Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Disfruten, se agradece cualquier review, queja, cumplido y amenaza. ¿Qué le pasa a Hanabi? Lo sabremos prontito…
Química Perfecta. Capítulo 4
Hinata
Mi compañero de laboratorio no ha aparecido por el instituto desde que nos asignaron los proyectos. Finalmente, una semana más tarde, se presenta pavoneándose por la clase. Me saca de quicio, porque aunque mi vida es un desastre, no por ello dejo de venir al instituto.
- Eres muy amable por aparecer – le digo.
- Eres muy amable por darte cuenta – responde mientras se quita su bandana.
La señorita Yuhi entra en la clase. Me da la impresión que se ve aliviada de ver a Naruto. Enderezando los hombros anuncia – Iba a ponerles un examen sorpresa hoy, pero he decidido que trabajarán en la biblioteca. Tiene dos semanas para entregar el borrador del proyecto –
Kiba me agarra de la mano en el camino a la biblioteca, Naruto va atrás en alguna parte, hablando con sus amigos. Kiba me aprieta la mano y pregunta - ¿Quieres que quedemos luego del entrenamiento? –
- No puedo, debo ir a casa –
Tal y como esperé, la niñera se despidió el sábado y mi madre ha entrado en pánico. Hasta que contrate una nueva niñera yo debo ayudar más. El frena en seco y me suelta la mano.
- ¡Mierda Hinata! ¿Tendrás tiempo para mí o qué? –
- Puedes venir – sugiero.
- ¿A ver cómo cuidas a tu hermana? No gracias. Tengo ganas de estar contigo, solos… ya sabes, tu y yo –
- Lo sé – digo evitando mirarlo.
- ¿Y el viernes? –
Se supone que debería cuidar a Hanabi, sin embargo, mi relación con Kiba está tambaleando y no quiero que piense que no lo quiero.
- Vale, el viernes –
Antes de que Kiba me bese Naruto carraspea delante de nosotros.
- Nada de demostraciones públicas de afecto. Son las normas del instituto. Entre otras cosas ella es mi compañera, no la tuya –
- Cállate Uzumaki – murmura Kiba antes de ir con Karin.
Me llevo una mano a la cadera y miro a Naruto fijamente - ¿Desde cuándo eres un experto en las normas del instituto? –
- Desde que tu eres mi compañera de laboratorio. Básicamente, en química eres mía –
- ¿Quieres ir a buscar un mazo y arrastrarme por el cabello también? –
- No soy un neandertal. Tu novio por otro lado… -
- Entonces deja de comportarte como tal –
Todas las mesas de la biblioteca están ocupadas, así que nos vemos obligados a sentarnos en el suelo, en un rincón en la parte trasera por los libros de ficción. Me siento sobre la alfombra y dejo los libros en el suelo. Me doy cuenta que Naruto me mira con tanta intensidad que temo que sea capaz de ver a la verdadera Hinata que escondo tras mi fachada. Pero no lo logrará, nadie ha podido.
Le devuelvo la mirada. Puedo seguirle el juego si es lo que quiere. Su expresión no demuestra nada pero la curita que lleva en su mejilla me refleja la verdad… después de todo es humano. Su camiseta delinea unos músculos bien definidos, ya sea por mucho ejercicio o por verse forzado a hacer trabajos manuales. Cuando lo miro a los ojos el tiempo se detiene. Me siento atravesada por esos ojos azules. Tengo la sensación de que puede ver a la verdadera Hinata, sin fachadas, puede ver lo rota que estoy, lo dañada. Solo a Hinata.
- ¿Qué tengo que hacer para que salgas conmigo? – me pregunta.
- No hablas en serio –
- ¿Te parece una broma? – la señorita Yuhi se acerca, por lo que me salvo de responder a su pregunta.
- Los estoy vigilando. Naruto, la semana pasada no vino a clase – lo miro - ¿Qué ocurrió? –
- Me cayó un cuchillo encima –
La maestra niega con la cabeza y se aleja para hostigar a otros compañeros.
Miro a Naruto - ¿Un cuchillo? –
- Verás, estaba cortando tomates y, aunque sea difícil de creer, se me escurrió de las manos y me corté el hombro. Me pusieron unas grapas, ¿quieres ver? – pregunta y empieza a subirse la manga derecha. Me tapo la cara.
- No – digo, él se ríe – Y no me creo que un cuchillo se te escurra de las manos. Fue una pelea ¿verdad? –
- No has respondido a mi pregunta – dice sin admitir ni negar mi teoría - ¿Qué tengo que hacer para que salgas conmigo? –
- No voy a salir contigo –
- Si nos besáramos, cambiarías de opinión –
- Claro, como si eso fuera a ocurrir –
- Te lo pierdes – dice antes de estirar sus piernas con su libro de química en el regazo. Me mira con sus ojos azules con una intensidad que siento que me hipnotiza - ¿Lista? – pregunta.
Por un segundo me quedo observando ese par de ojos azules, preguntándome qué se sentiría besarlo. Miro sus labios otro segundo, casi puedo sentir que se acercan a mí. ¿Cómo serán sus labios, suaves o duros? ¿Besará con dulzura o con avidez y seguridad como refleja su personalidad?
- ¿Para qué? – pregunto susurro acercándome inconscientemente.
- El proyecto – dice – Calentadores de manos. Química. Señorita Yuhi –
Niego con la cabeza intentando apartar todos esos ridículos pensamientos de mi mente hiperactiva de adolescente. Necesito horas de sueño.
- Sí, calentadores de manos – digo, abriendo el libro de química.
- ¿Hinata? –
- ¿Qué? – pregunto mirando sin ver realmente las palabras impresas. No tengo ni idea de lo que estoy leyendo porque estoy demasiado avergonzada para concentrarme bien.
- Me estabas mirando como si quisieras besarme – se burla de mí.
Suelto una carcajada.
- Sí claro – digo con sarcasmo.
- ¿Sabes? Nadie nos mira, si quieres hacerlo, adelante. No quiero alardear, pero soy un profesional –
Me sonríe lentamente con una sonrisa que quizás invento para derretir los corazones de todas las chicas del planeta.
- No eres mi tipo – tengo que decirle algo para que deje de mirarme como si estuviera planeando hacerme cosas de las que solo ha oído hablar.
- ¿Solo te gustan los niños ricos? –
- Déjalo ya – le pido.
- ¿Qué? – insiste – Es verdad ¿no? –
La señorita Yuhi aparece frente a nosotros.
- ¿Cómo va el borrador? –
- Genial – digo con una sonrisa falsa. Saco el resumen que hice la noche anterior en casa – Anoche investigué un poco sobre los calentadores de manos. Tenemos que disolver sesenta gramos de acetato de sodio y cien milímetros de agua a setenta grados –
- Te equivocas – me dice.
Levanto la cabeza y veo que la señorita Yuhi se ha marchado.
- ¿Cómo dices? –
- Que te equivocas – repite.
- No lo creo –
- Crees que nunca te equivocas ¿verdad? –
Lo dice como si no fuera más que una tonta niña rica. Me saca de quicio.
- Claro que no – digo fingiendo una voz de niñita ricachona y caprichosa – Verás la semana pasada compré un lápiz labial de color rosa palo cuando debería haber comprado un rosa chicle por que va mucho mejor con mi piel – digo irónicamente, él sonríe.
- Te creo – confiesa.
- ¿Tu nunca te has equivocado? –
- Por supuesto – admite – La semana pasada, cuando robe un banco, le pedí al cajero todos los billetes de cincuenta, debí pedirle los de veinte ya que siempre hay más de veinte que de cincuenta –
De acuerdo, está claro que ha captado la ironía. Y me la ha devuelto por partida doble, lo que es perturbador porque de algún modo hace que nos parezcamos mucho. Me pongo la mano en el pecho – Vaya desastre –
- Supongo que los dos podemos equivocarnos –
- Bueno, en química no me equivoco –
- Hagamos una apuesta entonces –
- Bien – digo.
- Si tengo razón, me darás un beso –
- ¿Y si tengo yo la razón? –
- Tú eliges –
Es como quitarle un dulce a un bebé, estaré encantada de darle un golpe al ego del señor machote.
- Si yo gano te tomarás en serio el proyecto y a mí – le digo – No te meterás más conmigo ni harás comentarios fuera de lugar –
- Trato hecho –
- Bien – abro el libro en la página correspondiente – Sin mirar, ¿qué temperatura necesitamos? – pregunto.
Naruto no será un químico de profesión pero se le dan bien los retos. Aunque esta vez va a perder.
- Debe disolverse a cien grados no a setenta – responde con total confianza.
Repaso la página, miro las hojas. No puedo haberme equivocado.
- Es… es cierto – lo miro asombrada – Cien grados, tienes razón –
- ¿Me vas a besar ahora o más tarde? –
- Ahora mismo – respondo.
Sé que lo dejé atónito porque tiene las manos inmóviles. En casa, mi vida está dictada por mis padres. En el instituto tengo control de mi vida, siento que si no tengo ese control me convertiré en un maniquí.
- ¿Hablas en serio? – me preguntas.
- Sí –
Le cojo una mano. Nunca me atrevería a hacerlo si alguien nos viera, me siento agradecida por la intimidad que nos dan los libros de ficción. Se queda sin respiración cuando me pongo de rodillas y me inclino lentamente hacia él. Intento olvidarme del hecho de que sus dedos son largos y ásperos y que es la primera vez que lo toco. Estoy nerviosa. Puedo sentir cómo está intentando contenerse. Me deja tomar el primer paso y le agradezco porque tengo miedo de lo que él podría hacerme si se deja llevar.
Tomo una de sus manos contra mi mejilla y le oigo soltar un gemido. Se queda inmóvil cuando nos miramos a los ojos.
Entonces, giro la cabeza hacia su mano y le beso la palma.
- Ahí lo tienes, ya te he besado – digo soltándole la mano y dando por terminado el asunto.
El señor machote y su ego han sido derrotados por una chiquilla rica y estúpida.
Naruto
- ¿Y a eso llamas besar? –
- Si –
De acuerdo, baje la guardia. Todo porque la señorita perfecta me ha hecho tocar su sedosa mejilla. Maldita sea, por la manera en que mi cuerpo actuó parecía bajo efecto de alguna droga. Hace un minuto, me tenía completamente hechizado. Luego, la hermosa brujita le ha dado la vuelta al asunto y a tomado ventaja sobre mí. Me ha sorprendido. Me río fuerte para que todos nos miren, justo lo que ella no desea.
- Shh – dice Hinata. Dándome un puñetazo en el hombro, cuando río con más fuerza, me golpea el brazo con el pesado libro de química –
En el brazo adolorido.
- ¡Ay! – exclamo con una mueca de dolor, siento como si mil abejas me clavaran su aguijón - ¡Que daño! –
Ella se muerde el labio color rosa palo, un tono que le va muy bien, aunque tampoco me importaría ver cómo le queda el rosa chicle.
- ¿Te he hecho daño? –
- Sí – digo intentando concentrarme en el color de sus labios y no en el dolor.
- Me alegra – dice haciendo un puchero.
Me levanto la manga de la camiseta para ver la herida. Gracias a mi compañera una de las grapas se ha soltado y empecé a sangrar.
- ¡Dios! Yo… yo no pretendía hacerte daño Naruto, de verdad que no. Cuando me ibas a mostrar la cicatriz te levantaste la manga derecha –
- No iba a mostrártela de verdad, solo jugaba contigo. No pasa nada – le digo. Parece que es la primera vez que ve sangre, aunque claro ella puede que la tenga azul.
- Sí, sí que pasa – insiste mientras niega con la cabeza – Te están sangrando los puntos –
- Son grapas – matizo, intentando ponerle humor a la situación. La pobre está más blanca de lo normas y casi jadea. Si se desmaya perderé la apuesta, si no soporta una mancha de sangre ¿qué va a hacer cuando tengamos relaciones? Mi cuerpo tiene varías cicatrices, quizás si no nos desnudamos o si lo hacemos a oscuras, así quizás pueda imaginar que soy otra persona… A la mierda, me gusta hacerlo con las luces encendidas… además quiero que sepa que está conmigo y no con otro tipo.
- ¿Estás bien? – pregunta Hinata, su preocupación parece real.
¿Debería decirle que se me ha ido la mente y me he puesto a imaginar cómo sería hacer el amor con ella?
La señorita Yuhi aparece por el pasillo con el ceño fruncido.
- Esto es una biblioteca. Silencio – dice pero luego repara en la veta de sangre que me serpentea el brazo – Hinata, acompáñelo a la enfermería. Naruto la próxima vez lleve la herida bien vendada –
- Señorita Yuhi, ¿no cuento con su comprensión? Me estoy desangrando –
- Contará con mi comprensión cuando haya hecho algo por la humanidad. Si se sigue metiendo en peleas callejeras solo contará con mi total rechazo. Ahora, a la enfermería –
Hinata coge los libros de mi regazo y con voz temblorosa dice – Vamos –
- Puedo llevar los libros – digo mientras la sigo. Estoy presionando la manga intentando detener la hemorragia. Ella camina delante de mí, me pregunto si me ayudara si le digo que me siento débil para caminar solo… seguro ni le importará.
Justo antes de llegar a la enfermería, se da la vuelta, sus manos tiemblan.
- Lo siento mucho, de verdad, yo no quería… - ha perdido los papeles, si llora no sé qué demonios voy a hacer. No estoy acostumbrado a chicas lloronas. No creo que Sakura dejara escapar una sola lágrima en el tiempo que estuvimos juntos. De hecho… dudo mucho que tenga conductos lacrimales siquiera. Las chicas sensibles me ponen nervioso.
- ¿Estás bien? – pregunto.
- Si llegan a enterarse, mis padres me matarán –
Ella sigue temblando como si fuera un coche sin frenos.
- ¿Hinata? –
-… y mi madre me echará la culpa de todo, bueno si es mi culpa. Pero se pondrá histérica conmigo y… -
Antes de que pueda decir más - ¡Hinata! –
Me mira confusa y no sé si sentir lástima por ella o sentirme atónito porque no dejara de hablar. Realmente parecía que nunca se iba a detener.
- ¡Tú te estás poniendo histérica! – le recuerdo. Hinata tiene los ojos plateados, un raro pero hermoso color para ella, siempre brillan pero ahora están apagados y vacios, como si estuviera fuera de sí. Mira al suelo, alrededor, a todos lados menos a mí.
- No, yo… estoy bien – vacila un instante.
- Claro – digo irónico – Mírame –
- Estoy bien – dice mirando los casilleros como si fuera lo más interesante – Olvida todo lo que dije –
- Si no me miras me voy a quedar aquí y me voy a desangrar y tendrán que hacerme una transfusión – le digo medio serio medio gracioso – Mírame, maldición – cuando lo hace aún respira con dificultad.
- ¿Qué? – responde a la defensiva – Si vas a decirme que mi vida está fuera del control te advierto que ya sé eso –
- Ey, yo sé que no querías hacerme daño. Además puede que lo mereciera – digo, esperando quitarle peso al asunto, no quiero que tenga un ataque de nervios en el pasillo – Equivocarse no es ningún crimen. Además ¿de qué sirve tener una reputación si no puedes arruinarla de vez en cuando? –
- No intentes hacerme sentir mejor – me mira – Te odio –
- Yo también te odio. Ahora por favor vamos, no quiero que el conserje pase todo el día limpiando mi sangre del suelo, somos familia sabes –
Ella niega con la cabeza. Sé que no cree esa mentira que le acabo de decir.
En lugar de marcharse, mi compañera abre la puerta para que entre a la enfermería. Aún le tiemblan sus manitos.
- Está sangrando – le dice a la enfermera.
La enfermera me obliga a sentarme en una de las camillas.
- ¿Qué te ha pasado? –
Miro a Hinata. Parece preocupada. La veo y pienso que si algún día muero, no me importaría ir al infierno si alguien como ella me recibe.
- Se me han abierto las grapas – digo – Nada grave –
- ¿Cómo ha ocurrido? – pregunta la enfermera, humedece un poco de tela blanca y me da ligeros toques en el brazo. Contengo la respiración esperando que el ardor pase. No voy a hacer mala cara y quedar como un bebé frente a mi compañera a quien trato de seducir.
- Lo he golpeado – dice Hinata con un hilo de voz.
La enfermera la mira asombrada - ¿Lo golpeaste? –
- Por accidente – intervengo yo, sin saber exactamente por qué quiero proteger a una chica que me odia.
Mis planes con Hinata no van como esperaba. El único sentimiento que me ha demostrado es odio. Imaginar a Shikamaru en mi moto es más doloroso que la mierda antiséptica que la enfermera me está frotando.
Si quiero salvar mi dignidad y mi moto, tengo que quedarme a solas con Hinata. Se preocupo por mí y eso indica que tal vez no me odie del todo. Nunca he conocido una chica que tenga todo tan programado, que tenga sus objetivos y un plan sobre cómo será su vida. Parece un robot. Siempre que la veo parece una princesa acosada por las cámaras. Quien iba a decir que un simple brazo sangriento iba a trastocarla.
Miro a Hinata, está concentrada en mi brazo y en las curas de la enfermera. Ojalá siguiéramos en la biblioteca, sé que estaba pensando en tener algo conmigo. Me he excitado solo de pensarlo, aquí en la enfermería. Menos mal que la enfermera se ha alejado del botiquín. Ahora mismo necesito un libro de química que cubra… bueno eso.
- Veámonos el jueves. Ya sabes para trabajar en el borrador – sugiero. Y tengo dos buenas razones para hacerlo: una es que delante de la enfermera no dejo de pensar en Hinata desnuda y dos es que quiero estar a solas con ella.
- No puedo – dice.
Probablemente tenga planes con cara de perro y es obvio que lo prefiere antes que a mí.
- Pues el viernes – añado. La he cogido en un momento vulnerable, aún sus manos tiemblan. Lo sé soy un maldito manipulador. Se muerde el labio inferior, labio que cree llevar pintado de un color equivocado.
- Tampoco – la erección se me ha bajado del todo - ¿Qué te parece el sábado en la mañana? – sugiere – Podemos encontrarnos aquí en la biblioteca –
- ¿Seguro puedes hacerme un hueco en tu apretada agenda? –
- Calla, nos vemos a las diez –
- Es una cita – anuncio mientras la enfermera, que obviamente escucho, termina de vendarme el brazo.
Hinata recoge sus libros.
- No es una cita Naruto – asegura por encima del hombro.
Cojo el libro y salgo corriendo al pasillo tras ella. Camina sola. La música aun no suena lo que significa que aún todos están en clase.
- Puede que no sea una cita, pero aún me debes un beso y yo… siempre cobro las deudas – replico. Sus ojos vuelven a brillar con intensidad. Hermosa. Le guiño un ojo – No pienses mucho en qué color de lápiz labial usar el sábado. Tendrás que volver a pintártelos –
Hinata
Una cosa tengo clara… no voy a besar a Naruto Uzumaki. Afortunadamente la señorita Yuhi nos ha tenido ocupados esta semana, haciendo experimentos, por lo que no hemos tenido que hablar mucho, solo para decidir quién enciende el mechero. Aunque cada vez que veo la venda en su brazo, me acuerdo del golpe que le di.
Intento no pensar en eso mientras me pinto los labios para mi cita con Kiba. Es viernes en la noche iremos a cenar y al cine. Después de revisar que todo esté en su lugar bajo a la piscina, donde mi madre está. Hanabi lee un libro, como casi siempre.
- No vengas más tarde de las diez y media –
- El cine empieza a las ocho, vendré tan pronto acabe la película –
- No más tarde de las diez y media. Si debes salirte de la película para llegar a tiempo pues hazlo. ¿Qué pensaran los padres de Kiba si sale con una chica que no tiene toque de queda? –
El timbre suena – Es él –
- ¿Y qué esperas? Un chico como él no esperará siempre –
Salgo corriendo antes de que mi madre lo haga por mí y nos haga quedar como un par de tontos. Kiba aparece con un ramo de rosas rojas en la mano.
- Para ti – dice, sorprendiéndome.
Me siento una idiota por pensar tanto en Naruto esta semana. Lo abrazo y le doy un beso que de la nada él decide profundizar.
- Las iré a poner en agua – digo, retrocediendo.
Me dirijo a la cocina y huelo las flores. Pongo agua en un jarrón y me pregunto si alguna vez Naruto le llevo flores a su novia. Puede que no. Estar con Kiba es tan…
¿Aburrido?
No. No somos aburridos. Somos prudentes. Acomodados. Lindos.
Después de colocar las rosas en el jarrón, encuentro a Kiba hablando con mi madre en el patio, algo que no me gusta mucho.
- ¿Listo? – le pregunto.
Kiba me lanza una súper sonrisa de millón de dólares.
- Sí –
- Tráela a las diez y media – grita mi madre.
Como si una chica con toque de queda tuviera más valores que las demás. Que ridiculez, pero miro a Hanabi y me trago las ganas de decir cualquier cosa.
- Por supuesto, señora Hyuga – responde Kiba.
Una vez sentados en su Mercedes, le pregunto - ¿Qué película vamos a ver? –
- Hay un cambio de planes. La empresa de mi padre consiguió entradas para el partido de beisbol. Un palco justo detrás del bateador –
- Genial ¿estaremos de vuelta a las diez y media? – pregunto. Porque no me cabe ninguna duda de que mi madre estará esperándome en la puerta de casa.
- Sí, a no ser que el partido se prolongue demasiado ¿Te convertirás en calabaza o algo así? –
- No, es solo que… bueno no quiero darle un disgusto – digo.
- No te lo tomes a mal, pero tu madre es algo rara. Aunque está muy buena, no me importaría tirármela aunque esté loca –
- ¡Qué asco Kiba! Acabas de decirme que te tirarías a mi madre ¡Asqueroso! – exclamo.
- Ya, Hinata – dice mirándome – Tu madre parece más tu hermana gemela, está buenísima –
Mi madre hace mucho ejercicio y tiene un cuerpo de treintañera a pesar de sus cuarenta y cinco años. Pero saber que mi novio cree que está buena es una asquerosidad total.
Ya en el partido, Kiba me conduce al palco donde se encuentra su padre y varios socios de otros bufetes de abogados. Su madre me abraza al saludarme y luego nos deja solos para que nos relacionemos con el resto de la gente. Observo a Kiba mientras habla con otras personas. Aquí se siente como en casa, está en su elemento. Estrecha la mano, sonríe de oreja a oreja y responde con carcajadas a los chistes que cuentan los demás, tengan o no gracia.
- Sentémonos allí – sugiere señalando unas butacas, luego de comprar comida en la cafetería y sentarnos me dice – El año que viene espero conseguir una pasantía en YD&A. Así pasaré más tiempo con estos tipos –
Cuando el principal socio, un tal señor Danzo aparece, Kiba se pone muy serio. Le miro mientras habla con el hombre como si fueran viejos amigos. Definitivamente Kiba tiene un don especial.
- He oído que quieres seguir los pasos de tu padre – dice el señor Danzo.
- Sí señor – afirma Kiba y acto seguido se ponen a hablar de futbol y finanzas, cualquier cosas que saque Kiba para seguir la conversación.
Temari me llama y le describo los momentos más emocionantes del partido. Mientras ella y yo hablamos espero a que Kiba y el señor terminen su conversación. Temari me comenta que la ha pasado genial en un club llamado Waterfall, un local al que dejan entrar a adolescentes, me asegura que Ino y yo lo amaremos.
En la séptima entrada Kiba y yo nos ponemos de pie y tarareamos el himno. Kiba desafina a propósito, me quiere hacer reír y lo logra. Me gusta divertirme así con él, me hace pensar que quizás soy demasiado crítica con la relación.
A las nueve cuarenta y cinco me vuelvo hacia él y le repito que no puedo llegar tarde a casa aunque el partido no haya terminado. Él me coge de la mano, tengo la sensación de que va a disculparse por no prestarme atención durante su conversación. Entonces el señor Lundstrom invita a su socio, el señor Yamato a unirse a la conversación.
A medida que pasan los minutos empiezo a ponerme inquieta. Ha habido demasiada tensión en mi casa últimamente. No quiero añadir más.
- Kiba… - digo apretándole la mano fuerte.
Él me responde rodeándome los hombres con un brazo.
Al final de la novena entrada, ya pasadas las diez intervengo – Lo siento, pero Kiba debe llevarme a casa –
El señor Danzo y el señor Yamato estrechan la mano de Kiba y luego lo saco del estadio.
- Hinata ¿sabes lo difícil que es conseguir una pasantía en YD&A? –
- Lo siento, tengo que estar en casa a las diez y media –
- Pues llegarás a las once. Llama a tu madre y dile que estamos atascados en el tráfico –
Kiba no se imagina como se pone mi madre cuando está de mal humor. Afortunadamente, he podido evitar que me venga a buscar a casa, y nunca pasa dentro más de veinte minutos. No tiene ni idea de cómo me siento cuando mi madre descarga su ira sobre mí.
Nos ponemos en marcha, no a las once sino a las once y media prácticamente. Kiba todavía habla de su posible pasantía mientras escucha el resto del partido por radio.
- Tengo que irme – digo dándole un beso en la mejilla.
- Quédate un rato – me susurra acariciándome la mejilla – Hace una eternidad que no nos divertimos un rato. Lo echo de menos –
- Es muy tarde – replico – Pasaremos juntos más noches – digo disculpándome con la mirada.
- Eso espero –
Entro en casa, preparada para el sermón. Tal y como esperaba, mi madre está en la entrada cruzada de brazos.
- Llegas tarde –
- Lo sé, lo siento –
- ¿Crees que puedes saltarte mis reglas así como así? –
- No –
Deja escapar un suspiro.
- Mamá, lo siento. Kiba cambió de planes, en lugar de ir al cine fuimos a un partido de beisbol y es trafico estaba horrible –
- ¿Un partido de beisbol? ¿Han estado en un estadio repleto de gente? ¡Te pudo pasar algo! –
- Estamos bien mamá… - antes de decirle que no estábamos en la multitud si no en un palco ella continúo.
- Crees que lo sabes todo, Hinata, y no es así. Podrías estar muerta en algún callejón mientras yo pienso que estás en el cine. Mira tú bolso a ver si te falta dinero o algún documento –
Abro el bolso y repaso el contenido. Sostengo en alto el dinero y los documentos solo para complacerla.
- Está todo –
- Considérate afortunada esta vez –
- Siempre tengo cuidado. Además Kiba estaba conmigo –
- No quiero ninguna excusa Hinata. No has pensado que sería un detalle de tu parte llamar para avisar que hubo un cambio de planes y que llegarías tarde - ¿para qué me grite por teléfono y de nuevo al llegar a casa? De ninguna manera. Pero no puedo decirle eso.
- No se me ocurrió – digo bajando la cabeza.
- ¿Alguna vez piensas en esta familia? El mundo no gira a tu alrededor Hinata –
- Yo lo sé. La próxima vez llamare, ¿puedo irme a la cama? –
Me despacha con un gesto de la mano.
El sábado por la mañana me despierta el grito de mi madre. Me levanto con afán y salgo corriendo para ver cuál es el alboroto.
Hanabi está en el comedor, con su cabeza abajo. Está hecha un desastre y juega con sus manos casi desesperadamente.
- ¡Hanabi, si vuelves a hacerlo te irás a tu habitación! – le grita mi madre antes de poner un plato de comida frente a ella.
Hanabi lo tira al suelo. Mi madre ahoga un grito y fulmina con la mirada a mi hermana.
- Yo me encargo – digo corriendo hacia mi hermana.
No recuerdo cuando fue la última vez que mi madre toco a Hanabi.
- No la mimes tanto, Hinata – dice mi madre – Si no come tendremos que alimentarla por un tubo ¿quieres eso? –
No soporto que mi madre haga esto. Siempre imagina lo peor en lugar de intentar arreglar lo que está mal. Mi hermana me mira y veo lo desesperada que está.
Mi madre señala a Hanabi con el dedo – Es por eso que no hemos ido a restaurantes –
- Mama, para – le ruego – No tienes que empeorar las cosas. Hanabi solo está alterada ¿de qué sirve empeorar todo? –
- ¿Y qué hay de mí? –
La tensión aparece de nuevo, se extiende por todo mi cuerpo. Se hace tan intensa que estalla y no puedo reprimirla.
- ¡No tiene nada que ver contigo! ¿Por qué todo es siempre junto a ti? – vocifero - ¿Por qué no ves que está dolida? En lugar de gritarla detente un momento a ver qué ha podido salir mal –
Sin pensarlo dos veces tomo una toallita y empiezo a limpiar a mi hermana.
- Hinata, no – grita mi madre.
No le hago caso, aunque debí. Antes de que pueda hacer algo Hanabi me empuja, resbalo con la comida del suelo y caigo en el piso de la cocina, es tan fuerte el golpe que al llevarme la mano a la cabeza y la vuelvo a mirar veo sangre. Hanabi ha arrancado a correr a su cuarto.
Mi madre frunce el ceño y siento como mis lágrimas resbalan por mis mejillas.
- Iremos al doctor ya mismo – dice mi madre – Ya es demasiado Hinata. Tú ve a recoger a tu padre al aeropuerto. Su vuelo llega a las once. Es lo mínimo que puedes hacer para ayudar –
Naruto
Llevo una maldita hora en la biblioteca. Bueno, más bien una hora y media. Me senté en los bancos de cemento. Luego volví adentro y me quede mirando el expositor. No quería parecer ansioso por ver a Hinata. A las diez y cuarenta y cinco me senté en los sofás de literatura juvenil y hojeé el libro de química. De acuerdo, solo miraba las páginas.
Ahora eran las once. ¿Dónde demonios se había metido?
Puedo ir a dar una vuelta con mis amigos. Demonios, debería ir a dar una vuelta con mis amigos. Pero tengo la estúpida necesidad de saber porqué Hinata me ha dejado plantado. Intento convencerme de que es por orgullo, pero en el fondo estoy preocupado por ella.
Durante su ataque de nervios en enfermería, me dio a entender que su madre no era la candidata ideal para madre del año. ¿No se da cuenta de que Hinata ya tiene dieciocho años y puede irse de casa si quiere? Si de verdad la pasa tan mal ¿por qué se queda allí?
Porque sus padres son ricos.
Si yo me fuera de casa, mi nueva vida no sería muy diferente de la antigua. Sin embargo, para una chica que vive en la zona norte, una vida sin toallas de diseño y una sirvienta que te siga a todas partes probablemente sea peor que la muerte.
Ya la he esperado suficiente. Voy a ir a su casa, para que me explique por qué me ha dejado plantado. Sin pensarlo dos veces, me subo a la moto y me dirijo a la zona norte. Sé donde vive… en esa mansión blanca con columnas.
Aparco la moto en el camino de entrada y llamo al timbre.
Mierda ¿qué voy a decirle? ¿Y por qué me siento tan inseguro, como si ella fuera a juzgarme y yo tuviera que impresionarla?
Nadie responde, vuelvo a llamar.
¿Dónde está el sirviente o el mayordomo que te abre la puerta? Justo en el momento en que pienso irme, la puerta se abre. Delante de mí aparece una versión mayor de Hinata. No cabe duda de que es su madre. Cuando me mira, reparo en la mueca de desprecio que me lanza.
- ¿En qué te puedo ayudar? – pregunta llena de seguridad. Tengo la impresión de que espera que le entregue un currículo para jardinero o que sea un vendedor de esos que va de puerta en puerta – En este vecindario está prohibida la venta ambulante –
- Yo, esto, no estoy aquí para vender nada. Me llamo Naruto, solamente quería saber si Hinata estaba, bueno, en casa – respondo.
- No – contesta con un tono tan frio como su mirada.
- ¿Sabe a dónde ha ido? –
La señora Hyuga entrecierra la puerta. Probablemente piense que voy a asomar la cabeza para ver qué cosas de valor puedo llevarme.
- No suelo dar información sobre el paradero de mi hija. Ahora, si me disculpas – dice, antes de cerrarme la puerta en las narices.
Me quedo solo delante de la puerta como un completo imbécil. Tengo la sensación de que Hinata estaba tras la puerta pidiéndole a su madre que se deshiciera de mí. En su lugar, yo no jugaría conmigo.
Detesto los juegos que no puedo ganas.
Regreso a la moto. Preguntándome si debería sentirme como un perro apaleado o como un pitbull furioso.
Continuará…
