Bella volvió a la cocina cuando él terminaba de enjuagar y meter los tazones en el lavavajillas.
-Mi madre ha oído la noticia en la CNN - dijo-. ¿Ya has recogido? Si no estuviera prometida, te guardaría para mí.
Sus palabras frívolas eran una daga en el corazón de él.
-Ah, pero está Mike; ¿verdad? -preguntó con frialdad.
-Sí, está Mike -ella dejó el móvil en la encimera y se volvió hacia él-. Pero eso me recuerda... ¿por qué veníais Mike y tú aquí esta noche?
Capítulo 6
Edward se había criado en Nueva York y nunca había visto a un ciervo atrapado por la luz de unos faros, pero él se sentía así en aquel momento. ¡Maldición! Si hubiera pensado con la cabeza en lugar de ir olfateando en torno a Bella como un adolescente enloquecido por las hormonas, habría visto acercarse aquello y habría podido anticipar la pregunta. Pero como no había sido así, ella lo había pillado desprevenido y en aquel momento se sentía bastante tonto.
-Es un misterio para mí -era un embustero terrible.
-No me digas.
Estaba claro que ella no lo creía. Y él podía jugar un poco con la verdad para protegerla de lo que percibía como egoísmo por parte de Mike, pero no quería mentirle conscientemente. Sin embargo, el modo exacto en que Mike pensaba manejar aquello sí era un misterio para él.
Bella tomó su teléfono móvil.
-Vamos a llamar a Mike. Si está encerrado en la galería sin luz, no puede estar muy ocupado.
Edward se encogió por dentro. A ella podía destrozarla saber lo ocupado que podía estar Mike en aquel momento.
Bella y marcó el número y tamborileó con los dedos en la mesa.
-Hola, Mike. ¿Está todo tranquilo por allí? Bien... Nada. Hemos comido pizza fría y fruta. Le he preguntado a Edward de qué querías hablar esta noche y parece que él está tan a oscuras como yo... No, eso no pretendía ser una broma... Pues hablemos ahora. Ya sé que querías estar aquí, pero puedes decírmelo por teléfono. Siento mucha curiosidad. No me hagas esperar. Tienes que satisfacerle... Sí, está aquí. De acuerdo.
Ella respiró con fuerza y pasó el teléfono a Edward.
-Quiere hablar contigo.
Él agarró el aparato de mala gana.
Bella puso los brazos en jarras y lo miró de hito en hito. Genial. Nada de conversación privada. Aunque no le extrañaba nada. Seguro que empezaba a pensar que le tomaban el pelo.
El instinto le decía que no le iba a gustar lo que se avecinaba.
-¿Mike?
-Bella quiere saber de qué quería hablarle esta noche -Mike sonaba claramente asustado.
Edward se apoyó en la encimera y cruzó un pie encima del otro.
-Sí.
-No puedo decírselo por teléfono -Mike hablaba como si él acabara de exigirle que hiciera precisamente eso.
Edward miró el rostro firme de Bella.
-Me parece que no tienes elección.
-Sí la tengo. La mejor elección posible. Díselo tú.
Edward estuvo a punto de soltar el teléfono.
-No.
-Sí. Cuanto más lo pienso, mejor me parece. Tal vez para él, sí. ¿Pero y para los demás?
-Por supuesto que no.
-Oh, vamos. Vosotros os caéis mal. ¿Y de qué otra cosa vais a hablar? ¿Qué vais a hacer atrapados juntos en la oscuridad? Este apagón puede durar varias horas.
-No lo haré.
-Piénsalo. Sería mejor así.
¿Sólo hacía doce horas que pensaba que Mike no podía hacer nada que pusiera en peligro su amistad? Empezaba a cambiar rápidamente de idea.
-Tú no la conoces como yo -decía Mike en ese momento-. No cejará hasta que se lo diga uno de los dos. Puedo intentar despistarla con alguna historia sobre los planes de boda, pero eso lo empeorará todo mucho más cuando se entere de la verdad.
-No veo por qué no puede esperar vuestra conversación.
-Te digo que es sexy y encantadora, pero también es implacable cuando quiere algo. Es una magnolia de acero.
Edward sabía que eso era cierto. Lo había experimentado en carne propia cuando ella le había hincado los dientes al tema de su vida amorosa. Pensó en golpearse la cabeza contra la encimera o quizá contra el armario. Cualquier cosa dura.
¿Acaso podía empeorar aún más aquella noche? Primero se había quedado atrapado con una mujer a la que deseaba más allá de toda ló dicha mujer estaba a punto de atormentarlo para que le contara algo que podía destrozarla.Y él era el afortunado que tenía que cumplir con un deber doble. No sólo estaba en la línea de fuego para que lo dispararan como portador de malas noticias, sino que no había nadie más que pudiera intentar arreglar el desastre subsiguiente.Y para colmo, estaba dispuesto a ir hasta el infierno si pensaba que ella lo necesitaba.
-Lo haré -dijo.
-Edward, eres el mejor amigo que puede tener un hombre.
-Y hablaremos de eso.
Aquello no lo hacía por él, lo hacía por Bella.
Porque ella merecía algo mejor que oír la verdad por teléfono mientras Mike estaba encerrado con su nuevo amante. Porque, aunque le costara la vida, él podía ofrecerle un hombro fuerte en el que llorar y estar a su lado.
-De acuerdo. Te lo agradezco. Te lo agradeceré eternamente. Déjame hablar con ella un momento.
Edward le devolvió el teléfono a Bella.
-¿Sí?... ¿Me lo dirá él?... Bien. Hablaremos luego -ella cerró el móvil, tomó su vaso y bebió el vino que contenía. Lo dejó en el mostrador y miró a Edward expectante.
-Tengo entendido que vas a decirme algo.
Edward sintió un nudo de aprensión en el estómago.
-Vamos a la otra habitación. Creo que es mejor que te sientes.
Edward parecía sombrío. ¿Qué podía causar esa rigidez en su mandíbula? ¿Y era lástima eso que expresaban sus ojos cuando la miraba?
La verdad fue como un puñetazo en el pecho. Respiró hondo. Mike se estaba muriendo. Le habían diagnosticado algo espantoso y esa noche le iban a dar la noticia los dos juntos. Y ella era la peor persona del mundo por tener sueños eróticos con Edward y regodearse en su lujuria mientras el pobre y valiente Mike se enfrentaba solo al espectro de la muerte.
Edward se inclinó hacia delante, con los brazos en las rodillas y los dedos cruzados. La miró.
-Esto debería decírtelo Mike. Yo venía sólo para darle apoyo moral... No sé por dónde empezar.
Bella enderezó los hombros y se sentó más recta en el sofá.Tenía que ser valiente.
-¿Cuánto tiempo hace que lo sabe?
Edward la miró sorprendido.
-¿Cuánto hace que lo sabes tú?
-Desde ahora mismo.
Edward la miró con aire interrogante.
-¿Ahora?
-Lo he supuesto. Y Mike puede contar con que estaré a su lado aunque la boda no se celebre -tal vez estuviera demasiado enfermo o no viviera lo suficiente para llegar al altar.
-Bella, ¿qué es lo que crees que sabes? -Mike se está muriendo, ¿verdad? ¿Qué tiene?
¿Cáncer? ¿Un tumor? ¿Cuánto hace que lo tiene?
Sabía que últimamente estaba distinto, pero pensaba...
Edward movió una mano en el aire para hacerla callar.
-Vamos a retroceder un poco. ¿Tú crees que Mike se está muriendo?
-¿No es así? Tú tienes un aire muy tétrico.
-Yo siempre tengo un aire tétrico. -suspiró Edward-. Por lo que yo sé, Mike está muy sano.
Bella se dejó caer contra el sofá, aliviada.
Mientras Mike estuviera sano, todo lo demás podía...
-Ha estado con otra persona.
-¿Qué? -Bella volvió a enderezarse-. ¡Bastardo! -lo mataría. Ella se sentía culpable por sus sueños y él le ponía los cuernos-. ¿Es alguien que conozco?
-Creo que lo has visto.
Bella tardó un momento en asimilar lo que acababa de oír.
-¿Lo? ¿Acabas de decir que Mike sale con un hombre?
Edward asintió con la cabeza.
-Eso es lo que me ha dicho esta mañana.
-¿Un hombre? ¡Un hombre! ¿Me deja por un hombre?
Habría sido bastante malo que la dejara por otra mujer, ¿pero un hombre? Nunca en su vida se había sentido tan furiosa y humillada. Por no hablar de traicionada.
Sintió el picor de las lágrimas en los ojos. ¡Maldición! No se enfurecía a menudo, pero, cuando lo hacía, en lugar de gritar y amenazar lloraba. ¡Vaya porquería!
Edward negó con la cabeza.
-No creo que quiera romper necesariamente. Sólo quería contártelo. Dice que sólo ha pasado una vez y cree que es bisexual -Edward parecía más sombrío que nunca.
¿Mike no quería necesariamente romper? ¡Qué valor! Aquello alimentó aún más su furia. Ella no tenía nada en contra de los homosexuales, pero no se casaría con uno. Tiró del anillo de compromiso, que se atascó en el nudillo. Aquello fue la última gota. Bella, la oveja negra de la familia, había vuelto a meter la pata. Su furia salió en forma de lágrimas calientes que rodaban por sus mejillas. Tiró de nuevo y al fin consiguió sacarse el anillo. Se lo puso a Edward en la mano.
-Ya no lo necesito -la última palabra terminó en un sollozo.
Estaba tan furiosa que temblaba. Y sollozaba.
Edward se acercó a le vio la cara. Parecía angustiado. La abrazó y la apretó contra la pared de su pecho, donde la meció adelante y atrás.
-Por favor, no llores. Todo irá bien.
El austero y sarcástico Edward le ofrecía consuelo. Y saber que aquel hombre, al que no le caía bien, se veía obligado a tener que consolarla, sirvió para enfriar su furia y detener sus lágrimas. Llorar cuando estaba enfadada había sido una maldición suya desde la infancia.
Y resultaba casi tan humillante como ser tal fracaso como mujer que había empujado a Mike a buscar compañía masculina. Si le quedara algo de orgullo, se apartaría en el acto, pero en cierto modo resultaba menos embarazoso seguir donde estaba, apretada contra el pecho de Edward. Además, era un pecho muy agradable.
-Qué gracioso que yo te diera consejos sobre tu vida amorosa cuando la mía era un desastre y yo ni siquiera me daba cuenta -dijo contra su camisa-. ¡Qué patético!
-Bella, no vuelvas a referirte a ti misma con esa palabra -Edward le tomó el rostro en las manos y le echó la cabeza hacia atrás hasta que lo miró. Le secó las lágrimas con los pulgares con gentileza y ella sintió cosquillas en la piel. La rodilla de él se apretaba contra su pierna desnuda-. En ti no hay nada ni remotamente patético. Eres hermosa y sexy.
Y evidentemente, él era tan mentiroso como el que más. Bella sabía que tenía los ojos y la nariz hinchados por el llanto. Algunas mujeres lloraban de un modo bonito, pero ella no era de ésas. Estaba bastante segura de que no tenía muy buen aspecto. Y luego estaba el cambio sexual de su novio.
-Sí, soy tan hermosa y sexy que he empujado a mi prometido a hacerse gay.
-En este momento estoy muy enfadado con Mike. Y aunque es amigo mío, es un idiota -él le dio una palmadita en el hombro.
¡Pobre Edward! No era de extrañar que le costara tanto abordar el tema.
-Ya es bastante malo que él te haya colocado en medio -dijo-. No tienes por qué decir todo esto. Y no te preocupes, he terminado de llorar. Cuando me enfado, lloro. Es uno de mis, encantos -se secó las últimas lágrimas.
-Mike es un imbécil.
Ella suspiró. Aquél era el hombre que había visto el día que la había fotografiado, el hombre al que había entrevisto detrás de su muro de reserva. Podía ser muy agradable.
-Es muy caballeroso por tu parte decir eso.
-Yo no tengo nada de caballeroso, sólo digo algo que es evidente. Tú eres hermosa y sexy y Mike es un idiota.
Bella abrió la boca, pero Edward la interrumpió.
-Puede que esto te convenza. Bajó la cabeza y la besó en la boca.
Bella sabía exactamente a lo que era... fruta prohibida. Dulce, cálida, adictiva. Edward sintió su vacilación y sorpresa y saboreó la sal de sus lágrimas.
Se apartó de su boca y reprimió la tentación de seguir explorando. Se pasó las manos por el pelo.
-Esto no venía a cuento. Te pido disculpas.
Ella negó con la cabeza.
-No -le echó los brazos al cuello y bajó su boca hasta la de ella-. Por favor, no te disculpes.
Lo besó en los labios y la fantasía de él se hizo realidad. Bella lo besaba con pasión.
Sabía que estaba enfadada con Mike, que aquello era una venganza. Sabía que lo más prudente sería alejarse. Pero aunque su cabeza le decía todo eso, su corazón le indicaba otra cosa. Le devolvió el beso, con toda la pasión reprimida de seis meses. Había vivido de fantasías y ahora tenía en sus brazos el objeto de aquellas fantasías.
La lengua de ella le lamió los labios y eliminó el último rastro de resistencia que quedaba en él. Deslizo las manos en el pelo de ella y la estrechó contra sí. Ella se apretó con fuerza, su rabia y frustración casi palpables. Y de pronto aquello desapareció, reemplazado por algo menos volátil... y mucho más peligroso. Ella se suavizó y su boca empezó a dar en lugar de tomar. A ofrecer. Edward tomaba y daba también.
Le acarició la piel desnuda de los hombros y ella gimió en su boca y se estremeció contra él.
La razón lo abandonó por completo. Se hundió en el sofá y ella lo siguió y se tumbó contra él, entre sus muslos, con las caderas apretadas contra la erección que él no podía negar. Los dedos de ella acariciaban su pelo y él seguía explorando la dulzura cálida de su boca. Colocó las manos en la curva sexy de la espalda de ella.
La intensidad del beso lo sorprendía. Ella se apretaba contra su erección con un gesto de súplica y él gemía en su boca. Llenaba sus manos con la redondez de sus nalgas y la estrechaba contra sí. Bella pasó una pierna por encima de la de él y quedó a horcajadas, sobre su muslo, abierta a él.
Edward le pasó los dedos por los muslos sedosos y rozó con los nudillos el borde de las bragas, que estaban mojadas.
-¡Oh, Edward! -gimió ella en su boca-. Tú siempre me haces...
Aquello sirvió para que él pudiera pensar. Se apartó de ella y se incorporó sobre un codo, aunque ella seguía entre sus piernas. ¿Qué rayos hacía? Le había faltado un segundo para deslizar el dedo debajo del elástico de las bragas y tocarla íntimamente. Respiró con fuerza e intentó recuperar parte de su control.
Bella seguía encima de él, con el cuero apretado contra el suyo. Su excitación, mezclada con su perfume, producía un aroma embriagador.
-Lo siento -dijo él. Apartó la otra mano de su trasero y se frotó la frente.
La joven se colocó en el otro extremo del sofá. Edward le incorporó sentado, echando ya de menos la presión de ella entre sus muslos, como si le hubieran amputado una parte importante de él.
Las lágrimas cubrían las pestañas de ella. La pasión volvía pesados sus párpados. Los besos le habían dejado los labios hinchados.
-Lo siento mucho -repitió él-. No era mi intención... No he debido... Se me ha ido de las manos:
-Por favor, no te disculpes, Edward. No se puede decir que me hayas forzado precisamente. Yo me he echado en tus brazos -apartó la vista de él-. Debes de pensar que soy una fulana.
Él se frotó el cuello contrito. Sentía un gran respeto por ella. La había besado para demostrarle que era deseable porque ella no lo había creído cuando se lo había dicho. Y sólo había conseguido bajarle aún más la autoestima.
-Jamás. Tú estabas enfadada. Me he propasado yo y no volverá a ocurrir. No era mi intención aprovecharme de ti.
Bella negó con la cabeza.
-No te has aprovechado. He sido yo la que se ha precipitado -le tocó una mano, pero la retiró enseguida al darse cuenta de lo que había hecho-. No quiero que te sientas incómodo. No volveré a echarme en tus brazos.
Se acurrucó en su lado del sofá con un pie debajo de su cuerpo.
-¿Sabías lo de Mike? -preguntó.
-No. Nunca me había dado la menor indicación de que pudiera ser gay ni de que le interesara otra persona aparte de ti.
Aunque quizá sí había habido señales y él había sido demasiado obtuso para verlas. Mike era un bastardo por engañarla a ella y por arrastrarlo a él a aquella historia, pero Edward creía que quería sinceramente a Bella. En ese momento ella se sentía herida y traicionada, pero seguramente también quería todavía a su prometido. Y el deber de Edward como amigo era procurar que ninguno de los dos hiciera nada precipitado que pudiera poner aún más en peligro su relación y de los que después pudieran arrepentirse. Así era como debía comportarse un hombre de honor.
Ella respiró con fuerza.
-Si tú tampoco tenías ni idea, ya no me siento tan estúpida.
-Cuando me lo dijo esta mañana, pensé que me tomaba el pelo.
-Bueno, sé que él no puede haber organizado un apagón, pero hay que reconocer que le ha venido de perlas. Así te ha podido pasar a ti la pelota y que me lo dijeras tú. Es un hijo de perra lame escoria.
Edward reprimió una carcajada. Desde luego, el lenguaje de ella era colorido.
-Sé que estás dolida y yo también lo estaría. Pero por la mañana verás todo esto de otro modo. Mike y tú podéis arreglarlo.
Bella se cruzó de brazos y le lanzó una mirada altiva.
-¿Por qué no lo llamas? -sugirió Edward.
Conocía lo bastante a las mujeres para saber que hablar las cosas podía ayudar mucho. Y sabía que Mike, que siempre evitaba las confrontaciones, no sería el que iniciara una conversación.
-Habla con él. Yo me voy a la otra habitación y os dejo intimidad.
Ella levantó una mano en el aire.
-No pienso hacerlo. No tengo nada que decirle. Bueno, sí, un par de cosas, pero no mientras él está allí con su nuevo amante -movió la cabeza. No, gracias.Y tampoco quiero pensar en lo que seguramente estén haciendo en este momento.
-Pues ya somos dos -contestó Edward sin pensar.
-¿Y qué podría decir aparte de que es un mentiroso y un tramposo y que espero que no me haya pasado alguna enfermedad que haya pillado practicando el sexo por ahí?
-Dice que tomaron precauciones.
-Espero que en eso no mienta.
-No. Se lo pregunté sin ambages.
-Es un alivio. Y aparte de la satisfacción de mandarlo al infierno, no necesito hablar con él. No vamos a volver y no vamos a seguir adelante. Ahora los dos jugamos en campos distintos. Yo ya llevaba un par de semanas con dudas y esto lo resuelve todo.
¿De verdad había tenido ella dudas? A Edward debió de notársele el escepticismo en la cara.
-Sé que estás pensando que sólo digo eso para sentirme menos humillada, pero es la verdad -dijo ella-. Desde que empecé a tener... -se detuvo con brusquedad, como si hubiera dicho algo que no debiera-, bueno, a tener dudas. Y también tenía la impresión de que Mike intentaba convertirme en lo que él quería que yo fuera.
En una de sus citas dobles, Mike había dicho riendo que él tenía más sentido de la moda que Bella. Edward recordaba también haberla oído decir que tenía que llevarla de compras. Él no había entendido aquellos comentarios. A Edward le gustaba cómo vestía Bella.
-Mike tiene ideas muy específicas sobre algunas cosas -comentó.
-Ajá. Mis padres han intentado moldearme mucho tiempo y reconozco las señales cuando las veo. Pero eso ya no importa. Lo mío con Mike es historia.
Lo cual la dejaba a ella libre y a él constreñido todavía por los lazos de la amistad.
Bueno salí fuera el fin de semana no pude subir nada uu' llegué ayer con la novedad que ya no tengo cartera y por ende $ y pues estoy que me lleva la chinita! Así que les traje cap :) me pondré a trabajar de algo ahora :S disfrútenlo, mientras pienso que hacer :/
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AraXoxO
