HOLA CHICAS ACA LES TRAIGO UNA NUEVA HISTORIA DE MAS DECIR QUE LA HISTORIA NO ES MIA ES DE
PIPPA LANE YO SOLO LA ADAPTO A LOS PERSONAJES DE STHEPANIE MEYER (tWILIGHT)
Argumento:
Jamás revelaría su amor al apuesto cirujano, ni se
expondría a la humillación de ser rechazada.
Bella Swan se resistía a dejar el hospital general de
Midthorpe, porque había entregado su corazón al apuesto
doctor Jasper, para ir a cuidar de su madrastra que vivía en
la hermosa isla de Tenerife, en el Atlántico. Pronto
descubrió que ese paraíso tropical tenía sus
compensaciones. Por ejemplo: el apasionante cirujano
español conocido como el señor "Tenerife" que además era
el hombre más rico de la isla. A pesar de los atractivos que
éste pudiera ofrecer a las mujeres, Bella no pudo evitar, sentir antipatía hacia él a primera vista. Cuando el doctor
comenzaba a impresionarla, apareció inesperadamente en
escena Jasper….
Capítulo 1
—Tienes mucha suerte, Bella, porque no estás enamorada de ninguno de los doctores —dijo Alice Brandon con voz alegre.
—Pero… ¿por qué dices eso, Alice?
—¡Es obvio! Si estuvieras enamorada de alguien aquí, sentirías el corazón destrozado al tener que irte a trabajar a Tenerife por un año.
Bella Swan, una muchacha de veintidós años, con ojos de color marron chocolate, se volvió hacia Alice Brandon, su mejor amiga y con quien compartía la habitación en la Casa de Enfermeras.
—Una psicóloga de pies a cabeza… eso eres. ¡Consulten a Alice Brandon, que conoce los secretos del corazón! —bromeó Bella.
¡Si Alice supiera la verdad! Ni siquiera a ella le había confiado que estaba enamorada del apuesto doctor Jasper Withlock, que hacía dos meses había llegado al Hospital General de Midthorpe.
Una cosa se había jurado: jamás revelaría su amor por él, ni se
expondría a la humillación de no ser correspondida. A diario se preguntaba cómo un hombre tan maravilloso como lo era Jasper Hale, iba a fijarse en todos sentidos, en alguien como ella, siendo que en el hospital estaba rodeado de tantas enfermeras atractivas entre las cuales podía elegir.
—Volviendo a tu vida amorosa, Bells… o más bien, a la falta de ella… — Alice interrumpió los pensamientos de Bella mientras se paraba a su lado frente al espejo del tocador para prenderse el broche con su nombre, que debía usar mientras estuviera en servicio— te veo muy feliz. Y estoy segura de que no sería así si dejaras algún amor pendiente en este viejo hospital.
Bella hizo el esfuerzo de sonreír, a la vez que se acomodaba el cuello de su traje sastre.
—Una muchacha feliz, de corazón libre… ¡ésa soy yo!
Tal vez sería así cuando aterrizara en Tenerife, con más de dos mil kilómetros de distancia entre ella y Jasper. Quizá entonces su mente obsesionada por ese doctor alto y apuesto sé despejaría y se volvería receptiva a la magia masculina de otro joven más accesible que pudiera sentirse atraído por una muchacha sencilla como ella.
—Después de todo —continuó Alice, que se negaba a renunciar a su
tema de conversación—, yo sé cómo me sentiría de tenerme que ir por un año dejando un novio aquí. Simplemente; no me iría. No habría español capaz de arrastrarme, aunque fuera a un lugar tan fabuloso como las llamadas "Islas de la Eterna Primavera". Así que, como te quiero mucho, Bells, me alegro de que te vayas sin dejar tu corazón prendido en algún maravilloso individuo de blusa blanca del Hospital General de Midthorpe.
¡Pero lo voy a dejar! ¡Lo voy a dejar! pensó Bella, y tú nunca lo sabrás, Alice, mucho menos Jasper.
—Diez para las siete —añadió Alice, consultando su reloj de bolsillo—. Es ya casi hora de mi turno y de tu presentación —tocó el brazo de Bella con un gesto cariñoso—. Mucha suerte, querida. Siento mucho no poder estar allí para aplaudir. Nos vemos después, linda.
Mañana a estas horas, estaré ya en Tenerife, pensó Bella, mientras recorría los largos corredores que conducían al Salón de Recreaciones. Le daba mucha tristeza tener que dejar el Hospital General de Midthorpe.
Había iniciado allí su entrenamiento como enfermera, a los dieciocho años.
Todo le pareció fascinante y, desde el primer momento, comprendió que había escogido la carrera adecuada.
Después de tres años de entrenamiento y de haber pasado los
exámenes de rigor, se convirtió en Enfermera Titulada y se le ofreció un contrato por un año. Este expiraba precisamente ese día y no iba a renovarlo, aunque nada le hubiera gustado más que hacerlo. Otro deber la llamaba: atender a su único familiar vivo, su madrastra, que vivía en Tenerife.
Cuando entró en el Salón de Recreaciones, Bella sonrió con placer al ver cuatro maletas, acomodadas a un lado de la mesa de ping-pong.
Estaban marcadas con su nombre: B. Swan. Así que había adivinado
correctamente cuando la encargada de la Casa de Enfermeras le había dicho en forma casual, unas semanas antes: "No compre maletas para ir a Tenerife, enfermera Swan. No me pregunte por qué, pero haga lo que le digo. ¿Entendido?"
En ese momento se abrieron las puertas y Bella, que se hallaba
conmovida por su regalo de despedida, sintió que se le doblaban las piernas cuando vio entrar, junto con la encargada de la Casa y la Jefa Oficial de Enfermeras, nada menos que a Sir Bertram Wooland, director y catedrático del Hospital General de Midthorpe.
—¡Cielos! —exclamó una muchacha, dirigiéndose a Bella—. Si yo fuera usted, enfermera, estaría temblando. ¡Le están dando tratamiento completo!
En esos momentos, la Jefa de Enfermeras se puso de pie y anunció que la ceremonia tendría que ser breve, porque algunos de los presentes necesitaban volver rápidamente al servicio activo. En seguida, recordó que la Enfermera de Primera, Bella Swan, era hijastra de una antigua enfermera en jefe del quirófano, Sue Clearwather, que había honrado siempre al hospital por su valor y cumplimiento del deber.
Luego explicó, que dos años después de la muerte del padre de Bella, dicha mujer se había casado con el doctor español Harry Gonzalez Supervia,que seis meses más tarde murió trágicamente en Tenerife, mientras atendía a varias personas accidentadas en una carretera.
En la actualidad —añadió la jefa—, la enfermera Clearwather reside en Tenerife, con un estado de salud que requiere atención permanente de una enfermera. En Londres tiene una hermana, también Jefa de Enfermeras, que va a retirarse dentro de doce meses para irse a Tenerife, a cuidar de ella.
Mientras tanto, la enfermera Swan asumirá este cuidado, al término del cual esperamos todos que regrese a nuestro hospital, donde tendrá una cordial acogida —se volvió hacia el hombre alto que se encontraba a su lado
—. Ahora, me permito suplicar a Sir Bertram Wooland tenga la bondad de entregar nuestro obsequio de despedida.
Bella se puso de pie y Sir Bertram colocó una mano sobre su hombro.
Cuando se acallaron los aplausos, dijo con voz muy gentil:
—Este obsequio: cuatro maletas, es presentado a la Enfermera de
Primera, Swan, como expresión de la amistad de sus colegas y de algunos ex pacientes…
En ese momento se escuchó un zumbido, procedente del bolsillo de
uno de los tres médicos internos que estaban al fondo del salón. El corazón le palpitó a Bella al ver que Jasper Withlock le sonreía, se encogía de hombros en un gesto de impotencia y, contra su voluntad, salía del salón para buscar el teléfono interno más cercano y averiguar en qué parte del hospital lo necesitaban.
—Este no es un adiós —estaba diciendo Bella en esos momentos—. Es sólo un… hasta pronto. Estaré recordándolos con cariño. Muchas gracias por el hermoso regalo que me han hecho. Au revoir.
—¡Ya lo sé! ¡No hay necesidad de que me lo digas! Estoy en terreno prohibido y me metería en un lío si la encargada de la Casa me encontrara aquí.
Bella se encontraba en el umbral de su habitación, a la mañana
siguiente, mirando con ojos incrédulos a quien así hablaba: el doctor Jasper Withlock. No había chaqueta blanca ni estetoscopio a la vista, en esta ocasión. Llevaba un traje casual de color marrón claro.
—¡Tú…! ¡Qué elegante! —logró decir ella—. Eras la última persona que esperaba que viniera aquí.
Los dientes de él, blancos y parejos, se mostraron en una sonrisa espontánea y sus ojos almendrados sonrieron también. La luz de una ventana lateral del corredor, revelaba el brillo de su espeso cabello color rubio.
—¡Decidí disfrazarme de caballero… para hacer justicia a una ocasión tan propicia! —le hizo una burlona reverencia—. Su carruaje espera, milady.
Permíteme ayudarte con el equipaje.
—Gracias, pero no he llamado por teléfono todavía al taxi. El avión sale hasta las dos de la tarde, y se hace una hora de aquí al aeropuerto.
—Y mientras tanto, te quedarás sentadita aquí sola, tamborileando con tus lindos dedos, contando los minutos para la partida.
—Ya lo sé —Bella hizo la imitación de un profundo suspiro, para
seguirle la broma—. Pero, ¿qué alternativa me queda?
—Permíteme llevarte en mi coche al aeropuerto.
—No me gustaría darte tanta molestia.
—¡Molestia! Será un placer. ¿Qué otra cosa mejor podría hacer en mi bien ganado día libre?
—Probablemente muchas —protestó Bella—. De cualquier modo,
significaría tener que estar conmigo, aburriéndote, antes que tenga que irme.
—No nos aburriremos, si me permites invitarte un trago en alguna vieja hostería inglesa del camino, y después, llevarte a almorzar con tranquilidad.
—No puedo admitir que gastes tu dinero en mí.
—Oh, vamos. Me harías un favor, ayudándome a gastar algo de mis
ganancias. Esta mañana recibí una carta certificada. No la abrí durante media hora, pensando que era una demanda de la oficina de impuestos.
Pero, ¡oh, sorpresa!, era un premio de veinticinco libras, que obtuvo un bono que una indulgente tía mía me regaló hace unos años.
—¡Me lo imagino! Cómo te debe haber emocionado ese golpe de suerte —bromeó Bella, siguiendo la alegre y despreocupada actitud de Jasper—. Y ante tan tierno pensamiento, acepto tu gentil invitación, con mi más
profundo agradecimiento. Pero pongo una condición… cada uno pagará lo suyo.
—¡Ah! —sonrió él—, estás pensando que voy a cobrarte la invitación con un beso y un abrazo. Desde luego, tal vez tengas razón. Empezaría con muy buenas intenciones, claro está. Entonces… ¡guau! me dejaría arrastrar por las fuerzas de la naturaleza y no tardaría en responder a mis instintos.
Así que, Enfermera de Primera, Bella Swan, ¡ya has sido advertida!
Sin decir más, Jasper puso una maleta debajo de cada brazo, tomó una más en cada mano y se lanzó a caminar por el corredor.
—¡Tenerife, aquí vamos! Hoy tú, yo en mis próximas bien ganadas
vacaciones… ya verás, Bella. ¡Quiero conocer a tu maravillosa madrastra!
—Con la compañía adecuada —observó Jasper, hundiéndose más en el
sofá del hotel, con un vaso en la mano—, uno puede sentirse
deliciosamente eufórico, aunque sólo esté bebiendo jugo de tomate. Tomemos otro.
Mientras el viejo camarero les servía, las llamas de la chimenea
producían reflejos sonrosados en el rostro de ambos. Se encontraban sentados en un amplio sofá, forrado con chintz, en el salón de descanso del pequeño hotel, que a esas horas estaba desierto.
Una discreta tos del camarero hizo que Bella levantara la mirada del fuego, donde la tenía clavada.
—Señor —comentó el hombre—, si ustedes tienen intenciones de
reservar una habitación, les aconsejaría que lo hicieran ahora mismo. Al mediodía será difícil, por las reservaciones telefónicas.
—¡Qué buena idea! —exclamó Jasper, con una expresión traviesa en
sus ojos sonrientes—. Lástima que la respuesta sea negativa.
—Comprendo, señor —el viejo mesero se quedó un momento en la
puerta.
—¿Lo ves, Bella? —dijo Jasper cuando volvieron a quedarse solos—. Todo el mundo ama a un enamorado… El hombre está convencido de que estamos en luna de miel.
—O de que tú, Jasper, con esa carita y esa actitud de audacia que tienes, estás decidido a llevar por el mal camino a una buena muchacha como yo.
—Vaya, ésa es una buena idea —él se le acercó un poco más.
—Tal vez.
Bella consultó su reloj de pulsera con un gesto estudiado. Hubiera querido comportarse en la forma franca y sincera en que lo hacía siempre, en lugar de recurrir a ese sistema para ocultar el efecto emocional que la cercanía de él le producía. Seguramente Jasper iba a pensar que era una muchacha frívola y coqueta.
—Lástima que no dispongas de más tiempo. Aunque eso no te habría
asegurado ningún éxito. Estoy hecha a prueba de doctores.
—El comprender eso, mi querida Bella, es la mayor tragedia de mi
vida. Tenía sólo dos días de interno, cuando noté la escasa impresión que causaba en ti. —Jasper se encogió de hombros.
—Oh, ¿sí? ¿Por qué dices eso?
—Cada vez que miraba hacia dónde estabas, volvías la cara hacia otro lado.
Era cierto. De otra manera habría demostrado sus verdaderos
sentimientos si hubiera permitido que sus miradas se encontraran… como estaba revelando en esos momentos, con toda probabilidad, lo atraída que se sentía hacia él.
—¿De veras? —preguntó, con los ojos fijos otra vez en el fuego.
—Sí, así que me dije: Ya debe tener novio… estará comprometida. De cualquier modo, es terriblemente injusto para un hombre que no pueda comprobar, a primera vista, si una muchacha está disponible o no.
—Vamos, Jasper —¡y otra vez la voz fingida!—. Podías haber
preguntado por ahí y te hubieran dicho cuál era la situación.
—Lo hice y me dijeron que eras el tipo de muchacha con la que uno se casa. Demasiado decente para poder jugar contigo. Y que un día de éstos, un tipo iba a tener la suerte de conquistar tu corazón.
—¡Me alegra saberlo! —sonrió Bella—. Ahora, tal vez quieras
satisfacer mi curiosidad. Bailamos un par de veces en la fiesta del hospital. Hemos hecho el turno juntos, en el mismo pabellón. Entonces, ¿por qué precisamente cuando voy a marcharme, decidiste buscarme para traerme al aeropuerto?
—Muy simple. Fue idea de la secretaría darte una despedida adecuada, y como no podíamos formar un comité completo, varios de nosotros pusimos los nombres en un sombrero y gané. ¡Imagínate: dos premios en una semana!
Se volvió a mirarla. Sus ojos se encontraron y ambos leyeron la verdad en ellos. Antes que Bella se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, se encontraba en los brazos de él y Jasper la estaba besando con intensidad.
—¡Guau! —exclamó Jasper cuando por fin se separaron. Sus brazos
continuaban alrededor de ella y sus meEmmyas se tocaban—. ¿Qué nos sucedió?
—No debí habértelo permitido —Bella trató de disimular lo ronco de su voz emocionada—. Me tomaste por sorpresa.
—No pude evitarlo, ¡por fortuna! Ninguno de los dos hubiera podido — recorrió el rostro de ella con su mirada—. Eres una mujer, yo un hombre.
Ambos somos libres. ¿Por qué no besarnos? ¡Así… así… y así!
Ella cerró los ojos, en un éxtasis que no le era posible disimular, mientras los labios de él recorrían curiosos todo su rostro, para detenerse por fin en la boca expectante de Bella.
—¡Eso…! —dijo Jasper, y ahora la voz ronca de emoción era la de él—. El atrevido doctor, hambriento de amor, se ha aprovechado de la única enfermera que hay en el hospital, poseedora de una dulce inocencia. Pero no me arrepiento de ello. ¿Y tú?
—¡Qué pregunta! —respondió ella, eludiendo la respuesta.
—¿Te arrepientes? —insistió él.
—No. Tampoco voy a culparte de lo sucedido, Jasper.
—Gracias, mi amor. Ahora, no digas nada. Descansa, simplemente.
Mientras la besaba, una y otra vez, Jasper sentía una loca
desesperación. En dos horas más, ella se estaría alejando de él. ¿Iría a perderla aun antes de haberla terminado de conquistar? Si pudiera irse también a Tenerife. Pero estaba contratado por el hospital. Si ella no se fuera… ¡vaya! podrían comprometerse en matrimonio en un par de meses y casarse, dos más tarde.
—Nos escribiremos frecuentemente —expresó sus planes en voz alta—. No adquieras ningún compromiso sentimental, y haré lo mismo.
—Sí, Jasper, te lo prometo.
—Ya se nos ocurrirá algo, mi vida —por fin se separaron—. Ahora,
vamos a almorzar. Tendremos que darnos prisa. Tienes que estar en el aeropuerto una hora antes de que salga el avión, y creo que vas a tener que pagar exceso de equipaje.
Cuando se pusieron de pie para ir al restaurante, él impulsivamente la atrajo otra vez hacia su pecho.
—¡Bella! ¡Mi bella, dulce y adorada Bella! ¿No sería perfecto que tú y yo fuéramos juntos en ese avión, en nuestra luna de miel?
Jasper se alejó del aeropuerto, de regreso hacia Midthorpe. Antes que él llegara al hospital, la mujer que amaba se encontraría a mitad del camino hacia Tenerife. Se negó a dejarse deprimir por el hecho de que se interpondrían tantos kilómetros entre ellos. Había tenido una maravillosa revelación ese día: se enamoró sinceramente de una muchacha encantadora. Y, lo que era todavía más maravilloso, ella había correspondido a su amor.
Pasó por un vivero donde había un letrero que decía: "Flores de
invernadero todo el año", el cual le recordó que había visto otro en el escritorio de la recepción, en el hotel donde Bella y él se habían sentado en el salón vacío.
Estacionó el coche en la parte posterior del hotel y entró en la sala de recepción. Le pidió al empleado que enviaran un cable a su agente floral de Tenerife para que entregara un arreglo floral inmediato, de modo que Bella encontrara las flores al llegar a la casa. Con cuidado escribió la dirección y
el mensaje que debía ser cablegrafiado junto con el pedido: "Te doy la bienvenida y te agradezco esos momentos maravillosos que recordaremos siempre".
Llegó con paso ligero y de muy buen humor a su auto. Encendió el
radio. Cuando se encontraba a unos ocho kilómetros de Midthorpe, sin advertencia alguna, empezó a caer una granizada. Sin desviar los ojos del camino, conectó los limpiaparabrisas, pero al hacerlo se dio cuenta de que se los habían arrancado en el hotel.
El granizo cubrió el parabrisas en cosa de segundos, impidiendo la visibilidad. Jasper decidió actuar sin pérdida de tiempo: quitó el pie del acelerador y aplicó los frenos; tomó una pequeña caja metálica de primeros auxilios y la arrojó con fuerza hacia el parabrisas, para hacer en él un agujero que le permitiera ver. El coche se había salido ya de la carretera y empezaba a patinar sobre el lodo. A través del agujero que había logrado hacer, Jasper vio el tronco de un roble que se acercaba a gran velocidad.
Se escuchó el ruido del metal al doblarse y el estallido de vidrios rotos.
Entonces vino el silencio, sólo interrumpido por la voz procedente de la radio que hablaba de congestionamiento de tránsito. Mientras tanto, Jasper, con la sangre escurriéndole de una herida en el lado derecho de su frente, permanecía con la cabeza inclinada hacia adelante, sin moverse del asiento del conductor, gracias al cinturón de seguridad.
En el Pabellón de Emergencias del Hospital General de Midthorpe, Sir Bertram, la enfermera encargada del pabellón, dos médicos internos y la Enfermera de Primera, Alice Brandon, se encontraban alrededor de la cama en la que Jasper yacía inconsciente, con una venda en la cabeza.
—La herida de la sien resultó superficial… —declaró Sir Bertram—. Las radiografías, afortunadamente, no muestran que haya fractura en el cráneo.
Pero su inconsciencia indica que hay conmoción. En este caso, debida no al golpe en la sien, sino a una sacudida del cerebro, causada por el impacto del coche en el cuello.
—¿Será inevitable la amnesia retrógrada? —preguntó uno de los
estudiantes de medicina.
—Es casi segura —reconoció Sir Bertram—. Los sucesos inmediatos
anteriores a la conmoción, y en algunos casos, los que tuvieron lugar varias horas antes de ésta, casi nunca se recuerdan.
Se volvió hacia la enfermera que se encontraba a su lado y decidió que era providencial que estuviera en servicio, porque sin duda alguna era la más atractiva que había existido en ese hospital. Su cabello negro enmarcaba sus encantadoras facciones clásicas y su figura habría enorgullecido a una modelo.
No había mejor remedio que a él se le pudiera ocurrir para Jasper Withlock, que la encantadora figura de la Enfermera de Primera, Alice Brandon.
—Todo paciente que se recupera de una conmoción —el director del
hospital se dirigía nuevamente a los dos internos— necesita estar en constante observación —se volvió hacia Alice—, así que sugiero que permanezca junto al doctor Withlock por el resto de sus horas de servicio, enfermera.
—Por supuesto, señor —dijo Alice, con sus largas pestañas
sombreando sus ojos color verde, mientras veía al hombre inconsciente que
estaba en la cama—. ¡Será un placer! —añadió con suavidad.
MUCHAS GRACIAS POR LEER CHICAS/OS ESPERO LES GUSTE A MI ME ENCANTO NOS VEMOS EN EL PRIXIMO CAP
BESOS LORE :)
