Capítulo 14: Vestigios.

"El tiempo es una mera costumbre".
Terry Pratchett.

Había murmullos, miradas furtivas y descaradas, expresiones despectivas y admiración ante la juventud del equipo de Shiki. En la galería se mezclaban los aromas de la tierra con los del desayuno y la frialdad del ambiente se iba transformando por el calor de las estufas y el desprendido por un buen contingente humano que se preparaba para iniciar la larga jornada. Avanzaron hasta la mesa que Takeshi les indicara. A pesar de haber tomado sobre sí la tarea de guiarlos, los dejó a sus propios medios, yéndose a reunir con sus compañeros. Era evidente que el personal prefería apartarse, dejando varios espacios vacíos entre ellos y el grupo de Konoha.

Kakashi avanzó con paso firme hacia la fila formada ante el servicio de comedor seguido de sus compañeros, tomó una charola y fue señalando lo que quería comer, sonriendo a los empleados que le servían apresurados no sin antes echarle vistazos curiosos. Aprovechó las circunstancias para calcular las dimensiones de la galería y verificar una vez más las salidas; agradeció el servicio, girando con lentitud para registrar en la memoria los rostros de quienes estaban en el comedor y regresó a su lugar, no sin antes lanzar una mirada gélida hacia el grupo que había acompañado a Torhuno, varios de ellos se encogieron y desviaron la vista hacia sus alimentos.

–Kakashi, no seas perverso –dijo Shiki en voz baja.
–No he hecho nada.
–Aún–afirmó Shiki– esa es una de las razones por las que tenemos mala fama –agregó.
–No nos han contactado –dijo Genma entre bocados.
–Falta el grupo de trabajo de Torhuno –dijo Shiki, aprensivo.
–¿No son los de ayer? –preguntó Gai.

Shiki negó con la cabeza.

–¿Entonces Torhuno es shinobi? –preguntó Genma. Shiki volvió a negar con la cabeza.

Ante el empecinado silencio de su compañero, encogieron los hombros y se dedicaron a alimentarse. Kakashi seguía registrando los alrededores visualmente, tocando apenas la comida; aunque respetaba las estrategias de Shikaku, prefería analizar el entorno para sacar sus propias conclusiones. Sabía que Shiki tenía sus propios planes y que haría hasta lo imposible para conseguir la reliquia de Tsuchi, en tiempos pasados la obsesión por los artefactos le había llevado varias veces a desafiar a sus propios compañeros, con él siempre existía la interrogante: ¿de qué lado estaba? Su mirada se topó con las fumarolas que desprendía el cubo, parecían extenderse y ramificarse en busca de nuevos blancos, sus compañeros aparecían rodeados por el misterioso halo, que ahora los recubría como una segunda piel.

–Has estado jugueteando con el cubo –afirmó, recibiendo a cambio la mirada culpable de Shiki.
–Traté un par de combinaciones. Nada peligroso, te lo aseguro –respondió Shiki, concentrándose en su plato.
–¿Y el modelo de Investigación?
–También lo traje, en base a ello-
–Aquí no –le interrumpió.
–Voy por… una taza de té –dijo Shiki apresurado, levantándose.

La alta figura hacía malabares evadiendo sillas y comensales que empezaban a apilar las charolas y a retirarse a sus labores. De repente se detuvo y empezó a retroceder con pasos cautelosos, alejándose de la salida del túnel que encaraba. Al momento se pusieron de pie, dispuestos a enfrentar a quienquiera que estuviera amenazándolo. El movimiento repentino hizo que los que quedaban en la galería se levantaran y replegaran hacia las paredes. Shiki giró la vista un instante hacia ellos y movió la cabeza con desamparo. Los cuatro se miraron entre sí y encogieron los hombros, no parecía estar en peligro, no obstante permanecieron alertas, Shiki continuaba desandando el camino con cautela, paso a paso.

Kakashi lo vio tensar el cuerpo y sin pensarlo dos veces se lanzó hacia su dirección, interponiéndose entre la ráfaga dorada y Shiki. El cuerpo de Shiki le había obstruido la visión, pero ahora tenía ante él una joven rubia de baja estatura y aterrados ojos azules que miraba alternadamente el brazo que sostenía el kunai contra su cuello y la mano que le aprisionaba ambas muñecas, temblaba de pies a cabeza, presionada por el instinto asesino que Kakashi soltó al entrar en acción.

–Bájalo Kakashi –murmuró Shiki– no seas bestia.
–¿Por qué me agredes? –preguntó la joven, aún temblando, Kakashi retiró el arma y le soltó con brusquedad las muñecas.
–Soy su guardián –respondió Kakashi sin dejar de mirarla fríamente ni de interponerse entre ambos.
–¡Y yo soy su novia! –exclamó la chica.
–Me retiro –dijo Kakashi, dando un paso lateral y regresando hacia sus compañeros.
–¡Kakashi, no te va-

Algo pasaba entre ambos, se dijo sin perder de vista a la pareja, Shiki parecía realmente nervioso, aunque eso podría atribuirse a otras cosas. Permaneció junto a su equipo en espera de que el intercambio entre ambos terminara. Las miradas huidizas y el movimiento que hacía el personal intentando retirarse lo antes posible del comedor no conseguían distraerlo de su observación. Gai y Genma asintieron cuando Tenzô les preguntó a señas si advertían lo que pasaba.

–¿No crees que estás siendo un poco más perverso que de costumbre? –preguntó Genma.
–Dejaste claro tu punto –Gai señaló con el pulgar hacia los comensales– pero ¿era necesario que lo abandonaras? No me parece que ella sea su novia –comentó Gai, mirando con preocupación a la pareja.
–Senpai, te pasaste.
–Shiki puede dejarla fuera de combate en un segundo, ¿eso es ser perverso?
–Hatake Kakashi. Ahora estoy interesado –dijo el hombre, parándose a un lado de Kakashi.
–Me temo que yo no –respondió sin volver la vista hacia él. El hombre rió con suavidad.
–Hayashi Izuru, soy el capitán del destacamento de protección. Mayumi no debió acercarse así a Hinorobu-dono, hiciste lo correcto.
–No necesito tu aprobación Hayashi-san.
–Kakashi… –recriminó Shiki acercándose a ellos–. Izuru, él sólo está haciendo que todos paguen por algo que yo hice, ¿no es cierto Kakashi?
–No todos.
–Mis órdenes son darles el apoyo que necesiten.
–No sabía que estabas a cargo, me alegro –dijo Shiki, tratando de desprenderse con disimulo del brazo enganchado al suyo.
–Suéltalo Mayumi –reprendió Izuru, enrojecido– no es el comportamiento propio de una chica.
–Pero hermano…
–Será mejor que hablemos en el cuartel –dijo Izuru, jalando a su hermana de la mano y señalándoles que lo siguieran.

Le siguieron. Era evidente que Izuru no tenía remilgos en comportarse como shinobi, ya que avanzó a la velocidad que solían utilizar entre ellos. El "cuartel", como lo llamara elegantemente, se encontraba en la entrada del complejo, justo al lado opuesto y era el lugar en donde realmente quería estar Shiki. Kakashi evaluó la disposición de los anaqueles y la cantidad de armas, varios colchones enrollados aparecían apilados contra una de las paredes, todo colocado ordenadamente a fin de aprovechar el reducido espacio del lugar. La cueva estaba excavada en la roca, sin mucho pulimento y la falta de mobiliario era lo primero que saltaba a la vista.

–Misión civil, Shiki –Izuru encogió los hombros– ustedes están en la zona vip –agregó– me disculpo por la falta de comodidades, siéntense por favor –señaló con vaguedad alrededor, sentándose él mismo con las piernas cruzadas.
–Lo lamento Izuru, podría pedirle a Torhuno-san que… –comenzó Shiki.
–No, es bastante incómodo, ¿no es así, Hatake-san?
–¿Incómodo? –preguntó Kakashi con aire distraído.
–Sospecho que les ha devuelto el detalle –dijo Izuru sonriendo– lo tienen merecido.
–Y con intereses –añadió Genma.
–¿Te han contactado nuestros encubiertos, Hayashi-san? –preguntó Kakashi.
–¡Es evidente que son shinobi! –interrumpió la chica, Kakashi volvió el rostro hacia ella, dedicándole una mirada gélida.
–Lo es sólo para nosotros Mayumi, los civiles no sospechan –corrigió Izuru–. Lo han hecho, Hatake-san.
–No les he visto.
–Se le da un día de descanso obligatorio a todo el personal, no es optativo. Regresarán al caer la noche.
–¿Hubo algún detalle con Tsuchikage-sama? –preguntó Shiki.
–Ya conoces al viejo, le dio urticaria cuando se enteró que vendrías con escolta propia y que tendría que hacer la vista gorda ante la presencia de refuerzos; es un duro golpe para su orgullo de Kage. Pero el daimyō estaba muy complacido de que aceptaras la misión.
–Entiendo –asintió Shiki.
–Comprendo su reluctancia Hatake-san, pero puedo garantizarle que mi escuadrón le proporcionará toda la ayuda que necesiten.
–Lo agradeceré –respondió Kakashi.
–Izuru, sería mucho pedir si-
–¿Oculto de Tsuchikage-sama que el equipo Lobo es tu escolta? En lo absoluto; de que puedes confiar en nuestra discreción tienes mi palabra ¿escuchaste, Mayumi? He dado mi palabra. –dijo Izuru, tapándole la boca a su hermana.
–¡Gracias a Kami! –exclamó Shiki, ganándose una mirada interrogante de Kakashi–. Es agradable tenerte aquí –dijo Shiki con calidez–. Bien, iremos a trabajar. Mayumi-chan…


Torhuno les recibió con expresión acusadora, en particular hacia Kakashi que le devolvió la misma mirada que había adoptado en el comedor, el hombre pareció encogerse y le dio instrucciones apresuradas a Shiki. Le entregó un mapa detallado de los laberínticos túneles que recorrían el lugar y le señaló el área a la que habían asignado al equipo, Kakashi interceptó el documento y tras echarle un rápido vistazo se lo tendió a Shiki, éste lo revisó y asintió, dirigiéndose hacia la zona indicada.

–Explícame –exigió Genma, emparejando a Shiki.
–¿Qué te explico?
–Por qué carajos nos envían a nosotros a un país cuyo elemento principal y en lo que son especialistas ¡es en técnicas de tierra!
–Riesgo de derrumbe.
–¿Qué demonios?
–Cálmate animal, como dije: están interesados en obtener los anales intactos.
–Y en cuidar sus culos.
–Hay pocos arqueólogos –respondió Shiki, encogiendo los hombros.
–¿Y por qué ella viene? –señaló a Mayumi que lo miró achicando los ojos con rencor.
–Ella es… ella e… Mayumi es mi aprendiz –contestó Shiki enrojeciendo.
–¿Tu qué? –preguntó Genma, tapándose la boca para no reír, a quien menos podía imaginar como sensei era a su amigo.
–No es como si yo quisiera… –siseó Shiki– fue una negociación de-
–¡Estoy aquí! –exclamó ella, interrumpiéndolo.

Genma infló los cachetes para aguantar la risa, poco ayudado por el codazo de Shiki. Avanzaron hasta llegar al lugar designado. Había una especie de cueva artificial muy alta y espaciosa. Habían hecho hasta lo imposible por allanar el camino dejando intacto el centro, ya que ahí se encontraba una estructura amorfa recubierta por piedra rojiza. Todo el montaje había sido hecho a fin de conservarla. Se detuvieron frente a una pared que se elevaba unos 4 metros por sobre sus cabezas.

–Dijiste que no había riesgo de derrumbe Shiki-san –comenzó Tenzô.
–No en este lugar –señaló alrededor con un gesto vago– este caparazón de basalto recubre el domo, la parte superior de la biblioteca. La erupción sepultó la ciudad, es de suponer que el río tuviera una anchura mucho mayor que la actual –encogió los hombros–, el contacto de la lava con el
–Shikiii… –dijo Genma, cubriéndose los oídos.
–De acuerdo, resumido: el agua del río ha infiltrado las faldas de la montaña por las explosiones de la excavación.
–¡No tan resumido! –replicó Genma. Shiki lo miró, enojado.
–El río forma una cintura, en este punto la profundidad de sus aguas es mucho mayor, existe el riesgo de que las paredes de la biblioteca se derrumben por la humedad ya que desde nuestra posición el edificio… digamos que el domo… eso –señaló Mayumi– es la punta del iceberg.
–Lo que dejaría inutilizados los documentos. Por ello requieren técnicas ninja –completó Genma.
–Y yo no tengo la pericia necesaria para hacerlo sola –agregó Mayumi, molesta– y esa panda de cobardes sabe bien que dejó sensible el edificio con sus estúpidas explosiones. Será imposible recuperarlo intacto.
–Tenzô –dijo Kakashi.
–Denme unos minutos –respondió Tenzô, estudiando la pared que tenía ante sí.

Se alejaron mientras palpaba concentrado el amorfo montón de rocas que la chica había llamado 'domo'. Se asomó a la 'entrada', un boquete suficiente para que una persona entrara a gatas y sólo podía percibir oscuridad, entró, gateando con cuidado. Se sentó, pegando la espalda a la pared para al menos tener un punto de referencia. Mayumi entró tras de él acomodándose a su lado.

–Si me dices qué estás planeando es posible que salgas ileso –masculló Kakashi, aproximándose a Shiki, apartándolo de sus compañeros que estaban pendientes de Tenzô.
–¿Te molestaría perder las comodidades vip?
–¿Cuál es el plan?
–Extraer los documentos y entregárselos a Torhuno. Aparte de que nos proporciona una fachada sólida, el daimyō ha aportado una considerable suma a las arcas de Konoha.
–¿Eso es todo tu plan?
–Obviamente al ser tantos y estar codificados en pergaminos necesitaré ayuda, ayuda shinobi. ¡No me mires así!
–¡El propósito de esta misión no es proveerte de golosinas Shiki!, mientras estemos encerrados en este lugar extrayendo… –su voz sonaba con tintes de advertencia.
–Rayos… debo haber combinado la impaciencia, ¿no crees que estás un poco más arisco que de costumbre?
–¿Quieres decir que tu cubo…? Olvídalo, no quiero saberlo, comienzo a sentirme como un títere que mueves con tus hilos.

Shiki le miró alejarse hacia Tenzô, pensando lo difícil que sería todo con hombres como ellos, acostumbrados a la acción, generalmente vertiginosa; la prueba más fehaciente era que tanto Gai como Genma bostezaban ruidosamente sin el menor pudor. Los minutos que había pedido Tenzô se estaban alargando, aunque había aprovechado el tiempo para agrandar el boquete, respetando la estructura del domo. Respiró hondo y se reunió con el grupo.

–Para haber descubierto su objetivo esto está un tanto abandonado –dijo Genma, acercándose al boquete.
–También abrieron esta otra entrada –explicó Mayumi, señalando el amplio hueco al centro del piso del domo– me enviaron abajo junto con el grupo de Torhuno-sama, bajo este domo se encuentra el primer nivel, donde están los anales. Torhuno-sama dio la orden de extraerlos pero el aprendiz de Sakata-sama descubrió extensiones de humedad en las paredes.
–Y decidieron no arriesgarse, como dije, cuidan bien sus traseros –dijo Genma, despectivo–. Abandonaron el hallazgo apenas encontrarlo.
–Esos documentos tienen miles de años, Shiranui-san, ya habíamos contaminado el ambiente con el aire de esta cueva y las antorchas que colocamos abajo… Sin las técnicas de Shiki…
–Todo se jodería –completó Genma.
–Sellamos el boquete y rogamos a Kami que soportara hasta que Shiki accediera a venir –dijo la chica.
–Quisiera tener un hyūga a la mano, no te ofendas senpai.

Kakashi encogió los hombros, a él también le habría gustado tener uno en el equipo. Si Tenzô estaba tardando tanto era porque no encontraba la manera correcta de apuntalar el edificio y él no podía ayudarlo.

–Descenderé –afirmó Tenzô, cansado de buscar algo entre tanta oscuridad.
–Espera… –Mayumi le retuvo del brazo.
–Tenzô, así me llamo –dijo, mientras se colocaba en la orilla, de espaldas al boquete. Dejó caer el cuerpo y se sostuvo del borde con ambas manos.
–No puedes descender a oscuras, no sabemos qué daño ha ocasionado el agua a pesar del sellado.
–Ya estoy preparado, si me puedes orientar, lo agradeceré.
–Déjate caer hacia tu izquierda –señaló– encontrarás una saliente. Síguela pegado a la pared, al final se encuentra la primer antorcha que colocamos.
–Iré contigo –dijo Kakashi.
–No es necesario senpai.
–Entonces te bajaré.
–Senpai… –protestó, enrojeciendo.

Kakashi no hizo caso de su vergüenza y le tomó ambas muñecas sosteniéndolo en el vacío, Mayumi señaló nuevamente la ubicación de la pendiente y Kakashi lo balanceó hacia la zona general que indicara Mayumi y lo soltó. Escucharon el sonido seco de las sandalias impactando suavemente contra la piedra. Kakashi se inclinó sobre el borde, descubriendo el Sharingan, listo para saltar al menor signo de peligro. No podía percibir estructuras pero sí el brillo de su compañero, podía verlo afianzándose con chakra contra la saliente, el cuerpo pegado a la pared.

–¡Usa un katón! –bromeó Genma, haciendo bocina con ambas manos.
–No utilizo elemento fuego pero traigo cerillos, Gen.
–Puedo lanzarte uno pequeñito.
–Eh no, gracias ya casi llego.

Genma rió, había que dejarle a Tenzô las bromas serias. La luz de la antorcha proyectó una pálida iluminación amarillenta que apenas le permitía distinguir una escasa área.

–Vaya olor… –dijo Kakashi, dejando a Mayumi con la interrogante de cómo podía oler con la nariz cubierta.
–Retrocedan –gritó Tenzô.

Kakashi se quedó parado en el mismo sitio, mientras el resto se apartaba un par de metros. Un segundo después había saltado hacia la ubicación de Tenzô. Se paró en la pared, perpendicular al chico. Tenzô movió la cabeza y saltó sobre la saliente, al parecer la roca había perforado el redondel que servía de base al domo. Encendió la siguiente antorcha. Independientemente de las precauciones que debían tomarse con los documentos, necesitaban la luz para ver lo que hacían, se dijo.

–¿Por qué no te quedaste arriba, senpai?
–Alguien tenía que cubrirte.
–No es necesario. Y ya puedes dejar de seguirme caminando por la pared, me estás mareando.
–Son 20 metros hasta el suelo, el diámetro inferior máximo es de 60, va decreciendo hacia arriba cada 5, su forma es cilíndrica a partir del segundo nivel, los muros están formados por bloques sólidos de roca de dimensiones variadas ¿Necesitas saber algo más?
–Sólo por qué no lo dijiste antes –respondió, irritado.
–Venía en el mapa. Son cálculos proyectados. Pero tenía interés en saber qué planeabas. –Kakashi ubicó el resto de las antorchas y las encendió con sus técnicas de fuego.
–Continuaré descendiendo –contestó avergonzado.
–¿Y la humedad?
–Controlada –murmuró.– ¿No te parece raro que no haya cadáveres, telarañas y cosas así? –preguntó Tenzô, el ánimo aligerado por la cantidad de libros que poblaba el lugar.
–En este piso. Antes de sellar el lugar completamente, excepto por la roca del domo, retiraron los cadáveres y el polvo acumulado –dijo Shiki, aterrizando junto a ellos.
–Escuchaste lo de 'controlada'.
–Sí. Como puedes ver alcanzaron a extraer aproximadamente una tercera parte –señaló alrededor. La circunferencia completa estaba cubierta por estantes cavados en las paredes, varios de ellos vacíos.

Shiki extendió su pergamino de almacenaje y tomó una brazada de papiros y rollos, colocándolos en los sellos que cubrían la superficie. Los documentos desaparecían en cuanto entraban en contacto.

–Yo… seguiré bajando –dijo Tenzô, Shiki hizo una seña de entendido con la mano y continuó con lo suyo.

Tenzô saltó hasta el siguiente nivel, seguido por Kakashi. Ahí sí había diferencia. El mismo tipo de estantes cubrían las paredes que los rodeaban; había estanterías alineadas en paralelo repletas de libros empastados en cuyos lomos estaban marcados los títulos con letras doradas. Mesas de lectura y bancos de madera estaban cuidadosamente alineados contra la baranda de roca maciza que servía de base al enrejado de hierro que rodeaba el centro. Tenzô abrió mucho los ojos al ver los esqueletos de unos cuantos ocupantes, algunos de ellos doblados sobre las mesas y otros tirados en el suelo.

–El edificio resistió la lava, pero se les agotó el aire –dijo Shiki, aterrizando junto a él–. Sería interesante saber qué sucedió… –agregó mientras quitaba unos cadáveres de una de las mesas. Sacó otro pergamino de almacenaje y comenzó de nuevo.
–¿In-teresante?.. Shiki-san, estoy haciendo retroceder la humedad, pero es una medida temporal. ¿Cuánto tiempo tenemos? –preguntó Tenzô.
–¿Antes de que se conviertan en polvo? Tal vez un par de días –respondió Shiki.
–Continuaré –dijo, iniciando su secuencia de signos.
–No, yo haré ese jutsu –dijo Kakashi deteniendo sus manos, Tenzô advirtió que se había descubierto el Sharingan. – puedo hacerlo. Baja al siguiente nivel, sigue valorando, si va más allá de mis capacidades encárgate de ello.

Tenzô asintió. El diseño de la biblioteca se repetía, aunque el número de anaqueles iba aumentando, dejando al centro el mismo espacio que permitía ver el siguiente nivel a través de los enrejados. Justo donde terminaba el círculo de hierro iniciaba la escalinata de descenso, siguiendo la estructura curva de las paredes. Los cerillos le habían servido bien, ya que las lámparas de aceite se encontraban adosadas a intervalos regulares en el enrejado.

Alcanzó la planta inferior. Ahora el interior del edificio estaba completamente iluminado.

–¿Tienes suficiente material, Tenzô? –preguntó Kakashi, saltando hasta su lado.
–No.
–Adelante, si algo falla usaré un muro de contención –dijo Kakashi.
–Dos –exclamó Shiki, aterrizando junto a ambos.
–Tengo diecisiete años…
–¿Y? –respondieron a coro.
–Necesito concentrarme –replicó agitado. Con su sobreprotección estaban acabando con su paciencia.

Shiki y Kakashi intercambiaron silenciosas señales desde su respectiva posición. Tenzô no podría utilizar la madera de los anaqueles a su conveniencia, era demasiado vieja, tendría que generar nueva. Lo miraron preocupados, la técnica de barrera de sangre consumía demasiado chakra. Mientras la utilizara no podían permitirse romper su concentración o todo se vendría abajo.

–Comenzaré por afianzar los cimientos y después… continuaré por niveles –afirmó ruborizado, haciendo su serie de signos mientras hablaba– introduciré cuñas. Quizá así pueda rescatar tu edificio, Shiki-san.
–Oh, no te preocupes tanto Tenzô-chan, mi última excavación me cayó encima, me mordió un biju y tragué arena y… esto… has lo que puedas –dijo Shiki con ligereza; para él también era importante conservar el lugar aunque su directiva principal fueran los anales y el chico lo había comprendido al instante.

Miró indeciso a Kakashi. Había interrumpido su trabajo para apoyarlos en caso de derrumbe, en ese nivel el riesgo era mayor, la humedad era evidente en las junturas de argamasa entre los bloques, pero su instinto le pedía continuar su labor de arqueólogo. Kakashi ladeó la cabeza y cerró los ojos en un mudo asentimiento–. Iniciaré el empacado.

–¡Mayumi, Genma, abajo! –gritó Kakashi. Ambos shinobi aparecieron al instante frente a él.
–¿Es seguro? –preguntó Mayumi, Genma la había teletransportado sin aviso usando como referencia el chakra de Kakashi; se sentía asustada y desorientada. – ¿Qué hace? –preguntó, señalando a Tenzô.

Ante sus ojos estaban ese chico de grandes ojos negros, con expresión concentrada, sentado con las piernas cruzadas, usando una mano para dar soporte a la otra cuya palma apuntaba hacia el piso y… el irritable y aterrador ANBU Lobo parado a su lado como un inmutable guardián. Lo que más la desconcertaba era que habían dejado solo al extraño hombre vestido de verde.

–Silencio –ordenó Kakashi, señalando a Shiki. Ambos se dirigieron hacia él.

Mayumi obedeció aunque aún tenía muchas preguntas, se notaba que la humedad había retrocedido y aunque había visto trabajar a su sensei muchas veces, no sabía que fuera capaz de manejar el elemento agua, tampoco había visto esos pergaminos gigantescos. Eran sólo dos, que había colocado sobre las mesas en semicírculo en lados opuestos de la estancia. Shiki les hizo seña de que se acercaran a él. Habló en voz baja, haciendo lo posible para no distraer a Tenzô, aunque había visto a Kakashi hacer un jutsu de aislamiento de sonido y se había sentado frente al chico, obstruyéndole la vista.

–Enviaré los documentos y ustedes los atraparán y colocarán en los pergaminos.
–¿Atraparlos? –preguntó Mayumi, Genma sólo lo miró como si fuera de otro planeta.
–Hay que hacer esto a velocidad, si queremos terminar hoy –dijo Shiki, aunque en realidad pensaba en el riesgo de derrumbe.

Ambos lo entendieron, decirlo en voz alta era invocar a la fatalidad. Shiki les señaló dónde pararse y se dirigió hacia la primera hilera de estantes. Tomó al azar uno de los libros, examinando su estado con mucho cuidado, asintió para sí y lo arrojó hacia Genma que lo tomó y colocó sobre el pergamino de almacenaje, al momento desapareció, junto con uno de los sellos dibujados en la superficie.

–¿A esta velocidad? Creí que sería más rápido –murmuró Genma desalentado.
–Oh, lo será –respondió Shiki guiñándole un ojo–. Sin maltratarlos, por favor.

Acto seguido sacó un atomizador de la mochila y roció el contenido sobre las hileras de volúmenes. Agotó el contenido y sacó otro, repitiendo el proceso hasta terminar. Esperó un par de segundos antes de realizar una serie de signos y echar a andar con paso rápido, rozando con los dedos de una mano los lomos. Apenas los tocaba y el tomo salía disparado hacia sus compañeros. Mayumi lo miró entornando los ojos, también desconocía esa técnica, aunque era evidente que usaba su chakra como una especie de marcador.

–Ordenó silencio y fue el primero en gritar –refunfuñó Mayumi, atrapando otro libro con una mano y dejándolo caer con otra.
–Tenzô está habituado al sonido de su voz –respondió Genma, sabía a quién se refería– por otro lado Kakashi no habría hablado si la técnica ya estuviera iniciada.
–¿Técnica?
–Sí, un dotón especial –respondió.
–Creí que Shiki estaba a cargo… ese Kakashi ¿Siempre es tan mandón?
–Generalmente.
–No entiendo por qué usó instinto asesino.
–Él no hace nada sin una razón.


Genma y Mayumi se tiraron de espaldas sobre el frío suelo de la caverna artificial. Prácticamente habían rogado por un descanso ya que ninguno de los tres que seguían abajo parecían percibir el paso de las horas.

–Mi estómago está rugiendo –dijo Genma con voz lastimosa.
–El mío también. Y me duele todo mi lindo cuerpo.
–Oh, pero aquí hay alimentos Genma-kun –dijo Gai– los trajeron hace horas, ¿no escucharon mi aviso?
–El jutsu de sonido –dijeron a coro.
–¿Entonces no escuchan?
–No.
–Oh, bajaré a llevarles algo de comer.
–Tenzô está concentrado. No hagas nada violento Gai –advirtió Genma, mientras Gai tomaba dos de las tres canastas que les habían llevado.
–De acuerdo.

Gai les miró, estaban sentados en una de las mesas de lectura, los brazos descansando sobre la tabla, con la postura que adoptan las personas que están bastante cansadas. Tenzô dormía profundamente, medio cuerpo posado sobre la superficie, usando los brazos como almohada. Puso los bento delante de Shiki y Kakashi, acompañados de unos termos, pero sólo lo miraron con desinterés.

–No se han acercado Kakashi. Tu alegre despliegue de instinto asesino los mantiene alejados.
–Hay algo que quiero preguntarte.

Gai se sentó a horcajadas en otra de las sillas. Kakashi sacó de uno de los estuches un pequeño trozo de metal que colocó sobre la mesa.

–Oh.
–No suelo tomar recuerdos de mis muertes, pero este eslabón se quedó enganchado en mi guante.
–Es igual a los que encontré en el calabozo.
–El hombre que lo usaba trató de atacar a su compañero al mismo tiempo que a mí gritándole que era un cobarde por salir huyendo.
–La muerte antes que la deshonra. Conducta típica de sectarios –comentó Shiki.
–Leí el informe, no encontraron más, aunque debieron haber quedado trozos más largos. El raikiri impactó su corazón
–Limpiaron el lugar, mi estimado rival, se encargaron de eliminar los rastros.
–Entonces lo que estabas haciendo era… –comenzó Shiki.
–Buscar una reacción, o falta de –asintió Gai.
–Es de suponer que se quedaran a ver el final, también que estén preparados para resistir el instinto asesino –afirmó Kakashi con voz cansada– por otro lado es posible que utilicen algún accesorio que los identifique, ¿Shiki?
–Independientemente de que esté o no a la vista –asintió Shiki–¿Entonces?
–Tres: 12:40, 4:30, 9:00 –dijo Tenzô con voz adormilada.
–Creí que dormías Tenzô-kun –dijo Gai.
–¿Quién puede dormir con ustedes hablando?

Shiki los miró. Él había estado demasiado preocupado por la presencia de Mayumi como para pensar. Definitivamente eran un equipo para tomarse en serio.