Ella se apoyó en él y acercó sus caderas a las de él. Su pene estaba duro como una piedra. Bella tenía las bragas empapadas y le ardía el cuerpo. Frotó los pechos desnudos en la camisa de él y se regodeó en la sensación suave del algodón contra sus pezones endurecidos. Respiró su aroma masculino y le mordisqueó la barbilla. La respiración de él se aceleró.
-Sí, estoy completamente segura de que te deseo. Y no quiero que pares. Te quiero desnudo encima de mí... -le mordisqueó el lóbulo de la oreja- debajo de mí... -pasó la lengua por sus labios- a mi lado... -notó que él se estremecía- detrás de mí... -el deseo espesaba su voz y palpitaba a través de su cuerpo- pero sobre todo dentro de mí.
CAPÍTULO10
Sus palabras y caricias destruyeron todas las defensas que él había levantado. Acostándose con Bella, podía perder al único amigo que había tenido en su vida, pero estaba dispuesto a cambiar su amistad y su sentido del honor por una noche con ella. Por abrazarla, tocarla y hacerle el amor. Y si esa decisión le hacía ser menos hombre, tenía el resto de su vida para lidiar con eso. Tal vez se arrepintiera al día siguiente, pero esa noche ella era suya.
Dejó la cámara en el suelo.
-Bella...
Tomó la cabeza de ella en sus manos. La besó con gentileza, a conciencia, con una promesa callada de que por esa noche se pertenecían mutuamente. Le dijo en un beso todas las cosas que no podía o no quería decir en voz alta... lo mucho que la deseaba, lo hermosa que la encontraba por dentro y por fuera, que ella era la más deseable de las mujeres, que era su Perséfone, pero que después de ofrecerle y aceptar amor esa noche, la dejaría libre.
Ella le devolvió el besó y se fundió con él.
El beso se fue haciendo más apasionado, subió de intensidad, y ella introdujo las manos debajo de la camisa de él y le acarició la piel. Sus caricias lo encendieron todavía más. Tomó los pechos de ella en sus manos y jugó con los pulgares en los pezones. Bella se apretó contra él y gimió en su boca abierta.Y Edward se sentó en la cama y la colocó entre sus muslos.
Ella se acomodó entre sus piernas.
-Tengo la sensación de que lleve años esperando tus caricias -musitó ella. Lo besó debajo de la barbilla mientras exploraba su pecho con las manos.
Bajó los dedos al cinturón y los vaqueros de él.
-Espera un segundo. Déjame quitarme las botas -dijo Edward.
Bella se levantó y él se agachó a quitarse las botas. Bella se sacó el pantalón corto y las bragas y los dejó en el suelo delante de él. Edward terminó de quitarse las botas y levantó la vista.
La vio desnuda en todo su esplendor y se alegró de estar sentado. Era una mujer redondeada, desde las piernas bien formadas hasta las curvas de las caderas. Tenía una cintura pequeña y pechos llenos.Y al parecer era una defensora de la depilación a la brasileña.
El deseo lo sacudió con fuerza, tensándole los testículos.
-Eres tan hermosa que me dejas sin aliento.
Ella sonrió, y en su sonrisa había una timidez que lo conmovió. Se sentó en la cama detrás de él y rió con suavidad, con el pecho contra la espalda de él. Le pasó las manos por los hombros y le besuqueó el cuello.
Edward se volvió y la atrapó debajo de su cuerpo, con los brazos a ambos lados de los hombros de ella. Los ojos de Bella se oscurecieron, abrió los labios y se pasó la lengua por el de abajo.
Arqueó la espalda. A la luz de las velas, su piel brillaba como una perla rara. Edward lamió el hueco de su garganta e inhaló su aroma. Quería hacerle el amor toda la noche, aprender cada centímetro de su cuerpo con la boca, con la lengua, con las manos... Pero hacía tanto tiempo que la deseaba que no creía que pudiera esperar mucho esa primera vez. Le lamió uno de los pezones y ella lanzó un gemido hondo.
-Edward... -musitó.
Él le lamió el otro con la punta de la lengua y volvió al primero para seguir atormentando los dos.
Estaban ambos húmedos de sudor y la piel de ella resbalaba contra la de él.
Se colocó de espaldas y lo besó como si no pudiera cansarse nunca. Su lengua se entrelazó con la de él. Sus manos lo exploraban, casi con frenesí, y ella gemía, lo cual lo excitaba aún más. Parecía desearlo tanto como él a ella. Volvió a ponerse de lado y tiró de él. Buscó algo detrás de él. Edward interrumpió el beso.
-¿Qué haces?
-Buscar un preservativo.
Era tan tonto que había olvidado el preservativo. Eso no le había ocurrido nunca.
Ella lo miró con ojos luminosos.
-Tengo miedo de que esto sea otro sueño - dijo-. No quiero despertar. Porque si me despierto, me voy a enfadar mucho.
Edward se echó a reír. Ella sabía cómo halagarlo.
-No es un sueño -le acarició la espalda. La realidad nunca había sido tan dulce.
La joven le mostró el preservativo con aire de triunfo.
-Con sabor a fresa -rompió el paquete-.¿Te importa que haga los honores?
-Por favor.
Bella le puso el preservativo con su mano cálida y él cerró los ojos.
-Mi placer es tu placer -dijo ella.
Hasta el momento sólo había rozado su pene; ahora lo apretó y volvió a acariciarlo. Él abrió los ojos.
-Si no quieres que esto termine aquí, no vuelvas a hacer eso -dijo con voz ronca.
-Yo estoy preparada si tú lo estás. Llevo semanas soñando contigo. No necesito más preliminares.
Se inclinó sobre él y le besó el pecho y los pezones hasta bajar al vientre. Lamió su pene rígido y se lo introdujo en la boca. Edward tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no terminar allí mismo. Ella lo soltó y él pudo respirar de nuevo. El pelo de ella le rozaba el vientre y sus mechones le hacían cosquillas en la piel
-Esto es mucho mejor que en mis sueños - dijo ella con ojos brillantes por la pasión.
Se echó hacia atrás, abrió las piernas y sonrió.
-¿Me vas a penetrar ya o voy a tener que suplicártelo?
Edward se colocó entre sus piernas y la rozó con la punta del pene.
-No es necesario que lo supliques.
Ella lo abrazó con las piernas y él la penetró con lentitud y tiró hacia atrás hasta que estuvo casi fuera antes de volver a entrar de nuevo igual de despacio. Bella lanzó un respingo y lo empujó dentro con fuerza.
-Eres un malvado -gruñó.
Y Edward empezó a moverse conmovido. Era como si ella hubiera creado una magia alrededor de ellos que los juntaba en una unión que iba mucho más allá de la parte física. Como si hubiera abierto una parte de sí misma y lo invitara al calor y la luz que había en ella.
Era muy abierta y generosa y él quería darse también. Le ofreció todo lo que pudo de sí mismo. Se movía cada vez más deprisa y ella se agarraba a la colcha y lo animaba con sus movimientos hasta que los dos entraron juntos y gritando en el orgasmo.
Su Bella no era ninguna flor apagada. Era una mujer osada y hermosa y, si él hubiera tenido algún miedo de que lo usara como sustituto de Mike, habría desaparecido al oírla gritar su nombre una y otra vez.
¿Había gritado alguna vez así el nombre de Mike? ¿Se había arqueado debajo de él como si fuera a morirse si no la tocaba? Edward no quería pensar en eso, pero no podía evitarlo.
Bella yacía inmóvil bajo él, con los ojos cerrados y la respiración jadeante. Una sonrisa lenta entreabrió sus labios. Abrió los ojos.
-Ha sido... increíble... mucho mejor que los sueños.
Una sensación extraña se apoderó de él. Tardó un momento en reconocer que era satisfacción, una gran satisfacción. Respondió con otra sonrisa.
-Desde luego -y, como quería compartir lo que sentía pero no sabía cómo decirlo, la besó lenta y tiernamente.
Levantó la cabeza y la miró. Su pelo revuelto estaba sobre la cama. Sus ojos eran oscuros y misteriosos, tenía los labios hinchados a causa de los besos y el cuerpo relajado por el orgasmo. Sin pensar lo que hacía, le pasó los dedos por la línea delicada de la mandíbula e inhaló su fragancia. Ella le tomó la mano, acercó los dedos de él a sus labios y los acarició levemente.
-Edward... -vaciló.
-¿Sí?
-No quiero que te sientas incómodo -ella apartó la vista-.Y no sé cómo decir esto.
El corazón de él, que apenas acababa de recuperarse de su encuentro sexual, volvió a latir con fuerza.
-Pues dilo.
-Oh... esto es muy difícil.
Edward apenas podía respirar. ¿Habría descubierto al hacer el amor que sentía algo profundo por él?
-¿Qué, amor? -los apelativos cariñosos nunca habían formado parte de su vocabulario.
No se los habían dicho de niño y no los había cultivado de adulto, pero aquél le salió solo.
-Estoy sudorosa y pegajosa y tengo miedo de oler mal. Necesito una ducha.
Claro. Edward se rió de sí mismo y de lo desviado de sus cálculos. Sabía que no era el ser más adorable del planeta. Ni siquiera lo habían querido sus élla no era la declaración de amor que se había atrevido a esperar por un instante, pero ella tenía razón. Los dos estaban pegajosos de sudor y, aunque él podía ser muy tonto, no lo era tanto como para desaprovechar una oportunidad así.
-¿Quieres que te frote la espalda?
Acabo de llegar de la librería :) mi finde con todo y semana fue pesadito :D pero aquí ando, perdón la demora de una semana xD.
Quiero Reviews, es poquito este pero sabré recompensarlos )
Bonita noche mis pequeñas, gracias por los reviews anteriores...
AraXo
