¡Y he aquí el tercer capítulo! Y como siempre, lo primero son los reviews :333 ¡Gracias a todos los que me seguís leyendo! ;www; *llora emocionada*
Ann Aseera: yiss, Gilbo-kun va a ser awesome y… *cof cof spoiler XD* No se si me seguiréis apoyando después de este capítulo… :_D La verdad es que Polonia me cae fatal XDDD Y no se por qué pero me divierto muchísimo escribiendo sus escenas ._.
Jackce: +1 a lo de Estúpido y sensual Prusia : DD Se qué fue corto el capítulo respecto a los demás, lo hice así a propósito porque éste será más largo :3
DarkLady-Iria: Aw gracias! w Por suerte los ánimos han vuelto (y espero que no se vayan *los tiene secuestrados (?)*), así que verás acabar la historia pronto :333
Debo decir que aunque adooooooro al awesomoso pru-pru, no me arrepiento de nada por haberle hecho sufrir tanto… No digo nada más, mejor seguid leyendo~
Capítulo tres: Tres semanas de cautiverio
30 de abril de 1945
Lud, Lud, Ludwig, Lud.
Al Ivan éste, de tanto beber el agua alcoholizada esa, se le ha ido la chaveta. No va el tío y me dice que le diga tus puntos débiles, así de gratis, ¡ja! ¿Puedes creerlo, brud? Qué se ha creído el "sovieta" éste, ¡nadie puede sonsacarle información al increíble yo!
- ¿Lo has anotado, Eduard, da~?
El estonio asintió tímidamente, apilando el folio recién terminado de la máquina de escribir, junto a otros cinco más.
- S-sí, señor Iván, e-está todo escrito c-como me pidió…
Rusia esbozó una amplia sonrisa y se quitó los sucios guantes de cuero.
- Toris, limpia todo esto, ¿da~? Raivis, ven.
El asustadizo letón miró de reojo al lituano antes de salir del despacho. Al cerrar la puerta tras de sí, por fin los otros dos bálticos pudieron respirar tranquilos.
No hizo falta que uno le dijera al otro qué hacer a continuación. Mientras Estonia abría un armario y sacaba pequeñas botellitas y esparadrapos, Lituania se arrodilló junto a Prusia, que yacía en el suelo de costado.
A pesar que había presenciado y vivido la brutalidad de su señor Rusia anteriormente, esta vez parecía haber disfrutado con el albino.
Gilbert apenas estaba consciente. Aún podía oír, pero su vista estaba nublada y su voz desgarrada después de haber gritado durante horas. Notaba arder su espalda como si un fuego vivo hubiera arrasado su piel, el cuello le escocía irritantemente a causa del collar de hierro oxidado, mientras los muslos se cubrían de grandes hematomas que iban en aumento cada vez más. Los dedos le cosquilleaban a causa de la dificultad de la sangre para circular por las muñecas atadas con una cuerda gruesa y áspera.
- Gilbert, voy a incorporarte para quitarte la… camisa – explicó con voz tranquila Toris, aunque de la ropa del pruso poco había quedado sin destrozar.
Apoyó una mano en su hombro y lentamente le ayudó a incorporarse. Eduard se acercó con unas vendas limpias y un botellín de alcohol. El lituano apartó los jirones de tela de las heridas de la espalda, de la que aún brotaba sangre, aunque no tanta como una hora atrás.
- Quizás esto te duela un poco… - avisó antes de empapar el esparadrapo con alcohol y rozar suavemente el enorme latigazo que empezaba en el hombro derecho y acababa casi en el glúteo izquierdo.
Prusia habría chillado y maldecido al lituano si hubiera tenido fuerzas, pero lo único que pudo hacer fue estremecerse. Estonia cortó la cuerda de sus muñecas y le puso en sus labios un tosco vaso de madera.
- Bebe, te aliviará el dolor.
Prusia obedeció sin rechistar, a pesar de que era el vodka que tanto odiaba. Toris continuó desinfectando los arañazos de la espalda mientras Eduard comenzó a limpiar con un paño húmedo la sangre esparramada por la alfombra.
Una vez vendadas las heridas de la espalda, Lituania se sentó de rodillas frente al pruso, y envolvió en un paño unos cinco trozos de hielo. Le apartó un poco el pelo de la frente y se lo puso encima del ojo.
- Esto ayudará a… a que baje la hinchazón - dijo con el mismo tono sosegado.
Prusia le miró aunque su vista estaba nublada y sólo veía unas figuras borrosas. Intentó hablar pero de su boca solo salió un bufido extraño.
Si es que el ruso será un armario por fuera, pero se hizo caquita en cuanto le dije las cosas como tenían que ser. Por algo soy una nación superior.
Le despertó el chirriar de la puerta, que ya conocía sobradamente.
- Guten Tag, Toriiiii-yaaaaaaaaaaaaaaawn – saludó desperezándose y bostezando.
- Rápido, Gilbert, vístete – apremió el lituano, recogiendo deprisa la ropa del pruso y ordenando el cuarto.
- ¿Por? ¿Qué pasa?
Toris se volvió hacia él, sonriente.
- El señor Rusia… ¡Ha marchado a la guerra!
Parece que por fin se han dado cuenta de lo importante que soy y me tratan como tiene que ser, como un señorito. Y por lo que he visto a la niña le gusto, ¡kesesesese! Aunque tiene muy mal genio y no acepta las bromas, la muy sosainas.
Un par de días después del "interrogatorio", Iván se fue. A dónde, Irunya dice que a por provisiones, Natalya que a por más "cerdos", los bálticos creen que fue a luchar a la guerra contra los nazis. Sea como fuere, Gilbert por fin pudo circular libremente por la gran casa, sin cadenas, sin miedo…
Era media mañana, y Prusia decidió ir a la cocina a por algo de almuerzo. Había desayunado antes, pero no era él quien pagaba la comida, y ¿por qué no aprovecharse y llenar el estómago?
Le llegó un olorcito muy agradable en cuanto abrió la puerta.
- ¡Huele a bierr!
La joven rubia ni se inmutó y siguió afilando el gran cuchillo de cocina. El pruso se sentó en la pequeña mesa que había junto a la pared, observándola.
Aunque su cuerpo era delgado, debido a la guerra, supuso, emanaba de ella una belleza natural, pero había algo, no sabía decir exactamente el qué, que le daba un aspecto casi aterrador.
Ella se giró, cuchillo en mano.
- ¿Querías algo? - dijo secamente.
- Eh, sí, eh… - enseguida se recompuso Gilbert - Mi desayuno.
- Ya has desayunado.
- Bueno, pero tengo hambre – respondió altivamente.
- La comida no estará lista hasta el mediodía – Natalya se dio la vuelta y siguió con su tarea – Da gracias a que el blando de Toris – al decir el nombre del lituano clavó el cuchillo en la tabla de madera – te da un sitio en nuestra mesa. Si Vanya estuviera aquí…
- Pero no está aquí – Prusia se levantó y se dirigió hacia ella– Y hasta que vuelva, eso si vuelve…
- Volverá – afirmó la bielorrusa firmemente.
- … Yo seré quien mande aquí – continuó el pruso, ya junto a Bielorrusia -, así que si quiero desayunar dos veces, lo- ¿¡Pero qué-!? – se interrumpió bruscamente al ver lo que había encima de la tabla.
- He escuchado que te gusta el pollo…
- Sí, pero, ¡NO! ¡No así! Oh, Mein Gott… - se dio la vuelta enseguida y se tapó los ojos. La visión de un pobre pollo, sin cabeza, sin plumas ni piel, de pie en una bandeja de horno, sobre sus patas traseras, y con una botella metida en su interior… - ¡E-eres una mujer cruel y despiadada! ¿¡Cómo puedes hacerle eso a una pobre criaturilla…!?
- Oh, lo siento mucho, ¿te ofendí? – dijo ella con exagerado sarcasmo – Si quieres tomar una cerveza fresca…
Gilbert ni siquiera miró la cerveza que le ofreció Natalya, que sonrió maliciosamente y esperó a que el pruso se la llevara a los labios.
- Por cierto, un botellín como ese fue el que le metí a ese pollo por el trasero.
Por cierto, Lud, tú que sabrás más de esto que yo… ¿Cuándo un hombre y una mujer hacen… ehm… ya sabes, pero no por donde se hace, sino por el otro lado, se sigue siendo virgen? Pero no es por nada que haya hecho yo, sino… por un amigo, que me lo ha contado y… Bueno, eso. Yo sigo siendo virgen, claro. ¿Cómo puedes siquiera pensar eso?
Estaba en la ducha, el agua salía bastante fría pero ya se había acostumbrado. Canturreaba feliz una vieja melodía que le había enseñado el viejo Fritz. Oyó abrirse la puerta del baño.
- ¡Eh, eh, Toris, que aún no he acabado! – se quejó Prusia – Dame un poco más de…
La cortina se deslizó a un lado, y sus ojos rojos se encontraron con los aterradores ojos azules de la bielorrusa. Gilbert no pudo evitar un pequeño chillido y se cubrió sus regiones vitales con ambas manos.
- ¡P-pero qu-!
Natalya le silenció con sus labios, manteniendo su mirada fija en él. Gilbert quería apartarla, pero si lo hacía quedaría completamente al desnudo frente a una mujer, cosa que nunca había sucedido. Así que se quedó inmóvil. La bielorrusa se apartó unos centímetros y antes de que pudiera decir algo el pruso, le puso un dedo en el labio inferior.
- Habla fuerte o grita y te arrancaré Königsberg de cuajo.
Gilbert tragó saliva.
- ¿Q-que quieres? – susurró.
- No sé qué ve brat en ti… - dijo mirándole fijamente – Ni siquiera eres buena mascota.
- Hey, el asombroso Prusia no es ningún perro – se defendió él – En todo caso, un adorable pollito.
- Ah, claro – pareció entender ella -, como mi pollo a la bielorrusa.
Y de un empujón seco lo hizo caer de espaldas sobre el duro suelo cerámico de la ducha. Por suerte sus heridas en la espalda habían comenzado a cicatrizar y no supusieron gran dolor, no como el que vino después.
Sin darle tiempo a reaccionar ni a cerrar el grifo, Natalya se tumbó encima de Gilbert, sin importarle que su vestido azul se empapara. No se puede decir que volvieron a besarse, porque lo anterior no fue un beso, ni esto tampoco, solo una boca que intenta acallar los gritos de la otra.
Sin caricias previas ni muestras de amor, Bielorrusia fue directa: su mano se deslizo por la entrepierna del pruso, pero pasó de largo ignorando sus regiones vitales. Gilbert, quien por un segundo creyó que su dignidad se había librado de ser mancillada, empezó a temer lo peor cuando notó la mano de la bielorrusa en su trasero.
Con una mano intentó apartarla pero Natalya parecía ser más fuerte que él y le sujetó la muñeca por encima de su cabeza. No podía mover la otra mano, su vergüenza no lo permitía. Y cuando un dedo se introdujo bruscamente en él, y después otro y otro más, Prusia supo que, como le gustaba decir a Kiku, estaba siendo "ukeado".
La comida soviética no es buena, brud. No se qué me han dado de comer, pero voy de vientre más de lo habitual. Por la comida, no por otra cosa.
A ver si acaba ya la maldita guerra y vuelvo a casa. No es que quiera volver, es por Gilbird, necesita verme, lo se. Y tú también, si es que no puedes vivir sin mi.
Cuida de él, ¿vale?
Desde el culo del mundo comunista,
Gilbert Beildsmicht, Reino de Prusia
Solo debo añadir una cosa: lo del pollo a la bielorrusa es cierto, podéis buscar en Google la receta, es realmente… perturbadora XD Pobres pollos XD Y si habéis leído antes mi anterior fanfic Froeh Weihnachten, ahora entenderéis el final :3
SPAM
Cada vez que lees y no dejas review, un pobre Prusia es ukeado cruelmente por soviéticos. ¡Deja un review, por pru-pru!
FIN DEL SPAM (xD)
