Capítulo 15: Incendio.
"Sólo el fin de las cosas es importante"
Yasuda Ukyo
Shiki se inclinó sobre la mesita de la recámara que compartían. Apoyaba los codos en la superficie, la mirada fija en el grabado que el cubo que tenía frente a sí le presentaba. Las expresiones faciales eran parte de la memoria genética de la humanidad, no importaba el país en el que vivieran cualquiera era capaz de identificar las emociones humanas básicas. Girando las facetas del cubo encontraba representaciones propias de esas emociones, gestos que simbolizaban lo mismo en todas las eras, aunque saberlo no parecía ayudarle a resolver el enigma. Lo que sí había descubierto era que cada persona reaccionaba de manera similar a la influencia del cubo.
Él era poco propenso a demostrar emociones y no por el entrenamiento shinobi, sino porque la vida misma le había enseñado que muchas veces era mejor callárselas, tampoco era muy empático con los demás, descifrar el porqué de las reacciones de cada persona le resultaba muy cansado porque cada quien tenía su circunstancia. En esos momentos deseaba que Ibiki o Inoichi estuvieran cerca para que lo orientaran, ambos eran capaces de entender el funcionamiento del músculo cerebral.
Los tres últimos días habían sido agotadores. A fin de cuentas los pergaminos especiales habían resultado insuficientes para terminar en una sola jornada, así que el caos comenzó; y su atención se dividía entre preparar contenedores, alejar a los curiosos -aunque tenía que reconocer que cuando Kakashi se hartaba bastaba una sola mirada para ahuyentarlos-, controlar a Mayumi en sus intentos de saltarle encima -sin nadie que lo defendiera-, e inventar excusas ante Torhuno para poder rotar a Genma y Mayumi con los otros tres ANBU infiltrados entre los trabajadores.
Kakashi no había reaccionado muy bien al descubrir que le habían enviado novatos en entrenamiento aunque se abstuvo de hacer algún comentario, limitándose a dar órdenes precisas y supervisarlos. Supuso que su labor de comandante le obligaba a fomentar la auto-confianza de sus subalternos, pero la irritación que sentía era evidente. No habían salido de la biblioteca hasta que terminó de almacenar los documentos eso le había exigido un esfuerzo desmedido de chakra y ahora estaba sufriendo las consecuencias.
Aunque su tan cacareado umbral del dolor era muy alto, se sentía molido y no quería ni pensar en Tenzô, que dormitaba pacíficamente en la litera contigua a la de Kakashi. Le había costado bastantes mentiras convencer a Torhuno de que la misteriosa desaparición de la humedad se debía al uso de químicos y no al jutsu de creación de Tenzo, que había generado un florecimiento anormal de los árboles de la zona aledaña. Para su fortuna, el hombre era poco observador.
Kakashi le había estado acompañando en silencio sentado en la silla frente a él, enfrascado en la lectura de su Icha-Icha o cualquier otro libro que llevara disfrazado con la portada. En todo el rato no había dicho una sola palabra y a él tampoco le molestaba; sabía que era poco parlanchín, en los días que habían convivido por lo general él proveía la plática y Kakashi los silencios.
–Dime, Shiki. Esa combinación ¿desde cuándo la conseguiste? –preguntó Kakashi con tono perezoso.
–Desde que salimos de Konoha, ¿por qué? –respondió, no necesitaba aclararle que se refería al cubo.
–Parece ser que los halos se han vuelto más densos. Son casi… tangibles.
–Tú los puedes percibir, probablemente por tu doujutsu, sin embargo para el resto de nosotros sigue siendo invisible… –dijo, algo de exasperación en el tono de voz– escucha…–bajó la vista– suelo trabajar solo, tal vez eso me hace tener prioridades diferentes, es sólo que… la mayoría de las veces los artefactos que investigo suelen ser letales, cosas que la humanidad no debería poseer.
–Pero aún así lo haces.
–No espero que me entiendas, pero… de verdad lamento que esto te afecte tanto. Tal vez no habrías tomado la decisión que tomaste si no hubieras estado influenciado por el cubo.
Kakashi miró hacia el techo, apretando los ojos y respirando con tranquilidad, estirándose lánguidamente para aflojar músculos tensos por la posición.
–Cada uno es dueño de sus decisiones. Causa-efecto.
–Gracias.
–No te otorgues tanto crédito.
–Y yo que creí que se había roto la máscara del Lobo.
No le contestó, así que Shiki regresó a la contemplación del cubo. El movimiento de la mano de Kakashi acercándole un estuche muy fino le regresó a la realidad.
–El… amuleto. Creí que no querías que…
–Sí, como dije, tiene un sello que sólo yo puedo deshacer– sacó de su bolsillo otro estuche idéntico que sostuvo colgando de la tira de cuero que lo sostenía.
–Pero… ¿hay dos? –Kakashi asintió.
Los miró detenidamente, eran idénticos en todos los aspectos, excepto que el primero que le había acercado tenía una pequeña muesca en la orilla inferior izquierda, donde había impactado el jutsu prohibido.
–¿Pero cómo? ¿Lo duplicaron en Konoha?
–Es uno solo, ambas partes se integran en una que sería demasiado vistosa para usarse como joya real. Natsuko-hime me dio una mitad y conservó la otra.
–Al alejarla protegiste también el amuleto.
–Esta otra –tocó el segundo estuche– se la entregó a uno de nuestros chicos cuando salió de la revisión médica protocolaria.
–¿Entonces por qué…?
–No lo sé, no traía manual de instrucciones.
–¿Lo has?
–¿Unido? No es necesario. Son partes espejo, encajan perfectamente en la otra.
–¿Por qué no me lo habías dicho antes? ¿Soy tan indigno de tu confianza como para que me mantengas a oscuras?
–Deja el drama, entre menos lo sepamos es mejor.
–Ya veo, entonces o hubo algo más entre tú y la princesa o evadiste a los guardianes y te entrevistaste con ella, para alguien de tu nivel no sería difícil.
–Ya… Sandaime me ordenó que no lo hiciera. Ella sabía que si ambas partes se mantenían separadas el amuleto no sería tan peligroso.
–Mierda. Y con los sectarios rondando…
–Están reconociendo el terreno, es lo que yo haría, no harán ningún movimiento hasta que estén seguros de que en realidad traemos con nosotros los artefactos y que no es una trampa.
–Kakashi…
–Lo sé, lo sé –dijo suspirando dramático– Genma montó una barrera nivel 5 en esta cueva, bloquea incluso a ninja de tipo sensorial. Lo averiguarán cuando consideremos que es tiempo de que lo hagan.
–Estoy tan agradecido que… ¡te daría un beso!
–Tendrás que resistir la tentación. Me iré a dormir, hay algo que necesito hacer temprano –dijo Kakashi, tomando los dos estuches.
Respiró profundo, estabilizando su latido cardiaco, descansando los músculos del esfuerzo a que los sometiera con la escalada. Había decidido hacer algo de ejercicio tras el confinamiento obligado en la zona de la biblioteca y la nefasta influencia del cubo sobre sus emociones. Se había dirigido a la montaña más alta, elevada varios cientos de metros sobre el nivel del río. Desde que habían llegado a las ruinas le había llamado la atención, en ese momento se dijo a sí mismo que la escalaría en cuanto le fuera posible. Era una prueba para su agilidad y resistencia ya que sólo utilizaría su fuerza corporal, sin ninjutsu. Había pensado brevemente comentarle a Gai, pero rechazó la idea, necesitaba estar solo.
Se paró en la saliente, sintiendo cómo la adrenalina iba abandonando su sistema. Miró alrededor, la peculiaridad de esa masa rocosa era que la punta parecía cercenada por el hacha de un gigante, estaba vacía de vida vegetal, la superficie parecía un espejo, pulida por los vientos. Movió la cabeza, sonriendo para sí. Shiki le estaba contagiando la imaginación. Admiró el paisaje. El sol comenzaba a aparecer en el horizonte y el estruendo del caudaloso río enmarcaba con su canto el nuevo amanecer. Una densa bruma matinal, característica de las montañas altas se elevaba sobre la corriente, cubriendo la entrada a la zona de excavación.
Cerró los ojos, aceptando esa tranquilidad que la naturaleza tiende a regalar generosamente a todo aquel que quiera recibirla. Y realmente lo necesitaba. No podía culpar a nadie más que a sí mismo del estado de ánimo que tenía, incluso el cubo de Shiki era solamente una especie de catalizador para algo que llevaba cociéndose en su interior desde hacía tiempo.
–Un ryū por tus pensamientos, capi.
–Momo.
–Te vi desde allá abajo –señaló un punto indistinguible en la lejanía.
–Sólo respiraba la paz de este lugar.
–¿Un rito de purificación?
Sonrió, no lo había pensado de esa manera, independientemente del deseo de hacer ejercicio sólo había sentido la necesidad de alejarse; algo muy dentro de sí le había impulsado a hacerlo, a buscar el aislamiento de los ruidos artificiales que poblaban las cavernas, regresar al origen, a lo esencial. Era típico de Chita que diera con palabras para expresarlo. Se sentó, las piernas suspendidas en el aire.
–Mensaje de Sandaime –dijo ella sentándose junto a él, le entregó un pergamino.
–¿Vienes a integrarte a la misión? –preguntó, leyendo las líneas.
–He de entregar un mensaje personal de Sandaime al daimyō de Tsuchi –negó con la cabeza.
–¿Es así?
–Tengo que quedarme en la capital a esperar la respuesta –Chita volvió la máscara hacia él, se puso de pie y realizó sus signos de transportación– volveré en tres días capi.
Volvió a la contemplación, necesitaba apaciguar su mente, alejar las pesadillas compuestas de sueños fragmentados que lo acosaban. La plática con Gai le vino a la memoria; era un peligro que estuviera integrando la realidad con las visiones causadas por el cubo de Shiki cuando su pensamiento debía ser claro y concentrado. Sacudió la cabeza, mirando nuevamente el pergamino que aún sostenía entre las manos.
El mensaje era un resumen del resultado de la nueva investigación hecha por Kaia sobre la desaparición del guardián, le informaba que no había regresado a su aldea de origen y que ella aún seguía en el rastreo. La proyección de Shikaku era que el guardián se presentaría en el lugar y cabía esperar que llegara, Kakashi mismo coincidía con esa idea, quizá el guardián en realidad sí pertenecía a los Hayabusa y si no era así, estaba involucrado de alguna manera. El resto del mensaje vetaba el curso de acción que estaba planteándose desde el día anterior ya que le ordenaba esperar, no tocar a los sectarios detectados y mantener un perfil bajo. Movió la cabeza, Sarutobi conocía bien a sus guerreros.
Torhuno se había tragado las mentiras de Shiki y cabía esperar que el resto de su equipo lo hiciera, pero los Hayabusa-kai eran otra cosa; tenían entrenamiento de alto nivel y era casi indudable que supieran quiénes eran las 'escoltas'. La idea inicial al montar el escenario consideraba esa verdad, de otra forma, fungir como cebos no serviría de nada.
En cuanto a Mayumi, la consideraba un riesgo ya que era parte del equipo principal de excavación. A pesar de que aún estaba en entrenamiento y también fuera shinobi, era posible que cuestionara la tardanza de Shiki en extraer los documentos de los contenedores. Tomó nota mental de que tenía que hablar con ella. Respiró hondo, sintiéndose un tanto aliviado por las órdenes de Sarutobi y un tanto frustrado porque quería enviar un mensaje de advertencia a quienquiera que estuviese a cargo de la organización eliminando discretamente las amenazas.
Dudar de sus propias decisiones durante una misión tampoco era algo que le alegrara el día.
–¡¿Qué dem? –exclamó, viendo el humo proveniente del cuartel de los shinobi de Tsuchi.
Sin pensarlo dos veces saltó hacia el precipicio. Sintió la resistencia del viento golpear contra su cuerpo y la aceleración de la caída le presionó el estómago. Pegó los brazos al cuerpo, ajustando la posición de los músculos mientras calculaba la distancia que lo separaba del caudal. Dirigió chakra hacia los pies y con un giro aterrizó en la superficie. Aunque no sabía el grado del problema, era bueno que no lo hubiera usado para escalar, sus reservas estaban casi completas. Avanzó corriendo sobre el agua hasta alcanzar la maciza planicie rocosa que consistía en el patio frontal del cuartel. Chita llegó un segundo más tarde, deteniéndose junto a él.
–Te vi saltar –dijo, a modo de explicación– ¿Distingues algo? –él ya se había descubierto el Sharingan.
–Una sola marca de chakra a 25 metros, a las 9. Está inconsciente.
–Lo sacaré mientras controlas el fuego.
Chita se lanzó al interior de la cueva, con esa aceleración que le imprimía a su cabello una llamativa ondulación ígnea en tanto Kakashi realizaba ninjutsu a toda velocidad, agua para apagar el fuego y una barrera de protección para Chita. La ANBU salió con su carga a la espalda, la depositó en el suelo y comenzó a reanimarla, haciendo una rápida revisión con chakra.
–Mayumi –murmuró Kakashi.
–¿La conoces? está bien, no parece tener heridas de gravedad, debe haberse protegido con algo.
–Es una kunoichi de Tsuchi, aprendiz de Shiki.
–¿Shiki-san tiene aprendices? Hay que verlo para creerlo.
–No parece haber sido por acuerdo mutuo –comentó Kakashi alzando los hombros.
–Te estoy escuchando Hatake-san –la voz sonó debilitada, aunque no parecía tener intención de moverse.
–¿Qué demonios?
–Lo mismo me pregunté, Hayashi-san –respondió Kakashi, mirando con indiferencia al shinobi.
–¡Apártate de ella! –gritó uno de los tres acompañantes, abalanzándose hacia Chita. Kakashi se interpuso entre ambos lanzando una rápida patada que lo envió hacia el río.
–No la toquen –advirtió Kakashi–, salvó la vida de tu hermana –dijo enfrentando a Izuru, que se quedó parado en seco, mirando atontado el Sharingan.
–Gracias –atinó a responder Izuru, saliendo del trance que la contemplación de los ojos dispares le había ocasionado. Hizo una reverencia y se acercó con cuidado.
–Ella está bien sólo está algo atontada, ¿puede haber sido una explosión, Hayashi-san? –dijo Chita, volviendo el rostro cubierto por la máscara ANBU hacia él, se levantó y se puso a un lado de Kakashi.
–Vimos el humo –dijo otro de los acompañantes– pero el equipo de vigilancia no reportó ninguna explosión, ¿Mayumi-chan? –se arrodilló junto a la chica.
–Como dijo ella, estoy bien –dijo Mayumi, incorporándose con la ayuda del shinobi.
Un segundo equipo de shinobi aterrizó junto a ellos. Izuru dio rápidas órdenes de que arreglaran el cuartel y en seguida fue obedecido. El chico que Kakashi lanzara hacia el río estaba en la orilla, sacudiéndose el agua de las ropas. Izuru se volvió hacia el par de Konoha y les hizo una señal con la cabeza de que lo siguieran, se detuvo a varios metros del ruidoso grupo de chicos.
–Esos tres son mis estudiantes, estoy preparándolos para el examen chūnin –explicó, señalando a los chicos, que se arremolinaban junto a Mayumi– mis disculpas, Hatake-san, señorita.
Chita asintió, se volvió hacia Kakashi y se tocó con tres dedos la frente de la máscara, él cerró ambos ojos un segundo y ella partió de inmediato, con su velocidad característica. Izuru la siguió con la mirada hasta verla desaparecer.
–Vaya velocidad.
El segundo equipo se acercó hasta ellos.
–Controlado, capitán, aunque los alimentos quedaron inservibles, solicitaré provisiones –dijo el jônin. Izuru asintió.
–Bien, Hatake-san, lo menos que puedo hacer para agradecerle es que también escuche la explicación –dijo, Kakashi deslizó el protector sobre el Sharingan y asintió–.
Mayumi había sido conducida al interior del cuartel por los preocupados muchachos. Se encontraba sentada en el suelo, aplicándose un ungüento. Dirigió una mirada de cachorro extraviado a su hermano, que sólo movió la cabeza y se puso en cuclillas frente a ella. Kakashi se mantuvo a un par de pasos de distancia, los brazos cruzados y las piernas abiertas, no sentía la más mínima curiosidad por enterarse del accidente, pero tal vez podría conseguir información que le permitiera encontrar la manera de manejar el riesgo que significaba la chica.
–Sólo quería mirarlo de cerca, ver si podía ayudar a Shiki a extraer los documentos, él dijo que sería un proceso largo y yo… yo –se detuvo, irrumpiendo en sollozos desconsolados.
–¿Qué quieres decir? Mayumi… no habrás…
–Robé uno de los pergaminos de almacenaje.
Al instante Izuru se arrepintió de haber invitado a Kakashi a presenciar la explicación. Si había existido una posibilidad de obviar el asunto, había desaparecido con su decisión. Ahora estaba expuesta a la ira de Torhuno, del daimyō y probablemente la del viejo Tsuchikage. Miró desesperanzado a Kakashi que se puso en cuclillas junto a él. Izuru movió la cabeza en mudo asentimiento, a partir de ese momento su hermana quedaba bajo la decisión de Konoha.
–¿Qué sucedió? –preguntó Kakashi.
–Creí que era un pergamino contenedor estándar. ¡Sólo quería ayudar!
–Pregunté qué sucedió.
–Realicé los sellos de extracción y el pergamino simplemente comenzó a arder… ¡no supe qué hacer! Lo arrojé y se incendió todo y apenas pude protegerme.
–Creí que eras estudiante de Shiki –afirmó Kakashi, implacable; Mayumi se ruborizó.
–No del todo, es decir sí pero…
–No lo eres.
–¡Cómo te atreves! –gritó indignada, Izuru miró asustado a Kakashi, pero éste solamente continuó.
–Si lo fueras sabrías que los pergaminos de Shiki están protegidos con un sello de autodestrucción basado en identificación de chakra, es un procedimiento estándar que exige el cliente para el manejo de documentos delicados.
–Hatake-san… –intervino Izuru, un ruego implícito en su voz. Kakashi asintió y se levantó, lo condujo hacia una zona apartada de la caverna e hizo unos sellos de barrera.
Ambos se sentaron sobre un tapete de tiras de bambú.
–El año pasado Shiki estuvo estudiando este mismo lugar –señaló a su alrededor– Mayumi insistió en que quería ser arqueóloga e imagino que a Shiki le pareció algo tierno…
–Sí, tiene algo que atrae a los niños –murmuró, recordando al jinchūriki de Suna, pensando para sí que esa atracción generalmente terminaba mal para Shiki.
–Aceptó enseñarla pero ella…
–Está en la edad en que le parecen más interesantes otros asuntos –afirmó Kakashi, Izuru asintió, evidentemente azorado, el rubor cubriendo el moreno rostro.
–Interpretó el hecho de que Shiki le estuviera enseñando como señal de que estaba perdidamente enamorado de ella –Kakashi le miró con incredulidad.
–Y Shiki terminó huyendo de Tsuchi.
–No lo suavices. Huyó de ella –dijo Izuru, molesto, Kakashi hizo un gesto empático– No tengo que decirte que su preparación es incompleta. Mi hermana no tiene una habilidad ninja excepcional, tampoco lo necesario para serlo; pero la arqueología, aunque comenzó como un capricho de adolescencia se ha convertido en lo único que la apasiona. Pero esto… acabaría con la posibilidad de que fuera admitida en el servicio real.
Kakashi volvió la cabeza hacia el grupo de chicos que trataban de calmar el llanto de Mayumi, quien parecía estar sufriendo un dolor emocional tan fuerte que no cabía en su pequeño cuerpo. Analizó la situación, el contenido del pergamino estaba a salvo, de eso no tenía duda y también estaba el hecho de que Shiki no permitiría que le robaran algo que consideraba valioso a menos que… Se puso de pie e Izuru le imitó.
–Este incendio fue un accidente, Izuru, nada más. Causado por el cansancio de tres días seguidos de trabajo en las ruinas aunado al desgaste de chakra.
–Gra-cias –dijo él, abriendo mucho los ojos, era la primera vez que le hablaba por su nombre. Hizo una reverencia.
–No sé de qué me hablas –respondió, saliendo de ahí.
Se dirigió hacia el corrillo donde estaba su hermana a largas zancadas.
–¡¿En qué estabas pensando? –tronó; los chicos lo miraron, aterrados.
–Hermano, perdóname. De verdad que sólo quería ayudar…
–Mantendrás la boca cerrada –Mayumi asintió, bajando la vista– ¡igual ustedes!
–¡Sí sensei!
–¿Qué sucedió?
–Que ese hombre les salvó la vida, a ambos –dijo, señalando a Mayumi y al aún mojado chico, que le miró confundido.
–Me pateó –protestó el aludido, haciendo un puchero– ¡me arrojó al río!
–¡Y te evitó una muerte segura, idiota! Nadie en su sano juicio se abalanza sobre un ANBU. Habrías muerto sin que nada pudiera evitarlo y Tsuchi se vería en la necesidad de explicar por qué un idiota atacaba a un élite en misión diplomática. ¿Acaso no viste el distintivo en su brazo?
–Creí que era sólo un accesorio.
–Es el salvoconducto especial del daimyō –murmuró otro de los chicos.
–¿Entonces a qué atribuiste la intervención de Hatake-san? –preguntó Izuru, ya bastante irritado.
–Creí que protegía a la mujer, no sé… ¿que era su novia?
–Creo que necesito reevaluar tus habilidades, Koji… y mi capacidad de enseñanza –dijo Izuru, dándose la vuelta y retirándose a apaciguar la ira.
–La chica estaba buena –murmuró Koji, ganándose un codazo de su compañero.
N.A. Ya adopté la costumbre de Kakashi, esta vez me perdí en el camino del bloqueo de escritor, pero finalmente aquí está el capítulo. Decidí hacerlo un poco más corto que los anteriores para no cansarlos demasiado. ¡Nuevamente Gracias por leer!
