- ¡Ho-Ho-Ho! – Santa estiró sus brazos y los colocó detrás de su nunca. - ¡Cuando se den cuenta de que no hay regalos! – comenzó a carcajearse. - ¡A mi esposa le encantarán las visitas!

o.o.o.o.o.o.o

- ¡Derechos, derechoooos! – gritaba Saga a los pobres renos que volaban cada quien por su lado. - ¡Vuelen bien, inútiles! – trató de controlarlos con las correas, jalándolas con fuerza. - ¡No es tan difícil, chicos! ¡Vuelen bien!

- ¡Lo haríamos bien si el idiota de Milo coordinara sus patas! – se defendió Olle. - ¡Ya oíste, estúpido escorpión!

- ¡Discúlpame por no saber ser reno! ¡Te recuerdo que es mi primera vez, imbécil! – gruñó el griego.

- ¡No le echen la culpa a Milo! – gritó el reno Shion. - ¡Sólo miren a Shura, la pobre bestia no sabe coordinarse!

- ¡Kanon tiene la culpa, yo debería ser el líder! – habló Shaka. - ¡No sabe liderar al grupo, es un completo idiota! – al oír eso, Kanon gruñó completamente ofendido.

- ¡¿Qué les pasa, bestias de carga?! – se oyó la vocecita de Ángelo, aferrado al pantalón de Saga.

- ¡Saga, haz algo, por favor! – exigió el pequeño Dohko, abrazando a los duendes Aldebarán y Mu. - ¡Ustedes no se preocupen, mis niños, yo los cuidaré! ¡Eso me hace el duende alfa!

- ¡Dohko, esto no es una competencia! – dijo Aldebarán. - ¡Y si lo fuera, yo tendría que ser el alfa!

- ¡Ya estuvo bueno! – Kanon frenó, provocando que todos los renos se golpearan los unos con los otros y que los pequeños duendes salieran volando.

- ¡Los duendeeeees! – exclamó Saga, horrorizado mientras veía cómo todos sus duendes, incluido Ángelo que se había soltado se su pierna, caían fuera del trineo. - ¡Dios mío, se van a matar! – al ver que los renos no reaccionaban, Saga saltó e intentó alcanzarlos.

- ¡¿En dónde está tu honor, basura?! – escupió el español, viendo a Kanon que se rehusaba a moverse. - ¡¿Planeas quedarte parado ahí toda la noche?!

- Sí, ese era el plan… ¡Yo no pedí ser el líder! ¿Saben qué? ¡Jódanse todos ustedes!

- Oigan… ¿Y Saga? – preguntó Milo.

- No lo sé… en el trineo tal vez… - contestó el reno Camus, tratando de girar su cabeza para ver el trineo.

- Si buscan a Saga… se aventó del trineo hace rato…. – comentó el reno Shaka con sus ojos cerrados. – Después de que los duendes se cayeran, él los siguió, tal vez para salvarlos o para probar el salto de caída libre…

- ¡¿QUÉEE?! – gritaron todos los renos, alarmados.

- ¡¿Por qué carajos no nos lo dijiste antes?! – demandó Kanon. - ¡Mi hermano!

- Porque no me lo preguntaron… - respondió Shaka con simpleza.

- ¡Sagaaaaaa! – gritó Kanon al borde del colapso nervioso. - ¡No te preocupes, Saga, Kanon te va a salvar! – su naricita roja comenzó a brillar con intensidad y segundos después jaló el trineo con fuerza y guió a todos sus compañeros.

Mientras tanto con Saga…

- ¡AHHHHHHH! – gritaba el gemelo, abrazando a los duendes mientras caían de lo que parecía ser una altura interminable. - ¡No se preocupen, chicos, yo los protegeré!

- ¡AHHHHH! – lloró el duende Dohko. - ¡Me voy a morir! Primero voy a vomitar y luego… ¡voy a morir!

- ¡Saga, no quiero morir, soy demasiado guapo, talentoso y fuerte! – le siguió Aldebarán, aferrándose con sus manitas al brazo del griego.

- ¡Descuida, Alde, todo estará bien! ¡Saga no es tan bestia como para arrojarse al vacio sin un paracaídas! – habló el pequeño Mu con una tranquilidad envidiable.

- Ammm, bueno, acerca de eso…

- ¡No quiero morir así! – se quejó el duende Ángelo. – La mejor forma de morir es envenenado o que te muerda un perro rabioso… ¡Así quiero morir yo! – se aferró con fuerza al cuello de Saga.

- ¡Ya sé! – opinó Dohko. - ¡Utilicemos el cuerpo de Saga como amortiguador!

- ¡Desgraciados, todavía que me aventé para salvarlos!

- ¡¿Salvarnos?! ¡Nos vamos a morir, idiota! – gruñó el lemuriano.

- ¡¿Mu?! – Saga abrió los ojos, sorprendido ante la actitud del pequeño ariano. - ¡Sólo los perdono porque son demasiado tiernos y adorables! ¡Ahora no me suelten! – los abrazó a todos y cerró sus ojos, esperando su fin. Saga los abrazó con fuerza hasta sentir el golpe que nunca llegó. Lo único que pudo escuchar fue la vocecita de Mu.

- ¡Miren! ¿Qué es esa luz roja?

- ¡Genial, ahora nos va a arrollar un avión comercial! – soltó con sarcasmo el italiano.

- ¡Eso no es un avión! – lo corrigió Dohko.

En ese instante, Kanon y los demás renos aparecieron volando con rapidez y los atraparon. Saga y los duendes cayeron dentro del trineo a pocos metros de la tierra.

- ¡Los tenemos! – Kanon sonrió, triunfal mientras que su naricita comenzaba a parpadear. - ¡Trágate esta, Shura! – se elevó hacia el cielo. - ¡Adelanteeeeee!

- ¿Estás bien, Saga? – preguntó Camus.

- ¡Pensé que moriríamos, gracias por salvarnos! – el gemelo suspiró, aliviado.

- ¿Y los duendes? – habló esta vez Aioros.

- ¡Querrás decir los adorables duendes, hermano! – rió Aioria.

- ¡Estamos bien! – contestó el pequeño Aldebarán.

- Bien… - Saga se acomodó el traje. – Ustedes pónganse los cinturones de seguridad… - acomodó a los duendes en la parte de atrás. – Porque no quiero que les pase nada, chiquitos preciosos… - les pellizcó sus gorditas mejillas. Después se subió las mangas y tomó las cuerdas del trineo. – Primera parada… Canadá… - sonrió. Los renos asintieron y esperaron a que Kanon los guiara.

- ¡¿Qué esperas, Kanon?! ¡Muévete! – exigió Olle. - ¡Llévanos a Canadá!

-Sí, claro… emmm. – dudó el griego. – Es hacia allá… - señaló con su pata a la derecha.

- ¿Seguro? – inquirió Aioros.

- ¿Hacia allá? – señaló a la izquierda.

- ¡Animal! – gruñó Camus. - ¡¿No te sabes lo esencial?! ¡Usa las coordenadas, idiota! Primero localiza el Trópico de Cáncer… - soltó como si fuera lo más obvio del mundo. Todos los renos se le quedaron viendo con cara de wtf. - ¡Por favor, conocimiento básico, chicos! ¿No les dice nada la latitud y longitud?

- ¡Estuve encerrado en Cabo Sunión, tratando de sobrevivir y dominar al mundo! ¡Obviamente no tuve tiempo… y estudiar era el último de mis problemas! – se defendió el reno Kanon.

- ¡Yo estuve muerto por trece años, a mi no metan! – siguió Aioros.

- ¡A mí me mataron! – habló Shion. - ¡Así que yo no tengo por qué saber todo eso de Geografía!

- ¿Y tú Saga? – Camus lo miró por el rabillo del ojo. - Alguien tan fuerte y sabio como tú, debería saberlo.

- Amm, bueno yo… - se rascó la cabeza. – Maté al Patriarca, mandé a matar a Aioros… quise dominar al Santuario y al mundo, ammm bueno… - pasó una mano por la nunca. - ¡Shura, sí, Shura! ¡Él debe de saber! – señaló al español.

- ¡Ya basta! – gritó Milo. - ¡Qué se me congela la cola!

- ¡Son unos imbéciles! Planean repartir regalos por todo el mundo y ni siquiera saben llegar a Canadá. ¡Ni me molestaré en preguntarles si saben regresar al Santuario! – todos los renos bajaron la cabeza y Saga también.

- ¡Camus tiene razón! – apoyó Olle. - ¡¿Cómo entregaremos los regalos si ni siquiera sabemos en dónde estamos?!

- ¡Chicos, hablando de regalos! – se oyó la vocecita de Aldebarán. Saga volteó a ver al brasileño que salía del enorme costal. - ¡Aquí no hay nada! ¿O en dónde se guardan los regalos?

- ¡Ahí en el costal! – señaló el gemelo la bolsa verde.

- Pues aquí no hay nada…. Sólo una nota que dice "Recoger regalos en el Polo Norte." – el Caballero de Géminis parpadeó, incrédulo.

- ¡¿QUÉ?! – exclamó, furioso. - ¡Maldito hijo de puercaaa! – se acercó al saco y se metió en él para buscar los regalos. - ¡No hay nada, nada, nadaaaaaaa! ¡¿Ese imbécil no me lo pudo haber dicho antes?! ¡Jodeer! – salió de la bolsa y la pateó con frustración. De repente se escuchó algo que Saga pudo identificar como el timbre de un teléfono. - ¡¿Qué rayos es eso?! – dijo, volteando a todos lados.

- ¡Aquí hay un teléfono! – los duendes y Saga vieron a Ángelo contestar, alegremente. - ¿Aló? ¿Quién habla? Ajá… Trago… ¿cómo se apellida? Ajá… sí, entiendo… permítame… - Máscara tapó la bocina del teléfono y miró a sus amigos que seguían discutiendo. - ¡Chicos, chicos! ¡Dejen de pelear y escuchen! Buscan a Trago Camote… - los renos voltearon, sorprendidos por lo que acabañan de escuchar. - ¡Trago Camote! – sus compañeros se comenzaron a reír bajito. - ¡Lo repetiré por si no oyeron la primera vez! ¡Trago Camote! – Milo se comenzó a carcajear junto con Aioria y los demás. - ¡¿Por qué se ríen?! ¿Es gracioso? – frunció el ceño sin entender.

- ¡Haz caído en la broma telefónica más sencilla de la historia! – se burló Shura.

- Son unos inconscientes, seguramente ese tal Trago Camote necesita ser localizado con urgencia… – Camus negó con la cabeza.

Mientras tanto en el Templo de Géminis…

- ¡Santa, ya baje ese teléfono! – habló Shun. - ¡Se la han pasado haciendo bromas toda la noche! ¡Pensé que se sentía mal!

- ¡No seas aguafiestas, Shun! – sonrió Seiya. - ¡Es divertido! ¿A quién le habló esta vez, Santa?

- ¡A unos tontillos, querido niño! – comenzó a carcajearse junto con Hyoga y colgó el teléfono.

De vuelta al trineo…

- ¡Voy a matar al que hizo esa llamada! ¡Lo voy a clonar y luego mataré a todos sus clones! – gruñó el italiano, colgando el teléfono.

- ¿Quién rayos llamaría al trineo de Santa? – el gemelo se rascó la barbilla. Justo en ese momento, volvió a sonar el teléfono y antes de que Ángelo contestara, Saga le arrebató el aparato. - ¡Aquí no hay ningún Trago Camote! ¡Deja de estar jodiéndome la vida! ¿Qué? ¡Ahhhh! ¡Santa, eres tú! ¡Justamente estaba pensando en ti, hijo de…! – tomó aire y controló su furia. - ¡Déjame decirte algo! Aquí no hay regalos… ¿Ya lo sabías?... ¿Y por qué no me lo dijiste?... ¡Sí, sí, leí la maldita carta!... ¡Ya sé qué es un Polo!... ¿Tu guarida secreta?... – le dio un tic en el ojo. - ¿Hacer regalos?... ¿Panel de control en tu trineo? ¡Sí, sí, veo el botón rojo!... – los renos y duendes observaban al gemelo discutir con el teléfono en mano. - ¿Campo de invisibilidad? ¡Ah, ya veo!... – terminó con una sonrisa y colgó el aparato.

- ¿Y qué pasó? – le preguntó su hermano.

- Al parecer, chicos, tenemos que ir al Polo Norte… ya saben, por los regalos… Si oprimo este botón, seremos invisibles… - comenzó a picotear el susodicho una y otra vez. - ¡Demonios, se trabó! ¡Funciona, maldita sea! ¡Odio mi vida! – se tumbó el trineo con pesadez. - ¡Ya no quiero ser Santa Claus!

- ¡Vamos, Saga, no te deprimas! – Aldebarán, Mu y Dohko lo abrazaron, tratando de consolarlo.

- No puedo… es demasiado para mi… arruiné la navidad… lo lamento… - se tapó el rostro.

- No digas eso, hallaremos la forma de llegar al Polo Norte… - Ángelo le palmeó la espalda.

- ¡Oigan, yo sé cómo llegar! – Saga alzó la mirada y vio a su hermano con la nariz iluminada más de lo normal.

- ¿Cómo? – preguntó Shaka.

- ¡Llámenlo intuición femenina o instinto animal pero tengo marcado el camino en mi mente! ¡Los guiaré, ustedes sólo síganme! – dijo, jalando el trineo junto con los demás.

- ¡Más te vale que estés en lo correcto! – amenazó Milo.

Sin más, Kanon lideró a los renos hacia el Polo Norte. Ninguno lo cuestionó ya que el gemelo se veía muy seguro de sí mismo. Así recorrieron varios Kilómetros a una velocidad impresionante. Después de unos minutos de viaje llegaron a su destino. No se podía ver más que un manto blanco que cubría la superficie. Kanon paró en seco y observó a su alrededor.

- ¿Y bien? – Saga se abrazó a si mismo debido al frío y a la ventisca. - ¿Eso es todo? – abrazó a sus duendes y los cubrió del frío con su saco rojo.

- ¿E-esto es t-t-todo? – titubeó el pequeño Mu. - ¿En dónde está la casa de Jengibre?

- ¡Eso es en Hansel y Gretel, idiota! – respondió Ángelo, temblando de frío.

- ¡Ya cállense! – Kanon movió sus orejas. - ¡No me concentro! ¡Es por allá! – dijo, jalando el trineo y llevándolo hacia una cueva de hielo. Corrieron entre la oscuridad en línea recta iluminados por la nariz de Kanon.

- ¡Tiempo de confesiones! – habló el reno Shion. - ¡Su gran Patriarca es claustrofóbico! – respiró, agitadamente.

- ¡Vamos, Shion, no te rindas! – Saga agitó las riendas, emocionado al momento en que el camino se transformaba en curvas, subidas y bajadas.

- ¡Esto es como una Montaña Rusa! – rió Ángelo, sujetándose al trineo.

- ¡Más rápido, chicos! – exigió Kanon. - ¡Mostrémosle lo que unos caballeros convertidos en renos pueden hacer! –el gemelo guió a sus compañeros a través de túneles de hielo, viajando a la velocidad de la luz.

- ¡Miren la hermosa formación de estalactitas, parecen cristales! ¡Como mi elegante y hermoso ataque Polvo de Diamante! – sonrió el reno Camus, con orgullo mientras seguía corriendo.

- ¡Ya cállate! – los demás rodaron los ojos. Camus frunció el ceño.

- Hyoga lo apreciaría…

- ¡Yo creo que son muy bonitos, Camus! – soltó Milo, corriendo a su lado.

- ¿De verdad? – el francés sonrió a medias ante el comentario de su amigo.

- ¡Por supuesto!

- ¡Eres un lambiscón, Milo, tú odias el hielo! – se burló el reno Olle en la parte de atrás seguido por las carcajadas de Shura.

- ¡Cállate! – sin pensarlo dos veces, el escorpión le dio una patada a Afrodita.

- ¡Cuidadooo! ¡Pareeeeen! – gritó Kanon. Los renos voltearon y vieron una enorme pared de hielo frente a ellos. Camus, Milo, Olle, Shion, Shaka y Shura, por ir completamente distraídos no lo pudieron escuchar y se impactaron con la pared. Saga salió volando por los aires junto con los pobres duendes. Todos cayeron al suelo, adoloridos.

- ¡Kanon! ¡¿Estás idiota?! – Saga se sacudió la nieve de la cabeza y se puso de pie, lentamente. - ¡Nos trajiste por un sendero sin salida! – se acercó al reno y lo tomó por los cuernos. - ¡Eres un tonto, tonto! – lo comenzó a sacudir.

- ¡Espérate, espérate! – se quejó Kanon, tratando de liberarse del agarre. - ¡Eso duele! ¡Te juro que es aquí! ¡Mi nariz me lo dijo!

- ¡Más te vale, animal! ¡La noche se acaba y aún no entregamos ni un mísero regalo! – lo amenazó, pegándole en la nariz. - ¡Mira, las cuerdas que los sostenían están destrozadas y el trineo quedó hecho mierda!

- ¡Ayuda, ayudaaaa! – se lamentaba Aioria, tirado en el suelo y moviendo sus patitas al aire. - ¡Soy un pura sangre y me estoy coagulando! – Aioros se acercó, preocupado.

- ¡Hermanitoo! ¿Te duele algo? Si tuviera manos, te levantaría… - lo miró, angustiado.

- ¿Te duele algo, Camus? ¡Respóndeme, Camus! ¡Camuuuus! – Milo se aproximó al francés que yacía en el suelo. - ¡Despierta!

- ¡Ay, por dios! – Saga se jaló los cabellos y corrió hacia el reno Camus. - ¿Se murió?

- ¡Ay no, se va a apestar! – Olle miró con asco al galo. – Por higiene y respeto al dueño de estas tierras hay que deshacernos del cuerpo. - Milo apretó los dientes.

- ¡Olle! – lo regañó Shura, colocándose entre el cuerpo inerte de Camus y Milo. – Podemos utilizarlo como abono y muy pronto podría fosilizarse y convertirse en combustible… claro que eso llevará algo de tiempo… unos miles de años tal vez…

- No estoy para bromas… debemos asegurarnos de que esté bien… - Saga trató de cargar al inconsciente reno.

- ¡Ya estuvo bueno! – Milo tomó vuelo y empujó a Olle con sus astas.

- ¡Con que quieres pelear, niño bonito! – ambos renos comenzaron su duelo a muerte. Olle se defendió y también atacó al escorpión.

- ¡Son unos infantiles! – gruñó Kanon. - ¿Holaaa? ¿Hay alguien? – se acercó a la pared de hielo y la golpeó con su pata. - ¡Yo sé que del otro está casa de la señorita Claus! ¡A mí no me engañan! ¡Ábranme, no estoy loco!

- Contraseña… - se oyó alrededor de la cueva. Todos miraron hacia el techo.

- ¿Qué fue eso? – preguntó Shion que era ayudado por Shaka a levantarse.

- He dicho contraseña… dime la frase, amigo, y se abrirá la puerta…

- ¿Un acertijo? – Aioros entrecerró los ojos y se acercó a la pared.

- ¡Es como en el Señor de los Anillos! – Aioria saltó a la pared. - ¡Me encantan los acertijos! ¡Sólo tenemos que decirle "amigo" en élfico y se abrirá la puerta! – la voz resonó otra vez en la cueva.

- En realidad sólo quiero una frase…

- ¡Muy bien, chicos, piensen todos! – sonrió Shaka. - Ahora nuestras mentes serán una sola… - murmuró.

- ¡No tengo tiempo para eso! – exigió Saga, golpeando la pared. - ¡Mi amigo está herido y necesitamos pasar!

- Incorrecto…

- ¡Déjenos pasar! – exigió Milo.

- Yo me haré cargo… - Shion se acercó a la pared con decisión y con una mirada seria. Tomó aire y… - Alohomora…

- Incorrecto…

- Bueno, tenía que intentarlo… - dijo, sentándose en sus patas traseras. – Nunca lo lograremos.

- Deber ser algo muy complejo y no algo estúpido como "Ábrete Sésamo." – en ese momento el lugar tembló, llamando la atención de los renos.

La gran pared de hielo se abrió, mostrando lo que parecía ser una enorme fábrica de juguetes con paredes de cristal y duendes con juguetes corriendo de un lado a otro y una impresionante maquinaria alrededor.

o.o.o.o.o.o.o

Mientras tanto con Santa Claus…

- Y mi madre me decía "derrota a los nazis y retírate", pero nooooo yo terco, quería seguir con mi servicio a la comunidad… ¡ay, ay, ay, ay! ¡Con cuidado, Shun, que soy Santa!

- Lo siento… pensé que era un mugre pero al parecer es un tatuaje… no sabía que Santa tuviera tatuajes… - murmuró Andrómeda mientras le limpiaba el brazo.

- ¿Qué significan todos esos tatuajes, señor Santa? – preguntó Seiya, curioso.

- Verás, querido Pegaso… este tatuaje… - se señaló el brazo. – Me lo hice en la Segunda Guerra Mundial, fue en la época en la que quise derrotar a Hitler, unos rebeldes y yo participamos en la Operación Valquiria… - Seiya y Hyoga lo miraron, asombrados. – Esta herida… - se abrió la camisa y mostró su pecho. – Me la hice durante la guerra del Opio… ésta otra me la hice en la Revolución Francesa… esta quemadura fue en el accidente del zeppelín Hinderburg…

- Mi maestro Camus dice que fue algo horrible… - Hyoga se tapó la boca con ambas manos.

- Lo fue, querido Hyoga… - dijo, alborotándole los cabellos de la cabeza. – Y ahora… ¡¿En dónde está mi sopa?!

- ¡Ya voy, señor Santa! – Shiryu salió de la cocina con una bandeja y corrió hacia el hombre.

- ¡Oh, quiero que sepan que estoy disfrutando mucho de mi estadía en este lugar! – le sonrió al Dragón que le pasaba el platito de sopa. - ¡Se ve deliciosa! Mmmmmm. – dijo, saboreándose la sopa. Tomó la cuchara y la probó. - ¡Qué maravilla! ¡Shiryu, tienes futuro en la cocina!

- ¡Muchas gracias, señor Santa! – Shiryu sonrió, sonrojado.

- ¡Aquí está su vaso de agua, Santa, para que se baje la sopa! – exclamó el pequeño Kiki, ofreciéndole el recipiente.

- ¡¿Agua?! – los miró, furioso. - ¡¿Quieren matarme?! – carraspeó cuando vio la cara de preocupación del lemuriano. – Ummm, Kiki, ¿podrías traerme un poco de leche… de la cocina y una rebanada de pastel de chocolate?

- ¡Pero no tenemos pastel!

- Consígueme uno…. – sonrió.

- ¡Por supuesto, Santa! – el ariano salió como rayo del templo en busca del dichoso pastel de chocolate. Cuando Santa lo perdió de vista, volteó a ver a los Santos de Bronce, completamente rojo de ira.

- ¡¿Agua?! ¡¿En serio?! ¡¿Quieren matarme?! – se quejó, alejando el vaso de él.

- ¡Claro que no, Santa! ¡Lo único que queremos es cuidarlo! – se intentó defender Andrómeda.

- ¡Pues no lo parece!

- ¡Todo es culpa de Shiryu, él lo quería matar! – gritó Seiya.

- ¡No es verdad!

- ¡Tranquilo, Santa! – Hyoga se acercó con la intención de calmar al hombre. – Todo fue un accidente, no sabíamos que no le gustaba el agua…

- ¡Tonterías! – gruñó Ikki, recargado en un pilar en un rincón del lugar. - ¡Ahora nos va a salir con que es intolerante al H2O!

- ¡Pues sí, sí lo soy! – le contestó, cruzándose de brazos.

- ¡¿Hay alguna otra cosita que debamos saber de usted?! ¡¿Qué otros males le aquejan?! – preguntó con evidente sarcasmo.

- Pues ahora que lo mencionas… - Santa se rascó la barbilla. – Sí, sí los hay… soy hiperodioso, claustrofóbico, tengo acné juvenil, mi colesterol se encuentra por los cielos… - comenzó a contar con sus dedos. – Tengo azúcar, migraña, vértigo, unas cataratas que no me dejan ver, diabetes y hace poco me salió una hernia del tamaño de Brasil por cargar mi trineo en una apuesta con mis renos… y no menos importante, soy homofóbico… - los Caballeros parpadearon, sorprendidos y con una gota de sudor en la cabeza. – ¡Ah! Y tengo una placa de metal en la cabeza… ya saben, la guerra y sus secuelas…

- Bueno… qué bueno que se sabe todo su historial médico… - sonrió Shun.

- ¿Bromeas? Esa es sólo la primera hoja… pero seguramente ustedes no quieren saber la vida de este pobre viejo.

- Pues ha adivinado… así que cállese y duérmase… - le ordenó el Fénix. – Y deje de explotar a mi pobre hermano. – Ikki jaló a Shun del brazo para alejarlo del lugar. – Vámonos, chicos, Santa Claus va a descansar y nosotros también…

- ¡Oigaaaan! – se quejó Santa. - ¿Qué pasó con las bromas telefónicas?

- ¿Bromas? – Seiya lo miró, ilusionado. - ¡Vamos, Ikki, es nuestro deber como caballeros; les prometimos a los Dorados cuidar de Santa!

- Tiene razón, dimos nuestra palabra… - apoyó Shiryu.

- ¡Hermanoo! ¡Anda, quédate! – Shun lo empujó, suavemente de nuevo hacia la habitación.

- ¡Pero Shuuun! – el Fénix se cruzó de brazos.

- ¡Yo me rehúso a engañar a gente de buen corazón! – habló Shiryu.

- Anda, Shiryu, te dejaré hacer la primera broma… - dijo Santa con una sonrisa maliciosa.

- ¡Deme eso! – el Dragón le arrebató el teléfono y marcó un número al azar. – Debo confesar que mi maestro Dohko y yo le hacemos algunas bromas al señor Shion… - se rió quedito. – Shion siempre cae con esta… - esperó a que la persona contestara. Mientras tanto Shun negaba con la cabeza ante la actitud tan infantil de su amigo. - ¿Hola? – Santa, Seiya y los demás se acercaron para oír mejor. – Disculpe, señorita… ¿Usted tiene lámparas de pie?... ¿Sí? ¡Pues siéntelas para que no se cansen! – colgó rápidamente y comenzó a carcajearse junto con Ikki.

- ¡Voy yo, voy yo! – aplaudió Hyoga. - ¡Me gustaría intentarlo! – tomó el aparato.

- ¡Pero Hyoga, tú nunca has hecho algo como esto! – reclamó Seiya.

- ¡Por eso mismo, quiero intentarlo!

- Está bien, Hyoga, cuéntanos un chiste para ver si eres gracioso… - lo retó Santa con los ojos entrecerrados.

- ¡Este le encanta a mi maestro Camus! – sonrió, alegre el Cisne, tratando de recodar el chiste. - ¿Qué le dice la curva a la tangente? – los miró, emocionado, tratando de contener sus risas. Seiya, Santa, Shun, Shiryu e Ikki se rascaron la cabeza, intentando encontrar la respuesta.

- ¿Qué? – inquirió Santa Claus.

- ¡No me toques! – explotó en una carcajada. Seiya parpadeó, confundido.

- ¿Qué es una tangente? – inquirió Pegaso.

- ¿No le entendieron? La tangente es la línea que no toca… olvídenlo… - soltó, derrotado. – Cuando lo cuento, suelen reírse…

- ¿Quién demonios se va a reír de eso? – gruñó el Fénix.

- ¡Claro que sí se ríen! ¡El señor Shaka, Mu y mi maestro lo hicieron! ¡Lo recuerdo muy bien!

Flashback

Era una mañana tranquila en el Templo de Acuario, el dueño de aquel recinto se encontraba con sus invitados Mu, Shaka, Milo y su querido alumno Hyoga.

- Bueno, ya hemos hablado de las nuevas del Santuario sin mencionar que nos hemos deleitado con nuestras pláticas semanales de la Teoría de Darwin, pero descansemos de eso… - comentó Shaka, tomando de su taza de té.

- ¡Por favor! – rogó Milo. - ¡Ya estoy harto de la Teoría de Darwin! ¡Contemos chistes!

- Mmmm, no estaría mal… Pero déjame decirte que tengo un sentido del humor muy complejo… - soltó Mu, sentado mientras le pasaba una rebanada de pastel a Camus.

- Bien, bien… - Milo se tronó los dedos. – Este chiste mata a Ángelo… ¿Qué es una lapida?

- Bueno, pues… El término se utiliza habitualmente para designar a la lápida funeraria: una piedra labrada que marca el lugar donde se encuentra una sepultura. – respondió Camus, tomando de su taza. Hyoga, Mu y Shaka afirmaron con la cabeza. – Creí que ya lo sabrías…

- ¡No, no, no! – Milo negó con la cabeza. – Una lapida es… ¡Una china que corre muy rápido! – sonrió, esperando las risas de sus compañeros que nunca llegaron.

- Ohhhhh… - Shaka abrió la boca y Milo pensó que al fin alguien se iba a reír. – No entendí…

- Ay, Milo… cállate… ese chiste no tenía nada de gracioso… - frunció el ceño el francés. – Querido Hyoga… - volteó a ver a su alumno. - ¡Anda, anda, cuéntales un chiste! – el escorpión se cruzó de brazos y se sumió en la silla, sonrojado porque nadie se rió de su chiste.

- ¡Ay, maestro, noo! – Hyoga sonrió, apenado. – Mmmm, está bien… no lo defraudaré… ¿Qué le dice la curva a la tangente? – Mu, Shaka y Camus se le quedaron viendo, esperando la respuesta. - ¡No me toques! – en ese momento, Mu se atragantó con su pastel, Shaka escupió su té y comenzó a carcajearse. Camus estaba, literalmente, llorando de risa. Menos Milo que los veía, confundido.

- ¡No puedo creerlo! – dijo Mu, tratando de tomar aire. - ¡Es el mejor chiste que me han contado… después del de los protones de Shaka! – siguió riéndose.

- Tu alumno tiene futuro, Camus… ¡Le enseñaste bien! – el rubio se hecho aire a su carita sonrojada.

- ¡Mi niño es todo un comediante! – Camus abrazó a su alumno con fuerza después de quitarse una lagrimita de su ojo.

- ¡¿Qué rayos es una tangente?! – preguntó el griego con frustración. - ¡En serio, Camus, a veces me pregunto cómo es que somos amigos!

Fin del flashback

- Y así fue como conté por primera vez mi chiste y tuvo éxito… - finalizó el ruso. – No entiendo por qué con ustedes no… - se rascó la cabeza.

- Será para la próxima, Hyoga… - sonrió Santa con una gota de sudor en la frente. – Sigue ensayando…

o.o.o.o.o.o

- ¡Con que esta es la fábrica de juguetes! – Shaka abrió los ojos, asombrado. - ¡Vaya, sí existía! ¿Qué esperamos? ¡Entren! – Saga y los demás se adentraron a la fábrica. Ángelo se trepó al lomo de Shura, Mu en el de Aioria, Dohko en el de Shion y Aldebarán en el de Aioros.

- No sé por qué siento mi cuerpo tan pesado… - se quejó Kanon, caminando con dificultad. – Espera un momento… - frunció el ceño, incomodo. - ¡Saga, bájate de mi lomo!

- ¡Pero estoy cansado! – lo abrazó del cuello, rehusándose a bajar. Kanon empezó a moverse con desesperación. - ¡Ni lo intentes, sabes que soy amo y señor del toro mecánico!

- Está bien… - Kanon suspiró, resignado. – Ya que estás ahí, ráscame la oreja…

- ¡Ustedes quédense aquí, iremos por ayuda! ¡Arre, Kanon, arre! – dijo, Saga, dándole una nalgada a su gemelo.

- ¡Hey!

- O camina, como tú quieras… - no pudieron avanzar mucho pues de un momento a otro se vieron rodeados por muchos enanos. - ¡A un lado, necesito ayuda! ¡No quiero usar la fuerza con pequeños niños!

- ¡Es Santa, es Santa, volvió! – habló uno de ellos. Todos los demás enanos empezaron a saltar, contentos. - ¡Por un momento pensamos que ya no volvería! ¡Dejó los regalos aquí!

- ¡Oh, sí! ¡Ho-Ho-Ho! ¡Soy yo, Santa, su patrón, no un loco que arruinó la navidad! – Saga se bajó de Kanon y le sonrió a los duendes. Todos lo rodearon y lo abrazaron.

- ¡Santaaaaa, nos alegra verte!

- Sí, sí, a mi también… ahora arreglen mi trineo y metan los regalos que se me hace tarde… ¡Ah! Necesito ayuda con un reno… - los ayudantes de Santa asintieron: unos se fueron por el trineo y otros a ayudar a los renos. En ese momento se escuchó una voz:

- ¡Santaaaaa, mi cielo! – se acercó una ancianita con lentes y un hermoso vestido azul marino. – Ya llegaste, mi amor… se te está haciendo tarde, corazón. - Saga carraspeó. - ¡Tienes que repartir los regalos! ¡Ay, ese alzhéimer! ¡Dame un besito, mi amor, antes de que te vayas!

- ¡Oh, mi lindo y rancio bombón! – Saga le tomó el rostro y le dio un beso en la frente. – Ya me tengo que ir, cariño… señora… Claus… - la viejita lo abrazó y el gemelo abrió los ojos cuando sintió cómo sus pompas eran estrujadas por las manos de la señora.

- ¡Hiciste ejercicio, Nicholas! – alzó el rostro y se acomodó los lentes. - ¿Y ese tinte de cabello? ¡Y al parecer te hiciste una cirugía completa! ¿De dónde sacaste el dinero para todo eso?

- ¡Internet! – se defendió Saga, nervioso. Los demás renos veían la escena, divertidos.

- ¿Y de dónde sacaste el Internet?

- ¡Ay ya, mujer! ¡Son cosas de hombres! – titubeó, azorado. - ¡Se me hace tarde y tengo que entregar regalos!

- Está bien… - sonrió. – Déjame ver a tu reno, lo curaré… - doña Claus tomó al gemelo de la mano y caminó directo al reno Camus. Se arrodilló y le acarició el pecho. - ¡Oh, estará bien! Sólo se torció la patita y se golpeó la cabeza… - observó detenidamente al animal. – Un momento… Este no es uno de nuestros renos… Es muy hermoso… ahora que lo veo, aquellos renos tampoco… No recuerdo tener un reno morado… - dijo, mirando a Milo. – Y mucho menos uno verde limón… - vio a Shion.

- ¡Ya cállese, anciana! – se quejó el escorpión. - ¡Nos compró en una barata! ¿Contenta? ¡Ahora dígame si mi amigo va a estar bien!

- Sí, definitivamente no son nuestros… - sonrió la señora Claus, colocando la mano en la cabeza de Camus. Segundos después, el francés abrió los ojos.

- ¿En dónde estoy? – murmuró. - ¿Hyoga? ¿Tú me salvaste, Hyoga? – comenzó a delirar. En ese momento Milo se le aventó, emocionado. Todos se acercaron, aliviados de que su amigo estuviera bien.

- ¡Bien, eso es todo! – aplaudió la señora, mientras los duendes ponían los costales en el nuevo trineo y amarraban a los renos. - ¿Necesitas algo más, mi amor? ¿Chocolate? ¿Galletitas?

- No, eso es todo, mujer… gracias… - Saga se subió al trineo. – Cuando regrese podrás torturarme, maltratarme y golpearme porque he sido un hijo de perra todo el año… - sonrió. – Así que no lo olvides, aunque lo niegue y finja no saber nada… tú castígame…

- ¡Oh, me encanta cuando me hablas sucio!

- No te decepciones si llego algo flácido y cambiado… la cirugía no dura para siempre… ¡Hasta luego, mi amor! ¡Órale, Kanon, digo, Rodolfo! – exclamó, agitando las correas. - ¡Primera parada… Canadá!

- ¡Recuerda, Rodolfo, que sólo tienes que pensar en el lugar al que quieras ir y dejarte guiar por tu nariz! – la señora Claus se despidió con una seña de mano junto con los duendes. Así Saga voló con los renos por la salida secreta, dispuestos a salvar la navidad. Kanon los guió exitosamente hasta Canadá.

- ¡Bien, hemos llegado! ¡Según mi hermosa nariz, esto es Quebec! – informó Kanon.

- ¡Perfecto! – aplaudió el gemelo. – Veamos… - sacó una lista de nombres. – El primero en la lista es… El pequeño Ian Oullet de seis años… Ammm aterricen en aquel techo… - dijo, tensando la cuerda. Los renos obedecieron y con cuidado arribaron al techo de la casa. Saga se bajó del trineo junto con un costal. – Bien… - se rascó la cabeza. - ¿Y ahora?

- Tienes que entrar por la chimenea, genio. – habló Ángelo, tratando de bajarse del trineo con ayuda de Dohko. - ¡Agárrame, Dohko, agárrame! ¡Santo dios, que le temo a las alturas!

- ¡No te preocupes, mi niño, yo te acacho! – Dohko extendió las manitas con la intención de agarrar al italiano. Mientras tanto, el gemelo mayor se acercó a la chimenea y la rodeó.

- ¿Y cómo demonios piensan que entre por aquí? – gruñó, molesto. - ¡Es imposible!

- No lo dudo, hermanito… y mucho menos con esas caderas de elefante… - soltó, burlonamente.

- ¡Sabes que eso es un problema metabólico! – se defendió. - ¡Retengo líquidos, eso es todo! – se subió a la chimenea con cuidado. - ¡Hey, duendes, los necesito! – Ángelo, Dohko, Mu y Aldebarán corrieron cargando regalos con mucha dificultad. – Bien… - una vez en la cima de la chimenea, Saga tomó a Ángelo del suetercito.

- ¡¿Qué haces?! ¡Bájame! – se quejó el italiano sin soltar la caja que era casi de su tamaño. - ¡Espérate, espérate, así no me llevo contigo!

- Shhhh… No hagas tanto escándalo, Ángelo… - el gemelo soltó al duende y éste cayó dentro de la chimenea. – El que sigue… - vio a los demás que tragaron con dificultad.

- ¡Dioses, pobre de Ángelo! – habló el reno Shura.

Después de arrojar a los enanitos por la chimenea, Saga tomó los regalos más grandes y se aventó también. Los renos se quedaron en el techo, esperando.

- ¿Y ahora qué? – preguntó Aioros.

- Pues hay que esperar… - contestó Camus, tranquilamente al lado de Milo que no dejaba de frotarle la cabeza, feliz de que su mejor amigo estuviera bien.

- Dime algo que no sepa, Camus… - Olle rodó los ojos.

- Sin mucosidad, tu estomago se comerá solo… - respondió el francés con un aire intelectual.

- ¿En serio? – Aioria, Shura y Shion preguntaron al unísono.

- Ese sí es un dato que deberíamos saber… - sonrió Shaka.

Dentro de la casa…

- Muy bien… creo que eso es todo… - susurró Saga, arreglando los regalos por debajo del pino. – Vámonos, niños. – les habló a sus duendes. - ¿Ya están todos aquí? – frunció el ceño al notar que uno de ellos faltaba. - ¿En dónde está Dohko?

- Hola, perrito… - susurró el chino, recargado en una puerta de cristal. Saga miró con horror cómo Dohko intentaba abrir una puerta para dejar pasar a un gran e imponente Dóberman.

- No, no… Dohko… ¿qué haces? Ven aquí ahora… - le susurró. Dohko volteó, le sonrió y lo ignoró. Se colgó en la manija y abrió la puerta. – Dohko… - el enorme perro se acercó al chino y lo tomó del suéter con el hocico.

- Oh, qué lindo perrito… - rió el Santo de Libra.

- Perrito, bájalo, bájalo… - Saga se acercó con cuidado al imponente animal que le gruñía debido a la cercanía. – Mira, mira… te llamas Toby, ¿verdad? – dijo, sacando un huesito de plástico de su costal. – Mira… ve por él… - le arrojó el hueso y de inmediato el perro liberó a Dohko y corrió tras el juguete. - ¿En qué estabas pensando? – tomó a su duende y a los demás. – Se nos hace tarde y nos faltan millones de casas… - se acercó a la chimenea y por arte de magia subió para reunirse con sus renos.

Así repartió los regalos por todo Canadá y su vecino, Estados Unidos (xD) Después viajaron hasta México, repartieron los regalos por toda la República, hasta llegar a la última casa. Al igual que en las otras, el trineo se estacionó en el techo. Sin embargo, en ese lugar se escuchaba música a todo volumen y risas de personas dentro.

- ¡Demonios, están despiertos! – se quejó el gemelo mayor. - ¿Qué haré? ¿Cómo entraremos a la casa sin que nos vean?

- ¡Pues al igual que en las otras! – contestó Ángelo, cargando una caja de regalo y saltando a la chimenea seguido de los otros duendes.

- ¡Hey, espérenme! – Saga tomó el costal y se arrojó. Esta vez tuvieron que ser muy precavidos para no ser vistos. Fue sencillo para los duendes pero no tanto para Saga. Milagrosamente pudieron llegar hasta el pino y comenzaron a acomodar los regalos.

En el techo…

- Y entonces yo le dije "No me mires con esos ojos," ¿Les ha pasado? – preguntó el reno Aioros. Los demás negaron suavemente con la cabeza.

- No, a mi no… - confesó Shaka.

- ¡Estas pulgas me están matando! – se quejó Aioria, rascándose con su pata.

- Ya te dije que no son pulgas, todo está en tu mente… - opinó Shion. - ¿Y a ti que te pasa, Kanon? ¿Por qué estás tan callado? – todos voltearon a ver al gemelo.

- No lo sé… no me siento bien… - dijo, balanceándose de un lado a otro. – Creo que… - en ese momento, el polvo dorado rodeó a Kanon; los renos parpadearon al ver al gemelo convertido en persona otra vez.

- ¿Qué carajos? – soltó Shura. En segundos el polvo dorado también los rodeó a ellos y ya convertidos en personas, perdieron el equilibrio y cayeron del techo, estampándose en la entrada de la casa. El estruendo se escuchó dentro del lugar.

- ¿Qué fue eso? – preguntó Mu, acomodando los regalos.

- Parece que algo pasó en el techo… - murmuró Ángelo.

- ¡Esos idiotas! ¡Nada más falta que los vean! – Saga se asomó, discretamente por la ventanilla, temeroso.

Una de las chicas abrió la puerta y se encontró con nueve hombres, usando únicamente un pantalón negro y unas botas. La joven parpadeó, sorprendida y sonrió.

- ¡Ya era hora, chicos! – los miró de nuevo de pies a cabeza y se encogió de hombros. - ¡Helena, ya llegaron los stripers que ordenaste!

- ¡Al fin! – llegó Helena, bajando las escaleras. - ¡Oye, Francis, Anna quería bomberos! – respondió al ver a los hombres medio desnudos.

- ¡Ya apúrense! – se oyeron un montón de chicas en la sala.

- No, no, no… nosotros no somos… - Shura tomó la palabra y agitó ambos brazos. – Todo es un mal entendido…

- Queremos que le bailen a nuestra amiga… verán es su despedida de soltera… son nuevos, ¿verdad? Se ven algo tímidos. – Helena tomó a Camus y a Shura por el brazo. - ¡Vamos, entren!

- ¡Sí, con confianza! – Francis tomó a Milo y a Kanon. Miró a los demás que se rehusaban a entrar.

- Mmm veo que sí son nuevos, si no quieren bailar al menos únanse a la fiesta…

- ¡Chicas, se están tardando mucho! – Anna jaló a Shaka y a Aioros. - ¡Rayos, si tan sólo tuviera más brazos! ¡Vamos, entren! ¡Habrá concurso de canto! – los restantes miraron a Saga que les hacía señas para que las distrajeran.

- ¡Pues qué más da! – Shion se adentró al lugar junto con Olle y Aioria.

Mientras tanto, Saga acomodaba los últimos detalles para poder irse. La fiesta no tardó en comenzar…

- ¡Tengo fuego en los pantalones, chicas! – es escuchó la voz de Milo.

- ¡Este es el paso del fideo eléctrico! – habló Shaka.

Los aplausos y risas no tardaron en aparecer. Después de unos minutos, Saga salió de la casa con los duendes por la ventana. Les comentó a los otros por vía cosmos que ya salieran y un rato después los Santos de Athena lo alcanzaron, todos se encontraban completamente felices y marcharon bailando hacia Saga.

- ¡Hey, Saga de lo que te perdiste! – se burló Olle, aún bailando.

- ¡Esa Anna es toda una loca, por Buda que sí! – rió Shaka, completamente sonrojado.

- ¡Qué niñas tan simpáticas! – aplaudió Shion.

- Bueno, chicos… anotaron los teléfonos, ¿verdad? – preguntó Kanon. Shura, Milo y Camus asintieron. - ¡Esa Francis! – vio el teléfono. - ¡Ya tengo razones para volver a México!

- ¡Y esa Helena estaba dispuesta a adoptar a Hyoga! – exclamó Camus. - ¡Me prometió intentar verlo como un hijo!

- ¡Qué bueno! ¡Podemos venir a dejárselo cuando tú quieras! – opinó Milo, riéndose.

- Idiota… - el francés rodó los ojos.

- Muy bien, me alegra que lo hayan disfrutado… - Saga entrecerró los ojos. – No me explico cómo se volvieron humanos pero serán renos de nuevo.

Una vez más los transformó, arrojándoles el polvo. Subió al trineo y volaron por todo el continente americano, repartiendo los regalos.

- ¡Siguiente parada… Italia! – gritó Saga, sobrevolando la ciudad de Roma!

- Oh, mamma mia! – Ángelo observó, maravillado su país natal. – Molta Bella! – Saga sonrió al ver cómo el tierno italiano daba brinquitos para poder ver mejor. Recorrieron las diferentes casas hasta llegar a un orfanato. Saga y los duendes entraron por la chimenea del lugar y los renos esperaron. El gemelo acomodó los regalos, después de leer las cartas de los niños.

– A ver… éste quiere una bicicleta…

- ¡Listo! – gritó Mu.

- Ella quiere una muñeca…

- ¡Listo! – habló Aldebarán.

- Estos gemelos quieren un carrito de bomberos… les daré dos. Algo me dice que debo darles dos… llámenlo instinto gemelo pero me encantan los gemelos…

- ¡Listo! – se oyó al pequeño Dohko, acomodando el juguete.

- Veamos… este niño quiere… ¿La paz mundial y terminar con la hambruna? – todos se quedaron en silencio hasta carcajearse segundos después.

- ¡Lo que debería pedir es un padre! – soltó Ángelo, limpiándose una lagrimita que se escapaba de su ojo. – Aunque es algo triste si lo pensamos bien…

- Pues no lo pensemos más y denle un suéter… - Saga colocó la prenda en el pino. Una vez terminado con su labor, volvieron a subir al techo. Cuando llegaron se encontraron con las típicas pláticas extrañas que tenían los renos.

- Tenía forma de gota… era una excavadora… - argumentó Olle.

- Tira nervios… - atacó Shura.

- ¡Excavadora! – se acercó y lo golpeó con sus astas.

- ¡Tira nervios!

- ¡Ay, ya cállense! – gruñó Saga, subiéndose al trineo con sus duendes. - ¡Ahora toca ir a Alemania! – Kanon asintió y los guió hacia allá. Minutos después llegaron a la primera casa.

Ya dentro de la casa…

- ¡Podría acostumbrarme a esto! – dijo Saga con una sonrisa mientras cargaba su costal.

- ¿De verdad? – preguntó el pequeño Aldebarán.

- No… ahora terminemos con esto…

Todo marchaba bien hasta que el teléfono sonó… Saga miró a los duendes sin saber qué hacer.

- ¡Contesta! ¡¿Qué estás esperando?! – exigió Ángelo.

- ¿Qué? ¡No! ¡Contesta tú!

- No te llego ni a la rodilla y, ¡¿tú quieres que alcance ese teléfono?! ¡Está como a mil metros! – gruñó el pequeño, cruzándose de brazos.

- Pero…

- ¡Rápido! ¡Se van a despertar! – saltó Mu. Saga tomó el teléfono, rápidamente.

- ¿Hola? – contestó el gemelo con voz bajita.

En Grecia… los responsables de esa llamada…

- ¿Ikki, qué estás haciendo? – susurró Shun, alarmado, viendo cómo su hermano tomaba el teléfono y se reía junto con Santa y los demás.

- Shhhh, calla, Shun… - se aguantaba las ganas de reír y nuevamente con voz seria volvió a hablar. – Disculpe, buen hombre… de casualidad, ¿tiene un reloj?... ¿sí? ¿Y está corriendo?... – se tapó la boca junto con Seiya y los otros.

En Alemania, con Saga al teléfono…

- Sí, señor, sí está corriendo… - contestó Saga, observando su reloj de pulsera.

Con Ikki…

- ¡Pues alcáncelo que se le escapa! – dijo, colgando el teléfono para después carcajearse con Santa y sus amigos.

De vuelta con el pobre Saga…

- Señor, señor… ¿Hola? Me temo que no le entendí… mi reloj sigue aquí conmigo… ¿Quería la hora? ¿Señor? ¡Me colgó! – los duendes se golpearon la frente menos Ángelo.

- Te entiendo, compañero… - lo consoló el italiano.

- Mejor vámonos antes de que llamen otra vez…

Y así, una vez más arribaron al trineo, dirigiéndose, en esta ocasión a España. Ya con su experiencia previa, pudieron repartir regalos con mayor rapidez hasta que llegaron, nuevamente a la última casa del lugar.

La casa estaba tranquila, así que fue sencillo para Saga y los duendes entrar en ella. Al igual que en las demás, colocaron los regalos en el pino.

- ¡Mira, Saga, te dejaron un vaso de leche y galletas! – rió Dohko, alzándose de puntitas para alcanzar la mesita.

- Bueno, un descanso no nos vendría mal… - tomó el vaso de leche y se sentó en el sofá, después tomó la bandeja con galletas y las repartió entre los duendes. - ¡Oh, sí, dulce y tibia leche!

- ¡Ya tenía hambre! – Ángelo comenzó a comerse la galleta con devoción. Sin embargo, una vocecita interrumpió su tranquilidad.

- ¿Santa? – Saga escupió la leche de golpe y se atoró con una galleta al ver al pequeño niño, bajando las escaleras, emocionado y acercándose a ellos.

- ¡Santo dios, el niño está despierto! – gritó, alarmado Dohko.

- ¡Hagan algo! – Saga se tapó el rostro con ambas manos.

- ¡Santa, estás aquí para repartir amor y cariño a todos! – el niño corrió con los brazos extendidos hacia el gemelo. Ángelo tomo un bate de la bolsa de regalos y con dificultad se acercó al pequeño.

- Aquí está tu cariñito… - lo amenazó con el objeto y comenzó a corretear al niño que huía despavorido. - ¡Si no te duermes ahora, te daré tanto carbón que escupirás diamantes! – el niño corrió a su habitación y trancó la puerta. - ¡Feliz navidad, inmundo animal y feliz año nuevooooo! – golpeó la puerta con el bate.

- Pfff… - Saga se sopló el flequillo, aliviado. – Menos mal que nadie escuchó esto…

- ¿Santa? – la abuela del niño salió de la cocina y miró, asombrada la escena.

- ¡Al ataque! – ordenó Aldebarán. En ese instante, Mu le saltó encima a la señora y Ángelo le siguió con el bate.

- ¡Dohko, saca el cloroformo! – gritó Mu. El chino asintió y de su sombrero sacó una botellita con el líquido y coloco un poco en un trapito.

- ¡Toma, Saga, es que yo no le alcanzo! – Saga obedeció y le estampó el trapo a la anciana que cayó inconsciente al suelo.

- ¡Hacemos un buen equipo! – se carcajeó el brasileño.

Poco después salieron de la casa y regresaron al trineo. Ya de camino a casa, Kanon no podía más al igual que los otros. Los duendes se tiraron exhaustos en el trineo y no tardaron en dormirse. Saga siguió controlando el trineo, luchando contra el sueño y el cansancio.

- Vaya… mis respetos para el viejo… - comentó con pesadez el gemelo mayor.

- ¡Bueno, vean el lado positivo, al fin regresaremos a casa! – soltó Aioros, contento.

- ¡Grecia, ahí vamos! – rió Milo. Saga se levantó del golpe y paró el trineo.

- ¡Carajo, no hemos llevado nada a Grecia!

- Pues deberíamos darnos prisa porque ya no tarda en amanecer… - comentó Camus.

Todos se apresuraron hasta llegar a Grecia. Aventaron los regalos, bestialmente porque ya no daba tiempo de nada más. Después de la última casa, ahora sí volaron casi muertos hasta el Santuario. Sobrevolaron la colina zodiacal y se detuvieron en Géminis. Una vez fuera del templo, los renos se volvieron a transformar en Caballeros.

- ¡Ah, se siente tan bien ser humano de nuevo! – Shaka hizo el saludo al sol en el piso.

- Tienes mucha razón, Shaka… - secundó Shura, tronándose la espalda. – Por nada del mundo volvería a ser reno…

- ¡Vamos, chicos, fue divertido! – rió Aioros

- Fue entretenido, debemos admitirlo… - habló Olle, acomodándose el cabello.

- ¡Hyoga, Hyoga, ya regresé, Hyoga! – dijo Camus, cojeando, tratando de llegar a la entrada. – Auch, auch… ¡Milo, cárgame y llévame con Hyoga! – el griego rodó los ojos pero obedeció. - ¡Ninguna pata… pierna rota me va a impedir ver a Hyoga! – se trepó en la espalda de su mejor amigo y se aferró a su cuello. Milo corrió adentro del templo. Mientras tanto Saga ayudó a bajar a los duendes del trineo.

- ¡Oye, conviértenos en personas normales! ¡Ahora! – exigió Ángelo que era cargado por el griego.

- Lo siento pero ya no tengo más polvo… le diré a Santa que me dé un poco… - los duendes asintieron y corrieron a la tercera casa, menos Ángelo que yacía en los brazos del gemelo.

- ¡Shiryu, Shiryu, tengo tanto que contarte! – Dohko corrió hacia el templo para encontrarse con su alumno. - ¡Mañana iremos a comprar un Dóberman! ¡Shiryuuuuu!

- Sí ya lo creo… - sonrió Shion, tomando a Mu en brazos. - ¡Vamos, pequeño Mu, a ese paso nunca los alcanzarás! – cuando todos llegaron a la sala, vieron a los Caballeros de Bronce riendo con Santa. Los Bronceados recibieron a los Santos de Oro y Kiki corrió hacia Shion y Mu y los abrazó. Dohko extendió sus manitas para que Shiryu lo cargara.

- ¡Alumno mío, siempre terminas cargándome! – sonrió el Antiguo Maestro.

- En fin, Santa… salvamos la navidad… ahora lárgate… - gruñó Saga.

- ¡Ah, no, no, no! – Santa negó con la cabeza. – No le han entregado su regalo a Kiki ni a los Caballeros de Bronce.

- En eso te equivocas… - lo cayó el gemelo. - ¡Duendes! ¡Los regalos!

- ¡No se preocupe, señor Saga! ¡Me gusta este juguete! – Kiki abrazó al duende Aldebarán.

- ¡Ah, no, yo quiero mi regalo! – gruñó Ikki. - ¡No estuve cuidando a ese gordo diabético por nada!

- ¡Hermano! – lo reprendió Shun.

Saga le entregó un regalo a cada uno y estos gustosos lo abrieron.

- Bien, entonces ya puedo irme… - sonrió Santa, poniéndose de pie, ayudado por Shun. – Les agradezco que me hayan cuidado y salvado la navidad. – dijo, sinceramente y caminó a la salida. – Pero antes, convertiré a los duendes en personas normales. – los señaló y en un abrir y cerrar de ojos, se transformaron en Caballeros nuevamente.

- Esperen un momento… - Shura se rascó la barbilla. – Aquí falta alguien…

- ¡No es verdad! – Saga ocultó un bulto y negó con la cabeza.

- ¡Falta Ángelo! – gritó Olle. - ¡Suéltalo, infeliz!

- ¡No! ¡Sólo véanlo, está tan bonito y tierno! ¡Si vuelve a ser normal, será el mismo amargado de mierda que todos conocemos!

- ¡Oye! – se quejó el italiano, mientras era estrujado en los brazos del gemelo.

- Saga… ya suéltalo… - lo regañó Santa.

- Awww… - bajó la mirada y puso a Ángelo en el suelo. – Ahí está… - hizo un puchero. En segundos Ángelo volvió a crecer.

- ¡Al fin, me siento poderoso de nuevo! – se estiró y se tronó todos sus huesos.

- Ya será para la próxima, amigo… - Santa lo tomó por el hombro. – Ahora me marcho… - se dirigió a la salida con una sonrisa.

- ¿Cómo regresarás si no tienes renos? – preguntó Shion, cargando al pequeño Kiki.

- Sencillo, mi buen Shion… - Santa sacó un silbato de su cuello y lo sopló. Todos observaron al cielo y vieron cómo los renos descendían y se colocaban frente al trineo.

- ¡Hoolaaa, Santa! – saludó Rodolfo. - ¡Qué gusto verlo de nuevo!

- ¡Lo extrañamos mucho! – exclamó Cupido.

- ¿Qué demonios? – Shaka abrió los ojos, sorprendido. - ¡Pero sí te abandonaron! ¡Te dijeron gordo, seboso, hijo de puerca y que no te querían porque los maltratabas!

- ¡Mentimos! Sabíamos que Santa necesitaba un descanso y decidimos utilizarlos a ustedes… - explicó Relámpago.

- ¡Desgraciados! – vociferó Ángelo.

- Ammm, bueno, ya vámonos, renos… - se subió a su trineo y tomó las correas. - ¡Ho-Ho-Ho! ¡Muchas gracias, Caballeros!

- ¡Oye, al menos danos un regalo! – demandó Milo.

- ¡Claro que sí! Saga, yo sé el secreto por el cual no creías en mi… - todos voltearon a ver al gemelo, sumamente interesados en su reacción. – Fue porque nunca te traje tu silbado de salchicha, ¿verdad? Sabía cuánto lo deseabas y aún así nunca te lo traje. – sonrió y le arrojó un objeto al griego que atrapó con agilidad. - ¡Disfrútalo! – Saga observó lo que había caído en sus manos y un brillo de esperanza invadió sus hermosos ojos.

- Dioses… - susurró para después soplar su nuevo silbato. - ¡Vuelvo a creer!

- ¡¿Todo esto por un silbato?! – bramó Camus que era sostenido con la ayuda de Milo y Hyoga.

- ¡¿Y a nosotros qué?! – Shura lo miró, furioso.

- ¡Oh, sí, lo olvidaba! – rio Santa. - ¡A ustedes… a ustedes les doy carbón, babosos! ¡Ho-Ho-Ho! – el hombre voló por encima de ellos y les aventó trozos de carbón. - ¡Feliz navidad y prospero año nuevo! ¡Ho-Ho-Ho! – Ángelo pateó su trozo de carbón con furia mientras Shura se jalaba sus cabellos.

- ¡Chicos, ahora lo entiendo! – habló el gemelo. – La navidad no se trata de regalos y cosas materiales… se trata de estar juntos con las personas que amas… y yo los amo a todos ustedes… ¡No necesitaba un silbato de salchicha para darme cuenta! ¡Así que yo propongo que el próximo año, raptemos a Santa y tomemos su lugar para repartir felicidad y amor en cada casa! ¿Quién está conmigo?

- ¡Vete al carajo, Saga! – todos los santos se fueron con resignación a sus templos.

- Oh, qué raro, parece que hay fiesta en Sagitario… - comentó Dohko, viendo en dirección al noveno Templo. Los Santos Dorados pararon en seco.

- ¡ATHENA! – exclamaron al unísono.

Templo de Sagitario

- ¡Todos son unos ingratos! – se lamentó la diosa, devorando todos los platillos que sus santos habían preparado. - ¡Más les vale tener una buena excusa para abandonarme así!

- ¡Athena, deje de comer tanto! – la regañó Tatsumi. - ¡Ni siquiera dejó las quesadillas que hizo Shion!

- ¡Eran las más deliciosas! ¡Recibiré al año nuevo, obesaaaaa! – dijo sin dejar de comer. – Lo más triste es que me sobró mucho muérdago… ya no sé con quién usarlo. – el calvo trató de huir y cuando llegó a la puerta se vio golpeado por ella. Los Caballeros Dorados y los de Bronce hicieron aparición, descubriendo a Saori completamente sola en el comedor.

- ¡Saori, no vas a creer por lo que pasamos! – Seiya se acercó a la diosa.

- No me digan… - Athena se levantó de la mesa, indignada.

- ¡Lamentamos haberla abandonado! – se disculpó el Patriarca. - ¡Pero ya estamos aquí para festejar la navidad!

- ¡No me importa! ¡¿Me trajeron regalos al menos?! ¡Sólo así podría perdonar su ausencia!

- ¿Le gusta el carbón? – preguntó el italiano. – Porque tenemos toneladas …

- ¡Si no traen regalos será mejor que se vayan de mi templo!

- Pero… es mío… - soltó Aioros.

- ¡Como sea! – la diosa hizo un ademán de indiferencia. En el rincón de la habitación Saga observó su silbato de salchicha.

- Ammm, ¿Athena? – se acercó, dudoso a la chica. – Yo, bueno, nosotros tenemos un regalo para usted… es pequeño pero significa mucho para mí…

- ¡Saga! ¡Ese es tu silbato, lo quieres más que a mí! – Kanon abrió sus ojos sin creer lo que veía. Athena se acercó a observar lo que el gemelo mayor le ofrecía.

- ¿Para mí? ¿En serio? ¡Ay, no debiste! ¡Pero lo tomo! – dijo, agarrando el silbato y soplándolo. - ¡Yo también tengo regalos para todos!

- ¡Al fin! – vociferó Milo lleno de júbilo. - ¡Venga ya!

- ¡Fórmense! ¡A todos les tocará su muérdago! – saltó de alegría, colocando la ramita sobre Saga. - ¡Muuuuak! ¡Feliz navidad, Saga!

- Feliz navidad, Athena… - sonrió mientras todos los demás Caballeros corrían afuera del templo, despavoridos.

- ¡¿A dónde creen que van ustedes?! – reclamó Saori.

- ¡Lejos de usted! – respondió Ángelo, tratando de ayudar junto con Hyoga a Camus que cojeaba.

- ¡Ah, no, ustedes se quedan! – la chica sacó una bazuca, se colocó en posición y la disparó. En segundos una gran red salió de ella, alcanzando y atrapando a los santos.

- ¡Auxilioooo! – lloraba Aioria mientras Saga se reía al ver semejante escena.

- ¡Se quedaran hasta que les de besos a todos! – Athena se carcajeó, colocando un pie sobre el bulto de caballeros. - ¡Antes de que llegaran Santa pasó por aquí y me regaló esta bazuca atrapa osos grizzli! ¿Sabían que también fue cazador? ¡Me dijo que le sacaría provecho y por Zeus que lo haré!

- ¡Noooooo! – se oyeron los gritos dentro del templo y sobre el recinto de Sagitario sobrevoló el trineo de Santa Claus.

- ¡Feliz navidad todos! ¡Ho-Ho-Ho! ¡Vamos, Rodolfo, a casa! – ordenó Santa y el trineo desapareció.

Fin

¡Hola!

Lamentamos la tardanza pero surgieron demasiados imprevistos xD Amm esperamos que les haya gustado nuestro especial hahaha

Con respecto a nuestra aparición en el fic… ¡déjenos! También tenemos sueños frustrados haha

Haha obviamente no íbamos a poner todos los países del mundo hahaha fueron sólo los que se nos ocurrieron haha

Como se darán cuenta tiene muchas cosas de algunas películas haha como del grinch y más hahaha hasta de wikipedia haha xD

Pero bueno, esperamos que les haya gustado aunque sea un poco ^^ esperamos que tengan un excelente año y les mandamos nuestros mejores deseos :D Con respecto a nuestros otros fics, no se preocupen, los actualizaremos pero no creemos que en estos días xD verán al parecer el 2012 se llevó toda nuestra imaginación haha así que esperaremos a que las musas regresen haha

Muchas gracias a todos por sus reviews :D los leímos todos y son geniales ^^

Pd: Sí, Ana, tú también apareciste en nuestra historia hahaha no pusimos a Ángelo normal porque sabíamos que las tres nos pelearíamos a muerte por él hahahahaha esperamos que te haya gustado este fic :D

¡Te queremos, chicuela! Coffcoffacualizaahora,malditacoffcoff

¡Nos leemos!