hola chicas aclaro esta historia pertenece a pippa lane yo solo la adapte a los personajes de stephanie meyer (twilight)

Capítulo 13

Hubo mucho trabajo en la clínica, durante la semana siguiente. Edward se mostraba feliz y parecía estar en su mejor momento, desde el punto de vista profesional.

En el quirófano, mientras trabajaba con gran eficiencia, Bella sentía una profunda admiración por él y se decía que debía alegrarse de que hubiera conocido a Tanya.

Esa mañana, bajo las grandes luces del quirófano, observaba los ojos de él, por encima de la tela verde.

Tenía que reconocerlo. Tanya podía ser buena esposa para Edward y madre excelente para Emmy. Se preocupaba por la niña, disponía de más tiempo para estar con ella, que Bella.

¿En dónde está Tanya? Era ahora la pregunta frecuente de Emmy, y Bella comprendía que tenía que contentarse con compartir la atención amorosa de la niña con otra mujer.

Cuando terminó la operación, almorzaron juntos en la clínica.

—Estás gozando de la vida, ¿eh? —le dijo él a la joven—. Me doy

cuenta de que disfrutas, como yo, del reto que plantea la cirugía…

—Usted es un cirujano maravilloso —le respondió Bella, con juvenil entusiasmo—. He conocido buenos cirujanos en Midthorpe, pero usted es el mejor.

Trató de pensar en Jasper, pero era inútil. Su imagen empezaba a

hacerse cada vez más difusa. Hizo un nuevo esfuerzo.

—Jasper…—pronunció con voz suave— está tratando de decidir si debe hacerse médico general, o cirujano.

—Espero que se decida por la cirugía —añadió Edward—. Creo que

reúne las condiciones requeridas. Le mostraré las películas que he tomado, cuando vuelva otra vez, y espero que sea pronto.

—Está ansioso de hacerlo y le encantará verlas.

—Pero, Bella —Edward se inclinó hacia ella por encima de la mesa—, es posible que Jasper vuelva y te lleve de regreso a Inglaterra, para casarse contigo. No hay razón para que te quedes aquí. Sue está casi recuperada. En unas semanas más no necesitará cuidado alguno.

—Sí, lo sé. Voy a extrañar la isla y el trabajo que hago con usted.

—No necesitas irte, Bella. Podemos seguir trabajando en equipo.

—Pero… ¿cómo? —preguntó ella con voz débil—. ¿Qué quiere decir?

—¡La solución perfecta! —exclamó él, jubiloso—. Te casarías con

Jasper. Él puede conseguir un puesto importante en la clínica y tú seguir siendo enfermera aquí. Tenerife es ahora un lugar cosmopolita.

Necesitamos doctores que hablen inglés. Aquí podría entrenarse como cirujano y formar parte de nuestro equipo. ¡Perfecto!

—Sí, es perfecto —murmuró Bella, pero el tono de su voz era frío y no hubiera podido explicar por qué no lograba compartir su entusiasmo—. Podría haber una boda doble y Emmy ser dama de honor de ambas parejas.

Edward pareció sorprendido. Se pasó una mano por el cabello.

—Casarme con Tanya, ¿eh? —dijo, como si la idea nunca se le hubiera ocurrido—. No sé. Es muy pronto todavía. Tal vez algún día, después de que haya sido padrino del primer bebé que tengan tú y Jasper, Bella. Nada de boda doble. Toda la atención debe concentrarse en ti… la novia más linda que haya visto nunca Tenerife.

Un médico de la clínica se acercó en ese momento, para preguntar

algo a Edward. Bella no le prestó atención. Estaba tratando de imaginarse en la Iglesia Anglicana, junto a Jasper, haciendo los votos matrimoniales que eliminaban a cualquier otro hombre de su vida. ¿Sucedería eso?

Sus sentimientos respecto al doctor Cullen seguían siendo confusos. Pero, al menos, había dejado de inquietarle el quedarse a solas con él. Ya no sucumbía al loco impulso de abrazarla. Otra mujer estaba satisfaciendo esas necesidades.

Era extraño cómo un símbolo podía evocar recuerdos que no podrían olvidarse nunca: el elevado pico del Teide, que destacaba contra el cielo azul de Tenerife, le recordaba a Bella los besos apasionados que el cirujano español le robara. Ahora, siempre que veía el volcán se despertaban en ella turbulentas emociones… que incluían sentimientos de posible entrega.

Bella trataba de ahogar tal pensamiento; pero en el fondo sentía que se sometería a él si volvía a intentarlo, aunque, como se decía con firmeza, lo odiaba porque tenía el poder de someterla.

Ese día, cuando terminaron su trabajo en el hospital, Edward se ofreció a llevarla en su coche a "Los Arcos". Cuando el vehículo se detuvo frente a la casa, Edward se inclinó para desabrocharle el cinturón de seguridad.

—Quiero hacer un pequeño experimento, enfermera —murmuró—,

para demostrarte que ya no soy el atrevido villano español que la molestaba en forma insistente —se inclinó y la besó ligeramente en los labios—. ¿Lo ves? ¿No te demuestra eso que puedo ser un hermano mayor para ti? ¿Qué no necesitas tenerme miedo?

Bella se volvió hacia otro lado para que Edward no pudiera ver las lágrimas que inundaban sus ojos. ¿Se estaba burlando de ella? Eso parecía demostrar que él ya no la deseaba. ¿Por qué? ¿Por qué estaba dedicando toda su pasión a Tanya?

De algún modo, Bella logró romper el silencio.

—Me… alegro… por usted… —mintió, tomó su capa y corrió hacia la

casita, tratando de pensar en Jasper, el otro hombre de su vida.

Tal vez habría una carta de él hoy. Le escribía en forma amena acerca de las actividades del hospital, noticias sobre amigos mutuos y cosas intrascendentes. Pero nunca en una de ellas le había dicho: "Te quiero", ni reflejaba en ellas la menor insinuación sobre un compromiso serio o un matrimonio en perspectiva.

Bella subía corriendo los escalones de la casita cuando oyó la voz de Emmy quien apareció montada en su poni.

—¡Sorpresa! ¡Te espera una sorpresa! —anunció la niña, con ojos

brillantes de alegría—. Te llegó un telegrama… y después alguien.

—Bella, ¿eres tú? —interrumpió Sue.

La joven vio a su madrastra sentada en un diván para tomar el sol.

—Llegó un telegrama para ti —añadió—, pero pensé que no te

importaría que yo lo abriera. Y me alegró mucho haberlo hecho. Apenas tuve tiempo para localizar a Jacob y enviarlo al aeropuerto, para que llegara casi en el momento mismo en que arribaba el avión.

Bella entró corriendo en la casita. Así que, en lugar de una carta, había llegado Jasper en persona. Pero, ¿en dónde estaba?

—¡Jasper! —exclamó—. ¿En dónde está?

Emmy empezó a tirar de ella en ésos momentos y tanto la niña como Sue hablaban al mismo tiempo.

—No Jasper, tonta —decía la niña—. Es otra persona.

—Sí —dijo Sue—, qué descuido de mi parte no decírtelo desde el primer momento, queridita. Tu visitante sorpresiva es una muchacha… una

enfermera del Hospital General de Midthorpe. Parece que fueron

compañeras de cuarto varios años.

—¡Alice Brandon! —exclamó Bella. Le desilusionaba un poco que no

hubiera sido Jasper, pero decidió no hacer caso de ello. Ya lo vería en algún momento, en los próximos meses. Mientras tanto, allí estaba Alice, la mejor amiga que había tenido en su vida. Sería maravilloso hablar de los viejos tiempos, mostrarle Tenerife—. ¡Oh, eso es fabuloso!

Casi tropezaron en el descanso de la escalera. Se arrojaron una en brazos de otra. Ya en la salita de la planta baja, las preguntas y respuestas fluyeron incontenibles.

—¿Por qué no me llamaste antes?

—No me decidí hasta ayer —respondió Alice—. La directora me llamó a su oficina, para preguntarme si iba a renovar mi contrato con el hospital. Termina esta semana, por cierto. Estaba a punto de decir "sí" cuando sucedió una cosa extraña.

—¿Qué sucedió?

—Un rayo de sol iluminó una tarjeta postal que había en el librero de la directora —explicó Alice—. Era tuya y mostraba un paisaje de Tenerife ¡absolutamente sensacional!

—Oh, sí, recuerdo habérsela enviado.

—Así que tomé la decisión de venir. Pensé, ¿por qué no ir por un poco de sol y otro de dolce vita, mientras estoy lo bastante joven para disfrutar de ambas cosas?

—Me alegra que hayas pensado así —Bella sonrió a su amiga.

—Nada hubiera podido detenerme —dijo Alice—. Y fíjate ¡cómo es la vida! Ayer, a esta hora, todavía no pensaba en venir a Tenerife.

—Te encantará la isla. ¿Qué planes tienes? —preguntó Bella.

—Nada definitivo. Tomaré una decisión de acuerdo con lo que vaya

sucediendo. Compré un paquete turístico de diez días, porque es la forma más barata de viajar. Pero no necesito usar el billete de regreso.

—En lugar de quedarte en el hotel al que te da derecho el paquete, puedes quedarte aquí —le sugirió Bella.

—Eso es lo que tu madrastra me estaba diciendo. Después, quizá,

obtendré un permiso para trabajar aquí y buscaré empleo como enfermera, tal vez con habitación incluida, porque no quiero incomodarlas a ustedes por demasiado tiempo.

—Entre más tiempo te quedes con nosotras, mejor. Puedes compartir mi cuarto. ¡Oh, Alice! Será como si estuviéramos de nuevo en la Casa de las Enfermeras… claro que sin vigilancia.

—Y nadar en el Lido, en lugar de los baños públicos de Midthorpe.

—¡Sol en cambio de smog! —añadió Bella.

—Sí —dijo Alice, y sus ojos dejaron ver una expresión traviesa—, y esos maravillosos españoles. Ya me impresionó uno de ellos, muy guapo… aunque un poco joven.

—Oh, hay muchos hombres aquí —comentó Bella con ligereza—, de

todas las nacionalidades.

—Este es especial. Debes conocerlo. Tu madrastra lo envió a

buscarme.

—¿Te refieres a Jacob? —la sonrisa de Bella se esfumó

repentinamente.

—Tú lo has dicho —Alice unió sus manos en un gesto fingido de

éxtasis—. ¡Qué tipo! ¡Volvería locas a todas las enfermeras del hospital! ¡Qué cumplidos me dijo! Pero eso no es todo.

Mientras Alice se detenía a recobrar el aliento, Bella preguntó llena de inquietud:

—¿Qué más?

—Desvió el coche del camino principal y se detuvo ante una casita. Me presentó a su madre. Ella me regaló un bordado típico de las Canarias. ¡Oh, todo fue tan espontáneo y encantador!

—Sí, debe haberlo sido, Alice —dijo Bella con voz muy tranquila—. Pero siento tener que empañar tus sueños con una advertencia. Jacob trata de conquistar a cuanta mujer se cruza por su camino; especialmente a las románticas y soñadoras que acaban de llegar a la isla, como tú, Alice.

—¿De veras? —el asombro hacía ver más grandes y redondos los ojos de Alice—. Debo confesar que me siento intrigada y desilusionada, también.

—Sigue mi consejo —añadió Bella—, aléjate de Jacob. Te haré una

reseña de él más tarde.

—Muy bien. Puedes hacerlo cuando estemos acostadas esta noche —

dijo Alice—. ¿Recuerdas que conversábamos diez minutos, después de que apagaban la luz? Hablábamos de todo, hasta de quién era el interno más apuesto… ¿recuerdas?

—Hablando de internos apuestos —intervino Bella—. ¿Cómo está

Jasper?

Vio que Alice se ponía repentinamente tensa. ¿Por qué reaccionaba así ante la simple mención de Jasper? Bella notó que su amiga se dedicaba a alisar el bordado que la madre de Jacob le había regalado. De pronto, Alice volvió a ser tan efervescente como de costumbre.

—Oh, Jasper está bien —dijo con ligereza—. Supongo que te habría

mandado muchos mensajes conmigo, pero no lo vi antes de venirme — Alice bajó los ojos y se ruborizó—. En realidad ya no lo veo mucho, porque estoy en el pabellón de los niños y él casi siempre en Emergencias o en el quirófano.

En ese momento Sue apareció, venía de la cocina de donde se

desprendían deliciosos olores.

—No almorzaste en el avión, Alice, así que te he preparado una

tortilla a la española. Después, Bella puede tomar mi auto y llevarte junto con Emmy al Lido. Pero, asoléate sólo diez minutos y procura cubrirte bien de aceite.

—La vida en Tenerife —dijo Alice, mientras devoraba la tortilla— va a ser fabulosa. Me alegra haber venido.

Cuando se dirigían, a través de la entrada de "Los Arcos", hacia el camino, un coche lujoso conducido por Jacob, apareció. El joven les hizo una señal para que se detuvieran y cuando estuvo a su lado, dirigió a las dos enfermeras su sonrisa de Donjuán. Bella observó que Alice estaba reaccionando como una chiquilla ante un cantante de moda.

—¿Qué sucede, Jacob? —Bella lo miró de frente.

—Nada, sólo quería conversar con ustedes, es todo.

—¿De veras? —Bella quitó el freno de mano y se dispuso a poner el auto en marcha—. Perdónenos, pero tenemos prisa.

—No mucha —añadió Alice con vocecita suave.

La respuesta de Bella fue encender de nuevo el motor. Entonces

Jacob, con una sonrisa todavía más amplia, dijo:

—Sólo era una broma. Sé muy bien cuál es mi lugar.

—Lo dudo mucho —replicó Bella con frialdad.

—En realidad, como siempre, mis intenciones eran buenas —Jacob

introdujo la mano en una bolsa que llevaba junto al asiento de conductor y extrajo un paquete de cartas—. Fui tarde al correo porque tuve que ir a recoger a la señorita Brandon al aeropuerto.

Sus ojos luminosos se detuvieron en Alice, como si en ella viera a todas las mujeres deseables del mundo reunidas.

En seguida, se volvió hacia Bella y murmuró:

—Hay una carta para usted, señorita Swan.

La separó de las demás y se la entregó. En cuanto la joven la tuvo en su mano, puso en movimiento el coche y se alejó.

—¿Es realmente necesario que seamos tan bruscas con Jacob? —

preguntó Alice.

—Se le debe mantener a distancia.

Bella tomó el camino que descendía por la colina, hacia la alegre población turística que había en el puerto.

—No quiero parecer aguafiestas, Alice —dijo Bella por fin—. En

verdad, quiero que disfrutes de tu estancia aquí. Pero, créeme, Jacob es de los que si les das la mano, se toman el pie…

Alice asintió, aunque no quedó del todo convencida.

Casi siempre ella tiene razón, pensó Alice. Pero me parece que

exagera algunas veces. De cualquier modo, no voy a ser grosera con Jacob.

¿Cómo podría serlo, después de haber conocido a su gentil madre? No me voy a someter a la vigilancia constante de Bella. Quiero divertirme. ¿Acaso no vine aquí a eso… a olvidarme de lo que sucedió en el hospital de Midthorpe? No cederé a la tentación de volver allí en mucho… tiempo ¡y lo hago por ella!

Estuvo silenciosa y pensativa en el recorrido hacia la costa. Entonces, cuando llegaron al Lido y se asolearon junto a las piscinas, Alice se tranquilizó. A los pocos minutos de estar ahí, se les unió Tanya Denaly.

—¡Vaya, éste es un golpe de suerte! —exclamó Tanya, cuando Alice le explicó sus planes—. Apenas ayer estaba hablando con una guía. Dijo que en una cadena hotelera necesitan una enfermera para los niños, porque la que tenían se va mañana a Acapulco a casarse. Tendrías tu propia habitación en el hotel.

—Me parece perfecto —contestó Alice.

Tanya consultó su reloj.

—La guía debe estar organizando las excursiones de mañana.

Podríamos ir en este mismo momento. Dame diez minutos para vestirme y nos vemos en la entrada, Alice.

—Parece que has tenido suerte —dijo Bella a su amiga, que se dirigió también hacia los vestidores.

Bella metió la mano en la bolsa de playa para sacar su gorra de baño.

Nadaría un poco, antes que llegara más gente. Entonces tocó la carta que Jacob le había dado. En su exasperación con él, la metió allí y se había olvidado de ella.

Emmy, mientras tanto, jugaba con un grupo de niñas junto a la piscina infantil, así que aquélla era una buena oportunidad de leer la carta de Jasper.

Querida Bella:

Hubo una carambola de automóviles en la carretera, a causa de la

neblina y tuvimos los tres quirófanos continuamente ocupados durante seis horas, el pasado lunes. Así que mejor te voy a escribir sobre las trivialidades que tanto te gusta que te cuente, mi reina.

¡Ah, sí! Los administradores parecen decididos a hacernos la vida divertida. Además del baile del hospital, de las fiestas de Navidad y de Año Nuevo, están organizando un baile de disfraces y el destino de tu seguro servidor ya ha sido decidido. Votaron porque fuera vestido de Tarzán.

Supongo que deben ser mis bellas piernas las que los motivaron. La verdad, nuestro amigo Jacob habría servido para el papel mucho mejor qué yo.

Por cierto, tu amiguita Alice formó parte del jurado y fue de las que insistió en la idea de que yo fuera Tarzán. ¡Ningún otro hombre podía hacer el papel mejor que yo! Bueno, eso fue lo que ella dijo; pero creo que lo único que quería era tener oportunidad de utilizar un viejo abrigo imitación piel de leopardo, que compró en unas rebajas.

Bella suspendió la lectura de la carta un momento y se quedó

pensativa.

Recuerdo cuando iba a comprar ese famoso abrigo. Le hice notar que las polillas ya habían empezado a arruinarlo en la tienda, antes que ella lo comprara, pero no me hizo caso. Continuó leyendo su carta.

Bueno, de cualquier manera, lo va a convertir en un traje de Tarzán para mí. ¡Lo que tenemos que hacer los pobres médicos para mantener en alto la moral del hospital!

Bella se echó a reír, pero después se quedó pensativa. Era extraño que Alice no hubiera mencionado un incidente tan gracioso como ése. Le había dado la impresión de que casi no veía a Jasper, por estar ella en el pabellón de los niños. Tal vez pensaba contárselo más tarde, eso podía ser.

—¡Vamos, Bella, ven! —Emmy le estaba gritando desde la piscina de los adultos—. Hace calor y el agua está rica.

Para cuando Bella y Emmy salieron de la piscina, después de juguetear por un buen rato, Tanya y Alice habían vuelto.

—¡Buenas noticias! —anunció Alice—. Me dieron el trabajo. Quieren que empiece inmediatamente. Así que no estaré bajo tu techo ni siquiera por una noche, Bella. ¿Podrías llevarme para ir a buscar mi equipaje?

Entonces Jacob podría traerme de regreso al hotel.

—Yo misma te traeré —dijo Bella con firmeza—. Entre más lejos te

tengamos de Jacob, mejor.

Bella se sintió triste de no disponer de la alegre compañía de Alice; lamentó, también, que ésta no fuera a trabajar con ella en la clínica. Aunque no quería admitirlo, estaba un poco preocupada. Su amiga parecía decidida a seguirle el juego a Jacob. De seguro, se consideraba una mujer liberada.

Bella miró detenidamente a su amiga. Había una nueva tensión en

ella. Sus ojos parecían exageradamente brillantes y su actitud, nerviosa y un poco brusca. ¿Venía decidida á olvidar el pasado?

—¡Vaya, vaya! —la voz de Alice interrumpió de pronto sus

pensamientos—. ¡Qué pensativa estás! ¡Cien pesetas por saber qué estás pensando!

Bella sonrió. Una ola de ternura hacia Alice la invadió. Sintió como si ésta fuera su hermana menor, un poco testaruda, que necesitaba orientación y cariño, a pesar de que Alice era cinco meses mayor que ella.

—¡Vámonos! —ordenó Bella, tomando la toalla del respaldo de su silla —. El deber nos llama. Te instalaré en el hotel y después iré a hacer mi turno de la noche en la clínica —gritó a través de la piscina—: ¡Emmy, es hora de irnos a casa!

besos y gracias por leer lorena :)