CAPÍTULO 16
Edward observaba dormir a Bella. El sol le acariciaba las nalgas y las piernas, tenía un brazo encima de la cara y el pelo castaño sobre la almohada.
Él salió de la cama y entró en el baño a buscar los calzoncillos y los vaqueros. Andar desnudo había estado muy bien durante la noche, pero ya no. La magia de la noche se había desvanecido con la salida del sol.
Tomó su cámara y la ajustó para la luz brillante que había en la habitación. A ninguno de los dos se le había ocurrido bajar la persiana cuando se habían metido en la cama cuatro horas atrás. Ella yacía en parte a la luz y en parte en sombra. Hizo varias fotos, encantado con el juego del sol sobre su piel. Retirándose otra vez detrás de la seguridad de la cámara.
Bella abrió los ojos y le sonrió adormilada. Miró la cámara.
-Por favor, dime que no me estás haciendo fotos sin maquillar y con el pelo así.
-Estás muy guapa -le aseguro él. Y era cierto.
-Sí, claro -ella levantó una mano-. No más fotos, por favor.
-De acuerdo.
Edward se acercó a la ventana y miró al exterior, para ofrecerle un momento de intimidad sin llegar a salir del cuarto.
Crujió el colchón, lo que anunciaba que ella se había levantado. La oyó salir de la estancia y el chirrido de protesta de la puerta del baño.
La gente poblaba de nuevo las calles de la ciudad, pero se veían pocos coches. Hizo varias fotos sin mucho interés. Su corazón no estaba en eso.
Oyó abrirse la puerta del baño y ella volvió a la habitación.
-Gracias por venir conmigo anoche al hospital -dijo él sin volverse.
Bella abrió un cajón de la cómoda.
-Me alegro de haber conocido a tus padres. Y de que tu madre esté bien.
-Sí -Edward se encogió por dentro. Los dos hablaban como personajes de un guión malo.
-Me cayeron mejor de lo que esperaba -siguió ella.
-Estaban... distintos.
Pero eran tan egoístas como siempre. No lo habían buscado porque se sintieran orgullosos de él o se hubieran dado cuenta de que no lo conocían. No, se sentían mortales y vulnerables y él era su refuerzo. Seguía ocupando un segundo plano con ellos. Y en cuanto su madre se sintiera bien, volverían a su mundo privado de dos.
-Tú también les gustaste -comentó.
-¡Ja! Les hubiera gustado cualquiera que te hubiera salvado de ser gay.
Edward se echó a reír.
-Eso tuvo gracia, ¿eh? Si nunca les había presentado a una mujer, tenía que ser gay. Pero no era eso.Tú sabes conquistar a la gente.
-¡Ja! No olvides a la señora Hinky. Y te aseguro que no conquisté a Richard.
-Richard y tú no habéis tenido un buen comiento -comentó Edward-. ¿Arreglaste las cosas con Mike?
-Más o menos. He cerrado ese capítulo, así que puedo olvidarme del Prozac -sonrió ella-. ¿Y vosotros?
Edward se encogió de hombros.
-Creo que sí.
Bella se acercó a él, le puso las manos en el pecho desnudo y Edward sintió que le ardía la piel.
-Quiero que sepas que esta noche pasada ha sido la mejor de mi vida -dijo ella.
Él retrocedió para alejarse de sus manos.
-Es una reacción muy poco corriente a la ruptura de un compromiso.
Bella dejó caer los brazos a los costados.
-No me refería a eso y lo sabes. Lo bueno de anoche fuiste tú.
-Me siento halagado -y era cierto, pero uno de los dos tenía que mostrarse sensato. Salió a buscar la funda de la cámara, que seguía al lado de la puerta de entrada.
Bella lo siguió sin vacilar.
-No pretendo halagarte, sólo digo la verdad. ¿Recuerdas cuando tu padre le dijo a tu madre que nosotros también lo «teníamos»?
Edward tomó la funda de la cámara sin mirarla.
-Sí. Y siento que ocurriera eso. No quería contrariarla porque había tenido un infarto.
-Yo no siento que ocurriera. Cuando lo dijo, me di cuenta de que había acertado a medias.
Él levantó la cabeza. ¿Había adivinado que estaba enamorado de ella?
-¿Qué quieres decir?
-Me di cuenta de que para mí sí era así -reo puso ella con voz suave.
Edward sintió un anhelo interno, pero se apresuró a reprimirlo. La noche anterior ella estaba dolida y vulnerable. Seguramente habría sentido lo mismo sobre cualquier otro hombre que la hubiera acompañado y tratado con cierta decencia.
-No, Bella. Lo de anoche eran circunstancias especiales. Tú estabas emocionalmente agotada. No confundas las circunstancias de la noche conmigo.
-¿Insinúas que no sé lo que siento? -esa vez su tono suave anunciaba tormenta. Pero él tenía que decir aquello.
Ya se había aprovechado de ella hasta cierto punto y sería un imbécil completo si la dejaba seguir con aquello. Y si le contaba lo que sentía por ella, al día siguiente, o quizá al mes siguiente, ella se daría cuenta de los fallos que tenía, vería la oscuridad que habitaba en él y lo odiaría. Era mucho mejor así.
-La noche pasada fue una montaña rusa de sentimientos para ti. Espera un par de días y será sólo la noche en que se fue la luz en la gran ciudad.
-No seas condescendiente conmigo.
-Sólo soy racional. Uno de los dos tiene que serlo.
En cuanto dijo aquello, supo que había cometido un error.
-Dime que no te he oído decir eso -pidió ella.
Edward sólo quería que ella viera lo que para él era dolorosamente evidente. La noche anterior había sido un espacio fuera del tiempo. Si se mostraba racional, vería que ese día volvía la norma. Pero, por otra parte, a lo mejor ella no podía verlo en ese momento. Quizá se encontraba en los días hormonales del mes.
-¿Estás con eso? -preguntó.
-¿Con qué?
-Ya sabes... el síndrome premenstrual.
El gato aulló en la otra habitación.
-Por suerte para ti, no. Si lo estuviera, seguramente tú estarías muerto -ella entró en la cocina y él la oyó echar comida de gato en el tazón.
Edward buscó su camisa, se sentó en el sofá y se puso los calcetines y las botas. Ella volvió de la cocina y encendió un par de velas en silencio.
-Oye, no me extraña que no pienses con claridad. Entre la salida de Mike del armario, el apagón y el viaje al hospital, la noche fue de lo más extrañ ás, hace un calor infernal y no has dormido mucho -dijo Edward.
-Puede que eso sea cierto, pero tengo el suficiente sentido común para saber lo que siento.
-Cuando vuelva la luz, lo verás de otra manera. Una habitación fresca, una ducha caliente, una comida decente y una noche durmiendo a pierna suelta y todo será distinto.
Bella puso los brazos en jarras.
-Toda la electricidad del mundo no va a cambiar el hecho de que te quiero, arrogante... -cerró la boca con fuerza.
-No -él cerró los ojos un segundo-. Los dos sabemos que no puedes quererme. No se puede pasar de estar prometida con un hombre a querer a otro en menos de veinticuatro horas -y desde luego, no a él, en cuanto lo viera a la luz del día en lugar de ver la versión romántica que se había creado la noche anterior.
La joven levantó la barbilla con desafío.
-Cosas más raras se han visto. Algunas personas se enamoran a primera vista.
-Lo sé -a él le había ocurrido. Pero a ella no. Él no había hecho más que frenar el impacto de la traición de Mike.
Parte de la ira de ella se desvaneció.
-¡Oh, Dios mío! Estaba tan absorta en... Perdona. Olvidaba que tú quieres a otra.
Edward movió la cabeza.
-Hay alguien, pero... Algunos hemos nacido para estar solos.
-No, eso no lo creo. Tú eres maravilloso y tierno y... me niego a creer que tengas que estar solo. Si de verdad la quieres, ve a por ella. No esperes hasta que sea demasiado tarde.
Un ejemplo perfecto de que ella seguía emocionalmente inestable.
-Decídete, Bella. Si me quieres como tú dices, ¿por qué me dices que me vaya con otra?
Ella le puso la mano en la mejilla y lo miró con tristeza.
-Porque no puedo obligarte a que me quieras. Y el orgullo no vale tanto. No me avergüenza haberme enamorado de ti. Tengo justo lo que quería. Este amor es de los de tacón de aguja -bajó la mano y le sonrió-. Esto es duro, Edward. La tenacidad siempre me ha hecho conseguir muchas cosas. Pero no puedo obligarte a que me quieras. Y sé que estamos aquí para eso. Parte de nuestro propósito en la vida es querer y que nos quieran. Así que, si amas a esa mujer, tienes que decírselo.. No soy una psicópata que quiera que seas desgraciado sólo porque no me quieres a mí. Quiero que seas feliz.
Ella sólo creía amarlo. Edward sabía que eso no era posible.
-Bella, eres muy especial...
La joven movió la cabeza y levantó una mano para detenerlo.
-No creo que pueda oírte cantar mis alabanzas. Y antes de que sigas, déjame decirte que no puedo sentir lo que siento por ti y ser tu amiga.
Edward negó con la cabeza.
-No, no creo que podamos ser amigos. Ha sido una noche estupenda y tú eres una persona maravillosa, pero no es probable que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. Algún día harás muy feliz a alguien...
Ella apartó el rostro y se abrazó como si tuviera frío a pesar del calor sofocante.
-Creo que es hora de que te vayas.
Edward se colgó la cámara al hombro.
-Te enviaré las fotos por correo cuando las revele. Dame un par de días.
Ella lo acompañó a la puerta.
-Envíame la factura.
-No. Eso ya lo hablamos. Nada de factura, ¿de acuerdo?
-Pues entonces te debo una fiesta. Pero sería más cómodo que me cobraras.
-Espero que encuentres al hombre de tus sueños, Bella.
Ella lo miró a los ojos.
-Ya lo he encontrado.
Edward salió por la puerta y cerró la puerta tras de sí. Ella estaba equivocada. Y un día le daría las gracias.
Ya se esta que no actualiza, una mega disculpa y gracias por seguir aquí (?) Feliz Navidad, Feliz Año y Reyes xD
No tengo excusa alguna, pero ya tratare de finalizar la historia en estos días antes de que inicie de nuevo en mi trabajo, un beso y un gran abrazo. Gracias.
