Natalie.

Una semana había pasado desde que vi al chico fan de death cab. Desde aquel día he escuchado todo el día aquella banda y escribiéndoles en twitter lo agradecida que estoy de que hagan música tan buena como para que encuentre a alguien tan hermoso como el en busca de uno de sus discos.

— ¿Podrías poner estos discos de Ryan Adams? Acaban de llegar — Ordenó mi jefe. Oh dios, amo mi trabajo. De manera muy feliz iba leyendo la lista de canciones de los CD'S que llevaba en mi mano hasta que alguien toca mi hombro.

— ¿Sabes cuánto tiempo he esperado para ver un disco de Ryan Adams en una tienda? — Y allí estaba el de nuevo, con una chaqueta de cuero, una camisa cuadrille, pitillos y bototos marrones, apoyado en la sección infantil.

—Apenas llego y ya tengo mi copia — Reí — Es asombroso, me encanta.

—A mí también — Suspiro — Lastima que no mucha gente lo conozca. Su cover de wonderwall es genial.

— ¿Sabías que Noel Gallagher lo llamó para felicitarlo por su cover? — Él es la única persona con la que puedo hablar de mis bandas favoritas, nadie en mi universidad sabe la existencia de aquellos grupos.

— ¿En serio? ¡Eso es genial! ¿Sabías que dará un concierto la próxima semana? — Si lo sé, invítame. Cuando termine de poner los CD'S me apoye en un gran bloque de madera donde estaban los casetes mientras lo escuchaba atentamente. Sabía que él estaba emocionado, no sé si más emocionado que yo, pero lo estaba.

—Sí, ya tengo mi entrada ¿Tu? — Oh dios, necesito que vaya. Me mordí el labio mientras esperaba la más ansiada respuesta. Puse un pie adelante para comenzar a balancearme, así mi ansiedad desaparecía por un rato.

—También — Sonrió. Por dentro daba vueltas y vueltas, mientras me imaginaba como sería estar escuchando a uno de mis cantantes favoritos junto a el — Oh, por cierto… — Agarró el cd — Lo llevo — Sonríe. Su sonrisa hacia que yo formara una mueca con mi boca, porque para ser sincera, todos los gestos que el hacía me hacían hiperventilar.

—Claro — Me entrega el disco y me sigue hacia donde estaba la caja, Steve me mira con cara de ansioso de enterarse de que hemos hablado tanto tiempo.

—Creo que vendré a comprar más seguido — Dice agarrando la bolsa mientras me sonríe — Te espero en el concierto, que estés bien — Me hace un gesto con la mano, mientras me derrito por dentro — y obviamente, gracias — Lentamente se aleja de mi vista, y yo ahí, con el corazón tumbado en la caja registradora.

Al otro día llegue a mi trabajo, pensando en cómo sería el primer día como la asistente del señor Poynter, rodee los ojos al pensarlo. Sentía un cierto odio hacia él, ya que cada día me sorprendía su arrogancia y su manera de tratar a las personas. Me daba mucha pena tener que aguantar a personas así por el dinero, pero sentía que defraudaría a mi padre si renuncio.

Diez cuarenta de la mañana, y yo acababa de llegar alisándome la falda, y acomodándome a la altura de los tacos, mientras miraba a Stacy quien no se despegaba del teléfono.

—Oh Florence, ahora que lo recuerdo. El señor Poynter te ha dejado esto — ¿Por qué no me lo ha entregado el? ¿Por qué tanta exclusividad? Fruncí el ceño, agarrando un sobre blanco. Me mordí el labio al ver la delicadeza de la escritura.

— ¿No sabes qué es? — Dije mientras trataba de adivinar qué era lo que había dentro. Di la vuelta al sobre al escuchar el "no" de mi compañera. Abrí el sobre y vi un pasaje, levanté la ceja. Era un vuelo a estados unidos. Maldito imbécil.

Corrí rápidamente, sin importar lo fuerte que se escuchaban mis tacos. Abrí la puerta de su despacho, y ahí estaba el… sentado inocentemente mientras leía unos emails. Me acerque al escritorio y dejándole bruscamente los pasajes encima.

—LA VERDAD ES QUE NO SE COMO MIERDA LLEGASTE A SER JEFE, DIME ¿QUÈ HE HECHO? ¿POR QUÈ TANTO INTERES EN QUE ME VAYA? ¿ES POR EL CAFÉ? QUE MIERDA TE OCURRE — dije llevándome las manos al pelo. El me miraba con los ojos más que abiertos, mientras escuchaba cada una de mis sublevadas palabras. Luego de que me callé, se mordió el labio y bajo la vista.

—Eso es lo que querías — Dijo con voz suave con un tono de rabia — Trabajas por unos pasajes, bueno ahí los tienes. Me los ha dado la empresa

—No quiero nada que venga de ti — Dije sin saber por qué rayos lo había hecho — ¿Qué ganas tú con que yo me vaya de aquí? Dímelo de una vez por todas, me estas cansando.

—solo eran unos pasajes

—ESOS PASAJES LOS COMPRASTE PARA QUE RENUNCIARA, Y LO SABES MUY BIEN ¿QUÈ PROBLEMA TIENES CONMIGO? QUE PROBLEMA TIENES CONMIGO POR FAVOR, ¿ES POR MI INEXPERIENCIA?, ¿POR QUE NISIQUIERA HE HECHO UN CURSO DE SECRETARIADO? ¿ESO ES LO QUE TE COMPLICA? DIME ALGO MALDITA SEA — Apoyé mis dos manos en la mesa, mientras el me escuchaba sin decirme nada. Sabía que él se sentía incómodo, arrepentido de haber hecho lo que hizo.

—Si no los quieres no los tomes, eso es todo — Hizo un gesto con las manos y luego se paró de la habitación — Necesito que organices mi cumpleaños, es este miércoles y espero que lo hagas bien… para que te suban un poco más el sueldo — se frota las manos dirigiéndose a la puerta — no le diré a nadie que me gritaste de esa manera. En mi mesa están todos los papeles para que puedas organizarlo, cuanta gente ira, donde será, la comida que debes comprar, etc. — Dice mirando el suelo — quiero que todo salga bien ¿Escuchaste? — Agarre los papeles sin decir nada, mirándolo a sus profundos ojos azules que emitían tantos sentimientos en una mirada, y sin decir nada salí de aquella pelea.