hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)

Capítulo 8

—Nuestro anfitrión parece haber ido a extremos paranoicos para

protegerte de mí durante la noche —dijo Jasper a Bella, mientras

disfrutaban de un trago, antes de la cena. Los invitados y los músicos habían empezado a llegar—. Mi cuarto está casi a un kilómetro de distancia del tuyo. ¡Si fuera sonámbulo me perdería sin remedio!

—Tal vez puedas hablarme por teléfono, si te sientes solitario —dijo Bella alegremente.

Miró a su alrededor con deleite y con la tranquilidad de una mujer atractiva que sabe que está bien arreglada. Los invitados, en honor de Bella y Jasper, eran, en su mayor parte, jóvenes que estaban de vacaciones en la isla y agentes de viajes ingleses, que habían reunido lo más selecto de su clientela para obtener el número adecuado de invitados a la fiesta.

Esta invitación a una gran casa española resultaba un atractivo

inesperado para los viajeros y éstos parecían bien dispuestos a divertirse, como lo estaba Bella, aunque de vez en cuando sus pensamientos volaban hacia Sue. La joven se propuso disfrutar de todo, porque eso era lo que Sue deseaba.

Entonces, mientras ella, Jasper, Edward y Emmy permanecían de pie junto a las grandes puertas, para dar la bienvenida a los invitados, pensó en la fotografía que Alice le dio a Jasper y la inscripción que había en ella. ¡Así que ella y su mejor amiga estaban enamoradas del mismo hombre!

Jasper se daba cuenta de ello. Pero, ¿de quién estaría enamorado él? Poco antes del accidente pensaba que la amaba a ella. Pero la conmoción cerebral destruyó el recuerdo de los sucesos.

Él recuperó el conocimiento cuando Bella, estaba muy lejos de allí… y Alice se encontraba a su lado, cuidándolo. ¿Cómo podía ella reprocharles que hubiera surgido entre los dos un lazo de afecto?

¿Cómo terminarían las cosas? Si la seleccionaba a ella, Bella, podía imaginarse a su mejor amiga sirviendo de dama de honor, mientras trataba de ocultar su destrozado corazón.

¿Y si él descubría que amaba a Alice? Bella descubrió que no tenía valor para seguir adelante con ese pensamiento. Tuvo que hacer un esfuerzo para evitar estremecerse.

En ese momento los músicos empezaron a tocar un animado foxtrot.

—Por favor, baila la primera pieza conmigo… por favor, tío Jasper — suplicó Emmy, extendiendo sus bracitos hacia él. Jasper miró a Bella y como ésta asintiera sonriendo, condujo a la niña al salón de baile.

Bella se dedicó a mirar hacia el jardín, a través de las puertas

abiertas, cuando sintió que una mano se detenía en su brazo y volvió la cabeza para encontrarse con las facciones bronceadas de Edward.

—Todos los invitados han llegado ya —dijo—, así que ahora podemos unirnos a la diversión. ¿Por qué tan pensativa, Bella? Sue no querría verte así. El estar triste no la ayudará a ella. Tal vez resolvamos el misterio de su enfermedad y hasta la curemos. No debemos darnos nunca por vencidos.

—Nunca —repitió Bella—. Tengo muchas esperanzas de que puedan

curarla. Sue significa demasiado para mí.

—Y para mí también —Edward asintió con la cabeza, la tomó del brazo y la condujo hasta la pista de baile—. Vamos a bailar ahora, para demostrarle a tu doctor inglés que tienes otros admiradores.

—Jasper no se pondría celoso —replicó ella—. No es ese tipo de

hombre.

La música se hizo más suave en ese momento y el pianista se dispuso a cantar con voz suave.

—Esta era la canción favorita de Lili —dijo Edward—. ¡Pobre Lili! No fue feliz hasta que me conoció. Su padre era un hombre cruel, un inglés odioso.

Menospreciaba a su esposa española. Pero yo la compensé por todo lo que había sufrido. La hice feliz… y lo fue hasta el momento del accidente. Mi Lili estaba enamorada de la vida.

—Lo siento.

—¡Lo sé! ¡Lo sé! Eres una muchacha muy compasiva. Lo percibí desde que te conocí en el aeropuerto —la hizo girar en sus brazos, porque el ritmo de la pieza se había hecho más alegre—. Pero la tristeza tiene que pasar. Ahora debe haber alegría, y no tienes por qué enfadarte si te demuestro cuánto te deseo. No puedo evitarlo.

Al terminar el baile, Emmy, se acercó para decirle a su papá que bailara con ella la siguiente pieza.

—Es un vals, papá. Ven…

Tantos invitados quisieron bailar con Bella, que sólo tuvo oportunidad de hacerlo con Jasper dos veces, antes que hubiera una exhibición de baile flamenco. Los músicos tomaron quince minutos de descanso y Emmy, tras considerables súplicas de su niñera, aceptó por fin que la llevaran a la cama.

Mientras bailaban con equipo de sonido —con derecho a que las damas invitaran a los caballeros—, Bella notó por un breve instante que ni Jasper ni Edward habían sido sacados a bailar. Por su parte, ella fue a invitar a un caballero inglés, dueño de un hotel en la isla.

Mientras giraban por la pista de baile, Bella notó que Jasper había sido invitado a bailar por una muchacha bonita, cuyos ojos color azul y cabello oscuro hacían que se pareciera mucho a Alice. El baile terminó y Edward esperó al lado de Bella, junto a una columna de mármol, hasta que Jasper llegara a pedirle que bailara con él. Pero el joven y su pareja estaban enfrascados en una animada conversación, sin darse cuenta de que Bella

esperaba.

—Así que bailaremos tú y yo, otra vez, mi inglesita —dijo Edward, en forma galante.

Tan pronto como murieron las últimas notas de la melodía, Jasper y su morocha pareja atravesaron la pista de baile, en dirección hacia Bella. Edward le daba en esos momentos las buenas noches.

—¡Qué pequeño es el mundo! —exclamó Jasper—. Te quiero presentar

a Estelle. Es enfermera en el Hospital de Santa Margarita, donde estuve trabajando unos meses.

—Hola, Estelle —murmuró Bella—. ¿Llegaste sola a Tenerife, de

vacaciones?

—No, somos bastantes personas del hospital. Estamos hospedados en el mismo hotel. —explicó Estelle—. Por eso es que el guía nos incluyó gentilmente en la fiesta de ustedes.

—Me alegro mucho de que lo haya hecho —dijo Bella.

—Sí, nos estamos divirtiendo en forma increíble, gracias a ustedes y al doctor Cullen. Qué lugar tan fabuloso tiene… —se interrumpió cuando vio algo a través del salón—. Perdónenme, tengo que ir a rescatar a mi novio… Lo tiene acorralado una de mis compañeras solteronas…

—Se parece mucho a Alice, ¿verdad? —preguntó Jasper con voz ligera —. ¿Dónde está Edward? —añadió.

—No sé —contestó Bella—. Simplemente desapareció.

—¡Magnífico! Ahora te tengo toda para mí.

La tomó con firmeza de un brazo y la condujo hacia un patio.

—Vamos a buscar un rincón tranquilo —continuó Jasper— y a hacer lo que nos inspire la naturaleza.

Encontraron un banco alejada de otras parejas que paseaban a la luz de la luna.

—¡Ven aquí, preciosa! —ordenó Jasper, quien se sentía repentinamente invadido por una pasión avasalladora—. La luna de Tenerife y tú… esto es lo mejor del mundo.

No dijo más, porque empezó a besarla con una pasión que dejó a Bella sin aliento. Ella había sabido siempre que Jasper tenía fama de ser ansioso y de estar siempre dispuesto a disfrutar de un romance, pero no había hecho caso porque, en esos días, no se imaginaba siquiera que se iba a fijar en ella. La mayor parte de los internos eran así, trataban de aliviar las tensiones del trabajo y las largas horas en el hospital, en los brazos de

lindas enfermeras.

—¡Eso es suficiente por ahora! —se obligó a decir—. Creo que ambos necesitamos volver a la realidad, recuperar el aliento y hablar.

—¿De qué vamos a hablar? —protestó él.

—Bueno, todavía es muy pronto para decir si nos amamos. Y no

debemos confesarlo hasta no estar absolutamente seguros.

—La mejor manera de averiguarlo es besarnos… y seguir besándonos.

—No ahora… después —prometió ella—. Debemos hablar antes que

empecemos a imaginarnos que nos estamos enamorando.

—¿Imaginarnos? —repitió él—. ¿No crees que nuestro amor sea real?

—No lo sé.

—Me parece que has cambiado un poco de actitud desde que me

escribiste esa carta —se incorporó de un salto—. ¿No respondo a lo que esperabas de mí, en este exuberante ambiente de Tenerife?

—No es eso… ¡claro que respondes! —ella colocó una mano sobre la de él—. Hay una o dos cosas que debemos tratar de aclarar, por nuestro bien… y por el de Alice.

—¡Alice! —exclamó él—. ¿Qué tiene ella que ver con esto?

—Por una parte, es mi mejor amiga —explicó Bella, todavía con la

mano de Jasper en la suya—. No me gustaría lastimarla por nada del mundo.

Y creo que ella está enamorada de ti y tiene prioridad sobre ti… No pude evitar ver la fotografía que te dio y lo que te escribió atrás. Debes estar encariñado con ella y haberle dado motivos para creerlo.

—¡Claro que estoy encariñado con ella! —exclamó—. Pero una o dos

cosas han pasado desde entonces: lo que no recuerdo, a causa del choque, y el que me hayas hecho saber en esa carta… que me amas… además, que me hayas invitado a venir aquí.

—Sí, ya veo —dijo Bella—. Yo no sabía lo de Alice entonces. Mira

Jasper, entiendo las cosas. Sé que no estás jugando con nosotras. Pero, emocionalmente al menos, estás en dos lugares diferentes. En Midthorpe, con Alice cerca de ti, empezarás a desearla, a amarla. Aquí en Tenerife, con ella lejos, tal vez te engañes con la idea de que me amas. Quizá, la verdad sea que nos amas a las dos un poco… o mucho.

—Y ustedes son buenas amigas, hermanas de corazón —protestó él—,

ambas dispuestas a hacer un acto gigantesco de renunciación, y ninguna hace esfuerzo alguno para definir las cosas.

De pronto, la atrajo hacia él, le tomó las manos y la miró intensamente.

—Para ser sincero, ya no me siento tan culpable, ahora que hemos

hablado sobre esto. Admito que besé a Alice al despedirme de ella, antes de venir hacia acá, y que me gustó. No pude contenerme. Ni ella tampoco…

—Así que es inevitable que una de nosotras salga lastimada —dijo, empujándolo con suavidad, para alejarlo de ella—. Oh, Jasper, ¿qué vamos a hacer?

—Te diré —contestó él, con seriedad—. Trataremos de ver las cosas con calma… sigamos adelante con las vacaciones. Quizá no debamos estar mucho tiempo solos. Podríamos llevar a Emmy con nosotros. Tal vez, a final de cuentas, me enamoraré como un loco de ti y terminaré con el corazón roto, además de la cabeza.

—¿Cómo? No entiendo.

—¡Podrías enamorarte de Edward, tontuela! —exclamó, exasperado—.

Fue mi primer pensamiento, cuando me di cuenta de la situación. Él tiene todo para ofrecértelo. Y ya te muestras bastante atraída hacia él.

—Excepto por una cosa, Jasper. Te amo y odio a Edward.

—¡Lo odias! ¿Qué ha hecho para alterarte de ese modo? —tomó una

expresión feroz—. ¡Estos españoles!

Bella se sintió temblar cuando vio que sus nudillos se ponían blancos, al apretar los puños, como si estuviera ya listo para pelear por ella.

—Sí, Jasper, lo odio tanto, que casi me da miedo. Algunas veces me gustaría golpearlo. Yo también me aborrezco, porque me hace sentir que podría fácilmente perder el control.

—Pienso que eso es peligroso —el tono de Jasper se había vuelto serio y tenía todavía los puños cerrados—. Será mejor que vuelvas a Midthorpe conmigo. Te estás involucrando demasiado con este cirujano. Eso podría causar conflictos que no harían ningún bien a Sue, a la pequeña Emmy y, lo que es más importante, a ti misma. No tomes una decisión todavía. Piénsalo.

Mientras tanto, estoy aquí para protegerte, mi amor.

Empezó a besarla y aunque ella volvió la cabeza, él encontró sus

labios; después todos los pensamientos conflictivos de Bella se ahogaron en un mar de besos. Los brazos de ella rodearon el cuello de Jasper.

Aquellos eran momentos de felicidad, pensó Bella. Tal vez una ilusión, o reales, porque ni ella ni Jasper estaban completamente seguros de que se amaban. Como Alice había escrito en su foto: "el tiempo lo dirá". Se puso de pie cuando la orquesta estaba tocando un vals.

—Vamos, Jasper —le dijo—, apenas tenemos tiempo para poder bailar la última pieza.

En el momento en que iba a acostarse sonó el teléfono. Era Edward. Le dijo que se había salido de la fiesta antes que ésta terminara, para ir a dar una mirada a Sue. La enferma había despertado y preguntado por Bella.

Ella no necesitaba que le dijeran más. Se puso un pantalón por encima de su camisón y se echó una chaqueta sobre los hombros.

Ahora, haciendo sonar el claxon en cada esquina, tomó el sinuoso

camino que conducía hacia la clínica. A la mitad de aquél tuvo que frenar repentinamente. Los faros de un coche que estaba en un claro del camino, se encendieron y se apagaron como si estuvieran haciendo señales. Ella redujo la velocidad, hasta detener el auto junto a la figura de un hombre que se encontraba de pie al lado de una portezuela abierta.

—¡Doctor Cullen! —exclamó, al bajar de su pequeño coche—.

Pensaba que estaba todavía en el hospital.

—No hubo necesidad, después de todo. Sue se volvió a quedar dormida.

—¡Qué alivio! —Bella miró hacia el coche de él—. ¿Estaría diciendo la verdad?

—Te vi que bajabas por la montaña a toda velocidad. Para evitar que chocáramos de frente, me hice a un lado.

—Ya veo.

Bella notó que, a la luz de la luna, él la estaba mirando con esa terrible intensidad que le resultaba desconcertante.

—Salí tan rápido —le explicó—, que me traje las pantuflas, no me puse zapatos.

—Entonces déjame llevarte en mi auto. Podemos, mandar a Jacob a

que recoja después el tuyo.

—No —era el instinto, ahora, lo que la hacía rechazar sus dominantes instrucciones—. Puedo volver sin problemas.

Cerró con violencia la portezuela del coche de Sue, lo hizo girar y se lanzó por donde había llegado. A la mitad del puente, el auto patinó y ella escuchó el sonido de metal que se retorcía y de vidrios rotos. Se hundió en el asiento al ver que el parabrisas se hacía mil pedazos y empezó a ser sacudida de un lado para otro dentro del coche. Antes de perder el sentido se dio cuenta de que el auto se sumergía y el agua entraba a torrentes por la ventanilla abierta.

Al abrir los ojos, vio que Edward estaba inclinado sobre ella, con la cabeza enmarcada por el brillo de la luna. Entonces sintió que sus dedos presionaban con suavidad sus fosas nasales y que su boca abierta le transmitía aire a sus pulmones.

Le estaba dando el beso de la vida.

—Es suficiente, por favor. Ya volví en mí…

Se estremeció y sintió que estaba empapada de pies a cabeza.

—Lléveme a "Los Arcos", por favor. Necesito un buen baño caliente — con esfuerzo, se sentó—. No estoy herida… un poco golpeada, tal vez. No estoy segura.

—Estuviste a punto de ahogarte.

Vio escurrir gotas de agua por las pestañas de Edward. El, también, estaba empapado.

—Y usted tuvo que echarse al río a sacarme —se puso de pie y habría caído al suelo si él no hubiera extendido dos fuertes manos para ayudarla—. Entonces, usted… usted…

—Te di el beso de la vida —Edward asintió—. Ahora voy a completar el tratamiento de emergencia, para evitar que te dé una pulmonía.

La levantó en sus brazos, obligándola a apoyar la cabeza en el pecho de él.

Bella creía que la llevaría al coche de él y la conduciría a "Los Arcos"; pero, en lugar de hacer eso, se internó en el bosque, con ella.

—¿Adónde… adonde me lleva?

—Pronto lo verás, querida. Trata de no tener miedo.

—¡Miedo! —había un profundo desprecio en su voz—. ¿De qué?

—El puente se derrumbó —ella sintió la fuerza muscular de su cuerpo firme y fuerte, mientras caminaba con rapidez—. Hay una casita rústica en un claro, cerca de aquí. Lili venía aquí a observar a los pájaros. No he vuelto desde que ella… murió. Pero los invitados que he tenido en casa la han seguido usando.

Se interrumpió cuando llegaron a la puerta de la casita. Todavía con Bella en los brazos, logró bajar la mano derecha lo suficiente para dar vuelta la perilla de la puerta; pero como no lograra abrirla, colocó a la joven sobre una piedra cercana, empujó con el hombro la puerta y logró abrirla en el segundo intento.

Poco después el alegre interior de la casita se iluminó con el fuego encendido por Edward en la chimenea. Él salió de una habitación con toallas y batas de un grueso material absorbente.

—Estás empapada hasta los huesos. ¿Puedo confiar en que te secarás debidamente y te pondrás un par de estas batas y estas sandalias?

—No… no puedo —Bella permaneció inmóvil, turbada.

—¡Cielos! —exclamó él con exasperación, mientras cruzaba arrogante la habitación, hacia ella—. Haz lo que te digo. ¡Desnúdate ahora mismo!

Seguramente no querrás correr el riesgo de una pulmonía, sólo porque tu tonto pudor se resiste a mi presencia —se dio vuelta y empujó un mueble que estaba adosado a una pared, hasta colocarlo en ángulo—. Sécate y cámbiate ahí. Pero te advierto, que si oigo un golpe, tendré que suponer que te has desmayado e iré a investigar.

—Lo-o si-siento —Bella trató en vano de contener el estremecimiento que la sacudía—. Us-usted me salvó la vida y, sí, es doctor. Sé que estoy siendo una to-tonta respecto a estas cosas. Después de todo soy una enfermera…

Sólo cuando poco después, envuelta en las batas, se acomodó en el sofá, junto al fuego, Edward se atrevió a dejarla sola un momento, mientras se ocupaba en encender una estufa de petróleo. Volvió poco después con un tarro de whisky y agua caliente.

—Cuando hayas bebido esa medicina —dijo, riendo ligeramente—,

estarás fuera de peligro. Para entonces empezarás a ser mi huésped, y no mi paciente —su tono era divertido y burlón—. Y entonces, querida mía, te encontrarás en otro tipo de peligro.

—¡Qué absurdo es usted! —exclamó ella.

—¿Absurdo? —se echó a reír—. Esperaba que dijeras: "¡Tonterías!"

¡Así que había leído su comentario al pie de la carta que había dejado en su escritorio!

—Y supongo que continuará atribuyendo todo lo que nos sucede a

Kismet… un destino todopoderoso del que nadie puede escapar.

—Podría ser —Edward había dejado de sonreír—. De cualquier modo,

ésa es mi filosofía.

—Muy conveniente.

Se encogió de hombros en el momento en que tomaba el tarro vacío de las manos de ella.

—¿Te sientes mejor ahora?

—Mucho mejor.

En forma impulsiva, Edward tomó las manos de Bella en las suyas y la atrajo hacia él.

—Ni siquiera el estricto Consejo Médico Británico objetaría esto.

La besó por largo rato en la frente, aunque anhelaba con

desesperación bajar su boca hacia los labios de ella.

—Creo que habrás recibido suficientes besos de tu amiguito inglés en las últimas horas —dijo por fin—. Así que me esforzaré por limitar mis exigencias.

Bella se enfrentó a su mirada penetrante, con aire de reto.

—Jasper me da cierta protección… de usted, doctor Cullen.

—Oh, no, querida mía, no voy a retirarme de la lucha por conquistarte sólo porque ha llegado tu amigo. Procuraré probarte que soy mejor hombre que él.

—Un español no se da por vencido ante un hombre nórdico, ¿no es

eso? —había una insinuación de sarcasmo en la pregunta de Bella.

—Nunca, en el campo del amor —Edward hizo un gesto de impaciencia y se convirtió de nuevo en un doctor, preocupado por su paciente. Tomó la muñeca de Bella, para verificar su pulso—. Ya te has recuperado lo suficiente como para llevarte a casa. El coche de Sue se arruinó, así que te llevaré en el mío y llamaré que se ha caído el puente. Tendremos que tomar un camino más largo —consultó su reloj de pulsera—. Son las cuatro de la mañana. Ah, estarás en tu cama solitaria, al amanecer… Vamos, querida… ¿por qué entristecernos? Aun el desastre compartido contribuye a que nos sintamos unidos.

Debió adivinar que Bella estaba a punto de darle una respuesta

aplastante; así que, con gran habilidad, la tomó en brazos y la condujo hacia el auto. Después volvió a la cabaña para apagar el fuego de la chimenea.

Mientras Edward avanzaba a gran velocidad, Bella se dijo: Estoy

pisando terreno peligroso… ¡lo sé! Pero no voy a huir a Inglaterra. Sue me necesita ahora más que nunca… La pequeña Emmy, también. No me importa la forma urgente en que Edward dice necesitarme… o en que finge hacerlo.

Soy una mujer liberada y detesto a los hombres chauvinistas como

Edward… y Jacob. Supongo que España está llena de ellos. Qué maravilloso sería si algún día, pudiera darles una buena lección a los dos.

—¡Hola, Bella! ¡Hola, Jasper!

Bella y Jasper se volvieron para saludar a una de las invitadas a la fiesta de "Los Arcos", en el momento en que salían de una de las piscinas del Lido. La joven reconoció a Wendy Brown, correo de una de las compañías grandes de turismo. Llevaba un sobre de papel manila y una carpeta.

—¡Perdidos, robados o extraviados! —exclamó—. No hay un momento

de aburrimiento en mi pobre existencia. Ando buscando a los Cárter, una pareja que no se presentó a la reunión de esta mañana en la que se suponía debían decirme si van o no a una excursión que vamos a hacer esta tarde.

—Tienes un trabajo muy agitado —comentó Bella.

—Sí, y debo irme en unos cuantos minutos más al aeropuerto, para

recibir a otro grupo y llevarlo a los correspondientes hoteles.

—¿Y es así todo el año?

—Sí, aquí la temporada turística dura doce meses, aunque es más

agitada durante el invierno en Europa.

—Y resuelves los problemas de los vacacionistas en tres idiomas, ¿no es así, Wendy?—preguntó Jasper, sacudiendo el agua de su cabello.

—En cuatro, realmente. Estoy tomando un curso intensivo de italiano —la correo consultó de pronto su reloj de pulsera—. Debo irme. Pero quería darles las gracias por una fiesta estupenda, y devolverte esto.

Entregó a Bella, un sobre grande, de papel manila amarillo.

—Las fotos son realmente fabulosas… no me puedo imaginar cómo

pudiste olvidarlas dentro de un ejemplar del Canary Sun, en una mesa del Café Playboy. Bueno, siento mucho tener que dejarlos. ¡Nos vemos!

Se marchó antes que Bella tuviera oportunidad de decir nada.

¡Fotografías! Bella no había tenido oportunidad de mandar revelar las que había tomado hasta entonces; así que… ¿cómo podían ser suyas?

Desconcertada, sacó el contenido del sobre y lo miró con visible asombro.

Había una docena de fotografías, tamaño carta. Todas eran de ella y habían sido tomadas sin que se diera cuenta.

—¡Saliste preciosa…! —exclamó Jasper, contemplando con interés

algunas tomadas en el Lido, con su bikini escarlata—. Y mira ésta: regando las plantas en un balcón de "Los Arcos". Tomadas sin que lo supieras… Son tan naturales…

—¡Claro que lo son! —exclamó Bella indignada—. Fueron tomadas sin mi conocimiento. La persona que lo hizo debe haber usado un teleobjetivo.

—Las mandó revelar y después las dejó en la mesa de un café.

—Donde Wendy Brown las encontró —añadió Bella—. Qué extraño. No

me gusta la idea de que alguien me ande espiando. ¿Y por qué lo hace?

—Porque eres muy linda —contestó Jasper— y porque la persona que

las tomó debe ser un admirador tuyo tal vez un poco tímido. Quizá no desea que lo descubras.

—No me gusta la idea, Jasper. Esto podría ser la obra de un loco… me da miedo —Bella se estremeció.

—No hay necesidad de que lo tengas —la rodeó con un brazo—. Estoy aquí para protegerte.

—Sí, pero sólo por diez días más.

—Renunciaré a la cerveza y ahorraré lo necesario para volver pronto.

—Pero… pero, ¿quién haría una cosa como ésta… de tomar estas

fotos?

—Bueno, un hombre que tiene acceso a "Los Arcos", así como a otros lugares aledaños… Debe tener suficiente dinero para poseer un buen equipo fotográfico. Así que ahí tienes: nuestro anfitrión, el doctor Edward Cullen, probablemente enamorado de ti. El honor impide que te lo confíese, porque sabe que tienes novio.

—¡Oh, no! —protestó ella—. Edward no haría nada tan bajo. Si hubiera querido fotos, las habría tomado sin ocultarlo.

—No necesariamente —dijo Jasper—. Tal vez quería darte una sorpresa.

Hacerte un regalo o dármelas como recuerdo de mis maravillosas

vacaciones contigo.

—Pero son mis fotografías. No pertenecen a nadie más. Así que puedo hacer con ellas lo que quiera.

Antes que él pudiera detenerla, las rompió.

—Voy a olvidarme de que las vi —siguiendo un impulso, la joven se echó a correr hacia la piscina y se zambulló.

Jasper estaba ya en el agua cuando Bella salió a la superficie. Él la tomó en sus brazos y la oprimió contra su pecho. Entonces la soltó, pero ella continuó aferrada a él. Sentía una necesidad especial de Jasper en esos momentos.

—Me siento feliz de tenerte aquí, Jasper.

—Estoy furioso de que hayas roto esas fotografías. Hubiera querido tapizar con ellas mi habitación para poder verte todo el día. Me siento frustrado. Voy a necesitar muchos besos como compensación.

—Los recibirás —le prometió ella con precipitación—. Y tendrás fotos mías también. Te prestaré mi cámara y podrás tomar todas las que quieras.

Pero estaré respetablemente vestida, si me permites.

Oyeron sonar las campanas de la iglesia que había en la plaza, más allá del paseo de San Telmo, y Jasper consultó su reloj de pulsera.

—Vámonos —exclamó—. Tendremos que darnos prisa si queremos

pasar la clínica, a visitar a Sue, antes de recoger a Emmy de la escuela. Bella condujo el nuevo coche de su madrastra. Pasaron primero a la clínica, donde la directora les dijo que Sue se había levantado, pero no odia recibirlos en ese momento. Acababa de iniciar una sesión psiquiátrica en una hora, con el doctor Sidney Goodwin.

En esos momentos las niñas salían de la escuela de monjas. Emmy, con sus trencitas balanceándose de un lado a otro, corrió al verlos y rodeó con sus brazos a Bella.

La niña tomó la mano de Jasper, también.

—Me prometiste una sorpresa para esta tarde. ¿Adónde me vas a

llevar?

—Espera y verás. Te prometo que será algo especial.

—¡Qué bueno! Oh, cómo me alegra que hayan venido a Tenerife. No

deben irse nunca. Jamás será lo mismo, sin ustedes.

Emmy se veía tranquila y feliz, cuando el auto se alejó de la escuela. Bella sintió deseos de poder sentirse como ella. Pero la tenía alterada todavía el recuerdo de las fotografías tomadas clandestinamente.

¡Tres incidentes fotográficos! Primero, Edward con la fotografía que había hecho copiar. Después, la de Alice que Jasper había traído con él a Tenerife y en la cual la joven había escrito una dedicatoria que revelaba que estaba enamorada de él.

Y después, lo peor de todo: las fotografías tomadas en una forma casi íntima… ¿El destino? ¡Era ridículo!

Jasper le había sembrado la intriga de que Edward era el fotógrafo secreto. Al principio, ella había descartado la posibilidad, pero ahora estaba segura de que el doctor Cullen había estado espiándola y fotografiándola.

Ella había visto varias veces el costoso equipo fotográfico de que disponía.

Iba a tener una buena discusión con él sobre eso… pero todavía no.

Esa semana tenía varias operaciones complicadas de cerebro, que

requerían toda su atención.

Pero ya llegaría su oportunidad. Se sentiría aliviada cuando pudiera demostrarle a Edward, el profundo desprecio que sentía por el millonario "Señor Tenerife".

besos y gracias por leer lorena :)