hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)

Capítulo 11

El recuerdo de las facciones del doctor Cullen permaneció en forma obstinada en la mente de Bella, durante los días siguientes, aunque logró eludirlo con éxito.

Por fortuna, para ella, estuvo ocupada en la clínica.

Después de la terrible experiencia que había vivido con Edward en el Teide, resultaba tranquilizante la intensa actividad de esos días. No había tiempo para pensar con hostilidad en aquel hombre que había actuado con tan desenfrenada pasión.

Un día, cuando terminaba su turno, fue llamada por la directora a su oficina. Después de un cortés intercambio de saludos y comentarios sobre el trabajo, la mujer abrió el cajón de su escritorio y sacó un billete de avión.

—Pensaba ir a visitar a su madrastra, pero usted irá en mi lugar, Enfermera Swan. Aquí tiene el billete para Barcelona. Aterrizará al mediodía. Entonces irá a esta dirección, es una compañía que vende pelucas. La señora Formez llevará varias muestras y usted podrá ayudar a su madrastra a elegir. Bien sabe que tendremos que raparla para la operación.

Bella asintió. Se alegraba de tener la oportunidad de ir a ver a Sue.

A la mañana siguiente, Carmen, la doncella que le servía de compañera en la casita de Sue, estaba terminando de hacer la limpieza, mientras Bella aprovechaba los últimos minutos que disponía antes de irse al aeropuerto, escuchando un disco con lecciones de español.

Pero llegó el momento que Bella temía: el coche del doctor Cullen se detuvo ante la puerta de la casita. No tenía más alternativa que dejar que Jacob la llevara al aeropuerto. Se estremeció, porque el chofer se estaba volviendo más atrevido.

Se escuchó el sonido del claxon. Bella se sintió enfadada, a pesar de su decisión de no perder la paciencia con Jacob. Pero no tenía por qué mostrarse tan impaciente. Le enseñaría una lección. Se entretuvo deliberadamente. Se maquilló, se peinó, tomó su maleta y se dirigió entonces hacía el auto.

Casi se detuvo en seco. En lugar de Jacob estaba al volante Edward, con una sonrisa de confianza.

—Ven, siéntate aquí, Bella —dijo, inclinándose para abrir la portezuela del lado correspondiente al pasajero—. Así podremos hablar camino al aeropuerto. Jacob no pudo llevarte. Está en el continente, haciendo algunas compras. Me alegra mucho esta oportunidad.

—¿Sí? ¿Por qué?

—No era agradable estar eludiéndonos. Y ahora es del todo innecesario —mientras Edward ponía en marcha el coche, se echó a reír—. La época de la tristeza ha terminado. Estoy aprendiendo a vivir otra vez y ahora sé que me espera la felicidad y que tú, mi dulce Bella, puedes empezar a confiar realmente en mí.

—¿Cómo? ¿Qué quiere decir?

—He conocido a una mujer que es tan libre como yo… no hay ningún

otro hombre en su vida. Es maravillosa, culta, llena de encantos…

—¿De veras? —se sentía asombrada y extrañamente triste, también,

pero hizo un esfuerzo por no revelar esto—. ¿Cuándo y dónde sucedió?

—En una fiesta en el consulado, la semana pasada, a la cual Tanya también asistió. Viaja sola… es víctima de un matrimonio fracasado. Parece un poco prematuro, Bella, pero ya hemos cenado juntos dos veces. Más tarde, hoy, voy a llevarla a ver el Teide. Cuando vuelva, después de la operación de Sue, iremos al Bosque de las Mercedes. Así que tú y yo, estamos ahora en igualdad de circunstancias y no tienes por qué preocuparte de que pueda volver a perder la cabeza.

—¿Igualdad de circunstancias? —repitió ella—. No entiendo.

—¡Tú tienes a Jasper! ¡Yo a Tanya!

Con un tremendo esfuerzo, Bella logró controlarse.

—Las cosas van a ser mucho mejores de aquí en adelante —se oyó

decir a sí misma—. Usted encontrará la felicidad al lado de Tanya, estoy segura. La operación de Sue será un éxito y ella volverá a ser como antes.

—¿Y tú, Bella? —preguntó él.

Levantó la barbilla con orgullo, antes de decir:

—Cuando Sue esté lo suficientemente bien, regresaré a Midthorpe

y firmaré un nuevo contrato con el hospital.

—Te casarás con Jasper y vivirán felices para siempre —concluyó él.

—Podría ser.

—Y yo seré el primero en desearles toda clase de felicidades, Bella.

—Y yo deseo que sea feliz con Tanya.

—Es todavía muy pronto para decir algo así, aunque es una mujer

extraordinaria y tiene muy buen carácter.

Bella miró hacia afuera, a través de la ventanilla.

Ella no volvería a Inglaterra en avión. Tomaría un barco bananero cuando por fin tuviera que marcharse de allí, así no dejaría la isla tan bruscamente. ¿Acaso no estaría dejando el corazón en Tenerife? Pero, ¿cómo podía ser eso? ¡Ella odiaba a Edward!

Un silencio cayó entre ellos como una barrera.

Bella se alegró cuando se encontró ya en el avión y éste se puso en marcha.

Al llegar al aeropuerto de Barcelona, la esperaba la segunda sorpresa del día. La primera persona a la que vio en la sala de espera fue a Jacob. Él caminó hacia ella, muy sonriente. Era obvio que la había estado esperando.

—Es usted la última persona a la que esperaba encontrar aquí —

confesó ella—. ¿Qué hace aquí?

—Obedezco las instrucciones del doctor Cullen —respondió. Su

mirada impertinente la recorrió de arriba a abajo.

—¡Tonterías! —exclamó ella—. Él me llevó al aeropuerto y no me dijo nada de que usted me iba a esperar aquí. Dijo que andaba de compras.

—Sí, señorita Swan. Ya las hice. Así que le hablé por teléfono hace como media hora, para avisarle, y me dijo que la viniera a buscar al aeropuerto, para llevarla a donde tiene que ir. Tiene afuera un auto rentado. Por favor, haga lo que dice el doctor Cullen.

—Muy bien —dijo ella e insistió en que abriera la portezuela posterior del coche, para viajar en el asiento de atrás.

Con una amplia sonrisa, aparentemente divertido, Jacob dirigió el auto hacia la autopista y media hora más tarde se detuvo en la dirección que ella le había dado, de la fábrica de pelucas.

La vendedora, señorita Formez, estaba envolviendo en esos momentos una selección de pelucas y poco después se dirigían hacia la sección de neurocirugía del hospital.

Bella sintió que se le hacía un nudo en la garganta al ver a su

madrastra sentada en un sillón, en una habitación privada. Tenía puesta una gorra blanca y cuando se la quitó, para probarse las pelucas, la joven vio que su cabeza estaba completamente afeitada, lista para la intervención que se realizaría en ella a la mañana siguiente.

—Bueno —dijo Sue, con una sonrisa valerosa—, todo está ya

organizado y bajo control. Tuve la última de las sesiones de respiración con la fisioterapeuta, y el anestesista está muy contento conmigo.

—¡Eres única en un millón! —exclamó Bella, llena de admiración.

—Ahora, a elegir una peluca —sonrió Sue—. Creo que me gusta esa de tono rojizo. Me quitaría varios años de encima.

Después de intercambiar algunas noticias sobre la clínica y Emmy, Bella comprendió que Sue le preguntaría acerca de Edward. Así que después de unos minutos de conversación intrascendente, la joven dijo con firmeza:

—No debo cansarte con tanto comentario. ¿Qué tienes ahí? El

crucigrama… te falta llenar sólo cuatro espacios… Veamos si puedo ayudarte.

Así que el tiempo pasó en un ambiente agradable y en el momento en que la enfermera jefa del quirófano llegaba a decir que Sue debía dormir un poco, una de las estudiantes de enfermería entraba también, diciendo que había una llamada de larga distancia.

El teléfono fue conectado y Sue tomó el auricular.

—¡Hola! Me alegra mucho oír tu voz. Sí, estoy muy bien… esperando ansiosamente el día de mañana. Sí, está aquí… espera —entregó el aparato a Bella—. Es Edward.

—Escucha, Bella, si nos cortan, llama a este teléfono. Es el

apartamento de Tanya. Voy a almorzar con ella.

—Sí, doctor Cullen… —Bella anotó un número telefónico de Tenerife —. Ya lo tengo.

—Bueno. Esto es lo que quiero decirte… deseo que te quedes en

Barcelona, para la operación de Sue. Creo que le haría mucho bien a Sue saber que estás cerca de ella. Y, desde luego, será una gran cosa que estés a su lado cuando recupere el conocimiento.

—Sí, gracias. Eso me gustaría.

—Así lo pensé y te hice una reservación en el Hotel Miramar. Está a la vuelta del hospital.

La voz de Edward pareció desvanecerse, aunque Bella podía oír en el fondo una voz femenina.

—Espera, Bella —la voz de él volvía a ser fuerte y clara—. Tanya

quisiera hablar contigo.

Bella trató de no expresar su sorpresa mientras intercambiaban los primeros saludos.

—He oído hablar tanto de usted y de su madrastra, que estoy ansiosa de conocerlas —la voz de la mujer era cordial y reflejaba que se trataba de una persona culta—. Espero que su madrastra se ponga pronto bien, para que tenga yo esa oportunidad.

—Es muy amable de su parte, señora…

Bella se detuvo, porque no sabía el apellido de la mujer.

—Denaly —añadió la mujer—. Pero deben llamarme Tanya.

—Gracias, Tanya.

—Les deseo lo mejor a su madrastra y a usted. Que todo salga bien mañana, querida. Adiós, por ahora.

Sintiéndose desconcertada, Bella colgó el auricular.

—¿Con quién quería Edward que hablaras? —preguntó Sue.

—Con una mujer.

—Sí, me di cuenta de eso, pero ¿quién es ella?

—Tanya.

—¿Tanya qué? —insistió Sue.

—Tanya Denaly.

—Tanya Denaly —repitió Sue, frunciendo el ceño, en un gesto de

concentración—. No, no la recuerdo. ¿Sabes de quién se trata?

—Alguien a quien Edward conoció en una fiesta del consulado —dijo Bella, tratando en forma deliberada de que su tono sonara normal, como si se tratara de algo sin importancia.

—¿De qué nacionalidad es? —preguntó Sue.

—No estoy segura.

—¿No lo puedes deducir de su voz?

—Parecía inglesa, con un ligero acento americano. Edward dijo que había estado viviendo en América del Sur. En Río de Janeiro, creo…

—¡Tanya de Río! —murmuró Sue, como si quisiera recordar algo—. Bueno, ya la conoceremos a su debido tiempo —bajó los ojos hacia el crucigrama que Bella estaba terminando, para disimular sus emociones—. ¡Ah, veo que ya encontraste las palabras que me faltaban! Muy bien. Ahora, puedes irte a instalar en tu hotel y yo dormiré un poco…

besos y gracias por leer lorena :)