Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Lamento mucho la demora me he mudado de casa y ya saben la reconexión del inter demoró un poco.
Química Perfecta. Capítulo 11
Hinata
Aparcó en un restaurant, donde pueda pasar desapercibida, me pongo unos vaqueros y una camisa de color rosado antes de volver a casa.
Estoy asustada, muy asustada. Porque con Naruto a veces todo es demasiado… brusco. Todo es más intento, mis sentimientos, mis emociones, mis… deseos. Con Kiba jamás me sentí de esta manera, no sentí esta adicción ni esa sensación de querer estar con él las 24 horas del día, los siete días de a semana. Ay Dios… creo que me estoy enamorando de él. Sin embargo soy consciente de que amarlo no será nada sencillo. Y esta noche, en el coche, cuando Naruto me toco bajo el vestido… tuve tanto miedo de perder los papeles. Toda mi vida ha estado regida por el autocontrol, así que esto no puede ser bueno. Tengo miedo.
Atravieso la puerta principal de mi casa, preparada para deslizarme a mi habitación y guardar el vestido en el armario. Por desgracia mi madre está esperándome en el vestíbulo.
- ¿Dónde estabas? – pregunta ella con seriedad, mientras sujeta en las manos mi libro de química y mi carpeta – Me dijiste que estabas haciendo el trabajo, con ese tal Kamikaze –
Lo he fastidiado. Ha llegado el momento de hablar o callar para siempre.
- Es Uzumaki, no Kamikaze. Y sí, estaba con él –
Silencio.
Los labios de mi madre adoptan una expresión tensa.
- Es obvio que no estaban estudiando. ¿Qué llevas en tu bolso? - me pregunta - ¿Drogas? –
- No consumo drogas mamá, nunca lo he hecho – respondo con brusquedad.
Ella enarca una ceja y señalando la mochila me ordena – Ábrela –
Resoplo pero me arrodillo para abrir la cremallera. Me siento como si fuera una prisionera. Saco el vestido y se lo muestro.
- ¿Un vestido? – pregunta mi madre.
- Acompañe a Naruto a una boda –
- Ese chico te ha obligado a mentirme. Te manipula Hinata –
- Él no me obligó, mamá – le digo enfadada – No soy tan tonta, yo decidí ir –
Su ira está a punto de estallar. Lo sé por el modo en que sus ojos brillan y sus manos tiemblan.
- Si vuelvo a enterarme de que has salido otra vez con ese chico, haré todo lo posible para convencer a tu padre para que pases lo que queda de curso en un internado. ¿No crees que es suficiente sufrimiento para esta familia lo que ocurre con Hanabi? Prométeme que no volverás a verlo fuera del instituto –
Se lo prometo, sin prometerlo realmente. Me refugio en mi habitación y llamo a Ino.
- ¿Qué pasa? –
- Necesito a mi mejor amiga ahora mismo –
- ¿Y soy la elegida? Vaya, me halagas Hinata- responde con ironía.
- De acuerdo, te mentí. Me gusta Naruto, me gusta mucho –
Silencio.
Más silencio.
- Ino, ¿estás ahí o simplemente me ignoras? –
- No te ignoro, solo quiero saber por qué decides contármelo todo ahora –
- Necesito hablar de ello – suspiro - ¿Me odias? –
- Eres mi mejor amiga – admite.
- Y tu la mía –
- Las mejores amigas siguen siéndolo aunque una de ellas se niegue a entrar en razón y se empeñe en salir con un pandillero ¿no?-
- Eso espero –
- Solo no vuelvas a mentirme Hinata –
- No lo haré, es solo que Sai es amigo de Kiba, y tú compartes con él –
- Si, entiendo – un minuto de silencio – Gracias por confiar en mí, de veras significa mucho para mí –
Cuelgo el teléfono. Tras habérselo contado, me alivia saber que las cosas han vuelto, parcialmente, a la normalidad. Suena mi móvil, es Konan.
- Tengo que hablar contigo – suelta Konan cuando respondo.
- ¿Qué pasa? –
- ¿Viste a Yahiko hoy? –
Vaya… hablando de secretos.
- Si –
- ¿Me mencionaste? –
- No ¿debía hacerlo? –
- No. Sí. Bueno, no lo sé – oigo un gruñidito del otro lado – Estoy tan confundida –
- Solo debes decirle lo que sientes, a mi me funcionó –
- Sí, pero tú eres Hinata Hyuga –
- ¿Quieres saber cómo es realmente Hinata Hyuga? Te lo diré, soy insegura, como todos los demás. Me siento prisionera en un papel que me obligo a representar a diario, ya sabes la fachada de niña perfecta. Y eso hace que continuamente me sienta asechada y vulnerable, todos te observan esperando que te equivoques, despertando más y más rumores –
- Pues entonces supongo que no te alegrará conocer los rumores que circulan en mi grupo de amigos sobre Naruto y tú, ¿quieres saber lo que dicen? –
- No –
- ¿Segura? –
- Si. Si me consideras tu amiga, no me lo contarás –
Porque si estoy al tanto de los rumores tendré la sensación de tener que enfrentarlos. Y en este momento prefiero vivir la vida en la felicidad de la ignorancia.
Naruto
Tras la apresurada huida de Hinata, no me apetece mucho hablar y espero poder evitar a mi madre al llegar a casa. Sin embargo me basta una sola mirada al sofá del salón para saber que mi deseo no va a cumplirse. La televisión está apagada, el salón tenuemente iluminado y allí, mi madre.
- Naruto – empieza – Yo no quería esta vida para nosotros –
- Lo sé –
- Espero que Hinata no te esté llenando la cabeza de pájaros –
Me encojo de hombros - ¿Con qué? ¿Con que detesta que esté en una banda? Puede que no hayas elegido esta vida, pero está claro que no dijiste nada cuando entré en ella –
- No me hables así, Naruto -
- ¿Por qué no? ¿Es demasiado dolorosa la verdad? Soy un pandillero porque debo proteger a esta familia, mamá. Ya lo sabes aunque jamás hablemos de ello – digo alzando la voz lleno de frustración – Es un elección que tome hace mucho tiempo. Puedes fingir que no me animaste a hacerlo, pero – continúo quitándome la camiseta y enseñando los tatuajes – Mírame bien, pertenezco a una banda, tal como el abuelo ¿también esperas que trafique con drogas? –
- Si conociera otra manera… - responde con lágrimas en los ojos.
- Estabas demasiado asustada, y papá no estaba, como siempre, no podías escapar de este agujero y ahora… estamos juntos aquí. No me eches la culpa, ni a mí ni a Hinata –
- Eso no es justo – contesta ella, alzando la voz.
– Lo que no es justo es que vivas prácticamente sola en un luto perpetuo desde que el abuelo murió, ¿por qué no nos marchamos? Tienes miedo de volver a casa de la abuela y decirle que fracasaste –
- No vamos a hablar de eso –
- Despierta ya – le digo abriéndome de brazos - ¿Qué hace que te quedes en este lugar? ¿Yo? Soy solo un pretexto ¿Es esto lo que soñaste para mí? – le preguntó y señalo el pequeño altar de mi abuelo – Era un pandillero no un santo –
- No tuvo más elecciones – grito – Nos protegió –
- Y ahora soy yo quien te protege. ¿Vas a hacer otro altar cuando me liquiden? ¿Y a Konohamaru? Porque él es el siguiente y lo sabes ¿verdad? –
Mi madre me da un fuerte bofetón, tras lo cual, da un paso atrás. Maldita sea, odio hacerla enfadar. Tiendo la mano hacía ella, le rodeo el brazo con los dedos para abrazarla y disculparme, pero me hace una mueca - ¿Mamá? – no sé por qué reacciona así. Aunque he sido brusco ella siempre actúa como si no lo hubiera sido.
Se retuerce hasta librarse de mi agarrón y se aparta. Pero no puedo dejarla ir. Doy un paso adelante y le levanto la manga del vestido. Horrorizado, encuentro un feo moretón en la parte superior del brazo. Mi mente retrocede hasta el momento en que vi a mi madre y a Pain manteniendo una conversación a solas en la boda.
- ¿Te lo hizo Pain? – le pregunto en voz baja.
- Debes dejar de hacer preguntas sobre el abuelo – se apresura a bajar la manga para cubrir el moretón.
Cuando asimilo que le han hecho daño a mi madre para advertirme, siento como la ira se acumula en mi estomago y se extiende por todo mi cuerpo. ¿Por qué? ¿A quién quiere proteger Pain? ¿Estará protegiendo a alguna Akatsuki o a algún pandillero de una banda afiliada? Ojalá pudiera explicármelo él mismo. Es más, me gustaría vengarme y darle una paliza por haberle hecho daño a mi madre, pero Pain es intocable. Todos sabemos que desafiarlo significa desafiar a toda la pandilla.
Mi madre me fulmina con la mirada – No me preguntes más. Hay muchas cosas que no sabes, Naruto. Cosas que no deberías saber nunca. Déjalo –
- ¿Crees que es bueno vivir en la ignorancia? Mi abuelo estaba en la banda y traficaba con drogas. A mi no me da miedo la verdad, maldita sea. ¿Por qué todos los que me rodean se empeñan en ocultarme la verdad? – mantengo las manos a los lados con firmeza. Un sonido en el pasillo atrae mi atención. Me doy la vuelta y veo a mi primo con los ojos abiertos, joder.
Cuando mi madre repara su presencia, se queda boquiabierta. Haría cualquier cosa por evitare ese sufrimiento.
Me acerco a ella y le pongo una mano en el hombro, con suavidad.
- Perdóname mamá –
Ella me aparta de un manotazo, contiene un sollozo y sale corriendo a su habitación, cerrando la puerta tras ella.
- ¿Es verdad? – pregunta Konohamaru, en un tono de voz rebosante de tensión.
- Si – contesto, asintiendo.
Konohamaru niega con la cabeza y frunce el ceño, confuso.
- ¿De qué estaban hablando? No lo entiendo. Pensaba que mi abuelo era un buen hombre. Mamá siempre dice que era un buen hombre –
Me acerco a mi pequeño primo y apoyo su cabeza en mi pecho.
- ¡Son todos unos mentirosos! – estalla separándose de mi - ¡Embusteros! – se aleja – Todo este tiempo he pensado que entraste en los Akatsuki para protegernos. Pero solo seguías los pasos de mi abuelo. Menudo héroe. Te gusta ser un Akatsuki, pero a mi me lo prohíbes ¿No eres algo hipócrita primo? –
- Puede –
- Eres una verdadera desgracia para esta familia, lo sabes ¿verdad? -
Lo observo alejarse y darle un puñetazo a la puerta trasera, marchándose de casa.
- A veces los hombres buenos deben hacer cosas que no son muy buenas –
Luego de un rato encuentro a mi primo sentado en las escaleras traseras, de cara al patio de nuestro vecino.
- ¿Es así como murió? – me pregunta cuando me siento a su lado - ¿Traficando con drogas? –
- Sí –
- ¿Te llevaba con él? –
Asiento con la cabeza.
- Vaya cabrón, tenías solo seis años – exhalo un suspiro repleto de cinismo - ¿Sabes? He visto a Pain en las canchas de baloncesto –
- No te acerques a él. Yo no tuve elección cuando mi abuelo murió y mi padre nos abandonó, y ahora estoy atrapado. Si crees que estoy en los Akatsuki porque me gusta, estas muy equivocado. No quiero que tú te metas –
- Lo sé –
Le lanzo una mirada ceñuda como la que mi madre solía dedicarme cuando metía pelotas de tenis en sus medias y las lanzaba al aire por diversión.
- Escúchame, y pon mucha atención Konohamaru. Concéntrate en el colegio para poder ir luego a una buena universidad y ser alguien en la vida –
No como yo. Un largo silencio se produce.
- Moegi tampoco quiere que acabe en la pandilla. Quiere ir a la universidad y licenciarse en enfermería – se ríe – Me ha dicho lo genial que sería ir a la misma universidad – no digo nada, lo que necesita es que deje de darle consejos y le permita resolver el resto por si mismo – Me gusta Hinata ¿sabes? –
- A mi también me gusta –
Pensaba lo mismo antes, cuando estábamos aún en el coche. Me he dejado levar. Espero no haberlo echado todo a perder.
- Vi a Hinata hablando con mi tía en la boda. Se defendió muy bien –
- Si te soy sincero, le entró un bajón y se refugió en el baño –
- Para ser un tipo tan inteligente, estás loco si crees que puedes controlarlo todo –
- Soy fuerte – le digo – Y siempre estoy preparado –
Konohamaru me da una palmada en la espalda.
- De algún modo, creo que para salir con una chica del norte necesitas más agallas que para entrar en una banda –
Me ofreció la oportunidad perfecta para contarle toda la verdad.
- Konohamaru, los Akatsuki hablan de fraternidad, honor y lealtad. Y suena todo muy bien. Pero no son tu familia, lo sabes, ¿verdad? La hermandad no dura para siempre, durará siempre y cuando estés dispuesto a hacer lo que ellos quieres que hagas –
Mi madre abre la puerta y nos mira. Parece muy triste. Ojalá pudiera cambiar su vida y evitarle todo el sufrimiento, pero no puedo.
- Konohamaru, déjame a solas con Naruto –
Cuando Konohamaru entra en casa y ya no puede oírnos, mi madre se sienta a mi lado. Tiene un cigarro en la mano, el primero que le veo desde hace mucho tiempo.
Espero a que sea ella quien tome la iniciativa. Ya he hablado suficiente esta noche.
- He cometido muchos errores en la vida, Naruto – dice y el humo del cigarro se eleva a la luna – Y no puedo arreglar unos por mucho que rece – tiende la mano y me coloca el pelo detrás de las orejas – Eres un adolescente que tiene que cargar con las responsabilidades de un hombre, no es justo para ti –
- No pasa nada –
- Sí que pasa. Yo también crecí demasiado rápido. Ni siquiera acabe el instituto, porque estaba embarazada de ti – me mira como si se viera reflejada en mí – Deseaba muchísimo tener un bebé, tu padre quería esperar pero yo no. Ser madre era mi mayor deseo –
- ¿Te arrepientes? – pregunto.
- ¿De ser madre? Por supuesto que no. De seducir a tu padre y no asegurarme de que llevará condón sí –
- No es algo que quiero escuchar –
- Bueno, pues te lo diré de todos modos, quieras o no. Ten cuidado, Naruto –
- Lo tengo –
Le da otra calada al cigarrillo mientras niega con la cabeza.
- No, no lo entiendes. Puede que tú tengas cuidado, pero las chicas no lo tienen. Son manipuladoras. Lo sé porque soy una de ellas –
- Hinata es… -
- El tipo de chica que puede lograr que hagas cosas que no quieres hacer –
- Créeme mamá, ella no quiere un bebé –
- No, pero querrá otras cosas. Cosas que no podrás darle –
Levanto la mirada a las estrellas, la luna el insondable universo - ¿Y qué pasa si yo quiero dárselas? – deja escapar un profundo suspiro junto al humo del tabaco.
- Tengo 35 años, y soy lo suficientemente vieja como para haber visto morir a mucha gente que creía poder cambiar el mundo. No importa lo que pienses, tu abuelo murió intentando corregir su vida. Tienes una visión equivocada de lo que ocurrió, Naruto. Eras tan solo un niño, demasiado pequeño como para comprenderlo –
- Ahora soy lo suficientemente mayor –
Una lágrima desciende por su mejilla. La seca con el dorso de la mano.
- Sí, ya, pero… ahora es demasiado tarde –
Hinata
- Hinata, explícame de nuevo por qué vamos a recoger a Naruto para que nos acompañe al lago – me pide Ino.
- Mi madre me ha ordenado que no le vea fuera del instituto, el lago es el lugar perfecto para salir con él. Nadie nos verá –
- Excepto nosotros –
- Pero ustedes no dirán nada, ¿verdad? –
Pillo a Sai haciendo una mueca. Al principio me pareció buena idea. Salir en pareja a pasar el día al lago, podía ser divertido. Bueno, al menos cuando Ino y Sai se recuperen de la conmoción inicial que les provocará la visión de Naruto y yo juntos.
- Ayúdame con esto por favor –
- Es un perdedor, Hinata – declara Sai mientras aparca el coche donde Naruto debe estar esperándonos – Es tu mejor amiga Ino, haz que entre en razón –
- Ya lo intenté, pero ya la conoces, no se retracta –
Dejo escapar un suspiro.
- ¿Pueden dejar de hablar de mi como si no estuviera aquí? Me gusta Naruto y yo le gusto. Solo quiero intentar –
- ¿Y cómo pretendes hacerlo? ¿Van a salir en secreto toda la vida? – pregunta Ino.
Afortunadamente ya hemos llegado, así que no tengo que responder. Naruto está sentado en el bordillo, junto a su moto, con las piernas extendidas. Estoy nerviosa y al abrir la puerta de atrás me muerdo el labio inferior.
Cuando ve a Sai conduciendo y a Ino a su lado, se le tensa la mandíbula.
- Entra, Naruto –
Me echo a un lado para dejarle sitio.
- No creo que sea muy buena idea – dice, asomando la cabeza.
- No seas tonto, Sai prometió que se comportaría ¿no es así Sai? –
Aguanto la respiración hasta oír la respuesta.
Sai asiente con la cabeza en un gesto que demuestra poco interés.
- Claro – asegura impasible.
Estoy segura de que si Naruto fuera alguien más, se largaría de aquí. Pero toma asiento a mi lado.
- ¿A dónde vamos? –
- A lago – respondo - ¿Has estado antes aquí? –
- No –
- Está a una hora de camino. Los padres de Sai tienen una cabaña –
El trayecto me recuerda más al ambiente propio de una biblioteca que a otra cosa. Nadie pronuncia ni una palabra. Cuando Sai se detiene a respostar, Naruto sale del coche, se aleja y enciende un cigarrillo.
Me hundo en el asiento. Hasta ahora, el día no se parece en nada a como lo había imaginado. Ino y Sai suelen ser muy divertidos cuando están juntos, pero ahora mismo parece que se dirigen a un funeral.
- ¿Puedes al menos intentar al menos mantener una conversación? – ruego a mi mejor amiga – Puedes tirarte horas enteras hablando del tipo de perro que besarías pero no puedes articular dos palabras seguidas delante del chico que me gusta –
Ino se vuelve sobre su asiento.
- Lo siento. Es que… Hinaata, te mereces algo mucho mejor. MUCHO mejor –
- ¿Por mejor te refieres a Kiba? –
- A cualquiera – resopla y se vuelve de nuevo.
Naruto entra en el coche y le lanzo una tímida sonrisa. Pero él no me corresponde. Le cojo la mano y no me devuelve el apretón, aunque por lo menos tampoco se aparta. ¿Será una buena señal?
Cuando salimos de la gasolinera, Naruto interviene:
- Tienes un neumático suelto, ¿oyes ese ruido en la parte posterior izquierda? –
Sai se encoje de hombros.
- Lleva así un mes, no es gran cosa –
- Para en el arcén y te lo arreglo – sugiere Naruto – Si se suelta en mitad de la autopista, estaremos bien jodidos –
Estoy segura de que Sai no quiere confiar en el análisis de Naruto, pero después de un kilometro y medio, acaba deteniéndose a un lado de la carretera, aunque a regañadientes.
- Sai – Ino señala el prostíbulo que hay al frente - ¿Qué tipo de persona crees que entras ahí? –
- Ahora mismo, preciosa, me importa un pepino – se vuelve hacia Naruto y añade – Vale, crack, arréglame el coche –
Naruto y Sai salen del coche.
- Siento haberme quejado tanto – dice Ino.
- Yo también lo siento –
- ¿Crees que se pondrán a discutir? –
- Puede ser. Será mejor que salgamos y les distraigamos un poco –
Cuando salgo, Naruto está sacando las herramientas del maletero.
Después de levantar el coche con el gato, Naruto sujeta la llanta entre las manos. Sai tiene los brazos en jarras y la mandíbula apretada en gesto desafiante.
- ¿Qué mierda te pasa? –
- No me caes bien, Uzumaki –
- ¿Crees que me haces mucha gracia? – espeta Naruto, mientras se arrodilla junto a la llanta y empieza a apretar los tornillos.
Me vuelco hacia Ino. ¿Deberíamos intervenir? Mi mejor amiga se encoje de hombros. No es que hayan llegado a las manos, bueno, por ahora.
Un coche se detiene a nuestro lado con un chirrido de ruedas. Hay cuatro chicos dentro, dos delante y dos detrás. Naruto les ignora mientras baja el coche con el gato y guarda las cosas en el maletero.
- ¡Hey, nenas! ¿Qué les parece si dejan plantados a esos perdedores y vienen con nosotros? Les enseñaremos a divertirse de verdad – grita uno de ellos a través de la ventanilla.
- ¡Vete a la mierda! – exclama Sai. Uno de los chicos sale del coche y avanza hacia Sai. Ino grita algo pero en ese instante no oigo sus palabras. Estoy demasiado absorta mirando a Naruto, que se ha quitado la camiseta y se ha interpuesto entre el tipo y Sai.
- Apártate de mi camino – ordena el tipo – No caigas tan bajo por defender a un niño rico –
Naruto se planta frente al chico con la llanta de hierro firmemente sujeta en la mano.
- Si lo jodes me estás jodiendo a mi. Así de simple, ¿lo pillas colega? –
Otro chico sale del coche. Nos metimos en un buen lio.
- Chicas, cojan las llaves y métanse en el coche – ordena Naruto con un tono de voz confiado.
- Pero… -
Su mirada transmite una serenidad casi letal. Oh Dios.
Va totalmente en serio.
Sai le lanza a Ino las llaves del coche. ¿Y ahora qué? ¿Se supone que tenemos que quedarnos sentaditas en el coche y ver cómo se pelean?
- No, no voy a ningún sitio – digo.
- Y yo tampoco – añade Ino.
Uno de los chicos del otro coche asoma la cabeza por la ventanilla.
- Naruto, ¿eres tú? –
Naruto se relaja.
- ¿Gaara? ¿Qué demonios haces con estos capullos? –
El chico que responde al nombre de Gaara les dice algo a sus compinches quienes no dudan en volver al coche. Casi parecen aliviados al no tener que enfrentarse a Naruto y Sai.
- Dime tu primero qué haces con un puñado de niñatos ricos – dice Gaara.
- Lárgate de aquí – ríe Naruto.
Una vez que todos estamos de nuevo en el coche, Sai dice – Gracias por cubrirme las espaldas –
- No hay problema – murmura Naruto.
Nadie vuelve a romper el silencio hasta que llegamos a la orilla del lago. Sai aparca delante de un bar para comer algo. Dentro, Ino y yo pedimos unas ensaladas, los chicos optan por las hamburguesas.
Nos sentamos en un banco mientras esperamos la comida, sin pronuncias palabra. Le doy una patada a Ino por debajo de la mesa.
- Bueno Naruto – empieza - ¿Has visto alguna película buena últimamente? –
- No –
- ¿Has solicitado el ingreso a alguna universidad? –
Naruto niega con la cabeza.
Sorprendentemente Sai interviene - ¿Quién te ha enseñado tanto de coches? –
- Mi primo – contesta Naruto – Los fines de semana paso por su casa y me quedo observando cómo resucita los coches –
- Mi pare tiene un Karmann Ghia del 72 en el garaje muerto de risa. Cree que empezará a funcionar por arte de magia –
- ¿Qué le pasa? – pregunta Naruto.
Sai se lo explica y Naruto escucha con atención. Me siento y me relajo al escucharles discutir sobre las ventajas e inconvenientes de comprar piezas por eBay. La tensión parece desvanecerse a medida que avanza la conversación.
Tras acabar de comer, paseamos un rato. Naruto me coge de la mano y no puedo pensar en nada más que no sea estar allí con él.
- Mira, hay una nueva galería – dice Ino, señalando del otro lado de la calle – Y además es la inauguración ¡Entremos! –
- Genial – exclamo.
- Yo me quedaré afuera – añade Naruto cuando cruzo al otro lado con Ino y Sai – No me van mucho las galerías –
Sé que no es verdad. ¿Cuándo entenderá que no tiene por qué cumplir con la etiqueta que todos le han colocado? Si entrara, se daría cuenta de que se siente tan a gusto como en el taller de su primo.
- Vamos – insisto, tirando de él. Sonrió cuando entramos en la galería.
Todo un bufé espera en una mesa mientras unas cuarenta personas se arremolinan observando obras.
Doy una vuelta con Naruto, que camina con rigidez a mi lado.
- Relájate – le digo.
- Para ti es fácil decirlo – murmura.
Naruto
Llevarme a una galería no es la mejor idea que ha tenido. Cuando Ino se lleva a Hinata para enseñarle una pintura, me siento completamente fuera de lugar.
Deambulo por el local y estudio la mesa en que se extiende la comida, pero por suerte ya hemos comido. De hecho, no sé quién puede llamar comida a esto. Tengo la sensación de que alguien debería meter el sushi un rato en el microondas para que fuera comestible. También hay sándwiches del tamaño de una moneda.
- Nos hemos quedado sin wasabi –
Todavía estoy concentrado identificando el surtido de comida cuando alguien me da un golpecito en la espalda. Me doy a vuelta y veo a un tipo bajito, me recuerda a cara de perro, y de inmediato, quiero apartarlo de un empujón.
- Nos hemos quedado sin wasabi – repite.
Le respondería si supiera qué coño es wasabi. Pero no tengo idea de qué es de modo que ni e muevo. Solo me quedo ahí como un idiota.
- ¿No hablas mi idioma? –
Aprieto las manos con fuerza. "Si hablo tu idioma imbécil, pero en la ultima clase de lengua no nos explicaron qué es wasabi". En lugar de responder, ignoro al tipo y me acerco a una de las pintruas para observarla de cerca. Una chica y un perro caminando por lo que parece una chapucera imitación de la tierra.
- Aquí estás – Hinata se acerca. Sai e Ino van tras ella.
- Hinata, este es Kanji – anuncia Sai, señalando al tipo que se parecía a Kiba – El artista –
- ¡Tu obra es increíble! – exclama Hinata con efusividad.
El tipo mira su pintura por encima del hombro de Hinata.
- ¿Qué te parece esta? – pregunta. Hinata carraspea antes de contestar.
- Creo que proyecta un profundo conocimiento sobre la relación entre el hombre, el animal y la tierra –
Vaya, que idiotez.
El tal Kanji la rodea con el brazo y siento la tentación de darle una paliza aquí, en medio de la galería.
- Se ve que eres una chica muy profunda –
Profunda, si claro. Lo que quieres es llevársela a la cama… algo que no hará si puedo evitarlo.
- Naruto ¿qué crees tu? – pregunta ella, volviéndose hacia mí.
- Bueno – me froto la barbilla mientras observo fijamente la pintura – Te doy un dólar por la colección entera, dos como mucho –
Ino abre los ojos de par en par y se cubre la boca con la mano conmocionada. Sai se ha atragantado con la bebida. ¿Y Hinata? Miro a mi nueva chica mientras espero su respuesta.
- Naruto, le debes una disculpa a Kanji – suelta Hinata.
Sí, después de que él se disculpe por preguntarme por el wasabi. Ni de coña.
- Me largo de aquí – contesto antes de darle la espalda y salir por la puerta de la galería.
Ya fuera, le pido un cigarro a una camarera que esta de descanso del otro lado de la calle. Lo único que pasa por mi mente es la expresión de Hinata al ordenarme que me disculpe.
No se me da nada bien obedecer ordenes.
Maldita sea, no me ha hecho ninguna gracia ver como el capullo del artista ha rodeado a mi chica con el brazo. Estoy seguro de que todos, de una u otra manera, quieren lo mismo: alardear de que han podido tocarla. También lo deseo yo, pero la quiero para mí solo. No me apetece que me de ordenes como si fuera un cachorrito, y que me coja de la mano cuando le apetezca y no este haciendo ninguna escena.
Es obvio que no esta saliendo todo como se suponía.
- Te he visto salir de la galería. Ahí solo entran zánganos – dice la camarera luego de que le devuelvo el mechero.
Wasabi. Zánganos… en serio debo dejar de faltar a clase de Lengua.
- ¿Zánganos? –
- Sí, zánganos, privilegiados que viven a costa del resto del enjambre –
- Ah, bueno, pues definitivamente yo no soy uno de ellos. Respecto a lo del enjambre, pertenezco más bien a las obreras – respondo con ironía dándole una calada al cigarrillo y agradeciendo la nicotina. De inmediato me siento más tranquilo. Bueno, puede que tenga los pulmones marchitos, pero tengo la impresión de que moriré antes de que mis pulmones alcancen la saturación.
- Soy Sari, otra obrera – la camarera me tiende la mano y me lanza una sonrisa. Tiene el cabello castaño, es bonita, pero no es Hinata.
- Naruto –
Cuando le estrecho la mano, ella se queda mirando mis tatuajes.
- Yo tengo dos, ¿quieres verlos? –
En realidad no me apetece ver lo que le tatuaron en el pecho o en el trasero durante una noche de borrachera.
- ¡Naruto! – grita Hinata desde la puerta de galería.
Le doy una calada más al cigarrillo y procuro no pensar en el hecho de que Hinata ha organizado todo esto para ocultar su sucio secretito, yo. Y entre otras cosas estoy cansado de ser un jodido secreto.
Mi medio novia cruza la calle. Los tacones de sus zapatos de diseño resuenan en la acera y me recuerdan que ella pertenece a una clase superior a la mía. Nos observa a Sari y a mí, dos obreras, fumando juntos.
- Sari, aquí presente, estaba a punto de enseñarme sus tatuajes – digo para hacerla enojar.
- No me digas. ¿Ibas a mostrarle los tuyos también? - me pregunta.
- No me va mucho el drama – anuncia Sari, antes de lanzar el cigarrillo al suelo y aplastarlo – Suerte, la necesitarás – me dice antes de marcharse.
Doy otra calada al cigarro, deseando que Hinata no me provocara tanto como lo hace.
- Vuelve a la galería, puedo tomar un autobús –
- Pensé que íbamos a pasar un día agradable juntos, Naruto, en una ciudad donde nadie sabe quiénes somos. ¿No te apetece ser anónimo de vez en cuando? –
- Claro, es muy agradable que ese pedazo de capullo que se autoproclama artista me tome por ayudante de camarero, prefiero que me llame pandillero –
- No lo intentas, solo relájate y veras que pronto te sentirás como uno más –
- Todo el mundo es falso, incluyéndote. Despierta señorita… no quiero ser uno de ellos, ¿lo entiendes? –
- Alto y claro. Solo para que sepas, no soy falsa… llámalo así si quieres, pero yo lo llamo ser educada y considerada –
- En tu circulo social, no en el mio, donde lo llamamos por su nombre. Y nunca vuelvas a ordenarme que me disculpe como si fueras mi madre, jamás. Te juro que la próxima vez que lo hagas no habrá nada más entre nosotros –
Mierda. Se le han puesto los ojos vidriosos. Cuando me da la espalda, deseo golpearme hasta sangrar por haberla herido. Tiro el cigarrillo al suelo.
- Lo siento. No pretendía ser un imbécil. Bueno, sí. Pero solo porque no me siento nada cómodo aquí –
Ella no me mira. Tiendo la mano para acariciarle la espalda y me alegro al ver que no se aparta de mí. Continúo hablando.
- Hinata, me encanta salir contigo. Joder, cuando voy por los pasillos del instituto… solo con ver esos mechones azulados y esa cara angelical – le explico, deslizando los dedos entre su cabello, no… no la dejaría.
- No soy un ángel –
- Para mí lo eres. Si necesitas que me disculpe, bien lo haré –
- ¿De verdad? – pregunta abriendo sus ojitos.
- No quiero hacerlo, pero lo haré por ti –
Sus labios esbozan una sonrisa.
- No e necesario, aprecio que quieras hacerlo por mi, pero en verdad se ha comportado como un imbécil –
- Aquí están – dice Ino – Los hemos buscado por todas partes, tortolos. Vamos a la cabaña ya –
En cuanto llegamos, Sai se frota las manos.
- ¿Bañera de hidromasaje o película? – pregunta.
Ino se acerca a la ventana que da al lago.
- Me quedaré dormida si ponemos una peli –
Sentado junto a Hinata en el sofá del salón, me quedo alucinado ante el hecho de que esta gigantesca casa sea la segunda residencia de Sai. Es más grande que la mía. ¿Una bañera de hidromasaje? Vaya esta gente tiene de todo.
- No he traído bañador – digo.
- No te preocupes – contesta Hinata – Sai puede prestarte uno –
En efecto pronto estoy junto a él que rebusca en el armario.
- Solo hay dos – dice entregándome un minúsculo bañador - ¿crees que te cabrá, grandulón? –
- Claro, para el testículo derecho. ¿Por qué no usas tu este y yo tomo el otro? – sugiero y me acerco al armario para sacar un bañador tipo bóxer. Reparo en que las chicas no han hecho ruido - ¿Dónde se han metido? –
- Han ido a cambiarse y a hablar de nosotros, cosas de chicas –
Me cambio en un pequeño vestuario mientras pienso en la vida de mi barrio. Aquí, es fácil olvidarse de eso durante un rato. No debo preocuparme de quien esta cubriéndome las espaldas. Cuando salgo del vestuario Sai dice
- ¿Eres consciente de que Hinata va a pasar mucho para salir contigo? La gente esta empezando a hablar –
- Escucha Sai. Me gusta esa chica más de lo que me ha gustado nadie en toda mi vida. No estoy dispuesto a dejarla escapar. Empezaré a preocuparme por lo que diga la gente cuando esté dos metros bajo tierra –
Sai sonríe y extiende los brazos.
- Eh, Uzumaki creo que acabamos de compartir un momento de amistas, ¿quieres celebrarlo con un abrazo? –
- Ni de coña –
Sai me da una palmada en la espalda y luegos nos dirigimos a la bañera de hidromasaje. A pesar de todo, creo que tiene razón: no sé si hemos dado un paso hacia la amistad, pero al menos nos entendemos mejor. Sea lo que sea, no estoy dispuesto a abrazarle.
- Muy sexy – dice Ino mirando el minúsculo bañador.
Sai camina como pingüino e intenta que el bañador no le moleste demasiado.
- Me lo quitaré cuando entre a la bañera, me estrangula allá abajo –
- No entres en detalles – interviene Hinata, tapándose los oídos con las palmas de las manos.
Lleva un bikini amarillo que deja muy poco a la imaginación. ¿Acaso no es consciente de que es demasiado sexy como para estar así conmigo? Agradezco la presencia de Sai e Ino, si no…
Entré de un salto en la bañera y me senté junto a ella. Es la primera vez que estoy dentro de una bañera de hidromasaje y no conozco muy bien el protocolo. ¿Vamos a sentarnos aquí a hablar o nos separaremos en parejas para jugar un rato? Preferiría la segunda opción, pero Hinata se ve nerviosa.
Sobre todo cuando Sai lanza su bañador al aire.
- Ya te vale – digo, haciendo una mueca.
- ¿Qué? Me gustaría ser padre algún día y esa cosa me estaba cortando la circulación –
Hinata se sale de la bañera y se cubre con una toalla.
- Vayamos dentro, Naruto –
- Pueden quedarse aquí – asegura Ino – Haré que se vista de nuevo –
- Olvídalo, disfruten chicos. Estaremos aquí dentro – le responde Hinata.
Cuando salgo de la bañera, Hinata me pasa una toalla. La rodeo con el brazo mientras caminamos hacia la cabaña.
- ¿Estás bien? –
- Claro. Es solo que… pensé que estabas enfadado –
- Estoy genial. Pero… - una vez en la casa cojo una figurita de cristal y la miro con atención – Ver esta casa, esta vida… quiero estar contigo, pero miro a mi alrededor y me doy cuenta de que jamás será mi mundo –
- Piensas demasiado – se arrodilla en la alfombra y a una palmadita, invitándome a sentarme a su lado – ¿Quieres… un masaje? –
Me tumbo a su lado y me acuesto.
- Pensé que iríamos con calma – digo divertido.
- Un masaje en la espalda es inofensivo –
Recorro con la mirada el bikini que le marca un cuerpo de escandalo.
- Tengo que confesarte que he terminado en situaciones muy comprometedoras con chicas que llevaban mucha más ropa de la que tienes ahora –
- Comportate –
Cuando sus manos tocan mi espalda, conozco el cielo. Estoy intentando controlarme, sobretodo cierta parte de mi anatomía, pero me encanta el contacto de sus manos y mi cuerpo parece cobrar vida propia.
- Estás tenso – me dice al oído.
Claro que estoy tenso. Tiene las manos sobre mí. Dejo escapar un gemido.
Después de unos minutos, se empiezan a oír fuertes gemidos, suspiros y gruñidos que vienen de la bañera de hidromasaje. Es obvio que Ino y Sai se saltaron el masaje de espalda.
- ¿Crees que lo están haciendo? – pregunta.
- O eso o Sai es un tipo muy religioso – respondo, haciendo alusión al ¡Oh Dios! Que Sai exclama cada dos segundos.
- ¿Te excita? – pregunta graciosa.
Me acerco a ella – No, pero si sigues con tus masajes olvidaré todo eso de tomárnoslo con calma – ella sonríe – Solo quiero saber si en serio intentas provocarme o eres realmente inocente –
- No intento provocarte –
Enarco una ceja y bajo la mirada, recorriéndola. Veo como tiembla y la toalla cae al suelo. Pronto se apresura a recogerla.
- Vale, no quería tirarla, solo… sucedió, lo que quiero decir es que… call yó.. –
- Me encanta cuando tartamudeas – admito mientras me acerco, ahora es mi turno de masajearla a ella, hasta que Ino y Sai nos interrumpen.
Dos semanas más tarde me entero de que tengo una cita por los cargos de posesión de armas. Le oculto la noticia a Hinata, sé que alucinaría. Probablemente me daría una platica sobre porque un abogado privado es mejor que uno de oficio. Lo cierto es que no puedo pagar uno.
Mientras espero en la puerta principal del instituto, preocupándome por lo que me depara el destino, alguien me golpea de repente y casi caigo al suelo.
- ¿Qué coño? – espeto.
- Lo siento – responde el chico con voz nerviosa.
Me doy cuenta de que el tipo que tengo delante no es otro que el niño rico de la cárcel en persona.
- Ven aquí, imbécil – grita Lee.
Avanzo y me interpongo entre ellos – Lee, ¿cuál es el problema? –
- Este idiota me ha robado la plaza de aparcamiento – me explica señalándolo.
- ¿Y no encontraste otro sitio? –
Lee se endereza con rigidez, listo para darle una paliza al chico. No vacilaría ni un segundo si se propone a hacerlo.
- Sí, he encontrado otro sitio –
- Pues entonces ya déjalo en paz. Lo conozco, es buena gente –
- ¿Conoces a este tipo? – pregunta Lee enarcando una ceja.
- Mira – echo un vistazo al tipo y agradezco que esta vez lleve una camisa azul y no la de color coral. Todavía tiene pinta de lerdo, pero por lo menos puedo mantenerme serio cuando digo – Este tipo ha estado en la cárcel más veces que yo. Puede que parezca un tonto pero bajo esa pinta femenina se esconde un autentico tipo duro –
- Estas burlándote de mí ¿cierto? – asegura Lee.
- No digas que no te lo advertí – añado, encogiéndome de hombros y apartándome de su camino.
El riquito da un paso adelante, aparentando ser un tipo duro. Me muerdo el labio inferior para no soltar una carcajada y me cruzo de brazos como si estuviera esperando a que comenzara la pelea. Mis colegas de los Akatsuki también esperan, preparados para ver como un lerdo ricachón le patea el culo a Lee.
Lee me mira, luego mira al ricachón y de nuevo a mí.
- Naruto, como te estés burlando de mí… -
- Comprueba su expediente. Su especialidad son los coches de lujo –
Lee espera su siguiente movimiento. Riquito no. Camina hacia mí y me tiende su puño –
- Si necesitas algo Naruto, sabes que puedes contar conmigo –
Hago chocar mi puño contra el de él, un segundo más tarde ha desaparecido. Doy gracias porque nadie noto como temblaba su muñeca.
Me topo con él de nuevo junto a su casillero, en el descanso entre la primera y segunda hora.
- ¿Hablabas en serio cuando dijiste que puedo contar contigo si lo necesito? –
- Después de lo de esta mañana, te debo la vida – admite el niño rico – No sé por qué has dado la cara por mi, pero estaba cagado de miedo –
- Esa es la regla numero uno. No dejes que se note que estas cagado –
Ricachón resopla. Supongo que es su manera de reír, o eso o padece de una sinusitis de la hostia.
- Intentaré recordarlo la próxima vez que un pandillero amenace con matarme – tiende una mano para estrechar la mía – Me llamo Haku –
Le estrecho la mano.
- Mira Haku – continuo – Mi juicio es la semana que viene y preferiría no fiarme de un abogado de oficio ¿crees que puedes ayudarme con eso? –
Haku sonríe – Creo que sí. Mi madre es muy buena. Si es tu primer delito, probablemente te consiga una liberad condicional reducida –
- No me lo puedo permitir… -
- No te preocupes por el dinero, Naruto. Aquí tienes su tarjeta. Le diré que eres mi amigo y lo hará gratis –
Cuando Haku se aleja por el pasillo, pienso en lo cómico de la situación. A veces, la persona que menos esperas puede convertirse en tu aliado, aunque sea por una vez. Y a veces, una chica de ojos plateados puede hacer que el futuro sea algo que esperas con ilusión.
