Capítulo 17: Halo.

"Si supiese qué es lo que estoy haciendo, no le llamaría investigación, ¿verdad?"
Albert Einstein.

Entendía que el hecho de poseer un Sharingan afectaba fisiológicamente a su organismo; sus cinco sentidos ya eran aguzados de nacimiento, herencia genética, el ojo de Óbito había le había dado una dinámica diferente a su visión aunque el efecto secundario fuera nocivo para su chakra; mantenerlo cubierto era una necesidad, como también lo era la máscara ninja que, aunque equipada con un eficiente filtro, apenas conseguía disminuir el asalto olfativo que le recibía dondequiera que se encontrara.

Ocasionalmente esa agudeza sensorial era una molestia, como en ese momento; el olor de la variedad de especias que sazonaban los distintos alimentos que formaban el menú del desayuno le hizo desear tener al menos un catarro. Extendió la charola señalando al servicio los platos que deseaba y luego se retiró a la mesa.

Mientras recorría el espacio que lo separaba de sus compañeros, su percepción topó con el diminuto chakra de uno de los marcajes de Tenzô. Barrió el entorno con la mirada de advertencia que había adoptado como rutina todas las mañanas, notó la misma reacción que siempre causaba, incluso en esos dos, aunque la de ellos fuera simulada. Por lo general los tres espías estaban juntos cuchicheando entre ellos, se concentró en ubicar la otra semilla pero el tercero no se encontraba en la galería, sentía las miradas disimuladas que le dirigían a él y al equipo. Respiró hondo, enfocándose en canalizar un sutil genjutsu hacia los hombres. Colocó la charola sobre la mesa y se sentó, dándoles la espalda, encarando a sus compañeros.

No solía comparar las habilidades particulares de nadie, para él ninguna persona era mejor ni peor, cada quien tenía lo suyo. Pero había captado un fragmento interesante de conversación. Sin embargo, ya fuera por efecto del cubo o por la lentitud con que se estaba desarrollando todo, se sentía exasperado.

–¿Cómo es que nuestros queridos espías encuentran apetitoso nuestro exterior de bombón y ustedes no? –preguntó, haciendo señas para que disiparan el efecto, tras obedecerle, cuatro pares de ojos se desviaron automáticamente hacia los que les observaban.
–Es injusto que digas eso, todo mundo sabe que tus sentidos están desarrollados muy por encima de lo normal –protestó Genma, volviendo la vista hacia él.
–Es una pregunta válida –respondió Tenzô– ellos tampoco poseen doujutsu y la genética de senpai no es muy común.
–Pero si ellos pueden verlo… entonces tal vez sólo es cuestión de entrenamiento –comentó Gai, comiendo a dos carrillos– apuesto a que si me esfuerzo también lo veré –agregó brillantemente, haciendo bizcos para pescar la elusiva cosa.
–¿Y bien, experto en leyendas?
–No me hostigues –protestó Shiki– para mí también ha sido una revelación.
–¿Entonces el campo entrópico...?
–Dije que no me hostigues. Hay un campo entrópico, eso es lo que causa que estés insoportable –Kakashi le miró apático– estemos –aumentó Shiki– pero no veo cómo eso tiene que ver con la visibilidad o no del… ¿podrías llamar a Tsuki?

Kakashi levantó la mano hacia el servicio de comedor, levantando dos dedos sin siquiera volver el rostro, llamando la atención de la mayoría de los comensales. La joven se acercó a la mesa e hizo una reverencia. Shiki le susurró algo al oído y ella soltó una risita seguida de un visible rubor. Kakashi observó en silencio el intercambio, la chica era uno de los novatos que acababan de integrarse a la misión. Se retiró haciendo una nueva reverencia.

Tenzô estaba dando zarpazos en el aire, Gai seguía haciendo bizcos y Genma movía la cabeza, enfurruñado. Kakashi enarcó la ceja, esperando que Shiki pronunciara palabra y el resto del equipo dejara de esforzarse en ver algo que no podían. No sucedió ninguna de las dos. Pero Tsuki regresó con una bandeja de tacitas de té que colocó frente a cada uno de ellos.

–Beban su té –dijo Shiki por fin– excepto tú –agregó dirigiéndose a Kakashi, los otros tres miraron con sospecha el líquido y tomaron las tazas con reticencia– no tiene nada letal.

Ante la vacilación de sus compañeros, tomó la suya, la elevó a modo de saludo y bebió el contenido de un solo trago, le imitaron tras unos cuantos segundos.

–Shiki… –advirtió Kakashi.
–¿Tiene que probarse, no? Anko no está tan loca como para matarnos… ¿o sí?

Genma tomó la servilleta, dispuesto a limpiarse al menos la lengua, pero Kakashi le detuvo de la muñeca.

–Es una descortesía rechazar el té que tan elegantemente nos ofrece este ilustre caballero.
–Que aún no ha caído muerto –dijo Tenzô, mirando aprensivo el fondo de la tacita.
–Por eso no se puede rechazar –contestó Kakashi.
–¿Qué es esto, Shiki?, ¿una especie de rito de pasaje? –preguntó Gai.
–Pueden llamarlo así. Es una droga experimental desarrollada por Anko.
–Ex –perimental… –murmuró Genma.
–¿Ven bombones? –preguntó Shiki, esperanzado.
–No. Sólo a alguien a quien deseo convertir en pudín –respondió Genma, los demás asintieron enfáticos.
–Tch. Entonces supongo que es mejor que vayamos a trabajar –afirmó Shiki, encogiendo los hombros, no era alguien que se desalentara fácilmente, tal vez la poción de Anko no funcionara igual en todos.

Kakashi se levantó, emparejando a Shiki. Abandonaron el comedor, disponiéndose a salir hacia su nueva sede de trabajo.

Torhuno se había mostrado insólitamente accesible y obsequioso, ganándose una mirada de sospecha por parte de Shiki, que aunque ya sabía el origen de semejante conducta decidió incomodarlo. El hombre había accedido a su petición de llevar los asuntos ninja entre ninja, trabajando en el cuartel de la guardia de Tsuchi. El razonamiento de Torhuno para justificarse ante sí mismo fue que estando en presencia de shinobi aliados era difícil que Shiki hiciera alguna jugarreta.

En cuanto autorizó la solicitud de Shiki, Izuru les dejó un espacio respetable en el cuartel. Una galería adecuada para el trabajo, apartada del grupo de Tsuchi y bastante cercana a la verdadera área de interés de Shiki. No obstante, Tenzô elevó su barrera favorita de privacidad en cuanto entraron.

–Sigo esperando tu respuesta –insistió Kakashi en cuanto se acomodaron.
–¿Recuerdas que al principio sólo tú podías verlo pero después también Usuki-chan?... incluso Ibiki y yo lo captamos.
–¿Y? Ninguno parece notarlo y ahora es más denso.
–El hecho es que lo pudimos ver aunque sólo fuera indirectamente al relajarnos. Quiero decir, desde que llegamos aquí ninguno de nosotros ha podido relajarse, en tu casa era diferente. Así que le pedí a Anko que elaborara algún menjunje que cubriera 2 puntos: relajarnos sin perder habilidades y anular el efecto del campo entrópico del cubo.
–Eso es imposible, no puede haber relajación sin vulnerabilidad –afirmó Genma.
–¿Eh? Pues yo estoy viendo una cosa como algodonosa alrededor de Tenzô-kun y no creo estar vulnerable; tírame tu puñetazo más fuerte, mi estimado rival.
–¿Para qué quieres que lo veamos, senpai?
–Es un antojo –respondió Kakashi, soltándole un golpe a Gai y derribándolo al piso.

Tenzô le miró sin creerle ni tantito. Él no conseguía ver lo que Gai afirmaba.

–Creo que Anko-chan tendrá que ajustar un poquito la dosis –dijo Gai– casi lo esquivo.
–¿A nadie más que a mí le preocupa depender de las pociones de esa loca? –preguntó Genma.
–Sí –respondieron Gai y Tenzô a coro.
–¿Sí les preocupa?
–No. Pero a ver Genma-kun, ¿te importaría golpearme con tu golpe más fuerte? –preguntó Gai, dispuesto a probar.
–Será un placer –respondió Genma, poniendo en el puño toda la frustración que sentía. Gai lo esquivó sin problema.
–Oh, corrijo, la droga está bien –dijo Gai sonriendo de oreja a oreja.
–¿Sabes que eso fue ofensivo? –protestó Genma, sobándose el hombro, realmente le había puesto fuerza al brazo, había conseguido evitar la caída por la inercia pero eso no lo hacía particularmente feliz.

Gai lo miró sin entender. Frunció el ceño, pensativo y sacudió la cabeza.

–Genma-kun, eres uno de los mejores élite de Konoha, lejos de mí la intención de ofenderte –afirmó compungido– si te hace feliz dejaré que me pegues.
–Eso estuvo peor –murmuró Tenzô al oído de Gai– Gen, lo que él quiere decir es que senpai conoce todos sus movimientos y es capaz de anticipar dónde no evadirá, si con tu capacidad no pudiste tocarlo entonces difícilmente otro podrá.
–¿Por qué eso no me hace sentir mejor? –rezongó Genma.
–Debe ser el metabolismo de Gai –comentó Shiki suspirando: extendió uno de los pergaminos en la amplia mesa que les suministraran– es sumamente acelerado.
–Mayumi a la vista –informó Kakashi, Shiki no dijo nada, ocupándose en desenrollar los pergaminos a la vista de todos.

La joven le agradaba pero para él aún era una niña, el mismo carácter arrebatado de Mayumi era suficiente para incomodarlo, no conseguía hacerle entender que el trabajo de arqueología requería concentración. Preparó el cuerpo para el asalto del que siempre le hacía víctima y respiró hondo, ante la risa disimulada de Kakashi. El asalto nunca llegó, la joven topó contra la barrera de Tenzô y rebotó ruidosamente.

–Maldición –exclamó Tenzô, haciendo rápidos signos para deshacer la barrera.

Corrió hacia ella, ayudándola a incorporarse. Mayumi le miró, atontada.

–Esto es de alto nivel, Tenzô-kun –murmuró sorprendida– ninguno de mis compañeros es capaz de levantar una barrera física.
–Lo siento, Mayumi-san –se disculpó– es la costumbre.
–Debí preverlo –se sacudió la ropa con dignidad, para después echar a correr y abalanzarse sobre Shiki, que apretó los ojos pidiéndole paciencia a Kami. La joven le colgaba de la espalda, con las piernas cruzadas alrededor de la cintura.
–Mayumi-chan… ¿podrías dejar de hacer eso?
–No.
–Tch, bien como quieras, pero si estás encima de mí no podrás trabajar y eso me retrasa –ella lo soltó en el acto.
–Quiero ayudar.
–Correcto, comienza con la serie de signos que te enseñé la vez pasada.
–¿Son los mismos?
–Sí.
–Pero entonces ¿por qué…? –se interrumpió al ver a Kakashi mover la cabeza negativamente, con esa mirada de advertencia que le causaba pavor.
–¿Sí?
–No, nada.
–Como sabes, los pergaminos tienen un sello de seguridad con mi marca de chakra para impedir que se extraiga el contenido, a este ya lo "firmé". Repite la secuencia sobre cada uno de los símbolos para materializar los documentos –Shiki se dio la vuelta, dejándola parada ante el pergamino extendido y caminó hacia donde había dejado la mochila.
–¿Y tú?

Kakashi se paró frente a ella, impidiendo que lo siguiera.

–¿Quieres aprender?
–Sí, pero…
–Entonces cállate y obedece. La primera lección de un aprendiz es la obediencia.
–Sí, señor –contestó, sospechando que ese hombre estaba dispuesto a obligarle a obedecer si lo consideraba necesario.
–Genma.
–Entendido –suspiró Genma–. Mayumi-chan, mis órdenes a partir de este momento son mantenerte en este sitio. No me obligues a usar la violencia.
–Pero…
–No suelo repetir órdenes –dijo Kakashi con voz gélida– pero contigo haré una excepción, –le sonrió con el ojo visible, eso la hizo aterrarse más– este es mi último aviso, si quieres seguir bajo el tutelaje de Shiki te atendrás a mis reglas. Al menor desacato, serás echada de este lugar sin miramientos.

Sin esperar que contestara, Kakashi se dio la vuelta y se dirigió hasta donde se encontraba Shiki, que estaba arrodillado sobre un pergamino bastante grande haciendo signos con ambas manos.

–Te amo –murmuró Shiki, sin separar las manos.
–Podrías haber hecho lo mismo que yo desde un principio, te habrías ahorrado bastantes tribulaciones. Un sensei decide si aceptar o no a un aprendiz, no al revés.
–Sigo amándote.
–Tch.
–Retrocede –dijo terminando la serie de signos. Kakashi saltó hacia atrás al mismo tiempo que Shiki.

Una enorme estructura en forma de caja de cristal surgió del pergamino con un sonido parecido al de un globo desinflado. Shiki descorrió la tapa y saltó al interior, sacó del estuche un trozo de mineral de color azul que colocó en el centro.

–Arrójame mi espada por favor. –Kakashi tomó la larga katana y la lanzó hacia él.
–Tenzô –ordenó Kakashi en cuanto Shiki comenzó a elevar la katana.
–Sí senpai –Tenzô se apresuró a colocarse a un lado de Kakashi, manteniéndose en guardia.
–Gai.
–Entendido –Gai se paró a un lado de la caja.

Shiki alzó la katana hasta donde daba el largo de sus brazos y la hizo descender con precisión sobre el bloque, ocasionando una vibración que removió ligeramente el lugar. La sostuvo unos segundos y desencajó la hoja, tomando impulso con la misma para saltar hacia afuera.

–Gai, ayúdame a cerrarla –pidió Shiki, dejando caer la larga kodachi y señalándole el borde de la tapa, mientras hacía una vertiginosa secuencia de signos.

Apenas terminó Gai de correr la tapa, se escuchó un estruendo ahogado y del bloque de mineral comenzó a brotar una neblina azulada que llenó el interior.

–¿En qué estabas pensando? –gritó Genma desde su lugar– podrías haber derribado la montaña con nosotros dentro.
–¡Ya la perfeccioné Gen! Además, para eso está la caja –murmuró Shiki, viendo que Kakashi también lo miraba– Oigan… el corindón requiere una presión muy elevada para soltar el gas.
–¿Tenzô?
–No ha habido daño estructural, la montaña sigue intacta –respondió éste tras unos cuantos segundos.

Shiki los miró con desaliento. Hasta cierto punto tenían razón en su desconfianza; la técnica, como todas las de tierra, era peligrosa. A pesar de ser propia le había costado muchos ensayos en el desierto y varias desintoxicaciones conseguir llevarla al límite, aparte de mucho trabajo para los artesanos de Suna hasta lograr un cristal que resistiera el impacto y la vibración. Él no tenía la fuerza bruta de Gai, ni el rayo de Kakashi. La única opción que le quedaba era su habilidad de canalizar el chakra de tierra con la kodachi para producir el Jishinken. Su misma katana se llamaba Jishin, terremoto, y el único indicio del grado de intensidad de la técnica era la elevación del mango.

–Imagino que sólo la puedes usar de vez en cuando –dijo Kakashi, apresurándose a detener la caída de Shiki. Descubrió el Sharingan, el nivel de chakra de su compañero estaba muy bajo, le ayudó a sostenerse.
–Ya… sólo, ayúdame a sentarme. Era necesario, es un volumen muy grande de documentos.
–¿Shiki-sensei?
–¿Qué sucede, Mayumi-chan?
–Hora de la enseñanza, sensei –dijo Kakashi, socarrón.


Luca entró a la cabaña con la precaución producto de largos años de interacción con la Sombra. Traía el informe que le solicitara antes de que partieran hacia el Ópalo y temía que descargara la frustración sobre él, al menos él mismo ya se sentía frustrado. Esta Sombra era la más violenta de todas. Desde el inicio de su liderazgo se había encargado de dirigir o participar en la eliminación de todos aquellos que se acercaban demasiado a cualquiera de las reliquias, no tomaba riesgos. Quizá por eso Kami le había enviado una crisis como la actual, algo sin precedentes desde la separación de los artefactos. Entre los subordinados había recelo hacia lo que era capaz de hacer, esta era la prueba de fuego que sus antecesores temían.

Las reliquias se habían mantenido apartadas durante siglos. Tantos que, si no fuera por la tradición oral transmitida por generaciones, las verdaderas implicaciones de su existencia se habrían perdido. Los únicos que conocían la verdad completa eran ellos.

Se acercó con los pasos más firmes que le permitía su aprensión, los indescriptibles ojos negros se detuvieron en él, como si apenas acabara de notar su presencia. Le señaló la silla frente al escritorio que ocupaba. Luca se sentó, nervioso, apretando contra el regazo el expediente.

–Asumo que tienes las observaciones necesarias para la eliminación de los de Konoha –declaró, sin apartar la mirada, Luca asintió, vacilante. – ¿Si garantizo tu vida serías más específico? Quiero la verdad.
–La verdad es que no sólo será una tarea difícil, sino que rayana a lo imposible –pronunció las palabras tragando saliva. Sombra le hizo una seña de que continuara. Luca entendió el dossier sobre la mesa de trabajo, mostrando las fotografías del Bingo que había conseguido a precio exorbitante de un caza-recompensas.

Señaló la primera, recitando de memoria los datos que había recabado.

–Hatake Kakashi, aquél que enfrentaste directamente.
–El señor del rayo –acotó Sombra, Luca asintió en silencio.
–Se le conoce como Sharingan-Kakashi o el ninja-que-copia, él es el líder, es considerado como un virtuoso de las artes ninja, con cuatro elementos en su haber y dominio de yin-yang, sólo se le conoce una técnica propia, si tiene otras nadie ha sobrevivido para contarlas.
–Una medida inteligente, si no saben qué enfrentar, ¿cómo contrarrestar?
–Eso no es todo, la escolta de Hinorobu es el equipo insignia de los ANBU de Konoha. Hatake es el comandante general del escuadrón desde hace varios años. Todos ellos son especialistas a pesar de su corta edad. Este –señaló la siguiente foto– el de las cejas pobladas es Maito Gai, "la sublime bestia verde de Konoha", maestro de armas con el taijutsu más poderoso del mundo ninja.

Sombra frunció el ceño, recordando la velocidad de reacción y fuerza física del hombre de peinado y cejas estrafalarias, nunca olvidaría la expresión determinada que tenía en el rostro mientras protegía a Hatake, agitando los nunchaku con gran velocidad y precisión. Varios de sus hombres murieron por el impacto de esa arma. Apretó los dientes. Luca continuó:

–El alto, de cabello rubio arena es Shiranui Genma, maestro de armas y técnicas de fuego, escolta de reyes y ex guardaespaldas personal del Yondaime Hokage, especialista en la muerte silenciosa, ese senbon que siempre trae entre los labios puede matar a cualquiera al instante si decide escupirlo o lanzarlo con la lengua, su puntería es legendaria.

Se contuvo ante la mirada circunspecta del líder, estaba siendo efusivo en exceso, le recordaba demasiado bien la batalla en la que la mayor parte de su grupo terminó herido o muerto. Se apresuró a separar la imagen de Shiki.

–El escoltado, Hinorobu Shiki, especialista en arqueología, maestro del elemento tierra y experto en Iaido, requerido por la mayoría de las naciones para la recuperación de artefactos.
–¿Y este? –preguntó, posando el dedo sobre la fotografía del más joven, una instantánea tomada en las calles de Konoha; observó que Luca hacía una pausa incómoda, adrede había dejado esa información para el final.
–No existen datos de él en los libros. La misma población de Konoha parece desconocer su existencia. Vive solo, en el edificio ANBU. Al parecer es huérfano. Todavía es un crío –afirmó, tratando de darle firmeza a una voz que mostraba menosprecio hacia el joven, recordaba vivamente que lo hacían víctima de bromas y lo "protegían" a causa de su edad, el incidente del centro de la aldea aún estaba fresco en la memoria.
–Si pertenece al equipo insignia, compuesto de prodigios, entonces debe ser alguien a tomarse en cuenta.
–Su-pongo –admitió, era algo lógico que él debió pensar– se guardan mucho de mostrar sus habilidades –añadió, justificándose sobre la marcha.

Porque admitir que no habían conseguido nada más sustancial sobre el chico estaba fuera de cuestión, sería un suicidio.

Sombra cerró de golpe el dossier y lo apartó con brusquedad, como si los papeles le quemaran los dedos. Hizo tronar los huesos del cuello, estirando la cabeza a uno y otro lado, Luca sintió un escalofrío recorrerle la columna, ese gesto lo usaba cuando estaba molesto.

–¿Por qué consideras que casi raya en lo imposible?

Luca respiró hondo, esa era la pregunta que temía, aquella que sabía que si contestaba con la verdad, enloquecería a Sombra. Habría preferido no ser él quien le entregara la noticia.

–Porque el halo los ha recubierto por completo. Ha formado el aura.
–¿Y eso cuándo ha sucedido? –preguntó, acodando los brazos sobre la mesa, entrecruzando los dedos, con una voz fría que era un mal presagio.
–Hoy mismo se ha completado, poco después de que abandonaran el complejo y salieran hacia el cuartel de Tsuchi. Pude verlo… cerrarse –murmuró, temiendo la reacción de Sombra.

Sombra apoyó la barbilla contra el pecho, cerrando los ojos, la ultimación del halo en tan corto tiempo era algo sin precedentes. Por lo general, formar la capa transparente tomaba meses por sí sola, la solidificación años si no se contaba con la combinación exacta. Respiró hondo, suponían que Hinorobu tendría en su poder la reliquia de Suna, el halo era la molesta comprobación del hecho. ¿Cómo había conseguido Hinorobu armar la combinación? Más importante aún: ¿por qué no se activó el primer sello de protección?

Sin duda, Kami se estaba burlando de él. Le había puesto frente a antagonistas difíciles de derrotar y el cubo había decidido convertirse en su escudo.

Luca abandonó el escondite sintiendo las piernas flojas. Había visto el fuego asesino en esos ojos inescrutables, tan negros que ocultaban la forma del iris. No sabía si su supervivencia se debía a un extraño segundo pensamiento de Sombra, a la promesa que le hizo o al simple hecho de que su desaparición ocasionaría sospechas entre los de Konoha. Por el momento, le agradeció a Kami seguir vivo.


–¿Lo tienes? –preguntó Kakashi, poniéndose en cuclillas frente a Tenzô.
–La información es bastante confusa –respondió, deshaciendo el jutsu.

Kakashi esperó paciente a que recuperara sus sentidos normales, vigilando con el rabillo del ojo hacia donde el resto del equipo ayudaba a Shiki a introducir los documentos en la enorme pecera.

El humo azulado aún llenaba el espacio, pero Shiki les había asegurado, cuando descorrió la tapa, que el efecto venenoso se disipaba al entrar en contacto con las paredes de cristal ya que estaban preparadas por los artesanos de Suna con hierbas especiales que al mezclarse formaban el compuesto final: un gas contenido por el chakra de Shiki que permitía la conservación de documentos. "En todo caso, tengo el antídoto" completó, viendo nuevamente el mosqueo en los rostros, "y no lo elaboró Anko".

Tenzô elevó la vista hacia él, mirándolo a través de párpados entornados. Seguía sentado en el suelo de la caverna, las piernas cruzadas y las manos posadas sobre las rodillas.

–En realidad es hermoso.
–¿Tenzô-kun? –preguntó Gai, volviendo tan rápido la cabeza hacia ellos que el cabello le picó los ojos que había abierto como platos, permaneció muy quieto con una brazada de libros a medio camino del contenedor.
–Es iridiscente, como un arcoíris –continuó Tenzô.
–¿Uh? Oye… podrías esperar a que no estuviera yo presente –dijo Genma acercándose a agitarle el cabello.
–¡Genma! –protestó Tenzô, entendiendo tarde la broma.
–Agradezco los piropos pero… ¿podrías decirme lo que escuchaste? –preguntó Kakashi con suavidad, antes que la timidez de Tenzô le perturbara tanto como para que perdiera la concentración.
–"Ha formado el aura", "hoy mismo se ha completado", "cerrarse" –repitió las palabras que el eco de la semilla le enviara.– Lo siento senpai, es todo lo que capté. Yo no he… perfeccionado esa técnica.
–Y asumo que ahora puedes ver nuestra envoltura –murmuró Kakashi.

Gai había dicho que era algodonoso y Tenzô iridiscente, él mismo lo veía como una cubierta brillante de colores diferentes en cada persona y carecía de elementos suficientes como para determinar a qué se debía semejante percepción. Los labios de los espías habían pronunciado "halo, aura y "solidez", aunque el efluvio careciera de esa solidez como la conocían. Clavó la cabeza en la barbilla, cerrando los ojos, estaba seguro que Shiki estaba atento a su conversación aunque dudaba que hubiera podido percibir algo a través de la barrera aislante de Tenzô; volvió la vista hacia él y con las señas encriptadas del código ANBU le repitió las frases cortadas que captó Tenzô y le preguntó si tenían algún sentido para él.

Sin contestar, con el rostro mortalmente serio, Shiki hizo rápidos signos y avanzó hacia ellos a largas zancadas, Mayumi hizo el intento de seguirlo, pero el muro de tierra que se elevó de suelo a techo, impidió que avanzara. Gai la detuvo del codo, negando con la cabeza.

–¿Qué sucede, Maito-san? –preguntó, confundida, en todo el tiempo que le había tratado, jamás había hecho algo tan agresivo para impedirle que lo siguiera.
–Shiki-kun tiene unos asuntos personales qué tratar con mis compañeros –afirmó con seriedad, sacándola de balance, nunca habría creído que fuera capaz de hablar normalmente.

Mayumi se quedó pensativa, notando que el hombre de las cejas pobladas y peinado de tazón la miraba fijamente. Se había quedado muy quieto, sin mover un solo músculo, ni siquiera notaba el usual ritmo controlado de su respiración que normalmente le hacía elevar ligeramente el diafragma, revelando los músculos bajo el holgado traje que usaba. Parecía estar analizándola, como esperando su reacción y su instinto de conservación le dijo que era mucho mejor si no intentaba moverse. Una intensa presión asesina le hizo palidecer.

Se maldijo internamente, se había concentrado tanto en memorizar las técnicas de arqueología de su sensei, que se había olvidado por completo de observar al resto del equipo. Algo se traían entre manos, estaba segura, pero su nivel no era suficiente para aspirar entrar en el cerrado círculo élite que conformaban, Shiki incluido. Carraspeó incómoda, ella no era una kunoichi, eso le había quedado bastante claro.

Los minutos se extendieron en una silenciosa incomodidad que la hacía temblar de pies a cabeza por el esfuerzo de mantenerse quieta a pesar del instinto asesino de Gai que le ordenaba a su cuerpo que se pusiera a salvo, que saliera de ahí a como diera lugar. La había experimentado antes con los ANBU de su propia aldea, pero jamás con la intensidad que ese hombre formal y de sonrisa perfecta podía producir.

–¡Gai! –Mayumi sólo escuchó la voz de Kakashi un segundo antes que, con un puñetazo, el aludido derribara sin esfuerzo el muro que erigiera Shiki.

Abrió mucho los ojos, la fuerza de ese hombre era monstruosa. La tierra se abrió y se tragó los escombros, dejando todo nuevamente como estaba. Eso había sido obra de Tenzô, alcanzó a verlo terminar la secuencia de signos. Gai la tomó de la cintura, impidiendo que cayera al suelo cuando soltó el instinto asesino y se acercó a velocidad hasta donde se encontraban.

–Eres mi estudiante, Mayumi-chan –afirmó Shiki, con un rostro tan serio y concentrado que le parecía alienígena– quiero disculparme contigo por ocultarte la verdad.

El miedo que había sentido antes con Gai palideció ante el que estaba sintiendo al ver la transformación de su sensei. Por primera vez lo veía como lo que realmente era: un guerrero de alto nivel con una especialidad extraña para un shinobi.

–La… ¿verdad? –musitó, sintiéndose estúpida.
–Estoy siendo cazado. De ahí que se me asignara una escolta. Por acuerdo de Sarutobi-sama y Ōnoki-sama se me envió aquí para alejarme del peligro, pero hemos sido localizados.
–Imposible, ¿quién querría…? mi hermano…
–Solicitaré a Ōnoki-sama el traslado del escuadrón de protección del Ópalo a una ubicación más segura. Irás con ellos.
–No lo haré.
–Este es un asunto entre Konoha y sus enemigos, Tsuchi no debe verse involucrado –dijo Shiki, inamovible.
–Pero… ustedes son…, mi hermano seguramente pondría el escuadrón a…
–La decisión está en manos de tu Kage –afirmó Kakashi– estamos apegándonos a lo que dictan las normas de las 5 grandes naciones ninja.


N.A. Advertencia de licencia literaria: la dureza del corindón está un nivel por debajo del diamante pero su tenacidad está clasificada como frágil, tampoco tiene gases encapsulados en el interior.