hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)
Capítulo 9
—Mientras estaba operando, supuse que debían estar en el quirófano viendo aquello —les dijo Edward a Jasper y Bella durante una cena, dos noches más tarde. Había tenido un día de éxitos casi increíbles, pero se sentía exhausto—. El paciente era joven… tenía poco más de veinte años.
A pesar de ella misma, Bella escuchó con admiración a Edward que
explicaba las técnicas quirúrgicas que había usado en una operación demasiado difícil. Era un cirujano entregado plenamente a su profesión, vivía para su trabajo.
Tras el respeto que Bella sentía por el cirujano, había ahora
sentimientos casi de horror, de que hubiera un lado sombrío en la naturaleza de aquel hombre.—
En ese momento un sirviente llevó al doctor una nota, en una bandeja de plata. Edward la abrió y leyó en español. Luego anunció, en inglés, que Jacob los esperaba con un auto en la puerta del frente. Había una exhibición de fuegos artificiales en el puerto e iba a llevarlos a todos, para que la vieran.
—¡Oh, magnífico! —exclamó Emmy, que había estado muy callada durante la cena—. Me encantan los fuegos artificiales.
Poco después Bella compartía el entusiasmo de Emmy, mientras una
cascada de luces de colores se reflejaba en las piscinas del Lido. Jacob los llevó directamente a "Los Arcos", en cuanto terminó la exhibición, porque se había pasado ya la hora en que Emmy debía acostarse.
Bella siguió el ejemplo de Emmy, una hora más tarde, y subió a acostarse, dejando a Jasper y Edward enfrascados en una partida de ajedrez. Se alegraban de que los dos hombres, a pesar de sus temperamentos diferentes, se hubieran hecho buenos amigos.
Vio una débil luz a través de la puerta entreabierta que comunicaba su habitación con la de la niña. Entró de puntillas y vio que Emmy dormía.
—Duerme bien —murmuró—, y sigue siendo feliz.
Aproximadamente dos horas más tarde, Bella despertó. Desde el
camino llegaban las voces de un pequeño grupo de parranderos que
cantaban "Viva España". La joven empezó a dormitar nuevamente.
Entonces, se incorporó nuevamente. Contuvo el aliento, para estar segura de que no era su imaginación la que le hacía escuchar pasos por la grava que había bajo su balcón.
Las pisadas se detuvieron ante su ventana; la invadió el terror y se sintió dada a ocultarse bajo las sabanas. Entonces pensó en Emmy, que dormía tranquila y decidió abandonar la cama y cruzar la habitación, hacia la puerta de vidrio que daba al balcón.
Miró por encima del barandal y vio a un hombre con uniforme de chofer color azul pálido… ¡Jacob! Estaba separando algunas plantas trepadoras que había en el muro, para dejar al descubierto una escalera de hierro atornillada a la pared. Ella ignoraba la existencia de ésta.
El intruso había puesto un pie en el primer escalón y se estaba
impulsando para subir al siguiente. Ella trató de gritarle que se detuviera pero tenía la garganta seca.
En ese momento Jacob levantó la mirada y sus ojos se encontraron.
Sonrió, se llevó un dedo a los labios, como si le indicara que guardara silencio, y volvió a bajar, hizo un saludo, se dio la vuelta y empezó a caminar con paso muy tranquilo. Antes de desaparecer se despidió de ella con la mano. ¡Vaya descaro el suyo! Bella temblaba de indignación. ¿Se habría atrevido a escalar hasta su dormitorio, pensando, en su absurda vanidad, que sería un visitante bienvenido?
Pero ella no iba a soportarlo. Con cuidado, cerró la puerta de
comunicación con el cuarto de Emmy, para no despertarla. Encendió una luz y levantó el teléfono interno. Vaciló sólo un momento antes de marcar el número del dormitorio de Edward; sin embargo, recordó que había dicho que no tenía operaciones para ese día. Él contestó con sorprendente rapidez.
—Habla Bella. Siento mucho molestarlo, pero acaba de suceder algo que me alarmó mucho…
Entonces le dijo que había visto a Jacob al pie de la escalera que daba a su balcón, tratando de subir.
—Lo siento mucho —respondió Edward en tono contrito—. Soy el
culpable de lo sucedido. Jacob y tres sirvientes más, por turnos, patrullan de noche los terrenos de la casa, a modo de precaución. Hace algunos meses tuvimos un intento de robo.
—Oh, ya veo.
—Sí, Jacob y los demás tienen instrucciones de andar sin hacer ruido mientras realizan la vigilancia —explicó él—. El que lo hayas escuchado pisando la grava fue culpa mía, también. Normalmente tienen instrucciones de caminar sólo por los prados. Pero, después de ver los fuegos artificiales de esta noche, recordé que siempre hay el peligro de que causen algún incendio, así que le dije a Jacob que revisara las escaleras contra incendio, que hay ocultas bajo los balcones.
—Eso… eso lo explica todo —dijo Bella, sintiéndose como una tonta—. Siento mucho haberlo molestado.
—¡No, de ninguna manera! Me alegra que me hayas dado oportunidad
de calmar tus temores —Edward se detuvo un momento—. ¿Despertó a Emmy también?
—No, no lo creo.
—Bien. No te preocupes, Bella. Me alegro que me hayas llamado por teléfono. Nos veremos en el desayuno.
Al colgar el auricular vio el rayo de luz que se filtraba del otro dormitorio por la puerta entreabierta. Emmy estaba de pie ahí, vestida con un pijama y abrazando un osito panda de peluche.
—Oí que hablabas por teléfono a mi papá —dijo—. Te asustaste,
¿verdad? Ahora, vuelve a la cama, si no quieres resfriarte.
Bella sonrió. Como era peculiar en los niños, Emmy había asumido el papel de un adulto protector.
—Muy bien, Emmy —Bella aceptó con una sonrisa humilde.
—Cuando yo me asustaba de noche o tenía una pesadilla —continuó la niña—, me iba a la cama de mamá y me sentía segura. Así que "Panda" y yo vamos a acostarnos contigo, para que no tengas miedo, Bella.
Emmy subió a la cama, colocó al osito entre ellas y se acurrucó. Bella permaneció despierta durante un rato, observándola y sintiendo una profunda ternura por ella.
Emmy se movió en esos momentos y, medio dormida, estiró una mano por encima del oso, para tocar el brazo de Bella.
—Te quiero, Bella —murmuró la niña medio dormida.
—Y yo también, Emmy.
Entonces pensó: Nunca había sentido la necesidad de tener un hijo propio. Y cuando suceda, lo amaré tanto o más que a Emmy.
De nuevo escuchó pisadas en la grava… Jacob, en su patrulla
nocturna. Esta vez no se sintió alarmada. Cuando volvió a abrir los ojos el sol entraba ya por la ventana y Emmy estaba saltando sobre la cama.
—¡Despierta, Bella! —exclamó la niña—. "Panda" dice que ya es hora de levantarse.
—¿Qué fue eso?
Bella se puso repentinamente tensa en Los brazos de Jasper. En la oscuridad del jardín del sur, algunas noches después, se encontraban abrazándose.
Se había estremecido cuando la luna se ocultó tras una nube; dio un salto al oír que crujía una ramita, como si hubiera alguien oculto.
Si es un espía, hagamos que vea un buen espectáculo —murmuró
Jasper con ligereza. Levantó la barbilla de ella con los dedos, para acercar su boca a la de él y besarla de nuevo.
—Debemos volver a la casa —Bella tenía la idea de que alguien los estaba observando—. Edward te espera, para jugar ajedrez.
—Muy bien, pero tal vez podamos vernos más tarde. Podríamos
encontrarnos a la medianoche en la vieja casa donde guardaban los botes, junto al lago.
—Ya veremos.
—_De cualquier modo —él no parecía darse por vencido—, puedo
llamarte a tu cuarto. Hay teléfono interno.
Bella no contestó. Consideraba que después de un día tan pesado
como el que había tenido en la clínica, probablemente se quedaría dormida tan pronto pusiera la cabeza en la almohada. Además, no tenía realmente deseos de una cosa así. Y, desde luego, si Jacob andaba realizando el diario recorrido de seguridad, después de la medianoche, probablemente los descubriría.
Contuvo el aliento, con los ojos muy abiertos, sin responder a otro de los besos románticos de Jasper. Le pareció oír pisadas masculinas sobre la grava, que se alejaban, discretamente. Así que no era muy probable que el espía fuera Jacob.
Cuando llegaron a la casa, Bella sentía que tal vez el intruso había sido producto de su imaginación.
Edward esperaba junto a la amplia chimenea de mármol, con el tablero de ajedrez ya acomodado en su lugar. Aunque no conversó, sino que pareció totalmente concentrado en el juego, Bella no se dio cuenta de que estaba alterado, sufría un fuerte ataque de celos, porque después de la cena ella había salido a pasear con Jasper.
Bella y los dos hombres se separaron, para ir a acostarse, a las once.
Poco antes de la medianoche, ella despertó y se dio cuenta de que estaba sonando el teléfono.
—Habla Jasper. No te alarmes, Bella, pero algo extraño ha sucedido ¡Estoy encerrado con llave en mi dormitorio!
—Pero… ¿cómo?
—Eso es lo que me gustaría saber. No me habría dado cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave, pero iba a buscarte para discutir nuestra cita de medianoche en la casa de los botes.
—Ibas a llamarme primero por teléfono y en ese caso, te hubiera dicho que no —declaró ella, en forma definitiva.
—Sí, iba a hacerlo; pero decidí que era más posible que aceptaras si aparecía en persona ante la puerta de tu dormitorio.
Jasper se detuvo.
—Pero, Bella, nena —continuó después de un momento—, no te
imaginas la sorpresa que me llevé cuando descubrí que estaba encerrado. La llave generalmente está colocada por dentro.
—Sí… así está la mía.
—Pero ha desaparecido y el dormitorio está cerrado con llave por
fuera.
De inmediato, Bella encendió la lámpara que había junto a su cama.
Dirigió la mirada hacia la puerta cerrada. La llave no estaba en ella.
—Espera un momento, Jasper.
Bajó de la cama, corrió a través de la habitación y dio vuelta a la manija. La puerta de su alcoba estaba cerrada con llave. ¿Qué significaba aquello? ¿Quién lo había hecho y por qué? En silencio, se dirigió hacia la puerta del cuarto de Emmy que daba al pasillo. También estaba cerrada con llave. Alguien se había asegurado de que no acudiría a ninguna cita de medianoche.
Desconcertada, volvió al teléfono.
—Algún bromista nos encerró con llave por esta noche. Será
interesante ver si nos dejarán salir una vez que amanezca.
—Pero, ¿quién haría una cosa así? —preguntó Jasper sorprendido.
—Creo que sé de quién se trata —Bella oprimió el teléfono con fuerza, llena de tensión—, pero no voy a mencionar su nombre. Después me encargaré de él, y lo haré a mi modo, cuando me convenga. No, no digas más, ni quieras hacer justicia con tus propias manos; debemos pensar en Sue y en sus otros pacientes. Dame un poco de tiempo y entonces…
Dejó la frase en el aire, deseó dulces sueños a Jasper y colgó.
Cuando menos, esa puerta cerrada la había salvado de tener una
escena con aquel joven interno, de vacaciones, que parecía tan ansioso de enamorarla a la medianoche, al estilo Tenerife.
Y, pensando en eso, se volvió a quedar dormida.
—Nuestra última noche —dijo Jasper a Bella, mientras se columpiaban en un sofá colgante, colocado en la terraza que daba al sur—. Así que decide qué vamos a hacer.
—Eso ya se ha decidido —le contestó Bella—. Nos llevaremos el auto de Sue.
—¿Y entonces…?
—Bueno, como te estaba diciendo —continuó Bella—, Edward nos
reserva mesa en el mejor hotel de San Felipe. Y después iremos a bailar en una discoteca. No nos costará una sola peseta. Él parece arrepentido y quiere compensarnos.
—Eso ya lo sé. Pero, ¿cómo crees que me siento de salir a pasear con una chica utilizando el dinero de otro?
—Comprendo cómo te sientes —Bella admiró la actitud de Jasper—, y conoces lo suficiente como para saber que no necesito que se gaste mucho dinero conmigo, para pasarla bien. Además, siempre estoy dispuesta a compartir los gastos.
—Ya sé que eres una chica especial —dijo Jasper, y comenzó a sacudir el columpio con más rapidez—. Así que sugiero que busquemos una solución intermedia. Podemos decirle a Edward que nos gustaría aceptar su amable invitación, en mi próximo viaje a Tenerife.
—¡Magnífico! Eso estaría muy bien —Bella se hizo hacia atrás y él la besó—. ¿Así que no quieres alejarte mucho tiempo de mí?
—Quiero estar contigo para siempre —le dio un prolongado beso—.
Escucha. Tengo planes para esta noche. Quiero pasar una velada realmente hogareña contigo, solos tú y yo. Eso no es posible en el ambiente de "Los Arcos".
—Ya lo sé —reconoció Bella—. Así que… ¿qué sugieres?
—Podríamos pasar la velada en la casita de Sue —los ojos de
Jasper se iluminaron—. Repetir lo que dices que hicimos en aquel hotel, cuando nos dirigíamos al aeropuerto. Podrías preparar algo de comer… café y emparedados. Resultaría una noche para recordar.
—Sí, es una excelente idea —reconoció ella.
Jasper sintió que podía tranquilizarse. Pensó que si lo intentaba de nuevo, lograría revivir el aspecto emocional de la situación. Así que esperaba que sus sentimientos hacia Bella se aclararían… y se intensificarían.
Por el momento se sentía lleno de indecisión. Le disgustaba la
posibilidad de alejarse de Bella, pero, al mismo tiempo, —ansiaba volver al Hospital General de Midthorpe y a Alice Brandon. Fueron a buscar juntos a Edward, que se encontraba en su estudio.
—Desde luego, no me importa que no cenen en San Felipe, en su
última noche —les dijo Edward, un poco sorprendido—. Cualquier cosa que hagan debe ser elegida por ustedes.
—Pensamos que podríamos pasar la velada en la casa de Sue —
comentó Jasper—, tal como lo habríamos hecho si Sue no estuviera en el hospital.
Edward levantó la mirada de los apuntes que había estado haciendo, y Bella se sintió asombrada de ver que sus facciones adquirían una expresión severa y preocupada.
—¡No! ¡No me gustaría que hicieran eso! —el tono de su voz se había vuelto agudo y debió notar la reacción de desconcierto de ellos—. La casa estará húmeda, no la sentirán cómoda. Además, resultaría muy extraño. Los sirvientes hablarían.
—¡Cielos, Edward! —protestó Bella indignada—. No estábamos
planeando pasar la noche ahí.
—Fue idea mía, no de Bella —intervino Jasper—, así que…
olvidémosla.
—Me parece muy bien —aceptó Edward—. Les propondré algo mejor,
para que puedan conversar y despedirse a solas. Pueden usar el Salón Jade, situado en el ala oeste. Y le diré a Emmy que invite a una de sus amiguitas a cenar con ella, para que los deje en paz. Así que, como ven, no hay problemas. Todo está arreglado.
Edward volvió a sus notas y Bella y Jasper salieron por una puerta lateral, hacia los viñedos.
Tuvieron que reconocer que el Salón Jade, era mucho más cómodo… y romántico que la sala de la casita de Sue. Se sentaron en el sofá, uno muy cerca del otro, con el diario que Jasper había llevado de sus vacaciones, sobre las piernas de ambos.
—Esta es mi sorpresa —le dijo a Bella—. Planeaba mostrártelo en
nuestra última noche. Esa era una de las razones por las que deseaba que estuviéramos solos.
En su dormitorio, antes de acostarse, había escrito todos los
acontecimientos del día, con minuciosos detalles, en particular, respecto a ella y los había ilustrado con dibujos y fotografías.
Así que juntos revivieron toda su visita, desde las impresiones de él al aterrizar en la neblina, hasta sus sentimientos de placer porque Bella se quedaría esperándolo, al terminar el viaje.
—Tengo que escribir esta noche —dijo Jasper—, entonces volaré de
regreso a casa y el diario habrá quedado terminado. Lo miraré todos los días. No quiero correr el riesgo de olvidar uno solo de los momentos increíbles que he pasado contigo, Bella.
Por largo rato, después de eso, se besaron muchas veces alumbrados solamente por la luz procedente del fuego de la chimenea.
Jasper, incapaz de acallar la voz de su concienciarse preguntaba:
"¿No estaré haciendo un doble juego? ¿Estoy consiguiendo que Bella me ame, mientras estoy también enamorado de Alice? ¿Llegaré a amar más a Bella? ¿Qué puedo hacer?"
En esos momentos, Bella levantó la mirada hacia él y a la luz del fuego pudo ver la infinita confianza y dulzura que había en los ojos sinceros de ella. Y puesto que Alice se encontraba muy lejos, no pudo evitar decirle:
—Te amo, Bella.
besos y gracias por leer lorena :)
