Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto.
Química Perfecta. Capítulo 12
Hinata
Después del partido del sábado en la tarde, estoy charlando con Ino, Temari, Matsuri y Tatuya en un lateral del campo. Estamos discutiendo el lugar a donde debemos ir a celebrar la victoria.
- ¿Qué piensan de Lou Malnati´s? – dice Temari.
Todas estamos de acuerdo, porque es la mejor pizzería de la ciudad. Matsuri está a dieta, pero le encanta la ensalada especial de la casa, por lo que damos por zanjado el asunto.
Mientras organizamos los últimos detalles, veo a Konan hablando con una chica, me acerco a ellas.
- Hola – saludo – ¿Quieren venir a Lou Maltini's con nosotras? –
La chica que no conozco me frunce el ceño, confusa. Konan no lo hace.
- Claro – responde.
La chica se ha quedado mirando a Konan, luego se vuelve hacía mí y luego mira a su amiga de nuevo. Le comenta algo en voz baja y añade que nos veremos en el restaurante.
- ¿Qué te ha dicho? –
- Quiere saber la razón por la que nos invitas a salir con tus amigas –
- ¿Y qué le dijiste? –
- Que somos amigas –
Sonrió y la acompaño al resto del grupo. Entonces miro a Ino, quien hace poco admitió sentir celos por mi reciente cercanía a Konan. Sin embargo, en lugar de ser fría, sonríe y le pide que le enseñe un movimiento de animadoras que al parecer no se le da muy bien. Eso solo confirma que es mi mejor amiga. Temari parece tan asombrada como la chica que olvido decirme su nombre cuando anuncio que Konan nos acompaña, pero no objeta nada.
Quizás, solo quizás, este sea un pequeño paso hacia lo que el director llama "enmendar la brecha". No soy tan ingenua como para pensar que puedo cambiar el instituto Konoha de la noche a la mañana, pero mi percepción hacia ciertas cosas y personas ha cambiado en las últimas semanas. Espero que la de ellos también lo haya hecho.
En el restaurante, me siento junto a Konan. Un grupo de chicos del equipo de futbol también ha venido, por lo que el restaurante esta invadido por estudiantes de Konoha. Karin entra con Kiba. Él la rodea con el brazo como si estuvieran saliendo juntos.
Ino, que esta frente a mi, dice – Die que no lleva la mano en el bolsillo trasero de Kiba. Es tan patético –
- No me importa – le aseguro – Si quieren salir juntos, allá ellos –
- Solo lo hace porque quiere tener todo lo que tú tenías. Para ella es como una competencia. Primero ocupa tu lugar en las animadoras, ahora le pone las garras encima a Kiba. Lo siguiente que sabrás es que quiere cabello negro y llamarse Hinata –
- Que graciosa –
- Eso dices ahora – añade y luego se acerca para susurrar – No te parecerá tan gracioso cuando se interese en Naruto –
. Eso sí que no tiene gracia –
Sai entra al restaurante e Ino levanta la mano para llamar su atención. No hay asientos libres, así que Ino le deja el suyo y se sienta en su regazo. Empiezan a enrollarse allí mismo, lo que me indica que es hora de darme la vuelta y hablar con Konan.
- ¿Cómo progresan las cosas con ya sabes quién? – le pregunto, sabiendo que no puedo pronunciar el nombre de Yahiko, porque Konan no quiere que nadie se entere.
- No progresan – suspira.
- ¿Porqué no? ¿Hablaste con él como te dije? –
- No. Está comportándose como un verdadero cretino e ignora completamente el hecho de que estuvimos juntos esa noche. Creo que no lo menciona porque no está interesado en llegar más allá –
Pienso en mi ruptura con Kiba y en mi aventura con Naruto. Cada vez que me comporto al contrario de lo que los demás esperan de mi, haciendo por fin lo que quiero, me siento mucho más fuerte.
- Debes arriesgarte – la miro a los ojos – Te garantizo que vale la pena –
- Me aconsejas… ¿Esto hacen las amigas verdad? – sonríe
- Sí ¿no te importa que me meta así en tu vida? –
- No, me parece muy muy bien – afirma sonriendo.
Hablar con Konan de Yahiko me hace sentir intrépida y esa sensación me lleva a pensar en Naruto. En cuanto terminamos de comer, y todos empiezan a marcharse, llamo a Naruto por el móvil, de camino al coche.
- ¿Conoces el club Waterfall? –
- Sí –
- Nos vemos allí a las nueve, esta noche –
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? –
- Ya lo verás – le digo antes de colgar. Luego me doy cuenta de que Karin está justo detrás de mí. ¿Me habría oído hablar con Naruto? –
- ¿Tienes una cita esta noche? – me pregunta.
Eso responde a mi pregunta.
- ¿Qué te he hecho para que me odies tanto? Unos días somos amigas, pero otros tengo la sensación de que tramas algo contra mí –
Karin se encoje de hombros, apartándose el pelo de la cara. Me basta con ese gesto para saber que ya no puedo considerarla una amiga.
- Supongo que estoy harta de vivir a tu sombra, Hinata. Ha llegado el momento de que abdiques tu reino. Has sido la princesa del instituto Konoha durante mucho tiempo. Es tiempo de que otra tenga el privilegio de convertirse en el centro de atención –
No sabía que era el centro de atención, ni mucho menos la princesa del instituto, pero si eso quiere – Todo para ti. Que lo disfrutes – le suelto. No sabe que nunca he deseado esa atención, solo te obliga a representar un papel.
Cuando llego al club Waterfall a las nueve, Naruto me sorprende por detrás, en la puerta. Me doy la vuelta y le rodeo el cuello con los brazos.
- Vaya – exclama apartándose un poco – Pensaba que lo nuestro iba a ser secreto. Odio decirlo, pero medio instituto está ahí adentro y nos están mirando –
- No me importa. Ya no –
- ¿Por qué? –
- Porque – me acerco a él - Solo se vive una vez –
A él parece gustarle mi respuesta, porque me coge de la mano y me lleva al final de la fila. Hace frío aquí afuera y Naruto abre su chaqueta y me arropa con ella mientras esperamos nuestro turno para entrar.
Le miro mientras nuestros cuerpos quedan el uno junto al otro.
- ¿Vas a bailar conmigo esta noche? – le pregunto.
- Por supuesto –
- Kiba nunca quería bailar conmigo –
- Yo no soy Kiba, y nunca lo seré –
- Y eso es genial –
- ¿El qué? –
- Tenerte a ti, Naruto – titubeo un poco – Es lo único que necesito y quiero que todos lo sepan –
Una vez dentro, Naruto me arrastra a la pista de baile. Hago caso omiso a las miradas estúpidas de los estudiantes norteños de Konoha mientras me acerco a Naruto y nos movemos al ritmo de la música.
Nos contoneamos como si lleváramos toda la vida juntos; cada movimiento parece sincronizado. Por primera vez, no tengo miedo de lo que piense la gente al vernos juntos. El año que viene, cuando esté en la universidad, no tendrá ningúna importancia de qué lado de la ciudad es cada cual.
Kagami, un chico con el que baile la última vez que vine al club Waterfall me da un golpecito en el hombre mientras la música hace vibrar el suelo de la pista.
- ¿Quién es tu nuevo semental? – pregunta.
- Kagami – le saludo – Él es Naruto, mi novio, Naruto él es Kagami –
- Hola – dice Naruto tendiéndole la mano y estrechando la de Kagami.
- Tengo la sensación de que este chico no cometerá el mismo error que cometió el otro – asegura Kagami.
No respondo porque siento las manos de Naruto alrededor de mi cintura y espala, y me siento muy bien al tenerlo aquí conmigo. Creo que le gusta que lo llame novio y a mi me gusta poder decirlo en voz alta. Apoyo la espala contra su pecho y cierro los ojos, dejando que el ritmo de la música fluya y el movimiento de nuestros cuerpos se funda en uno solo.
Después de bailar un rato, necesito un descanso. Salimos de la pista, saco el móvil y le digo - Posa para mí –
En la primera foto intenta aparentar ser un chico malo. Me hace reír. Echo otra antes de que pueda adoptar otra pose.
- Hagámonos una juntos – sugiere, atrayéndome hacia él. Junto la mejilla con la suya mientras el coge el móvil, lo aleja todo lo que puede y congela el momento con un solo click. Una vez hecha la foto, me rodea con sus brazos y me besa.
Me reclino en él y estudio la multitud. En la primera planta, en uno de los palcos, veo a Kiba, la última persona que pensaba encontrar aquí. Kiba odia este local, odia bailar.
Su mirada enojada se cruza con la mía, luego ofrece una exhibición por todo lo alto besando a la chica que lo acompaña, Karin. Y ella le devuelve el beso con todas sus ganas, mientras este le agarra el trasero y se frota contra ella. Ella sabía que yo estaría aquí con Naruto esta noche, es evidente que todo estaba planeado.
- ¿Quieres irte? – pregunta Naruto cuando repara en ellos.
Me vuelvo para mirarlo y una vez más me quedo boquiabierta ante sus hermosos ojos azules.
- No, pero hace mucho calor aquí… quítate la chaqueta –
Él vacila un instante antes de decir – No puedo –
- ¿Por qué no?-
Hace una mueca e imagino lo peor.
- ¿Te paso algo? ¿Estás herido? Dime la verdad, Naruto –
Me aparta un mechón de la cara y lo esconde tras la oreja.
- Estoy bien – me susurra – Este no es territorio de los Akatsuki si no de una banda rival. Tu amigo Kagami es uno de ellos –
¿Qué? Cuando le sugerí que viniéramos no me detuve a pensar en territorios ni afiliaciones a bandas. Yo solo quería bailar.
- ¡Dios! Te he puesto en peligro ¡Salgamos de aquí! – exclamo desesperada.
Naruto me envuelve en sus brazos y me susurra al oído – Solo se vive una vez ¿no? Sigue bailando conmigo –
- Pero… -
Me interrumpe con un beso tan apasionado que me olvido de todo lo demás. Y tan pronto como recupero el aliento, volvemos a estar en la pista de baile.
Corremos el riesgo y nos movemos demasiado cerca de los tiburones, pero salimos sin un arañazo. El peligro que nos acecha acaba por reforzar nuestra mutua complicidad.
En el baño de las chicas, Karin se retoca en el espejo.
La veo y ella repara en mí.
- Hola – digo.
Karin pasa por mi lado sin pronunciar palabra. Es un pequeño atisbo de lo que me espera al ser una chica de la zona norte marginada, pero no me importa.
Cuando acaba la noche, y Naruto me acompaña al coche, le cojo la mano y miro las estrellas.
- Si pudieras pedir un deseo ahora mismo, ¿qué pedirías? – le pregunto.
- Que se detenga el tiempo –
- ¿Por qué? –
Se encoje de hombros y contesta – Podría vivir eternamente este momento. ¿Tu qué pedirías? –
- Ir a la universidad juntos. Aunque tu no quieras pensar en el futuro, yo estoy deseando que llegue. ¿No sería genial ir a la misma universidad? Hablo en serio Naruto –
Se aparta de mí.
- Para alguien que quiere tomarse las cosas con tranquilidad estás haciendo planes con mucha antelación –
- Lo sé. Lo siento, no puedo evitarlo – suspiro – Presente mi solicitud en la Universidad de Konoha, el lugar al que mis padres van a mandar a Hanabi queda muy cerca. No sería tan grave que mandaras una solicitud ¿no crees? –
- Supongo que no –
- ¿En serio? –
Me aprieta la mano con fuerza.
- Lo que sea por hacerte sonreír –
Naruto
- Necesito que me pongas al corriente de la situación de Hinata – explica Shikamaru mientras estamos pasando el rato fuera del almacen – Los chicos están haciendo apuestas paralelas y la mayoría de ellos apuestan por tu ¿saben algo que yo no? –
Me encojo de hombros y miro a Kyubi, resplandeciente tras el último lavado. Si mi moto pudiera hablar, me rogaría que la salvara de Shikamaru. Pero no voy a hablar de Hinata, aún no.
Pain se acerca a nosotros y despacha a Shikamaru con la mano.
- Tenemos que hablar Uzumaki – dice con voz seria – Sobre ese favor del que estuvimos hablando. La noche de Halloween, cogerás un coche de alquiler, lo llevarás al barranco e intercambiarás la mercancía ¿Crees que puedes hacerlo? –
Mi primo tiene razón, la sangre de mi abuelo me corre por las venas, el trapicheo me asegurará el futuro en los Akatsuki, aunque ya sea mi derecho de nacimiento. Otros chicos heredan dinero o negocios, mi única herencia son los Akatsuki.
- No hay nada de lo que no pueda ocuparme – le aseguro con un nudo en el estómago. He mentido a Hinata deliberadamente. Se le iluminó la cara cuando habló de la posibilidad de que fuéramos juntos a la universidad. No pude decirle la verdad: no solo voy a quedarme en los Akatsuki, si no que estoy a punto de hacer un trapicheo con drogas.
Pain me da una palmada en la espalda.
- Este es mi hermano leal. Sabía que la sangre te tiraría más que el miedo. Somos hermanos ¿no? –
- Claro – respondo para que sepa que le soy leal, a él y a la banda. No es el trafico de drogas lo que temo, sino el final de todos mis sueños. Si doy este paso, habré cruzado la línea. Como hizo mi abuelo.
- Hola Naruto –
Yahiko está a mi lado. No me he dado cuenta de que Pain se ha marchado.
- ¿Qué pasa? –
- Necesito tu ayuda – dice Yahiko.
- ¿Tu también? –
Me mira curioso.
- Vamos a dar una vuelta –
Tres minutos más tarde estoy en el asiento de un Camaro rojo prestado.
- ¿Vas a decirme por qué necesitas mi ayuda o quieres mantener el suspeso? –
- Voy a mantener el suspenso –
Pasamos un letrero de BIENVENIDO A
- ¿Suna? – qué mierda quiere hacer Yahiko en este selecto club.
- Confía en mí –
- ¿Qué? –
- Soy una de las pocas personas en que puedes hacerlo –
Me recuesto en el asiento. Soy consciente de que me preocupo demasiado, como los tipos de las películas malas del oeste. He accedido a participar en un trapicheo de drogas y ahora me dirijo a un club de gente rica sin razón aparente.
- Aquí es – anuncia Yahiko.
Levanto la mirada para leer el letrero.
- ¿Qué mierda te pasa? –
No responde.
- Si vas a robar, yo me quedo en el coche –
- No vamos a robarle a un puñado de golfistas – dice Yahiko con una mueca.
- Entonces ¿qué hacemos aquí? –
- Vamos a practicar –
- ¿Qué? Estamos a mitad de Octubre, hace frio –
- Prioridad y percepción –
Sentado en el coche, pienso en el modo de regresar a casa. Volver andando queda descartado, no sé donde está la parada de autobús más cercana y… y… y voy a matar a Yahiko por traerme a un jodido campo de golf.
Me acerco a Yahiko quien coloca pelotas de golf en una cesta. Joder deben haber más de cien.
- ¿De dónde sacaste el palo? – le pregunto.
Yahiko lo balancea en el aire como si fuera una hélice.
- Del tipo que alquila pelotas, ¿vas a practicar tú también? –
- No –
Yahiko señala con el extremo del palo hacia un banco de madera verde situado tras el.
- Siéntate ahí entonces –
Cuando tomo asiento, echo un vistazo a los tipos que golpean sus pelotas en pequeñas secciones, y que nos observan con cautela por el rabillo del ojo. Soy muy consciente de que Yahiko y yo tenemos un aspecto muy distinto del resto de los tipos que hay en el campo. Con vaqueros, camiseta, tatuajes y bandana en la cabeza destacamos entre la mayoría de los golfistas con camisas de golf de manga larga, Dockers y ninguna marca distintiva en la piel.
Normalmente no me importa, pero tras la charla con Pain, lo que me apetece es ir a casa, no convertirme en el espectáculo de nadie. Apoyo los codos sobre las rodillas y observo como Yahiko hace el ridículo.
Yahiko saca una pequeña pelota de golf y la coloca sobre un círculo de goma clavado en el césped artificial. La única reacción que me provoca su swing es una mueca. El palo ni siquiera roza la pelota, pero si conecta con el césped. Mi amigo suelta un taco. El tipo que hay a su lado le mira y se marcha a otra sección.
Yahiko lo intenta de nuevo. Esta vez logra darle a la pelota, pero esta solo avanza unos centímetros por el césped. Sigue intentándolo, pero cada vez que balancea el palo, se pone mas en ridículo ¿cree que está jugando hockey?
- ¿Terminaste? – pregunto una vez la mitad de la cesta está vacia.
- Naruto – me dice Yahiko, inclinando el palo de como si fuera un bastón - ¿No crees que nací para hacer esto? -
- No – respondo.
- Sé que has hablado con Pain – asiento – Yo tampoco creo que hayas nacido para traficar con drogas –
- ¿Por eso estamos aquí? ¿Intentas demostrarme algo? –
- Escucha – insiste Yahiko – Tengo las llaves del coche en el bolsillo y no iré a ninguna parte hasta que termine de golpear todas las pelotas, así que concéntrate en escuchar. No soy tan inteligente como tú, pero he considerado entrar a una universidad sabes, aunque mis opciones sean casi mínimas. Tú… tienes más opciones que yo, debes ir a la universidad y convertirte en alguien. Yo no he nacido para jugar golf, tú no has nacido para traficar drogas. Deja que yo haga el intercambio –
- Ni de broma – le digo – Agradezco que hagas esto y te pongas en ridículo para explicarme tu punto de vista, pero sé lo que tengo que hacer – respondo.
Yahiko coloca una nueva pelota, la golpea y una vez sale rodando por el césped.
- Hinata es bastante guapa. ¿Piensa ir a la universidad? – se lo que pretende Yahiko. Por desgracia, lo conozco muy bien.
- Sí, a la de Konoha – para estar cerca de su hermana, por la que se preocupa más que por sí misma. Yahiko silba.
- Seguro va a conocer a un montón de chicos – me pongo tenso. No quiero pensar eso. Ignoro a Yahiko hasta que regresamos al coche.
- ¿Cuándo vas a dejar de meterte en mis asuntos? – le pregunto.
- Nunca –
- Entonces supongo que puedo meterme en los tuyos. Ahora suelta ¿qué pasa con Konan? –
- Nos divertimos una noche, eso es todo –
- No creo que ella comparta tu opinión –
- Si bueno, ese es su problema – Yahiko enciende la radio y pone música a todo volumen. Nunca ha salido con nadie porque le da miedo involucrarse demasiado. Ni siquiera Konan conoce los abusos que ha sufrido en su casa. En serio, entiendo las razones por las que mantiene las distancias con las chicas que le importan. Porque la verdad es que, a veces, si te acercas demasiado al fuego, acabas quemándote.
Hinata
- Yahiko ¿qué haces aquí? –
La ultima persona a la que esperaría encontrar en la puerta de mi casa.
- Tenemos que hablar –
- ¿Quieres entrar? –
- ¿No pasa nada? – pregunta nervioso.
- No, pasa –
Bueno, probablemente mis padres no opinen lo mismo, pero a mi me parece bien. De todos modos, no creo, que mis padres vayan a decidir de repente no ingresar a Hanabi en una residencia. Estoy cansada de fingir, de temer la ira de mi madre. Este chico es amigo de Naruto y me acepta como soy. Estoy segura de que no le ha resultado fácil decidirse a venir hasta aquí. Abro la puerta de par en par y dejo entrar a Yahiko. Si me pregunta sobre Konan ¿qué le digo? Ella me hizo prometer que guardaría su secreto.
- ¿Quién está en la puerta Hinata? –
- Yahiko – le digo a mi madre – Un amigo del instituto –
- La cena está lista – insinúa mi madre con poca sutileza – Dile a tu amigo que no es muy educado hacer visitas a la hora de la cena – al salir, sus ojos casi se salen al ver la pinta del chico.
Me vuelvo hacia Yahiko - ¿Quieres quedarte a cenar? –
Un acto de rebeldía. Me encanta. Es catártico. Oigo los pasos de mi madre que se marcha hecha una furia a la cocina.
- Esto… no, gracias – responde Yahiko, reprimiento una carcajada – Pensaba que podíamos hablar, ya sabes, de Naruto –
Me alivia saber que no está aquí para preguntarme por Konan, aunque por la seriedad de su expresión no sé si debería empezar a preocuparme.
La acompaño a través de la casa. Pasamos al lado de Hanabi que está en el salón leyendo una revista.
- Hanabi, él es Yahiko, un amigo de Naruto. Yahiko, mi hermana Hanabi –
Al oír el nombre de Naruto, Hanabi grita de alegría.
- Hola Hanabi – dice Yahiko.
Mi hermana solo le sonríe.
- Hanabi, necesito un favor – mi hermana asiente – Necesito que mantengas ocupada a mamá mientras hablo con Yahiko –
Mi hermana sonríe, no me fallará.
Mi madre entra en la habitación, ignorándonos a Yahiko y a mí, mientras toma de la mano a Hanabi y la lleva a la cocina.
Miro a Yahiko con cautela mientras nos dirigimos al exterior para disponer de privacidad, salvos de la curiosidad de mi madre.
- ¿Qué sucede? –
- Naruto necesita ayuda. No quiere escucharme, están tramando un importante trapicheo con drogas y han elegido a Naruto para dirigirlo –
- Él no lo haría, me lo prometió –
La mirada de Yahiko me dice que él no lo tiene tan claro.
- He intentado hacerle entrar en razón – continúa – El problema es que… se trata de traficantes importantes. Hay algo que me huele mal, Hinata. Pain está obligando a Naruto a hacerlo, te juro que no sé por qué –
- ¿Qué puedo hacer yo? –
- Dile que encuentre el modo de librarse. Solo él puede hacerlo –
¿Decírselo? Naruto no soporta que nadie le diga que hacer. Aunque tampoco me lo imagino accediendo a traficar con drogas.
- ¡Hinata! ¡La cena ya está fría! – grita mi madre desde la ventana de la cocina – Y tu padre acaba de llegar, cenemos como una familia por una vez –
El sonido de un plato estrellándose contra el suelo hace que mi madre vuelva a entrar en la casa. Un movimiento muy inteligente de Hanabi, sin duda.
Pero no debo usar a mi hermana para evitar contarles la verdad a mis padres.
- Espera aquí – le digo a Yahiko – A no ser que quieras presenciar una discusión de los Hyuga –
Yahiko se frota las manos – No puede ser peor que las peleas de mi familia –
Entro en la cocina y le doy un beso a mi padre en la mejilla.
- ¿Quién es tu amigo? – me pregunta con cautela.
- Yahiko, te presento a mi padre, papá, él es mi amigo Yahiko –
- Hola – dice Yahiko.
Mi padre asiente con la cabeza. Mi madre hace una mueca.
- Yahiko y yo tenemos que irnos –
- ¿A dónde? – pregunta mi padre, completamente confuso.
- A ver a Naruto –
- Tú no te vas a ningún sitio – suelta mi madre.
Mi padre levanta las manos. No entiende nada - ¿Quién es Naruto? –
- El otro pandillero del que te hablé – espeta mi madre con brusquedad - ¿No recuerdas? –
- Últimamente no me acuerdo de nada – mi madre se levanta con el plato lleno de comida en la mano y lo lanza al fregadero. El plato acaba rompiéndose y la comida saltando por los aires.
- Te hemos dado todo lo que has querido Hinata – asegura mi madre – Coche, ropa de diseño… mi paciencia se agota –
- Todo eso es una frivolidad, mamá. Desde fuera todos los ven como personas triunfadoras, pero como padres dan asco. Les doy un aprobado justo, y siendo generosa, porque si fuera la señorita Yuhi quien los evaluara reprobarían. ¿Por qué les da miedo reconocer que tienen problemas, como el resto de mundo? – me siento estupendamente y no puedo ni quiere detenerme – Naruto necesita mi ayuda, una de las cosas que me hace ser como soy es mi lealtad hacia la gente que me importa. Perdón si les duele o los asusta –
Hanabi inicia un alboroto y todos giramos a verla.
- Hinata – me mira – Buena chica –
Rodeo la mano de mi hermana con los dedos antes de volver a dirigirme a mis padres.
- Si quieren echarme a patadas de aquí o repudiarme por ser quien soy, háganlo y acabemos con la familia perfecta de una vez por todas –
No quiero volver a sentir miedo. Por Naruto, por Hanabi, por mí misma. Es hora de enfrentarme a mis miedos, de otro modo acabaré hundiéndome en el dolor y el remordimiento durante el resto de mi vida. No soy perfecta. Ha llegado el momento de que todo el mundo lo sepa.
- Mamá, voy a pedir una cita con el trabajador social del instituto –
Mi madre frunce el ceño y su rostro adopta una expresión de repugnancia.
- Es una estupidez, quedará para siempre en tu expediente, no necesitas un trabajador social –
- Sí que lo necesito – admito, y armándome de valor añado – Y tú también lo necesitas, todos lo necesitamos –
- Escuchame Hinata, si sales por esa puerta… será mejor que no vuelvas –
- Esto es intolerable – interviene mi padre.
- Lo sé y me siento muy bien – confieso mientras cojo mi bolso. Es todo lo que tengo, aparte de la ropa que llevo puesta. Con una sonrisa, le tiendo la mano a Yahiko - ¿Nos vamos? –
Yahiko no duda un instante, me coge de la mano y dice – Sí –
Ya en su coche:
- No pensé que tuvieras tanto valor –
Yahiko me lleva a la parte más oscura del vecindario, hasta un enorme almacén detrás de la carretera, en una zona aislada. Como si la madre naturaleza pretendiera advertirnos, unas amenazadoras nubes negras cubren el cielo y empieza a descender la temperatura.
Un tipo fornido nos corta el paso.
- ¿Quién es la chica? – pregunta.
- Está limpia – afirma Yahiko.
El chico me mira de arriba a abajo de manera insinuante antes de abrir la puerta.
- Si husmea demasiado deberás responder por ella Yahiko – le advierte.
Lo único que quiero es llevarme a Naruto de allí, lejos del peligro que nos rodea.
- Eh – suena una voz arenosa cuando entramos en el almacén – Si quieres algo que te anime, ven a verme ¿vale? –
- Sigueme e ignoralos – me ordena Yahiko. Me coge por el brazo y me conduce por un largo pasillo. Escucho voces que vienen del lado opuesto del almacén… la voz de Naruto.
- Deja que entre sola – le ruego.
- No es una idea muy inteligente. Espera a que Pain termine de hablar con él – sugiere Yahiko, pero yo no le hago caso.
Camino en dirección a la voz de Naruto. Está hablando con dos tipos más y, por el tono de la conversación, parece algo muy serio. Uno de ellos saco una hoja de papel y se la entrega a Naruto. Es entonces cuando se percata de mi presencia.
Naruto le dice algo en voz muy baja a uno de los hombres antes de doblar el papel y guardarlo en el bolsillo de los vaqueros. Su voz es fría y dura, como su rostro.
- ¿Qué demonios haces aquí? – me pregunta.
- Yo solo… - no puedo acabar la frase porque Naruto me coge del brazo.
- Lárgate, ahora mismo. ¿Quién demonios te trajo? –
Estoy intentando pensar una respuesta cuando Yahiko aparece de entre las sombras.
- Naruto, por favor. Puede que Yahiko me haya traído hasta aquí, pero fue mi idea –
- Eres un cabrón – le increpa Naruto, soltándome para enfrentarse a Yahiko.
- ¿No es este tu futuro Naruto? – le pregunta Yahiko - ¿Por qué te avergüenza mostrarle a tu novia tu segunda casa? –
Naruto suelta un puñetazo directo a su mandibula y Yahiko cae al suelo. Corro hacía él y fulmino a Naruto con la mirada.
- ¡No puedo creer que lo hayas hecho! – le grito - ¡Es tu amigo, Naruto! –
- ¡No quiero que veas este lugar? – exclama él, mientras un hilo de sangre empieza a emanar del labio de Yahiko – No deberías haberña traido – añade algo más calmado – No es su sitio –
- Ni tampoco el tuyo, hermano – duce Yahiko en voz baja – Llevatela, ya vio suficiente –
- Ven conmigo – ordena Naruto, ofreciéndome la mano.
En lugar de ir con él, cojo la cara de Yahiko entre las manos y le inspecciono la herida.
- Dios mío, está sangrando – estoy empezando a perder los papeles. Un poco de sangre es suficiente para provocarme náuseas. Nunca he podido soportar ni la sangre ni la violencia.
Yahiko aparta mis manos con dulzura.
- Estoy bien. Vete con él –
Una voz irrumpe desde la oscuridad, dirigiéndose a Naruto y a Yahiko.
Me estremezco ante la autoridad que proyecta aquella voz. Hasta ahora no estaba asustada, pero ahora sí lo estoy. Es el hombre con el que estaba hablando Naruto. Lleva un traje negro con una camisa de color crudo debajo. Lo vi fugazmente en la boda. Lleca el cabello engominado hacia atrás y es supremamente pálido. Me basta una sola mirada para saber que es alguien muy poderoso dentro de los Akatsuki.. Le acompañan dos hombres corpulentos y de aspecto amenazador.
- ¿Qué está pasando aquí? – grita.
- Nada, Pain – replican Yahiko y Naruto al unísono.
- Llévatela de aquí Uzumaki –
Naruto me coge de la mano y me saca del almacén. No vuelvo a respirar hasta que estamos fuera.
Naruto
- ¡Vayámonos de aquí! Tú y yo, vamos –
Dejo escapar un suspiro de alivio cuando me monto en Kyubi y Hinata se sube de un salto detrás. Me rodea la cintura con los brazos y se sujeta con fuerza cuando salimos a toda velocidad del aparcamiento. Volamos por las calles, que con velocidad acaban convirtiéndose en un borrón. Ni siquiera me detengo cuando empieza a llover.
- ¿Podemos parar ya? – grita Hinata bajo la ensordecedora tormenta.
Aparco bajo un viejo puente abandonado junto al lago. La lluvia golpea el cemento que nos rodea, pero al menos allí podemos resguardarnos.
Hinata baja de la moto de un salto.
- ¡Eres un idiota! - me dice – No puedes hacerlo, es peligroso y es estúpido y… y me lo prometiste – me mira con sus expresivos ojos, llenos de furia y tristeza – Podrías ir a la cárcel, ¡a la cárcel, Naruto! Si a ti no te importa déjame decirte que a mí sí. No voy a dejar que hagas esto –
- ¿Qué quieres oír? –
- Nada. Todo. Sólo, di algo para que no esté aquí sintiéndome una imbécil –
- La verdad es que… - ella mira al suelo – Hinata, mírame –
- No puedo – dice ahora mirando la lluvia – Estoy cansada de pensar en todo lo que puede suceder –
Tiro de ella y la acerco a mí – No pienses, todo va a estar bien –
- Pero… -
- Nada de peros. Confía en mí –
Mi boca se cierra sobre la suya. La fragancia de la lluvia y el olor a galletas me tranquiliza. La rodeo con los brazos. Ella me agarra por los hombros empapados y me reclama más. Deslizo la mano bajo su camiseta y recorro su ombligo con los dedos.
- Ven conmigo – le digo antes de levantarla del suelo y sentarla a horcajadas sobre mi moto.
No puedo dejar de besarla. Le susurro que no puedo vivir sin ella. Le recorro el cuello con mis labios y me detengo un instante allí hasta que ella se inclina hacia atrás y me deja quitarle la camiseta. Puedo hacerle olvidar todas sus inquietudes. Cuando estamos juntos, no puedo pensar en otra cosa que no sea ella.
Me mira mordiéndose el labio inferior. Me encantan tanto sus labios – Pierdo el control de las cosas – me dice.
- Ya lo hemos perdido – le digo, y me froto con ella para demostrarle hasta qué punto lo hemos perdido. Ella contonea las caderas lenta, seductoramente, en una invitación que no merezco. Le rozo los labios con la yema de los dedos. Ella me los besa antes de hacerlos descender hasta su barbilla, su cuello, sus pechos. Hinata me coge la mano.
- No quiero detenerme – le cubro el cuerpo con el mio.
Podría hacerlo. Sé que me lo está pidiendo. Pero entonces aparece la conciencia. La estúpida apuesta que hice con Shikamaru. Y lo que me dijo mi madre sobre lo fácil que es dejar embarazada a una chica.
Cuando hice la apuesta, no sentía nada en absoluto por esta niña rica tan complicada. Pero ahora… mierda, no quiero pensar en mis sentimientos. Los odio, solo sirven para complicarte la vida. Quiero hacer el amor con Hinata, pero no encima de una moto, como si fuera una cualquiera. Alejo mis manos de su cuerpo perfecto. Es lo único sensato que he hecho esta noche.
- No podemos hacerlo así. Aquí no – le digo con voz ronca por la sobrecarga de emoción. Hinata iba a entregarme su cuerpo pese a saber quién soy y lo que estoy a punto de hacer. La realidad es difícil de digerir.
Espero que ella se sienta avergonzada, puede que incluso enfadada. Pero, en lugar de eso, se acurruca en mi pecho y me abraza. "No me hagas esto", quiero decir, pero acabo por rodearla con mis brazos, arropándola.
- Te quiero – le oigo susurrar tan levemente que por un momento creo que son mis propios sentimientos los que me hablan.
Me siento tentado a decir "No lo hagas, ¡no!, ¡no!" Siento una punzada en el estomago mientras la abrazo con mas fuerza. Vaya, si las cosas fueran distintas, nunca la dejaría ir- Escondo el rostro entre su cabello y fantaseo acerca de llevarla lejos de este lugar.
Nos quedamos así durante mucho rato, mucho después de que deje de llover. Cuando por fin salgo del ensueño, la ayudo a bajar de la moto para que pueda ponerse la camiseta.
Hinata me mira con sus ojos llenos de esperanza - ¿Vas a hacer el intercambio? –
Me bajo de Kyubi y camino hasta el final del túnel. Me mojo la mano con el agua que aun resbala por la pared y dejo que el frio se me cuele entre los dedos.
- Tengo que hacerlo – le contesto sin mirarla. Ella se acerca.
- ¿Por qué? ¿Por qué tienes que hacer algo que puede llevarte a la cárcel? –
Acaricio su mejilla suave y pálida con la palma de la mano y la miro con una sonrisa triste.
- ¿No sabías que los pandilleros trafican con drogas? Es parte del trabajo –
- Pues déjalo. Seguro hay un modo de… -
- Todos los que quieren dejarlo, deben enfrentarse a un reto. Torturas, una paliza. Si sobrevives te dejan salir. Déjame decirte algo, solo conozco a una persona que ha salido con vida de un reto. Aunque le zurraron la conciencia y creo que el tipo preferiría estar muerto. Nunca lo entenderás. Mi familia lo necesita –
- ¿Por dinero? – aparto la mano de su cara.
- No, no es por dinero – echo la cabeza hacia atrás con una mueca de desesperación - ¿Podemos cambiar el tema por favor? –
- No quiero que hagas nada ilegal –
- Hinata, tu lo que necesitas es un santo. O un funcionario y yo no soy ninguna de las dos cosas –
- ¿Te importo? –
La miro confundido – Claro que sí –
- Demuéstralo entonces –
Me quito la bandana de la cabeza y me peino el cabello con los dedos.
- ¿Sabes lo difícil que ha sido todo para mí? Mi madre espera que proteja a mi familia desde los Akatsuki, no sé dónde mierda está mi padre, Pain quiere que demuestre mi lealtad a la banda y tú, la única persona con la que siento que puedo llevar una vida normal algún día quieres que te demuestre mi amor haciendo algo que podría poner en peligro a mi familia. Tengo que hacerlo ¿si? Y nadie, ni siquiera tú, va a hacerme cambiar de idea, Ya déjalo –
- ¿Y vas a sacrificar lo nuestro? –
- Maldita sea, no me hagas esto. No tenemos que sacrificar nada –
- Si empiezas a traficar con drogas, se acabó. Yo he sacrificado todo lo que tenía por ti… por nosotros. Mis amigos, mis padres, todo ¿no puedes hacer esto por mi? –
Le doy mi chaqueta cuando empieza a temblar de frío – Toma ponte esto -
Se acabó. Esta es mi vida. Si no puede asumirlo, tendrá que volver con Kiba Inuzuka. O con quien encaje en su molde de príncipe azul.
Me pide que la lleve a casa de Ino.
- Creo que… deberíamos trabajar por separado en el proyecto de química – sugiere antes de devolverme la chaqueta, frente a la enorme casa junto a la playa - ¿Quieres hacer los calentadores o prefieres redactar el proyecto? –
- Como quieras – digo, de nuevo haciéndome el chico malo cuando de verdad siento morir una parte de mí.
- Naruto, no tiene por qué ser así –
Tiene los ojos húmedos. Tengo que salir ya mismo de aquí antes de que aparezcan lágrimas. No podría soportarlo.
- Sí, tiene que ser así – le digo antes de alejarme de allí en la moto.
FIN.
Muchas gracias a todas y todo por apoyar este fic, por sus reviews, y pues… espero no haberlas asustado, claro que sigue, nos vemos en el próximo capi.
