Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto.

Química perfecta. Capítulo 8

Hinata

No es que me avergüence la condición de mi hermana, pero no quiero que Naruto la juzgue, si se ríe de ella, no podré soportarlo. Me doy la vuelta.

- Nunca obedeces ¿verdad? –

Me sonríe como diciendo "soy un pandillero ¿qué esperabas?".

- Debo echarle un vistazo a mi hermana ¿te importa? –

- No, quiero conocerla – me mira un segundo - Confía en mí –

Debería sacarlo de casa a patadas. Pero no lo hago. Sin decir nada más, lo llevo a nuestra oscura biblioteca de madera. Hanabi está sentada mirando televisión.

Cuando nota que tiene compañía aparta la mirada del televisor y nos observa, primero a mí y luego a Naruto.

- Este es Naruto – le explico y apago la tele – Es un amigo del instituto –

Hanabi mira a Naruto, baja la cabeza y susurra despacito – Hola – me mira y yo asiento, dándole a entender que está segura – Me llamo Hanabi –

Naruto se arrodilla junto a mi hermana. Ese simple gesto de respeto despierta una extraña sensación en mí. Kiba siempre ha ignorado a mi hermana, la trata como si fuera ciega y sorda.

- ¿Qué tal? – dice Naruto, le acerca la mano y toca la de ella levemente, cuando Hanabi se relaja, le estrecha la mano.

Hanabi sonríe y mi corazón se llena – Juguemos – habla Hanabi a la vez que hala a Naruto hacia una mesa.

- ¿Y qué vamos a jugar? – pregunta él.

Hanabi abre un cajón y busca entre varias cajas hasta sacar su juego favorito.

- Es una experta en las damas – le digo a Naruto. Él la mira mientras organiza todo. Una vez lista la mira y sonríe.

- Tu primero – dice él.

Ella niega con la cabeza.

- Quiere que empieces tu – le digo.

- Bien – dice él y mueve la ficha.

Les observo. Ver jugar tranquilamente a este tipo duro con mi hermana mayor me hace sentir muy bien.

- ¿Te importa si voy a prepararle algo de comer? – le pregunto. Necesito salir de la habitación.

- No, adelante – me dice sin apartar la vista del juego.

- No debes dejarla ganar – le advierto – Es muy buena –

- De veras estoy intentando ganar – responde él.

Sonríe con sinceridad. No intenta ser el tipo duro y arrogante. Me hace desear con más fuerza escapar de allí. Poco después, cuando entro a la biblioteca con la comida de Hanabi, Naruto me mira como un cachorro regañado – Me ha destrozado –

- Ya te dije que es buena. Pero suficientes juegos, debe comer – le digo – Te importa si me quedo y miro que no haga muchos desastres –

- Desde luego que no –

Naruto toma asiento en el sillón mientras yo coloco la bandeja frente a Hanabi. Mientras ella come yo me encargo de mantenerla limpia. Ladeo la cabeza y veo a Naruto que me observa mientras le limpio la comisura de los labios con una toallita.

- Debiste dejarlo ganar – le digo a mi hermana – Ya sabes por educación – mi hermana niega con la cabeza. Es extraño tenerlo aquí, dentro de mi vida, dentro de mi casa. Tal vez una parte de mí quiere saber si realmente puede lidiar con mi vida – Espera a que se marche ya te enseñaré yo quién es la campeona en las damas –

Mi hermana me sonríe. Miro de nuevo a Naruto, se ve cómodo. No pertenece a este lugar y sin embargo parece acoplarse perfectamente.

- ¿Puedo saber qué te sucedía en clase de química? – me pregunta.

Porque van a llevarse lejos a mi hermana y ayer me pillaron con los senos al aire mientras Kiba tenía los pantalones bajados frente a mí.

- Estoy segura que ya habrás oído los rumores –

- No, no he oído nada. Quizás estás siendo paranoica –

Quizás. Sai nos vio y no es que sepa mucho guardar secretos. Cada vez que alguien me miraba hoy me daba la impresión de que ya lo sabía. Miro a Naruto y le digo – A veces desearía tanto retroceder el tiempo –

- Sí, yo desearía poder retroceder unos cuantos años – responde serio – O hacer que los días pasaran muy deprisa –

- Por desgracia, a vida real no funciona con un control remoto – me lamento. Cuando Hanabi termina de comer, vuelve a concentrarse en la tele y me llevo a Naruto a la cocina – Mi vida no es tan perfecta después de todo ¿verdad? – le pregunto mientras saco unos refrescos del frigorífico.

Naruto me mira curioso.

- ¿Qué? – le pregunto

– Supongo que todos tenemos problemas. A mí me persiguen más demonios que en una película de terror – dice encogiéndose de hombros.

¿Demonios? Nada parece perturbar a Naruto. Nunca se queja de su vida.

- ¿Cuáles son tus demonios? – insisto.

- Si te los cuento, saldrías corriendo de aquí –

- Creo que te sorprendería más saber qué me hace correr a mí, Naruto –

Las campanas del reloj de pared resuenan por toda la casa. Una, dos, tres, cuatro, cinco.

- Debo irme – anuncia Naruto – Mañana podemos quedar en mi casa, después de clases, para estudiar –

- ¿En tu casa? –

- Puedo enseñarte un pedacito de mi vida ¿Te atreves? – me reta.

Trago saliva – Claro – que empiece el juego.

Cuando lo acompaño a la puerta, oigo que alguien aparca el carro en la entrada de mi casa. Si es mi madre, estoy jodidamente mal. Da igual que hayamos tenido un encuentro de lo más inocente, se pondrá hecha una furia.

Miro a través de las ventanas y reconozco el deportivo rojo de Matsuri – Mis amigas están aquí –

- No entres en pánico – dice – Abre la puerta. No puedes fingir que no estoy aquí debieron ver mi moto –

Tiene razón. No puedo ocular su presencia. Abro la puerta y salgo al exterior. Naruto está justo tras de mi cuando me encuentro con Matsuri, Temari e Ino en la acera.

- ¡Hola! – exclamo, tal vez si actúo con normalidad no le darán tanta importancia al asunto, le doy un codazo a mi compañero – Hablábamos de nuestro proyecto de química ¿verdad? –

- Así es –

Ino arquea las cejas. Cuando Temari ve salir de mi casa a Naruto, me da la sensación de que está a punto de sacar el móvil para poner al corriente a alguna amiga suya.

- ¿Deberíamos irnos y dejarlos solos? – insiste Matsuri.

- No – me apresuro a decir. Naruto se monta en su moto. La camiseta que lleva marca una espalda perfectamente musculada y sus pantalones… no hablaré de eso.

- Nos vemos mañana – ice, señalándome con el dedo tras ponerse el casco. Mañana. En su casa. Asiento con la cabeza.

Después de que Naruto se haya ido Ino interviene - ¿De qué iba todo esto? –

- Química – respondo.

Temari se ha quedado boquiabierta

- ¿Estaban haciéndolo? – insiste Matsuri – Porque hace diez años somos amigas y puedo contar con los dedos las veces que he entrado a tu casa –

- Es mi compañero de química –

- Es un pandillero Hinata. No olvides nunca eso – dice Matsuri. Ino niega con la cabeza.

- ¿Estás loca por un chico que no es tu novio? Kiba le ha comentado a Sai que últimamente te comportas de manera extraña. Somos tus amigas, así que venimos a hacerte entrar en razón –

Me siento en el primer escalón y las oigo parlotear sobre la reputación de los novios y la lealtad durante media hora. Tienen razón.

- Prométeme que nada sucede entre Naruto y yo – exige Ino, cuando Matsuri y Temari se marchan al coche y nos quedamos solas.

- No sucede nada entre Naruto y yo – le aseguro – Te lo prometo –

Naruto

Estoy sentado en la clase de matemáticas cuando el guardia de seguridad llama a la puerta y le dice al profesor que debo acompañarlo fuera de clase. Cojo los libros con una mueca y dejo que el tipo disfrute el momento de satisfacción que le provoca humillarme en público.

- ¿Ahora qué? – pregunto.

Ayer me sacaron de clase por haber iniciado una pelea en el patio. Aunque no fui yo quien la empezó. Puede que participara, pero no la empecé.

- Haremos una pequeña excursión a las canchas de baloncesto – se mofa caminando delante de mí – Naruto, el vandalismo contra los bienes de la escuela es un asunto muy serio –

- No he hecho nada – le aseguro.

- Ya me han dicho que fuiste tú –

¿Le han dicho? Qué no sabe que usualmente es el culpable el que culpa a otro chico.

- ¿Dónde está? –

El guardia de seguridad señala el suelo del gimnasio, donde alguien a pintado con spray una triste réplica del símbolo de los Akatsuki.

- ¿Puedes explicarme esto? –

- No – contesto.

Otro guardia de seguridad se nos une – Miremos tu casillero –

- Es una gran idea. Solo encontraran libros y mi chaqueta de cuero –

Mientras introduzco la combinación del casillero, pasa la señorita Yuhi.

- ¿Cuál es el problema? – interviene.

- Vandalismo. En las pistas de baloncesto –

Abro mi casillero y doy un paso para que los guardias inspeccionen.

- Aja – suelta uno de los guardias, metiendo la mano en el casillero y sacando una lata vacía de spray negro. Me la entrega y añade - ¿Sigues pensando que eres inocente? –

- Me la han jugado – señalo y miro a la señorita Yuhi quien me mira como si acabara de matar a su gato – Yo no he sido, señorita Yuhi debe creerme – le imploro. Ya me veo metido en prisión por algo que ha hecho otro idiota.

- Naruto, las pruebas hablan por sí solas. Me gustaría creerte, pero es muy difícil – explica negando con la cabeza.

Los guardias se han puesto uno a cada lado, se lo que viene a continuación. Me siento tentado a no dar explicaciones. A dejar las cosas así. Pero la señorita Yuhi me mira como si fuera un adolescente rebelde que quiere demostrarle a todos lo equivocado que están.

- El símbolo está mal hecho – digo, me levanto la manga mostrando el tatuaje que por obligación nos hacemos todos los Akatsuki – Este es el símbolo de los Akatsuki, una nube roja, delineada con blanco, no hay líneas negras entre el blanco y el rojo, además solo tiene tres remolinos internos, la que está pintada tiene cuatro y ningún Akatsuki cometería un error así –

- ¿Dónde está el director? – pregunta la señorita Yuhi.

- Está en una reunión ahora. Su secretaria pide que no lo molesten –

La señorita Yuhi mira su reloj – Tengo clase en 15 minutos, intenta comunicarte ahora mismo con el director –

El guardia de seguridad no parece muy entusiasmado por la idea.

- Pueden despedirnos por una cosa así –

- Lo sé. Pero Naruto es mi estudiante, y te aseguro que hoy no puede perderse mi clase –

El guardia se encoje de hombros e intenta contactar con el director para que se reúna con él en el pasillo. Cuando la secretaria le pregunta si se trata de una emergencia la señorita Yuhi le arrebata el comunicador y le dice que lo considera una emergencia suya y que el director debe acudir al pasillo ahora.

Dos minutos más tarde, aparece el director con una expresión ceñuda en el rostro.

- ¿Qué ocurre aquí? –

- Vandalismo en el gimnasio – informa en guardia.

- Maldita sea, Uzumaki. Tú otra vez, no – suelta.

- No he sido yo – le digo.

- Entonces ¿quién? –

Me encojo de hombros.

- Naruto dice la verdad – interviene la señorita Yuhi – Puede despedirme si me equivoco –

El director niega con la cabeza y se vuelve hacia el guardia.

- Lleva al conserje al gimnasio a ver cómo se puede limpiar ese desastre – dice y señalándome con la lata de spray me dice – Te lo advierto Naruto, si me entero que has sido tú, no te expulsaré, haré que te arresten –

Cuando los guardias se van continúa – Naruto, no te he dicho esto antes, pero lo hago ahora. Cuando estaba en el instituto pensaba que todo el mundo estaba en mi contra. No era muy distinto a ti ¿sabes? Tardé mucho en darme cuenta de que yo era mi peor enemigo. Cuando lo hice, me cambió la vida. Ni la señorita Yuhi ni yo somos el enemigo –

- Lo sé – admito, y en realidad sé que es así.

- Bien. Resulta que ahora estoy en medio de una reunión importante, así que con permiso –

- Gracias por creerme – le digo a la señorita Yuhi una vez se ha marchado el director.

- ¿Sabes quién ha hecho eso? – insiste.

La miro a los ojos y le digo la verdad – No tengo ni idea, pero puedo asegurar que no ha sido ninguno de mis amigos –

- Si no fueras un pandillero, Naruto, no te meterías en estos problemas – suspira.

- Sí, pero seguro me metería en otros –

Hinata

- Según parece, hay algunos estudiantes que no se toman muy en serio la clase – anuncia la señorita Yuhi antes de empezar a repartir los exámenes que hicimos ayer.

Y cuando se acerca a la mesa que compartimos Naruto y yo, me hundo en mi silla. Lo último que necesito es un sermón de la señorita Yuhi.

- Buen trabajo – señala la mujer mientras coloca mi examen boca abajo en mi mesa. Entonces mira a Naruto y añade – Para alguien que desea ser un profesor de química, no ha empezado muy bien, señor Uzumaki. Si no viene preparado para la clase, lo pensaré dos veces antes de defenderlo – deja caer el examen de Naruto frente a él – Quédese después de claso –

No puedo entender por qué la señorita Yuhi no me ha dicho nada. Lo doy la vuelta al examen, veo un sobresaliente. Me froto los ojos con las manos y vuelvo a mirarlo. Debe haber un error. No tardo ni un segundo en adivinar que no es mi nota. La verdad me golpea como un martillazo en el estómago. Miro a Naruto quien parece muy concentrado en un libro.

Espero a que la clase termine y la señorita Yuhi suelte a Naruto. Lo espero en su casillero. Intento ignorar que todos me miran.

- ¿Por qué lo hiciste? –

- No sé de qué hablar – dice.

- Cambiaste los exámenes –

- No es para tanto ¿sí? – me dice cerrando el casillero de golpe.

Sí que lo es. Naruto se aleja por el pasillo como si quisiera dejar las cosas así. Lo vi haciendo su examen, por eso cuando vi el insuficiente en su hoja, he comprendido que ese era mi examen.

Después de clase salgo corriendo hacia la puerta principal para alcanzarlo. Está en su moto, a punto de marcharse.

- ¡Naruto, espera! –

Estoy nerviosa, me aparto el cabello de la cara.

- Sube – me ordena.

- ¿Qué? –

- Sube. Si quieres agradecerme, ven a casa conmigo. Lo que dije ayer era en serio. Tú me mostraste un pedacito de tu mundo y yo quiero mostrarte la mía. Es justo ¿no? –

Echo un vistazo al parqueadero. La gente nos mira, probablemente solo esperan el momento justo. Si me marcho con él la noticia correrá enseguida.

El rugido del motor me hace regresar a la normalidad.

- Deja de tener miedo por lo que puedan pensar –

Lo miro, desde sus vaqueros desgarrados y la chaqueta de cuero, hasta la bandana roja y negra que acaba de atarse a la cabeza. Debería estar aterrorizada, pero entonces recuerdo cómo se comportó con Hanabi ayer.

A la mierda.

Me coloco la mochila en la espalda y me monto a horcajadas sobre la moto.

- Sujétate bien – dice, llevándome las manos a su cintura. El simple contacto de sus fuertes manos sobre las mías me resulta profundamente íntimo. Antes de apartar esa idea de mi mente me pregunto si el sentirá lo mismo. Naruto Uzumaki es un tipo duro. Con experiencia. Supongo que un simple roce de manos no le provocará tanto revoloteo en el estómago.

Antes de poner las manos en el manillar, frota las yemas de los dedos contra las mías a propósito. ¿Dónde me estoy metiendo?

Cuando aumenta la velocidad al salir del aparcamiento, me agarro con más fuerza a sus duros abdominales. Me asusta la velocidad y empiezo a marearme, como si estuviera en una montaña rusa sin barra de seguridad.

La moto se detiene en un semáforo en rojo. Me despego de él, lo oigo reír cuando el semáforo se pone en verde y volvemos a arrancar a toda velocidad. Me aferro a él con fuerza.

Cuando por fin nos detenemos, y después de que Naruto baje de la moto, echo un vistazo a lo que me rodea. Nunca había estado en esta calle. Las casas son tan… pequeñas. La mayoría solo tienen un piso y ni un gato podría pasar por el espacio entre una y otra. Aunque no quiero sentirlo, en mi se instala una sensación de pesar.

Mi casa es por lo menos siete u ocho veces más grande que la de Naruto. Sabía que esta zona era pobre pero no tanto…

- Esto ha sido un error – dice Naruto – Te llevaré a casa –

- ¿Por qué? –

- Entre otras cosas, por la cara de asco que pones –

- No me da asco. Me sabe mal que… -

- No me compadezcas – me advierte – Soy pobre pero no un vagabundo –

- De acuerdo – me bajo de la moto y lo miro - ¿Me vas a invitar a entrar? Los chicos del otro lado de la calle no dejan de mirar a la chica nueva –

- De hecho, por aquí te llamaran "la princesa de nieve" –

- Odio la nieve – le digo.

Naruto sonríe – No es por eso. Es por tu color de piel, blanca como la nieve y el hecho de que vienes enfundada en ropa de diseñador. Tú sígueme y no mires a los vecinos, aunque ellos si lo hagan –

Naruto avanza con cautela mientras me acompaña al interior de su casa.

- Bueno, aquí estamos – dice una vez dentro.

Puede que el salón sea más pequeño que cualquier habitación de mi casa, pero es tan acogedor y cálido. Hay dos mantitas sobre el sofá con las que me encantaría taparme en las noches gélidas.

Recorro la casa de Naruto, pasando los dedos por los muebles. Llego a una mesa donde hay varias velas derretidas y la foto de un hombre. Siento el calor de Naruto cuando se coloca a mi lado.

- ¿Tu abuelo? – pregunto.

Él asiente con la cabeza, estudia la foto un segundo – Cuando algo así ocurre, te quedas atontado e intentas no pensar mucho en eso. Sabes que se ha ido y todo eso, pero es como si una neblina te rodeara. Entonces la vida te marca una rutina que debes seguir – me explica – Con el tiempo, dejas de pensar en ello y continúas. No queda más remedio –

- Como una prueba –

Me miro en un espejo y por acto reflejo me paso las manos por el cabelo.

- Te pasas el día haciendo eso –

- ¿Qué?

- Arreglándote –

- ¿Qué hay de malo? –

- Nada a no ser que llegue a ser una obsesión –

- No estoy obsesionada –

- ¿Tan importante es que la gente crea que eres hermosa? – me pregunta y vuelve a encogerse de hombros.

- No me importa que la gente piense – miento.

- Eso es porque eres… hermosa. No debería importante tanto –

Ya lo sé. Pero de donde soy, las apariencias son todo, y hablando de apariencias…

- ¿Qué te ha dicho la señorita Yuhi? –

- Lo de siempre. Que si no me tomo en serio su clase hará de mi vida un infierno –

Trago saliva con fuerza - Voy a decirle que intercambiaste los exámenes –

- No lo hagas – me ordena.

- ¿Por qué no? –

- Porque no importa –

- Claro que importa. Necesitas buenas notas para entrar en… -

- ¿Dónde? ¿En una buena universidad? Hinata, sabes bien que no iré a la universidad. Ustedes, los niños ricos toman el promedio como un símbolo de lo que valen. No necesito eso. Aprobaré esta asignatura. Solo debemos salir bien en el proyecto –

- ¿Puedo ver tu habitación? – cambio el tema.

Naruto me mira y señala una puerta lateral. Una cama pequeña y un pequeño armario decoran la pequeña habitación. Camino por ella. Me siento en la cama y lo miro a los ojos – Tu cama dice mucho de ti –

- ¿Ah sí? ¿Y qué dice? –

- Que no piensas quedarte mucho tiepo – le digo – Una parte de ti quiere irse, a la universidad por ejemplo –

- No me voy a marchar. Nunca – dice apoyándose en el marco de la puerta.

- ¿No piensas en el futuro? –

- Pareces el consejero del instituto –

- ¿No quieres marcharte y vivir tu vida? –

- Ves la universidad como una vía de escape –

- ¿Una vía de escape? Naruto no tienes idea. Yo iré a la universidad que quede más cerca de aquí, por mi hermana. Mi vida ha sido dictada por los caprichos de mis padres. Tú estás eligiendo el camino más fácil, por eso te quieres quedar –

- ¿Crees que ser el hombre de la casa es pan comido? Mi padre casi nunca está, mi primo vive aquí y debo estar aquí por mi madre y por él. Son motivos suficientes para quedarme –

- Lo siento –

- No me compadezcas, te lo advertí –

- No es eso – lo miro a los ojos – Me dices que te quedas por tu familia pero no tienes nada permanente junto a tu cama, como si fueras a largarte en cualquier momento – Naruto da un paso atrás alejándose de mí.

- ¿Acabaste con el psicoanálisis? – pregunta. Lo sigo hasta el salón, preguntándome cómo verá su futuro.

Durante las siguientes dos horas, organizamos nuestro proyecto sobre calentadores de manos. Es mucho más inteligente de lo que pensaba, el sobresaliente en su examen no ha sido casualidad. Tiene un montón de ideas. Intento seguir hablando de química y evitar entrar en temas personales.

Cuando cierro el libro de química veo que Naruto se pasa la mano por el cabello.

- No quería ser tan brusco contigo –

- No pasa nada. Me lo merezco por entrometida –

- Tienes razón –

Me pongo de pie, sintiéndome incómoda. Él me tira de brazo para que vuelva a sentarme.

- No – matiza – Me refiero a que tienes razón respecto a mí. No quiero nada permanente sobre la cama –

- ¿Por qué? –

- Mi abuelo – dice Naruto mirando la fotografía y cierra los ojos – Dios había tanta sangre – vuelve a abrir los ojos y me mira fijamente – Si he aprendido algo, es que nadie está aquí para siempre. Debes vivir el día a día… el presente –

- ¿Y qué quieres hacer ahora mismo? – pregunto, sabiendo lo que deseo yo. Quiero curar sus heridas y olvidar las mías.

Naruto me acaricia la mejilla con la yema de los dedos y me quedo sin respiración.

- ¿Qui… quieres besarme, Naruto? – susurro.

- Dios, sí, quiero besarte… quiero saborear tus labios, tu lengua – dice mientras recorre mis labios con sus dedos, con dulzura - ¿Y tú? ¿Quieres que te bese? No se enteraría nadie, quedaría entre nosotros dos –

Naruto

Hinata se humedece con la lengua sus labios perfectos, dejándolos brillantes, aún más tentadores.

- No juegues conmigo – le digo al tener sus labios a escasos centímetros.

Sus libros caen sobre la alfombra. Ella los sigue con la mirada y pierdo su atención. Llevo los dedos a su barbilla y giro su cabeza con ternura para que vuelva a mirarme.

Sus ojos reflejan vulnerabilidad.

- ¿Y si acaba siendo algo más que un simple beso? –

- ¿Y qué si es así? –

- No significará nada, promételo –

Apoyo la cabeza en el sofá y le digo – No significará nada –

¿No debe ser el hombre el que se asegure que un simple beso no implica ningún compromiso?

- Y sin lengua –

Sonrío – Si te beso, te garantizo que será con lengua –

Ella vacila un instante.

- Te prometo que no significará nada – le repito.

De hecho, no creo que signifique nada para ella. Supongo que se limita a jugar conmigo, a ver cuánto puedo aguantar. Sin embargo cuando cierra los ojos y se inclina hacia mí me doy cuenta de que está a punto de pasar. La chica de mis sueños, la persona que más me ha comprendido, desea besarme.

Me hago con el control cuando ella ladea un poco la cabeza. Nuestros labios se rozan ligeramente, deslizando los dedos entre su cabello empiezo a besarla, suave, dulcemente. Le cubro la mejilla con la palma de la mano, sintiendo su piel sedosa contra mis dedos rugosos. El cuerpo me induce a aprovecharme de la situación pero el cerebro me ayuda a mantener el control.

Hinata deja escapar un gemido de placer, como si se sintiera completa estando entre mis brazos. Rozo sus labios con la punta de la lengua, incitándola a abrir la boca. Ella la recibe con su lengua, indecisa. Nuestras bocas y lenguas se mezclan en un baile lento y erótico hasta que el sonido de a puerta abrirse hace que se aparte de mí de un salto.

Maldita sea. Estoy enojado. En primer lugar por haberme dejado llevar por el beso y en segundo, porque mi madre y mi primo han decidido llegar a casa en el momento más inoportuno.

Miro a Hinaba y veo que se ha agachado para recoger los libros del suelo en un intento por disimular. Mi madre y Konohamaru están plantados frente a la puerta con los ojos como platos.

- Hola mamá – digo más nervioso de lo que debería.

Por la expresión de mi madre, sé que encontrarse tal escena no le hizo mucha gracia. Como si fuera un indicio de lo que iba a suceder.

- Konohamaru ve a tu habitación – ordena y entra al salón algo más tranquila - ¿No vas a presentarme a tu amiga Naruto? –

Hinata se levanta con los libros en la mano – Hola, soy Hinata –

Pese al trayecto en moto y el manoseo, su cabello sigue perfecto. Está preciosa. Hinata le extiende la mano a mi madre.

- Naruto y yo estábamos estudiando –

- No es lo que he visto – rebate mi madre ignorando la mano de Hinata.

- Mamá déjala en paz – espeto bruscamente.

- Mi casa no es un prostíbulo –

- Por favor mamá – insisto – Solo nos besamos –

- Los besos solo conducen a una cosa Naruto. Niños –

- Vámonos – le digo a Hinata, completamente avergonzado. Cojo la chaqueta del sofá y me la pongo.

- Señora Uzumaki, le pido disculpas – dice Hinata, visiblemente afectada.

Mi madre hace caso omiso a la disculpa y pasa a la cocina.

Cuando salimos Hinata inspira profundamente. Estoy convencido de que ha hecho maravillas por mantener la compostura. Nada ha salido como debía: chico trae chica a casa, chico besa a chicam mamá de chico insulta a chica, chica se marcha llorando.

- No le des importancia, no traigo muchas chicas a casa –

Los expresivos ojos de Hinata parecen remotos y fríos.

- Esto no debería haber pasado – dice.

- ¿Qué? ¿El beso o el hecho de que te haya gustado tanto? –

- Tengo novio – dice sin mirarme.

- ¿Quieres convencerme a mí o a ti misma? – pregunto.

- No voltees la tortilla. No quiero pelear con mis amigas, ni hacer enojar a mi madre… en cuanto a Kiba… no lo sé –

Levanto las manos y alzo el tono de voz, o que normalmente evito, porque según Sasuke, significa que algo me importa mucho. Aunque mi mente me sugiere mantener la boca cerrada, las palabras salen sin darme cuenta.

- No lo entiendo. Te trata como si fueras un maldito trofeo –

- No tienes idea de lo que hay entre Kiba y yo… -

- Pues dímelo tú – le ruego, incapaz de ocultar mí enfado. He intentado evitar decirle lo que realmente sentía, pero ya no puedo. Se lo suelto todo de golpe – Porque el beso que acabamos de darnos… sí que significa algo. Lo sabes tan bien como yo. Estoy seguro que con Kiba no sientes ni la mitad de lo que sientes conmigo –

- No lo entenderías –

- Intenta –

- Cuando la gente nos ve juntos, siempre comentan lo perfectos que somos. La pareja dorada ¿lo entiendes? –

La miro sin dar crédito a mis oídos. Es más de lo que puedo soportar.

- Lo entiendo pero no lo creo ¿tanto significa para ti parecer perfecta? –

Se produce un largo silencio. Puede ver la tristeza en sus ojos plateados, aunque se desvanece rápidamente y su rostro se torna serio y frio.

- Últimamente no se ha dado del todo bien, pero sí. Significa mucho para mí – admite – Mi hermana no es perfecta, debo serlo yo –

Es lo más patético que he oído nunca. Niego con la cabeza, asqueado y señalo mi moto.

- Sube. Te llevaré para que puedas recoger tu coche -

Hinata sube a la moto sin decir palabra. Se sujeta al agarradero posterior, lejos de mí, tanto que apenas puedo sentirla. Me planteo dar un rodeo para alargar un poco el trayecto.

Hinata trata a su hermana con paciencia y adoración. No sé si yo pueda tratar a un hermano así. La chica a la que una vez acuse de ser egocéntrica, resulta no ser tan simple como creía.

Siento admiración por ella. De algún modo, estar con ella le da a mi vida algo que le faltaba, algo… que me hace sentir bien.

¿Pero cómo voy a convercerla de lo que siento?

Continuará.