Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Aprovecho para agradecerles mucho todos los reviews y que hayan acogido tanto este fic. Uds hacen mi día, así que este capítulo se los dedico con todo el amor jaja.
Química Perfecta. Capítulo 5
Hinata
- ¿Quién es Naruto? –
Esas son las primeras palabras que me dirige mi madre luego de llegar a casa del aeropuerto, donde estaba recogiendo a mi padre.
- Es un chico del instituto, mi compañero de química – respondo en voz baja. Luego añado - ¿Por qué lo conoces? –
- Vino aquí mientras estabas en el aeropuerto. Lo eche –
Cuando pienso en él recuerdo… la biblioteca. Me lo imagino allí parado, esperándome y de repente me siento sumamente culpable. Era yo quien no confiaba en que apareciera y al final he sido yo la que no ha cumplido su promesa. Debe estar furioso.
- No lo quiero cerca de casa – confiesa – Quién sabe qué empezaran a decir los vecinos de ti –
Aquello me parece una tontería. Y ruego mucho porque algún día sea libre de vivir en un lugar sin preocuparme por los cotilleos de los vecinos.
- De acuerdo – digo, evitando problemas con mi madre.
- ¿Puedes cambiar de compañero? –
- No –
- ¿Lo has intentado? –
- Sí, lo he hecho. La señorita Yuhi se niega a asignarme otro –
- Pues insiste más. Llamaré al instituto el lunes y les haré… -
La miro fijamente – Yo me encargo. No llames al instituto, no tengo dos años –
- ¿Ese chico Naruto es el que te ha enseñado a faltarle el respeto a tu madre? ¿De repente crees que puedes hablarme así porque ese chico es tu compañero? –
- Mamá… -
Ojala mi padre estuviera aquí para intervenir. Pero ni siquiera entro a saludar, subió directo a su despacho a ver su correo. Me gustaría que actuara como árbitro y no se quedara al margen.
- Si empiezas a juntarte con gentuza como esa, la gente te verá como tal. No te hemos educado así, Hinata –
Y aquí viene el sermón. Preferiría cualquier cosa, incluso comer un pescado vivo con escamas antes que escuchar de nuevo las razones por las que debo parecer perfecta. Sé el significado tras todo este sermón: Hanabi no es perfecta, de modo que cargo yo con la responsabilidad de serlo por las dos.
Aspiro profundamente – Entiendo mamá –
- Solo quiero protegerte – dice – Y tú me lo echas en cara todo –
- Lo siento – digo - ¿Qué han dicho de Hanabi en el doctor? –
- Irá dos veces por semana – me informa – Tendrás que acompañarla cuando no pueda hacerlo yo –
No menciono la política de la señorita Anko sobre las faltas al entrenamiento de porristas, no sirve de nada más estrés.
El teléfono suena como si Dios hubiera llamado en el momento preciso, mi madre sale corriendo a atender la llamada. Yo elijo correr al cuarto de mi hermana antes de que mi madre vuelva y siga la indeseada conversación. Hanabi está concentrada en su computador.
- Hola –
Ella me mira, sin sonreír.
- No estoy enfadada – ella me toma la mano.
- Lo siento –
La abrazo – Déjalo ya – le acaricio la cabeza - ¿Quieres jugar algo? – pregunto. Ella niega con la cabeza - ¿Qué tal ver una película? – vuelve a negar - ¿Vas a seguir en el computador? – asiente – Bien, iré a mi cuarto un rato – ella me sonríe.
- Te quiero – me dice antes de que me marche.
- Yo también te quiero – le digo.
En mi habitación busco la guía de estudiantes, donde están todos los números telefónicos de los estudiantes del instituto Konoha. Conseguí el número de Naruto.
Marqué desde mi celular.
- ¿Sí? – contesta una voz de chico.
Aspiro profundamente – Hola, ¿se encuentra Naruto? –
- Ha salido –
- ¿Quién es? – pregunta una mujer a lo lejos.
- ¿Quién eres? – me pregunta el chico.
- Soy Hinata Hyuga… una amiga del instituto –
- Hinata Hyuga, una amiga del instituto – explica el chico a la mujer.
- Coge el mensaje – le dice la mujer.
- ¿Eres su novia? – pregunta el chico. Oigo un golpe y un "ay" antes de que el chico vuelva a hablar - ¿Quieres dejar un mensaje? –
- Dile que Hinata Hyuga ha llamado y pues… que este es mi número –
Naruto
Estoy en un viejo almacén, lugar donde los Akatsuki nos reunimos cada noche. Acabo de fumar el tercer cigarrillo, quizás ya he perdido la cuenta.
- Bebe un poco – me dice Yahiko, un amigo no tan cercano no tan lejano – Y borra esa cara – le cuento que Hinata me ha dejado plantado esta mañana.
Miro la botella en mis manos y se la tiro de vuelta – No, gracias –
- ¿Qué? A poco ya probaste el vino y la champaña y esto es muy poco para ti – habla Jugo. Un tipo que consume alcohol con la misma moderación con la que consume droga, es decir ninguna.
Lo miro lo peor que puedo, sin decir palabra.
- Bromeaba – masculla borracho.
Nadie quiere meterse en líos conmigo. Me he esforzado bastante por crearme una reputación, que me teman un poco.
Cuando era un niño recuerdo que soñaba con ser un superhéroe. "Nunca entraré en una pandilla" me repetía todos los días cuando ya tenía la edad de entrar a una "Protegeré a mi familia con mis propias manos". En la zona sur de Konoha, o eres un gánster o estás contra ellos. Entonces tenía sueños, metas, era un iluso. Todas esas metas se fueron por el caño cuando vi cómo le disparaban a mi abuelo frente a mí. Yo tenía seis años.
Cuando me acerqué a él, todo lo que pude ver fue una manche de sangre extendiéndose por su camiseta. En cuestión de segundos se quedó sin aliento, aquello fue todo. Estaba muerto.
No me acerqué demasiado, ni lo toque, estaba pasmado de miedo. Recuerdo no hablar casi por una semana. Ni siquiera cuando la policía me interrogo hable. Me dijeron que estaba en estado de shock y que mi cerebro no sabía cómo procesar lo ocurrido. Y era cierto, ni siquiera recordaba la cara del tipo que le disparo. Si pudiera acordarme… ese cabrón estaría muerto.
Sin embargo lo que hoy ocurrió está más que claro en mi memoria. Hinata me dejó plantado, su madre me ha mirado con asco… como desearía olvidar eso también pero mi cerebro parece no querer hacerlo.
Yahiko vacía la mitad de la cerveza, aunque un poco se le cayó por la comisura de los labios directo a su camiseta, cuando acaba me mira – Sakura te la jugó bien ¿no? –
- ¿A qué viene eso? –
- No confías en las chicas, si no mira Hinata Hyuga – suelto una palabrota en voz baja.
- Yahiko, ahora que lo pienso. Vale dame una cerveza – una vez abierta la vació de un trago
– Puede que no quieras escuchar esto, pero vas a tener que hacerlo. Sakura, esa ex tuya, esa sexy pandillera que adora los cotilleos y hacerle chupones a sus novios, te dio una puñalada por la espalda, lo único que hacer con Hinata Hyuga es utilizarla porque necesitas vengarte con alguien – escucho a Yahiko, sin muchas ganas mientras cojo otra cerveza.
- ¿Crees que eso intento con mi compañera de química? –
- Sí – da un trago a su cerveza – Pero te saldrá muy mal el plan porque en realidad esa chica te gusta. Ya admítelo –
- Solo me interesa la apuesta – digo, sin intención de admitir nada.
Yahiko ríe con fuerza, luego me apunta con la cerveza aún en la mano – Se te da bien mentirte a ti mismo. Esas dos son polos opuestos Naruto –
Cojo otra cerveza. Al abrirla pienso en las diferencias entre Hinata y Sakura. Sakura tiene esa mirada sexy, oscura y misteriosa. Hinata en cambio parece inocente, con esos ojos plateados que parecieran tener poderes para ver a través de ti ¿seguirá siendo así cuando le haga el amor?
Mierda. ¿Hacer el amor? ¿Por qué demonios he mezclado a Hinata y el amor en una misma frase? Me estoy enloqueciendo.
La siguiente media hora bebo tanto como puedo. Aquí me siento lo suficientemente bien como para no pensar en nada. Una voz de chica me saca de mi ensimismamiento.
- ¿Vas a la fiesta en el lago? – me pregunta.
Miro a unos ojos de color verde. Aunque mi mente esté nublada y siento mareo, sé con seguridad que el verde para nada se parece al plateado. No quiero lo plateado. El plateado me confunde demasiado. El verde es sencillo, es más fácil de tratar. Algo no va bien pero no puedo identificar el qué. Y cuando siento los labios de verde sobre los míos, deja de importarme todo excepto sacar el plateado de mi mente.
- Sí – digo cuando separo los labios de los de ella - ¡Vámonos de fiesta! –
Una hora más tarde estoy con el agua hasta la cintura. Pienso en convertirme en un pirata y surcar mares solitarios. Por supuesto todo es efecto del alcohol y mi mente confundida sé bien que lo que contemplo es el lago Konoha y no un océano. Pero ser un pirata me parece tremenda opción, sin familia, sin preocupaciones, sin chicas de cabello negro azulado y ojos plateados que me perforen al mirarme.
Unos brazos me rodean el torso, como tentáculos.
- ¿En qué piensas? –
- En convertirme en un pirata – murmuro al pulpo que acaba de dirigirse a mí.
El pulpo me está besando la espalda y avanzan hacia mi cara. Me siento a gusto, conozco a ese pulpo y esos tentáculos.
- Tú serás un pirata y yo una sirena. Podrás rescatarme –
De algún modo tengo la sensación de que a mi es quien deben rescatar, pues me está ahogando con sus besos.
- Sakura – le digo al pulpo de ojos verdes que ahora es una sirena, de repente me doy cuenta que estoy borracho, desnudo y con el agua hasta la cintura en el lago Konoha.
- Shh, relájate y disfruta –
Sakura me conoce lo suficiente como para hacerme olvidar la realidad y llevarme a un país de fantasía. Me abraza y pega su cuerpo al mío. Llevo las manos hacia lugares en que he estado antes, pero no me dejo llevar. Vuelvo la vista a la orilla donde mis ruidosos amigos me recuerdan que no estamos solo y que a mi pulpo-sirena le encanta el público. A mí no.
Cojo a mi sirena de la mano y empiezo a caminar a la orilla. Hago caso omiso a los comentarios de mis colegas, le digo a mi sirena que se vista mientras yo hago lo mismo. Al estar listos la tomo de la mano y juntos buscamos un espacio vacío donde nos sentemos.
Me recuesto sobre una roca y estiro las piernas. Mi ex novia se acurruca a mi lado, como si nunca hubiéramos roto, como si nunca me hubiera engañado. Me siento atrapado, sin escapatoria.
Ella da una calada a algo más fuerte que un cigarrillo y me lo pasa.
- ¿No lleva alucinógenos verdad? – pregunto. Estoy deshecho y lo último que necesito es mezclar la nicotina y la cerveza con otras drogas. No quiero matarme, solo olvidar todo por un momento.
- Es marihuana – dice llevándome el porro a los labios.
Quizás me ayude a dejar la mente en blanco y olvidar todo lo relacionado con disparos, ex novias y apuestas en las que tengo que acostarme con una chica que me cree la escoria de la sociedad.
Acepto el porro y le doy una calada. Las manos de mi sirena avanzan hacia el pecho.
- Puedo hacerte feliz Naruto – susurra tan cerca de mí que siento el olor a alcohol y marihuana – Dame una última oportunidad –
La droga y el alcohol confunden mis sentidos. Y recodar la imagen de Kiba y Hinata abrazados en el instituto, acerco el cuerpo de Sakura al mío.
No necesito una chica como Hinata.
Necesito una chica sexy y picante como Sakura, mi sirenita mentirosa.
Hinata
Ino me convenció de ir esta noche al club Waterfall, el local del que Temari me habló. A Kiba no le gusta mucho bailar, así que acabe bailando con el resto de las chicas.
Ahora estamos en casa de Ino, en la playa atrás de su casa. Mi madre sabe que dormiré aquí esta noche, de modo que no debo preocuparme por ningún toque de queda. Mientras Ino y yo colocamos unas mantas sobre la arena, Matsuri se ha quedado rezagada con los chicos, que están sacando botellas de vino y cervezas del maletero del auto de Kiba.
- Sai y yo nos acostamos el fin de semana pasado – dice de la nada Ino.
La miro - ¿En serio? –
- Sí. Ya sé que quería esperar hasta que estuviéramos en la universidad, pero pasó sin más. Su casa estaba vacía, yo fui, un beso llevo a otro y… lo hicimos –
Sonrío – Vaya ¿y cómo fue? –
- No lo sé. Si te soy sincera fue extraño. Aunque estuvo muy cariñoso después, preguntándome mil veces si estaba bien. Luego en la noche me trajo docenas de rosas. Tuve que mentirle a mis padres diciendo que era nuestro aniversario. No podía decirle que las flores eran por la celebración de la perdida de mi virginidad con él – se ríe - ¿Cómo van tu y Kiba? –
- Kiba quiere que nos acostemos – le suelto.
- Todos los chicos de más de catorce años desean hacerlo – explica – Es algo como una obligación –
- Pero… yo no quiero, es decir, no ahora –
- Entonces es tu obligación decir que no – añade, como si fuera fácil. Ino ya no es virgen porque ha dicho que sí ¿por qué me cuesta a mí dar ese paso?
- ¿Cuándo sabré que es el momento? –
- No vas a venir a preguntármelo, ni a mí ni a nadie, solo querrás hacerlo. Nosotras sabemos que ellos quieren tener sexo, depende de nosotras que eso ocurra. Mi primera vez no ha sido ni divertida ni fácil. La mayor parte me sentí una estúpida. Pero cuando estás con la persona que quieres es más fácil abrirte y temer mostrarte vulnerable, esa es la parte hermosa y especial –
¿Será esa la razón por la que no quiero hacerlo con Kiba? Quizás, no lo quiero tanto como suponía. Ni siquiera sé si estoy capacitada para querer a alguien y abrirme de esa manera que Ino dice.
- Gaara ha roto con Matsuri – dice Ino – Al parecer sale con otra chica –
Me siento mal por ella y ruego porque no empiece a llamar la atención de los chicos de malas maneras.
Veo aparecer a Matsuri y al resto del grupo que ponen más mantas sobre la arena.
Matsuri está tan embriagada que pronto cae dormida y los chicos la meten a la casa.
Ino, Sai, Kiba y yo nos sentamos en las mantas y hablamos sobre el último partido de futbol delante de la fogata que hemos hecho con ramitas y viejos trozos de madera.
Reímos recordando jugadas fallidas e imitando al entrenador que cuando se enfada se pone rojo como un tomate, no deja de chillar y de escupir. Sai lo imita genial.
Estoy a gusto aquí, sentada con mis amigos y Kiba, y durante un momento me olvido de mi compañero de química, quien últimamente ocupa mucho lugar en mi mente.
Un rato después Ino y Sai se van a dar un paseo y yo me tumbo junto a Kiba frente a la fogata.
- ¿Me echaste de menos en el verano? – pregunto. Él me acaricia el cabello.
Kiba me coge una mano y se la lleva a la bragueta.
- Sí – susurra contra mi cuello – Un montón –
Cuando aparto la mano, me rodea con sus brazos. Luego empieza a estrujarme los senos como si fueran dos globos de agua. Nunca me había molestado tanto una caricia. El recorrido que hace con sus manos me da asco y me hace enojar.
Me aparto de su lado.
- ¿Qué pasa? –
- No lo sé – le digo. Es verdad, no lo sé. Las cosas con Kiba parecen tensas desde que inicio el curso. No puedo sacarme de la cabeza a Naruto, lo cual me molesta más que cualquier cosa – Siento que es forzado – lo miro - ¿No podemos quedarnos aquí sin hacer nada? –
Kiba resopla – Hinata, yo quiero hacerlo –
- ¿Ahora? – pregunto, ¿aquí, donde todos pueden vernos?
- ¿Por qué no? -
- No sé – digo asustada por tener aquella conversación, aunque ya sabía que llegaría – Supongo que pasaría… naturalmente –
- ¿Qué puede ser más natural que hacerlo al aire libre sobre la arena? –
- ¿Y qué hay de los condones? –
- Me quitaré a tiempo –
Eso no suena nada romántico. Estaré como loca esperándome que me baje el periodo por miedo a un embarazo. No quiero que sea así la primera vez.
- Esto significa mucho para mí –
- Para mí también, así que hagámoslo ya –
- Cambiaste en el verano – le digo, incrédula por la situación.
- Tal vez – se pone a la defensiva – Quizás note que nuestra relación tiene que avanzar. Maldición Hinata, ¿quién pensaría que una estudiante de último curso aún es virgen? Todos piensan que ya lo hicimos ¿por qué no lo hacemos y ya? Mierda, incluso has permitido que ese tipo, Uzumaki, piense que puede acostarse contigo –
El corazón me da un vuelco - ¿Crees que preferiría acostarme con Naruto antes que contigo? – estoy a punto de llorar. No puedo dejar de pensar en mi compañero de laboratorio, me odio a mí misma por pensar en él y odio a Kiba por recordármelo ¿Qué hay de ti con Karin? Parecen muy felices juntos en clase –
- Déjalo ya Hinata. Hay muchas chicas que se fijan en mí en clase. Obviamente tu no porque estás demasiado ocupada con Uzumaki. Todos saben que están tonteando –
- Todo esto es injusto Kiba –
- ¿Qué pasa? – pregunta Ino, que aparece con Sai tras una enorme roca.
- Nada – respondo, antes de ponerme de pie con las sandalias en la mano, con la otra tomo una botella de vino – Me voy a casa –
- Voy contigo – me dice Ino.
- No – le contesto.
- No quiero que vayas sola por ahí – dice Ino.
- Quiero estar sola – le ruego – Necesito pensar –
- Hinata, vuelve aquí – grita Kiba sin moverse de donde está.
Le ignoro.
- No vayas más allá del cuarto muelle. No es seguro – me advierte Ino.
¿Que no es seguro? ¿Qué más da? ¿Qué pasará si me sucede algo? A Kiba no le importará. A mis padres tampoco.
Cuando me alejo veo la botella en mis manos, la vacío de un trago. Cierro los ojos y siento cómo mis dedos se hunden en la arena, me lleno los pulmones de la fresca brisa del lago Konoha. Me siento mareada pero no me importa. Me olvido de todo por un momento, luego me detengo para observar el lago y su oscuridad.
He pasado dos muelles, quizás tres. De todas formas no queda mucho para llegar a casa. Cuando llegue a la siguiente playa subiré la calle y llegaré a casa.
Pero me gusta tanto sentir la arena bajo mis pies, es como una almohada de esas rellenas de bolitas. Más adelante oigo música, me encanta la música. Mi cuerpo responde solo y bailo torpemente. El mareo es peor ahora.
No me he percatado de cuánta distancia ya recorrí, hasta que oigo risas y voces. Frente a mí se encuentra un grupo de gente con bandanas rojas y negras. Hace mucho pase el cuarto muelle.
- Ey, miren, es Hinata Hyuga, la animadora más sexy de todo el instituto Konoha – grita un tipo – Ven guapa, baila conmigo –
Miro exasperada, esperando encontrar una cara amiga. Naruto.
Está aquí. Y Sakura Haruno está sentada sobre su regazo.
Una imagen que da que pensar.
Otro de los chicos avanza hacia mí - ¿No sabes que esta zona es solo para bandas? – me pregunta acercándose más - ¿O has venido buscando adrenalina nena? –
- Déjame en paz – digo como puedo.
- ¿Te crees demasiado para un tipo como yo? – insiste el desconocido que ahora me mira con ojos llenos de furia. La música se detiene.
Me tambaleo hacia atrás. No estoy tan embriagada como para no notar lo peligrosa que es la situación.
- Jugo, déjala – interviene Naruto. Es una orden.
Naruto le acaricia el hombro a Sakura, y sus labios están a escasos centímetros de su piel. Me tambaleo. Es una pesadilla y necesito escapar, rápido.
Empiezo a correr y escucho tras de mí las carcajadas de otros miembros de la banda. No puedo huir lo suficientemente rápido, es como esos sueños, donde tus pies se mueven pero no consigues avanzar.
- ¡Hinata, espera! – llama una voz tras de mí.
Me doy la vuelta y me encuentro cara a cara con el chico que me persigue en sueños… tanto en los que estoy dormida como despierta.
Naruto.
El chico que odio.
El chico que no consigo apartar de mis pensamientos, no importa que tan borracha esté.
- No hagas caso a Jugo. A veces se deja llevar e intenta quedar como un tipo duro – dice Naruto. Me quedo atónita cuando se acerca y limpia una lágrima de mi mejilla – No llores, no iba a permitir que te hiciera daño, nunca lo permitiría –
¿Debería decirle que no temo que me haga daño?
Aunque no he corrido mucho, me he alejado lo suficiente para alejarme de los amigos de Naruto.
- ¿Por qué te gusta Sakura? – pregunto antes de que todo empiece a dar vueltas y me desplomo sobre la arena – Es mala –
Me ayuda a levantarme, pero me asusto y el mete las manos en sus bolsillos - ¿A ti qué te importa? Me dejaste plantado –
- Tenía asuntos pendientes –
- ¿Qué? ¿Lavarte el cabello o hacerte la manicura? –
Más bien mi hermana me ha hecho reventar la cabeza y mi madre se enojo por eso. Lo señalo con el dedo – Eres un idiota –
- Y tu una estúpida – dice – Una estúpida con una sonrisa fascinante y unos ojos que pueden hacerle perder la cabeza a un chico –
Hace una mueca mientras habla, como si quisiera tragarse lo que acaba de decir.
Esperaba tantas cosas, menos eso que dijo. Me fijo en sus ojos, inyectados en sangre.
- Estás drogado Naruto –
- Sí, bueno, tú tampoco pareces muy sobria. Quizás sea el momento perfecto para darme ese beso que me debes –
- De ninguna manera –
- ¿Qué? ¿Tienes miedo a que te guste tanto y acabes olvidando a tu novio? –
¿Besar a Naruto? Nunca. Aunque se me ha pasado por la cabeza. Muchas veces. Más de las que desearía. Sus labios son tan tentadores. Ay, Dios, tiene razón. Estoy borracha y definitivamente me siento bien. He empezado a delirar porque estoy pensando en cosas que jamás debí o debería pensar.
Como por ejemplo en lo mucho que deseo saber qué se siente tener esos labios pegados a los míos.
- Bien. Bésame Naruto – digo caminando hacia él – Estaremos en paz –
Me agarra de los brazos. En serio voy a besarlo y a averiguar por fin qué se siente. Es peligroso y se ríe de mí. Pero también es sexy, misterioso y guapo. Está tan cerca que siento cómo mi cuerpo se estremece y la cabeza me da vueltas. Me agarro de él para no caerme.
- Vas a vomitar – dice.
Niego con la cabeza – Estoy bien, disfruto del paseo –
- No estamos paseando –
- Ah – digo confusa. Me concentro en mis pies, es como si estuviera flotando en la arena – Solo estoy mareada, nada más –
- Ajá – me dice, es obvio que no me cree.
- Si dejarás de moverte, me sentiría mucho mejor –
- No me estoy moviendo. Odio repetirlo pero estás a punto de vomitar –
Tiene razón. El estómago no deja de darme vueltas. Me sujeta la mano y con la otra me recoge el pelo alejándolo de mi cara mientras me inclino y vomito. No consigo que mi estómago se calme. Todo se ha vuelto asqueroso, y estoy demasiado borracha para que me importe.
- Mi cena está en tus zapatos – digo. Consciente de que debo verme desastrosa.
Naruto
Miro mis zapatos llenos de la cena pre digerida de Hinata, me han pasado cosas peores.
Ella se incorpora así que le suelto el cabello. No he podido evitar cogérselo para que no se ensuciara de vómito. Intento no pensar en la sensación que me ha provocado sentir su cabello deslizándose entre mis dedos.
Mi ilusión de hacerme pirata y raptarla para llevarla en mi barco vuelve a cruzar mi mente. Pero ni soy pirata, ni ella es mi princesa cautiva. Solo somos dos adolescentes que se odian mutuamente. De acuerdo, puede que no la odie de verdad.
Me quito la bandana de la cabeza y se la doy.
- Toma, límpiate –
Mientras me limpio el zapato en las frías aguas del lago Konoha, ella acerca mi bandana a su boca, como si fuera una servilleta.
No sé qué hacer ni qué decir. Estoy solo… con Hinata Hyuga embriagada. No estoy acostumbrado a esto, la bebida pone a chicas como ellas sensibles y eso no me conviene. Tengo dos opciones: aprovecharme de ella y ganar la apuesta, pero… teniendo en cuenta el estado en el que está sería una autentico hijo de puta.
- Voy a buscar a alguien que te lleve a casa – digo antes de que mi cerebro planee mil formas distintas de aprovecharme de ella esta noche. Mi sistema está repleto de alcohol y droga, y quiero contar con todas mis facultades cuando esté conmigo.
Ella frunce sus labios, haciendo pucheros como un bebé.
- No quiero ir a casa, a cualquier sitio menos a casa –
Mierda. En tremendo lío estoy metido.
Cuando me mira, la luz de la luna hace que sus ojos brillen como una joya única y valiosa.
- Kiba cree que me gustas. Dice que discutimos porque es nuestra manera de coquetear –
- ¿Y eso es cierto? – pregunto y contengo la respiración esperando su respuesta. Por favor, por favor que no olvide esa respuesta mañana en la mañana.
Ella levanta un dedo y dice – Espera – entonces se arrodilla y vuelve a vomitar. Cuando termina está demasiado débil para caminar. Parece una muñeca de trapo.
La llevo hasta donde mis amigos sin saber muy bien por qué. Cuando me rodea el cuello con los brazos me da la sensación de que busca a alguien que la defienda. Y seguro Kiba no es ese tipo. Yo tampoco lo soy. He oído que antes de salir con Kiba, en su primer año salió con un chico de último curso.
Ella debe tener experiencia.
Entonces ¿por qué parece tan inocente? Puede tener un cuerpo de infarto, pero sigue pareciendo inocente.
Todas las miradas recaen sobre nosotros conforme nos acercamos. Ven a una niña rica desmayada en mis brazos y todos imaginan lo peor. Se me ha olvidado decir que durante el paseo, mi compañera ha caído dormida en mis brazos.
- ¿Qué le has hecho? – pregunta Yahiko.
Shikamaru se pone de pie muy enojado.
- Mierda. No me digas que perdí mi motocicleta –
- No imbécil – lo miro con rabia – No suelo hacerlo si la chica está inconsciente –
Por el rabillo del ojo puedo ver a una furiosa Sakura. Mierda. Me he pasado un montón con ella esta noche y merezco que esté enojada conmigo.
Le hago una señal a Konan para que se acerque.
- Konan, necesito ayuda –
- ¿Y qué pretendes que haga con ella? – pregunta, mirando a Hinata.
- Ayudame a sacarla de aquí – ella me mira – Estoy borracho, drogado. No puedo conducir –
Konan niega con la cabeza.
- ¿Te das cuenta de que tiene novio? ¿Y que es rica? ¿Y que lleva ropa de diseñador que nunca podrás darle? –
Sí ya sé todo eso. Y estoy harto y cansado de que todos me lo recuerden a todas horas.
- Necesito ayuda Konan, no un sermón. Ya suficiente tengo con Yahiko – Konan levanta los brazos en defensiva.
- Solo digo lo evidente. No eres estúpido Naruto, seamos lógicos. No importa cuánto desees que ella forme parte de tu vida, ella no pertenece a este mundo. No puedes hacer encajar un triangulo en un cuadrado – la miro cansado de escucharla – Bien, me callo –
- Gracias –
No añado que si el cuadrado es lo suficientemente grande, un triangulito puede caber a la perfección. Todo es cuestión de aplicar variación a la ecuación.
- Mi carro está del otro lado de la calle – comenta. Suspira – Sígueme –
Acompaño a Konan hasta el coche, deseando recorrer esa distancia en silencio. Pero no tengo tanta suerte.
- El año pasado también estuve en clase con ella – dice Konan.
- Bien –
- Es una buena chica – continua.
- La mayoría de las chicas la odian –
- La mayoría de las chicas quieren ser ella, tener su dinero y su novio –
Me detengo en seco y hago una mueca de desprecio - ¿El cara de perro? –
- Ya, Naruto. Kiba Inuzuka es guapo, es el capitán del equipo de futbol y el héroe de Konoha. Tú eres… como Danny Zuko en Grease. Fumas, estás en una pandilla y has salido con chicas malas y guapas. Hinata es como Sandy, una Sandy que nunca se pondrá una chaqueta de cuero y menos tendrá un cigarro en su boca. Eso es una fantasía que debes olvidar –
Dejo mi fantasía en el asiento del coche trasero y me siento a su lado.
Hinata se acurruca contra mí, me utiliza como su almohada personal, sus mechones negro azulado se desparraman sobre mi cremallera. Cierro los ojos durante un segundo tratando de quitar la imagen de la cabeza. No sé qué hacer con las manos, la derecha está en el reposabrazos y la izquierda cuelga sobre Hinata.
Vacilo un momento ¿A quién pretendo engañar? No soy virgen. Soy un chico de dieciocho años que puede soportar tener a una chica sexy y dormida a su lado. ¿Por qué tengo miedo de poner el brazo donde esté cómodo, justo sobre su pecho?
Contengo la respiración mientras coloco el brazo sobre ella. Hinata se acurruca más cerca de mí. Me siento raro y mareado. O son los efectos del porro o no me apetece mucho pensar en la otra opción. Su larga melena me cae sobre el muslo. Sin pensarlo dos veces, deslizo la mano entre su cabello y lo observo mientras los sedosos mechones resbalan lentamente entre mis dedos. Me detengo Tiene una zona donde se ve un golpe reciente. No puedo evitar preguntar qué le ha pasado.
Cuando Konan da marcha a atrás, Yahiko la detiene y sube en el asiento del copiloto. Me apresuro a tapar el golpe de Hinata, no quiero que nadie vea esa imperfección. No quiero analizar los motivos por los que la protejo así.
- Eh, chicos. He pensado apuntarme a dar una vuelta con ustedes – dice Yahiko.
Se vuelve y ve mi brazo descansando sobre Hinata. Chasquea la lengua y agita la cabeza.
- Cállate – le advierto.
- No he dicho nada –
Empieza a sonar un teléfono móvil. Puedo sentir la vibración proveniente de los pantalones de Hinata.
- Es de ella – anuncio.
- Pues cógelo – contesta Konan.
Me siento como si acabara de secuestrarla ¿Y ahora voy a responder a su móvil? Mierda.
La inclino ligeramente y distingo el bulto en su bolsillo trasero.
- Contesta – susurra Konan.
- Voy – siseo, mis dedos responden con torpeza cuando quiero sacar el teléfono.
- Yo lo haré – sugiere Yahiko, inclinándose sobre el asiento y acercando la mano al trasero de Hinata.
La aparto la mano de un manotazo.
- No te atrevas a ponerle una mano encima –
- Mierda, solo intentaba ayudar –
A modo de respuesta, le dirijo una mirada asesina.
Deslizo los dedos en el bolsillo trasero, intentando no pensar cómo sería acariciarla sin los pantalones. Sacó el teléfono mientras sigue sonando.
Cuando logro sacarlo del todo miro la llamada entrante.
- Es su amiga Ino –
- Contesta – dice Yahiko.
- ¿Estás loco? No voy a hablar con ella –
- Entonces ¿para qué se lo has sacado del bolsillo? –
Esa es una buena pregunta. Una a la que no sé bien cómo responder.
Konan niega con la cabeza.
- Eso te pasa por meterte en camisa de once varas –
- Deberíamos llevarla a casa – dice Yahiko – No puedes retenerla contigo –
Lo sé. Aunque no estoy preparado para alejarme de ella.
- Konan, llevémosla a su casa –
Continuará…
