Bella sabía que estaba en un lío. Algo acababa de pasar en el baño, sin que mediara ni siquiera un beso. Algo que había hecho que pasara de la mera lujuria al enganche. Sabía ya que la cuestión no era si iban a acostarse, sino cuándo. Era imposible que él la tocara con tanta ternura si no la deseaba. Y, en cierto modo, saber eso, hacía que se sintiera más cómoda con él.

Edward encendió todas las velas colocadas por el dormitorio.

-Tengo un par de camisetas que me quedan grandes -dijo ella-.A ti te quedarán estrechas, pero al menos no están mojadas -sacó una camiseta que usaba a veces para dormir-. ¿Qué te parece ésta?

-Gracias.

-Pues quítate esa mojada.

-¿Piensas mirar?

-A menos que tú tengas inconveniente. Una chica tiene que extraer sus placeres de donde pueda.

-No sé si se me puede considerar un placer.

-Yo creo que sí.

Edward se quitó la camiseta. Y Bella pensó que tenía un cuerpo para morir por él. Hombros anchos, caderas estrechas y un buen torso entre ambas cosas. Tenía la sensación de que acababa de descubrir al hombre perfecto. Y aunque fuera un tópico, le resultaba muy sexy el modo en que su vello oscuro bajaba desde el ombligo y desaparecía por la cintura del pantalón.

-Sí eres un placer -declaró.

Él sonrió.

-¿Quieres lanzarme esa camiseta?

Ella suspiró audiblemente.

-Si no hay más remedio... pero no te sientas obligado a vestirte por mi causa.

Se la lanzó y él la atrapó con una mano.

-¿Estás coqueteando conmigo? -preguntó.

-Sí. Descaradamente.

-¿Y crees que es buena idea?

-No. Creo que seguramente sea muy mala idea, pero me gusta. ¿Y a ti?

-¿Si me gusta o si me parece buena idea?

-Las dos cosas.

-Me gusta y sé que es mala idea -se puso la camiseta y escondió su torso.

¡Aguafiestas!

Pero no importaba, ya que Bella pensaba volver a quitársela muy pronto.

El dormitorio resultaba muy íntimo a la luz de las velas, sobre todo sabiendo que ella estaba a punto de desnudarse.

-Espera un momento, no te muevas. Vuelvo enseguida.

Corrió a la sala y regresó inmediatamente con la cámara.

-Quiero captar el momento, la preparación, no sólo el producto foral -dijo.

Cuando hacía fotos, se volvía uno con la cámara. Detrás de la lente podía ser él mismo.

-¿Quieres fotografiarme cambiándome de ropa?

-No, pero sí preparándote para hacerlo. Además, así te vas acostumbrando a la cámara. Sólo tienes que olvidar que estoy aquí.

Bella lo miró a los ojos, con una mirada encendida que lo reconocía como el hombre al que había besado antes.

-Eso no puedo hacerlo -musitó.

-¿Y puedes olvidar que la cámara está aquí? -él estaba orgulloso de la firmeza de su tono, ya que se sentía muy poco firme.

-Creo que sí.

Edward hizo un par de fotos para que ella se fuera acostumbrando. Bella sonrió nerviosa.

-Relájate -le aconsejó él. Si conseguía que siguiera hablando, se relajaría también-. ¿Te has recogido el pelo porque así resulta más fresco?

-Sí, pero ahora hace tanto calor que no creo que haya ninguna diferencia.

Se volvió, se soltó el pasador y el pelo cayó sobre los hombros en una cascada de rizos. Edward hizo una foto y ella sacudió la cabeza y metió los dedos en el pelo. Lo miró a través del espejo con una mezcla de anhelo e incertidumbre y a él se le aceleró el corazón. ¿Había algo más íntimo y encantador que una mujer soltándose el pelo?

-¿Mejor? -preguntó ella.

Otra foto.

-Perfecto. Sigue con lo que haces.

Ella levantó los brazos y metió las manos debajo del pelo.

-Precioso. Así se definen muy bien el cuello, los hombros y los brazos. Un estudio de la perfección. Una obra de arte.

-No hace falta que digas esas cosas.

-Lo sé, pero son verdad -y sería mucho mejor sin la interferencia de las líneas del top-. Sigue de espaldas a mí y quítate el top -dijo, pensando sólo en la mejor foto.

-¿Así es como consigues que se desnuden las mujeres? ¿Con unos cuantos cumplidos? - ella lo miró riendo por encima del hombro.

-Me has pillado -repuso él con otra risita-. No quiero fotos eróticas, sólo captar la línea de tu espalda sin el top. Apártate del espejo, sigue de espaldas a mí, quítate el top y levántate el pelo como ahora. Un momento. Ahí. Quédate ahí -la apartó del espejo y la colocó delante del candelabro alto de tres brazos, de modo que la luz le diera en la espalda-. Sólo un poco más a la derecha.

La tocó un poco para expresarle lo que quería hacer. Había tocado cientos de veces a mujeres hermosas que iban menos vestidas que ella, pero tenía la sensación de que era la primera vez. Lo embargaba un anhelo cargado de deseo que amenazaba con derribar su compostura. Inhaló con fuerza.

Dejó caer la mano y se apartó de ella para agarrarse a la cámara a modo de salvavidas.

-No hace falta que te quites el top si no quieres -la voz firme de la que se había enorgullecido un momento atrás había desaparecido.

-Quiero quitármelo -murmuró ella.

Se lo desabrochó y Edward lo vio caer hacia delante. Ella bajó los brazos y lo sujetó por delante. La tela que cortaba las líneas y curvas elegantes de la espalda había desaparecido.

-Maravilloso. Espectacular -hizo una foto tras otra-. Muchas mujeres de rostro hermoso no quedan bien desde este ángulo. Levántate el pelo otra vez. Como has hecho antes.

Bella siguió sus instrucciones. Edward no se había visto nunca atrapado emocionalmente por su trabajo. Era un arte, su arte, y en cierto sentido, era una extensión de sí mismo, pero también había una parte que no era personal, que no involucraba sus sentimientos .Y esa noche no era así.

Ella se volvió un poco hacia la derecha, lo suficiente para insinuar la redondez de su pecho. Bajó los brazos y volvió el rostro hacia él cubriendo con el pelo los pechos y los pezones, pero revelando a medias la redondez suave de las nalgas. A pesar de que se había vuelto hacia él, su cuerpo expresaba también algo más... como si acabara de decidir algo.

-Edward, ¿sabes por qué tenía dudas sobre mi relación con Mike?

Él pensó un momento en la pregunta.

-¿Has conocido también a otro?

-No exactamente. Me interesa otra persona, sí, pero no he hecho nada por acercarme.

Él la escuchaba con atención.

-¿Puedes ser más clara?

-Antes te prometí que no volvería a echarme en tus brazos y no pienso hacerlo, pero ha llegado el momento de ser sincera y creo que tú debes saberlo. Eras tú.

A él se el aceleró el corazón. ¿Bella había tenido dudas de su relación con Mike porque pensaba en él? No podía creerla. ¿Qué podía atraerla de él?

-No digas eso, por favor. Puede que Mike se haya portado mal, pero yo no soy un hombre especialmente bueno y no quiero convertirme en un peón de tu venganza porque Mike te haya herido en tu orgullo o te haya roto el corazón.

Ella echó la cabeza atrás con una mirada de rabia y dolor, y pareció no notar que uno de los pezones asomaba a través del pelo. Pero ya lo notaba él por los dos.

-¿Crees que me he inventado esto para vengarme de Mike?

-¿No intentas seducirme?

-Intento ser sincera, payaso arrogante y sarcástico... y tú me estás empezando a poner rabiosa.

-Eso ya lo veo. ¿Pero por qué ibas a tener dudas sobre tu relación por mi culpa? Como no fuera porque dejaba de gustarte por tener un amigo como yo.

Bella parecía cada vez más furiosa.

-Ésta es la verdad, Edward. Te guste o no. No sé por qué, pero he empezado a soñar contigo. Con nosotros. Los sueños empezaron después del día que pasamos juntos en la sesión de fotos.

-¿Qué clase de sueños? -él apenas podía respirar.

-Sexuales. Y muy explícitos.

-Sólo son sueños, Bella.

-Ya lo sé. Pero esos sueños contigo empezaban a alterar mi relación con Mike.

En lugar de aclararse, todo era cada vez más oscuro y lioso. Casi resultaba más fácil cuando Mike y ella se pertenecían mutuamente. Entonces era fruta prohibida y el papel de Edward resultaba claro.

-¿Por qué ibas a permitir que unos cuantos sueños interfirieran con una relación de verdad?

-No era cuestión de elegir y no han sido sólo unos cuantos sueños. Suceden casi todas las noches. Al principio no quería dormirme porque no quería soñar que hacía el amor contigo -ella bajó la cabeza y se observó las uñas-.Y ahora he llegado al punto en el que estar dormida es la mejor parte del día.

Levantó la vista.

-Y me sentía terriblemente culpable porque me parecía que hacía mal en soñar esas cosas estando prometida con Mike -lo miró a los ojos-. Y más todavía porque lo que tú y yo teníamos en los sueños era mucho mejor que lo que Mike y yo teníamos en la realidad.

Sus palabras lo seducían, le ponían los nervios de punta, tensaban su cuerpo como si ella lo hubiera acariciado con las manos.

-Puede que ya no tengas más sueños de ésos -dijo.

La joven negó con la cabeza.

-Cuando ha llamado Mike esta tarde, estaba en la siesta. Soñaba que estaba a punto de explotar sexualmente... contigo.

Edward pensaba que, si se le ocurría entrar en más detalles, el que iba a explotar sería él. Su pene estaba y duro y palpitante.

-Me sentía como la fulana más grande al este del Mississippi. ¿Sabes lo primero que se me pasó por la cabeza cuando me dijo que esta noche vendríais los dos?

-Ni idea -contestó él con voz ronca.

-Un trío. Para que veas lo depravada que me has vuelto. Ahora intento seducirte, pero no para vengarme de Mike sino porque necesito la realidad del contacto contigo para exorcizar los sueños. Porque tal y como estoy ahora, me temo que no puedo tener nada con otro hombre.

Cuando tenía siete años y estaba frustrada por su falta de progresos en sus clases de natación, un día había respirado hondo y se había lanzado de cabeza sin pensarlo dos veces. Y desde ese día su filosofía había estado muy clara: nadaría o moriría en el intento. Evidentemente, había aprendido a nadar.

Y ahora acababa de lanzarse también de cabeza con Edward. Pero lo que había dicho era cierto. Temía no poder estar con otros hombres. Y si de paso, ella podía servirle de descarga de su amor no correspondido, ¿por qué no?

Edward se acercó a ella y empezó a hacer una foto tras otra.

-Bella, estoy seguro de que sí puedes estar con otros hombres. Y no tardarás en descubrirlo en cuanto vuelvas a estar en... circulación.

Circulación. Quería decir en la cama de otro hombre. Y evidentemente, no tenía la menor intención de ser ese hombre. Bella se sintió avergonzada.

¿Por qué no podía tener la boca cerrada? ¿Por qué había dejado que unos cuantos sueños eróticos y un beso de primera la convencieran de que había química entre ellos?

Era obvio que toda la química estaba en su cabeza... en su desequilibrio. Él estaba dispuesto a fotografiarla y antes le había ofrecido consuelo y ella había interpretado mal la situación. Y lo que tenía que hacer ahora era vestirse e intentar mantener su dignidad hasta que volviera la luz y Edward saliera de su casa y de su vida.

-Tienes razón. Circularé un poco y resolveré el problema -repuso-. Déjame que me vista.

Se dirigió al armario. A lo mejor podía encerrarse una hora en él... pero no, porque estaba oscuro. No volvería a estar en su casa sin una linterna.

-Bella...

Edward le tocó el hombro y ella se quedó paralizada mientras una ola de calor la llenaba por dentro.

-Por favor, no me toques.

-Eso no era lo que decías hace un momento.

Anhelaba que la tocara. ¿Y qué importaba el orgullo después de todo? Ya se había puesto en evidencia.

-Sabes a lo que me refiero. No creo que pueda soportar que me toques y no sigas más allá. Y puesto que eso no te interesa, lo mejor es que no me toques para nada.

La mano de él seguía en su hombro.

-Yo no he dicho que no me interese -sus dedos se movieron por la piel de ella en una caricia suave-. Lo que no quiero es que mañana te arrepientas de esto.

La joven se giró despacio hacia él.

-No busco una historia eterna. Te deseo esta noche. Sé que estás enamorado de otra mujer. Déjame ser ella esta noche para ti.

-¿Tú te acostarías conmigo sabiendo que puedo fingir que eres otra mujer?

Ella levantó la barbilla.

-Sí. Porque te deseo mucho -no era una chica tímida en casi ninguna situación, pero la proximidad de Edward y la luz de las velas la desinhibían más que nunca-. Aceptaré lo que tengas que ofrecer, excepto un revolcón por lástima.

-Tú no ocuparías el lugar de ninguna otra. Aquí se trata de ti y de mí. Yo no te insultaría fingiendo que eres otra persona -Edward le puso un dedo debajo de la barbilla para echarle atrás la cabeza. En sus ojos no había nada de lástima. Ardían de calor y pasión por ella-. Y yo no quiero un revolcón por venganza.

-Jamás -repuso Bella. Le echó los brazos al cuello y sintió la tensión de su cuerpo-. Esto no es una venganza.

Quería saciar aquel deseo que la consumía y quería que él la hiciera sentirse una mujer deseable. Necesitaba subir su autoestima sexual.

Él le pasó el pulgar por el pómulo.

-¿De verdad es esto lo que quieres, Bella? ¿Estás segura de que me deseas a mí? Porque una vez que empiece, parar sería una tortura.

Ella se apoyó en él y acercó sus caderas a las de él. Su pene estaba duro como una piedra. Bella tenía las bragas empapadas y le ardía el cuerpo. Frotó los pechos desnudos en la camisa de él y se regodeó en la sensación suave del algodón contra sus pezones endurecidos. Respiró su aroma masculino y le mordisqueó la barbilla. La respiración de él se aceleró.

-Sí, estoy completamente segura de que te deseo. Y no quiero que quiero desnudo encima de mí... -le mordisqueó el lóbulo de la oreja- debajo de mí... -pasó la lengua por sus labios-a mi lado... -notó que él se estremecía- detrás de mí... -el deseo espesaba su voz y palpitaba a través de su cuerpo- pero sobre todo dentro de mí.


A verdad dos capítulos a que soy genial :D jajaja
Vamos quiero muchos reviews :D Gracias a las chicas que se toman la molestia ;)

AraXO