Capítulo 3

La España profunda

Llegaron a la casa del pastor enseguida, siendo ésta la que estaba más alejada del núcleo de población; entraron en ella por la puerta de atrás, llegando a un corralito la mar de cuco, con varios animales en él como gallinas, gallos, patos, conejos y gatos. Las ovejas las había guardado en una nave no muy lejos de allí mucho antes. Cerró las dobles puertas en cuanto entraron y llamó a su mujer.

-¡Marta! ¡Sal, tienes que ver esto!

Una ancianita de la edad del pastor, menuda y de facciones redondas salió enseguida por la puerta y al ver a Luna y a Twilight soltó el vaso que estaba secando.

-¡Aquilino! ¿¡De dónde has sacado esos… animales?!-masculló, muy sorprendida.

-Me las encontré en la era, mientras paseaba… no sé qué son exactamente, pero parecen como caballos…

-¡Ay, la virgen, mira que eres! ¿Eh? ¡Siempre quedándote con todo lo que te encuentras ahí fuera, pareces el trapero!-le espetó ella.

-Mujer, las vi ahí, solitas… no podía dejarlas en la era sin más, además, parecen especiales…-murmuró el hombre.

-Tú sí que eres especial… en fin, tendré que comprar algo de heno mañana, pasa ya que la cena estará lista en nada.

-Vale, vale…

Los dos ancianos pasaron dentro de la casa y ellas dos se quedaron en el corral, rodeados de los animales; el gato, subido en lo alto de una caseta, les miraba sin mucho interés y las gallinas estaban muy quietas, observando a los nuevos invitados.

-Muy bien… ¿y ahora qué?-inquirió Luna.

-¿Qué de qué?

-Ah, no sé, fuiste tú la que le seguiste…

-Oh… bueno, no sabía a donde nos llevaría…-murmuró Twilight.

-Pues ya ves, encerradas en un vulgar corral cual animales de tiro… y encima ahora nos han visto, ya no sé qué pensar…-masculló Luna, dándose la vuelta.

La unicornio violeta miró al suelo, pensativa, y comentó.

-Bueno, ya has oído a la mujer, nos van a dar de comer… igual nos van a cuidar, y por lo menos el hombre no sabe que es lo que somos exactamente.

-Sí, y nos toma por simples caballos… que detalle…

Luna se tumbó en el suelo, el sol comenzaba a ocultarse y estuvo contemplando las vistas; Twilight se acercó a una ventana y pudo ver como los ancianos cenaban tranquilamente, aunque vio algo que la dejó pasmada. Tenían la vista fija en una especie de caja con ventana, por la cual pasaban más humanos como ellos, pero muy pequeñitos; y hasta se oían, pudo escuchar lo que decían ya que se oía muy alto.

-¡Pero eso es un disparate, no tiene ni pies ni cabeza!

-¡Enrique, estás muy negativo, me minas la moral!

-Una cosilla que se me viene a la mente…

-¡Tú a fregar! ¡Y péinate esa cresta!

Como no entendía nada de lo que decían se apartó de la ventana y se acercó a Luna.

-¿Crees que he hecho mal?-inquirió ella, tumbándose a su lado.

Lun suspiró y dijo.

-No lo sé… nos vio justo después de callarnos, por lo que al menos no nos oyó hablar; y no hubiera pasado si no hubiéramos estado discutiendo.

-Lo siento…

-Ya da igual…

-¿Y qué hacemos? Podemos irnos pero… ya nos han visto.

-Bueno… a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, igual no dicen nada a nadie… o tan solo lo dejan correr… no sé, no lo sé…

En ese momento la señora salió afuera con una cesta de manzanas consigo; cogió una y se acercó a ellas.

-¿Tenéis hambre? Seguro que sí, tomad, comed las que queráis…

Las dos estuvieron comiendo mientras que la anciana guardaba de nuevo a los animales en sus correspondientes corrales; una vez que terminó se acercó de nuevo a los ponis.

-Podéis dormir en la parte del establo, Aquilino lo montó por diversión y por si alguna vez llegábamos a tener caballos… lo vais a estrenar.

Twilight en ese momento fue a hablar, pero Luna la miró fijamente y desistió; la mujer la miró extrañada, como si hubiera entendido el gesto, pero al final sonrió.

-Sois muy adorables… no parecéis caballos…

Le acarició la crin a Twilight y lo intentó con Luna, pero ésta la rechazó débilmente; la mujer la dejó estar y regresó al interior de la casa, dejando el cesto con las manzanas allí. La princesa de la noche se retiró sin decir nada más y se tumbó dentro del establo; Twilight se quedó allí, con la mirada perdida y buceando en sus pensamientos. Pero en ese justo momento el perro reapareció y le dio un lametazo en la mejilla, despertándola.

-¡Uoh! ¡Ey, que cariñoso eres!

El pastor alemán ladeó la cabeza, mirándola.

-Gracias por los ánimos…

El chucho ladró débilmente y Twilight le acarició; al final ella también se retiró al establo y se puso al lado de Luna, no muy segura de hacerlo. Pero en ese momento ella desplegó su ala y cubrió con ella al unicornio; Twilight sonrió y cerró los ojos, durmiéndose enseguida.

Los días siguientes, al contrario que los anteriores, fueron pasando con algo más de fluidez; todos los días Aquilino sacaba a sus ovejas a pastar mientras que Marta hacia las tareas de la casa. Luna y Twilight acompañaban siempre al pastor, observando como realizaba su trabajo con la ayuda de su perro, al cual simplemente le llamaba chucho siempre. Cumpliendo con la promesa, no hablaron nunca en presencia suya o de Marta salvo por las noches, cuando estaban solas en el corral. Aquilino era un hombre reservado, de campo y costumbres arraigadas; todas las mañanas realizaba el mismo procedimiento, iba a la nave donde tenía siempre a su ganado, daba tres toques a la puerta de metal y para cuando abría los animales ya estaban justo en el umbral para salir a pastar directamente. Algo que les llamó mucho la atención a los ponis fue que siempre tenía algo de comida en los bolsillos; ya fueran trozos de pan duro, queso blando o cachos de tocino seco, cualquier cosa comestible podía salir de sus bolsillos. Su mujer Marta siempre le preparaba una abundante ración de comida, ya que a veces estaba mucho tiempo fuera de casa y debía de llevar provisiones; luego, todo lo que le sobraba iba a parar a sus fondillos. Otra cosa que las dejó impresionadas también fue una asombrosa capacidad de predecir los cambios meteorológicos; estando una mañana pastoreando, con Luna y Twilight a su lado, comenzó a olisquear un poco el aire, se rascó la nuca y se frotó las manos. Tras eso, anunció.

-Esta tarde va a tirar agua que se mata…

Ambas ponis le miraron como si estuviera loco; y es que en el cielo no había ni una sola nube que anunciara próximas lluvias. ¿Cómo era posible que el hombre supiera algo así con tan solo realizar esos extraños gestos? No tenía ningún sentido, y menos aún para Twilight; pero se tuvieron que comer sus palabras, ya que esa misma tarde comenzó a nublarse rápidamente y en menos de cinco minutos comenzó a llover con fuerza.

-¡Es imposible, es simplemente imposible!-mascullaba Twilight, mientras observaba incrédula como llovía desde el establo.

-Yo también lo pienso así, pero no podemos negarlo… ha acertado-murmuró Luna.

-¿¡Y cómo lo ha hecho?! ¿¡Cómo lo ha sabido?!

-Ni idea…

La unicornio violeta no dijo nada más y observó llover, sin poder quitárselo de la cabeza.

Marta, por otro lado, era una señora de su casa, responsable y tan trabajadora como su marido; salía de casa cuando tenía que hacer la compra y los recados y luego por la tarde se iba con sus amigas del pueblo a hablar durante varias horas seguidas. Volvía para bien entrada la tarde, cuando empezaba a preparar la cena para cuando volvieran Aquilino y los ponis. Cuando tenía tiempo por las mañanas, salía al corral para dar de comer al resto de animales y luego se sentaba a hablar con ellas, contándolas toda su vida; Luna pocas veces ponía atención, pero Twilight si, maravillándose con la cantidad de historias que relataba.

-Por aquel entonces el país estaba sumido en la miseria y el hambre, la guerra civil se pagó a un precio muy alto y excepto en las grandes ciudades, todos vivíamos en la miseria. Luego comenzó a haber un gran crecimiento del trabajo con ciudades importantes como Madrid, Barcelona o Bilbao, todos los jóvenes emigraron hacia allí en busca de trabajo porque aquí en el campo apenas teníamos recursos para vivir; mis hermanos más mayores se fueron a vivir a Madrid y al cabo de unos pocos meses consiguieron trabajo en una ferretería de la calle Alcalá, nos ofreció ir allí a vivir con él, pero mis padres se negaron a abandonar el pueblo. Mi madre siempre me enseñó a ser una mujer de su casa, respetar a tu marido y estar siempre a su disposición.

Algunas veces traía consigo álbumes de fotos, captando la mayoría de las veces la atención de Luna, que contemplaba tan maravillada como Twilight las imágenes estáticas sobre el papel.

-Éstos son mis abuelos, que eran de la Puebla de Cazalla, pero el padre de mi madre se vino a vivir a Segovia; por aquel entonces estuvimos viviendo un tiempo allí, pero luego mi padre encontró trabajo de alguacil en este pueblo, por lo que se vinieron a vivir aquí. Estos son mis hermanos Carmen, Eustaquia, Cirilo y el mayor, Eduardo; sigue viviendo en Madrid.

Las más antiguas eran en blanco y negro, algunas en color sepia y algunas muy saturadas, las más viejas apenas se veían al estar muy difuminadas; pero las más modernas eran en color, y a Twilight eran las que más le gustaban.

-Éste es mi hijo Antonio, también prefirió la ciudad, aunque vive en Leganés… ésta es la mayor, Sandra… y éstos son mis nietos por su parte, Carlos, Adrián y Mar; suelen venir los veranos aquí, al pueblo.

Twilight agradecía mucho la compañía de la mujer, y más de una vez estuvo tentada en agradecérselo ella misma y preguntarla muchas más cosas, pero tenía una promesa que no podía romper; eso, y porque Luna no la quitaba ojo de encima. Además, se notaba que la mujer se sentía sola y al estar su marido fuera durante tanto tiempo la dejaba poco tiempo de hablar con alguien durante el día, salvo por las tardes de reunión con sus amigas.

Aquilino, cuando volvía pronto del trabajo, comía con Marta y luego, por la tarde, se iba al bar del pueblo a tomarse unos tintos y jugar a las cartas con sus amigos; durante una partida, uno de ellos le comentó.

-Aquilino, el otro día estaba hablando con el Liborio, el de las pieles…

-Ajá…

-Me comentó que te vio el otro día en la era de Honorio, pastoreando…

-Pues es lo que hago siempre, pequeño…

-… déjame terminar, carajo… que te vio allí pastoreando, pero comentó que vio a dos caballos muy raros contigo…

Aquilino parpadeó y alzó la vista sobre las cartas, mirando a su amigo.

-¿Cuándo te has comprado tu esos caballos? ¿Quién te los vendió?

-En realidad no son comprados, solo los encontré en la era… son mansos.

-Ya… es que el Liborio me comentó que les vio algo raro, no sé qué de unas alas y unos cuernos…

Aquilino dio un sorbo a su tinto, para evitar responder.

-Que jodío el Liborio, tan temprano y ya le da al ajenjo…-masculló otro de los que estaban en la partida.

-Ay, Genaro, parezca que no nos conocemos… que no eres el único que le cuentas las faltas al padre Damián…-le recordó otro.

A partir de ese momento la conversación derivó a la última confesión y el tema se olvidó rápidamente, para suerte de Aquilino.

Y así, casi sin que se dieran cuenta, los meses fueron pasando hasta que comenzó a hacer calor, mucho calor; las lluvias fueron siendo mucho más escasas, signo inequívoco de que había llegado el verano. Y eso para Marta solo significaba una cosa.

-¡Aquilino, que me han llamado Sandra y Antonio, se vienen con los niños a pasar unas semanas con nosotros!-anunció una tarde, mientras que el aludido cepillaba a Twilight.

-Bueno, los torpedos… cuando os vean se van a poner como locos, con lo que les gustan los caballos…-murmuró él, dándola una palmada en el lomo.

Twilight apenas le dio importancia, pero Luna alzó la cabeza, alarmada; la unicornio lo vio y esa noche habló con ella.

-¿Qué pasa, Luna?

-Se trata de los hijos de Marta… van a venir…

-Sí, ya la oí ¿y?

-Twilight, es evidente, si por ahora no había peligro alguno ahora sí que puede haberlo; ¿Cómo pueden reaccionar en cuanto nos vean? Evidentemente no como lo hicieron Marta y Aquilino…

-Pero eso no lo sabes… deberías darles una oportunidad, Luna…

-¡Pero no podemos estar cien por cien seguras! ¡Estoy segura que ellos sabrán qué somos exactamente, hasta ahora hemos tenido suerte de que Aquilino y Marta no lo sepan, pero algo me dice que no será así con sus hijos!

-¿Y qué sugieres?

-Irnos, cuanto antes mejor.

-Pero… hasta ahora han sido tan amables con nosotros, nos han cuidado y dado de comer… y eso no me parece bien, Luna.

-No se trata de lo que te parece, Twilight, se trata de nuestra seguridad…

-¡Siempre nosotros! ¡Entiendo que te preocupe, pero al menos podrías dejar de pensar un poquito menos en nosotras!

Entonces Luna no dijo nada más y se dio la vuelta; cuando Twilight esperaba notar su ala sobre ella, no sintió nada. Y eso hizo que le costara un poco más dormirse.


Por ahora va bien y la inspiración no molesta, por lo que quizás haya varias actualizaciones durante este finde; por otro lado, voy a ir poniendo varias imágenes aquí para que vosotros vayáis viendo los diferentes marcos en los que se irá desarrollando la historia, pero hay un ligero problema, y como supongo que ya sabréis, aquí no se pueden poner enlaces completos. Así que lo que voy a hacer es dejar aquí el termino del enlace a mi cuenta en Imageshack para que vosotros os lo guardéis en favoritos, luego, cuando haya algo nuevo que ver, os aviso por aquí y tan solo tenéis que asomaros un momento. Aquí va: [imageshack punto us/user/sg91] Y eso es todo; ¡nos leemos!