Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto. Me alegró mucho que cayeran en mi broma, por cierto la proxima semana quizás empiece un nuevo fanfic. Ya casi se acercan mis vacaciones, ¡Yeeii!
Química Perfecta. Capítulo 13
Hinata
Tras dos paquetes de pañuelos, Ino dejó de intentar animarme y me permitió llorar hasta que me quedé dormida. Por la mañana, le piso que deje las persianas abajo y las cortinas cerradas. No hay nada malo en quedarse todo el día en cama, ¿verdad?
- Gracias por no decir "te lo dije" - le digo mientras busco en su armario algo que ponerme, pues me ha obligado a levantarme.
Ella está de pie junto al vestidor, maquillándose.
- No lo diré, pero puedes estar segura de que lo pienso -
- Gracias - respondo. Ino saca unos vaqueros y una camiseta de manga larga.
- Toma, ponte esto. No estarás tan guapa como con tu ropa, pero seguirás estando mejor que cualquier chica del instituto -
- No digas eso -
- ¿Porqué? Es la verdad -
- No, no lo es -
- Dime un defecto Hinata -
Me quedó pensando un segundo - Tengo un seno más grande que el otro -
- Hinata, son grandes. A los chicos les obsesionan los senos grandes, da igual si uno es más grande que otro - me levanta y me pone frente al espejo - Eres muy hermosa. Bueno, ahora mismo tienes los ojos rojos y te han salido bolsas después de llorar toda la noche. Pero, te sigues viendo preciosa. Mírate Hinata y di en voz alta: ¡Estoy buena! -
- No -
- Ay, vamos. Te sentirás mejor. Mírate en el espejo y grita: ¡Mis senos son lo máxmo! -
- No -
- ¿No puedes siquiera admitir que tu cabello es hermoso? -
- ¿Hablas contigo misma frente al espejo? - pregunto.
- Claro, ¿quieres ver? - me aparta a un lado y se coloca frente al espejo - No estás nada mal Ino - exclama - Sai es un tipo con suerte - continúa y volviéndose hacia mi añade - ¿Ves? Es fácil -
Sin embargo, en lugar de estallar a carcajadas, me echo a llorar.
- ¿Tan fea soy? -
Niego con la cabeza.
- ¿Es porque no tengo ropa con pedrería? Sé que tu madre te ha echado de casa, pero ¿crees que nos deje entrar para asaltar tu armario? No sé cuánto más puedes durar con mi talla -
Mi madre no llamó anoche para preguntar por mi. Creo que esperaba que lo hiciera, aunque raras veces cumple con mis expectativas. Y mi padre... bueno, probablemente no sepa que anoche no dormí en casa. Pueden quedarse con mi ropa. Aunque puede que más tarde me escape para ver cómo está Hanabi.
- ¿Quieres un consejo? - me pregunta Ino.
La miro con cautela - No lo sé. Nunca te ha gustado la idea de que Naruto y yo saliéramos -
- Eso no es verdad, Hinata. Nunca te he dicho nada. Aun así, creo que cuando se relaja, es un buen chico. Nos divertimos mucho el día que fuimos al lago, Sai también. Me dijo que Naruto era un chico genial. No sé qué ha ocurrido entre ustedes dos, pero tienes dos opciones: o te olvidas de él o sacas toda la artillería -
- ¿Es eso lo que haces tú con Sai? -
Sonríe - A veces, digamos que Sai necesita un toque de atención. Cuando nuestra relación empieza a hacerse monótona, hago algo para reavivarla. No lo interpretes como una excusa para arrodillarte ante Naruto. Pero si realmente es la persona que deseas, ¿qué te impide ir por él? No me gusta verte triste -
- ¿Me veías feliz con él? -
- Obsesionada diría yo. Pero sí, feliz. Más feliz de lo que habías estado en mucho tiempo. Cuando alguien te gusta mucho, sueles estar o muy bien o muy mal. ¿Tiene sentido? -
- Sí -
Naruto
A la mañana siguiente, tras la visita de Hinata al almacén, interrumpo mi desayuno al reparar en una cabeza naranja que se asoma por la puerta principal de mi casa.
- Yahiko, yo de ti mantendría una distancia prudencial - grito.
Mi madre me da una mirada de enojo - Esa no es la manera de tratar a tus amigos, Naruto -
Sigo comiendo mientras ella va a abrirle la puerta a ese... traidor.
- ¿No estarás enfadado todavía conmigo, verdad? - pregunta.
- Por supuesto que no está enfadado contigo, Yahiko. Siéntate y come algo. Hay huevos y algo de tocino -
Yahiko tiene el descaro de darme una palmada en el hombro.
- Te perdono -
Entonces, levanto la mirada, primero a mi madre para asegurarme de que no está prestando atención y luego a Yahiko.
- ¿Me perdonas? -
- Tienes el labio muy hinchado, Yahiko - señala mi madre, examinando la herido que yo he provocado.
Yahiko se palpa con cuidado el labio.
- Sí, me tropecé con un puño. Ya sabe cómo es eso -
- No, no lo sé. Tropiezas con demasiados puños. Un día acabarás en un hospital - sentencia, apuntándole con un dedo acusador - Bueno, debo ir a trabajar. Yahiko, intenta mantenerte alejado hoy de los puños, ¿vale? Naruto, cierra con llave si vas a marcharte -
Miro a Yahiko.
- ¿Qué? -
- Ya lo sabes, ¿cómo pudiste llevar a Hinata al almacén? -
- Lo siento - masculla mientras engulle nuestra comida.
- No, no lo sientes -
- De acuerdo, tienes razón. No lo siento -
Observo asqueado cómo utiliza los dedos para coger la comida y llevársela a la boca.
- No sé cómo te soporto -
- ¿Qué ocurrió anoche con Hinata? - me pregunta, siguiéndome fuera de la casa.
El desayuno amenaza con salir por donde ha entrado, pero esta vez no tiene nada que ver con los modales de mi amigo. Lo cojo por el cuello de la camiseta.
- Hinata y yo ya no somos nada. No quiero volver a escuchar su nombre nunca más -
- Hablando del rey de Roa - canturrea mi amigo estirando el cuello. Lo suelto y me doy la vuelta, esperando toparme de frente con Hinata. Sin embargo, no la veo por ningún lado, y cuando vuelvo a girarme, Yahiko me propina un puñetazo en pleno rostro - Estamos a mano - me mira - Hinata tuvo que dejarte hecho polvo para que me amenaces solo por pronunciar su nombre. Sé que podrías matarme con tus propias manos - asegura Yahiko - Pero dudo que lo hagas -
Saboreo la sangre mientras compruebo que aún tengo la mandíbula en su sitio.
- Yo no estaría muy seguro de eso. Te voy a decir algo. Si no dejas de meterte en mi vida, te daré una paliza. Y eso incluye mis asuntos con Hinata y con Pain -
- Pues yo también tengo que decirte algo. Meterme en tu vida es lo único que me hace seguir adelante. Ni siquiera la paliza que me dio anoche mi viejo al llegar ebrio me entretiene tanto como tu vida -
Agacho la cabeza - Lo siento, por golpearte. Ya tienes bastante con tu viejo -
Yahiko murmura un - No te preocupes -
Anoche fue la primera vez en la que me arrepentí de haber utilizado los puños contra alguien. A Yahiko le ha pegado tantas veces su viejo que probablemente llevará cicatrices el resto de su vida. Soy un verdadero idiota por haber actuado así. En cierto modo, me alegra que todo acabara entre Hinata y yo. No soy capaz de controlar mis sentimientos y emociones cuando estoy con ella.
Mi única esperanza es poder evitarla fuera de la clase de química. Sí, eso es, porque aunque no esté cerca de ella, no puedo quitármela de la cabeza.
Una de las ventajas de haber roto con Hinata es que, durante estas dos semanas, he tenido tiempo para reflexionar sobre el asesinato de mi abuelo. La noche en cuestión ha empezado a regresar a mi mente en forma de destellos. Algo no encaja, pero no logro adivinar el qué. Mi abuelo sonreía, hablaba, y justo antes de que le dispararan, le vi sorprendido y nervioso, ¿no tendría que haberse sentido así todo el tiempo?
Esta noche es Halloween. Y también es la noche que Pain ha elegido para llevar a cabo la operación. He estado inquieto todo el día. He trabajado en siete coches diferentes, y les he hecho de todo, desde cambio de aceite hasta reemplazo de juntas desgastadas o agujereadas.
Guardo la pistola de Pain en el cajón de mi habitación, no quiero andar por ahí armado hasta que no sea necesario. Aunque en realidad es una estupidez, porque esté será el primer trapicheo de los muchos que me esperan durante el resto de mi vida.
"Eres como el viejo". Intento no darle importancia a la voz que resuena en mi cabeza y que me ha atormentado todo el día. "Como el viejo"
No puedo evitarlo. Recuerdo todas las veces que mi abuelo me decía: "Somos colegas, Naruto. Tu y yo nos entendemos muy bien. ¿Algún día serás tan fuerte como tu abuelo?", me preguntaba. Y yo siempre levantaba la mirada hacia él y le contestaba con absoluta devoción "Claro, quiero ser como tu"
Mi abuelo nunca me dijo que podía llegar a ser mejor que él ni que había otra forma de hacer las cosas. Sin embargo, esta noche demostraré que soy como mi viejo. He intentado comportarme de otro modo, asegurando a mi familia, invitando a Konohamaru a otro destino. Soy un idiota por pensar que puedo ser un modelo para alguien.
Mis pensamiento vuelven a centrarse en Hinata. He intentado olvidar que irá con alguien al baile de Halloween. Su ex, según me ha parecido entender. Intento apartar de mi mente el hecho de que otro tipo le ponga las manos encima.
Estoy seguro de que intentará besarla. ¿Quién no iba a querer besar esos labios dulces, suaves, aterciopelados?
Esta noche trabajaré hasta la hora en la que tengo que acudir a mi cita. Si me quedo solo en casa, me volveré loco dándole vueltas a todo.
Me resbala de las manos el remachador y me golpea en toda la frente. Sin embargo, no me enfado conmigo mismo, sino con Hinata. A las ocho, estoy más enfadado con mi compañera de laboratorio que con nadie en este mundo, aunque no sé si tengo derecho a estarlo.
Hinata
Estoy frente al taller de Deidara, haciendo ejercicios de respiración para controlar los nervios. Sé que Naruto está solo porque no veo el auto del dueño del garaje por ningún lado.
Estoy aquí, decidida y dispuesta a seducirlo.
Si lo que llevo puesto no llama su atención, nada lo hará. Voy a dar todo, como Ino dijo, voy a sacar toda la artillería. Llamo a la puerta, cierro los ojos y rezo para que todo salga como lo he planeado.
Me abro la chaqueta de satén larga y plateada y la fresca brisa nocturna me acaricia la piel. Cuando el chasquido de la puerta me alerta de la presencia de Naruto, abro lentamente los ojos. Pero no son los ojos azules de Naruto los que observan mi cuerpo ligero de ropa. Es Deidara, que tiene la vista clavada en mi sujetador de encaje rosa y en mi falta de animadora como si acabara de tocar la lotería.
Muerta de vergüenza, me cubro con la chaqueta. Si también pudiera esconder la cabeza dentro de ella, lo haría.
- Naruto - grita Deidara, estallando en carcajadas - Una niña que pide caramelos pregunta por ti -
Es posible que tenga la cara del color de una cereza, pero estoy decidida a seguir adelante. Estoy aquí para demostrarle a Naruto que no pienso dejarlo.
- ¿Quién es? - pregunta la voz de Naruto desde el interior del garaje.
- Yo ya me iba - me dice Deidara, pasando por mi lado - Dile a Naruto que cierre el taller cuando se vaya. Hasta otra -
Deidara cruza la sombría calle mientras canturrea en voz baja.
- Deidara, ¿quién...? - la voz de Naruto se desvanece cuando llega a la puerta del taller. Me mira con furia - ¿Necesitas indicaciones para llegar a algún sitio en particular o has venido para que te arregle el coche? -
- Ninguna de las dos cosas - respondo.
- ¿Buscas caramelos en esta zona de la ciudad? -
- No -
- Se acabó, Hinata ¿lo entiendes? ¿Porqué sigues entrometiéndote en mi vida y atormentándome de este modo? Además, ¿no tendrías que estar en el baile de Halloween con algún tipo del instituto? -
- No importa nada de eso, ¿podemos hablar? -
- No, tengo mucho trabajo que hacer. ¿A qué viniste? ¿Dónde esta Deidara? -
- Se ha ido - le informo - Creo que lo asuste -
- ¿Tú? Lo dudo mucho -
- Le he enseñado lo que llevo bajo el abrigo -
Naruto arque las cejas.
- Déjame entrar, por favor - le ruego - Terminaré congelada aquí afuera - miro hacia atrás, la oscuridad ahora me parece aterradora y el corazón me late con fuerza. Me encojo bajo el abrigo, tengo la piel de gallina y empiezo a temblar.
Naruto deja escapar un suspiro, me conduce al interior del taller y cierra la puerta. Afortunadamente hay un calefactor en medio del local. Me planto frente a él y empiezo a frotarme las manos.
- Mira - le escucho - De verdad me alegro que hayas venido, y lo que es más que no hayas salido con cualquier estúpido, pero... ¿no rompimos hace poco? -
- Quiero que lo intentemos de nuevo - casi grito - Fingir que solo somos compañeros de laboratorio ha sido una tortura - lo miro soportando la tormenta de sentimientos interna que me aflige - Te echo de menos - le digo, sus ojos se abren - ¿Tu... tu me has echado de menos? -
Parecen asaltarlo las dudas. Ladea la cabeza, como si no estuviera muy seguro de haber oído bien.
- Sabes que aún estoy en los Akatsuki, ¿verdad? -
- Lo sé, y lo acepto -
- Nunca podré cumplir con tus expectativas -
- ¿Y si te dijera que no tengo ninguna? - aspira una profunda bocanada de aire y la suelta lentamente. Sé que está reflexionando porque su expresión se ha vuelto muy seria.
- Voy a decirte algo - dice finalmente - Te quedarás mientras termino de cenar. No preguntaré qué llevas, o mejor dicho, lo que no llevas bajo el abrigo, ¿trato hecho? -
Sonrió con vacilación y me arreglo el cabello con las manos.
- Trato hecho -
- No tienes que hacer eso por mí - me asegura, apartándome la mano suavemente del pelo - Traeré una manta para que no te ensucies -
Espero hasta que saca una manta de lana de color verde de un armario. Nos sentamos sobre ella y Naruto mira el reloj.
- ¿Quieres un poco? - pregunta, señalando la comida. Tal vez si como algo, consiga tranquilisarme.
- ¿Qué es? -
- Comida mexicana, enchiladas, son una delicia - explica cortando un pedacito y pasándomelo - Si toleras el picante, claro -
- Me gusta el picante - le interrumpo, metiéndomelo en la boca. Empiezo a masticar, deleitándome con la mezcla de sabores. No obstante, al tragarlo la lengua me empieza a arder. En algún lugar remoto puedo distinguir el sabor, pero sigue picando mucho - Pica - es lo único que puedo articular mientras intento tragar.
- Te lo advertí - Naruto me pasa su vaso - Bebe. Es mejor la leche, pero solo tengo agua -
Cojo el vaso. El líquido me enfría la lengua, pero cuando lo apuro siente que el fuego se reaviva.
- Agua - imploro.
Naruto rellena el vaso - Bebe lo que quieras, aunque dudo que sirva de algo. Pronto se pasará -
En lugar de bebes, esta vez meto la lengua en el líquido y la dejo ahí.
- ¿Estás bien? -
- ¿A ti te parece? - le digo.
- Lo cierto es que resulta erótico verte así, con la lengua a remojo. ¿Quieres más? - pregunta con picardía, comportándose como el Naruto de siempre.
- No - digo con la lengua aún en el vaso.
- ¿Todavía te pica? -
Aparto el vaso para contestarle - Parece que tengo un millón de jugadores de fútbol clavándome las botas en la lengua -
- Auch - se lamenta entre risas - ¿Sabes? Una vez me dijeron que lo mejor para calmar el picor es besar a alguien -
- Bonita manera de insinuar que quieres besarme -
El me mira fijamente y me atrae con sus ojos azules.
- Yo siempre quiero besarte -
- No será tan fácil. Quiero respuestas. Primero las respuestas y luego los besos -
- ¿Por eso has venido hasta aquí desnuda bajo esa chaqueta? -
- ¿Quién dice que vaya desnuda? - le diga, acercándome a él.
Naruto deja el plato sobre la manta. Si la boca me quema aún, apenas me doy cuenta. Ahora me toca a mí controlar la situación.
- Juguemos a algo. Lo llamo haz una pregunta y desnúdate. Cada vez que formules una pregunta, tendrás que quitarte una prenda. Yo haré lo mismo -
- Calculo que me da para unas siete preguntas. ¿Cuántas tienes tú? -
- Acabas de hacerme una pregunta - le digo, él asiente y se quita uno de sus zapatos - ¿Porqué no empiezas con la camiseta? - le pregunto.
- Confío que sepas que acabas de hacerme una pregunta. Creo que es un ejemplo... -
- No es una pregunta - insisto.
- Acabas de preguntarme por qué no empiezo por la camiseta - dice con una sonrisa.
Se me acelera el pulso. Me bajo la falda de animadora y escondo las piernas bajo la chaqueta.
- Solo me quedan cuatro prendas - Naruto intenta mantenerse distante, pero en sus ojos distingo un deseo que no había visto hasta ahora. Y la estúpida sonrisa desaparece de su rostro cuando se pasa la lengua por los labios.
- Necesito un cigarrillo. Es muy difícil dejar. ¿Dijiste cuatro? -
- Eso sonó como una pregunta Naruto -
Él niega con la cabeza.
- No, chica lista, no era una pregunta. Pero ha sido un buen intento. Veamos ¿cuál es la verdadera razón que te ha traído hasta aquí? -
- Quería demostrarte cuánto te quieto - respondo.
Naruto parpadea un par de veces, pero no demuestra emoción alguna. Esta vez se quita la camiseta y la deja a un lado, mostrando su torso bronceado. Me arrodillo a su lado, esperando poder tentarlo y hacerle perder el control.
- ¿Quieres ir a la universidad? Di la verdad -
Él vacila un instante - Si mi vida fuera diferente, sí -
Me quito una sandalia.
- ¿Te acostaste con Kiba? - me pregunta.
- No -
Se quita el zapato derecho, sin dejar de mirarme en ningún momento.
- ¿Lo hiciste con Sakura? - le pregunto yo.
Duda antes de contestar - No quieres saberlo -
- Sí que quiero, quiero saber todo. Las mujeres con las que has estado, la primera persona con la que te acostaste... -
Él se frota la nuca, como si le hubiera dado un tirón y quisiera aliviar el dolor.
- Vaya, eso son muchas preguntas - dice - Sakura y yo... bueno, sí, nos acostamos. La última vez fue en abril. Por entonces, aún no sabía que me estaba engañando con otro. No recuerdo muy bien las aventuras anteriores a Sakura. Atravesé un periodo de un año en el que me apetecía salir con una chica diferente cada semana. Y me acosté con la mayoría. Fue una tontería -
- ¿Usaste siempre protección? -
- Sí -
- ¿Quieres contarme tu primera vez? -
- Mi primera vez fue con Konan -
- ¿Konan? - pregunto, confuda. Naruto asiente.
- No es lo que crees. Ocurrió el verano antes de entrar al instituto y ambos queríamos zanjar el tema de la virginidad y averiguar por qué todo el mundo le daba tanta importancia al sexo. Fue horrible. Yo estuve muy torpe y ella se paso casi todo el tiempo riendo. Ambos llegamos a la conclusión de que no había sido muy buena idea intentarlo con alguien que era casi como un hermano. Vale, has hecho muchas preguntas. Ahora por favor, quítate la chaqueta -
- Aún no. Si te has acostado con tantas chicas, ¿cómo sé que no has pillado alguna enfermedad? Dime que te has hecho pruebas -
- Cuando me pusieron las grapas en el hospital, me hicieron varios análisis, créeme, estoy sano -
- Yo también. Por si te lo estás preguntando - me quito la otra sandalia, contenta por no sentirme como una estúpida no que el se enoje por hacerle tantas preguntas - Te toca -
- ¿Alguna vez has pensado en hacer el amor conmigo? - suelta, quitándose un calcetín mientras espera mi respuesta.
Naruto
- Sí - responde Hinata - ¿Y tú? ¿Has pensado alguna vez en hacer el amor conmigo? -
Todas las noches sueño despierto, fantaseo con ella, con dormir a su lado... con hacerle el amor.
- Ahora mismo, no puedo pensar en otra cosa - miro el reloj. Pronto tendré que irme. A los traficantes de drogas no les importa mucho la vida sentimental de cada cual. No puedo llegar tarde, pero deseo tanto a Hinata - Lo próximo que tendrás que quitarte será el abrigo, ¿segura de que quieres seguir? -
Me quito el otro calcetín. Lo único que me falta para quedarme completamente desnudo son los vaqueros y los calzoncillos.
- Sí, quiero seguir - asegura, sonriendo de oreja a oreja, con sus preciosos labios rosados brillando bajo la luz - Apaga las luces antes de que... me quite el abrigo -
Apago las luces del taller y la observo mientras se pone de pie sobre la manta y se desabrocha el abrigo con dedos temblorosos. Estoy en trance, sobre todo porque me mira mientras lo hace, me mira con esos ojos plateados llenos de deseo.
Cuando se abre lentamente el abrigo, no puedo apartar la mirada del regalo que oculta en su interior. Se acerca a mí, pero tropieza con un zapato.
La cojo a tiempo y la ayudo a recostarse sobre la suave manta. Entonces me coloco encima de ella.
- Gracias por evitar que me caiga - dice. Le cuesta respirar.
Le retiro un mechón de la cara y me pongo a su lado. Cuando ella me rodea el cuello con los brazos, lo único que deseo es protegerla durante el resto de mi vida. Le quito el abrigo y me alejo un poco para observarla. Solo lleva puesto un sujetador de encaje rosa. Nada más - Como un ángel - susurro.
- ¿Terminó el juego? - pregunta nerviosa.
- Sí. Lo que viene a continuación es todo, menos un juego -
Apoya sus uñas perfectamente arregladas sobre mi pecho. ¿Sentirá lo acelerado que está mi corazón en este momento?
- Traje... preservativos - dice.
Si hubiese sabido... si hubiera imaginado que esta noche sería "la noche", habría venido preparado. Supongo que no imaginaba que esto realmente sucedería con Hinata. Introduce la mano en el bolsillo del abrigo y una docena de preservativos se esparce sobre la manta.
- ¿Tenías planeado hacerlo varias veces? -
Avergonzada, se cubre la cara con ambas manos.
- Solo he cogido un puñado -
Le aparto las manos y froto mi frente contra la suya.
- Estoy bromeando. No seas tan tímida conmigo - cuando se deshace de la chaqueta, sé que me odiaré por tener que dejarla allí cuando me vaya. Ojalá pudiéramos pasar juntos toda la noche. Y sin embargo, sé que los deseos solo se cumplen en los cuentos de hadas.
- ¿No vas... a quitarte los pantalones - me pregunta.
Ojalá pudiera tomarme mi tiempo y hacer que esta noche durará para siempre. Es como estar de excursión en el paraíso y saber que has de regresar al infierno. Le recorro el cuello y los hombros con mis besos, lentamente.
- Soy virgen, Naruto. ¿Y si hago algo mal? -
- Nada va a salir mal. Esto no es un examen de la señorita Yuhi. Solo estamos tu y yo. El resto del mundo no importa ahora mismo, ¿de acuerdo? -
- Bien - contesta ella en voz baja.
Tiene los ojos brillantes, ¿estará llorando?
- No te merezco. Lo sabes ¿verdad? -
- ¿Cuándo te darás cuenta de que no eres malo? - suelta y al ver que no respondo me obliga a acercar la cabeza a la suya - Esta noche mi cuerpo es tuyo, Naruto - me susurra cerca de los labios - ¿Lo deseas? -
- No sabes cómo - la beso, como nunca. Mientras nos besamos me deshago de los vaqueros y de los calzoncillos y la abrazo con fuerza, sintiendo la suavidad y el calor de su cuerpo contra el mío - ¿Asustada? - le murmuro al oído cuando creo que está preparada. Yo lo estoy y ya no puedo esperar más.
- Un poco, pero confío en ti -
- Relájate -
- Lo intento -
- No funcionará si no te relajas - le digo, apartándome un poco para coger uno de los preservativos con una mano temblorosa - ¿Estás segura de esto? -
- Sí, estoy segura. Te quiero Naruto - confiesa - Te quiero - repite esta vez casi con desesperación.
Dejo que sus palabras fluyan a través de mi y me contengo. No quiero hacerle daño. ¿A quién pretendo engañar? Para una chica la primera vez siempre es dolorosa, por muy cuidadoso que sea el chico.
Quiero decirle cómo me siento, confesarle cómo ha llegado a convertirse en el centro de mi existencia. Pero no puedo. Soy incapaz de pronuncia palabra alguna - Hazlo - ruega ella, notando mi vacilación. Así que obedezco, pero cuando ella ahoga un gemido, deseo poder evitarle todo el dolor que siente.
Aspira por la nariz y se enjuga una lágrima que le resbala por la mejilla. No puedo soportar verla sufrir. Por primera vez desde que vi morir a mi abuelo, se me escapa una lágrima.
Ella me sujeta la cabeza entre las manos y me borra la lágrima con sus besos.
- Estoy bien, Naruto -
Pero a mí no me lo parece. Tengo que hacer que sea perfecto. Porque puede que nunca tenga otra oportunidad y ella tiene que saber lo hermoso que puede llegar a ser este momento.
Pronto, noto que su cuerpo deja de tensarse y los sonidos que emite ya no son de dolor, estamos disfrutando, juntos. Aquí, en una manta, nada glamoroso, me está entregando su primera vez.
Más tarde, la acerco hacia mi. Hinata se acurruca entre mis brazos mientras yo le acaricio el cabello, ambos deseosos de alargar aquella intimidad todo el tiempo que podamos.
No puedo creer que haya compartido su cuerpo conmigo. Debería sentirme exultante, pero en lugar de eso, me siento como una mierda.
No podré protegerla por el resto de mi vida de los tipos que quieran estar con ella, verla como yo la he visto, tocarla como la he tocado hoy. No quiero dejarla marchar nunca.
Pero ya es demasiado tarde. No puedo perder más tiempo. Al fin y al cabo, ella no será mía para siempre y no puedo fingir por más tiempo.
- ¿Estás bien? - le pregunto.
- Sí -
- Tengo que marcharme - le digo, mirando el reloj digital sobre una de las cajas de herramientas.
Hinata apoya la barbilla en mi pecho - Vas a dejar los Akatsuki, ¿verdad? -
El cuerpo se me agarrota.
- No - le digo con la voz cargada de angustia. Joder, ¿por qué me pregunta eso?
- Ahora todo es diferente, Naruto. Hicimos el amor -
- Lo que hemos hecho ha sido genial. Pero no cambia nada -
Ella se pone de pie, recoge su ropa y empieza a vestirse en un rincón.
- Entonces ¿soy solo otra que puedes añadir a la lista de las chicas con las que te has acostado? -
- No digas eso -
- ¿Por qué no? Es la verdad ¿no? -
- No -
- Demuéstralo Naruto -
- No puedo - ojalá pudiera decirle otra cosa. Tiene que saber que las cosas siempre serán así. Tendré que dejarla plantada una y otra vez por que los Akatsuki no dejarán de reclamarme. Hinata, que ama con el corazón y el alma, es como una droga. Se merece algo mejor - Lo siento - le digo después de ponerme los pantalones, ¿qué otra cosa puedo decirle?
Ella aparta la mirada y camina hacia la salida del garaje como si fuera un robot.
Cuando oigo el chirrido de neumáticos, se me disparan todas las alarmas. Un coche se dirige hacia nosotros... El RX-7 de Shikamaru.
Esto no pinta nada bien.
- Sube al coche - le ordeno.
Pero ya es demasiado tarde. El RX de Shikamary se detiene frente a nosotros con un frenazo. Le acompañan unos cuantos chicos de los Akatsuki.
- ¡No me lo puedo creer! ¡Ganaste la apuesta! - grita Shikamaru desde el interior del vehículo.
Intento esconder a Hinata detrás de mí, pero es inútil. Pueden ver con toda claridad sus piernas desnudas sobresaliendo del abrigo.
- ¿A qué se refiere? - me pregunta. Siento la necesidad de quitarme los pantalones y dárselos para que se los ponga. Si se entera de la apuesta, pensará que esa es la razón por la que me he acostado con ella. Tengo que conseguir que se marche, y rápido.
- Nada, tonterías - le aseguro - Sube al coche. Si no lo haces, te subiré yo mismo -
Oigo cómo se abre la puerta del coche de Shikamaru al mismo tiempo que la del de Hinata.
- No te enfades con Yahiko - me ruega antes de acomodarse en el asiento del conductor.
¿De qué está hablando? - Vete - insisto, sin tiempo de preguntarle qué ha querido decir con eso - Hablaremos más tarde - Hinata acelera y se pierde en la noche.
- Vaya - masculla Shikamaru, mirando la parte posterior del BMW con interés - Tenía que averiguar si Deidara me estaba diciendo la verdad. Te has acostado con Hinata Hyuga, ¿verdad? ¿Lo grabaste? -
Mi respuesta es un fuerte puñetazo en el estómago de Shikamaru, quien cae de rodillas al suelo. Me monto a horcajadas sobre la moto y enciendo el moto. Cuando diviso el Camry de mi primo, me detengo a su lado.
- Escucha, Naruto - dice Deidara a través de la ventanilla abierta - Lo siento mucho -
- Me largo - interrumpo antes de lanzarle las llaves del taller y marcharme.
De camino a casa, no dejo de pensar en Hinata y en lo mucho que significa para mí.
Entonces, la realidad me golpea.
No quiero hacer el intercambio.
Ahora entiendo todas esas películas románticas de las que tanto me he reído. Porque, en este instante, me convierto en el idiota sensiblero que lo arriesga todo por su chica. Estoy enamorado...
Que les den a los Akatsuki. Puedo proteger a mi familia y, al mismo tiempo, ser coherente conmigo mismo. Hinata tenía razón. Mi vida es demasiado importante como para tirarla por la borda traficando con drogas. Lo cierto es que quiero ir a la universidad y hacer algo positivo con mi vida.
No soy como mi abuelo. Mi abuelo era un hombre débil que eligió el camino más fácil. Yo aceptaré el reto para abandonar a los Akatsuki, sin pensar en las consecuencias. Y si sobrevivo, regresaré a Hinata como un hombre libre. ¡Lo juro!
No soy ningún traficante. Pain se llevará una decepción, pero solo entré en la banda para proteger a mis vecinos y a mi familia, no para traficar con drogas. ¿Desde cuándo se ha convertido eso en una necesidad?
Desde la detención, todo ha pasado muy rápido. Estuve en la cárcel, y Pain pagó la fianza. Después de preguntar a otros miembros de la banda sobre la noche en la que murió mi abuelo, Pain y mi madre tuvieron una discusión acalorada. Y ella tenía moretones. Y ahora Pain me presiona con el tema del intercambio.
Yahiko intentó avisarme, estaba convencido de que algo no encajaba.
Me devano los sesos y las piezas empiezan a encajar lentamente. Joder, tenía la verdad delante de las narices y no he sido capaz de verla. Solo hay una persona que puede decirme lo que sucedió la noche que asesinaron a mi abuelo.
Entro a mi casa hecho una furia y encuentro a mi madre en su habitación.
- Sabes quién mató al abuelo, ¿verdad? -
- Naruto, no -
- Fue un Akatsuki, ¿no? La noche de la boda hablaste con Pain. Él sabe quién fue y tu también -
Las lágrimas empiezan a inundarle los ojos.
- Te lo advierto Naruto, no lo hagas -
- ¿Quién fue? - pregunto, ignorando sus súplicas.
Ella aparta la mirada.
-¡Dimelo! - grito con todas mis fuerzas. Mis palabras la sobresaltan.
Me he pasado tanto tiempo deseando alejarla del sufrimiento, que nunca se me ha ocurrido preguntarle si sabía algo del asesinato de mi abuelo. O quizás no quería saberlo porque la verdad me asustaba. Ya no puedo soportarlo más.
Se lleva una mano a la boca, respira lentamente, con dificultad - Pain... fue Pain - a medida que asimilo la verdad, una mezcla de terror, conmoción y dolor se extiende por mi cuerpo como un fuego incontrolable. Mi madre me lanza una mirada cargada de tristeza - Yo solo quería protegerte. Eso es todo. Tu abuelo deseaba salir de los Akatsuki y lo asesinaron. Pain quería que tu ocuparas su lugar. Me amenazó, Naruto, me dijo que si no entrabas en la banda, toda la familia acabaría como tu abuelo, por eso tu padre se marchó - no puedo escuchar más. Pain lo organizó todo para que me arrestaran, para que le debiera un favor. Y también organizó lo del intercambio, engañándome para que creyera que era un paso hacia adelante cuando, en realidad, tan solo era un paso más hacia su trampa. Probablemente sospechara que, tarde o temprano, alguien me contaría la verdad. Me dirijo a toda prisa hasta mi armario. Tengo muy claro lo que he de hacer; enfrentarme al asesino de mi abuelo.
El arma ha desaparecido.
- ¿Has husmeado en mi cajón? - le gruño a Konohamaru agarrándole por el cuello de la camiseta cuando lo encuentro en el sofá del salón.
- No, Naruto - responde - ¡Creéme! Yahiko estuvo aquí antes y entró a la habitación, dijo que tomaría una de tus chaquetas -
Yahiko se ha llevado mi pistola. Debería haberlo supuesto. ¿Pero cómo sabía Yahiko que no llegaría a casa y o pillaría con las manos en la masa?
Hinata.
Hinata me ha estado entreteniendo toda la noche, a propósito. Me ha pedido que no enfadara con Yahiko. Ambos están intentando protegerme, porque yo he sido demasiado estúpido y cobarde como para enfrentarme a lo que tenía delante de las narices.
Las palabras de Hinata cuando ha subido al coche resuenan ahora en mi cabeza "No te enfades con Yahiko"
Vuelvo a la habitación de mi madre.
- Si esta noche no regreso, llévate a Konohamaru lejos, busca a papá - le digo.
- Pero, Naruto... -
Me siento en el borde de su cama.
- Mamá, están en peligro. Salva a Konohamaru de ser esto, de este destino. Por favor -
- Naruto, no hables así, tu abuelo hablaba así -
"Yo soy como el abuelo", quiero decirle. He cometido los mismos errores, pero no dejaré que a mi familia le ocurra lo mismo.
- Prométemelo, necesito oírlo, te hablo en serio -
Las lágrimas le resbalan por la mejillas. Me besa y me abraza con fuerza.
- Te lo prometo. Te lo prometo -
Me monto en la moto y llamo a Haku, alguien que nunca pensé que llamaría para pedir consejo. E insiste en que haga algo a lo que jamás pensé que recurriría, llamar a la policía e informarles lo que está sucediendo.
Continuará...
