Capítulo 4
El veranito, el chiringuito y la barbacoa
Luna no volvió a hablar con Twilight hasta que los nietos de Aquilino y Marta llegaron al pueblo; eran un total de cuatro, Carlos y Adrián tenían seis años, Mar diez y el hijo único de Antonio, Iván, era un adolescente de quince años.
El mismo día que llegaron, estuvieron hablando todos dentro de la casa, desde el establo se les podía oír riendo y haciendo bromas de todo tipo; Twilight miraba todo el rato en dirección hacia la ventana del salón, desde donde se les podía escuchar.
-Parecen felices…-comentó ella en voz alta.
Luna no respondió, tan solo estaba tumbada y mirando hacia otro lado. En ese momento se pudo oír varias voces infantiles diciendo.
-¡Abuela, abuela! ¿Podemos salir al corral?
-¡Claro hijo, salid!
Pocos segundos después la puerta se abrió de golpe y salieron los dos pequeños, Carlos y Adrián, seguidas de su hermana Mar para que les vigilase. Twilight se levantó un poco para verles mejor, pero en ese momento Luna la paró, mirándola con severidad. La unicornio no dijo nada ni se resistió, quedándose en el sitio; los niños estuvieron dando vueltas por el pequeño corral, jugando con los animales que se les ponían por delante. Mar estaba un poco más apartada, jugueteando con una especie de cajita negra con numerosos botones. Al principio ninguno de los dos niños se percató de la presencia de Luna y Twilight en el establo, pero tan solo era cuestión de tiempo, en menos de dos minutos Adrián se adelantó y se coló en el establo, topándose de frente con ellas. El niño, al verlas, se sobresaltó al principio, pero luego se las quedó mirando fijamente, como analizándolas. Las miró embobado, mientras que Twilight y Luna le devolvían la mirada, la unicornio interesada, y la alicornio con una adusta indiferencia.
-¡Adrián! ¿Sales o no?-se oyó decir a Carlos.
-¡Carlos, Mar, tenéis que ver esto, venid!-les llamó entonces.
El niño se personó enseguida y se quedó tan chocado como su hermano, mirándolas fijamente; Mar se acercó sin quitar la vista de la cajita.
-¿Qué pasa?-inquirió, tecleando.
-Mira Mar, unicornios…
La niña levantó la vista y al verlas se quedó estupefacta, dejando caer la cajita al suelo de la impresión; la curiosidad pudo con Twilight y se acercó al artefacto, quedándose embobada con las luces que proyectaba.
-¡Ey, mi móvil!-exclamó ella, cogiéndolo de golpe.
La unicornio se asustó y se echó para atrás, Luna reaccionó y se puso delante, desplegando las alas; los tres admiraron las alas del alicornio, sin asustarse siquiera.
-¡Como mola!
-¿Crees que me dejará montarla?-inquirió Carlos.
-¡Ni se te ocurra!-le espetó su hermana.
En ese momento Adrián salió disparado hacia la casa, y una vez en el salón inquirió a toda prisa.
-¡Abuelo, abuela! ¿¡Puedo montar al unicornio con alas, puedo, puedo?!
Los padres se quedaron atónitos al escucharlo y Aquilino murmuró.
-Ah… que es un unicornio…
-¡Papá! ¿Para qué le sigues el juego?-le espetó su hija.
-No, si tiene razón, están en el establo, me las encontré unos meses atrás, cerca de la era del Liborio, el de las telas…
El hijo mayor, Antonio, se asomó por la ventana un momento y pudo ver desde allí como Mar acariciaba a Twilight.
-¡No me lo puedo creer!
Salió escopeteado afuera, seguido por los demás, y contemplaron como sus hijos mimaban a un auténtico unicornio, al lado de un imponente alicornio; nadie dijo nada, todos miraban incrédulos la escena excepto Aquilino y Marta. El más mayor de todos, Iván, salió de su ensimismamiento y exclamó, sacando su móvil.
-¡Joder, que fuerte! ¡Foto tuenti!
Aun así, su padre le paró.
-¡Quieto, ni se te ocurra!
Tras eso, se acercó primero al unicornio y la fue a tocar, como si quisiera cerciorarse de que era real; pudo comprobar la suavidad de la crin de Twilight y se quedó aún más sorprendido si cabe. Fue a intentarlo con Luna, pero ésta se apartó rápidamente.
-Increíble… increíble, es increíble…-musitaba todo el tiempo.
Sacó a Carlos y Adrián del establo y luego se metieron en casa para hablar del asunto.
-¡Pero papá! ¿¡Resulta que tienes a un unicornio y un unicornio alado en el corral y no nos dices nada?!
-¿Y yo que sabía, hijo? Me las encontré y me las quedé, eso es todo…
-¡Pero es que es impresionante, dos criaturas mitológicas aquí y ahora! ¡Madre mía, madre mía!-masculló Antonio, sentándose.
-¿¡Pero no os dais cuenta, abuelos?! ¡Tenéis un filón en el corral!-añadió Iván.
-¡Y no se trata solo de eso, el mismo hecho de que estén ahí mismo trastoca todo sentido de la lógica, desafía toda ley!
-Es un milagro…-masculló Sandra, contemplándolas desde la ventana.
-¡Es más que eso! ¡Imaginad las posibilidades, se resolverían muchos de nuestros problemas!-insistió Antonio.
-¿Y qué sugieres? A parte de anunciarlo al mundo y exhibirlas para que todo el mundo las vea…-murmuró su mujer, con sorna.
Todo el mundo la miró como si hubiera dicho una obviedad, mientras que Aquilino y Marta compartían sendas miradas de peligro.
En el establo, Luna abrió los ojos, alarmada; lo había escuchado todo, y ahora debían de correr.
-Hay que irnos…-masculló.
-¿Qué?-inquirió Twilight.
-Que hay que irnos, corremos peligro, vamos, vamos…-la urgió ella, levantándola.
-¡Pero espera! ¿A qué viene todo esto?
-¡Luego te lo explico, debemos volver al nogal, recoger el elemento y marcharnos, vamos, no pierdas tiempo!
Twilight no entendía del todo, pero en ese caso concentró energía en su cuerno y luego pensó en el nogal; se sucedió un destello y las dos ponis se desvanecieron en el aire. En cuanto Antonio salió al corral mientras que sus padres le pedían que no lo hiciese, se quedó atónito en cuanto vio el establo vacío.
A varios pocos kilómetros del pueblo, se sucedió otro destello y tanto Luna como Twilight reaparecieron, pero para su sorpresa, tan solo se encontraron en medio de un boquete bastante grande, como si hubieran arrancado el nogal de cuajo.
-¿¡Qué?! ¿¡Y el nogal?!-masculló Luna.
-No está… ¿¡por qué no está?!
En ese momento oyeron el ruido de un motor justo al lado, se asomaron un poco y vieron al nogal entero, cargado en un camión bastante grande; un gran montón de tierra y raíces sobresalían desde la parte posterior y dos hombres hablaban entre sí, uno de ellos parecía estar contando una serie de papeles verdes.
-Cien, doscientos, trescientos, cuatrocientos y quinientos… bien, está todo, aunque me parece un precio un tanto rebatible para solo transportar un simple árbol…
-Ojito con lo que dice, joven, que este nogal lleva en mi era desde más de diez años… lo quiero entero para la boda de mi nieta en la casa de infantes, Real Sitio de San Ildefonso, no se olvide.
-Sí, ya es la quinta vez que me lo dice… lo tendrán a tiempo-aseguró entonces el otro, subiéndose a la cabina.
De entre la tierra y las raíces, se podía ver un extremo de la tiara del elemento, brillando entre el barro y la suciedad.
-Oh, no…-musitó Luna.
Con mucho cuidado, hizo mano de su magia e intentó sacar la tiara de entre los cascotes y las ramas, pero estaba muy bien sujeto y las raíces apenas la dejaban moverla; en ese momento el camión arrancó y comenzó a moverse, alejando el nogal.
-No… no, no, no….
El hombre, de mediana edad, tardó un buen rato en irse, por lo que las obligó a estar un poco más en el hoyo, lo que dio tiempo de sobra al camión para alejarse lo suficiente como para no ser alcanzado por la magia de Luna. Finalmente, el vehículo se perdió en la lejanía antes de que el hombre pusiera dirección hacia el pueblo.
-¡Maldita sea!-chilló Luna, frustrada.
-¡Se ha llevado el elemento! ¿Qué hacemos?-inquirió Twilight, preocupada.
-¡Seguirle! ¿¡A donde dijo que se dirigía?!
-El otro hombre dijo algo de un real sitio de San Ildefonso…
-¡Pues no perdamos más tiempo, si seguimos el rastro mágico del elemento podremos encontrarlo enseguida!
No perdieron más tiempo y siguieron la estela mágica que había dejado tras de sí la tiara; iban cerca de la carretera, pero no demasiado para evitar ser vistas, las dos iban calladas y Twilight no sabía si preguntar por lo ocurrido.
-¿Qué ha pasado exactamente, Luna? ¿Por qué nos hemos ido así?-inquirió en ese momento ella.
La alicornio tardó un poco en responder, pero finalmente explicó.
-El hijo mayor, Antonio, se le había ocurrido ganar dinero a costa nuestra exhibiéndonos como animales de feria.
Twilight se quedó en shock, incapaz de comprender semejante confesión; con lo amables y considerados que habían sido sus padres con ellas hasta ahora… y ahora las cosas habían dado un vuelco tremendo en tan poco tiempo.
-Pero ¿por qué?-se preguntó entonces.
-Fácil, porque son humanos; recuerdo los cuentos para dormir de mi abuela, criaturas de dos piernas, egoístas y mezquinas, que solo les importan ellos mismos. Jamás debimos confiar en ellos Twilight, te lo avisé, pero tú no me quisiste hacer caso-le dijo Luna, severamente.
-Pero que Antonio quisiera hacer eso no justifica que el resto fuera a hacer lo mismo… seguro que Aquilino y Marta se habrían negado.
-¿¡Y por qué estás tan segura?!
-¡Pues porque confiaba en ellos!
-¿¡Confiar?! ¿¡Y cómo se puede confiar en unas criaturas que solo piensan en el dinero y en sus intereses?! ¡Iban a utilizarnos, Twilight!
La unicornio violeta se quedó callada y no dijo nada más; se apartó de la princesa y ésta apretó el paso, enfadada. En ese momento un coche rojo pasó zumbando por la carretera y eso hizo despertar a Twilight; aun no podía acostumbrarse del todo a semejantes ingenios que podían alcanzar velocidad mareantes. Pero su mayor preocupación ahora era recuperar el elemento de la magia, por lo que dejó la mente en blanco y siguió la estela que el mismo dejaba allí por donde pasaba, a pocos pasos por detrás de Luna.
Lo sé, me ha salido un tanto forzado, pero necesitaba moverme en cuanto a ese aspecto se refiere; aunque me servirá para empalmar con una "segunda parte" que había estado pensando hace poco, ya lo veréis. Y eso es todo, espero que os guste, dejad reviews y comentad; ¡nos leemos!
