Capítulo 13: Ancla.

"El hombre puede ser destruido, pero no derrotado".
Ernest Hemingway.

Tsuchi era un país extenso, de geografía accidentada, profundas hondonadas se alternaban con peligrosos precipicios, altas montañas con áridas planicies donde los vientos doblaban en su inclemencia a la resistente vegetación que cubría el paisaje.

Kakashi se encontraba parado en el borde del precipicio, el viento agitaba su cabellera mientras oteaba en dirección a éste, tratando de percibir cualquier cosa que le indicara la cercanía de sus aliados. Entornó los ojos, hacia el final del abismo se escuchaba el característico sonido del agua azotando las paredes de roca, un río, se dijo, que no alcanzaba a ver pero cuyo estruendoso caudal se hacía oír.

–Se han demorado –dijo Tenzô, acercándose a él, deseando por primera vez la protección de la careta de porcelana.
–No hemos llegado al punto de encuentro, Tenzô –respondió Kakashi con voz ausente.
–¿Esperas una emboscada?
–No, ¿ves esa humareda, a las 12:30?
–Errr, no tengo tan buena vista como tú, senpai.
–Usa estos –le tendió unos prismáticos que su compañero tomó– ese es el punto de encuentro, nos esperan al caer la tarde.
–Otro precipicio… esto es terreno para cabras –comentó Tenzô, apuntando los prismáticos hacia la zona general que le señalaba.
–Hay muchas –intervino Shiki– les gustan los lugares altos. ¿Sigues cabreado conmigo Kakashi?
–No lo estoy.
–Cinco días y es la primera vez que me contestas, me desmayaría de la impresión pero es demasiado riesgoso.
–Hablas mucho –dijo Kakashi, sin volver la vista hacia él. En un instante había saltado al precipicio, perdiéndose entre la bruma que cubría el fondo.
–¿Fue algo que dije?
–Le gusta reconocer el terreno.
–Creí que Gai y Genma estaban en eso.
–No lo tomes a mal. Prefiere enterarse por sí mismo –dijo Tenzô, sentándose, Shiki le imitó– para senpai todos los lugares son escenarios de batalla. Pero… por favor háblame sobre ese lugar, Shiki-san.
–¿Qué quieres saber? Te puedo decir lo que quieras, he estado antes en esas ruinas. El punto de excavación se encuentra a cien metros a la derecha del río, enclavado en las paredes de este grupo montañoso, toda la zona está cubierta de socavones que llevan a un túnel principal, se desciende 300 metros hasta llegar a la ciudadela, tardaron meses en apuntalar.
–Seremos topos –murmuró Tenzô.
–No si puedo evitarlo –protestó Shiki–. Lo que buscamos está hacia la pared opuesta, en una de las galerías del complejo. Aunque Tsuchi me ha pedido que continúe la exploración en el lado opuesto. Encontraron una de las bibliotecas.
–Sin duda llena de pergaminos con jutsu prohibidos –dijo Tenzô, chasqueando la lengua.

Shiki sonrió, era lo primero en lo que pensaban todos.

–Esta excavación alberga uno de los mayores tesoros de la antigüedad: la descripción del origen del manejo del chakra, se dice también que existe una sección de pergaminos con técnicas ancestrales, son llamados los jutsu perdidos –Tenzô abrió mucho los ojos y Shiki volvió a sonreír.
–¿De verdad? –Shiki asintió.
–Pero, hasta donde sé, sólo han descubierto el primer nivel, el que contiene los anales históricos, el museo de Tsuchi está muy interesado en obtenerlos intactos.
–Tus técnicas son bastante solicitadas.
–Hay pocos interesados en el pasado aunque las naciones ninja prefieren que sean shinobi quienes realicen el trabajo, por los riesgos… pero en su mayor parte son civiles es… complicado.

Continuó hablando por un buen rato. Tenzô era un buen escucha y parecía estar muy interesado en lo que le estaba diciendo, aunque observó que puso particular atención en sus técnicas de excavación, sonrió en su interior, ambos manejaban el elemento tierra, aunque las habilidades del chico iban mucho más allá de las que él utilizaba. Sacó un pergamino de la mochila y dibujó un plano del complejo, se lo entregó a Tenzô que sólo asintió.

–Estoy seguro que lo va a pedir, ¿verdad? –Tenzô volvió a asentir– pero no tiene que saber que ya lo hice –le guiñó un ojo.


Rostros hostiles que por desgracia o fortuna no reconocían de sus misiones anteriores los miraban con desconfianza. Shiki inclinó la cabeza a manera de saludo, la larga cabellera cubriéndole el rostro, ocultándolo con efectividad de las miradas; el delegado, un hombre enjuto de baja estatura se acercó a él e hizo una reverencia, manteniendo doblada la cintura en señal de respeto. En su mayoría, el resto del grupo permaneció en un inquieto e irritado silencio examinándolo a él y a su "escolta".

–Hinorobu-san, me alegra que se haya decidido a asistirnos en la excavación –dijo puntilloso el hombre, dirigiendo furtivas miradas hacia los cuatro acompañantes.
–Torhuno-san, es… un honor –dijo Shiki, haciendo una ligera pausa que hizo que el hombrecillo frunciera el entrecejo.
–Si me permite conducirles a sus aposentos a usted y su escolta…
–Por supuesto –asintió Shiki, forzando una sonrisa. Torhuno se había hecho acompañar por una pequeña comitiva, nada sorprendente proviniendo de alguien como él, había remarcado desdeñoso "escolta".

El socavón de entrada conducía hacia las entrañas del conjunto montañoso, tal y como lo recordaba Shiki. Los primeros cien metros semejaban una mina, las paredes aparecían apuntaladas con gruesas trabes de madera que alteraban la cara real que la naturaleza había construido. Había amplias galerías que conectaban a una red de túneles fabricados que partían en aparente desorden hacia diversas direcciones. Resbaladizos suelos impregnados de polvo mostraban el intenso tránsito humano; se cruzaron con un grupo de personas polvorientas que apenas si saludaron con ligeras inclinaciones de cabeza.

En la segunda galería había una larga mesa rectangular de madera con varias sillas alineadas a ambos lados, lámparas de pie iluminaban todo el espacio, contrastando con la semioscuridad de los túneles que habían recorrido hasta el momento. Torhuno señaló un túnel hacia su izquierda y ellos lo siguieron; desembocaba en un corredor que estaba iluminado a intervalos regulares por linternas de gas natural que proyectaban sombras ominosas tras su paso. Se veía oscuro, como si no tuviera final, a cada lado se alternaban puertas de madera de hechura maciza.

–Pronto se terminará de abrir el boquete en la cima, Shiki-san, entonces será más fácil utilizar el elevador de carga para ingresar al gran salón –dijo uno de los acompañantes del hombre bajito que él llamara Torhuno, señalando hacia un punto indeterminado en el "techo".
–Esas son buenas noticias, aunque esto parezca una mina no hay ni un maldito carro para bajar.
–Estoy completamente seguro que usted y sus… acompañantes llegarían mucho más pronto si no fuera porque tienen que cargar con nosotros –murmuró el joven, acercándose a Shiki.
–¿Qué tiene de malo caminar como personas? –protestó Torhuno.
–Cuidado –dijo Kakashi, en un amenazador tono bajo que hizo palidecer a más de uno.
–Kakashi –masculló Shiki, moviendo la cabeza y haciendo una mueca.

Kakashi le dirigió una mirada indiferente, moviendo la cabeza apenas perceptiblemente. Genma carraspeó y Tenzô y Gai apresuraron el paso.

–Escuché que estaba recuperándose de una herida de su última excavación –comentó el joven, ganándose las miradas inmediatas de los de Konoha.
–Sí, las noticias son algo exageradas –respondió Shiki jovial.
–No lo han de ser tanto si le asignaron una guardia jônin.
–Ahh, Hokage-sama no quiere perder a su arqueólogo favorito –parodió Shiki, ganándose un bufido incrédulo de Genma.
–Hablas demasiado Takeshi –regañó Torhuno– hemos llegado –se detuvo ante una de las puertas– asumo que querrán permanecer juntos. Su trabajo iniciará mañana tras el desayuno en la galería iluminada.
–Gracias, Torhuno-san.

El hombrecillo hizo una ligera reverencia y se dio la vuelta, seguido por la comitiva que lo acompañara. Takeshi volvió sobre sus pasos.

–Les avisaré a tiempo, Shiki-san –dijo apresurado. Shiki asintió y entraron a la habitación.

No imaginaban que la estancia fuera tan amplia, tenía el espacio perfecto para ellos cinco, con camastros alineados contra la pared, un escritorio amplio, una silla y una pequeña salita.

–Civiles –afirmó Gai, sentándose en uno de los camastros.
–Como dije antes: hay pocos shinobi interesados en esta especialidad.
–De cualquier modo, estas instalaciones son impresionantes, incluso tiene cuarto de baño –comentó Tenzô, abriendo la puerta interna, mostrando el retrete y la regadera– lo único que falta son ventanas.
–La arqueología requiere paciencia, esta excavación lleva años realizándose, y seguirá posiblemente por varias generaciones más. Es mejor estar cerca que tener que recorrer varios kilómetros de ida y vuelta para trabajar.
–¿No temen a los derrumbes? –preguntó Gai.
–No en esta zona –respondió Shiki, quitándose las sandalias– roca volcánica, todo el terreno que ocupa la ciudadela está cubierto de ella. Extraño Suna –dijo, frotándose las plantas de los pies.
–Ese chico, Takeshi, ¿lo conoces? –le preguntó Kakashi.
–No. No creo que sea un riesgo.
–Nuestra misión es protegerte, no lo hagas difícil –respondió Genma– ¿serías tan amable de explicarme qué rayos fue eso de "como personas"?
–Esto comenzó como una operación civil encomendada por el daimyō de Tsuchi al arqueólogo real. No incluía shinobi. Algo de esta magnitud requiere mucho personal Gen, obreros, cavadores, cocineros… en su mayor parte son civiles.
–Que odian a los ninja –dijo Genma, chasqueando la lengua.
–Lo que para un cavador implica una jornada completa, para un shinobi sólo representa un par de jutsus, hay cierto temor de perder el empleo –encogió los hombros.
–¿Ante un shinobi? –preguntó Gai, incrédulo.
–Yo lo sé, tú lo sabes, pero ellos no. Desde su punto de vista los shinobi somos competencia desleal y estamos mucho mejor pagados. Ellos creen que ustedes son mi equipo de trabajo, no mis guardianes. Les es inconcebible que alguien quiera dañar a un inofensivo catedrático, así sea shinobi.
–Pero debe haber algún shinobi de Tsuchi –dijo Genma mientras se quitaba el uniforme.
–Oh, sí los hay, aunque no entre el personal de arqueología, son los responsables de la seguridad externa. Kakashi debe haberlos visto –Kakashi asintió–se encargan de que no se extraiga nada ilegalmente ya que aunque la mayoría se queda aquí, hay rotaciones. Aquí abajo la gente no puede mantenerse cuerda por mucho tiempo.
–Supongo que cada quien cree que lo que vigila es importante –comentó Genma, ganándose una mirada extraña de Kakashi, alzó las cejas interrogante, pero Kakashi sólo se limitó a entrar al cuarto de baño.
–Será mejor que descansen, las jornadas inician muy temprano –dijo Shiki, evitando responderle a Genma, no tenía humor para iniciar una discusión.
–Sellaré la entrada –dijo Tenzô, haciendo su secuencia de signos sin esperar respuesta.

Genma se recostó en el camastro. Era más cómodo de lo que aparentaba y sin duda no tenía comparación con las casi-tablas del cuartel ANBU, Sandaime ciertamente llevaba la austeridad de sus élite a un nivel espartano. Se entretuvo pensando en Konoha, no hacía ni una semana que estaban lejos del terruño y ya extrañaba la humedad del ambiente, los aromas familiares a bosques y hojas, sacudió la cabeza, el sonido de la regadera cerrándose, proveniente del cuarto de baño, le hizo echar un vistazo al reloj de pared. Kakashi sí que se había tomado un largo y merecido baño para quitarse el polvo de las horas en que había estado investigando el terreno. Era algo que hacía cuando no habían enviado una misión de inteligencia previamente.

Volvió el rostro en la semi-penumbra de la habitación, sus compañeros dormitaban pacíficamente, agotados por el largo viaje. Incluso Gai dormía a pierna suelta. Él no podía, las últimas semanas habían sido "emocionalmente cargadas" como solía decir Ibiki, habían sucedido muchas cosas en poco tiempo y sentía la fragilidad de todos flotando en el ambiente. La puerta del baño se abrió y Kakashi salió, secándose el cabello. Sonrió, pocas veces podía ver el largo real de esa melena. Se dirigió al lecho junto al de él y se sentó en el borde.

–¿Qué sucede, Kakashi? –preguntó Genma en voz baja.
–Tomé una ducha.
–¿Quieres hablar de ello?
–¿Nunca te has cuestionado una decisión? –preguntó Kakashi.
–Asumo que no te refieres a decisiones ninja. Siempre. Nunca se sabe lo que puede suceder, ¿no es así?

No le contestó, continuó frotándose el cabello con la toalla.

–¿Es por lo de ayer?, supongo que la dama en cuestión es importante para ti. No te voy a preguntar, es asunto tuyo, mira… yo no sé de esas cosas del corazón… pero sí sé algo: si se te presenta la oportunidad de amar, aunque sea sólo por un tiempo, tómala.
–Tsuchi aceptó nuestra presencia con la condición de que se termine la extracción de los anales.
–No serviremos mucho de cebos si continuamos bajo tierra. Y eso podría alargar nuestra estancia aquí. ¿Quieres regresar pronto?
–No –la respuesta le hizo sonreír, era obvio que necesitaba tiempo para llegar a un acuerdo consigo mismo sobre las consecuencias de su decisión.

Se quedaron en silencio un rato, ambos sumidos en sus pensamientos, aunque Genma podía adivinar en qué pensaba, de quién se trataba. Sólo había una mujer capaz de mover el mundo de Kakashi y sabía lo que significaba para él decidirse por fin a dejar atrás el pasado y a los muertos a un lado. Desde su punto de vista, el hombre había dejado en paréntesis el corazón en consideración a un compañero muerto sin tomar en cuenta cómo afectaba a Rin, o tal vez sí lo hacía… Kakashi no era alguien que hablara de esos asuntos, eran un tema delicado, incluso cuando él le platicaba de sus conquistas, se limitaba a escucharlo, no lo juzgaba y eso, para alguien tan mujeriego como él era importante.

–Gracias Gen.
–¿Uh?
–Has sido mi ancla todos estos años. Has visto lo peor de mí y me has aceptado.
–Cállate y duérmete.

Tragó saliva, incapaz de controlar la emoción que las palabras suscitaron.


7 años atrás

Un año después de la tragedia del Kyūbi, la aldea estaba metida de lleno en superar el dolor de la pérdida humana y en terminar la reconstrucción. Los trabajos requerían la ayuda de extranjeros y las calles de Konoha seguían pobladas con caras de visitantes temporales, en su mayoría civiles. Hiruzen había regresado de su retiro y seguía esperando que el Consejo y el daimyō nombraran un nuevo Hokage. La búsqueda de misiones para rellenar las arcas de la aldea se convirtió en prioridad y los jóvenes eran enviados sin descanso a misiones solitarias. En los rostros de la mayoría se veían los estragos causados por el esfuerzo. Sí, en Konoha aún se percibía el vacío de las ausencias. La soledad y la tristeza aún marcaban los rostros. Él había decidido regresar de tiempo completo a ANBU, en tanto Raidô y Shū continuaban en su papel de guardaespaldas personales de Hiruzen.

Entró al cuartel, la mochila al hombro, mirando con ojos nuevos un derruido lugar que ya no reconocía. Las literas estaban vacías y desordenadas en su mayoría. No había orden de acuartelamiento pero la escasez de viviendas se traducía en cantidad de ninja viviendo ahí. Muchos de ellos ni siquiera pertenecían al escuadrón. Buscó con la mirada un espacio que se viera desocupado y cuando lo encontró se dejó caer en el camastro, botando la mochila con su equipo en la cabecera. Comenzó a quitarse las sandalias, echando un ligero vistazo alrededor.

La litera de junto la ocupaba un esbelto muchacho. Le conocía, era el mocoso arrogante de cabello plateado que Minato había enseñado siendo Hokage; según sabía, era uno de los integrantes más jóvenes del escuadrón. Dormitaba en un sueño inquieto, posiblemente causado por alguna herida, su respiración era difícil, el pecho subía y bajaba con esfuerzo moviendo apenas la frazada de lana que le cubría, un suave gemido escapó de su boca. Sólo tenía descubierta la cabeza, la rosada cicatriz del Sharingan asomaba entre el mechón de pelo que le cubría medio rostro. Se quedó observándolo, dormido parecía exactamente lo que era: un chiquillo aún. Sonrió.

Pervertido.
¿Uh? Pequeñajo del demonio…
Todavía no acabo de crecer… ¿Qué me ves?
Eras más lindo dormido. Cállate y duérmete.
Tch. –Kakashi se dio la vuelta en el lecho, dándole la espalda, una ligera sacudida lo devolvió a la posición horizontal. Genma lo vio apretar la mandíbula antes de cubrirse rápidamente el rostro con la sábana.
Hay analgésicos ¿sabes?, ANBU no tiene restricción en medicamentos.
No es algo que te importe.
Oh, sí que me importa, no podría dormir por tus quejidos. Anda, siéntate. –Kakashi le miró con incredulidad, sin moverse un ápice– Soy tu senpai, obedece –las palabras parecieron surtir efecto, se sentó con mucho cuidado.
¿Me estaba quejando? ¿Dormido? –preguntó, avergonzado.
No tiene importancia –dijo Genma, abrió la mochila; no traía analgésicos en ella pero sí sus agujas especiales, colocó el estuche en la cama, Kakashi lo miró con aprensión– bloquearé temporalmente tu dolor, mañana podrás ir a la enfermería a que te receten. Abre los brazos lo más que puedas, ¡no estoy viendo tu cara, suelta la maldita sábana!

Kakashi soltó el borde de la sábana y extendió los brazos. Genma le sacó la camisa y retiró las vendas, observando los furiosos moretones que cubrían la blanca piel, movió la cabeza, no eran heridas cortantes, lo que explicaba que no estuviera en el hospital, pero el taijutsu de su enemigo había hecho bastante daño. Con precisos movimientos clavó las agujas en diversos puntos hasta quedar satisfecho. Los rastros de dolor que marcaban el rostro del chico se fueron desvaneciendo hasta dejar una expresión relajada, Genma valoró su trabajo y asintió para sí. Nuevamente rebuscó en la mochila hasta encontrar una pequeña lata de aluminio.

Voy a tocarte, ¿de acuerdo? Este ungüento ayudará con los golpes. ¿Estás bien con eso o voy en busca de un medi-nin?
No hay ninguno… está bien.

Kakashi se quedó quieto mientras le aplicaba el menjurje. Era una de las preparaciones especiales que los Nara hacían para el Hokage, Minato le había regalado un par de latas que él aún conservaba por si acaso. Terminó de embadurnarlo y volvió a colocarle las vendas. Kakashi tomó su playera y se la puso con facilidad, sintiendo la paz que llegaba tras la desaparición del dolor.

Gracias, Shiranui-san –murmuró, recostándose y cubriéndose hasta medio rostro.
Tch. Cállate y duérmete.

Dos semanas después se había olvidado del incidente. El chico Hatake había estado ausente todo ese tiempo, o al menos no habían coincidido en el mismo lugar; ni siquiera lo había visto partir, aunque sí notó que se había llevado la lata medicinal que él dejara intencionalmente a un lado de la almohada. Hiruzen le llamó a la torre al caer la noche.

Genma-kun –saludó el viejo.
Hokage-sama –posó la rodilla en el suelo, bajando la vista, aunque con el rabillo del ojo percibió la presencia de una hermosa joven.
Levántate. Necesito tus habilidades especiales. Kakashi no ha enviado el último reporte de su misión de infiltración, tendría que haber llegado aquí hace un par de horas. Es posible que haya sido descubierto. Irás a recuperarlo, en caso necesario… sabes lo que hay que hacer –dijo Hiruzen, disgustado consigo mismo– los detalles de la misión –le tendió el pergamino– te acompañará Hanako-chan, en el peor de los casos ella se encargará de la recuperación.
Sí mi señor.
Le he pedido a Raidô-kun y a Shū que utilicen el Hiraishin no Jutsu de Minato para transportarlos a donde está Kakashi.
Hokage-sama, se requiere… –comenzó Genma.
Lo sé, Jiraiya proporcionará el chakra –dijo Hiruzen interrumpiéndolo– tienen media hora para prepararse. Preséntense en el área ANBU de sellado.

Genma sintió la aprensión oprimirle el estómago. Si el chico había caído en manos del enemigo, era probable que fuera torturado para sacarle información y aunque estaba entrenado para soportar las peores torturas, ello no garantizaba que su cuerpo sobreviviera a ellas. La regla en esos casos era la eliminación total, la medi-nin se encargaría de obtener muestras de su ADN y conservar el Sharingan para devolverlo al clan Uchiha. Se transportó rápidamente al cuartel a preparar su equipo especial, revisó varias veces que no faltara nada y se cambió el uniforme ANBU estándar por el índigo sin insignias y con máscara completa que usaban para extracción en terreno enemigo, se caló los gogles de visión nocturna en la frente y ajustó el ninjatô, apretando con firmeza las correas que le sujetaban al pecho el pequeño estuche de agujas especiales. Abrió el pergamino y memorizó con rapidez el contenido, básicamente eran detalles de las habilidades de Hanako, alguien con quien él no había trabajado antes, un plano del edificio con las vías de acceso marcadas y un breve resumen del análisis de Shikaku de los posibles puntos donde podía estar confinado Kakashi.

Se presentó en el área de sellado. La medi-nin estaba de pie en el centro del círculo de sellos, vestía exactamente igual que él; Jiraiya, Raidô y Shū la rodeaban.

Este es un boleto de ida, Genma-kun –dijo Jiraiya, mirándolo con seriedad– y sólo es posible por que Kakashi tiene uno de los kunai de Minato. Una invocación inversa es imposible por la distancia.

Genma asintió, era una misión suicida, lo supo desde el momento que Sarutobi mencionara sus "habilidades especiales". Desconocían a dónde serían enviados, si el chico había sido atrapado entonces le habrían despojado de sus armas; estarían en terreno enemigo, sin conocimiento alguno de las circunstancias del caso con sólo un mapa para salir de ahí y una teoría que, aunque elaborada por Shikaku, aún dejaba la incógnita de su fidelidad.

¿Estás lista, Hanako-chan?
Sí, Jiraiya-sama –respondió la joven
Shikaku, proyecta las sombras –ordenó Jiraiya hacia el panel de observación.
Entendido.
Prepárate Genma –ordenó Jiraiya. Genma deslizó los gogles sobre los ojos y se puso un par de senbon en los labios, acomodó una aguja entre cada espacio de los dedos.
Shiranui-san –dijo ella– tendremos tres minutos antes que se disipe mi técnica especial de capa de sombras. Nos mantendrá protegidos el tiempo suficiente para utilizar sus técnicas.
Hanako-san… –protestó Genma, había leído con cuidado la lista de los jutsu más importantes de la joven.
No podré utilizarla dos veces seguidas –asintió.
Entiendo –murmuró, acercándose al centro.
Póngase a mi espalda. En cuanto lleguemos manténgase a mi derecha.

Se acercó a ella, colocándose espalda contra espalda, mientras Jiraiya y sus dos ex compañeros los rodeaban en un estrecho cerco de brazos. El vértigo que acompañaba la transportación los sacudió en su intensidad, borrosas imágenes de paisajes ultraterrenos se sucedían ante sus ojos, respiró profundo, el jutsu tardaría en transportarlos menos de dos minutos, pero el efecto en el oído interno era un poco más lento de disipar, aspiró profundo y contuvo el aliento, le había funcionado en las ocasiones que Minato lo "invocaba" a su lado. Percibió en la parte posterior de los brazos el movimiento de los músculos de Hanako mientras iniciaba una larga serie de sellos, concentrada en contar el tiempo para que iniciara un par de segundos antes de llegar a destino.

Sintió la mano de Hanako tomarlo de la parte posterior del cinturón y exhaló, dando un ligero giro para ajustarse a la nueva posición. Estaban en un espacio oscuro, una galería bastante amplia, posiblemente un calabozo ya que se percibía el olor a moho de lugares encerrados, deslizó los gogles de visión nocturna sobre los ojos y miró alrededor, ubicando el ligero reflejo del metal de la mochila de Kakashi, el contenido estaba vaciado sobre la mesa. El jutsu de Minato los había transportado al área más cercana al sello, pero los gogles no mostraban un ser vivo. Se concentró, buscando marcas de chakra, pero sólo consiguió ubicar un calor residual.

Tres minutos –repitió Hanako a su oído– no se separe de mí.
Hanako, no hay rastros de chakra, disipa tu técnica, no tiene caso que te desgastes; encenderé una de las antorchas –dijo, a la vez que guardaba la mitad de las agujas en el estuche, conservando sólo las de la boca y una mano, la misma que sostenía su futura fuente de luz.

La joven obedeció y Genma lanzó el katón, encendiendo la antorcha. Sintió a Hanako estremecerse y ahogar un sonido de sorpresa. Varios cuerpos yacían en el suelo, en un amplio charco de sangre, algunos en posturas grotescas; un boquete en la pared, con manchas de humo en los bordes les indicó la ruta de salida. Genma corrió hacia la mesa y vació el contenido en la mochila, separó un rollo de etiquetas explosivas y se la echó al hombro, tras ello emprendieron una veloz carrera hacia el hueco, en ese momento ya intuían parte de lo que había sucedido. Salieron a un corredor, también oscuro, Hanako le hizo señas: ella haría el rastreo de chakra en tanto él permanecía alerta, Genma sintió nuevamente el dedo engancharle el cinturón, avanzó lentamente, siguiendo el rumbo que la chica le indicaba en voz baja. En el camino fue pegando las etiquetas a intervalos.

El haz de luz de la antorcha les mostraba kunai y Shūriken clavados en las paredes o simplemente tirados en el suelo. Una escalera, labrada en piedra maciza les condujo hacia la planta a nivel de tierra. La marca achicharrada, donde el raikiri de Kakashi había alcanzado, aparecía intermitente en paredes y puertas, algunas saltadas de los goznes por la fuerza de las técnicas de agua y fuego. Hanako por fin lo soltó y él asumió que se debía a que una que otra antorcha seguía encendida, sobrevivientes del infierno desatado alrededor; alcanzaron a percibir gritos y nombres de técnicas. Genma dejó caer la antorcha, señaló y ambos aceleraron el paso.

Los gritos provenían del patio. Había una muchedumbre ruidosa que lanzaba kunai y diversas armas hacia una figura pequeña que defendía a lo más que daba. Lo tenían acorralado contra la empalizada que rodeaba todo el perímetro. Genma ajustó las gafas y apuntó hacia ellos, una media docena cayó abatida al instante. Sacó rápidamente una segunda tanda de senbon, los hombres se volvieron hacia ellos y un grupo se separó, deteniéndose en seco a un par de metros, contenidos por las sombras de Hanako. Volvió a inutilizarlos, arremetiendo contra el grupo que atacaba a Kakashi, que había aprovechado la confusión de su llegada y atacaba con técnicas de tierra.

¡Aliados! –gritó Genma, el uniforme sólo dejaba al descubierto los ojos, esperando que el chico reconociera su voz y lo escuchara entre el griterío y el ruido de las técnicas de los enemigos.
No te hará caso Shiranui-san, reconozco esa coloración cutánea en particular… abrió la segunda puerta, tendremos que acabar con ellos para enfocarnos en contenerlo a él –dijo ella, arrancando hacia el grupo.

Genma utilizó sus técnicas de fuego combinadas con senbon para acercarse, abriendo un precario camino. Las sombras de Hanako hacían su papel, traspasando a varios de ellos. La impresionante velocidad que recordaba haberle visto alguna vez al chiquillo incluía su taijutsu, que utilizaba sin darle tregua a los contrarios, pero era evidente el desgaste que sufría, ya no estaba haciendo ninjutsu y ellos no lograban acercarse, los oponentes parecían brotar del suelo. Recordó lo que le dijo ella: tendrían que acabar con ellos, no sólo dejarlos fuera de combate, si querían recuperar con vida a Kakashi.

Hanako, tírate al suelo y cúbreme un par de minutos –dijo, ella asintió, retrayendo las sombras hasta formar un vacío de oscuridad. Alcanzó a percibir los gritos de desconcierto de los shinobi. Sacó un rollo de etiquetas estuche y adhiriéndolas a senbon las arrojó velozmente sobre la empalizada, finalmente imbuyó chakra en una aguja y la arrojó, apuntando cuidadosamente al disparador de la última etiqueta que colocara, echándose al momento junto a ella, protegiéndolos a ambos con los brazos.

La explosión en cadena comenzó, extendiéndose hacia el edificio, sacudiendo la tierra y derribando a varios con la onda sónica. Las llamas iluminaron la zona. Genma se incorporó, seguido por Hanako y corrieron hacia Kakashi, que seguía luchando con los que quedaban de pie. No le quedaban senbon normales, sólo los cargados de veneno que utilizaba para exterminio, abrió con el pulgar el estuche de su pecho y los lanzó hacia los heridos para terminar de rematarlos, emparejó a Hanako e iniciaron una lucha de taijutsu que se extendió por un buen rato hasta que terminaron con el último, quedando los tres frente a frente, separados por un par de metros, evaluándose.

Maldita sea, no nos reconoce –murmuró Genma.
No lo haría aunque viera nuestros rostros. Quédate muy quieto.
Nos está analizando, ¿cuánto chakra te queda?
Suficiente para inmovilizarlo. Pero si lo atacas es posible que recurra a la tercera puerta y en su estado eso lo mataría –respondió ella.
No me quedan senbon.
Mierda… bien, creo que podré contenerlo –Hanako vio cómo sacaba del dorso del guante una inconfundible cápsula de soldado– ¡Ahora! –gritó. Genma corrió al parejo de las sombras de Hanako, que había logrado detener la mano de Kakashi antes que alcanzara la boca.

Genma dudó qué hacer, no podía golpearlo, tampoco tenía senbon para inmovilizarlo. Era evidente que su presencia aún no había entrado en la conciencia del chico. Se quedó mirando absorto el girar de la pupila, nunca la había visto así de cerca.

¡Cúbrele el Sharingan! –gritó Hanako, él obedeció, sacando rápidamente del estuche una de sus bandanas, pero tras anudarlo se quedó quieto frente a él percibiendo el brillo acerado del ojo descubierto que ni siquiera parpadeaba– ¡haz algo, no puedo sostenerlo por mucho tiempo!

Se quedó petrificado, seguía perdido, sin saber qué hacer. La falta del más ligero asomo de humanidad en el ojo visible del chico lo aterró, pero también sacudió algo muy dentro de su ser. Así que tragó saliva y lo rodeó con un fuerte abrazo. Sintió los músculos endurecerse en un intento de resistencia, pero la doble presión, de Hanako con sus sombras y física de parte de él lo impidieron. Se quedó así un buen rato, atrayéndolo hacia su pecho, hasta que sintió los músculos de Kakashi aflojarse.

Suéltame Shiranui-san, esto es… vergonzoso –dijo Kakashi, la voz con los altibajos característicos de los inicios de la adolescencia, camuflada en el pecho de Genma.
¿Hanako?… –preguntó, buscando con la vista a la medi-nin, sin disminuir la presión de sus brazos. No estaba donde la había dejado.
Hace tiempo que solté el jutsu –la voz sonó hacia su derecha– terminé la eliminación, todavía quedaban unos cuantos.

Genma abrió los brazos de sopetón, el cuerpo de Kakashi cayó, pero antes que llegara al suelo Hanako lo detuvo con sus sombras, depositándolo con cuidado en el piso.

Por Kami, Shiranui-san… –recriminó ella, moviendo la cabeza.
¿Qué hice? Oye… no soy médico, y deja de hablarme con "san" –dijo, comenzando a sentirse avergonzado aunque no sabía de qué.

Hanako era un medi-nin de combate. Había pocos como ella, pensó, admirado por primera vez de su eficiente desempeño. Había incluso arrojado los cuerpos al incendio de la casa y su reserva de chakra parecía ser enorme, al menos por el hecho de que, después de la batalla y el uso de sus técnicas aún estuviera arrodillada junto al cuerpo de Kakashi, aplicándole chakra y haciéndole tragar diferentes mezclas de diversos viales que había materializado.

Había pocos medi-nin así. Excepto Tsunade-Hime –pensó– la mayoría se encontraban divididos entre salvar vidas y terminar con ellas. Había escuchado a Tsunade decir alguna vez: "un medi-nin sabe dónde están sus lealtades, conservar la vida de nuestros camaradas es nuestra razón de ser, si el enemigo amenaza esa vida, entonces sólo hay que terminar con ellos". Se acercó, sintiéndose inútil. Él pertenecía a la raza de shinobi especialistas en la muerte silenciosa, algo que tenía en común con el clan Nara, su desempeño era mejor en las sombras ya que sus enemigos no distinguían sus proyectiles, le había tomado años alcanzar ese nivel y aunque su repertorio de ninjutsu era variado, había conservado su chakra.

Incapaz de quedarse quieto tras el nivel de adrenalina que aún le aceleraba el pulso, tomó las cantimploras y fue al río en busca de agua. Regresó y humedeció una de las vendas, comenzando a limpiar el cuerpo de Kakashi. Hanako asintió en silencio, concentrada en reparar el daño interno. Estuvieron así durante largo tiempo, sin detenerse.

¿Está inconsciente? –preguntó, viendo los ojos cerrados del chico. Limpió el sudor que perlaba el blanco rostro de Hanako.
No, se está esforzando en mantenerse despierto –respondió ella, terminando la curación del brazo derecho, comenzando a vendarlo.
¿No sería mejor si durmiera?
Por ahora no, él sabe que debe soportar despierto, aunque el dolor sea… demasiado. Ya casi termino, Kakashi –dijo con voz suave, Genma creyó ver que el chico movía ligeramente la cabeza.

Rebuscó en la mochila de Kakashi hasta encontrar el pergamino que contenía la tienda de campaña estándar. Era verano, pero en ese extremo del país del Fuego solía hacer bastante frío cuando se acercaba el alba, en el transcurso de la noche el fuego que él mismo había provocado estaba por extinguirse. Montó la tienda y se dirigió a buscar enemigos en la zona y a trampear el lugar para poder descansar. Cuando Hanako terminara necesitaría un reposo prolongado; él ya había descansado lo suficiente para reponer energías, las cápsulas de soldado le habían dado un empujón adicional. Regresó con un par de conejos y una brazada de leña cuando casi amanecía. Hanako estaba sentada, las piernas cruzadas en posición de meditación. Preparó la fogata, dejándola reponer sus energías.

Ahora que ya estamos tranquilos, ¿podrías explicarme qué pasó? –preguntó, mientras desollaba los conejos y limpiaba la carne para ponerla a asar.
Lo que hiciste era de esperarse en un ANBU con tu currículum –contestó ella, abriendo los ojos.
No estoy seguro de qué hice –dijo él, alzando los hombros, el cansancio comenzaba a hacer mella.
Él fue torturado, golpeado hasta el cansancio, sus huesos estaban fracturados en múltiples partes, los músculos desgarrados, su chakra está totalmente agotado. Ciertos shinobi de élite, como ese pequeño –señaló con la cabeza hacia la tienda– tienden a entrar en un estado de furia incontenible cuando se acercan al fin de su vida. Entonces tienden a forzarse al límite.
Luchar hasta la muerte –murmuró Genma.
–La humanidad se aferra a la vida. Pero ya no queda espacio para humanidad.
El túnel –afirmó Genma, él no había llegado a ese extremo, pero sí había encontrado una manera más agradable de canalizar la energía asesina residual tras una misión de exterminio.
Un poco más allá que eso. Si hubieras intentado atacarlo te habría matado sin dudar. En lugar de ello le diste lo que todo ser humano necesita: aceptación, el perdón que necesitaba. A eso, los medi-nin de ANBU le llamamos ser un ancla.
¿Ese pervertido será mi ancla? Debí morirme –dijo Kakashi desde el interior de la tienda, causando que Genma enrojeciera hasta la raíz del cabello.
¡Cállate y duérmete! –gritó Genma.


N.A. Muchas gracias por seguir leyendo. Otra vez un capítulo algo largo… prometo que en el siguiente retomo la trama, es sólo que el gripón de dos semanas que casi me mata me causó fiebre y me introdujo ideas raras en la cabeza. Falso (lo de que casi me mata); siguiendo la línea temporal de mis fics estoy despidiendo a Genma y como es mi estilo, me gusta ir hacia los orígenes y aunque esta idea era la base para un one-shot (que terminó siendo casi un capítulo completo de este fic), la idea no me dejó hasta que terminé de escribirlo, en lo personal me gustó el resultado, espero que también a ustedes.

Gracias Saya y gracias Sempai, por sus review y en particular por tolerar los largos tiempos que me pierdo en el camino de la vida.