Tiny resultaba bastante amenazador desde el punto de vista de un hombre. Ella desenroscó la parte inferior, sacó dos pilas y volvió a colocar la tapa. Guardó el vibrador en el cajón y sacó otro más pequeño, con un tubo más estrecho en la punta.
-Éstos son Enrico y Bob -agitó el juguete en dirección a él.
-Hum.
Edward tuvo que recordarse que debía respirar... pero no con mucho ruido. Aquello no iba nada bien. Debería haberla abandonado y haber salido de allí cuando tenía ocasión. Si antes pensaba que estaba caliente, ahora ardía de arriba abajo.
-Supongo que ya tenemos pilas suficientes -musitó.
Ella sacó dos pilas más y las echó sobre la cama con las otras.
-Ya está. Cuatro pilas. Y te prometo que funcionan todas. ¿Por qué no se las pones a la radio?
Capítulo 5
Tal vez se hubiera pasado un poco al presentarle a los vibradores por su nombre, pero lo había hecho, en parte por nerviosismo, y en parte por la desaprobación que notaba en el tono cortante de él. Según Mike, la altanería de Edward se debía a que era norteamericano de primera generación. Su padre, británico, había sido trasladado a Nueva York como conservador de un museo antes de que naciera Edward. A ella no le importaba a que se debiera, pero estaba harta de su actitud altiva. Y, si había de ser sincera, tampoco le gustaba que la afectara tanto. Cuando estaba con él no podía pensar en nada que no fuera sexo. Había estado a punto de hacer el ridículo cuando él le había puesto las manos en los hombros y después, cuando le tocó el pecho, le faltó poco para suplicarle que la poseyera allí mismo, contra la pared del pasillo. Edward hacía aflorar en ella una sensualidad que no había conocido nunca y cuya intensidad a veces la asustaba.
Edward puso las pilas a la radio en silencio. Sus manos no parecían muy firmes. A lo mejor aquella proximidad también lo afectaba a él.
La radio cobró vida...
-... y parece que el apagón se debe al aumento de la demanda debido al uso mayoritario del aire acondicionado con este calor. Por desgracia, ha fallado la electricidad en todo el estado y las autoridades no están seguras de cuándo volverá la luz. Parece que va a ser una noche caliente, así que quédense donde están y no se muevan. Debido al apagón, vamos a abrir las líneas para peticiones y dedicatorias que tengan que ver con el verano y el calor. Y supongo que dentro de nueve meses habrá muchos recién nacidos. Eh, de alguna forma hay que pasar el tiempo. Vamos a empezar con un clásico. Ama a aquel con quien estás.
Bella extendió la mano y apagó la radio.
¿Atrapada toda la noche con Edward en su apartamento? Intentó reprimir el pánico. Señales de peligro explotaron en su cerebro. Edward, ella, la luz de las velas... y ya tenía la sensación de que la temperatura en su apartamento había subido varios grados.
-Bien, podemos olvidarnos de la comida tailandesa -dijo-. ¿Tienes hambre?
Por supuesto, tenía que ser ella, la gorda, la que sacara el tema de la comida. Pero estaba hambrienta y al menos dejaba de pensar en sexo. Y en Edward. Y en sexo con Edward. Bueno, no dejaba de pensar, pero era cierto que tenía hambre.
Él sonrió y a ella la desarmó el brillo de sus dientes blancos en la penumbra.
-Estoy muerto de hambre. Podría comerme las uñas.
-No tengo mucha comida en casa. Hay una charcutería a menos de dos manzanas. ¿Crees que seguirá abierta?
-Debería. En el apagón de 2003, las tiendas de comida vendían barato porque no sabían cuánto tiempo duraría el apagón. Mejor vender la comida que dejar que se estropeara. Yo llevo algo de dinero encima. Vamos a intentarlo -sonrió de nuevo-. Y no me importaría comprar también unos carretes de fotos.
Por supuesto que no. Era fotógrafo y era normal que le apeteciera hacer fotos. Y también era increíble cómo cambiaba su actitud cuando hablaba de fotografía.
-Bien. Comida y carretes. Por mí de acuerdo -dijo ella.
Apenas acababa de hablar cuando vieron un relámpago, que fue seguido de un trueno. Empezó a llover a cántaros. Al parecer, esa noche no ocurría nada en pequeñas dosis.
-0 no. Me da lo mismo. Pero se acabó. No pienso planear nada más esta noche porque todo lo que planeo sale mal -Bella soltó una risita nerviosa. Tomó una vela gruesa y se dirigió a la puerta-. No tengo una despensa muy surtida, pero no será necesario que comamos uñas.
No dijo nada al ver que Edward apagaba las demás velas de la habitación antes de tomar la radio y seguirla. Tenía velas suficientes en el armario para que les duraran una semana, pero no tenía sentido discutir por eso.
Estaba más que dispuesta a enterrar el hacha de guerra, ya que parecía que iban a estar juntos algún tiempo.
De camino a la cocina, tomó su vaso de vino.
-Sería una pena desperdiciar un vino bueno.
-Ah, algo en lo que estamos de acuerdo -Edward cambió la radio por su vaso y la botella. Con el tamaño tan pequeño del apartamento, no tendrías problemas en oír la radio desde la cocina. La siguió y, unos segundos después, varias velas iluminaban su cocina minúscula.
-¿Qué es eso? -preguntó Edward.
Bella siguió su mirada hasta el frigorífico. En la semioscuridad, Peaches parecía más un felino salvaje que un gato.
-Es Peaches, mi gato. Le gusta ponerse encima del frigorífico. Es agresivo y sólo oye lo que quiere.
-¡Pobrecito! Tú también serías agresiva si te llamaras Peaches -Edward hizo un ruido de simpatía con la boca y levantó la mano para rascar al animal detrás de las orejas. Peaches le gruñó inmediatamente.
-No es muy amigable.
-Yo tampoco -Edward se apoyó en la encimera y se cruzó de brazos.
-Pues si crees que te voy a adoptar también a ti, olvídalo -sonrió ella-. Seguramente serías tan malhumorado y desagradecido como él.
-Seguramente -sonrió también él-. ¿Por qué lo adoptaste?
-Porque lo iban a sacrificar y porque me enamoré de él a primera vista -repuso ella-. Antes o después será mi amigo.
Edward enarcó las cejas con sorna.
-Me parece que eres una optimista.
-Puede que sí -ella abrió el frigorífico y pensó en sus opciones limitadas de comida-. El microondas y el horno no funcionan. Tengo pizza de ayer y puedo preparar una ensalada de fruta. ¿Qué te parece?
-Mejor que las uñas.
Bella se echó a reír. Sacó la comida y cerró la puerta del frigorífico.
-¿Siempre eres tan gracioso y entusiasta?
-Sí, excepto cuando estoy de mal humor - Edward tomó un sorbo de vino y ella casi pudo verlo retirarse, como si encontrara inaceptable aquella camaradería-. Ha sido muy mala suerte que sea Mike el que se ha retrasado y no yo.
Mike. Claro. Su prometido. Bella hizo girar su anillo con el pulgar. La embargó una oleada de culpabilidad. Desde la llamada de teléfono no había pensado en Mike. Se encogió de hombros.
-Es una urgencia y todos hacemos lo que podemos. Seguro que Mike preferiría no estar encerrado en la galería con el pintor de acrílicos. Y aunque a ti no te encante estar aquí, es mejor que quedarse encerrado en el metro.
Sacó la tabla de cortar, un cuchillo y un bol grande.
-¿Y por qué crees que no me encanta estar aquí? -preguntó él.
La joven empezó a cortar una piña. Estuvo a punto de decir que no era tan tonta como parecía, pero lo pensó mejor.
-¿Debo creer que te encanta estar atrapado en mi apartamento conmigo?
-¿Me creerías si te dijera que no hay ningún sitio donde me apeteciera más estar?
Algo en las profundidades de sus ojos la dejó sin aliento. Se echó a reír para ocultar su confusión.
-No. Creo que seguramente hay una larga lista de lugares donde preferirías estar, pero eres muy amable al decir eso.
-Sí, claro. Yo soy un tipo amable.
-Sé sincero. ¿No preferirías estar con tu chica? o si la sesión de fotos se hubiera prolongado un poco más, ahora podrías estar con Tanya.
Bella sabía que estaba indagando. Habían salido a veces en una cita doble con Edward. Y él había ido cada vez con una mujer diferente. Pero después de la sesión de fotos con ella, se había disculpado cada vez que Mike lo había invitado a salir con ellos.
Añadió manzana cortada en dados al bol y tomó un plátano. Sentía curiosidad por la vida amorosa de él. Aunque. sabía que no tenía nada que ver con ella. Pero si iba a seguir haciendo el amor con él en sueños, al menos podía estar un poco al tanto de su vida sentimental.
-No tengo chica y Tanya no es mi tipo -Edward se encogió de hombros.
¿Una modelo hermosa y delgada no era su tipo? Bella lo miró. A lo mejor era...
-Y no. No soy gay -continuó él-. Tanya es una mujer agradable, pero a mí no me gusta.
La joven sintió un alivio que a todas luces estaba fuera de lugar. Cortó una naranja. ¿Qué clase de mujer era su tipo? ¿Qué mujer gustaba a un hombre reservado como él? ¿Y por qué no tenía novia si era tan sexy?
-¿Y qué clase de mujeres te gustan? -preguntó.
-Nunca lo he pensado.
-Claro que lo has pensado. Todo el mundo tiene un tipo que le gusta más.
-Yo no tengo un tipo concreto.
Aquel hombre necesitaba soltarse un poco la mezcló la fruta en el bol.
-Claro que lo tienes. Apuesto a que si te paras a pensarlo, hay un tipo de mujer que te atrae, que te calienta la sangre.
-¿Esto es un juego, Bella? ¿Quieres que diga que me atraen las mujeres como tú? -preguntó él en voz baja y peligrosa.
¿No era eso lo que quería? ¿Saber que, después de todas las veces que se había retorcido y gritado su nombre en mitad de un orgasmo, que se había despertado húmeda y saciada, él no era completamente inmune a ella? Sí y no. El único juego era consigo misma, y era un juego peligroso. Apartó la vista de los ojos oscuros de él y sacó dos tazones del armario.
-No seas ridículo. Has dejado muy claro lo que piensas de mí. Simplemente me sorprende que no sigas con Lenore. Hacíais buena pareja.
Lenore había sido la acompañante de Edward la noche en que Mike le pidió matrimonio. Una rubia alta y soñadora cuyo físico se complementaba muy bien con el aspecto moreno y oscuro de Edward.
Cortó los trozos de pizza y se sentaron en la pequeña mesa de hierra forjado que había en el rincón.
Edward se encogió de hombros.
-Lenore es simpática. Por eso dejé de verla. Estoy en una situación de amor no correspondido y no me parecía justo salir con ella cuando mi corazón y mi cabeza estaban en otra parte. Eh, la pizza está deliciosa. Gracias.
-Me alegro de que te guste.
Bella sentía unos celos insospechados e irracionales al pensar que una mujer había conquistado el corazón altivo de Edward. Aquella mujer misteriosa debía de ser un parangón de virtudes. Hermosa, sofisticada, delgada, ingeniosa, y seguramente muy inteligente. Bella la odiaba ya. La odiaba por haber conquistado el corazón de él y por haberlo rechazado.
-Lo siento -murmuró-. Ésa es una situación difícil. ¿Quieres hablar de ello? ¿De ella? A veces, cuando lo hablas con alguien, las cosas no parecen tan desesperadas. Quizá yo pueda ayudarte a encontrar el modo de conquistarla. Puedo darte una perspectiva de mujer.
Mordió la pizza para no seguir diciendo tonterías. Edward la miraba por encima del borde de su vaso con expresión indescifrable.
-¿Me ofreces ayuda con mi patética vida amorosa?
Tal vez eso fuera la cura que necesitaba ella para superar aquella cosa que sentía por él. Asintió con la cabeza y tragó saliva.
-Sí. ¿Por qué no?
Él dejó su vaso vacío sobre la mesa.
-Es muy generoso por tu parte, pero ella no está libre.
-¿Está casada?
-No, pero tiene una relación seria.
Aquello la irritó. ¿Edward estaba enamorado de verdad o lo atraía la falta de disponibilidad de ella? La gente, sobre todo los hombres, siempre querían lo que no podían tener. Si una chica era tabú, enloquecían por ella.
-Hasta que no diga el «sí quiero», sí está libre. Tienes que decidir hasta qué punto te importa. Si estás dispuesto a pasar de otras relaciones, es porque debe de importarte mucho. Despierta, Edward. ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte quieto en un estadio célibe extraño...?
-Yo no he dicho nada de celibato -dijo él con tono altanero.
Bella levantó los ojos al techo.
-¡Oh, por favor! Si no sales con una mujer porque no quieres ser injusto con ella, es seguro que no te acuestas con nadie.
Era sorprendente cuánto le gustaba aquella idea. Por eso, quizá, se esforzó más aún por animarlo.
-¿Y te vas a mantener en un estado de celibato un par de años o el resto de tu vida porque ella tiene una relación pero no está casada? ¿Cuánto la deseas?
-Con todas las fibras de mi ser.
Su intensidad le produjo un escalofrío en la columna y le clavó un cuchillo en el corazón. ¿Por qué era tan tonta? A ella no le importaba nada a quién deseara o dejara de desear.
-En ese caso, es hora de pescar o tirar el cebo.
-Gracias por tu consejo. Lo tendré en mente. Aquello resultaba muy retorcido. El objeto de su afecto no correspondido, y prometida además de su mejor amigo, estaba sentada enfrente, bañada por la luz de las velas, con un top sexy que le dejaba al descubierto la espalda y los hombros y un pantalón corto, y le aconsejaba que intentara conquistarla. 0 por lo menos así había interpretado él la frase de la pesca.
Bella terminó su vaso de vino y volvió a llenarlo.
-Pues yo creo que deberías lanzarte. ¿Qué tienes que perder?
¿Qué tenía que perder si se lanzaba a por ella en ese momento?
-Nada, aparte de mi orgullo y mi autoestima -repuso.
-Es muy difícil abrazar esas cosas y acurrucarte con ellas en la cama. 0 disfrutar de un vaso de vino y un baño espumoso a la luz de las velas con ellas.
Edward luchaba por mantener una expresión de sorna mientras las palabras de ella creaban imágenes de ellos dos en su mente. La ironía de estar tomando un vaso de vino con ella casi fue más fuerte que él. Era masoquista continuar con aquella conversación. ¡Qué diablos!, simplemente estar allí era ya masoquista.
-Pero el vaso de vino se termina, las velas se consumen y el agua se enfría, por lo que quizá sea mejor optar por algo más duradero.
-Pero la vida es pasajera. El mañana puede no llegar antes de que se acabe el vino o se enfríe el agua.
-¿Estoy en compañía de una hedonista? - preguntó él, que recordaba bien la presencia de Tiny, Enrico y Bob en el dormitorio.
Ella se puso un mechón de pelo detrás de la oreja.
-La vida es corta y es una pena desaprovechar oportunidades. Esa mujer podría ser el amor de tu vida y tú la dejas escapar. ¿Y quién sabe? Tal vez sienta lo mismo por ti. A lo mejor simplemente no se ha dado cuenta. 0 es tímida y tiene miedo de decírtelo.
Edward se echó a reír. Ninguna de esas dos posibilidades podía atribuirse a Bella. Su aversión a la oscuridad era el único miedo que le había conocido.
-No creo que el miedo tenga mucho que ver con esa mujer.
Bella apoyó el codo en la mesa y apretó los labios. Se llevó un dedo a la comisura de los labios y lo miró pensativa. Tenía una boca encantadora, de labios llenos, pero sin ayuda de colágeno.
-A lo mejor lo tuyo es una especie de amor cortesano -chasqueó con los dedos-. Eso es. Los caballeros andantes sólo amaban a sus damas a distancia. A lo mejor te da miedo declararte porque en el fondo no te atrae físicamente. Quizá no sabrías qué hacer con ella si correspondiera a tu atracción -dijo.
Y se cruzó de brazos como si acabara de resolver un rompecabezas.
Los días de la infancia en los que Edward se veía a sí mismo como un caballero andante habían pasado hacía mucho. Los sentimientos que ella le producía no tenían nada de caballeroso. Ardía por ella. Y estaba harto de sus especulaciones. Ya era hora de que acabara aquella conversación. Conocía un modo seguro de darla por terminada y demostrarle lo equivocada que andaba con sus nociones románticas.
Pasó un dedo por el borde del vaso y le sonrió a través de la mesa, para que vislumbrara la pasión oscura que se agitaba debajo de la superficie.
-Yo no sé nada de amor caballeroso -dijo con deliberación-. Sé que, si tuviera ocasión, la poseería como un loco durante una semana.
Ella abrió mucho los ojos y tragó saliva, pero no apartó la vista.
-Oh. Bien... entonces...
Tal vez se había pasado un poco.
-Perdona si te he escandalizado.
Bella levantó la barbilla.
-Para nada. Yo creo que toda esa pasión es... sexy No creo que haya una sola mujer en el mundo a la que no le guste saber que su hombre la desea tanto que quiere... -se detuvo un momento- poseerla como un loco durante una semana. Siempre que, en algún momento de la semana, quiera también conversar un poco y aprender a conocerla durante el maratón de sexo.
En boca de ella, las palabras sonaban excitantes en lugar de ofensivas. Sobre todo porque las pronunciaba con aquel acento sureño meloso y un brillo especial en los ojos.
Edward estaba metido en el barro hasta la rodilla, pero al parecer le faltaba sentido común para dejar de hundirse más.
-Nunca he funcionado sólo a base de lujuria. Su cerebro y su personalidad me atraen también. De no ser así, sólo querría poseerla media semana.Y no lo haría a lo loco.
La sonrisa pícara de ella lo dejó sin aliento.
-Eres perverso, Edward.
Aquello era peor que hundirse en barro. Era un coqueteo sexual y tenía que terminar cuanto antes. Se echó hacia delante, atraído por el calor de los ojos de ella, embaucado por su sonrisa.
-Quizá mi amor languidece sin ser correspondido porque soy demasiado perverso para amar.
Ella se adelantó un poco y su rodilla rozó la de él, que sintió el contacto hasta la punta de los pies. Una sonrisa seductora entreabría los labios de ella.
-Eso lo dudo mucho. ¿No sabes que esa perversidad vuelve locas a las mujeres?
Lo único que sabía Edward era que ella lo volvía loco.
-¿Hablas por experiencia personal?
-Soy mujer, así que supongo que sí -había algo en sus ojos. Algo que decía que sabía lo malo que podía ser él y le gustaba a su pesar.
Lo cual era ridículo, ya que él se había protegido siempre de ella. Levantó las cejas en un gesto interrogante. Y ella parpadeó y su mirada cambió. Se recostó en la silla y pareció poner distancia entre ellos.
-¿Y qué haces con toda esa energía acumulada? -preguntó.
Aquella mujer era increíblemente curiosa, lo cual era una de las razones por las que él se había apartado de la esfera de Mike y ella. Por un momento pensó en decirle que se masturbaba mucho para ver si así conseguía que dejara de hacer preguntas, pero la táctica de intentar escandalizarla ya le había fallado una vez. Y además, no podía decidirse a hablar con tanta crudeza. Optó por la verdad.
-Corro mucho. En este momento, seguramente esté preparado para un maratón -se rió de sí mismo-.Y no subestimes nunca la eficacia de la ducha fría.
De hecho, una ducha fría le parecía una idea fantástica en ese momento. El sudor se pegaba a su piel, y la de ella brillaba con una capa fina de humedad. Tenía que estar enfermo para que el sudor de una mujer le pareciera sexy
-No sabía que corrías. Yo no entreno para maratones ni mucho menos, pero corro cinco días a la semana.
-¿También estás sexualmente frustrada? - preguntó él.
-No, tengo un trasero gordo -sonrió ella con una picardía que ocultaba cierta timidez. Edward iba a decirle que su trasero era perfecto, pero se contuvo-. Deberíamos correr juntos algún día.
-¿Por qué no? -asintió él.
-¿Qué te parece mañana?
-Dependiendo del tiempo que tardara en volver la luz, era posible que él sí necesitara correr al día siguiente.
-Trato hecho.
En la sala de estar sonó el móvil de se disculpó y se puso en pie.
Edward se quedó en la cocina para dejarle intimidad. Empezó a recoger la mesa. Sin el rumor del frigorífico, no pudo evitar oír su conversación a pesar de que estaba puesta la radio.
-Sí, mamá, estoy bien. No, no esta aquí. Lo ha pillado en la galería... No, no estoy sola. A un amigo de Mike lo ha sorprendido aquí el apagón. Sí. Es fotógrafo... No, no saben cuándo volverá la luz. No, no hay señales de vandalismo, pero sí, nos quedaremos en casa -bajó la voz-. Mamá, aquí las cosas no son tan estrictas como en casa y prefiero no quedarme sola... Sí, te llamaré luego.
Mike había ido a conocer a los padres de Bella después del compromiso, y después le había hablado de ellos a Edward. Muy conservadores, muy sureños, muy estrictos. Miembros de la aristocracia de Savannah, su padre era cirujano y su madre miembro vitalicio del club de jardinería. Habían comido en el club de campo.
Edward no tenía que ser muy imaginativo para saber que mamá Edwards había dicho a su hija que resultaba muy poco apropiado que estuviera a solas en su apartamento con otro hombre durante un apagón. Pero al menos ella llamaba para ver cómo estaba su hija. Edward dudaba de que a sus padres se les ocurriera esa idea.
Bella volvió a la cocina cuando él terminaba de enjuagar y meter los tazones en el lavavajillas.
-Mi madre ha oído la noticia en la CNN - dijo-. ¿Ya has recogido? Si no estuviera prometida, te guardaría para mí.
Sus palabras frívolas eran una daga en el corazón de él.
-Ah, pero está Mike; ¿verdad? -preguntó con frialdad.
-Sí, está Mike -ella dejó el móvil en la encimera y se volvió hacia él-. Pero eso me recuerda... ¿por qué veníais Mike y tú aquí esta noche?
Se lo ganaron! se los pongo y un capítulo mas largo ;) a ver cuantos reviews junta.
Saludos que pasen bonita noche (bueno aquí ya es de noche, yo con gripa, fiebre y frío)
AraXoXo
