Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto.
Química Perfecta. Capítulo 6
Hinata
Tengo una pesadilla, como si miles de diminutos nargles* me agarraran la cabeza a martillazos. Abro los ojos ante una luz brillante y siento dolor, los nargles siguen ahí aunque ya esté despierta.
- Vaya resaca – dice una voz de chica.
Cuando miro un poco veo a Konan frente a mí.
Estamos en lo que parece una pequeña habitación con paredes amarillo pastel. Unas cortinas ondean a merced del viento, no puede ser mi casa, pues mi madre nunca abre las ventanas. Siempre tiene encendida la calefacción o el aire acondicionado.
- ¿Dónde estoy? – pregunto.
- En mi casa, no te muevas mucho. Puede que vuelvas a vomitar y mis padres se pondrán histéricos si hay manchas en la alfombra – me advierte – Por suerte ahora están fuera de la ciudad, así que estamos solas en casa esta noche –
- ¿Cómo llegué aquí? – me toco la cabeza – Recuerdo que me dirigía a casa… -
- Te quedaste dormida en la playa. Naruto y yo te trajimos aquí –
Al escuchar el nombre de Naruto, abro los ojos de par en par. Tengo un vago recuerdo de haber bebido una botella entera de vino, caminar por la arena y ver a Sakura y a Naruto juntos. Y entonces Naruto y yo…
¿Lo besé? Sé que me acerque, pero entonces… vomité. Sí, recuerdo claramente que vomite. Me incorporo despacio, esperando que la cabeza deje de darme vueltas.
- ¿Hice algo estúpido? – pregunto.
Konan se encoje de hombros - No estoy segura. Naruto no dejó que nadie se te acercara demasiado. Pero, bueno, si consideras una estupidez haberte quedado dormida en sus brazos, entonces diría que sí –
Apoyo la cabeza en mis manos – Oh no – la miro suplicante – Nadie puede saberlo –
- No te preocupes. No le diré a nadie que Hinata Hyuga es humana después de todo – contesta con una sonrisa.
- Konan – ella me mira - ¿Por qué eres tan amable conmigo? – ella enarca una ceja – Cuando Sakura quería golpearme, saliste a defenderme. Me has dejado pasar la noche en tu casa, aunque me dijiste que jamás seriamos amigas –
- No somos amigas Hinata. Digamos que Sakura y yo tenemos una rivalidad que ya lleva su tiempo. Haría cualquier cosa por molestarla. Sakura no comprende que Naruto ya no es su novio –
- ¿Puedo saber por qué rompieron? –
- Pregúntaselo tú. Está durmiendo en el salón. Se quedo dormido en cuanto te acostó en la cama - ¡Naruto está aquí! ¿Qué demonios le voy a decir? - ¿Sabes que le gustas, no es así? – me pregunta Konan.
Tengo una extraña sensación de mariposas dando vueltas en mi estómago vacío.
- No es verdad – le digo, aunque siento la necesidad de preguntarle más detalles.
- Claro que lo sabes y que no quieras admitirlo no lo hace menos cierto – se burla haciendo una mueca.
- Compartes mucha información conmigo para ser alguien que jamás será mi amiga –
- ¿Sabes? A veces me encantaría que fueras la niña presumida y caprichosa que todos creen que eres – confiesa.
- ¿Por qué? –
- Sería más fácil odiarte –
Nos reímos juntas unos segundos. No voy a decirle la verdad, que mi vida se desmorona bajo mis pies, como la arena anoche en la playa.
- Tengo que ir a casa – me reviso el pantalón - ¿Y mi celular? –
- Creo que Naruto lo tiene –
De modo que escaparme de allí sin hablar con él no es una opción. Tomo un respiro y camino tambaleándome, buscando a Naruto.
No es difícil dar con él. Está tumbado en un sofá, con los vaqueros puesto… y nada más. Sus ojos están abiertos y su cara es la típica de un chico con una fuerte resaca.
- Hola – dice con ternura mientras se despereza.
Estoy metida en un gran lio. Lo estoy mirando, no puedo apartar la vista de sus músculos. Las mariposas en mi estómago parecen haberse multiplicado en el momento en que por fin consigo mirarlo a los ojos.
- Hola – digo tragando saliva – Yo… bueno… gracias – bajo la mirada – Gracias por no dejarme tirada en la playa –
- Anoche me di cuenta de algo – le miro – No somos tan diferentes. Te gusta jugar tanto como a mí. Inconscientemente te vales de tu cuerpo y de que eres endemoniadamente sexy y así inclinas las cosas a tu favor –
No sé cómo sentirme ante las palabras "endemoniadamente sexy" – Me siento mal – digo desviando la conversación – No quiero pensar ahora –
- ¿Ves? Ahora estás metida en tu papel. Quiero ver a la verdadera Hinata. Te reto a que me la muestres –
¿Está tomándome el pelo? ¿Mostrarle a la verdadera Hinata? No puedo. Porque entonces me pondría a llorar y quizás tenga una crisis donde termine gritando a los cuatro vientos toda la verdad sobre mí.
- Quiero ir a casa –
Él suspira – Bien. Aunque deberías pasar primero por el cuarto de baño –
Antes de preguntar por qué, veo mi reflejo en un espejo que cuelga en la pared.
Tengo el rímel bajo los ojos y estoy más pálida que de costumbre. Parezco un cadáver. Paso corriendo junto a Naruto y entro al cuarto de baño. Mi cabello está peor que nunca. Tengo tantas ojeras que bien puedo parecer un mapache. Humedezco una toallita de papel y me froto bajo los ojos y en las mejillas hasta que los pegotes del maquillaje desaparecen. Mi madre siempre me dice que me cuide el rostro, si me viera hacer esto probablemente me cortaría las manos. Luego de quitar todo el maquillaje me aplico agua fría en toda la cara.
No hago mucho con mi cabello, una coleta, que mejore un poco el aspecto. Tomo algo de enjuague bucal rogando que el olor a vomito y alcohol se marche.
No puedo hacer más.
Salgo del cuarto de baño al salón, Konan entró de nuevo a su habitación y Naruto se vuelve a levantar del sofá en cuanto me ve.
- ¿Tienes mi celular? – pregunto, lo vuelvo a mirar y luego volteo el rostro – Y por favor ponte una camiseta –
Naruto se agacha y toma mi celular del suelo - ¿Por qué? –
- Pues necesito el celular – se lo quito de las manos – Para llamar un taxi. Y quiero que te pongas una camiseta porque, bueno, porque, yo… -
- ¿Nunca has visto a un chico sin camiseta? –
Sí los he visto, pero no todos son… así. Veo que quiere burlarse de mí y no se lo permitiré - Que gracioso. No tiene nada que no haya visto ya –
- ¿Quieres apostar? – dice llevándose la mano al botón de los vaqueros y abriéndolo.
Konan aparece como caída del cielo.
- Por favor, no te atrevas a quitarte los pantalones –
Cuando me mira levanto las manos en señal de inocencia.
- Yo iba a llamar un taxi cuando él… -
Konan agita la cabeza mientras Naruto se abrocha el botón y toma sus llaves.
- Olvídate del taxi, yo te llevo –
- Yo la llevaré – interrumpe Naruto.
Konan parece demasiado cansada para actuar como mediadora entre nosotros, como la señorita Yuhi en química.
- ¿Te irás con Naruto o te vas conmigo? – me pregunta.
Tengo novio. Bien, admito que cada vez que veo a Naruto mirándome siento un calor que se extiende por todo mi cuerpo. Pero es normal, somos dos adolescentes y aunque quiera negarlo nos atraemos. Siempre y cuando nada pase, todo irá bien.
Porque si alguna vez esa raya se borra, todo sería desastroso.
Perdería a Kiba. Perdería a mis amigas. Perdería el control que tengo sobre mi vida y el poco amor que me queda de mi madre. Solo imagino si alguna de sus amigas le dijera que me vio con Naruto, puede que empiecen a dejar de hablar con ella y por ende me odie, culpándome de su desgracia. No puedo correr ese riesgo –
- Konan – digo sin mirar a Naruto.
Él niega con la cabeza, coge las llaves y la camiseta y sale hecho una fiera por la puerta sin decir nada.
Sigo a Konan en silencio.
- ¿Ustedes son… más que amigos, cierto? – pregunto.
- Es como un hermano. Nos conocemos desde siempre –
Le digo las indicaciones para llegar a mi casa.
- ¿No crees que es sexy? – me pregunta riendo.
- ¿Lo crees tú? –
- Lo conocí un día que estaba llorando como un bebé por que se le había caído el helado. Teníamos 4 años. Estuve a su lado cuando… - me mira – Bueno, hemos pasado muchas cosas juntos –
- ¿Cosas? ¿No puedo saberlo? –
- No –
Puedo sentir como una pared invisible se eleva entre las dos.
- ¿Se acabo nuestra amistad? –
Ella me mira – Nuestra amistad ni siquiera ha empezado. No hagas que me arrepienta –
Llegamos a la calle donde vivo – La tercera a la derecha – le digo.
- Lo sé –
Detiene el coche frente a mi casa. Intercambiamos miradas, me pregunto si querría entrar. Ni siquiera mis amigas entran.
- Gracias por traerme – le digo – Y dejarme dormir en tu casa –
- No hay problema –
Antes de bajarme la miro – No voy a dejar que ocurra nada entre Naruto y yo –
- Chica lista – sonríe – Si algo sucede, se les va a ir de las manos –
De nuevo siento dolor de cabeza. De modo que no medito mucho el porqué de su advertencia.
En casa mi madre y mi padre están sentados en la cocina. En silencio. Demasiado silencio. Veo una pila de papeles frente a ellos. Son folletos. Al verme se enderezan como niños pequeños cuando están haciendo algo malo.
- Pensaba… pensaba que llegarías más tarde – dice mi madre.
Todo mi cuerpo se pone atento. Mi madre nunca tartamudea. Y no parece quejarse de mi aspecto. Algo va mal.
- Me ha dado dolor de cabeza – explico y camino hacia ellos tratando de ver qué dicen los folletos.
La residencia Yakumo Kurama para niños y jóvenes.
- ¿Qué están haciendo? –
- Discutiendo opciones – dice mi padre.
- ¿Opciones? Dijimos que mandar a Hanabi lejos es mala idea –
Mi madre me mira – No. Tú decidiste que era mala idea. Aún estamos discutiendo –
- El año que viene iré a Byakugan, puedo vivir en casa y ayudar –
- El año que viene debes estar concentrada en tus estudios, no en tu hermana. Hinata, escucha – dice mi padre poniéndose de pie – Tenemos que considerarlo. Después de lo que paso ayer… -
- ¡No quiero! – grito interrumpiéndole – No pueden llevársela –
Tiro los folletos al suelo. Hanabi debe estar con su familia y no con extraños. Rompo los folletos y corro a mi habitación.
- ¡Abre la puerta Hinata! – dice mi madre queriendo casi romper el pomo de la puerta.
Sentada en el borde de la cama, no puedo apartar de la mente la imagen en que se llevan a Hanabi. No, no puede ser. Me pongo enferma de solo pensarlo.
- Ni siquiera te molestaste en enseñarle a la niñera. Es como si quisieras deshacerte de ella –
- No seas tonta – dice mi madre del otro lado de la puerta – Han construido una nueva residencia cerca de la ciudad. Si abres la puerta podríamos tener una conversación civilizada –
No permitiré que ocurra. Haré todo lo que esté en mis manos para que Hanabi se quede en casa.
- ¿Qué conversación civilizada? Mis padres quieren mandar a mi hermana a una residencia sin decirme nada y siento que mi cabeza va a explotar. Solo quiero estar sola –
Algo sobresale del bolsillo. La bandana de Naruto. Konan no es mi amiga, pero me ayudo. Y anoche… Naruto se preocupo más por mí que mi novio. Se comportó como un héroe y me pidió que le mostrara a la verdadera Hinata. ¿Seré capaz de hacerlo?
Me llevo la bandana al pecho – Naruto – susurro y rompo a llorar.
Naruto
Hinata me llamo. Hoy cuando he llegado a casa me entere que Konohamaru, mi primo se vendrá a vivir con nosotros, hay demasiado problemas en su casa, él le ha contestado. Anotó su número en un trozo de papel. De nada ha servido interrogar al niño, tiene una memoria de pez. La única información que tengo es que ella quería que la llamara.
Eso fue ayer por la tarde, antes de que dejara su cena en mis zapatos y se quedara dormida en mis brazos.
Cuando le pedí que me mostrara a la verdadera Hinata, pude ver miedo en sus ojos. ¿Por qué tiene tanto miedo? Mi objetivo es conseguir derribar esa maldita pared de perfección tras la que se oculta. Sé que hay algo más en ella que unos mechones negro azulados y un cuerpo de infarto. Secretos que está dispuesta a llevárselos a la tumba y a la vez se muere por compartir. Es un verdadero misterio y no puedo pensar en otra cosa que no sea resolverlo.
Cuando le dije que nos parecíamos, lo dije en serio. En lugar de desvanecerse, la conexión que nos une se hace más fuerte. Cuanto más tiempo paso con ella, más cerca quiero estar.
Siento la necesidad de llamarla, aunque sea para escuchar su voz insultarme. Abro el móvil, tomo asiento en el sofá y grabo su número en la agenda.
- ¿A quién llamas? – pregunta Sasuke colándose en mi casa sin permiso. Konan y Yahiko viene con él.
- A nadie – digo, cerrando la tapa del teléfono.
- Pues entonces párate, vamos a jugar futbol – dice Yahiko.
Jugar futbol. Es mejor que quedarme aquí sentado a pensar sobre Hinata y sus secretos. Aún tengo resaca, sin embargo salgo con ellos al parque donde ya hay un grupo de chicos calentando.
- ¿Juegas de portero Naruto? –
- No – replico, digamos que en el futbol y en la vida prefiero ser un atacante.
- ¿Tu Sasuke? –
Sasuke acepta, y en vez de ponerse alerta se sienta en la línea de gol. Típico, suele pararse cuando el balón pasa la línea media.
La mayoría de los que jugamos somos del mismo vecindario, crecimos juntos, jugamos juntos en este campo e incluso iniciamos en Akatsuki al mismo tiempo.
Recuerdo de Orochimaru, la sanguijuela que pasa todo el tiempo con Pain, nos dijo "Una banda es como una segunda familia, una que estará aún cuando les falle la real". Ofrecían protección y seguridad, y eso sonaba perfecto para un chico que acababa de ver el asesinato de su abuelo.
Con el paso de los años me las arreglé para evitar meterme en lo más grave: palizas, vender drogas, recibir drogas y disparos. No me refiero solo a nuestros rivales. Varios chicos han intentado dejar la pandilla y han acabado tan acosados y apaleados que probablemente quieran estar muertos.
Para ser sincero, tengo miedo. Se supone que soy fuerte y puedo con esto, pero en realidad me preocupa demasiado.
El partido inicia, el balón corre por el campo, luego de unos minutos, varios pases y toqueteos del balón se escucha el grito - ¡GOL! –
Pero la celebración no duro mucho. Un coche azul baja sospechosamente por la calle.
- ¿Lo reconoces? – pregunta Sasuke.
El partido se detiene cuando nos damos cuenta de que esto no pinta nada bien.
- Quizás hayan venido a vengarse – digo yo.
No aparto la mirada de la ventanilla del coche. El vehículo se detiene y todos esperamos. Si algo sucede, estamos preparados.
Pero, al final, parece que no estaba tan preparado para ver lo que se avecinaba. Veo salir del coche a mi primo Konohamaru junto con otro chico. La madre del otro chico pertenece a Akatsuki, lo peor: recluta nuevos miembros. Más le vale a Konohamaru no ser uno de ellos. No sabe lo que es esto, pero me aseguraré de que entienda. Yo estoy dentro, y no él no quiere esto.
Adopto una expresión muy seria y olvido el futbol por completo.
- ¿Coche nuevo? – le pregunto al chico que bajo con Konohamaru.
- Es de mi madre –
- Genial – luego busco a Konohamaru con la mirada - ¿Dónde han estado, eh? –
Konohamaru se recuesta en el coche. Veo que el otro chico ya tiene su bandana, lo que indica que ya es miembro de Akatsuki.
- Hemos dado una vuelta, han abierto una nueva tienda de guitarras, nos encontramos con Pain allí… -
¿He oído bien?
- ¿Pain? –
Lo último que debe hacer Konohamaru es hablar con Pain.
El chico golpea a Konohamaru para que se calle. Mi primo cierra la boca enseguida. Le patearé la cabeza si se le ocurre entrar en los Akatsuki.
- Uzumaki, ¿juegas o no? – grita alguien desde el campo.
Intentando ocultar la rabia, me giro hacia Konohamaru.
- ¿Juegas? –
- No. Vamos a mi casa a pasar el rato – responde el otro chico por él.
Me encojo de hombros, aunque en realidad esté al borde de la preocupación.
Regreso al campo, aunque quisiera coger a Konohamaru por la oreja y arrastrarlo a casa. No puedo hacer una escena. Si llega a oídos de Pain, empezará a cuestionarse mi lealtad.
A veces siento que mi vida es una gran mentira.
Konohamaru se va. Eso, y el hecho de no poder sacarme a Hinata de la cabeza, me está volviendo loco. Vuelvo a mi posición en el campo y empieza de nuevo el partido, pero no puedo evitar sentirme inquieto. De repente, tengo la sensación de estar jugando con mis enemigos, que se interponen a todo aquello que quiero. Corro hacia la pelota.
- ¡Falta! – protesta uno de los tipos que están jugando.
- Eso no ha sido falta – le digo levantando las manos.
- Me empujaste –
- No seas nena – le digo aunque sé que estoy haciendo una montaña de una grano de arena.
Me apetece pelear. Estoy pidiendo a gritos una pelea, y el chico lo sabe. El chico es más o menos de la misma estatura y peso que yo. La adrenalina está corriendo por mis venas.
- ¿Quieres que te parta la cara? – me pregunta.
La intimidación no funciona conmigo.
- Adelante –
Sasuke se interpone entre los dos.
- Cálmate – me pide.
- Peleen o jueguen ahora – grita alguien.
- Dice que le hecho falta – le digo a mi amigo hecho una fiera.
- Ha sido una falta – admite Sasuke sin inmutarse.
Vale, ahora mi mejor amigo tampoco me apoya. Perdí el control. Echo un vistazo alrededor. Todos esperan mi reacción. Yo tengo un aumento de adrenalina y ellos de expectación.
¿Tengo ganas de pelea? Sí, aunque solo me sirva para canalizar la energía en algo. También para olvidar durante un minuto que el teléfono de mi compañera de química está en mi agenda telefónica. Y que mi primo ahora es un posible recluta de Akatsuki.
Mi mejor amigo me aparta de un empujón y me arrastra hasta un lateral del campo. Pide a dos tipos que entren a jugar por nosotros.
- ¿Por qué hiciste eso? – le pregunto.
- Perdiste la cabeza – es afirmación, no pregunta – Del todo –
- Puedo con ese tipo –
Sasuke me mira – Estás más idiota de lo normal –
Me levanto y me alejo de él sin entender cómo, en pocas semanas, he llegado a joderme tanto la vida. Necesito arreglar las cosas. Me encargaré de Konohamaru cuando llegue a casa esta noche. Le cantaré toda la verdad. Y en cuanto a Hinata…
Se negó a que la acompañara a su casa porque no quería que nadie nos viera juntos. A la mierda. Konohamaru no es el único que necesita que le canten la verdad.
Saco el móvil y marco el número de Hinata.
- ¿Sí? –
- Soy Naruto – le digo, aunque quizás lo vio en el identificados – Nos vemos en la biblioteca, ahora –
- No puedo –
Ya no estamos en el show de Hinata Hyuga, sino en el show de Naruto Uzumaki.
- Verás. Este es el trato – matizo mientras me monto en mi moto – O apareces en la biblioteca en 15 minutos o me llevo a 5 amigos a tu casa y acampamos en tu jardín esta noche –
- ¿Cómo te atreves…? – cuelgo antes de que termine de decir la frase.
Conduzco a toda velocidad para apartar de mi mente la imagen de la noche anterior, Hinata acurrucada en mi regazo, y me doy cuenta de que voy sin un plan fijo.
Me pregunto si el show de Naruto Uzumaki acabará siendo una comedia, o lo que es más probable, una tragedia. Sin importar el resultado, será un show que no merece la pena perderse.
Hinata
Llego al parqueadero de la biblioteca y me detengo cerca de los árboles del fondo. Lo último que me preocupa es el proyecto de química.
Naruto está esperándome, apoyado en su moto. Saco las llaves del auto y me le acerco hecha una furia.
- ¿Cómo te atreves a darme órdenes? – le grito. Me siento rodeada de gente que intenta controlarme, mi madre, Kiba… y ahora Naruto. Ya es suficiente – Si crees que puedes amenazarme para… -
Sin decir una palabra me quita las llaves de las manos y se acomoda en el asiento del conductor.
- ¿Qué haces? – pregunto.
- Sube –
Enciende el motor. Va a largarse de aquí y a dejarme plantada en el parqueadero de la biblioteca. Aprieto los puños y subo al asiento del pasajero. Una vez dentro, Naruto hace rugir el motor.
- Esto puede llamarse robo ¿sabes? – no me responde – Y secuestro –
Nos detenemos en un semáforo. Miro los coches que nos rodean.
- No te he obligado a subir – dice Naruto.
- Es mi auto – le miro - ¿Qué pasa si alguien nos ve? –
Sé que mis palabras lo han sacado de quicio porque cuando el semáforo se puso en verde, los neumáticos chirriaron con fuerza. Va a romper el motor a propósito.
-¡Para! – le ordeno – Llévame de nuevo a la biblioteca –
Pero no me hace caso. Guarda silencio mientras entramos a vecindarios desconocidos y carreteras desiertas, tal y como hacen los protagonistas cuando van al encuentro de peligrosos traficantes de drogas.
Genial. Voy a presenciar mi primer intercambio. Si me detienen ¿vendrán mis padres a pagar la fianza? Me pregunto cómo le explicaría mi madre eso a sus amigos.
Quizás me envíe a un campamento militar para delincuentes. Así se cumplirían todos sus sueños: mandar lejos a Hanabi y a mí a un campamento militar.
Mi vida sería una mierda, más de lo que ya es.
No pienso meterme en nada ilegal, yo elijo que hacer, no Naruto. Me agarro de la manija de la puerta.
- Déjame salir o te juro que salto –
- Llevas puesto el cinturón de seguridad – dice – Relájate, llegaremos en dos minutos -
La velocidad desciende al entrar a una especia de aeropuerto abandonado y desierto.
- Hemos llegado – dice poniendo el freno de mano.
- ¿Y… dónde estamos? – miro alrededor – El último lugar habitable está a unos cinco kilómetros – lo miro sonreír – No voy a salir del coche, has tus… cosas ilegales solo –
- Acabas de sonar como una tonta ¿sabes? – me dice – Como si fuera a llevarte a algo así. Sal de coche –
- Dame una buena razón para hacerlo –
- Te sacaré a rastras si no lo haces por las buenas. Ey – se acerca a mi ventanilla y me mira a la cara – Confía en mí –
Se guarda las llaves en el bolsillo trasero de su pantalón. Al comprender que no tengo muchas opciones salgo.
- Si querías hablar del proyecto de química, pudo ser por teléfono –
Lo sigo hasta la parte trasera del coche. De pie, uno frente al otro, en mitad de ninguna parte.
Hay algo que me ha carcomido la cabeza todo el día, y ya que no puedo escapar a ninguna parte le pregunto - ¿Nos… nos besamos anoche? –
- Sí –
Lo miro, parece muy serio – Pues parece que no fue nada memorable, ni siquiera lo recuerdo –
Naruto estalla en carcajadas.
- Era broma. No nos besamos – dice acercándose mucho a mí – No te preocupes, cuando lo hagamos, lo recordarás. Toda la vida –
Ojalá sus palabras no me provocaran este temblor en las rodillas. Sé que debería estar asustada, sola con un pandillero en un lugar desierto y hablando de besos. Sin embargo, no tengo miedo. En lo más profundo de mi ser, sé que no es capaz de hacerme daño ni de obligarme a nada que yo no quiera.
- ¿Puedo saber por qué me secuestraste? – pregunto.
Me toma de la mano y me lleva al asiento del conductor – Sube –
- ¿Por qué? –
- Voy a enseñarte a conducir de verdad, antes de que destroces el motor por tanto maltrato –
Miro el coche, tiene unos cuantos meses, mi padre ni se molesto en enseñarme a conducirlo bien. Ino fue quien me guió.
- Pensé que estabas enfadado ¿por qué haces esto? –
- Porque quiero –
Vaya. Eso era lo último que esperaba. Se empieza a acelerar mi corazón.
Hace mucho nadie se preocupa por mí como para hacer algo solo porque quiere. Aunque…
- No lo harás esperando otro tipo de favores ¿verdad? –
Naruto niega con la cabeza.
- ¿De veras? –
- De veras –
- ¿Y no estás enfadado conmigo? –
- Me siento… frustrado. Contigo. Con mi primo. Con muchas cosas –
- Entonces ¿por qué me trajiste aquí? –
- No estás lista para escuchar esa respuesta –
- Bien – contesto y me acomodo en el asiento del conductor esperando que se siente a mi lado.
- ¿Lista? – pregunta cuando se instala y se pone el cinturón.
- Sí –
Se inclina e introduce las llaves. Bajo el freno de mano, enciendo el motor y se apaga el coche.
- Debe estar en punto muerto. Si no pisas bien el embrague cuando metas marcha, se apagará –
- Lo sé – digo sintiéndome estúpida – Solo estoy nerviosa –
Naruto lo pone en punto muerto.
- Pisa el embrague con el pie izquierdo, coloca el derecho sobre el freno y mete la primera – me ordena.
Aprieto el acelerador y cuando suelto el embrague, el coche avanza dando a trompicones.
Naruto se agarra de la parte delantera de su silla - Frena –
Detengo el coche y pongo el punto muerto.
- Debes encontrar el punto de fricción –
- ¿Punto de qué? –
- Ya sabes, cuando el embrague encaja – dice utilizando sus manos como dos pedales – Lo sueltas demasiado rápido. Consigue un equilibrio y quédate allí… siéntelo. Inténtalo de nuevo –
Vuelvo a meter primera y suelto el embrague mientras piso con suavidad el acelerador.
- Mantenlo – dice – Siente el punto de fricción y permanece allí –
Suelto el embrague un poco más y piso el acelerador, pero no del todo.
- Creo que ya está –
- Ahora suelta el embrague, pero no presiones el acelerador hasta el fondo –
Lo intento, pero el coche vuelve a avanzar a trompicones y se apaga.
- Soltaste el embrague demasiado rápido. Hazlo más despacio. Inténtalo – ruega. No está ni enfadado, ni frustrado, ni siquiera parece querer darse por vencido – Tienes que pisar el acelerador. No lo machaques, solo dale un poco de juego y empezará a moverse –
Sigo las indicaciones de Naruto y esta vez el coche avanza suavemente. Estamos en la pista de aterrizaje a no más de 15 kilómetros por hora.
- Pisa el embrague – me ordena, y entonces pone su mano sobre la mía y me ayuda a meter la segunda. Intento no pensar en la suave caricia y el calor que desprende su mano.
Aquello no va con su personalidad. Intento concentrarme.
Naruto es muy paciente, y me da instrucciones detalladas hasta que llegamos al final de la pista. Sus dedos siguen rodeando mi mano.
- ¿Fin de la lección? – pregunto.
Se aclara la garganta y responde – Sí –
Aparta su mano de la mía y acto seguido se pasa la mano por su cabello rubio, haciendo que mechones sueltos le caigan en la frente.
- Gracias – le digo.
- Sí, bueno, ya no me sangrarán los oídos cuando enciendas tu auto en el instituto. No lo he hecho para parecerte un buen tipo –
Ladeo la cabeza e intento hacer que me mire pero no lo consigo.
- ¿Por qué te importa tanto que todos te vean como un mal tipo? Dime –
Naruto
Por primera vez tenemos una conversación civilizada. Ahora debería introducir un tema que derribe la pared que ella ha construido entre nosotros.
Pero antes debo mostrarme vulnerable. Si me ve como un chico vulnerable y no un estúpido, quizás podamos avanzar un poco. Y en cierto modo, creo que sabrá si no le digo la verdad.
No tengo muy claro si mis acciones son por la apuesta, por el proyecto de química o por mí. En realidad, es genial no analizar la razón por la que nos encontramos aquí.
- Asesinaron a mi abuelo delante de mí cuando tenía seis años. Digamos que era como mi padre. Mi padre vive pero pocas veces lo veo… y mi abuelo Jiraiya me crió – le confieso.
Ella abre los ojos de par en par. No me gusta hablar de ellos, ni siquiera creo que pueda hacerlo nunca aunque quiera.
Se cubre la boca con sus manos perfectamente arregladas.
- No lo sabía, debió ser horrible –
- Sí –
Me siento bien tras decirlo. Me alegro de haber hablado de ello en voz alta. Recuerdo como la sonrisa de mi abuelo se transformo en una de conmoción justo antes de recibir el disparo.
- Si me involucro demasiado en las cosas y me las arrebatan, me sentiré como mi abuelo cuando murió. No quiero sentirme así nunca, así que evito que las cosas me importen demasiado –
Su expresión es una mezcla de arrepentimiento, tristeza y compasión. Estoy convencido de que no está representando ningún papel. Me sonríe… con esa sonrisa que solo ella puede hacer.
- Gracias por… contármelo. Lo que no entiendo es cómo puedes conseguir que nada te afecte. No puedes programarte de esa manera –
- ¿Quieres apostar? – pregunto, pero veo que le estaría dando oportunidad de cambiar el tema y eso no lo permitiré – Ahora te toca sincerarte a ti –
Ella aparta la mirada. No insisto por miedo a que cambie de opinión y decida marcharse.
¿Es tan difícil para ella compartir un trocito de su mundo? Mi vida no ha sido nada fácil, me resulta difícil pensar que la suya sea peor. Una lagrima cae por su mejilla y ella se apresura a limpiarla.
- Mi hermana… - empieza – Mi hermana nació con un tipo de autismo. No se comunica con las personas abiertamente, incluso para mí hablar con ella es difícil – otra lagrima se le escapa y siento una gran necesidad de ser yo quien se la limpie pero me doy cuenta de que no quiere ser tocada en este momento – Suele enfadarse a veces y actúa de manera muy violenta. Aunque soy mayor he tenido varios episodios donde salgo herida. Ayer se enfado al desayuno e hizo que me cayera, me golpee la cabeza e incluso tuvieron que tomarme puntos. Me sangraba la cabeza y mi madre estaba hecha una furia –
De ahí la zona del golpe.
Sin embargo por primera vez, siento lástima por ella. Siempre creí que su vida era un cuento de hadas. De hecho, pensé que su principal preocupación era equivocarse de color de uñas.
Supongo que no es el caso.
Algo ocurre. Puedo sentir el cambio en el ambiente… una complicidad mutua. Nunca me sentí de este modo. Carraspeo antes de decir – Quizás tu madre arremete contra ti porque confía en que puedes soportarlo –
- Puede que sea así. Mejor que pague yo y no mi hermana –
- Aunque no es excusa – continúo – No quiero comportarme como un imbécil de nuevo contigo – añado. Fin del show de Naruto Uzumaki.
- Lo sé. Naruto Uzumaki es solo una fachada, tu marca… un pandillero peligroso y terriblemente sexy y seductor. Se puede decir que soy una experta en eso de crearse una imagen –
Vaya… rebobinemos. Me acaba de decir que soy sexy y seductor. Quizás lo ha dicho si quiera sin pensarlo. Tal vez, no esté tan perdida mi moto.
- ¿Te das cuenta que me has llamado seductor? –
Su rostro se sonroja y luego hace un puchero – Como si no lo supieras –
No sabía que Hinata Hyuga me considerara seductor.
- Y yo que pensé que eras intocable. Pero ahora que he descubierto que para ti soy un dios guapo y sexy –
- Nunca dije dios –
La callo con un dedo – Shh, déjame disfrutar esta fantasia un momento –
Cierro los ojos y la oigo reír, música para mis oídos.
- Creo que te entiendo, aunque sea de un modo irracional. Pero… me enoja que a veces te comportes como un Neandertal – cuando abro los ojos, me está mirando – No le cuentes a nadie lo de mi hermana, por favor –
- Somos dos grandes actores en nuestras propias vidas –
- ¿Entiendes ahora porque me obsesiona la idea de que mis padres no se enteren de nuestra… amistad? –
- ¿Por qué tendrías problemas por eso? Tienes 18 años Hinata ¿No crees que eres lo suficientemente grande como para elegir a tus amigos? Hace mucho te cortaron el cordón umbilical –
- No lo entiendes –
- Pues explícamelo –
- ¿Por qué quieres saberlo? –
- ¿No se supone que los compañeros saben cosas el uno del otro? –
Hinata ríe por unos segundos – Espero que no –
La verdad es que Hinata no resulto ser como pensaba. Desde que le dije sobre mi abuelo, todo su cuerpo parece suspirar de alivio. Como si el saber de mi sufrimiento le confirmara que no está tan sola como cree. Aún no comprendo del todo por qué le importa tanto, por qué seguir pareciendo perfecta ante el mundo.
En mi cabeza aparece amenazante el recuerdo de la apuesta. Tengo que conseguir que esta chica se enamore de mí. Aunque mientras mi cuerpo dice "Adelante" el resto piensa "Eres un cabrón ¿no ves lo vulnerable que es?".
- Deseo las mismas cosas que tu, solo las consigo de otro modo. Tú te adaptas a tu ambiente y yo al mío – le digo poniendo una de mis manos sobre la de ella – Déjame mostrarte que soy diferente – ella sonríe y la hago mirarme - ¿O no saldrías con un tipo que no puede llevarte a restaurantes caros, comprarte oro ni diamantes? –
- Claro que si – confiesa ella aunque desliza su mano por debajo de la mía – Pero tengo novio –
- Si no lo tuvieras ¿saldrías con un pandillero como yo? –
Se sonroja de nuevo. Me pregunto si Kiba ha conseguido alguna vez que se ruborice de ese modo.
- No responderé eso –
- ¿Por qué no? Es una pregunta sencilla –
- No hay nada sencillo en ti, Naruto. No voy a cruzar esa línea – mete la primera - ¿Podemos irnos ya? –
- Como quieras – dije - ¿Podemos ser amigos quizás? –
- Creo que si –
Le tiendo la mano. Hinata me extiende la tuya y me la estrecha.
- Por los calentadores de manos – dice con una sonrisa en sus labios.
- Por los calentadores de manos – repito. "Y por el sexo" añado en mi mente.
- ¿Quieres conducir? No conozco el camino –
La llevo de vuelta en un cómo silencio. Nuestra momentánea tregua me acerca a mis objetivos: graduarme, la apuesta… y algo que no estoy dispuesto a admitir.
Cuando entro al aparcamiento de la biblioteca le digo – Gracias por dejarme secuestrarte. Supongo que nos veremos luego –
Saco las llaves de la moto del bolsillo mientras me pregunto si alguna vez yo tendré un coche que no sea demasiado viejo, esté dañado o sea de segunda mano.
- ¡Espera! – grita Hinata cuando me alejo.
Me doy la vuelta y la veo frente a mí - ¿Qué? –
Me regala una sonrisa que catalogo como seductora, como si deseara algo más que una tregua. ¿Va a besarme? He bajado la guardia de nuevo, lo que no suele pasarme a menudo. Se muerde el labio inferior, como si estuviera pensando su próximo movimiento.
Estoy dispuesto a tirarla a los arbustos y hacerle todo lo que ella pida.
Mientras mi cerebro imagina todo, ella se acerca más y me quita las llaves.
- ¿Qué estás haciendo? – pregunto.
- Devolverte el favor por haberme raptado – dice retrocediendo y lanzando las llaves en dirección a los árboles con todas sus fuerzas.
- No puedo creer lo que acabas de hacer –
Ella se echa hacia atrás sin apartar su mirada de mí, enciende su coche.
- ¿Tan duro es probar un trago de tu propia medicina? – se mofa.
Me la quedo mirando sin dar crédito a lo que veo. El coche sale de aparcamiento sin hacer ningún ruido, ni dar trompicones.
Estoy enojado porque tengo dos opciones: arrastrarme buscando las llaves o llamar a Deidara para que venga a buscarme.
Aunque en el fondo me hace gracia que Hinata Hyuga me la haya devuelto.
- Sí – digo a pesar de que sé que esté ya a dos kilómetros de distancia y ella no me escucha – Es duro que te den un trago de tu propia medicina –
Y vaya que sí lo es.
Continuará…
*Los nargles son criaturas del libro Harry Potter de J.K Rowling, molestaban a Luna Lovegood llevandose sus cosas y escondiendolas.
