hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)
Capítulo 6
El sol de la mañana pareció esfumarse, con la neblina que se extendía poniendo un toque casi fantasmal al lugar donde Bella y Emmy cabalgaban.
Durante unos minutos, se perdieron de vista antes que tomaran un camino que conducía directamente a la gran casa de "Los Arcos".
Jacob las esperaba en el elegante coche, para llevar a Bella al
aeropuerto. Mientras, una amiga estaba cuidando a Sue, porque había despertado con dolor de cabeza y temía sufrir uno de sus "ataques".
Si sólo Jasper hubiera llegado el día anterior, pensó Bella. Con qué rapidez había cambiado el tiempo. Desde luego, abajo, en el Puerto, el sol brillaba sobre las playas de veraneo, pero el aeropuerto estaría envuelto en neblina y eso podía dificultar los aterrizajes.
"Quiero que todo salga perfecto durante la visita de Jasper" se dijo y trató de mantenerse tranquila y no revelar la gran emoción que sentía. Ya no estaba preocupada por sus condiciones físicas. Su carta y una que recibiera de la propia directora del hospital, la habían tranquilizado. Suponía que podía ayudarle a superar las lagunas mentales que hubieran quedado en su memoria, respecto a ese día. Desde luego, iba a ser un poco embarazoso para ella tener que decirle lo que había hecho y dicho; pero tal
vez no insistiría en saberlo. Quizá se enamoraría otra vez de ella, sencilla y llanamente.
Si sólo el ambiente hubiera sido tan romántico como el día anterior, pensó Bella mientras las luces del coche perforaban la neblina del camino.
Habían pasado a dejar a Emmy en una escuela de monjas, en Montenetta, ubicada un poco más arriba del puerto.
Cuando la niña entró en la escuela, Jacob se volvió hacia Bella.
—Ahora, señorita Swan, ¿tiene la bondad de pasarse al asiento de
adelante? —lo dijo en voz tranquila y cortés, aunque su mirada era atrevida e insinuante.
—¡No! —respondió con firmeza, sin moverse del asiento de atrás.
—Pero es necesario por razones de seguridad —dijo él, divertido—. El doctor Cullen insiste en esto cuando hay neblina. Mire, yo observaré la raya blanca del camino, del lado izquierdo y usted lo hará del lado derecho, que da hacia el barranco y me advertirá si me acerco demasiado a la orilla.
—¿Está seguro de que eso es necesario?
—Oh, sí. El doctor Cullen se enfadaría muchísimo si no hiciéramos lo que él dice.
—Muy bien.
Ella bajó del auto y se sentó junto a él, teniendo cuidado de no mirarlo.
Sentía que el hombre estaba obteniendo cierto placer de su cercanía y al cambiar la velocidad, el dorso de su mano rozó ligeramente la rodilla de ella.
—Ahora, la llevaré sana y salva hasta el aeropuerto. En la tarde usted y su amigo irán a la playa, supongo. Entonces podrán contemplar un espectáculo maravilloso.
—Oh, sí.
—Sí, señorita Swan. Me van a ver ganar el concurso del "Superhombre de Tenerife". Sé que ganaré y la mujer más bella que haya en la playa me entregará un Apolo de bronce. Pienso que en ese caso será usted.
—No lo creo —dijo Bella, muy rígida—. El doctor Withlock y yo
tendremos otras cosas que hacer esta tarde.
La actitud distante de Bella y sus modales un poco presuntuosos, sólo hicieron que Jacob se sintiera más decidido que nunca a romper su resistencia. Así habían sido muchas otras mujeres, antes de caer en sus brazos. Pero Bella era un reto, un premio que él conquistaría.
Él no sentía barreras de clase entre ellos. Después de todo, no era un chofer ordinario. El doctor Cullen, era su protector, le había ayudado a pagar la educación, y lo motivó a tomar clases de inglés, así como un curso de mecánica automotriz.
De pronto salieron de la neblina. Podían verse los aviones que
aterrizaban y despegaban del aeropuerto.
A pesar de la emoción que sentía, Bella no podía evitar cierto grado de ansiedad. ¿Cómo debía saludar a Jasper? Tal vez él sabría qué hacer. ¿Y si había olvidado que estaba enamorado de ella? ¿Qué pasaría entonces?
En esos momentos, a través del altoparlante del aeropuerto, una voz anunció que el avión en el que debía llegar Jasper aterrizaría en quince minutos. Bella se oprimió las manos. Allí estaba ya el avión, haciendo círculos por encima del aeropuerto. Unos minutos más tarde, Jasper se encontraba en la sala de espera del aeropuerto, buscándola ansiosamente con la mirada hasta que ésta se detuvo en ella.
Bella no necesitó detenerse a pensar cómo iba a saludarlo. Los brazos de él la rodeaban ya y él la estaba besando y diciéndole lo maravilloso que era volver a verla.
Mientras tanto, Jacob recogía las maletas de Jasper a la vez que
pensaba: Así que es una mujer de carne y hueso. Se derretía en los brazos de ese hombre.
Entonces, no pudiendo soportar la frustración un momento más, Jacob decidió que, después de que ganara el concurso en el puerto, se quedaría ahí el resto del día y quizá la mitad de la noche, además. Encontraría una mujer con la cual divertirse y, si tomaba un poco de vino, le resultaría más fácil imaginar que a quien tenía en los brazos era Bella. Eso tendría que bastarle, hasta que el doctor inglés se marchara de la isla y dejara a Bella necesitada de consuelo.
Mientras tanto, para alivio de la joven, Jasper estaba hablando de su amnesia en tono muy ligero.
—He estado pensando un poco en esto —dijo—, y hasta donde me doy
cuenta, no hay necesidad de seguir con una laguna mental. Podemos reconstruir todo juntos. Lo que yo no recuerde, me lo podrás decir tú.
—Sí, puedo hacer eso —contestó Bella—. Te lo relataré tal y como
sucedió.
—O mejor aún —murmuró Jasper—, podría ser más terapéutico y
divertido, si reconstruimos juntos todas las escenas, en palabra y obra.
—Bueno… sí. Supongo que es posible —Bella se echó a reír.
—Desde luego —continuó Jasper—, tal vez yo… —titubeó, pero después un brillo travieso se encendió en sus ojos—. A lo mejor me porté mal. No que lo haga normalmente; pero cuando un hombre está solo con una mujer encantadora… pueden olvidarse las buenas intenciones, algunas veces.
—Te comportaste como hubiera deseado que lo hicieras, Jasper —le
confesó ella.
—Menos mal. ¡Me da mucho gusto saberlo! Una preocupación menos
—sus ojos, que brillaban con intensidad, se clavaron en los de ella—. Estoy ansioso de que iniciemos la reconstrucción. ¿Tendremos oportunidad de hacerlo pronto?
—No estoy segura. Trata de ser paciente.
La suerte estaba de su parte. Fue una agradable sorpresa para ellos encontrar que la casita estaba vacía cuando llegaron. En una mesa había una nota de Sue diciendo que se le había quitado el dolor de cabeza.
Su amiga la iba a llevar a la farmacia y de ahí se irían a una comida.
—Eso nos dará tiempo para reconstruir los hechos una media docena de veces —exclamó Jasper, visiblemente feliz—. Empecemos ahora. Lo último que recuerdo son las primeras horas de la mañana del accidente. Ya no estaba en servicio, pero andaba en el hospital y me llamaron a Emergencias, a ayudar en una operación.
Caminó hacia la ventana; sus ojos se detuvieron en un enrejado
cubierto de enredaderas. No quería engañar a Bella, pero no consideró que hubiera necesidad de mencionar que recordaba un beso y un abrazo rápidos que había dado a Alice en la sala de recuperación.
—¿Y entonces? —insistió ella y añadió con gentileza—: titubeaste en este punto, Jasper. Un psiquiatra diría que algo realmente importante ocurrió entonces.
Él se estremeció, con aire de culpabilidad.
—Es tu turno. Sigue, corazón.
—Muy bien —dijo ella—. Estaba en mi habitación, de la Casa de las Enfermeras. Había terminado de hacer mi equipaje y esperaba que llegara la hora oportuna para llamar a un taxi que me llevara al aeropuerto. Entonces llamaron á mi puerta. La abrí y…
—¿Y allí estaba yo? —preguntó él—. Entonces espera. Vamos a iniciar la reconstrucción desde ese punto.
Se puso de pie, salió del salón donde estaban y cerró la puerta. Bella se sentía intrigada y emocionada. Jasper era un hombre en verdad divertido y muy sensato, además. Esta era la forma más efectiva, sin duda alguna, de destruir las preocupaciones sobre su amnesia retrógrada. Viviría el tiempo perdido, tanto en forma emocional como real y eso resultaba importante para los dos.
Su corazón saltó al ritmo de los golpecitos dados a la puerta. La abrió y repitió la expresión de sorpresa que había mostrado originalmente, cuando Jasper invadió el terreno sagrado de la Casa de las Enfermeras, para ir a buscarla.
—¿Qué hice entonces? —preguntó él—. ¿Te rodeé con mis brazos?
—¡Todavía no! —contestó Bella—. Cambiamos un par de comentarios.
Dije que te veías muy elegante y respondiste que era porque ibas a llevarme al aeropuerto. Comenté que el avión saldría mucho más tarde y propusiste llevarme a almorzar en el camino.
—¿A almorzar? —repitió Jasper, con expresión desconcertada—. Espero haber sido lo bastante caballeroso para pagar.
—Sí, pagaste. Dijiste que habías ganado veinticinco libras en un bono premiado.
—Sí, recuerdo eso. La carta llegó esa mañana y la abrí antes de ir a Emergencias, así que continúa. Nos pusimos en marcha y…
—Estaba lloviendo. Nos detuvimos en un hotel del camino y mientras esperábamos la hora de almorzar, nos sentamos en el salón de descanso y tomamos jugo de tomate.
—¡Jugo de tomate! —repitió él—. Debo haber estado tratando de
demostrarte que era un vicioso reformado.
—Bueno, no actuaste como si lo fueras —dijo Bella, echándose a reír —. En realidad, el viejo mesero pensó, en apariencia, que estábamos de luna de miel y nos preguntó si pasaríamos la noche ahí.
—¡Guau! ¿Qué sucedió entonces?
—Estábamos solos en el salón y ardía un buen fuego. Los granizos
golpeaban las ventanas, nosotros estábamos sentados en el sofá y…
—¡Espera! —ordenó Jasper de pronto—. Creo que debemos iniciar la
reconstrucción desde ese punto. El sol brilla en la ventana y hay flores en la
chimenea en lugar de fuego; pero podemos imaginarnos a éste y el granizo —se sentó en el sofá—. Ven aquí. Eso es. Ahora más cerca. Algo parece moverse en mi cerebro. Te tenía rodeada con el brazo.
—Sí —murmuró Bella—. Después de un rato, lo hiciste.
—Entonces… entonces te besé. No necesitas decírmelo. Empiezo a
recordar. Fue maravilloso… algo así…
Acercó sus labios a los de ella, tocándolos apenas.
—¿Te besé así?
—No exactamente…
—¡Oh, ya veo! —exclamó Jasper, con los ojos inundados por una
expresión traviesa—. Así que fue… un beso muy especial…
Esta vez el toque de sus labios fue apasionado. Bella trató de
entregarse a ese beso como lo había hecho en aquel acogedor salón del hotel, unas semanas antes. Pero ahora era diferente. Cerró los ojos como lo había hecho entonces, pero en lugar de que sus pensamientos estuvieran concentrados en Jasper durante el beso, descubrió que se desviaban, que se distraían. La imagen de Edward estaba presente.
Se escandalizó consigo misma; abrió los ojos para borrar aquella loca fantasía de Edward y volver a la realidad de Jasper.
—Es magnífico volver a verte, Jasper —dijo, con sinceridad—, y
maravilloso que no hayas tenido malas consecuencias del accidente. No necesitas preocuparte de lo que pasó en ese hotel. No te comprometiste en forma alguna. Almorzamos y en el aeropuerto nos prometimos mantenernos en contacto y pensar bien las cosas. Tú dijiste que ahorrarías dinero para tomar tus vacaciones en Tenerife y yo acepté, feliz.
—Entonces nos dijimos adiós —añadió él.
—Sí.
—¿Y nos besamos de nuevo? —inquirió él, ansioso.
—¡Claro que sí!
—¿De este modo?
—Algo así —murmuró Bella, contra los labios de él—. Entonces,
cuando llegué a Tenerife, encontré las flores. Y te escribí para darte las gracias. Creo que era una carta un poco infantil.
—Fue maravillosa.
—Un poco exagerada —insistió ella.
—Pero querías volver a verme… y pronto.
Bella asintió.
—Yo sabía que con tu sueldo de interno no podrías disponer de mucho dinero. Sue pensó lo mismo… así que decidimos vinieras, como nuestro invitado. Y… ¡aquí estás!
—Y feliz de estarlo —Jasper la rodeó con los brazos—. Ahora podemos empezar de nuevo.
—Hmm… sí —dijo ella—. Pero ya es la hora de almorzar. Me temo que no va a ser el roast beef y el budín de Yorkshire que comimos en el hotel. Es ensalada y queso, que nos dejó Sue —explicó Bella—. Después del almuerzo, no creo que debamos desperdiciar este lindo día. Te mostraré parte de la isla.
—Me muero de deseos de nadar en el mar —comentó Jasper.
—No hay playas arenosas en esta isla —le explicó ella—, sólo hay
rocas, y arena negra, volcánica. ¡Pero te llevaré a algunas piscinas fabulosas!
besos y gracias por leer lorena :)
