Capítulo 19: Rosario.

"Nada graba tan fijamente en nuestra memoria alguna cosa como el deseo de olvidarla."
Michel E. de Montaigne.

–¿Dragón? –preguntó Kakashi.
–Hay un objeto similar a un engrane, tal vez metálico, aunque la concentración de minerales de esta montaña puede confundirme, no hay residuos de chakra en él, por lo que no puede haber sido plantado. Se encuentra a unos 50 metros bajo la ubicación de Shiki-san –informó Atsui, desactivando su Byakugan.

Se puso en cuclillas, Kakashi le imitó. Sacó del estuche un mapa del área, puntuando 4 lugares en la misma zona donde se encontraban.

–¿Aliados?
–Apostados aparentemente al azar en las entrañas –asintió Atsui– detecto chakras en suspensión, de alto nivel.
–Maa… Ōnoki-sama es muy perspicaz –suspiró Kakashi–. Hay un equipo a dos kilómetros hacia el oeste. Justo en la salida del cañón.
–Ubiqué una cueva al este, tiene un acceso sinuoso que rodea y atraviesa secciones de esta formación rocosa –señaló nuevamente en el mapa– es muy probable que ahí se oculte el enemigo, percibí señales de que está habitada pero no pude ver el interior.
–Una barrera anti-doujutsu, era previsible.
–Lamento no haber sido de ayuda.
–Lo fuiste. Comenzaré la función, mantén la guardia.
–Entendido.


No entendía qué estaba sucediendo. La ANBU que la sacara del incendio, Chita-san, así le había llamado Gai, entró al cuartel con Shiki y ambos se detuvieron un momento ante la enorme caja que estaba al centro, no conseguía recordar cuándo la habían colocado ahí, era diferente, estaba recubierta de gruesos tablones de madera, los vio saltar al interior y volvió la mirada hacia el otro ANBU, el Dragón; estaba en cuclillas frente a Tenzô, le vio elevar brevemente la máscara, recibiendo instrucciones dadas en una ráfaga de signos hechos con los dedos; el joven asintió y se cubrió nuevamente el rostro, dirigiéndose hacia fuera de la caverna. Le miró con interés, era excepcionalmente atractivo, largo cabello negro atado en una coleta baja, piel tan blanca como la de Kakashi y ojos de un desconcertante tono lavanda, sin duda un Hyūga, se asomó con curiosidad a la entrada y lo vio ponerse espalda contra espalda con Kakashi. Soltó un hondo suspiro.

Le había costado no pocos ruegos y la intervención de Izuru y Torhuno. Pero si Shiki estaba en peligro, ella quería protegerlo, quería acompañarlo en su suerte, fuera ésta la que fuera. Ahora se cuestionaba la decisión, después de todo ella era una kunoichi de bajo rango, no tenía cabida entre ese grupo élite que a cada minuto que pasaba le demostraba el abismo que la separaba de ellos. Buscaban enemigos, rastreaban el perímetro enfocando sus respectivas habilidades, el lenguaje corporal de ambos subrayaba claramente el riesgo en el que estaban sin dejar lugar a duda. Bajó la vista un instante, decidida a regresar al trabajo, pero el movimiento del par le detuvo.

Kakashi se levantó el protector y escudriñó a lo lejos, mientras el Dragón parecía examinar las paredes de la montaña, la formación cavernosa donde dormían sus compañeros e incluso el suelo. Les vio comunicarse nuevamente con su lenguaje secreto, señalando un pergamino, sin duda un mapa. Después, Kakashi se dirigió hacia la entrada, la miró fijamente a los ojos con ese ojo rojo tan alienígena, aquél al que se le había atribuido el inicio de la leyenda. El curvarse de ambos ojos la desconcertó, ¿él le había sonreído? Se quedó quieta en el lugar, tratando de desentrañar la razón de esa sonrisa. Todo ese día había sido muy extraño.

En la zona había temblores, era algo a lo que se habían acostumbrado tras meses de arduo trabajo, durante la mayor parte de la jornada se habían estado sucediendo uno tras otro, eran ligeros, variando muy poco de intensidad, incluso Torhuno había enviado un par de mensajeros que preguntaron si no tenían problemas. Genma dialogó un par de minutos con él y se había retirado, dejándoles víveres para el resto de la jornada.

Genma… ese mismo día por la mañana él se había detenido. Habían estado trabajando juntos en silencio, un hábito que había adoptado en los últimos días, incluso las bromas y los chistes que parecían ser su marca personal estaban ausentes. Ahora sólo podía recordar la sensación de terror que la invadió, sorprendida por el movimiento súbito que hiciera. Se recriminó a sí misma, una kunoichi no debería sobresaltarse por algo así.

Paren el mundo que me quiero bajar –declaró, cubriéndose los ojos con ambas manos.
Shiranui-san, ¿se siente mal? Puedo llamar a un medi-nin –dijo finalmente, observando que no separaba las manos de los ojos.
¿Sabes, Mayumi-san? Uno no debería ser capaz de ver más de a lo que están destinados los ojos.
No le comprendo, ¿habla retóricamente?, ¿le he ofendido en algo?

Genma había sacudido la cabeza y le había dedicado un guiño acompañado de una sonrisa coqueta. Él continuó trabajando a su lado, seguro había notado que le echaba miradas curiosas al recipiente; pero eso había sido hacía horas, habían estado en lo que fuera que estuvieran haciendo dentro desde el medio día. Kakashi y Tenzô habían desaparecido y el dragón continuaba apostado en el exterior. Nadie parecía querer parar, tanto Gai como Genma trabajaban concentrados catalogando los pergaminos preservados de la biblioteca. Se levantó de la silla y se encaminó hacia la salida de la cueva, sintió las miradas de ambos hombres directo en la nuca.

Ver más de a lo que están destinados los ojos murmuró para sí, recordando sin más las palabras de Genma.

¡Un genjutsu!, no podía ser, no se lo habría advertido, pero si lo era entonces era uno del que no podía escapar porque toda voluntad parecía haberla abandonado. Se quedó inmóvil, tratando de deshacerlo, intentando las diferentes técnicas que le habían enseñado en la escuela pero su cuerpo se negaba a obedecerla, el chakra se negaba a fluir.

Sintió una mano en el brazo y alzó la vista. Genma la miraba con preocupación. No recordaba haberse echado.

–¿Estás bien?
–Sí, creo que ahora sí, ¿qué fue eso?
–No sé de qué hablas, de pronto te vi caer.
–Supongo que tal vez necesite dormir un poco. Pensé que era un genjutsu, pero no podía deshacerlo… ¡qué tonta le he de parecer!
–Unas cuantas horas de sueño lo arreglarán. Probablemente sea sólo un problema de equilibrio causado por los temblores, o desgaste de chakra.
–Sí, eso debe ser –murmuró, sintiéndose avergonzada.

Se dirigió hacia donde dormían sus compañeros y se tiró en el camastro.

–Estuvo cerca –dijo Gai.
–Tuve que ponerla fuera de combate, era cuestión de tiempo para que encontrara la manera de deshacer el genjutsu de Kakashi.
–¿Cuánto tiempo más podrá sostenerlo?
–Espero que el suficiente.
–A estas alturas el equipo de Torhuno debe estar temiendo una erupción.


–Shiki seguro se ha estado tomando su tiempo –comentó Tenzô, comenzando a ponerse nervioso.
–Sus técnicas de tierra carecen de la sutilidad de las tuyas –afirmó Kakashi, manteniéndose en guardia a espaldas de él.
–¿Por qué me halagas? –preguntó, enrojeciendo.
–¿No debo hacerlo?
–No, sí, claro… me rindo. De cualquier manera localizar un objeto tan pequeño en esta masa tan densa de minerales no es tarea fácil. El propio Atsui tardó bastante tiempo.
–Concéntrate.
–Es fácil decirlo. ¿No podría sólo tomar el artefacto y sacarlo?
–Para encontrarse en estado de suspensión, las habilidades de los de 4 de Tsuchi deben de incluir al menos uno de tipo sensorial. Nada que se extraiga de la montaña puede salir sin ser detectado.
–Y nada puede ser creado sin alterar ese equilibrio.
–Pero si hay una serie de temblores de tierra…
–Pueden introducirse fragmentos externos por las fisuras. Controlar sensorialmente la cantidad de residuos sería casi imposible, tendrían que salir de la suspensión, delatando su presencia. Lo siento, sempai.
–Shiki y Chita deben estar terminando los preparativos para sustituirlo.
–No me presiones, ya… llegué a la posición. ¿Cómo rayos lo pusieron ahí?
–Tal vez fue arrastrado durante la erupción –Kakashi encogió los hombros–, no lo sé, eso es terreno de Shiki.

"Quizá debería estudiarte un poco más, Tenzô" –la voz sonó claramente en sus oídos.
–¿Qué dem…?

Listo en 5 segundos la voz de Shiki sonó en ambos auriculares.
–Entendido. ¿Tenzô?
–Sí, sempai.

Sintieron el estremecimiento más fuerte que los anteriores, Kakashi le afianzó de los hombros para que no perdiera el equilibrio, ambas piernas plantadas firmemente en la superficie aislante que Tenzô creó para ambos antes de extender con lentitud la madera de su cuerpo. La tierra comenzó a abrirse, como si una cuchilla traspasara los estratos, dirigiéndose en línea recta hacia el fondo de la montaña, sintió el objeto caer en su mano y cerró el puño sobre él, comenzando la lenta retirada antes que la montaña alcanzara el equilibrio.

–Lo tengo –afirmó Tenzô.
Sustitución hecha.
–Sempai, algo va mal…
–¡Retírate, ahora! –siseó– ¡Chita!
Preparada para el sellado.

Kakashi los transportó a ambos al interior de la caja de Shiki, éste saltó hacia fuera, Gai corrió la tapa mientras Genma realizaba rápidos signos de sellado. Los tres miraron con preocupación el recubrimiento de madera.

–¿Qué pasó? –preguntó una somnolienta Mayumi, frotándose los ojos para espantar el sueño, le seguía el equipo de recambio de guardia.
–La mezcla de sustancias que preparábamos se volvió inestable por la sacudida, apenas conseguí salir –aportó Shiki, doblado un poco sobre el costado derecho.
–¿Y Chita-san?
–Adentro, en control de daños con los otros –respondió Shiki, señalando con el pulgar. ¿Están todos bien, Mayumi-chan? –preguntó, mirándola con preocupación, ella sólo asintió torpemente con la cabeza.
–Sí, nos despertó una lluvia de rocas–dijo uno de los guardias, mirándolos con ojos muy abiertos– de cualquier modo, creo que ya terminó –miró atolondrado alrededor, este ha sido muy fuerte.
–Fue el más fuerte que los que hemos estado sintiendo –dijo Genma, volviendo el rostro hacia ellos.– Salgan de aquí, puede haber una secuela –los guardias obedecieron, lanzando miradas titubeantes a la misteriosa caja.
–Pero ellos…
–Estarán bien, Mayumi-chan, son duros de matar –le sonrió Genma– anda Shiki, tú también, atiende esos golpes.

Shiki le miró achicando los ojos pero asintió, tomando a Mayumi del codo y encaminándose hacia la salida de la cueva.

–Sempai –un preocupado Dragón apareció ante ellos.
–Ya… es el riesgo que se corre juntándote con ese idiota –respondió Genma, disfrazando la preocupación.
–¿Atsui-kun? –murmuró Gai.
–Hubo un destello de chakra en cuanto Tenzô-kun cerró el puño en el objeto.
–¿Nuestros aliados lo notaron?
–Difícilmente, quiero decir… todos ustedes destellaron al mismo tiempo. Un ninja sensorial percibiría alteraciones de chakra, incluyendo el brusco despertar de los que dormían.
–Perfectamente atribuible al temblor y a los niveles de chakra del equipo –razonó Genma.
–Lo que vi fue una resonancia. Sigue sucediendo, ahí dentro –señaló la caja.

En el cañón.

«–Objetivo localizado, enfoca los binoculares directo hacia enfrente, podrás verlo, usa un manto de camuflaje… maldita sea, estos temblores me están irritando «–murmuró Tsume, posando una tranquilizadora palma en el morro de Kuromaru.
«–Es el idiota de mi hermano menor, no tienes de qué preocuparte, son controlados –respondió Kaia, permaneciendo entre el ramaje de los árboles que pendían precariamente en el precipicio.
«–Tch… espero que así sea.

El estremecimiento le sacó momentáneamente de equilibrio, afianzó ambos pies canalizando el chakra hacia ellos y se apoyó en la pared del cañón. El día había sido una larga sucesión de temblores de tierra, espaciados con una irregularidad que presagiaba una sacudida mayor, esa que acababa de suceder. Esperó la secuela del temblor; mientras avanzaba escudándose en la penumbra de las irregularidades del cañón, protegido por su manto. Percibió los movimientos telúricos del suelo, como si la tierra se quejara de la herida abierta.

El rosario que llevaba al cuello comenzó a quemarle, se llevó ambas manos al pecho, presionando contra la piel las ardientes cuentas. Suspiró hondo. Lo habían encontrado, mucho antes de lo que él pensara.

–¡Maldición! –murmuró, dirigiendo la mirada hacia el origen– esos mocosos…

Contó mentalmente, tenía menos de 2 minutos para anular el efecto, salió de su camuflaje, esperando un ataque que no llegó. Una presencia le había perseguido durante días, pero nunca había conseguido captarla, había terminado por convencerse de que era sólo la paranoia ninja normal. El último movimiento telúrico había estado acompañado de destellos anormales que no podían ser atribuidos sólo a la adrenalina y al nivel de chakra de los shinobi presentes en la caverna, el equipo que aguardaba a la salida del cañón había retrocedido a lugares más llanos, pudo verlos con sus binoculares, ellos también habían despedido chakra; casi al mismo tiempo había percibido una ligera perturbación de chakra cercana a donde él se encontraba, misma que fue rápidamente controlada sin que pudiera ubicar la fuente.

«–¡Tsume! –siseó.
«–Lo siento, Kaia –murmuró la mujer, esforzándose en controlar el flujo de su energía– los ninken están asustados. Viene compañía.
«–Quédate quieta. Mi invocación transmitirá el diálogo.

–Sensei.
–Tzeng. Así que eras tú.
–Tu rosario está ardiendo.
–¿Es una pregunta?
–Es una afirmación, sensei. Siempre supiste cuando alguna de ellas se salía de su nicho. ¿Me equivoco?, ¿no vas a contenerlo?

Toshi movió la cabeza, si intentaba algún movimiento, Tzeng lo mataría al instante, estaba consciente de eso. ¡Ahí estaban! dos y un perro, justo enfrente de ellos, continuó su cuenta interna.

–¿Qué te motivó a ir a Konoha?, ¿descubrir que Hinorobu-san estaba tras la pista de la reliquia, o que se había hecho con el artefacto de Suna?
–Creí que merecía algo más que un interrogatorio.
–Nuestros métodos pueden ser diferentes, pero el objetivo es el mismo.
–Me preguntaba por qué razón no has utilizado tus métodos.
–El único que puede saber las repercusiones eres tú. Tenía que verte antes. Dime, ¿serán más poderosos ahora que tienen tres artefactos reunidos?
–Lo repito: el mundo no es sólo blanco y negro.
–Fallé en matarte aquella vez. No fallaré ahora. Pero puedo darte una vía de escape, por los viejos tiempos. Entrégame el rosario. Es mío por derecho, sólo quien lleva el nombre de la Sombra puede poseerlo.
–¡Aún no lo entiendes! ¡El rosario, la reliquia, no son una posesión!
–¡Oh, sí que lo entiendo!, el rosario es el quinto.
–Tzeng…
–¿De verdad creíste que no lo descubriría? Mi mente estaba llena de preguntas… hasta hace un par de días.

Ser la Sombra era un título equivalente al de Kage de las aldeas ocultas; por generaciones los guardianes de la reliquia que radicaban en aldeas poseedoras de uno de los artefactos, cedían a uno de sus hijos para sustituir a los caídos, siendo integrados de inmediato al clan. Él era un niño dotado, decían en el consejo, tanto que sólo podía ser educado por la Sombra. Había perdido su nombre, su identidad y había sido obligado a olvidarse de su familia, pero Toshi seguía llamándole por su nombre cuando estaban a solas.

Eran días luminosos, en que su inteligencia le permitía brillar por mérito propio dentro del clan. Toshi le daba todo aquello a lo que un desposeído podía aspirar, incluido un hogar. Solía llevarlo a la cascada, entrenaban y pescaban, pasaban días enteros ahí. Un día antes de que Toshi desapareciera de su vida habían ido a nadar al pequeño lago que formaba la caída de agua. Estaba soleado, había poco viento y el frescor de la montaña le convertía en un lugar muy agradable. El único adorno que recordaba haberle visto era un collar de cuentas, cuando le preguntaba sobre él sólo le decía que era un rosario, nada más. Ambos se habían despojado de sus ropas y le pareció curioso que su sensei no se quitara el collar, a decir verdad, nunca le había visto sin él. Competían, a ver quién era el primero en llegar a la orilla opuesta, el perdedor cocinaría. Toshi estaba en el centro del lago, una docena de metros delante de él cuando de pronto pareció que un remolino le envolvía, creando ondas en las apacibles aguas del lago. Volutas de vapor comenzaron a escapar hacia el cielo, condensándose en una nube tormentosa sobre sus cabezas. Tzeng aceleró el ritmo de sus brazadas.

¡Retrocede! –le gritó– no es algo con lo que puedas lidiar.

Se detuvo, desconcertado, regresando hasta la orilla del lago. El evento había durado un par de minutos, mientras Toshi hacía frenéticos signos con las manos, sosteniendo el collar entre los dedos. Caminó con determinación sobre las aguas, una expresión determinada en el rostro.

Sensei…
El amuleto del rayo ha sido abierto –declaró– a partir de este momento eres la nueva Sombra.

Había partido sin más, entregándole el austero ropaje, símbolo único de su estatus. Los ancianos le habían visto llegar, abatido, sin comprender por qué había sido abandonado, no le cuestionaron, todos habían visto el fenómeno desde la aldea. Eso había sido 20 años atrás.

–En ese entonces no me creíste digno –afirmó, regresando de sus recuerdos–. Dime, sensei ¿ahora lo soy?
–Siempre fuiste muy rápido para la ira. «Maldición, se termina el tiempo».
–Mi enseñanza fue incompleta.
–Te equivocas, te enseñé todo lo que necesitabas saber.
–Excepto sobre el rosario.
–Se entrega al terminar el aprendizaje, cuando llegas a la comprensión final y eso, Tzeng, aún no lo has conseguido –tocó el rosario, como protegiéndolo.

Tzeng elevó ambas manos hacia el cielo, invocando nubes tormentosas sobre el cañón.

–No lo hagas. Quiero ver con mis propios ojos las secuelas de este sacrilegio, porque lo han obtenido, ¿verdad?
–Tzeng… –Toshi comenzó a formar un signo.
–¡He dicho que no lo hagas! –una de las manos descendió, seguida de un rayo que cayó sin sonido a un metro a la izquierda de Toshi, desvaneciéndose un instante antes de tocar el suelo.
–¡No lo comprendes! Tengo que detenerlo o todo este lugar desaparecerá.

«–Mierda… furia negra, no había visto esa técnica desde que hice enojar a Bee.
«–Kaia, si lo que dice el guardián es cierto, entonces…
«–Lo detendré. Tú y Kuromaru sáquenlo de ahí, que haga lo que tenga que hacer.

Kaia arrancó a toda velocidad en cuanto Tzeng elevó nuevamente la mano hacia el cielo. El hombre percibió su movimiento y giró la cabeza hacia ella, al momento bajó la mano y el rayo negro descendió, Kaia frenó en seco, canalizando el chakra hacia las hojas de sus katanas, apretando los dientes y esperando contrarrestar el impacto mientras Tsume y Kuromaru alejaban a Toshi de ahí. Tzeng volvió a elevar la mano casi al instante, viendo que su técnica había sido anulada efectivamente. Comenzó a descender una mano tras otra, alternándolas, pero siempre manteniendo una hacia el cielo.

–¡Ah maldición! Detente idiota, ¿acaso quieres morir? –tronó Kaia, aún atarantada por los impactos.
–Tú serás quien morirá, mujer escandalosa.
–Lo dudo mucho, tarde o temprano tu lluvia se detendrá y tendré el placer de hacerte pedacitos.
El guardián está a salvo. Déjalo, no creo que soportes dos impactos más. Aléjate. –dijo Tsume a través del comunicador.
–Tiene una cantidad endemoniada de chakra –murmuró, arrancando hacia él.
¡Kaia, no seas loca! –gritó Tsume, viendo que se volvía a detener en seco y clavaba una katana en el suelo, las manos aferrando el nacimiento de ambas hojas.
–Impresionante, leona de Konoha –dijo Tzeng, la katana clavada en el piso había hecho pasar el rayo por su cuerpo, dirigiéndolo hacia la tierra, abriendo un camino hacia él. Fragmentos de tierra volaron por los aires.
–No te hagas el importante sólo porque me reconoces, te estás quedando sin chakra –jadeó Kaia, deslizando la mano hacia el mango de la katana enterrada– ¿¡Dónde carajos estás!?
–Aprovechó tu tormenta de tierra para desaparecer –contestó Tsume, aterrizando junto a ella. Kuromaru escoltaba a Toshi.– Dame las manos Kaia –gruñó Tsume, Kaia le tendió las manos tras envainar las katanas, ambas palmas tenían profundas cortaduras y quemaduras, comenzó a vendarla.
–Segunda vez que te salvo el culo, guardián, ya podríamos comprometernos.
–Que yo recuerde, la vez pasada querías dejarme sin descendencia –rió Toshi.
–Alguien de tu edad ya debería olvidarse de ideas calenturientas.

Sin añadir palabra le indicó que arrancara a la par de Tsume, ella y el enorme ninken guardándole las espaldas. Toshi supo por instinto que podía confiar en ellas.

Kaia le había demostrado con hechos lo que sus palabras dijeran meses atrás. Poseía la voluntad necesaria para morir si ello implicaba cumplir con su objetivo. Una persona determinada era altamente peligrosa. Tzeng, sin duda, había llegado a la misma conclusión ya que había evitado un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. La afirmación que hiciera Kaia sobre el chakra de Tzeng era acertada, el hombre había utilizado una técnica muy cara con el fin de convencerlo de entregarle el rosario, pero la mujer supo contrarrestarla sin sufrir demasiado daño, aunque también era cierto que el desgaste de chakra de ella era equiparable al de Tzeng.

Podía sentir la mirada de Kaia sobre su nuca, posiblemente sacando sus propias conclusiones. La impetuosidad de su pupilo había sido el motivo por el que no le entregara el quinto artefacto. Suspiró hondamente, la inteligencia natural de Tzeng había descifrado el poder real de la verdadera Sombra.

Se detuvieron tras un par de horas de marcha. Tsume los había guiado hacia la zona principal de excavación, a un lugar alejado un par de kilómetros del asentamiento principal, en una de las múltiples cuevas de la zona. Encendieron una fogata. Kaia se sentó a un lado, permitiendo que Tsume, entre gruñidos, le aplicara los primeros auxilios, sin parar un momento de afirmar que ella sólo sabía curar perros, que no esperara gran cosa y reprendiéndola por su temeridad.

–Tch, comparado con los de Bee e incluso con los de Sakumo, esto no fue nada –refunfuñó, Tsumne volvió a gruñir algo ininteligible.– Asumo que conseguiste hacer tu magia, al menos seguimos vivos y todo está en su lugar –afirmó, dirigiéndose a Toshi, señalando hacia el cañón con la cabeza.
–No, se detuvo solo –respondió.
–Dime, guardián…
–Toshi.
–Como sea, aquella vez, cuando la princesa… escapaste, ¿verdad? No podías permitir que él supiera tu paradero. Sin embargo, te descubrió.

Toshi asintió, bajando la vista.

–Hace veinte años abandoné el clan, para anular el amuleto del rayo.
–Fuiste tú quien lo dividió –volvió a asentir, la mirada aún fija en sus manos.
–Sin embargo, sólo te amenazó. ¿Eso quiere decir que tiene segundos pensamientos?
–Sólo quiere decir que espera algo más, él es implacable. Sin duda se dio cuenta que el artefacto de la tierra alcanzó una estabilidad propia.
–Lo que reafirma su creencia de los súper poderes o-lo-que-sea –murmuró desdeñosa.
–Tú lo dijiste, creencia.


N.A. El doble signo al inicio de los diálogos lo usé para indicar una conversación en la misma locación, diferente posición, ya que FFNet elimina la mayoría de mis formateos.
Ha sido mucho tiempo perdida en los caminos de la vida pero por fin terminé este capítulo que es entre el penúltimo o antepenúltimo de esta historia. Muchas gracias por leer.