hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)
Capítulo 12
Sue se encontraba ya somnolienta, a causa de los sedantes que le
habían dado. Le costaba trabajo hablar.
Trató de fijar la mirada en el rostro de Bella, que estaba hablando en esos momentos.
—Estaré esperando aquí, cuando salgas de la anestesia, Sue.
—Voy… a… salir… bien… —logró decir la mujer.
—Por supuesto… ¡claro que sí!
—Nos… —Bella tuvo que hacer un esfuerzo para escuchar a Sue.
Su última palabra fue casi un suspiro—… vemos.
Sue fue colocada en una camilla y conducida al elevador que la llevaría hacia el quirófano. Una enfermera del pabellón y Bella iban con ella. Para entonces, Sue dormía tranquila y profundamente.
Le pareció que habían pasado sólo dos minutos, cuando se encontró nuevamente en su habitación. Los pájaros cantaban frente a su ventana.
Su visión se aclaró y vio a Bella que le sonreía.
—Todo pasó ya, Sue. Y te tengo muy buenas noticias: Edward me
enseñó el informe de la biopsia. El tumor era benigno, y pequeño. Pudieron localizarlo y operar en el lugar exacto. Así que puedes dormirte tranquila.
—Gracias, Bella —la voz de Sue era débil, pero logró preguntar
con claridad—: ¿ya almorzaste, querida?
—Con razón te quiero tanto —dijo Bella a Sue, dos semanas
después, mientras la instalaba en su cuarto de la clínica de Tenerife, a donde había sido conducida en avión—. Tu primer pensamiento al volver en sí después de la operación… fue si yo había almorzado o no…
En aquella habitación, Bella anhelaba tenerla de nuevo con ella. Emmy parecía también ansiosa de que volviera a la casa y le estaba mostrando en esos momentos una tarjeta que había recibido de Jasper, felicitándola porque había cumplido diez años.
—No creía que supiera siquiera cuándo era mi cumpleaños —dijo Emmy—. Nunca se lo dije.
—Fui yo quien se lo dijo, porque me preguntó —explicó Bella.
—Fue muy bondadoso de su parte —comentó Sue—. A pocos hombres
se les hubiera ocurrido una cosa así.
—A mi papá, sí —añadió Emmy.
La niña jugaba en ese momento con una muñeca. Bella se sentía
tranquila y descansada.
Sue se estaba recuperando en forma maravillosa y la niña iba bien en la escuela y parecía feliz. Había sólo una preocupación que continuaba palpitante en la mente de Bella: la revelación de Edward sobre la mujer que le interesaba ahora, Tanya Denaly. Como si le hubiera transmitido el nombre por telepatía a la niña ésta exclamó pronto:
—La señora Denaly me regaló esta muñeca.
—¿La señora Denaly? No creo conocerla, aunque me parece recordar
el nombre —Sue se mostró desconcertada.
Emmy iba a decir algo, pero Bella se apresuró a explicar:
—Llegó a la isla como visitante. Espero que la conozcas algún día.
Consultó su reloj en esos momentos y exclamó:
—¡Cielos! Entro en servicio dentro de quince minutos y debo
cambiarme —se volvió hacia la niña—. Vamos, Emmy, es casi hora de tu clase de equitación. Jacob te llevará a la escuela.
Bella se puso el uniforme y atravesó el patio hacia la sección de ginecología. En los siguientes minutos, toda su atención se concentró en el trabajo. Una vez que terminó de hacer todas las labores urgentes, permitió que sus pensamientos volvieran hacia los acontecimientos recientes.
Se sentía culpable por eso, pero en los últimos días había recordado más a Edward, que a Jasper. A veces despertaba, a la mitad de la noche, pensando si Edward había caído en manos de una aventurera y si habría alguna posibilidad de rescatarlo.
Por más de una semana no había hecho otra cosa que preocuparse.
Esperaba que se tratara de un episodio pasajero, aunque la señora Denaly había expresado su intención de quedarse en la isla.
Bella conoció a Tanya Denaly en la calle, cuando andaba haciendo
compras. Esta se le acercó y se presentó ella misma. La mujer tenía unos veintiocho años, vestía sobriamente. No llevaba joyas y había una ligera insinuación de maquillaje en su rostro, nada más. Tenía cabello color castaño, arreglado con sencillez.
—Yo la conozco —dijo la mujer—, aunque no había tenido el gusto de que me la presentaran. Edward y yo estábamos tomando un café cierta mañana, cuando pasó usted por la calle, frente a nosotros. Él la llamó, pero usted no pareció escucharle.
Bella parpadeó. Aquello no podía ser cierto. Esta mujer vestida con sencillez, de apariencia bastante común", no podía ser…
Entonces la mujer sonrió, extendió una mano amistosa y dijo:
—Soy Tanya Denaly.
Bella trató de recuperar la compostura. La amiga de Edward, en
apariencia al menos, no era como ella pensaba. Se había imaginado a una elegante y joven divorciada, muy atractiva y refinada. Pero, pensándolo bien, ése no era el tipo de mujer con la que Edward habría hecho amistad.
—Me mira como si hubiera visto a un fantasma —comentó de pronto la mujer, echándose a reír.
—Lo siento mucho —respondió Bella—. Perdóneme, soy una tonta.
—No se preocupe —protestó la mujer cortésmente—. Supongo que la
tomé por sorpresa —miró hacia la bolsa que Bella llevaba en las manos—. Veo que va de compras.
—Puedo hacer eso más tarde.
Entonces tomó una repentina decisión.
—Señora Denaly —dijo—, me gustaría hablar con usted, si tiene
tiempo.
—Por supuesto… Mi café favorito está aquí a la vuelta.
Posteriormente, Bella se preguntaría qué la había hecho formular
aquella pregunta, pero nunca lamentó haber seguido su impulso. En lugar de ser la aventura que se había imaginado, Tanya era una mujer respetable.
Habló con tranquilidad de cómo había sido su vida desde que llegara a Tenerife y no era el remolino de compromisos sociales que Bella se imaginara. El nombre de Edward, sin embargo, surgió varias veces en la conversación, así que por fin Bella preguntó:
—¿Está sinceramente enamorada de Edward?
—¿Enamorada? ¿Cómo podría decirlo? Es el hombre, físicamente, más atractivo que he conocido, pero aunque quisiera casarse conmigo, yo no lo haría. El matrimonio no entra en mis planes. Por eso es que fui a esa fiesta del consulado. Quería divertirme un poco y nada más. Cinco años de matrimonio con un alcohólico cruel, me dejaron desilusionada —miró con fijeza a Bella—. ¿Me pregunta esto porque Edward significa mucho para su madrastra y usted? —y como Bella asintiera con la cabeza, añadió—: ¿o porque usted está enamorada de Edward?
Bella sintió un dolor repentino. Ni siquiera ella misma se había hecho esa pregunta… al menos, no conscientemente.
—Mis sentimientos no importan —respondió—. Como Edward le ha
dicho, probablemente, estoy casi comprometida con un doctor que vive en Inglaterra. Pero me preocupa Edward… y usted, también, Tanya, ahora que la he conocido.
—¿Y qué, se ha dado cuenta de que no soy la aventurera de cabello oxigenado que se había imaginado? —preguntó Tanya, y rompió la tensión echándose a reír alegremente.
—Me alegra que tenga sentido del humor —dijo Bella, y se echó a reír también. La risa estableció un lazo de unión entre las dos mujeres.
—Pronto seré una mujer muy ocupada, sin un momento libre —explicó Tanya, por fin—. No soy el tipo de persona que pueda estar sin hacer nada. Estoy haciendo arreglos para comprar una casa. Pondré una boutique… Eso era lo que hacía antes de casarme.
Bella se sintió tranquila al escucharla. Consideró que convertirse en ama y señora de "Los Arcos" no entraba en los planes de Tanya. Pensó, también, que si Edward quería volver a casarse, había muchas mujeres más atractivas que Tanya. Y aun si Tanya y él se enamoraban… ¿no era posible que aquella mujer se convirtiera en una esposa leal y amorosa para él?
Los pensamientos de Bella se interrumpieron en ese punto. No quería admitir que estaba celosa, se negaba a enfrentarse a la realidad de que no deseaba que Edward se enamorara de nadie. Pero, ¿por qué iba a importarle que lo hiciera, si lo odiaba tanto?
—Fue muy bondadoso de su parte comprar a Emmy esa preciosa muñeca —dijo rápidamente, para suspender sus inquietantes pensamientos—. Le encantó.
—Sí. La escogió cuando la llevé a la tienda. —Tanya bebió el resto de su café—. Estoy ansiosa de conocer a Sue, en cuanto se sienta mejor. ¿Cree que le seré simpática?
—Estoy segura de que sí… al igual que me ha simpatizado.
besos y gracias por leer lorena :)
