hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)
Capítulo 4
Mientras tanto, a muchos kilómetros de distancia, la enfermera Alice Brandon miró a su alrededor, dentro del apartamento que Jasper Withlock compartía con otro interno.
—Esperaba encontrar el caos aquí —dijo Jasper, estirando sus largas piernas—. La señora Hudson, que nos hace la limpieza, se esmeró hoy en tu honor.
—De cualquier modo —respondió Alice—, creo que añadiré un toque
femenino, para sentirme en casa mientras estoy aquí.
—Eres un ángel… —Jasper se tocó la venda que todavía rodeaba su
cabeza—. Él sólo verte me hace sentir mejor.
La joven enfermera desenvolvió los comestibles que había comprado, de acuerdo con una lista que le proporcionaron los dos médicos solteros.
—Se te olvidó algo —comentó Jasper y añadió con una expresión
traviesa en la mirada—: vamos, enfermera, ¡cumpla con su deber!
—¿Qué tengo que hacer? —sus ojos se agrandaron, sorprendidos.
—La terapia. ¡Rápido! No me tengas esperando.
—Por supuesto que no, señor. ¿Acaso no me han enseñado que hay
que obedecer las órdenes del doctor?
Se echó a reír, caminó hacia donde estaba él, se arrodilló junto a su silla y lo rodeó con sus brazos. ¿Por qué no? Ahora sabía que estaba profundamente enamorada de él. Entonces lo besó con castidad.
—¿Así está bien?
—Eso, es sólo el principio —dijo él.
Para sorpresa de ella, se puso de pie, la ayudó a incorporarse y la rodeó con sus brazos. Le dio un beso apasionado.
—Pensándolo bien… ¡necesito más tratamiento, ahora mismo! Es cosa de urgencia médica… —la besó varias veces—. Ahora sí puedo decir que vale la pena vivir.
—¡Vaya! ¡Veo que te sientes mejor! —exclamó Alice.
Se echaron a reír y un sonido les llegó en ese momento de la ventana.
En el alféizar de ella se encontraba una paloma, observándolos.
—Horace siempre sabe cuándo llegan los comestibles —explicó Jasper —. Vive en el techo del supermercado, observa muy bien a los oquianos y les hace una visita de cortesía cuando vuelven a casa. Quiere que le desmoronemos la corteza del pan. Haga eso y después continúe con mi tratamiento, enfermera.
—¡Muy bien, doctor! Será un placer.
—No te entretengas mucho —la travesura parecía danzar de nuevo en los ojos color azul del joven doctor—. Siempre existe el peligro de una recaída. Además, Emmett sale de Emergencias a las cinco en punto… —notó que cierto grado de interés aparecía en el rostro de ella, mientras, consultaba su reloj de bolsillo—. No te importaría que él llegara ahora mismo, ¿verdad? Te agrada mucho, ¿no es cierto? ¿Más que yo?
—¡A lo mejor…! —le contestó ella en son de broma.
¿Cómo podía interesarse en otro hombre cuando amaba a Jasper con
toda su alma? Y él se mostraba más que atraído por ella. Estaba ansiosa de escribir a Bella, su mejor amiga, para contarle todo.
—Ella se sentiría muy feliz. ¿No sería maravilloso si se enamorara también y tuvieran una boda doble? Se echó a reír y se dio la vuelta, al terminar de dar de comer a Horace.
—Haces demasiadas preguntas, Jasper. Pero te diré una cosa: ustedes dos son los doctores más apuestos que hay en el hospital de Midthorpe.
Para entonces se encontraba de nuevo en sus brazos y él le recorría con las manos el almidonado uniforme.
—Creo que estoy algo loco —dijo—. Pero el uniforme de enfermera
siempre me excita.
—Más vale que dejes de tocarlo, entonces —le advirtió ella—, porque oigo que Emmett viene subiendo la escalera y lo acompaña una dama.
En seguida, Emmett, un hombre de cabello color negro, entró jugando con unas latas de cerveza. Detrás de él, vestida muy informal iba la Enfermera de Primera, Rosalie Hale.
—¡Sorpresa! ¡Sorpresa! —anunció Rosalie—. Llegó una postal para ti, Alice. De tu antigua compañera de cuarto, ni más ni menos —se volvió hacia Jasper—. Es extraño que no te haya escrito, considerando que fuiste tú quien la llevó al aeropuerto —miró al joven interno con burlona severidad —. Espero que no hayas hecho nada para ofenderla.
—¡Te aseguro que no! —contestó Jasper con decisión.
—¿Cómo lo sabes? No puedes recordar —le hizo notar Emmett—, debido a la conmoción cerebral que sufriste.—de inmediato se llevó una mano a la frente—. Se me había olvidado tu carta, Jasper.
Abrió un cajón.
—Esta llegó cuando todavía estabas inconsciente. Por eso no te la llevé al hospital.
—¿Quién la envía?
—Bella.
—¡Magnífico! —exclamó Alice con entusiasmo—. Ábrela pronto,
Jasper. Estoy ansiosa de tener noticias de ella y de su madrastra.
Se interrumpió al ver cómo desaparecía la sonrisa de Jasper. Pareció quedarse estupefacto y después, lentamente, empezó a leer la carta de nuevo. Cuando levantó la mirada había un brillo especial en sus ojos, que revelaba una mezcla de placer y preocupación.
—¿Qué dice, hombre? —preguntó Emmett.
—Yo… me temo que no puedo decírselos —se notaba una cierta
extrañeza en su voz. ¿Qué había dicho y hecho antes del accidente, como para provocar esa carta llena de amor escrita por Bella?—. Esta es… bastante privada…
—¡Privada! ¿No me vas a dar noticias de mi mejor amiga? —preguntó Alice—. ¡Anda! Dámela… ¿qué es lo que sucede?
Hizo un movimiento para tomar la carta, pero Jasper no se la dio.
—Espera, ¿quieres? Te digo que no puedo recordar.
—No, pero puedo imaginar lo que pasó —exclamó Alice furiosa—. La
pobre Bella no pudo resistirse, si la atacaste con las armas de tu encanto personal. ¿Qué sucedió con exactitud antes de que llegaran al aeropuerto? Oh, Jasper, si jugaste con mi mejor amiga y la tienes confundida… nunca te lo perdonaré:
—¡No recuerdo nada! Quisiera poder hacerlo. Ahora, no sé qué hacer. Y no puedo decirte lo que hay en la carta de Bella… porque sería traicionarla.
Oh… ¿qué voy a hacer? —Jasper gimió.
—Vas a tomar las cosas con tranquilidad, a pensarlas con calma —
Alice había vuelto a ser la enfermera—, o de otra manera, puedes tener una recaída. Trata de no preocuparte. Todo puede aclararse. Tú y yo la hemos pasado muy bien esta última semana y no vas a olvidarte de todo eso, sólo porque recibiste una misteriosa carta de Bella.
—No sé. Me siento muy confuso —confesó Jasper.
—Sí, lo sé —lo tranquilizó la enfermera Alice—. Así que vas a dejar que te dé más terapia. Rosalie y Emmett pueden irse al cine.
—¡Oh, no! —Jasper pareció alarmado—. Vamos a dejar eso por ahora, Alice. Soy un hombre con responsabilidad. No voy a desilusionar a Bella… ni a traicionarla, si puedo evitarlo.
—¿Qué hiciste? —intervino Rosalie—. ¿Le propusiste matrimonio?
—No exactamente —Jasper miró de nuevo la carta y su tono de voz se suavizó. Una luz sentimental apareció en sus ojos—. Se supone que ordené, por teléfono, enviarle flores a Tenerife.
—¡Con lo que gana un interno! —exclamó Emmett desolado.
Jasper caminó hacia la ventana.
—Bella estará preguntándose por qué no le he escrito. Supongo que ella no sabe nada de mi accidente. Tendré que decírselo con gentileza, para que no se alarme —se volvió de pronto hacia los otros tres—. Alice, sé buena y vete con Rosalie y Emmett al cine, o a alguna otra parte.
—No, gracias. Mejor me voy a la casa y me pondré a contestar cartas pendientes. Pero no creo que debamos dejarte solo, Jasper, tienes un aspecto un poco extraño.
—No tengo nada, estoy bien —afirmó él.
Alice, Rosalie y Emmett se detuvieron en la puerta.
—No sigas alentando a Bella, si no piensas en serio respecto a ella — dijo Alice, en voz muy suave, tratando de pensar en su amiga y no en ella
—. Es de las que toma el amor muy en serio. Recuerda eso y no juegues con ella.
—¡Cállate! —gritó Jasper de pronto—. Se supone que debo estar
tranquilo… sin sermones. ¡Lárguense! ¡Déjenme en paz!
Quería estar solo, para analizar con calma la carta de Bella.
Se instaló en un sillón, e imaginó a Bella en Tenerife, con la cabeza inclinada y el sol tal vez jugueteando con su cabellera color chocolate, mientras escribía aquella carta.
Mi adorado Jasper:
Te encantaría Tenerife… el sol brilla con intensidad y la neblina desciende rodando por la ladera de las montañas.
Te extraño y no dejo de pensar en todas las cosas hermosas que me dijiste. Ahora que me has confesado tus sentimientos, puedo contarte mi gran secreto: te amo desde que llegaste a Midthorpe no hace mucho tiempo. Pensé que nunca te habías enterado de mi presencia. Ahora sé que estaba equivocada y jamás olvidaré aquellas frases amorosas que expresaste cuando estábamos sentados ante el fuego, en aquel hotel del camino.
Gracias por las flores. Mi madrastra dijo que si hubiera sabido que yo tenía novio y que estábamos enamorados, no habría tenido valor para separarme de ti. Quiere reparar lo que ella considera su error. Dice que debes pasar tus próximas vacaciones con nosotras, en Tenerife.
"Los Arcos" es un lugar de ensueño. Pertenece a un doctor millonario, y Sue y yo podemos hacer uso de la propiedad como si fuera nuestra. El trabajo en la clínica es fascinante, pero estoy preocupada por mi madrastra, no dejo de pensar en que tiene algún padecimiento orgánico. Y de ser así, ¿qué tal que éste sea operable y no se le atienda oportunamente? Supongo
que debo confiar en los médicos locales. El hombre dueño de 'Los Arcos', el doctor Edward Cullen, es neurocirujano, así que confío en que sepa lo que está haciendo.
Bueno, mi vida, gracias por todo, cuídate mucho y ven pronto.
Cien besos más y todo mi amor para ti.
Bella
Jasper levantó la mirada de la carta.
Cien besos de Bella debían convertirse en una realidad… no en un
recuerdo perdido, por un caso de amnesia retrógrada.
Tendría que ir a Tenerife a aclarar todo… era una obligación que había adquirido con Alice y Bella. Con decisión se dijo que jamás hubiera coqueteado con Alice de haber recordado todas las cosas que, aparentemente, le había dicho a Bella, y esos besos que olvidara con tanta rapidez.
Se dirigió al vestíbulo y marcó el número del hospital. Pidió, lo comunicaran con la administración.
—Tan pronto como me den de alta, señor, me gustaría tomar las
vacaciones que me deben… Oh, gracias. Sí, voy a hacer un viaje… Bueno, sí, en realidad, ya lo decidí… voy a Tenerife.
Entonces se sentó a escribir una carta a Bella, en la que le decía del accidente que había tenido, su recuperación y los síntomas de amnesia.
Prometía volver a escribirle en cuanto supiera la fecha en que iría y el número de vuelo.
Cuando comunicó a Alice su decisión, el rostro generalmente
sonriente de la muchacha se puso serio.
—Tal vez no sea lo que a mí, en lo personal, me convenga, Jasper —dijo con cierto esfuerzo—, pero creo que estás haciendo lo mejor. Voy a darles a Bella y a ti la oportunidad de aclarar cuáles son sus sentimientos y si todo marcha bien entre ustedes, pueden olvidarse de mí.
Su voz se hizo un poco tensa.
—Bórrame de tu mente. No tienes ningún compromiso conmigo. Quiero tener la conciencia tranquila. No me gustaría hacer sufrir a Bella. La quiero demasiado… como si fuera mi hermana. Yo esperaré aquí, tratando de dominar mis propios sentimientos. Aclara bien las cosas, Jasper, y dinos con franqueza a cuál de las dos prefieres.
besos y gracias por leer lorena :)
