-Ve tú delante. Tengo que lavarme la cara.
-Esperaré -ahora que estaba allí, no quería seguir por miedo a lo que podía encontrarse.
-No. Vete. Necesitas unos minutos a solas con ellos. Yo iré en diez minutos -lo besó en la mejilla y lo empujó en dirección a los ascensores- Te prometo subir enseguida -le tocó el brazo- Vamos, Edward. Ella te espera.
CAPÍTULO 14
Cuando Edward desapareció en el ascensor, Bella salió a la calle y sacó su teléfono móvil, que no se podía usar en Urgencias. Respiró con fuerza. No le apetecía nada hacer aquella llamada.
Él contestó al segundo timbrazo.
-¿Bella?
-Estamos en el hospital City North -dijo ella sin preámbulos-. La madre de Edward ha tenido un infarto. Tienes que venir aquí lo antes que puedas -caminaba por la acera y pasó a una pareja que fumaba un cigarrillo sentados en un banco.
-Pero estoy encerrado en la galería -protestó Mike.
-Pues deja de estarlo. ¿No has oído lo que he dicho? La madre de Edward ha tenido un infarto. Te necesita aquí.
-No sé si...
Mike agotaba su paciencia.
-Yo sí. Yo sé que tu mejor amigo te necesita ahora más que nunca y más vale que vengas aun que tengas que arrancar los goznes con los dientes -llegó una ambulancia con las luces encendidas pero la sirena en silencio-. No me hagas ir a buscarte, Mike.
-Bella.
-Esto no es un juego. Si es preciso, iré a sacarte de allí.
-Espera un momento.
Se abrió la puerta de atrás de la ambulancia y sacaron a una mujer hispana muy embarazada y muy nerviosa. Bella se alegró de no ser esa mujer.
Oyó una conversación apagada al otro lado y después Mike volvió al teléfono.
-Richard viene conmigo -dijo con tono de desafío.
-Me importa un bledo si te traes a toda la coalición del arco iris, pero ven aquí.
-Pero no hay taxis ni metro.
-Mike, tú eres neoyorquino, ¿verdad? Pues anda.
-Sé razonable. Llevo mis Bruno Ms.
Si un hombre volvía a decirle esa noche que fuera razonable... Bella apenas podía contener su mal humor.
-Mike, sé que adoras esos zapatos y yo personalmente te pagaré unas suelas nuevas. Pero escúchame y escúchame bien. Finge que tú no eres el centro del universo y finge que tu amigo te importa por lo menos tanto como esos malditos zapatos. Esta noche has colocado a Edward en una posición espantosa y él lo ha hecho por ti. Me importa un bledo si tienes que arrastrarte, pero ven aquí. Tienes una hora para aparecer o te juro que convertiré tu vida en un infierno.
-Está bien. Voy para allá.
-Y Mike...
-¿Sí?
-No te quejes de los zapatos cuando llegues aquí.
Colgó el teléfono, bastante segura de que Mike aparecería antes de una hora. Pedirle que acudiera por su amigo no había sido tan efectivo como prometerle una vida infernal si no acudía. Porque Mike sabía que ella cumpliría su promesa.
Apagó el móvil y volvió a Urgencias.
Se metió en el baño; después de orinar, se lavó las manos y se miró a espejo. Estaba horrorosa.
Sin maquillaje. Sudorosa. Con el pelo sucio pegado al cuello por el sudor y ojeras oscuras por la falta de sueño. Se lavó la cara y arregló el pelo lo mejor que pudo, pero sabía que esa noche no ganaría ningún concurso de belleza.
Salió del baño y buscó los ascensores. Salió en el cuarto piso, en un pasillo relativamente tranquilo que no formaba parte de Cuidados Intensivos, lo cual era buena señal. En el mostrador de enfermeras conversaban dos mujeres. Bella siguió la flecha que indicaba el número de habitación que le habían dado abajo.
Un hombre de aspecto distinguido que se parecía mucho a Edward estaba de pie fuera de la puerta. Algo más alto que Edward, de pelo gris, perilla cuidada y ropa elegante. La distinción no la impresionaba. Su padre y los amigos de éste eran muy distinguidos y eso no los convertía en mejores o peores que otros seres humanos.
Respiró hondo. Tenía que cambiar de actitud. No estaba allí por ellos. Estaba allí para apoyar a Edward, no para relacionarse con sus padres. Aquel hombre podía no haber sido el mejor padre del mundo, pero seguía siendo el padre de Edward. Y él, a pesar de todo, quería a sus progenitores.
Eran sus padres, independientemente del hecho de que Edward hubiera merecido tener unos mejores. También merecía un amigo mejor que Mike, al que había tenido que amenazar para que fuera allí. Edward era dulce, tierno y uno de los mejores hombres que había conocido y merecía todo lo mejor que la vida pudiera ofrecer.
El hombre levantó la vista y la miró.
-¿Señor Cullen? -él asintió-. Soy Bella Swan, amiga de Edward.
Le tendió la mano y, tras un instante de vacilación, él se la estrechó.
-Muy bien. Muy bien. Carlisle Cullen.
-¿Cómo está la doctora Esmerald?
Él se pasó una mano por la cara.
-Estable. Descansa tranquila, ahora que ha llegado Edward.
Su estado alterado frenó mucho la animosidad de ella. Fuera o no un buen padre, aquel hombre estaba preocupado por la mujer a la que amaba.
-Casi ha corrido diez kilómetros para venir aquí -pensaba que él debía saberlo.
El hombre pareció sorprendido.
-¿Ha corrido?
-Sí. Corrido. Con botas. No hay taxis y yo no tengo coche. Estaba muy preocupado -decidió no mencionar que los había parado la policía.
-Oh. No me lo ha dicho.
Carlisle parecía un académico que se dejaba absorber por otros tiempos y lugares y no invertía mucho en el aquí y ahora.
-No, claro que no -repuso ella.
-Siempre ha sido un solitario. Y muy reservado.
Bella se mordió la lengua para no contestar. Los refranes de «le dijo la sartén al cazo...» o «de tal palo, tal astilla», parecían encajar perfecta mente allí.
-Hay que esforzarse un poco por conocerlo, pero vale la pena el esfuerzo.
El hombre la miró como si ella acabara de inventar una hipótesis científica nueva, pero no hizo comentarios.
-¿Ha sido un infarto? -preguntó ella.
-Sí. Se despertó a medianoche con dolores en el pecho. Esme es una de las mujeres más sensibles que conozco. No sabía si era el calor, una indigestión o un infarto, pero me ha dicho que la trajera al hospital. Que prefería sentirse, avergonzada si era una indigestión a muerta si no lo era. Una mujer muy sensata.
-He visto las estadísticas. Muchas mujeres mueren todos los años innecesariamente de infarto porque ignoran los síntomas o esperan demasiado a pedir tratamiento.
Al parecer, Carlisle no estaba tan entero como parecía. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Ella le dio una palmadita en el brazo.
-Me alegro de que ya esté bien.
Carlisle asintió.
-Tengo algo en el ojo. Sí, por supuesto. Menos mal que es una mujer muy sensata. Vamos a entrar para que la conozca.
-Esperaré aquí hasta que salga Edward.
-Tonterías. Edward querrá saber que está aquí y seguro que a Esme le gustará conocerla.
Bella no tuvo más opción que entrar en la habitación.
Edward estaba de pie a la derecha de la cama con aspecto de sentirse terriblemente incómodo. La joven miró a su madre.
Se había preparado mentalmente para encontrarse con un monstruo y la sorprendió lo normal que parecía aquella mujer en la cama, aun que estuviera enganchada a una máquina que medía algo. Era morena, de rostro blanco y ojos de la misma forma y color que los de Edward.
-Esme, ella es Bella Swan -dijo su marido-. Ha venido con Edward.
La joven, sin pensar, se situó al lado de Edward y le tomó la mano, más por ella que por él. No sabía por qué padecía aquel repentino ataque de nervios.
-Encantada de conocerte -dijo Esme con un acento británico mucho más pronunciado que el de su marido.
-Lo mismo digo -sonrió Bella-, aunque lamento que sea en estas circunstancias -su acento sureño sonaba más espeso que nunca en contraste con el de la mujer-. ¿Cómo se encuentra?
-Estoy bien. Un ligero fallo en el sistema, pero lo superaré -miró a Bella, a su hijo y de nuevo a ella.
Carlisle sonrió a su esposa. La ternura que pasó entre ellos casi dejó sin aliento a la joven.
-También lo tienen -dijo él.
-¿Qué tenemos? -preguntó Edward.
Nadie le contestó. Bella tampoco sabía de lo que hablaba Carlisle. Parecía que Esme y él compartían un lenguaje propio.
-¡Oh, es maravilloso! -Esme le sonrió desde la cama-. Es la primera vez que Edward nos presenta a una chica.
¿Presentarles a una chica? Sin duda habían interpretado mal su relación con Edward. Bella intentó soltar su mano.
-Pero...
En vez de soltarla, Edward le apretó la mano y miró el monitor situado al lado de la cama de su madre. Muy bien, pues. Por el momento tenían una relación. Todo lo que su madre quisiera.
Bella sonrió a la mujer.
-Sí, bueno, me hubiera gustado conocerlos en otras circunstancias -repitió.
-No, hija. Esto es maravilloso -Esme bajó la voz-. A Carlisle y a mí empezaba a preocuparnos que fuera gay.
Edward emitió un ruido extraño con la garganta y se ruborizó hasta las orejas.
-Mamá...
-Definitivamente, no lo es -declaró Bella sin pensar. Y enseguida se arrepintió de ello. ¿Cómo podía hablarles así a sus padres?
En lugar de ofendidos, parecían encantados con sus palabras. Carlisle guiñó un ojo a su esposa.
-¿Qué te había dicho?
Bella miró a Edward. Vio la bondad y la integridad de sus ojos marrones y el sonrojo de sus orejas. Le apretó la mano y el corazón le dio un vuelco al comprender que sí, ellos también tenían algo.
-Edward y Bella han corrido diez kilómetros para venir aquí, Esme. Y Edward llevaba botas - dijo el padre de él con orgullo.
-¿Has venido corriendo para verme? -preguntó su madre, sorprendida.
Edward sabía que cada vez se hundía más en el barro, pero ya aclararía todo aquello cuando su madre no estuviera tumbada en una cama de hospital conectada a máquinas y con un tubo de oxígeno en la nariz. ¡Sus padres parecían tan complacidos por la confusión de su relación con Bella!
-Bueno, diez kilómetros no. Nos han traído en coche los últimos.
-¿Con botas?
Edward nunca habría creído que fuera tan importante para ellos. La emoción le formaba un nudo en la garganta.
-Tenía que ver si estabas bien -dijo con brusquedad.
A su madre no pareció importarle su tono.
-Eso es maravilloso.
-Es un hombre maravilloso. Deberían dedicar algo de tiempo a conocerlo -dijo Bella.
A pesar de la suavidad de su tono, sus palabras sonaron como un reto.
Nadie dijo nada por un momento. Carlisle se enderezó un poco con los labios apretados. Edward casi dio un respingo cuando vio que se suavizaba su rostro y tomaba la mano de su esposa.
-Creo que tiene razón, señorita. Sospecho que nuestro hijo es maravilloso.
Aquello era lo más cerca que habían estado nunca de un momento familiar entrañable. Edward se emocionó.
Y casi agradeció que Mike entrara en ese momento por la puerta.
-Doctora , ¿qué hace aquí?
¿Qué hacía Mike allí?
Edward miró a Bella.
-¿Esto es obra tuya?
Ella asintió.
-No sabía lo que te ibas a encontrar. He pensado que podías necesitarlo -le dijo al oído. Mike se acercó y le pasó un brazo a Edward por los hombros.
-Gracias por cuidar de mi chica.
-¿Tu chica? Pero nosotros pensábamos... -Esme frunció el ceño confusa.
Mike sonrió.
-Sí. Bella y yo estamos prometidos. ¿No se lo ha dicho Edward?
-No. Nadie ha mencionado ese detalle -declaró Carlisle
-Pero Edward y Bella.. -la madre de Edward parecía al borde de las lágrimas.
-Mike es muy bromista -Bella lo miró muy seria-. Deja de burlarte de la doctora -miró a la mujer-. Usted tiene que descansar. Chicos, venid. Vamos a tomar un café.
La madre de Edward sonrió.
-Ah, una mujer como a mí me gustan, de las que saben asumir el mando -miró a su hijo-. Me gusta, hijo.
-A mí también -declaró su padre.
Bueno, pues ya eran tres, porque a Edward también le gustaba.
-Soy un tipo con suerte.
-La afortunada soy yo -Bella lo miró con adoración.
-Pero... -Mike los miraba a los dos, confuso.
Bella lo interrumpió.
-Un café con hielo sería una maravilla, ¿verdad? Vamos a buscarlo -tomó a Mike del brazo.
-¡Ay! Me has pellizcado.
-Perdona -miró a la madre de Edward-. Procure descansar.
-Lo haré. Gracias por venir con mi hijo -miró a éste-. Pasarás por aquí antes de marcharte, ¿verdad?
-Sí. Duerme un poco.
Bella sacó a Mike de la habitación. Edward los siguió.
-¿A qué venía eso? -preguntó Mike en cuanto salieron al pasillo.
-Cállate -le dijo Bella, cortante-. Necesito desesperadamente una taza de café para sentirme humana. Luego hablaremos.
Siguió andando. Richard se separó de la pared en la que estaba apoyado y se acercó a Mike. La mirada que pasó entre ellos era una mirada inconfundible de amantes.
-Veo que te has traído a la coalición del arco iris -comentó Bella.
Richard la miró de hito en hito y se agarró del brazo de Mike.
A Edward le resultaba desconcertante ver a su mejor amigo del brazo de su amante gay. Pero, en general, no mucho más que encontrarse a Bella en su cama o descubrir que sus padres pensaban que era gay. En conjunto, había sido una noche muy curiosa. Y todavía no había terminado.
Bajaron en el ascensor. A las tres y media de la mañana, eran los únicos pasajeros.
Cuando se cerraron las puertas, Mike respiró hondo y olfateó el aire como un perro de presa. Palideció visiblemente y miró a Bella y luego a Edward.
-Vosotros dos os habéis acostado juntos - no era una pregunta.
-¿Pero qué dices? -lo desafió Bella.
-Vosotros os... apestáis a sexo -Mike miró a Edward-. No puedo creer que te hayas acostado con mi prometida.
Edward sabía que tendrían que tener un día esa conversación, pero no había previsto que sería tan pronto. Miró a Richard con intención.
-Tú no tienes derecho a hacerte el ofendido.
Bella se situó delante de Mike.
-Vamos a aclarar un par de cosas. Yo no soy tu prometida y ya no es asunto tuyo con quién me acueste ni cómo. Podría acostarme con todo el equipo de los NY Giants y no sería de tu incumbencia. Después de meter tu pene ahí... -señaló a no ibas a volver aquí nunca más.
-Querida, a su pene ya no le interesa nada de lo que tú tienes -intervino Richard.
-Cosa de la que me alegro mucho.
Edward reprimió una carcajada. ¡Bien dicho! Bella era una mujer magnífica.
Se abrió la puerta en el primer piso y salieron todos del ascensor.
-Creo que todos necesitamos un café -dijo Edward. Echaron a andar hacia la derecha, siguiendo la flecha que indicaba «café».
Bella miró a Mike.
-Se suponía que venías aquí a apoyar a Edward, no a hacer el idiota.
-Pues si a Edward no le gusta, siempre puedes darle tú un beso y que se le pase -gruñó Mike.
Edward sabía que Bella tuvo que hacer uso de una gran fuerza de voluntad para ignorar aquel comentario.
-¿Cómo has llegado tan rápido? -preguntó-. No me creo que hayas venido en este tiempo desde la galería.
-Mi apartamento está a un par de manzanas de aquí -contestó Richard.
Edward se sintió como un tonto. Mike no había estado encerrado en la galería. Lo había utilizado. Le había mentido y lo había utilizado. Su amistad había soportado algunas peleas ocasionales, pero jamás había pensado que Mike podría mentirle así. Se detuvo en la puerta de la cafetería y le puso una mano en el brazo.
-Gracias, Richard. Me encantaría que me invitaras a un café -dijo Bella, que obviamente quería dejar a Mike y Edward solos.
Mike miró a Richard.
-Por favor. Hazlo por mí.
-Bien, si es por ti... -Richard miró a Bella con disgusto y la siguió de mala gana a la cafetería.
-¿Te quedaste encerrado en la galería? -preguntó Edward con furia.
-Sí.
-¿Cuánto tiempo?
Mike se metió las manos en los bolsillos y pareció avergonzado.
-Una hora. La compañía del sistema de seguridad me dio instrucciones por teléfono para desarmarlo.
-¿Eso fue antes o después de que me pidieras que le diera yo la noticia a Bella?
-Después. Te juro que fue después.
Edward se sintió algo mejor... siempre que Mike no mintiera. Durante quince años habían sido como hermanos y en menos de un día ya no sabía si podía confiar en él. Ya no conocía al hombre que tenía delante. El hombre al que había querido como a un hermano no habría podido engañar a su prometida y no le habría dejado a él recoger los platos rotos.
-¿Pero cuando saliste de la galería no se te ocurrió que tenías que ver a Bella?
-Tú estabas con ella. Pensé que sería mejor darle tiempo a asimilarlo. No sabía que se acostaría contigo.
La furia de Edward se disipó tan deprisa como había llegado, dejando sólo agotamiento. Él no había utilizado a Mike, pero, hasta cierto punto, sí lo había traicionado.
-Mike, tú nos has colocado a los dos en esta posición. ¿Sabes que le da miedo la oscuridad?
-Claro que lo sé. Hemos salido juntos seis meses.
-¿Y entonces por qué me dijiste que la dejara sola en su casa? Eso me pareció terrible.
Mike apartó la vista.
-Las cosas no iban muy bien entre nosotros. Ya te dije que no batíamos ningún récord en el dormitorio precisamente. Ella dice que me quejo mucho y que soy egoísta.
-Eso es cierto.
Mike lo miró.
-Puede que sí, pero ella es muy mandona.
-Es verdad -Edward lo consideraba parte de su encanto. También era lista y muy valiente, pero Mike aún no había entendido esa parte-. ¿Y qué tiene que ver eso con que me pidieras que la abandonara en la oscuridad?
-No lo sé. Sabía que las cosas no iban bien entre nosotros, pero no quería imaginármela sola con otro hombre, aunque fueras tú.
-¿Un caso de no comer ni dejar comer?
-Soy un egoísta -comentó Mike. -Sí.
-No hace falta que coincidas tanto conmigo.
-Es que me lo has quitado de la lengua.
-Creo que esta noche me he vuelto un poco loco.
-¿Estás cambiando de idea? -preguntó Edward.
-Respecto a Richard y Bella, no. Pero lamento cómo he llevado todo esto. He tomado algunas decisiones malas y no sé cómo arreglarlo. Temo haber puesto en peligro nuestra amistad -era más una pregunta que una afirmación.
-No has matado a una vieja con un hacha, ¿verdad?
-No que yo recuerde.
-Entones todo está bien. Esta noche... con Bella... no pretendíamos que ocurriera. Y si te ha dolido... lo siento.
Mike apoyó la cabeza en las manos.
-Edward, no merezco un amigo como tú.
-Eso es verdad.
-¿Vas a seguir dejándome que me autoflagele sin interrumpirme?
-Lo intentaré.
-Estaba celoso. Sabía que, en cuanto Bella se enterara de lo de Richard, acabaría lo nuestro. La conozco y lo sabía. Pero cuando he entrado y los he visto de la mano y... bueno, a mí nunca me ha mirado como te mira a ti.
Edward movió la cabeza. Era tarde y todos estaban cansados y nerviosos.
-Eso lo hacía por mi madre. Mis padres se han hecho una idea equivocada y nos ha parecido que, por el momento, era mejor dejarlo así.
-¿Cómo has sabido que estaba en el hospital?
-Me ha llamado papá.
La sorpresa en la cara de Mike lo decía todo. Edward se echó a reír.
-Lo sé.
-¿Estás bien?
-Sí. Más o menos -movió la cabeza-. Bella les ha dicho que deberían molestarse en intentar conocerme.
-¿En serio? ¿Y qué ha dicho tu padre?
-Pues creo que ha dicho que tenía razón o algo así.
-A lo mejor están cambiando. Y ya sería hora.
-Pero no tiene sentido. Yo soy el mismo de siempre.
-En eso te equivocas. Llevo años diciéndote que no debes pensar que tú eres el problema. No importa si eres o no la misma persona, porque esto siempre ha sido cosa de ellos. Eran ellos los que tenían el problema, no tú -Mike se echó a reí no haber estado cuando Bella les ha dicho eso. Ya te dije que esa chica es una magnolia de acero.
-Es un poco terca.
-Lo sé. Y también te equivocas en otra cosa. Yo la conozco y te seguro que no es buena actriz. El modo en que te miraba no era por tu madre.
-Te equivocas -dijo Edward.
-Hace mucho que nos conocemos y no sabes cómo me alegro de no haber arruinado del todo nuestra amistad.
-Creo que no me gusta lo que va a seguir.
-Seguramente no. Pero por mucho que me esfuerzo, no consigo comprender por qué tienes tanto miedo de ser feliz.
De nuevo... el cap. anterior se borró algo de la ultima parte nn' pero ahí está, ya falta poquito para el final. Gracias.
