Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto.
Química Perfecta. Capítulo 9
Hinata
A pesar de que haya estado toda la noche rememorando el beso, quiero olvidarlo cuanto antes. Me dirijo a la escuela el día después del beso que nunca ocurrió, preguntándome si debería ignorarlo. Aunque, después de todo, no es una opción teniendo en cuenta que trabajaremos juntos en la clase de química.
Mierda. La clase de química, ¿y si Kiba sospecha? Quizás alguien vio cómo me subí a su moto y se lo contaron. Anoche incluso apagué el celular, para no tener que hablar con nadie.
Ojalá la vida no fuera tan complicada. Tengo novio. Aunque últimamente se haya mostrado más insistente de lo habitual, solo parece interesarle el sexo. Y ya estoy harta.
Sin embargo, Naruto y yo jamás podremos salir juntos. Su madre me odia, su ex novia quiere matarme, lo que de por sí es una gran amenaza. Y fuma, algo que no me parece nada correcto. Podría elaborar una larguísima lista de porqué no salir con alguien como él. Pero… también hay ventajas, insignificantes pero vale la pena mencionarlas.
Es gracioso, es inteligente, tiene una mirada tan expresiva, es un chico leal, entregado a sus amigos y a su familia, incluso con su moto. Cuando me toca lo hace con tal delicadeza, como si estuviera hecha de cristal, me besa como si intentara congelar el tiempo.
Lo veo por primera vez a la hora del almuerzo. Mientras espero mi turno en la cafetería, me fijo que entre nosotros solo hay una persona, no solo se interpone entre nosotros, si no que no parece querer avanzar.
Los vaqueros de Naruto están descoloridos y desgastados. El pelo le cae sobre la frente y empiezo a sentir un deseo incontrolable por quitárselo con mis manos. Si tan solo esta chica decidiera rápido qué postre quiere…
Naruto nota que lo miro. Me apresuro a mirar las sopas que ofrece la cafetería hoy. Sopa minestrón.
- ¿Qué prefieres cariño? ¿Taza o bol? – me pregunta la chica de la cafetería.
- Bol – respondo, fingiendo mucho interés en el modo en que sirve la sopa.
Cuando me entrega el bol me adelanto a la chica y quedo justo detrás de Naruto. Como si supiera que lo acecho se da vuelta y me atraviesa con la mirada. Durante un instante mi mundo se detiene, siento que sólo somos él y yo. Quiero abalanzarme a sus brazos y sentir su calor rodeándome. Me pregunto si es normal sentir tanta atracción, o más bien adicción hacia otro ser humano.
Carraspeo – Te toca – apunto señalando a la cajera.
Naruto avanza con una porción de pizza.
- Cóbrame lo de ella también – dice señalándome.
- ¿Qué tienes? ¿Un bol de minestrón? – pregunta la cajera.
- Sí, pero – lo miro – No debes hacerlo –
- No hay problema, puedo pagar un bol de sopa – contesta a la defensiva mientras paga.
Kiba se abre paso entre todos los chicos que esperan en la fila y se coloca a mi lado.
- Circula. Busca una chica a la que sí puedas mirar de ese modo – le espeta a Naruto antes de ahuyentarlo.
Rezo para que no inicie una pelea donde Naruto pueda echarle en cara que nos besamos. Todos en la fila nos observan. Sin embargo Naruto solo toma el cambio y se aleja.
Me siento tan egoísta por desear lo mejor de ambos mundos. Deseo mantener la imagen que tanto me ha costado pero también deseo a Naruto. No puedo pensar en nada más que no sea él, en que me bese de nuevo y me deje sin aliento.
- Cóbrame lo mío y lo de ella – le dice Kiba a la cajera.
- ¿No ha pagado ya el otro chico por ti? – me pregunta ella confundida.
Kiba espera que la corrija, cuando no lo hago me fulmina con la mirada y sale como una fiera de la cafetería.
- ¡Kiba espera! – grito, pero no me hace caso.
La próxima vez que lo vi fue en clase de química, pero entra justo después del timbre, por lo que no tenemos tiempo de hablar. La clase constó de experimentos de observación, Naruto da vueltas a los tubos de ensayo.
- A mí me parecen agua los dos señorita Yuhi – dice Naruto.
- Las apariencias engañan – contesta la profesora. Mis ojos se enfocan en sus manos, manos que ahora están ocupadas midiendo la cantidad exacta de nitrato de plata, sin las mismas que rozaron mis labios tan suavemente.
- Tierra llamando a Hinata –
Parpadeo y despierto de mi ensoñación. Naruto me pasa un tubo lleno de un líquido transparente. Lo que me recuerda que debería ayudarlo.
- Lo siento – me disculpo, vierto el contenido en otro tubo de ensayo.
– Se supone que ahora anotemos qué sucede – me dice.
El líquido cambia de color de transparente a blanco.
- ¡Vaya! ¡Eh, señorita Yuhi! ¡Hemos encontrado la solución al problema de la degradación de la capa de ozono! – la señorita Yuhi niega con la cabeza.
- Veamos, ¿qué observamos en el tubo? – lee Naruto de la hoja que la señorita Yuhi nos entrego al inicio de clase - Yo diría que el líquido acuoso es ahora nitrato potásico. Y lo blanco es cloruro de plata. ¿Qué dices tú? –
Cuando me pasa el tubo, nuestros dedos rozan ligeramente. Un hormigueo que no puedo ignorar me recorre el cuerpo. Levanto la mirada y nuestros ojos se encuentran, puedo sentir que me envía un mensaje secreto. Luego su expresión se torna sombría y aparta la mirada.
- ¿Qué quieres que haga? – susurro.
- Averígualo –
- Naruto… -
Aunque no va a decirme qué debo hacer. Supongo que soy una estúpida por pedirle consejo cuando lo más probable es que no pueda ser imparcial. Cuando estoy cerca de Naruto, siento una emoción similar a la que suelo sentir al despertar el día de navidad. Por mucho que intente no pensar en ello, miro a Kiba y sé… sé que nuestra relación ya no es lo que era. Se ha terminado. Y cuanto antes rompa con él, antes dejaré de preguntarme por qué sigo con él.
Quedo con Kiba después de clase, en la puerta trasera del instituto. Está vestido para el entrenamiento de futbol. Por desgracia está con Sai, Sai me apunta con su móvil.
- ¿Qué tal una repetición de lo de la otra noche? Puedo capturar el momento para siempre y mandártelo por correo electrónico. Sería un fondo de pantalla genial, o mejor sería un éxito en Youtube –
- Sai, desaparece de una maldita vez o tendrás problemas – dice Kiba y le lanza una mirada asesina hasta que se marcha – Hinata ¿dónde te metiste anoche? – me pregunta y al ver que no respondo añade – Aunque puedes ahorrarte el esfuerzo, ya me lo huelo –
Esto no será nada fácil. Ahora entiendo por qué la gente suele romper por correo electrónico o mensajes de texto. Hacerlo cara a cara es difícil, porque no te queda más remedio que mirar a la otra persona a la cara y ser testigo de su reacción. Enfrentarse a su ira. He malgastado tanto tiempo evitando explicaciones y maquillando relaciones con la gente que me rodea, que la confrontación me resulta muy dolorosa.
- Ambos sabemos que lo nuestro no funciona – digo, con tanto tacto como puedo.
- ¿Qué estás diciendo? – pregunta Kiba, entrecerrando los ojos.
- Necesitamos un descanso –
- ¿Un descanso o una ruptura? –
Lo miro y con suavidad digo – Una ruptura –
- Esto es por Uzumaki, ¿no? –
- Desde que volviste de vacaciones, nuestra relación solo se basa en que tú quieres tener sexo. Nunca hablamos, y estoy harta de sentirme culpable por no arrancarme la ropa y abrirme de piernas para demostrarte que te quiero –
- Tú no quieres demostrarme nada –
Intento hablar bajo para evitar que los demás nos escuchen.
- ¿Por qué debo hacerlo? El mero hecho de que necesites una prueba de mi amor es señal de que lo nuestro no funciona –
- No lo hagas – dice echando la cabeza para atrás y dejando escapar un suspiro – Por favor, no lo hagas –
Encajamos perfectamente en el estereotipo capitán de fútbol-porrista en el que nos han colocado. Hemos sido ese modelo durante mucho tiempo. Ahora, analizaran con lupa nuestra ruptura y circularan miles de rumores. Solo de pensarlo siento piel de gallina. Sin embargo, me canse de fingir que todo va sobre ruedas. Es una decisión que probablemente me persiga toda la vida. Si mis padres pueden enviar a Hanabi a la otra punta del país porque es lo que les conviene ¿por qué no puedo yo hacer lo que considero más adecuado?
Apoyo una mano en el hombro de Kiba, intentando no mirar ese par de ojos vidriosos. Él la aparta.
- Dime algo – le digo.
- ¿Qué quieres que diga Hinata, que estoy encantado porque estás rompiendo conmigo? Lo siento, pero no puedo –
Se limpia las lágrimas con la palma de la mano, siento ganas de llorar también. Es el final de algo que creíamos real, aunque ha acabado siendo otro de los muchos papeles que nos obligan a representar. Eso es lo que me produce más tristeza. No la ruptura en sí, sino el hecho de que nuestra relación haya seguido adelante tan solo por mi debilidad.
- Me acosté con Fuka – espeta – Este verano, la chica de la foto –
- Lo dices para que me sienta mal –
- Lo digo porque es verdad. Pregúntale a Sai –
- Entonces ¿por qué seguiste fingiendo que seguíamos siendo la pareja dorada? –
- Porque es lo que todos esperan. Incluyéndote –
Aunque ciertas, sus palabras son dolorosas. Se acabo representar el papel de la chica "perfecta" y vivir según las reglas de los demás, incluso según las que yo misma me he impuesto. Es hora de enfrentarse a la realidad. Lo primero que hago después de hablar con Kiba es decirle a la señorita Anko que necesito un descanso y dejaré el equipo de las animadoras. Tras aquello noto como si se me hubiera quitado un peso de encima. Regreso a casa para pasar algo de tiempo con Hanabi y hacer los deberes. Después de cenar llamo a Konan.
- Debería sorprenderme tu llamada, pero… no es así – me suelta.
- ¿Cómo ha estado el entrenamiento? –
- No demasiado bien. Ino no está de ánimo para dar órdenes. No debiste dejar el equipo –
- Solo me tome un pequeño descanso. Pero no te he llamado para hablar de las animadoras. Quiero que sepas que he terminado con Kiba –
- Y me cuentas esto porque… -
Es una buena pregunta, una que, en otras circunstancias me hubiera negado a contestar.
- Quería hablar con alguien de ello. Y aunque sé que tengo amigas a quienes recurrir, me apetecía hacerlo con una persona que no se dedique a cotillear sobre ello –
Ino es la única a la que estoy más unida. Pero le mentí acerca de Naruto. Y su novio Sai, es un buen amigo de Kiba.
- ¿Cómo sabes que yo no voy a cotillear? – pregunta Konan.
- No lo sé. Pero no me dijiste nada sobre Naruto cuando te pregunte, así que supongo que se te da muy bien guardar secretos –
- Así es. Dispara –
- No sé por dónde empezar –
- No tengo todo el día ¿sabes? –
- He besado a Naruto – le suelto.
- ¿A Naruto? ¡Vaya! ¿Eso fue antes o después de romper con Kiba? –
- No fue premeditado – contesto, haciendo una mueca.
Konan estalla en carcajadas tan fuertes que debo apartar el auricular.
- ¿Estás segura de que no lo planeaste? – me pregunta en cuanto es capaz de articular palabra.
- Sucedió sin más. Estábamos en su casa. Su madre llegó, nos interrumpió y nos vio… -
- ¿Qué? ¿Su madre los vio? ¿En su casa? ¡No te creo! –
- Es verdad –
- Si, lo siento. Sakura va a arremeter contigo cuando se entere –
Me aclaro la garganta.
- No es que piense decírselo – se apresura a añadir Konan – Pero la madre de Naruto se las trae. Cuando salió con Sakura, Naruto la mantuvo tan alejada de su madre como pudo. No me malinterpretes ella adora a su hijo pero es algo sobre protectora ¿te echó a patadas de tu casa? –
- No, pero me llamó largatona… más o menos –
Más risas del otro lado de la línea.
- No tuvo ninguna gracia –
- Lo siento – dice entre risas – Me hubiera encantado ser una mosca y presencias la escena –
- Agradezco tu compresión – respondo irónicamente – Debo colgar –
- ¡No! Siento haberme reído. Es que cuanto más hablamos, más me doy cuenta que eres una persona completamente distinta de lo que pensaba. Supongo que puedo entender por qué le gustas a Naruto –
- Gracias, creo. ¿Recuerdas que te dije que no permitiría que nada ocurriera entre Naruto y yo? –
- Sí, solo para asegurarme, ¿eso fue antes del beso verdad? – dice entre risitas antes de añadir – Estoy jugando Hinata. Si te gusta, ve por él. Pero ándate con cuidado, creo que le gustas más de que quiere admitir. Deberías mantenerte alerta –
- No voy a evitar nada. Pero tampoco andaré con la guardia abajo –
- Yo tampoco… excepto la noche que te quedaste a dormir –
- ¿Eh? –
- Me acosté con Yahiko, no puedo decírselo a mis amigas porque me echaran bronca –
- ¿Te gusta? –
- No lo sé. Nunca había pensado en él de esa manera. Pero fue… genial estar con él. ¿Qué tal besa Naruto? –
- Bien – digo, pensando lo sensual que me pareció – En realidad… fue más que bien. Fue increíble… jodidamente increíble – dije utilizando un lenguaje que jamás pensé usar.
Konan de nuevo estalla en carcajadas, y esta vez me uno a ella.
Naruto
Hoy Hinata se ha marchado del instituto a la carrera, siguiendo a cara de perro. Antes de irme la vi con él. Estaban enfrascados en una conversación privada en la parte de atrás del campo de fútbol. Se ha decantado por él y no me sorprende en absoluto. Cuando me preguntó en clase de química qué debía hacer, tendría que haberle dicho que plantara por fin a ese estúpido. Ahora me sentiría mejor y no estaría tan enojado como lo estoy ahora.
Él no la merece. Bueno, puede que yo tampoco.
Después de clase, pasé por el almacén a ver si podía obtener algo de información sobre mi abuelo. Sin embargo, no saqué nada en claro. Los tipos que conocían a mi abuelo entonces no tienen mucho que decir, excepto que nunca dejaba de hablar de sus hijos y de mí. La conversación se vio interrumpida por que nos fumigaron a disparos, una señal de que alguna banda vecina busca venganza o pelea, y no se detendrán hasta conseguirla. No sé si debería preocuparme o no por la ubicación del almacén, un descampado aislado detrás de la vieja estación de tren. Nadie sabe que estamos aquí, ni siquiera la policía. Sobre todo la policía.
Ya soy inmune al sonido de los disparos. En el almacén, en el parque… los espero en cualquier momento. Algunas calles son más seguros que otras, pero los rivales saben que este lugar, el almacén, es nuestro santuario. Y esperan el momento oportuno para tomar represalias. Es una filosofía bastante simple: si no respetas nuestro territorio, nosotros no respetaremos el tuyo. Nadie ha salido herido esta vez, así que no habrá ninguna muerte que vengar. No obstante, seguro habrá derramamiento de sangre. Esperan que vayamos en su busca y no los decepcionaremos. En la zona de la ciudad en que vivo, el ciclo de la vida se enlaza con el ciclo de la violencia.
Después de que todo vuelve a la normalidad, subo a la moto y me doy cuenta que sin pretenderlo me encamino a casa de Hinata. No puedo evitarlo. Tan pronto como cruzo las vías del tren, me detiene un coche de policía, del que salen dos tipos uniformados.
En lugar de explicarme la razón por la que me detienen, uno de los policías me ordena que baje de la moto y le muestre los papeles.
- ¿He cometido alguna infracción? – pregunto.
El agente examina la documentación – Podrás hacer preguntas después de que yo haga las mías ¿Llevas droga encima, Naruto? –
- No señor –
- ¿Algún arma? – pregunta el otro.
Vacilo un instante, pero les digo la verdad – Sí -
Uno de los policías saca la pistola de su funda y me apunta con ella al pecho. El otro me pide que levante las manos y luego me ordena tumbarme en el suelo mientras llama refuerzos. Mierda, estoy jodido, muy jodido.
- ¿Qué tipo de arma? –
Hago una mueca antes de decir – Una Glock nueve milímetros –
Mi respuesta hace que el policía se ponga algo nervioso, su dedo tiembla ligeramente sobre el gatillo.
- ¿Dónde la llevas? –
- Escondida en la pierna izquierda –
- No te muevas, voy a desarmarte. Si te quedas quieto no habrá problema –
Tras desarmarme, el otro policía se pone unos guantes de goma y con voz autoritaria suelta - ¿Llevas encima alguna jeringa? –
- No, señor – respondo.
Se arrodilla y me pone las esposas.
- Levántate – me ordena tirando de mí. Luego hace que me incline sobre el capó del coche. Cuando me cachea me siento humillado. Mierda, por mucho que supiera que era inevitable que algún día me arrestaran, parece ser que no estaba preparado. Me muestra la pistola y dice – Quedas detenido por posesión de armas –
- Naruto Uzumaki, tienes derecho a permanecer en silencio – recita el otro policía – Cualquier cosa que digas podrá ser usada en tu contra en un tribunal –
El calabozo huele a meados y humo. O quizás sean los tipos que han tenido la mala suerte de acabar encerrados conmigo en esta celda. Sea lo que sea, estoy desenado salir de este lugar.
¿A quién voy a llamar para que me pague la fianza? Sasuke no tiene dinero. Deidara ha invertido todo en su taller. Mis padres me mataran si se enteran. Apoyo la espalda contra las barras de hierro de la celda e intento pensar con calma, aunque me resulta muy difícil hacerlo en un lugar tan asqueroso como este. La policía lo llama celda de detención, un modo bastante sofisticado de decir jaula. Menos mal que es la primera vez que me meten aquí. Maldita sea, ¡juro que será la última! ¡Lo juro!
Me inquieta la idea de ir a la cárcel porque me he pasado la vida sacrificándome por mi familia. ¿Y si me encierran de por vida? En mi fuero interno sé que no es la vida que deseo. Quiero que mis padres se sientan orgullosos de mí por ser algo más que un pandillero. Quiero un futuro del que pueda sentirme orgulloso. Y deseo con todas mis fuerzas demostrarle a Hinata que soy un buen tipo.
Me golpeo la parte posterior de la cabeza con las barras de hierro, pero no logro apartar todos esos pensamientos de mi mente.
- Te he visto en el instituto Konoha. Yo también voy allí – dice un chico más o menos de mi estatura pero con una cara que bien puede confundir si es mujer u hombre. El tipo lleva una camina de golf color coral y unos pantalones blancos, como si lo hubieran sacado de un torneo junto a otros ciudadanos de clase alta. En blancucho aparente ser un tipo guay, pero con esa camisa, ese color… El tipo lleva tatuado en la frente "Soy un niño rico de la zona norte".
- ¿Cómo has acabado aquí? – me pregunta.
- Iba armado –
- ¿Cuchillo o pistola? –
- Qué te importa – digo, fulminándolo con la mirada.
- Solo intento mantener una conversación – confiesa.
- ¿Y tú? – me rindo.
- Mi padre llamo a la policía y les dijo que robe el coche – confiesa dejando escapar un suspiro.
- ¿Estás en este agujero por tu viejo? ¿Y lo ha hecho a propósito? – pregunto con una mueca.
- Cree que así aprenderé una lección –
- Sí, la lección es que tu viejo es un hijo de puta – sentencio, pensando que lo mejor que podría haber hecho su padre es enseñar a su hijo a vestirse.
- Mi madre pagará la fianza –
- ¿Seguro? –
El blanquito se endereza – Es abogada y no es la primera vez que mi padre hace algo así. Creo que intenta joder a mi madre y atraer su atención. Están divorciados –
Niego con la cabeza.
- Y sí, estoy seguro – me responde.
- Uzumaki ya puedes hacer tu llamada – anuncia el policía del otro lado de los barrotes.
Mierda, me he distraído tanto con este bocazas que ni siquiera he decidido a quién llamar para que pague la fianza. De repente, siento un nudo en el estómago, el mismo que sentí al ver el enorme suspenso en el boletín de química. Solo conozco a una persona con el dinero y los medios para sacarme de este lío: Pain. El jefe de los Akatsuki.
Nunca le he pedido un favor a Pain. Porque nunca sabes cuándo querrá cobrártelo. Y estar en deuda con él significa algo más que deberle dinero.
A veces la vida te obliga a tomar decisiones que no deseas tomar.
Tres horas más tarde, después de que un juez me echara la bronca hasta casi hacerme sangrar los oídos y fijara una fianza, Pain me recoge en el juzgado. Es un hombre poderoso. Tiene el cabello liso un poco más debajo de su barbilla, de color rojizo, unos ojos de extraño color y diseño, hay algo en él que dice que más vale no intentar jugársela. Le tengo mucho respeto a Pain porque es el tipo que me inició en los Akatsuki. Creció en la misma ciudad que mi padre, se conocían desde pequeños, incluso mi abuelo lo consideraba un hijo más, Pain siempre ha estado pendiente de mi familia y de mí desde que murió mi abuelo. Me enseñó nuevas expresiones como segunda generación y suelta palabras como legado. Nunca lo olvidaré.
Pain me da un manotazo en la espalda mientras nos dirigimos al aparcamiento.
- Te ha tocado menudo hijo de puta como juez. Tienes suerte de que la fianza no fue muy alta –
Asiento con la cabeza, solo deseo regresar a casa. Ya en el coche, lejos del juzgado, le digo – Te devolveré el dinero Pain –
- No te preocupes por eso – responde él – Para eso están los hermanos. Para ser sincero, me has sorprendido, es la primera vez que te arrestan. Estás más limpio que cualquier otro miembro –
Miro a través de la ventanilla del coche de Pain. Las calles están tranquilas y oscuras.
- Eres un chico inteligente, lo suficiente como para ascender dentro de la banda – explica Pain.
Daría lo que fuera por ocupar el lugar de algunos Akatsuki, pero ¿ascender? Vender drogas y armas son algunas de las cosas ilegales que suponen estar en una posición más alta. Me gusta estar donde estoy cabalgando sobre esta peligrosa ola pero sin sumergirme completamente en ella. Debería alegrarme de que Pain se plantee la idea de darme más responsabilidad dentro de los Akatsuki. Lo de Hinata y su mundo es solo una fantasía.
- Piénsatelo – dice Pain cuando llegamos a mi casa.
- Lo haré. Gracias por pagar la fianza –
- Toma, coge esto – añade, sacando una pistola de debajo del asiento del conductor – Te habrán confiscado la tuya –
Vacilo un instante, recordando el momento en el que el policía me preguntó si iba armado. Me resultó tan humillante que me apuntaran con un arma al pecho mientras me quitaban la Glock. Pero rechazar el arma de Pain sería una falta de respeto, y yo no haría algo así. Acepto el arma y la deslizo en la cinturilla de los vaqueros.
- Me han dicho que has estado haciendo preguntas sobre tu abuelo – me dice muy serio – Te daré un consejo: deja las cosas como están, Naruto –
- No puedo –
- Bien. Si descubres algo, házmelo saber. Siempre te respaldaré –
- Lo sé, gracias –
En mi casa se respira tranquilidad. Entro a mi habitación y encuentro a Konohamaru durmiendo. Abro el cajón superior y escondo el arma donde nadie pueda dar con ella. Es un truco que me enseño Sasuke. Me tumbo en la cama y me tapo los ojos con el antebrazo, esperando poder dormir algo esta noche.
Destellos de lo sucedido en día anterior se suceden ante mí. La imagen de Hinata, sus labios sobre mi boca, su dulce aliento mezclado con el mío, es la única imagen que persiste en mi mente. Mientras me quedo dormido, su rostro angelical es lo único que consigue alejar las pesadillas de mi pasado.
Hinata
Los rumores de que Naruto ha sido arrestado se extienden por el instituto como la pólvora. Tengo que averiguar lo que hay de cierto en ellos. Encuentro a Konan en un descanso entre la primera y segunda hora. Está hablando con un grupo de amigas pero las deja un momento y me lleva aparte.
Me dice que Naruto fue arrestado pero que ayer salió bajo fianza. No tiene ni idea de dónde está, pero preguntará por ahí y volveremos a vernos en el descanso entre la tercera y cuarta hora, junto a mi casillero. Cuando llega el momento echo a correr hasta allí, anticipándome y estirando bien el cuello para ver su puedo encontrarla. Konan está esperándome.
- No le digas a nadie que te he dado esto – dice, pasándome un trozo de papel plegado.
Fingiendo buscar algo en mi casillero, lo desdoblo. Es una dirección.
Nunca había escapado del instituto. Aunque claro, jamás habían arrestado a un chico que he besado.
Esto es lo que sucede cuando muestro a la verdadera Hinata. Y ahora voy a ser autentica con Naruto, tal y como siempre él ha deseado. Tengo miedo y no estoy muy convencida de que esté haciendo lo correcto, pero no puedo ignorar la atracción magnética que nos une.
Introduzco la dirección en el GPS. Me lleva hacia la zona sur, a un lugar llamado El Taller de Deidara. Hay un chico frente a la puerta que se queda boquiabierto al verme.
- Hola, bu… busco a Naruto Uzumaki –
El tipo no responde.
- ¿Está aquí? – le pregunto incómoda. Tal vez no se fíe de mí.
- ¿Por qué buscas a Naruto? – pregunta finalmente.
El corazón me late con fuerza que incluso se ve el movimiento de mi camiseta.
- Tengo que hablar con él –
- Será mejor que lo dejes en paz – responde.
- Está bien, Deidara – interviene una voz conocida.
Me vuelvo hacia Naruto. Está apoyado en la puerta del taller con un trapo colgándole del bolsillo y una llave inglesa en la mano. El pelo que le sobresale de la bandana está alborotado y tiene un aspecto más masculino que el de ningún otro chico que haya visto hasta ahora.
Deseo abrazarlo. Necesito que me diga que todo está bien, que no volverán a encerrarlo.
Naruto sigue mirándome a los ojos.
- Los dejaré solos – me parece oír que dice Deidara, pero estoy demasiado absorta como para estar segura.
Tengo los pies pegados al suelo, así que es un alivio ver que es él quien se acerca.
- Eh… - empiezo. Por favor que no me cueste acabar con esto – Yo… esto… he oído que te arrestaron. Quería saber si estabas bien –
- ¿Te escapaste del instituto para saber si estoy bien? –
Asiento con la cabeza porque la lengua se niega a obedecer.
Naruto da un paso atrás.
- Ya me viste. Estoy bien, vuelve al instituto. Tengo que… ya sabes, volver al trabajo. Anoche me confiscaron la moto y necesito dinero para recuperarla –
- ¡Espera! – le grito. Aspiro profundamente. Ha llegado el momento. Voy a soltarlo todo – No sé cuándo ni por qué empecé a sentir algo por ti, Naruto, pero… así están las cosas. Desde que Ino casi te lleva por delante, no he podido dejar de imaginarme cómo sería estar contigo. Y el beso… Dios te juro que nunca había experimentado algo semejante. Significó mucho para mí. Si el mundo no se acabó en aquel momento, no veo por qué tiene que hacerlo ahora. Sé que es una locura porque somos muy diferentes y que si ocurre algo entre nosotros no quiero que se sepa. No te estoy pidiendo que aceptes una relación secreta pero… tengo que saber si existe esa posibilidad. He roto con Kiba, deje esa relación tan pública porque quiero una secreta, real y secreta. Sé que parloteo como una tonta, pero si no me dices algo pronto o me das una pista de lo que piensas yo… -
- Dilo de nuevo – me dice.
- ¿To… todo el discurso? –
Recuerdo haber dicho algo sobre que no se acaba el mundo, pero me siento demasiado mareada como para recitarlo todo otra vez.
Lo miré a los ojos.
- Pienso mucho en ti, Naruto y… - miro al pavimento sintiendo cómo me sonrojo – Quiero volver a besarte, de verdad –
Lo miro sonreír por un momento y luego giro el rostro incapaz de verlo a la cara, de nuevo me dedico al suelo.
- No te rías de mí – le ruego. Ahora mismo es algo que no puedo soportar.
- Nunca me reiría de ti –
Camina hacía mi y por fin puedo verlo a los ojos – No quería que esto pasara –
- Lo sé –
- Es probable que esto no funcione – añado.
- Probablemente no –
- Mi vida no es perfecta como todos creen –
- Ya somos dos – señala.
- De verdad quiero saber a dónde llegamos con todo esto –
Pronto estoy entre mi coche y sus brazos – Si no estuviéramos aquí afuera – advierte – Te mostraría… -
Le interrumpo deslizando una mano por su melena y acercando su rostro al mío. Si en este momento no podemos disponer de algo de intimidad, me encargaré de hacerla real. Además, todos lo que no deben enterarse están en clases.
Cuando separo los labios, suelta un gemido a pocos centímetros de mi boca y deja caer la llave inglesa al suelo.
Cuando me rodea con sus fuertes brazos, me siento protegida. Su lengua de terciopelo se enreda con la mía, provocando una sensación de intimidad en la más profundo de mi ser hasta ahora desconocida. Esto es algo más que un simple beso, es… bueno, sé que es algo más.
Naruto no deja de mover las manos en ningún momento. Con una traza círculos en mi espalda, la otra juguetea con mi cabello.
Él no es el único que se dedica a explorar. Recorro su cuerpo con las manos, sintiendo sus músculos tensos bajo mis dedos, haciendo más intensa nuestra complicidad.
Al rozarle la mandíbula, su barba de dos días me araña la piel.
Oigo el fuerte carraspeo de Deidara y nos separamos, Naruto me mira con una pasión desbordante en los ojos.
- Tengo que volver a trabajar – susurra entre jadeos.
- Ah. Claro – respondo súbitamente avergonzada por nuestro despliegue de afecto en público, me separo.
- ¿Podemos vernos más tarde? – me pregunta.
- Ino viene a casa a cenar -
- ¿La que no deja de mirarse en el espejo? –
- Eh, sí – admito. Tengo que cambiar el tema o terminaré invitándolo también. Ya puedo imaginármelo, mi madre rebosando desprecio hacia él.
- Hay una boda el domingo y aún no tengo una chica con la cual ir –
- No puedo dejar que se enteren –
- ¿Quién va a contarlo? –
- ¿Qué hay de la gente de la boda? Todos nos verán juntos –
- No habrá nadie del instituto. Solo mi familia, y me aseguraré de que mantengan la boca cerrada –
No puedo. Mentir y escaparme nunca se me ha dado bien. Lo aparto de un empujón.
- No puedo pensar cuando te tengo tan cerca –
- Bien. Hablemos de la boda –
Con solo mirarlo siento el deseo de acompañarlo.
- ¿A qué hora? –
- A mediodía. Será genial, no lo olvidarás. Paso por ti a las once –
- No he dicho que sí –
- Estás a punto de hacerlo – asegura.
- ¿Por qué no nos encontramos aquí a las once? – le sugiero señalando el taller.
Naruto me levanta la barbilla para obligarme a mirarle a los ojos.
- ¿Por qué no te da miedo estar conmigo? –
- ¿Bromeas? Estoy aterrada – confieso mirando la pinta de chico malo que lleva.
- No puedo engañarte. No llevo una vida envidiable – me coge de la mano y la levanta, mi palma contra la suya ¿estará evaluando lo tosca y dura que se ve junto a la mía pequeña y delicada, sus dedos un poco manchados de aceita contra mis uñas perfectamente arregladas? – Somos tan diferentes – dice finalmente.
Nuestros dedos se entrelazan.
- Y a la vez somos muy parecidos – me regala una sonrisa después de mis palabras hasta que Deidara carraspea de nuevo - Nos vemos el domingo, a las once – le digo.
Naruto da un paso atrás, asiente y me guiña un ojo.
- Esta vez sí es una cita –
Naruto
- Estaba besándote como si fuera el último beso de su vida. Si besa así, me pregunto cómo… -
- No termines esa oración –
- Va a acabar contigo, Naruto – continúa Deidara – Mírate, anoche en el calabozo y hoy no vas a clase para ganar dinero y recuperar la moto. No cabe duda de que la chica está buenísima, pero ¿vale la pena realmente? –
- Voy a trabajar – suelto mientras sus palabras revolotean en mi cabeza. Me paso toda la tarde currando debajo de un Blazer, pensando únicamente en besar una y otra vez a Hinata.
Sí que merece la pena. No tengo la menor duda.
- Naruto. Pain está aquí – anuncia Deidara a las seis cuando estoy a punto de irme a casa.
Me limpio las manos.
- ¿Dónde están? –
- En mi oficina –
A medida que me acerco al despacho, me invade la sensación de terror. Abro la puerta y veo a Pain cómodamente instalado, como si estuviera en su propia casa. Tobi está en un rincón, un espectador no del todo inocente.
- Deidara es un asunto privado –
No me he dado cuenta que mi primo me ha seguido hasta allí, actuando como secuaz que no necesito. Le hago un gesto para que nos deje solos. Siempre he sido leal a los Akatsuki, no hay razón para que Pain dude ahora de mi compromiso con la banda. La presencia de Tobi le añade importancia a la reunión. Si solamente estuviéramos Pain y yo, no me sentiría tan tenso.
- Naruto – Pain se dirige a mí en cuanto Deidara desaparece – Está bien quedar aquí en lugar de el almacén ¿no te parece? –
Le miro con una tímida sonrisa y cierro la puerta.
Pain señala al pequeño y estropeado sofá que hay del otro lado de la habitación.
- Siéntate – ordena y espera que tome asiento para añadir – Necesito que me hagas un favor, amigo –
De nada sirve aplazar lo inevitable.
- ¿Qué tipo de favor? –
- Hacer un intercambio, el 31 de octubre –
Aún queda un mes y medio. La noche de Halloween.
- No quiero tener nada que ver con asuntos de drogas – le digo – Lo sabes desde el primer día –
Miro a Tobi, quien parece haberse puesto tenso, como el perro del pastor cuando las ovejas se alejan demasiado del rebaño.
- Debes olvidar lo de tu abuelo. Si quieres llegar a dirigir a los Akatsuko, tendrás que involucrarte en el tráfico de drogas –
- Entonces… no cuentes conmigo –
Pain me estruja el hombro y Tobi da un paso adelante. Es una amenaza silenciosa.
- Ojalá fuera tan simple – confiesa Pain - Necesito que hagas esto por mí. Y, para ser sincero, me lo debes –
Mierda. Si no me hubieran arrestado, no le debería nada a Pain.
- Sé que no me decepcionarás. Por cierto ¿cómo está tu madre? Hace mucho que no la veo –
- Está bien – replico, preguntándome qué tiene que ver mi madre en la conversación.
- Dile que le mando saludos ¿lo harás? –
¿Qué demonios significa esto?
Pain abre la puerta, le indica a Tobi que lo siga con un gesto y me deja solo para que piense en ello. Me vuelvo a sentar, observando la puerta cerrada, y me pregunto si seré capaz de traficar con drogas. Si quiero mantener a salvo a mi familia…. No tengo más opciones.
Continuará…
