Capítulo 20: Identidad
"Cuando apuntas a la perfección, descubres que es un blanco móvil."
George Fisher.
Tenzô apenas alcanzaba a cubrir el objeto con los dedos, esforzándose en controlar la energía que lo sacudía, manteniendo una de las caras hacia arriba, sin querer moverse, apenas pestañeaba. El brillo deslumbrante de las letras parpadeaba, encendiéndose y apagándose con una secuencia difícil de descifrar. Alrededor, remolinos de chakra se expandían creando fluorescencias en el oscuro interior del contenedor, mismas que le permitían percibir los movimientos de Kakashi y Chita evadiendo los latigazos de energía que amenazaban con hacerlos trizas.
Tras lo que pareció una eternidad todo se detuvo, estaba rodeado de un silencio sepulcral. Sin pensarlo demasiado hizo malabares para formar los signos que deshicieran la técnica de recubrimiento, permitiendo que la luz artificial de la caverna iluminara el interior de la caja; enrojeció, viendo que sus dos compañeros estaban prácticamente desnudos, la mayor parte de su atuendo estaba hecho jirones, la piel se veía ensangrentada donde habían recibido los impactos, cerró los ojos de inmediato.
–Ya puedes moverte, jefe. Por fin ha quedado inerte –dijo Chita.
–¿Conseguiste sellarlo? –le preguntó Kakashi, Chita negó con la cabeza.
–El chakra de ambos –señaló a Tenzô– ha alcanzado el equilibrio. El sello que contiene al objeto sigue intacto, a eso se ha debido el estado en que se encuentra –indicó la caja de cristal, las intricadas escrituras recubrían toda la superficie, aún relucientes.
Tenzô tendió el artefacto hacia la voz de Chita, que volvió a negar con la cabeza.
–Es mala idea. El sellado fue hecho para ser controlado por un tipo específico de chakra. La técnica es bastante similar a la utilizada en el cubo.
Kakashi volvió el rostro hacia ella, entre ambos habían hecho un buen trabajo sellando el interior de la caja, incluyendo el espacio abierto en el suelo a través del cual Shiki usara sus técnicas de tierra. El objetivo era evitar que la alteración en el chakra de Tenzô fuera detectada afuera de los confines de la prisión. Los ramalazos que siguieron a esa alteración no habían afectado al portador, sólo a ellos. Sus compañeros los veían con ojos muy abiertos a través de las paredes de cristal del contenedor de Shiki. Movió la cabeza y Gai descorrió la cubierta, arrojándole una manta con la que él cubrió el cuerpo de su compañera.
Lo que había dicho ella era desconcertante, el chakra de Tenzô era especial, ya que pertenecía a un límite de barrera de sangre ahora extinto.
–Lo que significa que es muy antiguo, Kakashi –asintió ella, siguiendo el tren de sus pensamientos–. No hay duda, eso debe de ser el artefacto.
–Y ahora Tenzô está ligado a él.
–¡¿Qué?¡
–Ya puedes abrir los ojos –dijo Kakashi, causando la risa de Chita. Tenzô enrojeció aún más.
–¿Ya te cubriste, senpai?
–Creo que ya me conoces bastante bien –respondió Kakashi encogiendo los hombros.
–¿Conoces el significado de la palabra pudor? –refunfuñó Tenzô.
–Me suena… anda, vamos, no pretenderás mantener los ojos cerrados para siempre. Tenemos que irnos, tampoco queremos llamar la atención, ¿no es así?
–Trabajar hasta estas horas tampoco sirve mucho para desviarla –rió Atsui.
–No, no lo hace –asintió Kakashi, tomando la manta que le tendía Genma.
–Volvamos al cuartel, no hay necesidad de levantar más sospechas –dijo Gai, encaminando hacia la salida.
Ya había caído la tarde y el sol comenzaba su descenso, rodeado de un aura bermellón que teñía de púrpura el horizonte. El grupo de recambio ya había partido y los guardias que regresaban a descansar les miraron con sorpresa, estaban envueltos en mantas teñidas de sangre, lo que reafirmaba lo que les habían dicho sus compañeros: había habido un accidente causado por el fuerte temblor de tierra de un par de horas antes. El aspecto de ambos era bastante astroso y los demás se veían muy cansados, les saludaron con la cabeza en señal de reconocimiento e ingresaron en la caverna.
–Mantendré la guardia, capitán –dijo Chita, arrebujándose en la manta, Kakashi asintió.
–Atsui. Tomen turnos, no sabemos la reacción de Tsuchi o la de los guardianes.
–Entendido. Tomaré el primero, Chita –afirmó Atsui, ella asintió.
–Permíteme sanar tus heridas, Chita-san.
–No es necesario, Tenzô, no son importantes, me daré un baño en el río para quitarme la mugre –rió, pero la cara del chico estaba muy seria–. De acuerdo.
–Estás a cargo, Chita. Si no me equivoco, Sandaime habrá enviado un par de refuerzos por si las cosas se ponen feas.
–Lo siento, senpai –dijo, inclinando la cabeza, Kakashi iba saliendo del cuarto de baño, refrescado.
–¿A qué viene eso? –preguntó, Tenzô, aunque exhausto, había aplicado su chakra de sanación sobre las heridas de Chita a pesar de las protestas de ella.
–Por mi culpa están tan lastimados, permíteme ayudarte.
–Son cortes superficiales, nada de importancia –repuso Kakashi, negando con la cabeza– no te sobre-esfuerces, un poco del menjunje Nara y mañana estaré como nuevo.
Se sentó en el lecho, aplicando el ungüento sobre los cortes, Tenzô se acercó a él, y comenzó a vendarle el torso. Aceptó la ayuda, sonriéndole. Tenzô siempre era amable, algo raro de encontrar entre los shinobi, era cuidadoso con sus emociones y mantenía un férreo control, se exigía demasiado y aunque lo negara, protegía a sus compañeros.
–Eres demasiado amable, gatito –la voz de Shiki les hizo volver la cabeza. Kakashi sonrió, cerrando el yukata. Shiki se sentó a un lado de Tenzô.
–¿Tu alumna, se creyó la historia? –preguntó Kakashi.
–Por el momento, es bastante inteligente, aunque no lo parezca. Hay que serlo para ser un ninja arqueólogo.
–¿Uh? –Kakashi elevó una ceja, con incredulidad.
–Tch. Tenzô-kun, ¿podría echarle un vistazo al…?
Tenzô le tendió el objeto, sin permitirle terminar la frase, Kakashi rió por lo bajo, el chico no sentía la misma adoración que Shiki hacia los artefactos del pasado.
–Chita-chan dijo que podría hacerlo –se excusó Shiki– siempre y cuando no lo aleje demasiado de ti. Debo suponer que es la norma para los portadores de los objetos.
–Tomaste tu tiempo para regresar –comentó Kakashi.
–Me pregunto por qué no hablé antes con Chita-chan. ¡Es un guardián del conocimiento! –respondió, ignorando la pregunta mientras copiaba los signos en su bitácora de campo– recuerdo éstos, fueron encontrados en una antiguo manuscrito de Tsu… de por ahí.
–Me pregunto por qué sigues entero… –silbó Kakashi.
–Sobreviví a mi hermana, ¿recuerdas?
Sin hacer más comentarios, se alejó de ellos, abriendo un pesado volumen de pasta dura.
Portadores… la palabra removió un sentimiento de desasosiego en Tenzô. Quizá fuera porque había heredado el rechazo de Kakashi hacia cualquier palabra que etiquetara, que lo colocara en una categoría cualquiera. "Las etiquetas sólo confunden, Tenzô" le había dicho alguna vez. Cerró los ojos.
–Quizá debería estudiarte un poco más, Tenzô –dijo Tsunade, pensativa; el pequeño permanecía quieto, mirándola con esos ojos grandes, negros, de largas y pobladas pestañas que proyectaban sombras sobre las pálidas mejillas.
–Los medi-nin piensan que puede haber problemas con el jutsu de creación de Shodaime-sama –murmuró el niño, bajando la mirada hacia pequeñas manos que luchaban por no demostrar el nerviosismo.
–Tch –escupió Tsunade– la técnica que él usó puede no haber sido convencional, pero sus cálculos genéticos funcionaron en ti. Y no sólo eso, tus rasgos son parecidos a los de mi abuelo –le tomó de la barbilla, girándole la carita con suavidad. Quizá si te dejaras el cabello largo…
Tenzô se sonrojó, mirando a la bella mujer que lo trataba como si en realidad fuera de su propia sangre. No lo merecía, pensaba, podía poseer el jutsu único de Senju Hashirama, pero no era un Senju. Sólo sabía que en su cabeza aparecían imágenes de bosques en flor, cascadas que se abrían como abanicos y montañas separándose por la fuerza de la tierra y luego, solamente tenía que usar los signos que le enseñara Sarutobi y el mundo se transformaba en la imagen que había visto.
Era extraño, después de eso generalmente terminaba desmayándose, abría los ojos para encontrarse con los rostros preocupados de una panda de medi-nin que lo llenaban de intravenosas y le alimentaban como si viniera de la guerra. También le regañaban diciéndole que se había excedido, que entendiera que su cuerpo era aún muy pequeño para manejar las cantidades exorbitantes de chakra que requería una técnica de creación. Tsunade le hizo levantar los brazos y le sacó la camisa.
–Eres un ninja superior –continuó Tsunade, mientras revisaba los moretones que le cubrían el torso–, tu naturaleza es de tierra pero controlas el agua a voluntad. Que nadie te haga sentir que tu tercer elemento es prestado o que no lo mereces, porque por ese poder pagaste y pagas un alto precio.
Asintió, sintiendo un nudo en la garganta. Había oído los murmullos que le atribuían a Orochimaru su existencia, sin mencionar a quienes le habían traído al mundo. Nadie podía discernir dónde comenzaba el niño que había nacido como Tenzô y dónde el producto de un experimento genético. Él no había decidido, habían decidido por él. Y esa vida era la única que conocía.
Un alma caritativa lo había rescatado de uno de los laboratorios clandestinos y había vivido en la oscuridad, oculto por el Consejo, entrenado también en la clandestinidad.
–Lobo puede parecer frío e indiferente, pero no lo es –le untó ungüento en las costillas– él cuidará de ti, anda levanta los brazos –añadió, poniéndole la ropa.
–Cuidar… sólo me hostiga –murmuró, escuchando su propia voz sonar diferente, adulta– ¿eh?
–Es su manera de demostrar aprecio –rió Tsunade, dando la vuelta, la voz perdiéndose al irse alejando de él.
–¿Eh? –la voz de Kakashi hizo eco a su propia interjección confundida– ¿quién te hostiga?
–¿Eh? ¿Lo dije en voz alta?
–Mjm.
Kakashi le miraba interrogante, casi podía jurar que con curiosidad, algo poco acorde con el aire de indiferencia que solía mostrar. En la habitación, sólo la escasa luz de la lámpara de noche iluminaba el lugar. Giró la cabeza en la almohada, las siluetas recortadas sobre las camas, con su sereno movimiento, le indicaban que sus compañeros dormían. Se sintió desorientado, lo último que recordaba era a Shiki haciendo alusión a su hermana, se quedó muy quieto, tratando de discernir si estaba dormido o despierto.
–Dicen que los súcubos impiden que te muevas –declaró Kakashi, sin dejar de ver hacia él con esa mezcla rara de diversión y curiosidad, estaba apoyado en el codo sobre su propio lecho.
–No tengo ningún Sú…
–¿Un íncubo?
–Sí me puedo mover –protestó Tenzô obviando la broma de Kakashi. Era evidente que estaba despierto.
–La escuchaste, la voz del pasado –afirmó Kakashi con suavidad.
–¿Cómo? Entiendo, es… inquietante.
–Irrumpe en tu realidad mezclándose con ella –dijo, con voz cansada.
–Senpai… ¿Esto es lo que has estado sintiendo?
No le contestó, se limitó a dejarse caer en la cama, cruzó los brazos bajo la cabeza y miró hacia el techo. No era necesario, se dijo Tenzô, ese silencio le respondía mejor que las palabras. Se quedó callado, escuchando el suave ronquido de sus compañeros, viendo el extraño manto que parecía envolverlos como un capullo. Chita había dicho que sólo si existía la intención de percibirlo era posible que lo vieran. Él simplemente no sabía qué pensar de lo que veía, aunque sí le resultaba desconcertante.
La información, completada por la ANBU, no le dejaba duda, el chakra aunque transformado le pertenecía a Shukaku, quizá de ahí provenía la afirmación de Kakashi sobre algo colándose en la realidad. Shiki había dicho portadores, Kakashi tenía el del trueno, él el de la tierra, Shiki el del viento y el orbe del cielo, aunque desconocía qué afinidad podía tener éste último con los dos artefactos. Había algo que no encajaba.
–Quizá las memorias son una forma de emerger de la crisálida, así como los Akimichi, ¿no? –afirmó, tratando de aligerar el ambiente, de olvidar sus propios pensamientos, no quería perderse en un humor lúgubre.
–Quizá –murmuró Kakashi en un tono tan serio que Tenzô se preguntó por qué no le había contestado con alguna broma.
–La última vez que estuvimos aquí saltaste al vacío después que me fuera. Espero que no sea una costumbre –comentó Chita, el viento agitando su larga cabellera.
–Puedes saltar a mi rescate –respondió, sin prestarle mucha atención.
Estaban parados en el mismo punto. La densa neblina les impedía observar el exuberante paisaje que se extendía a sus pies. El rumor del río se escuchaba a lo lejos, también perezoso en su despertar.
–Gracias por la autorización, capi –respondió ella–. La verdad es que este lugar tiene una vista excelente. ¿Crees que suceda hoy? –la pregunta incluía un silencioso reconocimiento al vestuario de Kakashi.
–Es posible.
–Siento haber interrumpido tu descanso.
–Si ella dijo que quería verme… –respondió, encogiendo los hombros.
–Me agrada que me tengas tanta consideración –intervino Kaia, saltando hasta frente a él, seguida por Tsume, que junto con Kuromaru escoltaba a un ANBU de máscara sin distintivos, envuelto como ellas en la capa de viaje.
–Lobo-san –saludó Tsume. El enorme ninken gruñó su saludo.
–Te traigo un regalo –comentó Kaia, haciendo seña a Tsume de que se acercara– no es nada, un par de rasguños –dijo, al observar la mirada dirigida hacia los vendajes de sus manos.
–Necesito tus técnicas –dijo con voz neutral– debemos terminar la misión.
–Mis técnicas están como deben de estar, Lobo –replicó Kaia, poniendo una mano sobre el hombro del ANBU neutral– ¿No tienes nada qué decir?
–Nos volvemos a ver, ANBU Lobo de Konoha.
–Yageshi Tôshi. Que estés aquí, oculto tras una máscara ANBU de Konoha no puede ser motivo de alegría, ¿me equivoco?
–El mismo sentimiento que me causa verte en atuendo ANBU completo –gruñó Tôshi– sin bajar la vista.
Lobo se quedó en silencio, su misión era exterminar a los guardianes, excepto su equipo personal nadie más lo sabía. Ladeó la cabeza ligeramente, de inmediato Chita se puso a su espalda, Tsume a la izquierda, Kuromaru a su derecha y Kaia saltó al frente, dejándolos encerrados en un círculo protector.
–No tengo intención de luchar contigo.
–Ni yo. Cualquiera de ellas terminaría con tu vida en un instante si intentaras acercarte. Escucharé lo que tengas que decir, guardián.
–¡Un momento! –la voz de Shiki provenía de la cara sur del acantilado. Terminó de trepar, sacudiéndose la tierra de la ropa, ante los incrédulos ojos de Kaia.– Esto no es de humanos, ¿no podrían haber elegido un lugar más planito? ¡Hermana!... ah… Lobo.
–Hablando de romper el ánimo –gruñó Tsume. Kaia se cubrió la cara un instante para no perder la compostura.
–Ha llegado el tercero en discordia –afirmó Lobo, reconociendo la presencia de Shiki–.
–Mi clan se formó para proteger la reliquia. Mantenemos la estabilidad del mundo ninja al evitar que se apoderen de ella. Están jugando con fuego, shinobi de Konoha.
Shiki miró el suelo. El hombre estaba hablando de una reliquia, lo que reafirmaba su suposición de que los artefactos eran sólo componentes. Se quedó quieto, dominando el instinto de preguntar, de enterarse. Balanceó el cuerpo sobre una y otra pierna, impaciente.
–Jugar con fuego es algo que forma parte de la vida de Konoha –respondió Lobo– y del resto de las aldeas ocultas, pero dudo que te refieras a eso, un poderoso guardián no aceptaría renunciar a sus distintivos para adoptar los del enemigo, ¿me equivoco?
Tôshi se quedó callado tras la última afirmación. El joven que tenía ante sí parecía comprender las cosas sin necesidad de muchas explicaciones. Ese ojo plateado le observaba bajo la máscara esperando, aparentemente, que decidiera si decirle la historia completa. Ponderó qué tanto podía revelar sin traicionar el legado que le había sido confiado, el propósito inicial de su existencia. Porque ahora, después de tantos años, ya no parecía ser el mismo.
El ANBU le miraba, haciendo caso omiso de los minutos que se desgranaban lentamente. Lobo no planeaba hablar hasta que le quedara claro el objetivo de la reunión. Se preguntó si sería capaz de hacerlo. Inhaló profundamente, miró hacia Shiki y luego volvió el rostro hacia él, Lobo asintió.
–Habla, guardián.
Un conjunto de signos hechos simultáneamente por las tres mujeres les encerró a todos en una barrera de sonido. Tôshi se admiró nuevamente de las habilidades que poseían los élite de Konoha. Respiró hondo antes de comenzar la explicación, Shiki dio un paso más hacia él, parándose a la izquierda de Lobo.
–Hace tiempo se intentó transformar la energía maligna de los bijū en benigna y encerrarla en un objeto de poder. Formar la reliquia como un todo fue imposible. La dificultad del proceso hizo que se dividiera en componentes, de ahí surgieron los artefactos.
–¿Para qué crear un objeto de poder del que después se debe evitar su uso? –preguntó Shiki.
–Se planeaba utilizarlo como escudo ante cualquiera que intentase dominar el mundo.
–Y los cálculos fallaron miserablemente, la historia de la humanidad –suspiró Shiki.
–No es así, la división forzada de la reliquia mantuvo el equilibrio de poder en el mundo antes de que el sabio de los 6 caminos consiguiera dominar los bijūs y de que surgieran las 5 grandes naciones ninja.
–Sin embargo fueron utilizadas en las guerras del pasado –protestó Shiki.
–Te refieres al orbe del cielo. Sora no kuni desarrolló su tecnología gracias a él, sin embargo a pesar de ello no pudo evitar la caída, el orbe se perdió en la segunda gran guerra ninja y así debió permanecer –le dirigió una mirada de reproche–. Mientras la gente no usa el poder de los artefactos todo está bien.
–Tch.
–Las aldeas que desarrollaron los sellados fueron las encargadas de mantener la custodia de los objetos. Así ha sido desde entonces.
–¿Por qué esconderlos?
–Porque no deben ser usados. Como habrás descubierto al realizar tu ingeniería inversa en el orbe, la energía utilizada se disipa del núcleo, pero esa energía disipada busca a dónde pertenecer.
–El halo…
–Shukaku te atacó porque percibió su energía y quiso recuperarla, los bijū son recelosos de su chakra, no lo regalan voluntariamente. Sin embargo, el chakra del cubo decidió "quedarse" con ustedes.
–¿Perdón? ¿Tiene voluntad propia?
–Como dije, las técnicas se desarrollaron para transformar el chakra maligno en benigno. Si existe afinidad de chakra el artefacto genera resonancia, si no, cualquier cosa puede pasar –Tôshi encogió los hombros– cada artefacto es potencialmente peligroso.
–No comprendo –dijo Shiki–desde hace mucho tiempo son considerados como armas.
–La mayoría ve lo que quiere ver –contestó Tôshi con voz gélida.
–Es que no veo la potencialidad por ninguna parte, son peligrosos; mi duda, guardián, es qué tanto.
–Creo que te subestimé y no es la primera vez –rió con suavidad– contesta esta pregunta, buscador del pasado, si te es revelada la verdad, ¿dejarás que me los lleve?
–No.
Tôshi volvió a reír. Hasta cierto punto entendía la postura del joven, él mismo había creído alguna vez en la inmutabilidad de lo que era su misión, antes que las aguas del tiempo deslavaran los propósitos y los ideales. Un ninja hacía cualquier cosa por dinero, o eso decía la vieja consigna; en sí, la estructura misma de la vida en ese mundo se sostenía a partir de esa premisa, Shiki, sin embargo iba a ser pagado por el trabajo hecho para Tsuchi, era obvio que su motivación iba mucho más allá de la simple ambición económica.
–Has dicho que la reliquia se dividió en componentes, mismos que forman un todo, por lo que he podido apreciar hasta ahora, si ese todo se reúne, en el peor de los escenarios eso destruiría nuestro mundo. En el mejor, es posible que lo transforme, que nos guste o no esa transformación es subjetivo –encogió los hombros.
Tôshi miró con intensidad al alto joven. El clan mismo había impedido cualquier filtración de la información concerniente a los artefactos, pero Hinorobu estaba hablando como si realmente entendiera de qué estaba hablando.
–E incluso así quieres conservarlas en tu poder, ¿o debería decir en el de Konoha?
–Las palabras confunden, el uso de ellas en una era es diferente en la siguiente, o en la anterior si a esas vamos. El significado que les damos es subjetivo y se relaciona directamente a la realidad que vivimos –encogió los hombros– el final de algo suele ser el inicio de otro algo.
Asintió, aceptando la visión global de Shiki sobre la historia previa. Todo parecía carecer de sentido bajo las circunstancias actuales.
–Quisiera tener la oportunidad de enterarme más sobre tu secta, pero tal vez no es el momento. Agradezco lo que me has enseñado, Yageshi-dono –hizo una reverencia–, pero Lobo-san hizo una pregunta que aún no has contestado.
–La preparación que se le da al líder del clan incluye la formación en el conocimiento de los artefactos. Sin embargo, al líder actual no se le entregó del todo. Las circunstancias lo impidieron y no se terminó de cederle el legado. Puedes llamarlo destino.
–El destino suele estar en manos de quien puede manejarlo –comentó Lobo.
–Tú lo has dicho.
–Ceder un legado incompleto, ¿no estaría contra las reglas de tu estirpe? Entonces tú eres quien puede manejar el destino. ¿Me equivoco, Yageshi-san?
–Son palabras mayores. Quizá el destino, en este caso, sea caprichoso. Él quiere formar la reliquia y ustedes han reunido algunas partes.
–Que tú quieres dispersar nuevamente –Tôshi asintió.
–Me temo que no es posible.
–¿Conoces el principio de identidad, ANBU Lobo de Konoha?
–Toda entidad es idéntica a sí misma. La identidad es la relación que se mantiene solamente consigo mismo. Es lo que nos diferencia de los demás como persona.
–Y eso excluye a terceros.
–¿A qué viene esta charla ontológica? –preguntó Shiki.
–¿No han notado una alteración en sus identidades?
–La teoría del caos –afirmó Shiki asintiendo enfático.
–La posesión de los artefactos crea un aura de chakra que causa un efecto de variación en la energía vital de quienes los rodean, ése sería el tercer elemento.
–Mierda…
–La posesión de más de 2 artefactos eleva el grado de contaminación. Esa variación tiene dos vertientes, o se alcanza la estabilidad o se llega al caos.
–Lo que significa…
–Si se alcanza la estabilidad entonces se genera la resonancia, en pocas palabras, que su chakra se equilibre con el contenido en los artefactos.
–Lo que está esperando Tzeng –afirmó Lobo.
–El comportamiento de los que tienen en su poder le ha dado la idea de que es posible que ustedes lo consigan.
–¿Y si no es así?
–La energía se dispersará tratando de regresar a sus orígenes y se instaurará el caos ya que eso rompería el equilibrio del chakra. Si eso sucede, el amuleto del rayo partirá la trama que divide las dimensiones para permitirle escapar y el mundo dejará de ser.
–¡Qué demonios! –exclamó Shiki.
–Es lo que recita la tradición oral de la Sombra. La verdad se desconoce.
–¿Y cuál es el objetivo de Tzeng? –preguntó Shiki.
–Apoderarse de los artefactos estabilizados.
–Entonces es así. Estás aquí, usando la vestimenta de tu enemigo. –Lobo le dio la espalda, alzó y bajó una mano, la barrera se deshizo al instante dejando desconcertado a Tôshi.– Asumo que has tomado tu decisión.
N.A. Largo tiempo perdida en los caminos de la vida, he aquí, el penúltimo capítulo de esta historia concebida hace ya demasiado.
Gracias por continuar leyendo.
