-Espero que Mike llegue pronto -dijo-. Estoy muerta de hambre.

Enseguida se arrepintió de sus palabras. Edward acababa de pasar la tarde fotografiando a una modelo escuálida y ella, que tenía un trasero descomunal, sólo podía hablar de comida.

-Bueno, muerta de hambre no, pero sí algo hambrienta -intentó enmendar.

No conseguía decir ni hacer nada bien con él delante.

Y de pronto eso ya no importó, porque ya no estaba delante de Edward, sino rodeada de oscuridad.

-¿Qué narices...? -preguntó él. Bella pensaba lo mismo.

Capítulo 4

-¿Edward? -preguntó ella con pánico en la voz.

-Estoy aquí -se levantó, ciego en la oscuridad, y se golpeó las espinillas con el arcón. Dejó el vaso de vino allí con mucho cuidado.

Y menos mal que lo hizo, pues Bella se agarró a su brazo con dedos temblorosos.

-Perdona. La oscuridad y yo no nos llevamos bien.

Edward avanzó despacio, tocando los muebles, hasta que llegó a su lado. Nunca había conocido una oscuridad tan absoluta. No la veía, pero sentía el calor de su cuerpo, olía su perfume y sentía su energía en la mano que le agarraba el brazo.

-¿Alguna mala experiencia? -le preguntó.

La joven soltó una risita temblona.

-Cuando tenía cuatro años me quedé encerrada dos horas en un armario por curiosa. Me sentí aterrorizada. Desde entonces me da pánico la oscuridad.

Volvió a reírse, como si quisiera enmascarar el nerviosismo que resultaba patente en su voz. Edward le tomó la mano.

-No pasa nada, yo estoy aquí. ¿En este edificio se va la luz a menudo?

-Ha pasado dos veces antes, pero era de día - la voz de ella sonaba más segura, menos asustada, y su mano era más firme. Intentó estoy bien.

Su respiración jadeante la traicionaba. No estaba bien, pero hacía lo imposible por dar esa impresión. Edward resistió el impulso de estrecharla en sus brazos y prometerle que todo iba bien. En lugar de eso, se contentó con apretarle la mano con más fuerza.

-Pues yo no -respondió-. Veo menos que un murciélago. ¿Dónde está tu linterna?

Ella se volvió hacia él y le rozó el hombro con la mejilla, gesto que aceleró el corazón de Edward. Era una agonía estar tan cerca, tocarla y olerla.

-No tengo. Se rompió en la mudanza y he olvidado comprar otra -su aliento rozaba el cuello de él y su cabello le acariciaba la mandíbula.

-Está bien. No hay linterna. Cambiemos de planes. ¿Dónde hay una ventana?

Los dedos de ella se entrelazaron con los de él.

-En mi dormitorio. Hay una en el cuarto de baño, pero es pequeña.

-De acuerdo. Llévame a tu dormitorio -a pesar de la oscuridad, cerró los ojos al decir eso. En otras circunstancias...

-Por aquí -ella tiró de su mano y él chocó casi enseguida con algo duro..

-¡Ay! -era la pared.

-Perdona -se disculpó ella.

-Supongo que tú no has chocado contra la pared.

-No. Estoy en el umbral de la puerta.

-Andar a tu lado no funciona -declaró él-. Ahora iré detrás -le puso las manos en los hombros desnudos. En la oscuridad no le costaba nada imaginar que estaba completamente desnuda. Sus. hombros eran suaves, su piel cálida y elástica. Su aroma lo envolvía, lo seducía. Ansiaba estrecharla contra sí, bajar la cabeza y besar la piel delicada de su garganta y seguir luego por el hombro. Quería absorber su calor, su sabor... a ella.

El anhelo invadía su alma. Tenerla en sus brazos pero todavía fuera de su alcance era una crueldad. Él quería saborearla... se inclinó hacia delante y ella se movió levemente y se acercó más a él. Mechones de su pelo le rozaban la cara. ¿Qué narices hacía? Echó la cabeza hacia atrás.

-¿Edward? -preguntó ella con voz ronca.

-Dame un segundo para situarme -ropa, necesitaba tocar ropa-. ¿Mejor así? -sujetó las caderas de ella justo debajo de la curva de la cintura como habría hecho si estuvieran bailando la conga... o haciendo el amor desde atrás.

-Así está bien -la voz de ella sonaba tensa. 0 quizá era su imaginación, ya que aquella proximidad lo tenía atontado.

-De acuerdo. Tú guías -sabía que hablaba con brusquedad, pero prefería que lo considerara grosero a salido.

Caminó detrás de ella, agarrándole con firmeza las caderas, intentando ignorar el modo en que oscilaban bajo sus dedos. ¿Qué pensaría Bella si sabía que, mientras ella combatía un ataque de pánico, él se excitaba sólo con tocarle la mano e inhalar su aroma cada vez que tomaba aire?

En la habitación detrás de ellos sonó el móvil de Bella. Ella vaciló y se volvió un poco en dirección al sonido. Edward se agarró a ella con más fuerza.

-Sigue andando. Es imposible que llegues a él antes de que salte el contestador. Y seguramente nos daríamos algún golpe por el camino.

Prosiguieron su recorrido a oscuras. Casi inmediatamente, el móvil de Edward vibró en su costado.

-Espera. Me llaman -sacó el móvil y lo abrió con una mano, pero dejó la otra en la cadera de ella-. ¿Sí?

-¿Estás con Bella? -preguntó la voz de Mike.

-Sí. Está aquí.

-Acabo de llamarla y no contesta.

-Su apartamento se ha quedado a oscuras y no ha podido contestar a tiempo. ¿Dónde estás tú?

-En la galería de arte. Aquí tampoco hay luz.

-¿Y por qué estás allí? ¿Qué pasa?

-No creo que nos hayan sitiado, si te refieres a eso. Creo que es un apagón como el que tuvimos hace un par de años. Yo me he retrasado un poco porque tenía que aclarar algunas cosas con Richard y de pronto ha pasado esto.

Edward agradeció la oscuridad porque así Bella no podía ver su expresión. Le importaban un bledo los detalles de Richard y Mike, pero si éste hubiera llegado con la cena como había prometido, él no estaría ahora sujetando la cadera de Bella en la oscuridad. A solas con ella. Con muchas tentaciones.

-Excelente. ¿Cuánto tiempo crees que tardarás en llegar? -preguntó, esforzándose por mantener la voz neutral.

-Nos hemos quedado encerrados. Al irse la luz se ha bloqueado el sistema de seguridad.

Aquello iba cada vez mejor.

-¿Estáis encerrados en la galería de arte?

-Sí -Edward oyó el murmullo de otra voz de hombre al fondo, seguida de la risa de Mike-. Oye, no hace falta que te quedes con Bella. Seguro que no le pasará nada.

Edward sintió una oleada de furia contra su amigo. ¿No sabía, o no le importaba, que la mujer con la que se había prometido estaba aterrorizada de la oscuridad mientras él coqueteaba con su nuevo amante? ¿Por qué estaba con Richard en lugar de haber ido al apartamento de Bella como había prometido? ¿Y por qué tenía que usar un tono de propietario para decirle que no hacía falta que se quedara con ella? Y, desde luego, él no le iba a decir nada de todo eso con ella escuchando.

-Claro que me quedaré con ella hasta que vuelva la luz. No se me ocurriría dejarla sola.

La joven se acercó más y él le apretó más la cadera sin pensar. Aquello no iba por buen camino. ¿Cuánto tiempo podría estar encerrado en aquel apartamento con aquella mujer que lo volvía loco?

-No. He dicho que no necesitas quedarte - dijo Mike con brusquedad.

Pero Edward no quería que Bella supiera que su prometido era tan poco considerado que prefería que Edward la dejara sola en un apagón. Era mejor para ella que el egoísta de su amigo pareciera un novio considerado.

-No lo pienses más. No me iré hasta que vuelva la electricidad.

-Como quieras. Si te apetece hacer de caballero andante... -comentó Mike.

Edward colgó el teléfono y lo devolvió al bolsillo.

-Era Mike. Está bien. Cree que esto es un apagón. Está atrapado en la galería con el pintor de acrílicos. Al parecer, el sistema de seguridad los ha dejado encerrados.

-Sé que te ha pedido que te quedes, pero no hace falta que hagas de canguro. No me pasará nada.

Aquello era toda una ironía. Edward nunca había deseado tanto salir de un sitio, pero sabía que a ella no le gustaría quedarse sola y que él no iba a dejarla.

-Ya sé que no tengo que quedarme por obligación, pero prefiero no tener que ir a mi casa si no funciona el metro. ¿Te importa que me quede hasta que vuelva la luz?

-En absoluto. Si tú quieres quedarte, a mí me gustaría que lo hicieras.

-Entonces está decidido. No te librarás de mí hasta entonces.

La risa de ella sonó más relajada y Edward supo que había hecho lo correcto.

-Está bien. Parece que estamos atrapados el uno con el otro.

Edward no supo cómo ocurría, pero en ese momento ella se movió, él se movió... y su mano se posó en el pecho de ella. Por un momento, se quedó tan atónito que sólo pudo permanecer allí de pie, con la mano en el pecho femenino y el pezón duro contra su palma.

La atmósfera se hizo más densa. Una descarga sexual palpitaba entre ellos. Por un momento, él habría jurado que ella apretaba el pezón endurecido contra su mano. Lo invadió el deseo y su universo quedó reducido a la sensación del pecho en su mano y a la excitación que lo mantenía rígido. Bella emitió un sonido inarticulado que él no supo si era un gemido o una protesta, pero que le produjo el efecto de un jarro de agua fría.

Apartó la mano.

-Perdona. Ha sido un accidente

-Claro que sí. Estoy segura de ello. Tú nunca...

-¿Estamos muy lejos del dormitorio? -preguntó él, con una voz tan tensa como su cuerpo.

-Edward...

¿Pensaba que sólo tenía que tocarle el pecho y estaba más que dispuesto a tumbarla en la cama y aprovecharse de ella? ¿A acariciarla y besarla hasta que estuviera tan inmersa en su pasión que se olvidara de la oscuridad? Pues si pensaba eso, tenía razón. Y si hubiera sido su chica, habría hecho justamente eso. Pero no lo era.

-La ventana. ¿No está la ventana allí?

-Sí.

Recorrieron el corto pasillo hasta el dormitorio, pasaron a lo largo de la cama y llegaron a la ventana. Bella descorrió las cortinas y levantó la persiana.

La ciudad estaba inmersa en la oscuridad... un cielo oscuro con las sombras de los edificios más oscuros contra él. En la distancia se veían edificios iluminados por generadores propios, a modo de centinelas relucientes que guardaran la ciudad. A lo largo de la calle, la gente se alumbraba con velas, linternas o con los faros de los coches.

A pesar del ruido apagado de la gente y el sonido inevitable del claxon de los coches, la oscuridad los aislaba, encerrándolos en la isla del apartamento de ella, apartados del resto de la civilización.

Nubes oscuras cruzaban el cielo, tapando la poca luz que podía haber salido de allí.

-Va a haber tormenta -dijo ella.

-Eso parece. ¿Tienes velas?

-No tengo linterna, pero sí muchas velas.

Le soltó la mano y se volvió. La mesilla estaba a poca distancia de la ventana. Abrió el cajón y palpó dentro. Sacó un encendedor.

Encendió una vela que había al lado de la cama. Cruzó la estancia y encendió dos más colocadas en candelabros de pared y que flanqueaban un cuadro de una mujer semidesnuda reclinada en un diván. Era muy sensual. Como ella. Como la habitación.

Una cama enorme dominaba la pared de la ventana. Encima había un edredón de tonos rojo, canela y dorado. Contra el cabecero se amontonaban cojines a juego. Una cómoda con espejo ocupaba el espacio de la pared entre la puerta del dormitorio y el armario. Bella se acercó a un candelabro de tres brazos que había sobre la cómoda y se volvió a mirarlo sonriente.

-Ya te he dicho que tenía muchas velas.

A la luz de las velas resultaba aún más hermosa, pues las llamas temblaban en sus hombros desnudos y lanzaban sobre el valle entre sus pechos sombras misteriosas que él ansiaba explorar. El perfume de las velas los envolvía en aromas exóticos que conjuraban imágenes de sexo ardiente, imágenes que combatían sus reservas y lo dejaban convertido en un hombre que sufría por la mujer a la que deseaba y no podía tener. Ella tenía los labios entreabiertos y Edward habría jurado que sus ojos mostraban un ardor recíproco.

-No deberías encenderlas todas. No sabemos el tiempo que puede durar el apagón -nada como un poco de crítica para disipar una atmósfera cargada.

-Tengo muchas. Me gustan las velas.

-¿Tienes también una radio con pilas para que podamos enteramos de lo que pasa ahí fuera? - preguntó él. Definitivamente, había llegado el momento de volver al mundo real. Necesitaba estímulos externos para no embarcarse en otra fantasía sobre ellos dos.

-Mi radio portátil lleva pilas -contestó ella.

Levantó la radio de la mesilla y la encendió. No sucedió nada.

-Las pilas deben de estar agotadas -dijo él.

Bella arrugó el ceño un momento.

-Ya sé -dijo.

Buscó en el cajón de la mesilla y sacó... el vibrador más grande que Edward había visto nunca. Aunque, en realidad, él nunca había visto un vibrador antes. Y era bastante... grande.

-Edward, te presento a Tiny.

Tiny resultaba bastante amenazador desde el punto de vista de un hombre. Ella desenroscó la parte inferior, sacó dos pilas y volvió a colocar la tapa. Guardó el vibrador en el cajón y sacó otro más pequeño, con un tubo más estrecho en la punta.

-Éstos son Enrico y Bob -agitó el juguete en dirección a él.

-Hum.

Edward tuvo que recordarse que debía respirar... pero no con mucho ruido. Aquello no iba nada bien. Debería haberla abandonado y haber salido de allí cuando tenía ocasión. Si antes pensaba que estaba caliente, ahora ardía de arriba abajo.

-Supongo que ya tenemos pilas suficientes -musitó.

Ella sacó dos pilas más y las echó sobre la cama con las otras.

-Ya está. Cuatro pilas. Y te prometo que funcionan todas. ¿Por qué no se las pones a la radio?


Vale actualizando quiero reviews. 40 y actualizo lo mas pronto posible xD ya saben que cumplo
¿Que les ha parecido el capitulo? Chicas ya saben gracias por tomarse la molestia de dejar un comentario

AraXo