
–Genma te debe haber dicho algo sobre el cubo. Causa una especie de colisión entre el pasado y el presente. En vez de separarse se mezclan en una realidad aparte –Gai lo miró, enarcando las cejas, totalmente confundido–. El punto es… que me estoy acostumbrando a ello.
–Te refieres a que cuando desaparezca…
–Será difícil volver a la normalidad –dijo, con su sonrisa de ojo que no engañaba a Gai.
–Ese es un estado que dudo que conozcas.
–Creí que dormías, Shiki-kun –comentó Gai.
–Me cuesta dormir mucho… sobre todo cuando voy a iniciar una excavación. ¿Te sustituyo?
Gai asintió, a pesar de su resistencia se sentía drenado, no quería reconocerlo pero hacía bastante tiempo que no se alcoholizaba de tal manera. Se dirigió hacia la fogata y se metió en su bolsa de dormir, un par de horas extra de sueño no le caerían nada mal.
Shiki se sentó a un lado de Kakashi.
–Tengo que decírtelo.
–¿Decirme qué? –preguntó Kakashi, alerta.
–La 'falsa noticia' es real… quiero decir que en efecto, una de las reliquias se encuentra en ese sitio, dudo que lo sepan.
–¿Y pensabas decírmelo cuándo?
–¡Vamos Kakashi, no sabía a dónde iríamos!
–Eso cambia las cosas. Si te digo que deberás olvidarte de ella…
–Sabes que no lo haré.
–Lo supuse –suspiró Kakashi–. Espero tengas plan de reserva.
Lo tenía, pero no era algo que quisiera compartir.
N.A. Gracias por seguir leyendo. Gracias por sus review y por ser tan pacientes.
