CAPITULO 5

No recuerdo cuanto tiempo estuve ahí, nadie me busco, o al menos eso creo, regrese cuando el frio y el miedo a que me necesitaras se hizo presente, regrese a casa cansado, agotado y confundido por aquella noticia, mi casa estaba silenciosa, si bastante silenciosa, subí a mi cuarto, mire la hora era media noche, no era hora de visitas así que intente dormir, pero no puede, la sensación de que me ahogaba me hacia levantarme. Cada vez que lo hacia te miraba a ti, con aquella tristeza en el rostro y me soltaba a llorar yo también.

Creo que ahogue bien mi llanto por que nadie me pregunto nada en la mañana siguiente, desayunamos, hotaru no estaba, mi madre me dijo que después de clases pasara por ella a tu casa, guarde silencio, solo asentí, en clases estuve todo el día ausente, no prestaba atención a las tonterías de preguntas que Amy me hacia, hasta que oí lo que dije, y la tome del brazo lo mas fuerte que puede.

-ayer el espectáculo que daba aquella señora, no lo entendí, después supe que era tu vecina, la mama de aquella chica tan rara que no habla con nadie-

Yo la tome del brazo la atraje hasta a mi, y mi mano la abraza fuerte su cintura, mientras una de mis manos tomaba su rostro.

-no es rara, es la persona mas hermosa que puede haber, y no entiendes lo que pasa, por que no tienes ni un poco de sentimientos, eres igual de frívola y vacía que la mayoría de las chicas, ella no es así, es diferente a todas ustedes-

El coraje de que ella se expresara a si de ti, sin saber por la lucha que estabas pasando me hizo portarme como un patán, o como algo peor, no espere a que terminaran las clases y no podía mas tenia que estar a tu lado así que eche mi mochila a mi hombro y camine no estaba muy seguro de lo que hacia, así que antes decidí que podría pasar a ver a sausin, estaba caminando hacia el, cuando mi corazón empezó a latir mucho mas fuerte, lo podía escuchar, lo sentía casi en mi garganta. Tu estabas ahí, sentada, claro que hotaru te hacia compañía, cosa que no me agradaba mucho, pero aun así me hacía feliz verte.

-creen que pueda sentarme aquí yo también, sausin y yo nos hemos hecho buenos amigos-

-no deberías estar en la escuela, a caso te empezaras a comportar como un patán, o es que ya no podías seguir estudiando debido a la escases de atención-

Si hotaru hubiera dicho antes eso, me hubiera enfadado, me hubiera molestado y la hubiera reprimido inmediatamente, pero cuando me miraste y desviaste tu mirada, cualquier coraje se fue, y me inundo una terrible soledad y tristeza.

-supongo que estoy demás, serena, iré por un poco de jugo o algo para tomar, si este patán que se dice mi hermano te hace algo, solo dímelo que yo lo pongo en su sitio-

Creo que mi hermana se percato inmediatamente de que no replicaría nada de lo que digiera, y se aprovecho de eso, pero que mas daba, podría estar nuevamente contigo, habían pasado meses desde que me habías dado aquella cátedra de sausin, y que me tenia enamorado de ti y de aquel sauce llorón.

-yo creo que sausin es un milagro, un milagro que no podre ver más-

Tus palabras me dolieron, no entendía por que, pero no permitiría que siguieras con aquella tontería de que no verías más aquel milagro.

-sabes desde el día en que lo vi por primera vez, es como si sausin hubiera crecido y su verdor creciera, creo que le has dado mas vida-

-eso es cruel-

-serena, por que es cruel que le hayas dado vida a algo que la gente tiene olvidado, le diste amor, y le has dado brillo aun cuando nadie se acuerda de el-

-es cruel, que yo pueda darle vida a algo, cuando estoy en la puerta de la muerte-

-serena-

-se que lo sabes, mi madre me lo ha dicho, no quiero tu lastima y mucho menos la de hotaru-

-si ella y yo estamos contigo no es por lastima, o por que mi madre nos obligue, yo estoy aquí por que me atrapaste con tus ojos, pro que desde el día que llegaste tu sola presencia me atrapo, te comportas como si tener cáncer te fuera a matar y adivina que… no es así… te mataras tu si no luchas-

Las ultimas palabras las vi reflejadas en sus ojos llenos de lagrimas, no sabia de donde había salido aquel tonto discurso, yo no sabia nada de lo que era el cáncer, en aquel entonces no sabia que había mas de uno, para mi la palabra cáncer solo significaba una cosa, muerte, muerte segura, y por primera vez yo no coincidía con lo que mi cabeza siempre había relacionado, el llanto de serena me hizo sentirme miserable, pero no podía hacer nada, tu no me dejaste hacer nada, y lo único que mis tontos labios pudieron articular, fuero palabras tan estúpidas que no entiendo aun como te animaron en aquel entonces.

-mi madre hace unos días saco una caja polvorienta del desván, he querido saber que es, que te parece si vamos a averiguarlo los dos juntos, esta en nuestra cocina-

Tus ojos me miraron confundidos, pero aquella vez fue la primera vez en que me sonreíste, no de aquella manera en que me daba miedo, con la mueca más practicada que tenias, si no de manera natural, desde aquel entonces se convirtió en nuestra cocina.