Capítulo 18: Cubo.

"Una de las reglas universales de la felicidad es: siempre sospecha de cualquier cosa útil que pese menos que su manual de instrucciones."
Jingo. Terry Pratchett.

Tras hacer que Tenzô repitiera nuevamente las escasas palabras captadas a través de sus semillas y declarar que le diría parte de la verdad a Mayumi, Shiki había guardado un empecinado mutismo y cerrado el asunto sin más explicaciones. Kakashi no lo presionó, sabía que hablaría cuando estuviera listo o hubiera encontrado las palabras adecuadas para expresar lo que fuera que guardaba en la cabeza. Terminaron el día laboral poco después de medio día sumidos en un silencio total. Incluso Mayumi se había guardado de hacer algún comentario, sobre todo después de ver aparecer a Satô, una de las invocaciones de Shiki, lo que confirmó ante sus ojos la declaración que hizo de que esperaría las órdenes del Tsuchikage.

Suspiró, tenían que esperar la respuesta de Sarutobi, que a su vez dependía del acuerdo al que llegara con el Tsuchikage y conociendo a Ōnoki, éste se haría el remolón un par de días antes de dar una respuesta. Caminó junto a Shiki, dirigiéndose a la zona de excavación, tratando de averiguar qué lo tenía tan alterado, su fachada de relajación no le engañaba.

–Recibí órdenes de mantener un perfil bajo, Kakashi –declaró Shiki, tras un buen trecho de camino.
–¿Te dijo eso?
–No me contestes con preguntas, deduzco que te hizo lo mismo –replicó Shiki.
–Tch.
–Tenzô-kun es perfectamente capaz de darnos la ubicación, terminar con ellos no nos tomaría mucho tiempo. Aunque no sería cantar y coser.
–No, no lo sería –murmuró Kakashi.
–Y tenemos que apegarnos al comportamiento shinobi en terreno aliado.

Kakashi asintió, casi podía adivinar lo que pasaba por la mente de Shiki, él mismo había evaluado la situación varias veces. Sarutobi los quería lejos de Konoha, a Ōnoki le convenía porque Tsuchi pagaría menos por la misión que, por otro lado, ya estaba por concluir. Shiki no había abandonado su objetivo personal de encontrar la cuarta reliquia, hasta cierto punto era algo que le admiraba: esa paciencia a largo plazo, aunque también estaba el problema de alargar su estadía sin motivos, eso despertaría las sospechas del equipo civil. Atacar sin más al grupo era un riesgo que tampoco podían tomar, desconocían casi completamente las técnicas enemigas y pondrían en peligro la excavación y con ello el apoyo de Tsuchi. Si las cosas salían realmente mal se enfrentarían a una situación de rehenes civiles, con una cantidad mínima de efectivos. Frunció el ceño, dudaba que Shikaku hubiera omitido esa posibilidad.

–Maa, hemos llegado –afirmó, sonriendo, como si acabara de darse cuenta del hecho.

Caminaron hasta sus estancias sin pronunciar ninguna otra palabra. Entraron, cerrando la puerta tras de sí.

–Shikaku pensará algo –dijo Kakashi en voz alta, él también había enviado su reporte a Konoha, planteando las circunstancias– que posiblemente implique labor de topo.
–Lamento causarles tanto inconveniente –murmuró Shiki.
–Lo hacemos por Kaia –dijeron Genma y Kakashi a coro, obteniendo la risa nerviosa de Shiki.
–Sólo nos queda encontrar la cuarta reliquia –afirmó Kakashi– o acercarnos lo suficiente a ella para que se olviden de utilizar civiles como escudo.
–A estas alturas comienzo a pensar que no es tan buena idea –respondió Shiki.
–Creí que saltarías de gusto –dijo Kakashi, genuinamente sorprendido.

Se sentaron en los camastros, todos ellos pensativos, meditando en las palabras de Shiki. Conociéndolo, lo que había dicho era algo preocupante, él no temía lanzarse al abismo sin paracaídas. Nunca había abandonado una misión, aunque saliera malparado de ella, mucho menos una que implicara saciar su proverbial sed de artefactos.

–¿Cuántos calculas que sean, Tenzô-kun? –preguntó Gai.
–Sabemos de tres infiltrados, más el jefe, pero el grupo que escoltaba el emplazamiento era bastante numeroso. Los que los atacaron a ustedes eran una veintena, según el reporte de Atsui. Y si asumimos que proceden del clan misterioso que descubrió Kaia-san...
–Nos enfrentamos a una aldea ninja no aliada, proclive a ataques suicidas –terminó Kakashi, Tenzô asintió.
–¿A nadie se le ha ocurrido entregar las reliquias? –preguntó Genma, mascando su senbon con aire distraído.
–¡Jamás! –replicó Shiki, casi sin dejarle terminar la pregunta.
–Creí que querías abandonar –replicó Genma, sin inmutarse–… y entendería tu decisión, el riesgo es demasiado alto, somos huéspedes en territorio aliado, tenemos unos 200 civiles en este lugar –señaló alrededor– sin contar a los grupos de suministro que traen los víveres y pertrechos. Nuestro equipo, más el de apoyo aun si incluyéramos a los 3 equipos de protección de Tsuchi… –hizo una pausa– difícilmente se podrían evitar eventualidades.
–Pero no han hecho su movimiento ¿qué estarán esperando? –preguntó Gai, pensativo.
–Terminar de reunir información sobre nosotros –respondió Genma– es lo más probable.
–Una confirmación –murmuró Shiki.
–Que ya tienen.
–Si tu proyección resultó correcta, el guardián de la princesa debió colar la información de tu "accidente", misma que ya sabían cuando llegamos aquí, deben haber dado por hecho que habías encontrado el cubo de Suna, por sus palabras ya han confirmado que lo traes contigo, no sabemos si creen que también traemos el amuleto y tengo que suponer que consideran que el orbe se destruyó en la explosión de hace un año. Si asumimos que los rumores esparcidos por Inteligencia llegaron a destino, ¿es posible que estén esperando que recuperes el artefacto de Tsuchi? –expuso Kakashi.
–Lo que pondría tres quintas partes del mítico artefacto en su poder. ¿Para qué? –preguntó Shiki.
–Buena pregunta. Tú conoces el pasado, ¿cuál es tu respuesta?
–Tch. El pasado se reescribe según la percepción de quienes lo vivieron. La arqueología no es una ciencia exacta, sólo podemos conseguir acercamientos, no hechos –declaró, enrojeciendo.
–Si asumimos que la recuperación del artefacto de Tsuchi es el disparador… –comenzó Tenzô.
–Podríamos precipitar el desenlace haciendo que Shiki ponga sus manos sobre él –declaró Genma.
–Pero ¿y si no es así? –preguntó Gai.
–Estaremos en medio de una pelotera marca diablo –contestó Genma.


Sombra analizó el reporte que le entregara Luca en su última visita.

El grupo se veía diferente, estaba cambiando, parecían más centrados de lo normal en sí mismos. El que se llamaba Gai permanecía callado, solía quedarse muy quieto y examinar con extrañeza sus brazos extendidos; el del senbon parecía mirar hacia dentro e incluso Hiborobu, famoso por su cháchara interminable permanecía silencioso, el más joven parecía entristecido.

Sombra sonrió, era el efecto del halo, hasta cierto punto los compadecía, eran demasiado jóvenes para sufrir esa transformación, aunque también era cierto que les sería menos dolorosa por esa misma causa. Y Hatake era quien más cerca estaba del fin.

Luca informaba que estaban trabajando en la conservación de los anales rescatados ya que habían entregado algunos paquetes en la oficina principal del director del complejo. En el comedor común llevaban varios días sumidos en un silencio que resultaba espeluznante. Se mantenían aislados en el lado opuesto de la montaña, sin acceso para los civiles y custodiados por el destacamento de protección de Tsuchi que había establecido una severa vigilancia que no permitía pasar ni una mosca. Reportaba también la llegada de un ANBU de Konoha, máscara de felino, mujer, conocida en los libros bingo como Chita, identidad desconocida, experta en katana y técnicas de viento, había partido un par de horas después con rumbo a Konoha. También reportaba que regresó 3 días después acompañada de un ANBU con máscara de dragón y ambos se habían mantenido en guardia a la entrada del cuartel, lugar donde se encontraba el artefacto.

Dos ANBU, por tradición la máscara del dragón estaba reservada a un guerrero poderoso. En este caso uno discreto ya que no figuraba en los libros Bingo. Continuó leyendo. Todos los signos indicaban que Hatake tenía contacto físico con el Amuleto del Rayo, aunque ninguno de sus hombres había conseguido acercarse a él lo suficiente para tocarlo y así confirmarlo, parecía evadir el contacto físico con cualquiera, incluso con sus compañeros; el más mínimo roce era evadido con un veloz movimiento. El efecto en el resto del grupo era sutil, pero visible a los entrenados ojos de los guardianes.

Revisó nuevamente las anotaciones. Al parecer no habían hecho intentos de utilizar los artefactos. Se preguntó a qué se debería, pero rechazó la pregunta, no importaba el uso que les dieran, simplemente no deberían tenerlos en su poder. Cerró el dossier.

En el pasado se había encargado de desanimar a todos aquellos que siquiera mostraran interés en las reliquias. Su estilo duro fue severamente criticado por sus coetáneos. Dio un frustrado puñetazo a la mesa. No tenía justificación en haber perdido 3 reliquias a mano del mismo hombre, aunque este fuera un shinobi. Cierto, los demás habían sido simples ladrones, pero al fin y al cabo personas sin acceso al uso del chakra. Hinorobu trabajaba en la oscuridad, a la manera ninja, pero él, la Sombra, debía haberlo previsto, debía haber considerado que la curiosidad del joven le llevaría a toparse con alguno de los artefactos prohibidos, debía haberle detenido desde el asunto del orbe, pero había llegado unas horas demasiado tarde.

–Me estoy haciendo viejo –musitó para sí.

Había sido un error. Permitir que un ninja, alguien de su misma raza, le engañara con un simple jutsu de sustitución que culminó en la pérdida del orbe. En el bajo mundo comenzó a circular el rumor de su aparición en el destacamento mercenario y de que un importante miembro de la realeza pagaría una suma exorbitante por él. Había dudado en atacar a un grupo de nuke-nin ya que eso habría expuesto la existencia de su clan al mundo ninja, entonces decidió rescatar el orbe en cuanto el dignatario lo tuviera en su poder; pero esa decisión le había costado el Orbe del Cielo. Había sido demasiado blando. Gracias a Kami la falta de experiencia de Hinorobu respecto a los artefactos prohibidos había terminado en un aparatoso incidente que destruyó la reliquia consigo.

El Consejo había respirado con alivio. Una menos. Sin embargo, enterarse de que Hinorobu había localizado y extraído el Cubo de Aryabha había sido un duro golpe para el clan. Todos daban por hecho que permanecería enterrado en las arenas del desierto hasta que el mundo dejara de existir. Ellos mismos desconocían la ubicación exacta, Suna había sufrido en el pasado los efectos devastadores del cubo y desde entonces se había convertido en la tumba perfecta para algo que no debía ser, para resguardar un poder que no debían poseer las naciones ninjas de la actualidad.

El quinto artefacto era el catalizador, aquel que ocasionaba la reacción en cadena que liberaba el poder de la Reliquia. La única y auténtica materialización que nadie deseaba ver porque ello implicaba el fin. El fin de la vida como la conocían, sin garantía de un futuro. Suspiró. ¿Qué podía suceder si se reunían tres de los artefactos?, ¿una mutación truncada?, ¿tal vez una destrucción parcial?, lo ignoraba, era algo que no tenía precedentes.

Inhaló profundamente, era un hecho teórico que la combinación de dos artefactos conllevaba un efecto de cambio sobre quienes lo sufrían. Cada composición producía un efecto único, diferente, algo que desconocían ya que no estaba documentado. El equipo Lobo estaba compuesto de shinobi excelentes ¿qué podría haber más allá de eso? La perfección, tal como se le concibe no podía existir en un mundo asolado por la violencia, donde la misma paz era tan sólo una excusa para reponer fuerzas y comenzar una nueva batalla, una cada día, ajena a la lucha basal por la subsistencia, alejada de los ideales de paz de quienes idearon los artefactos para esgrimirlos como una amenaza para, irónicamente, así mantenerla. Usar la violencia para reprimir la violencia.

"El mundo está lleno de almas viejas en cuerpos jóvenes, ¿no te has puesto a pensar que tal vez, sólo tal vez, si son esas mismas almas del pasado, traen consigo el conocimiento original?
"Creo que estás llevando demasiado lejos la imaginación, sensei".
"Quizá. Pero si así fuera, quizá ellos tendrían la respuesta definitiva de qué hacer con la Reliquia.
"Sensei… lo único que yo sé es que debo impedir que se reúnan, no importa el costo, así sea mi propia vida."

Y era cierto, era lo que pensaba en ese momento. El legado recibido dictaba proteger y mantener separados los fragmentos de la reliquia, sin más explicaciones de qué sucedería si los reunían.

Tōshi le sonrió con benevolencia. Le agitó el cabello con una mano. Ahora casi podía saber lo que pensó de él su sensei: la visión heroica de la adolescencia, la autoinmolación para salvar el mundo.

"El mundo no es blanco y negro, Tzeng, está formado por tonalidades de gris."

Tzeng. El nombre olvidado por él y por los dioses.

Tōshi estaba lejos, en el pasado, se había ido por voluntad propia llevándose con él las últimas trazas de amor que quedaban en su persona.

Había decidido esperar. Cuestionar sus propias decisiones era algo que debería quedar fuera de su mente. Sin embargo…


–Ella está bien, Kakashi, está en entrenamiento de combate.
–¿Acaso pregunté? –respondió, desviando la mirada hacia la distancia.
–No, pero soy chismosa –respondió Chita, Kakashi no habría ido a sentarse a su lado si no tuviera algo o mucho qué preguntarle. Y le había tomado su tiempo hacerlo.
–¿Sandaime no puso objeciones a tu partida?
–Tsuchikage-sama dio la respuesta que deseabas, –comentó como al paso, era algo que él evidentemente ya sabía por el breviario formal que le entregó al llegar–. Aunque ya sabes, con su lumbago y todo eso… estuve en el país un día más de lo previsto.
–Tampoco pregunté eso.
–Ya. Inuzuka me dijo que tienes un nuevo integrante en el equipo ninken, un dogo, está muy saludable y ya habla.
–¿Habla?
–Sí.

Kakashi asintió.

–Usualmente Lobo es poco parlanchín. Hay algo más diferente en ti, aunque no puedo precisar qué –declaró ella, le tendió una barra energética, pero Kakashi negó con la cabeza.
–Shiki se está acercando a su objetivo. Esto quizá se ponga movido –declaró él, fijando la vista en las manos.
–Desde que llegué aquí has estado evitando verme de frente.
–¿Eso crees?

Chita soltó una risita. La imagen de un Kakashi tímido era algo que al cruzar por su mente le causó gracia. Hasta donde sabía, sólo era tímido cuando alguien comentaba algo sobre su manía de leer libros rojos en público.

–Necesitas un especialista en sellos, por eso me querías aquí. Heme aquí. Sé que hay siete que protegen un misterioso cubo. Aunque hasta el momento no me has dicho nada, ¿así que asumo que tienes alguna duda al respecto?

Kakashi volvió a mirar a lo lejos. Había solicitado específicamente a Sarutobi la presencia de Chita en la misión. El clan Uzumaki era famoso por su maestría en sellos, aunque eso también había sido el motivo por el que fuera exterminado casi en su totalidad, con excepción de Momo y el jinchūriki del Kyubi. Sin embargo era eso mismo lo que le hacía dudar, el chico no parecía muy inteligente a pesar de ser hijo de Minato; la herencia ancestral del clan estaba enteramente en manos de ella. Y los artefactos de Shiki eran bastante peligrosos.

–Tsuchikage-sama accedió a hacer la vista gorda siempre y cuando Shiki complete la misión. No habrá preguntas –Kakashi continuó la conversación con el lenguaje ANBU.
–¿Pero…?
–Pero sospecho que no sólo Mayumi nos vigila. Es posible que haya habido una filtración.
–Lo que explicaría el aumento de efectivos en el grupo de guardia y la relativa rapidez de Ōnoki-sama en acceder a la petición.
Justificado por la necesidad de proteger a Shiki.
–Entonces Ōnoki-sama quiere aprovechar la oportunidad.
–Y confiscar el artefacto en cuanto se confirme que lo hemos conseguido.
–Lo que sería un beneficio doble para Tsuchi, no pagan por esa misión y se hacen de una de las armas de la antigüedad.
–Cuentan con que Konoha no provocará un incidente que pudiera causar daños colaterales. Según ese razonamiento entregaríamos el artefacto sin protestar. Quieren atarnos de manos.
–¿Las tenemos atadas, Kakashi?
–¿Cuándo ha sido de otra manera?

Chita rió nuevamente, moviendo la cabeza. Era cierto, un shinobi tenía que seguir las reglas establecidas por sus superiores que a su vez, tenían en consideración la burocracia establecida sobre sus cabezas alegando la diplomacia y el respeto a los frágiles tratados de paz que mantenían una cohesión delicada entre las naciones ninja. Y ellos tenían que encontrar la manera de doblar un poco esas reglas sin rebasar los límites.

–Shikaku no envió el análisis de la situación –volvió el rostro hacia ella, era más una interrogante que una afirmación
–Me preguntaba cuándo lo dirías. Hay demasiadas misiones delicadas vigentes. Me dijo que cuando llegara el momento te dijera que eres perfectamente capaz de determinar la mejor estrategia.
–Tch.
–Así que tú eres a quien he estado esperando. – La voz de Shiki irrumpió en su silenciosa conversación.
–Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas –cloqueó Chita.
–Y es bueno que sea tan bella como tú.
–Adulándome no vas a conseguir más de lo que esté dispuesta a darte –respondió ella.
–Lo sé, lo sé –suspiró Shiki– no perdía nada intentándolo. ¿Estás lista?

Chita asintió y se puso de pie. Shiki guió el camino hacia el fondo de la galería. Kakashi movió la cabeza y Atsui aterrizó a su lado.

–Escanea la montaña, una revisión a fondo de las paredes, suelo y subsuelo de la galería. Me ocuparé del perímetro. Gai, Genma –Kakashi activó el micrófono.
Entendido. Estamos en posición –respondieron ambos.
–Quizá Tsuchi interprete esto como una violación a sus términos. ¿Tenzô?
Preparado, senpai.

Atsui se quedó quieto, activando el Byakugan bajo la máscara, espalda a espalda con Kakashi que descubrió el Sharingan, revisando hacia las lejanas figuras de los guardias de Tsuchi. Todos estaban en sus posiciones usuales, incluso los que se habían integrado después. El equipo que descansaba en el cuartel seguía dormido, esperando la hora de relevar turno. Era el momento perfecto, aunque no así las circunstancias. Admiró la perspicacia de Sarutobi de enviarle a Atsui tras recibir la respuesta de Ōnoki.

El plan había surgido de la desesperación de Shiki. Junto con la decisión de Tsuchi, había llegado la pregunta de Sarutobi respecto al cubo, sin duda el viejo líder quería asegurar que al menos uno de los artefactos fuera viable, aunque se desconocieran de momento las repercusiones que eso traería. Siguiendo el orden de prioridades, si sucedía una catástrofe era preferible que fuera lejos de la aldea, en segundo lugar se encontraba la seguridad del equipo insignia, por ello no le había dado un segundo pensamiento a la integración de dos élite de alto rango a la misión.

Shiki había preparado un contenedor similar al que usara para los anales, con la diferencia de que éste no contenía el compuesto venenoso, Tenzô lo había recubierto de madera para impedir que ojos ajenos vieran lo que sucedía en el interior.

Chita saltó al interior seguida de Shiki. Éste se sentó frente a ella con las piernas cruzadas, sacó el cubo de su estuche y lo puso ceremonioso entre ambos. A grandes rasgos le explicó la situación, diciéndole que él no había encontrado ninguna pista que le llevara a deducir la naturaleza del artefacto.

Chita asintió en silencio y comenzó a examinar una a una las facetas del artefacto, era extraño, pero le recordaba algo que había visto en un manuscrito del clan Uzumaki. Elevó la máscara sobre la frente, cerró los ojos un par de minutos, inhaló profundo y los abrió para mirar fijamente a Shiki.

–¿Quién movió las facetas?
–Yo... tenía que darle sentido –protestó, encogiendo los hombros al escuchar el tono de voz de la joven.
–¿Usaste una combinación al azar?
–De hecho no, seguí una idea de Kakashi… dijo algo sobre regresar al origen. Probé un orden fijo de movimientos hasta conseguir el número de giros correctos usando el duplicado que elaboró inteligencia.
–¿Y el aura sólida que los recubre se produjo antes o después de que combinaras sobre el original?
–¿Eh?
–Por tu expresión, deduzco que no es algo que querías que los demás supieran. Este cubo tenía siete sellos, uno por cada faceta y uno central, este estilo de sellado se utiliza para contener una masa concentrada de chakra dentro de un objeto, es una técnica desarrollada en Suna. Considerando su origen, probablemente le pertenecía al Ichibi, el demonio que ahuyenta el sueño y materializa las pesadillas.
–Lo supuse… –murmuró Shiki– Tenzô-kun escuchó algo sobre halo… solidez, entonces recordé que era un efecto lateral de un experimento.
–De las técnicas de sellado que probaron en Suna para contener al Ichibi –asintió Chita–. Tenían el propósito de transformar la energía maligna en una fuente de poder positivo, utilizable. La técnica se desechó porque sólo funcion con cantidades muy pequeñas de chakra concentrado, evolucionó hasta perfeccionarla en la que utilizaron para encerrar al Ichibi antes de sellarlo en el cuerpo del nuevo jinchūriki.

Shiki se quedó en silencio, valorando la información que le proporcionara la joven. Bajó la vista, extendiendo ambas manos frente a sí, aún le causaba desconcierto ver el halo.

–El halo que les rodea a ustedes es una capa exterior de bijū. –Declaró Chita, como si leyera su mente.
–¿Entonces lo sabías y no…?
–No, no lo sabía. La capa no se puede ver si no existe la intención de hacerlo. No puedes ver algo que no sabes que está ahí. Como al chakra, sólo lo vemos en contadas ocasiones, el resto del tiempo simplemente es.

Shiki respiró aliviado, al menos, por primera vez, un artefacto parecía no tener la intención de volarlos en pedacitos.

–¿Qué habría sucedido si…?
–¿Te equivocabas en la combinación? Probablemente habrías volado en pedacitos, junto con esta montaña.


N.A. Mis disculpas por la demora, volví a perderme en el camino de la vida.

Este capítulo sufrió varios cambios hasta llegar a su forma final, eso también contribuyó al retraso en la publicación.

La historia está acercándose a su fin, nuevamente les reitero mi agradecimiento por continuar leyendo, por su enorme paciencia y la gracia de dejar reviews.