¡Hola de nuevo! Sí, lo sé, ha pasado tiempo, demasiado, y no me gusta dejar historias a medias, y sé lo que se sufre al seguir una historia que te gusta y que no actualicen durante mucho tiempo. ¡Pero (por fin) estoy motivada para continuar! Aunque no tengo perdón por haber tardado tanto, así que debo una grandísima disculpa para los que me leíais ;n;
Bueno, ¡a contestar reviews!
Jackce: Como ya he dicho antes, siento muchísimo haber tardado tanto en escribir ;_;
Misaki-chu: ¡Mil gracias por el tomate y la galleta! w Tranquila que habrá germancest ;) Liet es un buenazo, un amor, y Bela… *ejem* ya sabemos cómo es XD
Youko Saiyo: ¡Aw gracias! Aunque no prometo nada, en la WWII se sufrió mucho, y en las manos de Ru-ru, el comunismo, ya se sabe…
PreuBen-Prussia: asdfghsdfgh gracias! *se le une en una croqueta conjunta XD*
Ann Aseera: ;w; prometo continuarla sin pausa hasta acabarla!
Y que puedo decir acerca de este capítulo… Me ha costado lo suyo. Debido a la falta (o olvido) de ideas, he tenido que cambiar un poco la forma de narrar los sucesos, pero la historia es la misma que la del principio. Quizás es un poco corto, pero me reservo chicha para el siguiente capítulo :33 Sí, habrán más, ¡y pronto, lo prometo!
Como siempre, muchas gracias por leer~, ¡y todo review es bien recibido! n.n
Capítulo dos: Dos semanas sin ti
Unos dedos finos pero firmes le apartaron el flequillo del rostro.
- Bruder, despierta.
Abrió los ojos, adormecido. Todo estaba bañado por una extraña pero cálida luz. Miró hacia arriba, hacia el adolescente que le acunaba entre sus brazos. Su pelo blanquecino me mecía con la leve brisa, igual que la hierba alta a su alrededor. Sus ojos rojizos le observaban con cariño.
Se frotó los ojos con sus manitas infantiles.
- No… no me he dormido. Solo he cerrado los ojos... un rato.
- Jajaja, no intentes engañar al asombroso yo, brud - sonrió ampliamente como solía hacer en aquella época -. No pasa nada, ya hemos llegado.
Se aferró en su hombro. No, no quería ir allí, a aquel castillo con el resto de niños. Sabía que su hermano iría a la guerra, y quizás no volvería. No podía permitir que le hicieran daño, ¿quién cuidaría de él entonces? ¿Quién le contaría esas maravillosas historias antes de dormir? ¿Quién sino su hermano…?
- ¡BRUDER!
Estaba incorporado en su cama. Sudaba, tenía la respiración entrecortada. Se pasó la mano por la frente, echándose el pelo hacia atrás.
Había sido solo un sueño. Uno muy real. ¿O tal vez recuerdos olvidados de su infancia? Quizás su subconsciente, estresado por la guerra, por el secuestro de Gilbert. No había manera de saberlo.
Pasó la mañana ocupado, intentando no pensar demasiado. Después de todas las visitas de rigor a sus superiores, supervisar entrenamientos militares y comer ligeramente, se arregló como es debido para la reunión de la tarde.
Apenas tocaban las cuatro de la tarde, y escuchó el ruido de motor de un coche acercándose a su propiedad. Antes de salir revisó su imagen en el espejo de la entrada, ajustando una medalla que se había torcido. Salió a recibir a sus invitados, sus vecinos y familiares.
Un oficial abrió la puerta trasera del vehículo, de donde bajó primero el austríaco, Roderich Edelstein, con un elegante traje azul y blanco, botas altas y guantes de seda. Le tendió la mano a la mujer que le seguía, la húngara Elizabeta Héderváry, quien a pesar de también vestir un precioso vestido elegantemente como su marido, su rostro no era del todo afable. Del otro lado del coche salió Feliks Łukasiewicz, el extravagante polaco.
- Querido Ludwig - saludó Austria primero, a lo que Alemania respondió con un apretón de manos.
- Bienvenido, Roderich. Bienvenida, Elizabeta - cortés como siempre, besó la mano de la húngara, quien desvió la mirada incómoda -. Por favor, pasad adelante y acomodaos - indicó con la mano.
- Luuuuuuuuuuuuuuudwiiiiiiiiii iiiiig - corrió Polonia alegremente hacia el alemán, quien le apartó bruscamente aferrándole por la chaqueta.
- ¿¡Qué haces aquí!? – susurró con enfado, el polaco pareció no inmutarse.
- Pues pasar la tarde contigo y Rode y Eli, comiendo dulces… - no le parecía extraño que un polaco pasara la tarde con dos germanos, a pesar de los tiempos en los que vivían.
- ¿¡Y la carta!?
- ¿Qué carta?
- ¡La carta de Toris! ¡Debías entregármela anoche!
- ¿Eh? ¡Ah! – pareció acordarse Feliks - Creo que la llevo encima.
- ¡Dámela!
- Pero, ¡quiero dulces! – rechistó el polaco.
- Tendrás los dulces que quieras, pero dame la carta, ¡ya!
El polaco tranquilamente rebuscó entre los infinitos bolsillos interiores de su chaqueta descolorida hasta encontrar el sobre arrugado. Ludwig se la arrebató enseguida. Quería leerla, pero no podía, no delante de Roderich, así que la guardó.
Durante toda la tarde no pudo pensar en otra cosa, aunque se esforzó en prestar atención a sus invitados. Apenas pudo apreciar la hermosa melodía que el austríaco interpretó a piano, y ni siquiera respondió a las adornadas ofendas con las que se burlaba de Prusia. Quiso entablar conversación con Hungría, sin éxito, parecía que la mujer no quería relacionarse con nadie. Ludwig achacó su apatía a problemas matrimoniales. Feliks se dedicó completamente a engullir pastelillos y una enorme variedad de dulces y chocolates.
El alemán por fin pudo respirar tranquilo cuando se marcharon antes de la hora de la cena. Con los platos de la mesa sin recoger, sin desabrocharse ni un botón del incómodo traje, se dejó caer en el sofá y desplegó desesperado los tres folios de papel.
La carta decía lo siguiente:
23 de abril de 1945
¡Hallo, Lud!
¡Qué rancios son estos soviéticos! Por lo que he escuchado algunos no tienen ni para pagar el gas, van de fuertes pero son unos pobretones. ¡Así que aprovéchate y dales caña!
Ludwig esbozó media sonrisa. Su hermano y su increíble manía de explicarlo todo a su increíble manera.
Aunque no te pases con ellos, Lud. Son gente muy retorcida. ¿Sabes que me dan de comer pollo? POLLO LUD, ¿¡POR QUÉ POLLO?! Malditos y crueles comunistas.
- Desde luego, hay que tener cuidado con la despiadada Unión Soviética – comentó en voz alta, divertido, pero le dolía el saber que su hermano no se estaba alimentando bien.
Por cierto, no te habrás comido a Gilbird, ¿verdad? Cuídale bien, ¡tiene que estar en forma para cuando vuelva!
Miró la jaula del pajarillo, al otro lado del comedor. Se encontraba perfectamente, pero desde que Gilbert marchó a Könisberg no cantaba. También le echaba en falta. Pasó a la segunda hoja.
Casi no salgo de esta porquería de cuarto. Solo a veces me dan un paseíllo por ahí, no gran cosa, hace frío y prefiero quedarme en mi cutre-cama calentito. Pero tú tranquilo, no te preocupes por mí, lo tengo todo bajo control.
Eso aún le preocupaba más. A pesar de que no escribía con mensajes entre líneas a propósito, Alemania sabía que a su hermano no lo tratarían bien. ¿Le estarían interrogando? No, no quería pensar en ello, era demasiado doloroso. Apartó los dos primeros folios y leyó el último.
Me da cosa que Toris me mire cuando me ducho. Bueno, no me mira, claro, pero no se, es raro tener a un hombre en el lavabo cuando estoy desnudo. Sabes a lo que me refiero.
Por supuesto que era normal tener miedo al estar rodeado de esa gente, pero era demasiado arrogante para demostrarlo.
No le des mucho chocolate al polaco, a ver si los locos de arriba se van a molestar o algo. Y si es así que se jodan, oye. ¿Cuándo se les acabará la tontería esta del nazismo?
- Yo también estoy cansado de la guerra…
No le gustaba esta situación. Tantas muertes sin sentido, tanta tristeza…
Seguro que el señorito estirado se está riendo de mi, como si no lo conociera. "El tonto de Prusia se ha dejado capturar", me lo veo diciéndolo a todo el mundo.¡ Cuando lo veas, dile de mi parte que se puede tragar sus palabras porque pronto sabrá como el asombroso Prusia venció! ¡Jajajajaja!
Desde la URSS, ¡brindemos por el valor de
Gilbert Beildsmicht, el awesome Prusia!
- ¿Valor? – se alarmó Ludwig -. Brud… Espero que no hagas ninguna estupidez…
