La sorpresa en la cara de Mike lo decía todo. Edward se echó a reír.
-Lo sé.
-¿Estás bien?
-Sí. Más o menos -movió la cabeza-. Bella les ha dicho que deberían molestarse en intentar conocerme.
-¿En serio? ¿Y qué ha dicho tu padre?
-Pues creo que ha dicho que tenía razón o algo así.
-A lo mejor están cambiando. Y ya sería hora.
-Pero no tiene sentido. Yo soy el mismo de siempre.
-En eso te equivocas. Llevo años diciéndote que no debes pensar que tú eres el problema. No importa si eres o no la misma persona, porque esto siempre ha sido cosa de ellos. Eran ellos los que tenían el problema, no tú -Mike se echó a reí no haber estado cuando Bella les ha dicho eso. Ya te dije que esa chica es una magnolia de acero.
-Es un poco terca.
-Lo sé. Y también te equivocas en otra cosa. Yo la conozco y te seguro que no es buena actriz. El modo en que te miraba no era por tu madre.
-Te equivocas -dijo Edward.
-Hace mucho que nos conocemos y no sabes cómo me alegro de no haber arruinado del todo nuestra amistad.
-Creo que no me gusta lo que va a seguir.
-Seguramente no. Pero por mucho que me esfuerzo, no consigo comprender por qué tienes tanto miedo de ser feliz.
Capítulo 15
Bella tomaba un café con hielo que sabía a agua de cloaca fría e ignoraba a Richard, que estaba dos mesas más allá. No sufría mucho por la infidelidad de Mike, pero no estaba preparada para abrazar a su nuevo objeto de deseo. Se alegraba de que Mike y Edward estuvieran hablando fuera porque necesitaba también unos minutos para aclarar sus ideas.
No sabía si reír o llorar. Estaba enamorada de Edward. En algún momento de la noche se había enamorado de él.
Sabía que había encontrado lo que quería... un amor de los de tacón de aguja. Edward no tenía nada de cómodo. Era alternativamente cáustico y tierno, valiente y vulnerable. Y ella sabía con una certeza que casi la asustaba que diez años después o cincuenta años después sentiría todavía lo mismo por él.
Tal vez todo aquello había empezado en la sesión de fotos de dos semanas atrás y los sueños eróticos habían querido decirle lo que ni su cabeza ni su corazón estaban preparados para escuchar.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que se sobresaltó cuando Mike se sentó a su lado.
-Edward dice que tenemos que hablar.
-Pues habla.
-Lo siento -dijo él.
-Y deberías. Eres un villano. No sólo me eres infiel sino que esta noche me mientes cuando te llamo por teléfono y me haces creer que sigues encerrado en la galería.
-Lo sé. He hecho mal. No puedes llamarme nada que no me haya llamado yo ya. Sabía que te enfadarías y, si se enteraba Edward, él también. No quería hablar contigo esta noche. No quería lidiar con esto.
-Tú has creado un monstruo, doctor Frankenstein. Lidia con él.
-Tienes razón.
-Sí.
¿Cómo seguir riñendo a alguien que se mostraba de acuerdo con ella? Lo que antes quería decirle cuando lo viera cara a cara era que esperaba que se le cayera el pene, pero ahora... seguramente se mostraría de acuerdo con ella. ¿Y qué satisfacción podía haber en eso?
-Siento muchas cosas. No haber tenido el valor de decirte las dudas que tenía sobre mi sexualidad antes de enrollarme con Richard. No haber sido lo bastante hombre para decírtelo personalmente. Y haberme portado como un idiota hace un rato.
Bella no había sido nunca rencorosa. Perdonaba con facilidad. No sabía si era una bendición o una maldición. Y su facilidad para perdonarlo seguramente indicaba que no lo había querido como debía querer una mujer a un hombre para casarse con él. Y sabía también que, de no ser por el comportamiento de Mike, jamás habría ocurrido aquella noche con Edward. Y ella se alegraba mucho de que hubiera pasado. De eso no se arrepentía.
-Acepto tus disculpas y ya no deseo que se te caiga el pene -dijo.
Mike soltó una risita.
-No quiero que te enfades eternamente conmigo.
-No voy a decir que me caiga bien Richard, pero si a ti te importa y te hace feliz, me alegro por ti.
-Gracias. Es más de lo que merezco.
-Sí que lo es -Bella sonrió y Mike tendió una mano y le metió un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Eres una mujer muy especial. A una parte de mí le habría gustado que lo nuestro saliera bien.
-Habría sido imposible, Mike. Y debo decir que me alegro de que hay pasado esto. Yo estoy bien, ¿pero tú has hecho las paces con Edward?
-Sí. Hemos hablado de lo que pasó antes. Ya le he pedido perdón.Y me ha hablado de sus padres.
-Es raro. Yo los detestaba por lo que me había contado él y luego me han caído bien.
-A mí siempre me ha pasado lo mismo con ellos. Han hecho mucho daño a Edward, pero no son intencionadamente crueles, sólo distantes. Yo de adolescente nunca me sentía mal recibido en su casa, pero siempre había una distancia. Si eres el amigo, eso está bien, pero si eres su hijo, no. Edward finge que no le importa, pero siempre ha querido que se fijaran en él -parecía disgustado-. Ni siquiera vinieron a la graduación del instituto.
Bella sufría por Edward.
-En cuanto ha llamado su padre, no ha dudado ni un segundo en venir. Se merece unos padres mejores.
Su vehemencia hizo sonreír a Mike.
-Eso le pasa a mucha gente, pero tenemos que conformarnos con lo que tenemos. Edward es uno de los mejores hombres que conozco, pero ellos le han dejado algunas cicatrices.
Bella respiró hondo y se lanzó a la piscina de cabeza.
-Lo quiero -le pareció que el sentimiento cobraba realidad al darle voz.
La conmovió la melancolía que vio en los ojos de Mike.
-Lo sé.
-¿Lo sabes? ¿Cómo es posible...?
-Lo he sabido en cuanto os he visto juntos en la habitación.
Bella soltó una risita.
-Ridículo, ¿verdad? Ayer tú y yo estábamos prometidos y ahora estoy aquí sentada diciéndote que me he enamorado de él.
-Yo no diría ridículo. Yo diría que es como es, más o menos igual que lo mío con Richard.
-Tú eres su mejor amigo. Necesito que a ti no te importe -a Bella no le resultaba fácil pedirle su bendición.
-No puede importarme o tú no dejarías de atormentarme y darme la lata.
Los dos se echaron a reír. Mike se puso serio.
-Tendrás que luchar por él.
A ella se le encogió el corazón.
-Sé que está enamorado de otra, o por lo menos eso cree él. ¿Quién es ella?
-Sé que hay alguien. Alguien de quien no quiere hablar, lo cual no es raro en él ya que es muy reservado. Pero yo no me refiero a eso -sus ojos, azules mostraban cierta lá ás que luchar con Edward.
-Esperaba encontrarte aquí. Está dormida. Edward levantó la vista de su taza de café. Su padre había envejecido veinte años en una noche. Hablar con él era siempre más incómodo que hacerlo con un desconocido.
-¿Quieres un café? -preguntó Edward.
-¿No sería posible conseguir una taza de té?
-Siéntate y veré lo que puedo hacer.
Volvió poco después con una taza de agua, una bolsa de té y azúcar.
-Es lo máximo que he conseguido.
-Gracias -dijo su padre.
Dejó que reposara el té y se produjo un silencio incómodo. Edward carraspeó.
-Si mamá está bien y descansando, no volveremos a subir. Explícale que no queríamos despertarla, ¿de acuerdo?
Su padre asintió.
-Se lo diré. Gracias por venir.
-De nada. Me alegro de que me hayas llamado.
Hubo otro silencio. Su padre preparaba su té con movimientos precisos. Un terrón de azúcar que removía dos veces. Levantó la vista y se encontró con los ojos de Edward.
-Ella quería que vinieras... y yo también.
-Sólo tenía que llamar -quizá fue por el agotamiento o tal vez por el valor para decir cosas a horas intempestivas, pero Edward dijo-: Lo único que he querido siempre era que me quisierais.
Su padre movió la cabeza. Parecía un anciano cansado.
-Me temo que hemos sido unos padres terribles. Siempre he querido tanto a tu madre que no hice sitio para nadie más. Eso estuvo muy mal. Cuando esta noche he creído que podía perderla, me he dado cuenta de lo importantes que sois para mí, no sólo ella sino tú también. Los dos. Creo que Bella tenía razón. Tenemos un hijo maravilloso al que no conocemos.
El frío interior de Edward no tenía nada que ver con el aire acondicionado.
-No quiero ser el y eso que cubre un hueco porque crees que puedes perderla.
-No. No es eso. Tu madre y yo te hemos echado de menos estos últimos años, pero todos hemos cerrado el círculo. No sé si era tu intención, pero tú también nos has apartado de tu vida.
No había nada que decir a eso, así que Edward guardó silencio.
Su padre asintió con la cabeza.
-Nos lo merecíamos, lo sé. No podemos cambiar el pasado. El futuro es lo único que tenemos. A tu madre y a mí nos gustaría formar parte de tu vida.
Edward había esperado eso toda la vida. Tendría que haber estado exultante. Pero había construido un muro alrededor de sus sentimientos. Cada decepción, cada hora de soledad, había sido como un ladrillo de ese muro. Una oferta de buenas intenciones no podía derribar una pared tan firme. Se frotó el cuello, rígido por la tensión.
-No sé.
-Supongo que es justo.
Carlisle tomó un sorbo de té. Mike terminó su café. Su padre carraspeó.
-¿Qué hay de Bella? ¿Está prometida con Mike?
Edward prefería aquel tema al de la falta de relación con sus padres.
-Hasta esta noche, era su prometida. Yo no soy gay y no lo seré nunca, pero Mike acaba de salir del armario.
Su padre parpadeó. Dos veces.
-Esto parece un drama de la BBC.
Edward sonrió. Su padre nunca intentaba ser gracioso, pero a veces lo era. Movió la cabeza.
-Es complicado, pero lo que importa es que Bella y yo no somos pareja. Anoche me quedé atrapado en su apartamento y cuando mamá pensó que... bueno... le dejamos pensarlo.
-Ah, todo eso a mí no me importa. Lo que me importa es la expresión de tu cara cuando la has visto entrar en la habitación. Ella y tú tenéis lo mismo que hemos tenido tu madre y yo siempre. Una corriente profunda, una conexión que poca gente encuentra.
Edward le había explicado ya que no tenían una relación y no tenía intención de hablar de sus sentimientos con aquel hombre que nunca antes había mostrado el menor interés por ellos.
-¿No crees que es un poco tarde para decidir que te interesa mi vida?
-Eso depende de ti, pero no, yo no lo creo. No puedo cambiar el ayer, pero puedo cambiar el mañana.
Edward no sabía qué decir. No podía prometer nada que no pudiera cumplir y no sabía si para él era ya demasiado tarde.
Su padre parecía decepcionado.
-Está bien. ¿Volverás mañana, o mejor dicho hoy, a ver a tu madre?
-Vendré.
Era lo máximo que podía prometer.
-¿Cuántas probabilidades hay de encontrar aparcamiento en una calle de Manhattan? -preguntó Bella cuando Edward metió el viejo Jaguar de su padre en un hueco a muy poca distancia de la casa de ella.
-Debe de ser por todos esos pobres diablos que se quedaron atrapados en el trabajo -sonrió él.
Carlisle Cullen les había ofrecido su coche, ya que él no pensaba moverse del hospital y Edward volvería ese día. Bella había aceptado encantada volver a casa con aire acondicionado en lugar e corriendo.
-Papá ha dicho que hay una linterna en el maletero. Dame un minuto -Edward abrió su puerta y salió.
Poco después aparecía en la puerta de ella con la linterna en la mano.
-Por lo menos no tenemos que subir las escaleras a oscuras -dijo.
-Le estaré eternamente agradecida a tu padre -repuso Bella.
La calle estaba desierta y en silencio. Edward y ella parecían ser las dos únicas personas despiertas en la ciudad. Una vez en la puerta, Edward le tomó la mano y entraron juntos.
-No sé si mi padre me hubiera ofrecido el coche si hubiera estado yo solo -dijo él cuando empezaban a subir las escaleras-. Seguro que tú nunca has conocido a nadie al que no le caigas bien.
Bella sabía que hablaba para distraerla de la oscuridad. A pesar de la linterna, la negrura apelaba a sus peores miedos. Se centró en la conversación e intentó no pensar que podía tragarla la oscuridad.
-Eso no es cierto. Con la mayoría de la gente me llevo bien, sí, pero eso es porque me gusta la gente. Creo que por eso me molestaba tanto haberte caído mal desde el primer momento.
-Nunca me caíste mal.
La joven hizo una mueca, pero no discutió su afirmación.
-Y a la señora Hinky no le gusto.
-¿A quién?
-A la vecina de al lado. Pero no le gusta nadie. Yo creo que está loca, que es una paranoica. Está convencida de que la gente la espía.
Edward hizo-un ruido con la garganta.
-¿Vive a tu derecha mirando el edificio de frente?
-Sí.
Él le contó su experiencia en el saliente y Bella se echó a reír.
-¡Oh, Dios mío! Eso habría dado un susto de muerte a cualquiera, pero en especial a esa mujer -volvió a reírse.
-Pobre mujer. Seguro que yo era su peor pesadilla hecha realidad.
-Yo te he visto desnudo y no es una pesadilla, pero luego iré a explicárselo para que no se muera de miedo.
-Buena idea -él tiró de su mano-. Ya hemos llegado.
Caminaron en silencio por el pasillo. Bella abrió la puerta de su apartamento. Dentro hacía tanto calor como cuando se habían marchado.
Edward encendió una vela y apagó la linterna.
-No quiero que se acabe la pila.
El gato los recibió con un maullido. Bella lo levantó en vilo sorprendida.
-Hola. ¿Nos has echado de menos? -miró a Edward-. Es la primera vez que sale a recibirme.
El gato le golpeó la barbilla con una pata sin uñ se echó a reír y lo dejó en el suelo.
-Ya es suficiente, ¿eh?
-Es el cambio de nombre -comentó Edward.
-Puede, o puede que sea mi fe en que cambiaría algún día. Nuestras percepciones se. convierten en nuestra realidad.
¡Vaya! ¿De dónde había salido aquello? Debía de estar muy cansada para ponerse a filosofar.
Y lo estaba. Agotada. Física y mentalmente. Se desperezó y captó el olor de su axila. Terrible.
-Podría dormir una semana, pero antes me voy a duchar. ¿Quieres acompañarme? Sólo a la ducha -añadió, para que él supiera que no le ofrecía sexo.
-Sí -rió Edward-. En este momento no soy capaz de nada más. No creo que se me levante, ni siquiera por ti.
Y sonrió.
-Mejor. Porque seguro que yo me quedaba dormida antes de terminar.
Edward la abrazó por la cintura.
-De acuerdo. Sólo ducha.
Entraron en el baño y él dejó la vela en el lavabo.
Bella se desnudó y amontonó la ropa en el suelo. Miró desnudarse a Edward.
-Si no estuviera tan cansada, intentaría seducirte.
Él se echó a reír.
-Creo que tendré que quemar toda esta ropa cuando llegue a casa.
Entraron en la ducha. Ella no quería pensar en él volviendo a su casa. No quería que terminara la magia de esa noche.
-No sé si quemarlas. Puede que te baste con fumigarlas -dijo.
Se metió debajo del chorro. El agua fría era una delicia sobre su piel sudorosa. Edward y ella se turnaban en silencio debajo del chorro. Cuando los dos se hubieron lavado de arriba abajo, cerraron el grifo.
-Espera -él tomó una toalla y empezó a secarla con gentileza.
-Puedo hacerlo yo -protestó ella, pero no hizo ademán de quitarle la toalla.
-Ya lo sé.
Siguió secándola y ella lo miraba, fascinada por el agua que se pegaba a sus pestañas oscuras y por las gotas atrapadas en la barba oscura de su mandíbula.
-Hum -era agradable sentirse mimada-. Lo creas o no, necesito más de una hora de sueño.
Edward soltó una risita y se arrodilló para secarle las piernas. Cuando se enderezó, le cubrió el pelo con la toalla y empezó a darle un masaje maravilloso en la cabeza.
-0 dejas de hacer eso, o me voy a quedar dormida de pie.
Edward le puso la toalla alrededor de los hombros y sonrió.
-Eso no estaría bien.
Tomó otra toalla y se secó rápidamente, mientras ella lo miraba con aire de zombie. Él salió de la bañera, le puso una mano detrás de los hombros, la otra debajo de las rodillas y la levantó en brazos.
Bella no protestó. Le echó los brazos al cuello y apoyó la mejilla en su pecho. El ritmo firme de su corazón le servía de nana. Se durmió así, rodeada de su aroma, con su piel contra la de él.
Hola nn' despues de muchos días aquí de nuevo para finalizar esto. Buen día
