Ya saben, los personajes son míos solo en sueños porque en la realidad son de M. Kishimoto.

Química Perfecta. Capítulo 14

Hinata

Llevo sentada cinco minutos frente a la casa de Ino. Todavía no puedo creer que Naruto y yo lo hicimos. No me arrepiento de nada, pero todavía no me lo creo.

Sin embargo, esta noche he podido sentir la desesperación en Naruto, como si quisiera demostrarme algo con acciones en lugar de palabras. Soy una estúpida por haberme puesto sensible, pero no pude evitarlo. He derramado lágrimas de alegría, de felicidad y de amor. Y cuando vi que se le escapaba una lágrima, la besé... quería conservarla para siempre porque era la primera vez que Naruto me permitía ver esa faceta suya. Naruto nunca llora, no deja que nada le afecte hasta el punto de ponerse sentimental.

Pero esta noche ha cambiado, aunque se niegue a admitirlo.

Yo también he cambiado.

Entro a casa de Ino. Mi amiga está sentada en el sofá de su salón. Mi padre y mi madre están acomodados junto a ella.

- Vaya, ahora eres mediadora - le digo en broma.

- No soy nada Hinata, es sólo una charla - explica Ino.

- ¿Por qué? -

- ¿Qué no es obvio? - pregunta mi padre - Te has ido de casa -

Me planto frente a ellos preguntándome cómo llegamos aquí. Mi madre lleva un traje de chaqueta y pantalón negro, y tiene el cabello recogido en un moño, como si estuviera lista para un funeral. Mi padre lleva puestos unos vaqueros y una sudadera, y tiene los ojos inyectados en sangre. Estoy segura de que ha pasado toda la noche en vela. Tal ve mi madre también, pero jamás permitiría que se le notara. Se ha maquillado, enmascarando todo.

- No puedo seguir fingiendo que soy la hija perfecta - les explico con tranquilidad - Deben aceptarlo -

Mi padre frunce el ceño, como si estuviera esforzándose por mantener la compostura - No queremos que seas perfecta - le aprieta la mano a mi madre - Dile cómo te sientes -

Mi madre niega con la cabeza, como si no entendiera por qué estoy sacando las cosas de quicio.

- Hinata, esto ha ido demasiado lejos. Deja de hacer pucheros, de rebelarte de ser egoísta. Tu padre y yo no queremos que seas perfecta. Solo queremos lo mejor para ti, eso es todo -

- ¿Es porque Hanabi, por mucho que lo intente, no es capaz de cumplir sus expectativas? -

- No metas a Hanabi en esto - ruega mi padre - No es justo -

- ¿Por qué no? Todo esto es por ella - me siento derrotada, como si por mucho que intentara explicárselo, ellos nunca llegaran a entenderlo. Me desplomo sobre la afelpada silla de terciopelo frente a mis padres - Y además, no me he escapado. Estoy en casa de mi mejor amiga -

Mi madre se aparta una pelusilla del muslo - Y se lo agradecemos. Nos ha contado todo lo sucedido, nos ha informado a diario -

Miro a mejor amiga. Está sentada en una esquina, como si fuera una espectadora de la crisis familiar de los Hyuga. Ino levanta las manos con aires de culpabilidad y se dirige a la puerta para repartir caramelos a los últimos chicos que acaban de llamar a la puerta.

Mi madre se endereza en el borde del sofá - ¿Qué tenemos que hacer para que vuelvas a casa? -

Espero demasiado de mis padres, tal vez más de lo que ellos pueden darme.

- No lo sé -

Mi padre se lleva la mano a la frente, como si le doliera la cabeza.

- ¿Tan mal te sientes en casa? -

- Sí. Bueno, no tan mal. Pero es muy estresante. Mamá, me sacas de mis casillas. Y papá, no soporto verte ir y venir como si vivieras en un hotel. Somos extraños viviendo bajo el mismo techo. Los quiero mucho a los dos, pero no quiero ser siempre la mejo, tan solo deseo ser como soy. Me gustaría ser libre de tomar mis propias decisiones y aprender de mis errores sin que sienta pánico, culpa o preocupación por no estar cumpliendo sus expectativas - les explico a punto de llorar - No quiero decepcionarlos, sé que Hanabi no puede ser como yo. Lo siento mucho, pero... por favor, no la manden a un centro por mi culpa -

Mi padre se arrodilla junto a mí - No lo sientas, Hinata. No vamos a hacerlo por ti. La discapacidad de Hanabi no es culpa tuya, no es culpa de nadie -

Mi madre no dice nada, está muy rígida, con la mirada fija en la pared, como en un trance.

- Es mi culpa - suelta de repente.

Los dos la miramos fijamente porque esas son las últimas palabras que esperábamos oír de su boca.

- Querida - interviene mi padre, intentando atraer su atención.

- Mamá, ¿de qué estás hablando? - pregunto.

Sigue mirando al frente.

- Todos estos años me he estado culpando -

- Tu no tienes la culpa - le dice mi padre.

- Cuando tuve a Hanabi, la lleve al jardín de infancia - sigue mi madre en voz baja, como hablando consigo misma - Confieso que envidiaba a las otras madres. Tenían niños normales que podían jugar y hablar con los demás. La mayoria de las veces me miraban con lástima. No lo soportaba. Me obsesioné. Empecé a pensar que podría haber evitado su discapacidad si hubiera comido más verduras o hubiera cuidado más de mi. Me culpé por su condición incluso cuando tu padre insistió en que no era culpa mía - me mira y sonríe con melancolía - Pero estabas tú, mi princesa de largo cabello y ojos plateados -

- Mamá, yo no soy una princesa y Hanabi no es una persona de la que tengamos que compadecernos. No saldré siempre con el chico con el que esperan que salga, no voy a vestir siempre como quieren que vista y, definitivamente, no voy a actuar siempre como esperan que actúe. Hanabi tampoco va a cumplir con sus expectativas -

- Lo sé -

- ¿No supondrá ningún problema? -

- Probablemente no -

- Eres demasiado exigente. Haría cualquier cosa para conseguir que dejaras de culparme por todo lo que salió mal. Quiéreme por quien soy. Quiere a Hanabi por quien es. Deja de concentrarte en lo negativo porque... la vida es demasiado corta -

- ¿Se supone que no debe preocuparme lo más mínimo el hecho de que hayas decidido salir con el miembro de una banda? - me pregunta.

- No. Sí. No lo sé. Si hubiese sabido que iba a contar con tu aprobación, te lo habría contado. Si lo conocieras... no es como la gente cree que es. Si no tengo otra opción que verme a escondidas con él, lo haré -

- Pertenece a una banda - espeta mi madre con brusquedad.

- Se llama Naruto -

- Conocer su nombre no cambia el hecho de que esté en una banda, Hinata - interviene mi padre.

- No, no lo cambia. Pero es un paso en la dirección correcta. ¿Prefieren que sea sincera o que les oculte la verdad? -

Tardo una hora en conseguir que mi madre acceda a dejar de dudar tanto de mí. Y para que mi padre acepte volver a casa antes de las seis, dos veces por semana.

Yo accedo a llevar a Naruto a casa para que mis padres puedan conocerlo. Y a decirles dónde estoy y con quién. No han querido aprobar ni celebrar mi elección, pero al menos es un comienzo. Quiero hacer las cosas bien porque recoger los pedacitos que componen mi familia es mucho mejor que dejarlos tirados en el suelo.

Naruto

Se supone que el intercambio va a tener lugar aquí, en el parque natural Konoha.

La zona de aparcamiento y los alrededores están a oscuras, de modo que solo tengo la luz de la luna para encontrar el camino. El lugar está desierto, excepto por un sedán azul con las luces encendidas. Me adentro en el bosque y reparo en la figura oscura tendida en el suelo.

Echo a correr en esa dirección mientras me invade una sensación de pavor A medida que me acerco, reconozco la chaqueta. Es como si estuviera presenciando mi propia muerte.

Me arrodillo en el suelo y le doy vuelta al cuerpo lentamente.

Yahiko.

- ¡Mierda! - grito cuando su sangre caliente y húmeda me moja las manos.

Yahiko tiene los ojos vidriosos, pero mueve lentamente la mano y me agarra por el brazo.

- La he cagado -

- Apoyo su cabeza sobre mis muslos.

- Te dije que dejaras de meterte en mis asuntos. No te mueras aquí. ¿Me oyes? ¡Te digo que no lo hagas! - le advierto con la voz estrangulada. Maldita sea, está sangrando por todas partes.

De la boca le cuelga un hilo de sangre reluciente.

- Estoy asustado - me susurra antes de hacer una mueca de dolor.

- No me dejes. Aguanta. Todo saldrá bien - sujeto con fuerza a Yahiko, consciente de que acabo de mentirle. Mi amigo se está muriendo. No hay vuelta atrás. Siento su dolor en mi propia alma.

- Mira por dónde. El falso Naruto y su amiguito, el auténtico Naruto. Bonita noche de Halloween, ¿no? - me vuelvo hacia la voz de Pain - Qué lástima que no reconociera a Yahiko antes de dispararle - continúa - A la luz del día son tan distintos. Supongo que debería ir a examinarme la vista -

Saca una pistola y me apunta con ella. No estoy asustado, estoy furioso. Y necesito respuestas - ¿Por qué lo has hecho? -

- Bueno, si te empeñas te diré que todo es culpa de tu abuelo. Quería salir de los Akatsuki, echó a tu padre de la ciudad para evitar que se metiera en la banda, no comprendió que una vez dentro... no hay modo de salir, Naruto. Él era el mejor hombre que teníamos. Justo antes de morir, intentó dejar la banda. El reto al que tuvo que enfrentarse fue aquel trapicheo. El mismo que te ha tocado a ti. Y ninguno de los dos saldrán vivos de esta - estalla en carcajadas y su risa resuena en mis oídos - Ese estúpido hijo de puta nunca tuvo ninguna posibilidad. Tú eres como tu viejo. Pensé que podría adiestrarte para que ocuparas su lugar como traficante. Pero no, eres igual que él, un desertor -

Miro a Yahiko, está respirando con dificultad. Apenas puede expulsar el aire de los pulmones. Reparo en su pecho manchado de sangre, en la mancha roja que se extiende lentamente. La escena me recuerda a mi padre. Aunque esta vez no tengo seis años, ahora lo tengo todo mucho más claro.

Yahiko y yo nos miramos durante un intenso segundo.

- Los Akatsuki nos han traicionado a los dos - son sus últimas palabras antes de desplomarse sin vida entre mis brazos.

- ¡Déjalo en el suelo! Está muerto, Naruto. Como tu viejo. ¡Levántate y mírame a la cara! - grita Pain, agitando el arma en el aire como un lunático.

Coloco el cuerpo sin vida de Yahiko en el suelo con delicadeza y me pongo de pie, preparado para luchar.

- Pon las manos sobre la cabeza, donde pueda verlas. ¿Sabes? Cuando maté a tu viejo lloraste como un bebé, Naruto. Lloraste en mis brazos, en los brazos del tipo que lo mató. Que ironía, ¿verdad? -

Solo tenía seis años. Si hubiese sabido que el asesino era Pain, no habría ingresado en los Akatsuki.

- ¿Por qué lo hiciste? -

- Chico, nunca aprenderás. Tu abuelo pensaba que era mejor que yo. Pero le demostré que estaba equivocado. ¡Vaya si que lo hice! Siempre hablaba de lo mucho que había mejorado la zona sur desde que los chicos pudieron ir al instituto ese, decía que en Konoha no había bandas, yo cambié eso, Naruto. Hice actuar a mis chicos y conseguí que todas las familias me pertenecieran. O venían conmigo o lo perdían todo. Eso, chico, es lo que me convierte en el jefe -

- Te convierte en un chiflado -

- Chiflado. Genio. Da igual - dice antes de empujarme con el arma - Ahora ponte de rodillas. Creo que es un buen lugar para morir. Justo aquí, en el bosque, como un animal. ¿Quieres morir como un animal, Naruto? -

- Tú eres el animal, imbécil. Al menos podrías mirarme a los ojos cuando me mates, no como hiciste con mi abuelo -

Cuando Pain empieza a dar vueltas a mi alrededor, comprendo que aquella es mi última oportunidad. Le agarro por la muñeca y lo obligo a caer al suelo.

Pain se pone hecho un furia y se levanta como un resorte, con la pistola aún en la mano. Aprovecho su desorientación para propinarle una patada en el costado. Él se da la vuelta y me golpea con la culata de la pistola en un costado de la cabeza. Caigo de rodillas, maldiciendo el hecho de ser simplemente un chico.

El recuerdo de mi abuelo y de Yahiko me otorgan la fuerza para enfrentarme a la borrosa silueta de Pain. Soy consciente de que está preparándose para pegarme un tiro.

Intento golpearle, pero caigo redondo al suelo. Pain me apunta al pecho con su Glock.

- ¡Le habla la policía de Konohagakure! ¡Tire la pistola al suelo y levante las manos donde podamos verlas! -

A través del bosque y de la neblina, apenas puedo distinguir las luces rojas y azules que brillan a lo lejos.

Levanto las manos.

- Tira el arma Pain. Se acabó el juego -

Pain sigue apuntando la pistola hacia mi corazón.

- Baje el arma - grita la policía - ¡Ahora! -

Tiene una mirada enloquecida. Siento su rabia desde el metro y medio que nos separa.

Sé que va a hacerlo. Es un cabrón. Va a apretar el gatillo.

- Te equivocas, Naruto - dice - El juego acaba de empezar -

Todo ocurre muy rápido. Me lanzo a la derecha cuando empiezan a sonar disparos.

Pum. Pum. Pum. Me tambaleó hacia atrás y comprendo que estoy herido. La bala me quema la piel. Entonces, todo se vuelve negro.

Hinata

A las cinco de la mañana me despierta el móvil. Es Konan. Probablemente quiera hablarme sobre Yahiko.

- ¿Sabes qué hora es? - le pregunto.

- Se lo han cargado, Hinata. Está muerto -

- ¿Quién? - exclamo, desesperada.

- Yahiko. Y... no sé si debería haberte llamado... aunque te enterarás de todos modos. Naruto estaba con él y... -

Los dedos se transforman en garras alrededor del aparato.

- ¿Dónde está Naruto? ¿Está bien? Por favor, dime que está bien. Te lo ruego, Konan. Por favor -

- Le dispararon -

Durante un segundo espero que pronuncia las funestas palabras: está muerto.

- Está en el quirófano. En el hospital de Konoha - dice contra mi pronóstico.

Antes de que termine la frase, ya me estoy quitando la pijama y vistiéndome a toda prisa, angustiada. Cojo las llaves, me dirijo a la puerta sujetando aun con fuerza el teléfono mientras Konan me relata todos los detalles.

El intercambio salió mal y Yahiko y Pain están muertos. Naruto recibió un disparo y está en el quirófano. Es lo único que sabe.

- Dios mío, Dios mío, Dios mío - canturreo de camino al hospital. Tras pasar la noche anterior con él, estaba convencida de que me elegiría a mí por encima del tráfico de drogas. Puede que el haya traicionado nuestro amor, pero yo no puedo hacer los mismo.

Me convulsiono con sollozos. Yahiko me aseguró ayer que se encargaría de que Naruto no hiciera el trapicheo, pero... madre mía. Yahiko ocupó su lugar y ha acabado muerto. Pobre Yahiko.

Intento quitarme de la cabeza las imágenes en las que Naruto no consigue superar la operación. Una parte de mí moriría con él.

Le pregunto a una enfermera si puede informarme sobre el estado de salud de Naruto.

La señora me pide que le deletree su nombre y luego teclea en el ordenador. El sonido me hace enloquecer. Se está tardando demasiado, tanto que quiero agarrarla por los hombros y zarandearla para que se dé prisa.

La mujer me mira con curiosidad - ¿Eres familiar? -

- Sí -

- ¿Qué parentesco? -

- Hermana -

La enfermera niega con la cabeza y se encoje de hombros. No se lo ha tragado - Naruto Uzumaki ha ingresado con una herida de bala -

- Se recuperará, ¿verdad? - le pregunto entre sollozos.

La señora vuelve a teclear en su ordenador.

- Lleva toda la mañana en el quirófano, señorita Uzumaki. La sala de espera es esa habitación naranja al final del pasillo, a la derecha. El médico le informará del pronóstico de su hermano después de la operación -

- Gracias - le contesto, agarrándome del mostrador.

Al entrar en la sala de espera, me quedo helada al ver a la madre y al primo de Naruto juntos en un rincón, sentados sobre las sillas naranjas del hospital. Su madre es la primera que se percata de mi presencia. Tiene los ojos muy rojos y las lágrimas le humedecen el rostro.

Me llevo una mano a la boca, pero no puedo evitar que se me escape un sollozo. No puedo contenerme. Las lágrimas me inundan los ojos y, a través de un borrón, veo que la señora Uzumaki me tiende los brazos.

Abrumada por la emoción, corro hacia ella.

...

Levanto la cabeza junto a la cama de Naruto. He estado sentada a su lado toda la noche, esperando a que despertara. Su madre y sus hermanos tampoco se han movido de su lado.

El médico dijo que podían pasar horas hasta que recuperara el conocimiento.

Humedezco una toallita en el lavabo de la habitación y le mojo la frente. He repetido la misma operación toda la noche, mientras el sudaba, atrapado en un sueño inquieto.

Abre los ojos, es obvio que lucha contra los sedantes.

- ¿Dónde estoy? - pregunta en tono débil y áspero.

- En el hospital - contesta su madre, que se apresura a colocarse a su lado.

- Te dispararon - añade Konohamaru con la voz estrangulada.

Naruto frunce el ceño - Yahiko... - dice con un hilo de voz.

- Ahora no pienses en eso - le dice su madre.

Me mira, trato con todas mis fuerzas de reprimir las emociones, pero no lo consigo del todo. Tengo que ser fuerte por él y no dejar que se venga abajo.

Creo que está a punto de cogerme la mano, pero una expresión de dolor le atraviesa el rostro y ceja en su empeño. Tengo tantas cosas que contarle, tanto que decirle. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo y cambiar el pasado. Ojalá pudiera haber salvado a Yahiko y a Naruto de aquel destino.

Con los ojos vidriosos por el sopor, me dice - ¿Qué haces aquí? -

Observo a su madre frotarle el brazo, intentando reconfortarlo.

- Hinata se ha quedado toda la noche, Naruto. Estaba preocupada por ti -

- Déjame hablar con ella. A solas - ruega débilmente.

Konohamaru y su madre salen de la habitación y nos dejan solos.

Naruto se incorpora sobre la cama con una mueca de dolor, entonces, me mira - Quiero que te vayas -

- No puedes hablar en serio - respondo, cogiéndole la mano. No puede estar hablando en serio.

Me aparta la mano, como si el contacto le quemara.

- Sí, hablo en serio -

- Naruto, podemos superar esto. Te quiero -

Él gira la cabeza y clava su mirada en el suelo. Traga saliva con fuerza y carraspea.

- Me acosté contigo por una apuesta, Hinata - asegura en voz baja, pero sus palabras son claras como el agua - No significó nada para mí. Tú no significas nada para mí -

Doy un paso atrás a medida que voy asimilando las dolorosas palabras.

- No - susurro.

- Tu y yo... solo fue un juego. Aposté con Shikamaru su RX-7 a que podía echar un polvo contigo antes de acción de gracias -

Me estremezco al oír a Naruto referirse a nuestro encuentro con aquella frialdad. Si lo hubiese llamado sexo, me habría dejado un sabor amargo en la boca. Pero referirse a eso con aquellas palabras hace que se me revuelve el estómago. Mantengo las manos firmes a los lados. Quiero que retire lo que ha dicho.

- Estás mintiendo -

Él aparta la mirada del suelo y la fija directamente en mis ojos. Ay, madre. No veo ninguna emoción en ellos. Su expresión es tan fría como sus palabras.

- Eres patética si crees que lo que había entre nosotros era real -

Niego con la cabeza de forma vehemente - No me hagas daño, Naruto. Tú no. Ahora no - le pido. Me tiemblan los labios cuando pronuncio un silencioso pero suplicante - Por favor - no responde y doy otro paso hacia atrás. Me tambaleó al pensar en mí, en la verdadera Hinata que Naruto sacó a la luz. Con un susurro lastimero añado - Confiaba en ti -

- Ese es tu problema no el mío -

Se toca en hombro izquierdo y hace una mueca de dolor antes de que su grupo de amigos irrumpa en la habitación. Le ofrecen sus condolencias y ánimos mientras yo me quedo de piedra en un rincón, pasando completamente desapercibida.

- ¿Todo ha sido por una apuesta? - pregunto por encima del bullicio.

Los seis o siete amigos que hay en la habitación me miran. Incluso Naruto. Konan se acerca a mí pero levanto una mano para detenerla.

- ¿Es cierto? ¿Naruto apostó que se acostaría conmigo? - repito. Aún no puedo creer que las venenosas palabras de Naruto sean verdad. No pueden serlo.

Todos los ojos recaen en él, pero los de Naruto me atraviesan a mí.

- Díganle - ordena Naruto.

Un tipo llamado Lee levanta la cabeza - Bueno, esto, sí. Ha ganado el RX-7 de Shikamaru -

Me apoyo en la puerta de la habitación, intentando mantener la cabeza en alto. Una expresión fría y dura se sienta en el rostro de Naruto.

Mi garganta amenaza con cerrarse cuando anuncia - Felicidades, Naruto. Ganaste. Disfruta tu nuevo coche -

Me agarro al pomo de la puerta y, cuando estoy a punto de salir veo que la mirada de hierro de Naruto se desvanece por un instante. Salgo lentamente de la habitación. Oigo los pasos de Konan en el pasillo pero huyo de ella, del hospital, de Naruto. Por desgracia, no puedo huir de mi corazón. Un dolor profundo lo atenaza y sé que nunca más volverá a ser el mismo.

Naruto

Llevo una semana aquí y estoy harto de las enfermeras, los médicos, las agujas, las pruebas... y sobre todo, las batas del hospital. Creo que cuanto más tiempo paso aquí, más gruñón me vuelvo. Vale, puede que no hubiera debido gritarle así a la enfermera que me ha quitado la sonda. Ha sido su animada disposición la que me ha sacado de quicio.

No quiero ver a nadie. No quiero hablar con nadie. Cuanta menos gente se meta en mi vida, mejor. He apartado a Hinata de mi vida y me dolió mucho tener que hacerle daño. Pero no tuve otra elección. Cuanto más cerca está de mí, más peligro corre. No podría soportar que le ocurriera los mismo que a Yahiko.

"Deja de pensar en ella" me digo.

La gente que me importa muere, así de simple. Mi abuelo. Ahora Yahiko. He sido un estúpido al pensar que podría tenerlo todo.

Cuando oigo que alguien llama a la puerta grito - ¡Lárgate! - pero, sea quien sea, vuelve a hacerlo con más insistencia - ¡Déjenme en paz de una puta vez! -

Cuando se abre la puerta, le lanzo un vaso. No acaba estrellándose contra ningún empleado del hospital sino contra el pecho de la señorita Yuhi.

- Oh, mierda. Tú no -

- No es exactamente la bienvenida que esperaba, Naruto - dice - ¿Sabes que aún puedo darte una papeleta de castigo? -

Me doy la vuelta para no tener que mirarla.

- ¿Vino a darme papeletas de castigo? Por que si es así, puede olvidarse de ello. No voy a regresar al instituto. Gracias por la visita. Siento que tenga que marcharse tan pronto -

- No voy a irme a ningún lado hasta que oigas lo que tengo que decir -

Por favor, no. Cualquier cosa menos tener que escuchar su sermón. Presiono el botón para avisar a la enfermera.

- ¿Necesitas algo, Naruto? - pregunta una voz a través del altavoz.

- Me están torturando -

- ¿Cómo dices? -

La señorita Yuhi se acerca y me quita el altavoz de la mano.

- Está bromeando. Lo siento - dice la señorita Yuhi, deja el altavoz sobre la mesita de noche, fuera de mi alcance - ¿No te suministran pastillas de la felicidad en este lugar? -

- No quiero ser feliz -

La señorita Yuhi se inclina hacia adelante - Naruto, siento mucho lo que le ocurrió a Yahiko. No era alumno mío, pero me han dicho que ustedes dos eran muy unidos -

Miro por la ventana para evitarla. No quiero hablar de Yahiko. No quiero hablar de nada.

- ¿Por qué vino? -

Escucho el sonido de una cremallera. Saca algo del bolso - Te he traído deberes, para que estés al día cuando vuelvas a clase -

- No voy a volver. Ya se lo he dicho. Lo dejo. No debería sorprenderle, señorita Yuhi. Soy un pandillero, ¿lo recuerda? -

Ella camina alrededor de la cama, entrando en mi campo de visión.

- Supongo que me equivoqué contigo. Estaba convencida de que ibas a romper el molde -

- Si, bueno, eso fue antes de que le dispararan a mi amigo. Querían matarme a mí ¿sabe? - digo, mirando el libro de química que lleva en la mano. El libro me recuerda lo que era antes y lo que ya no podré ser - ¡Yahiko no tenia que morir, maldita sea! ¡Tendría que haber sido yo! - grito.

La señorita Yuhi no se inmuta - Pero no sucedió de ese modo. ¿Crees que le haces un favor a Yahiko rindiéndote y dejando el instituto? Consideralo un regalo que te hizo, no una maldición. Yahiko no va a volver, pero tú aún puedes - la señorita Yuhi coloca el libro de química en la repisa de la ventana - He visto morir a más alumnos de los que creía posible. Mi marido insiste en que me marche del instituto a otro sin pandilleros, muertes o drogas - se sienta en el borde de la cama y se mira las manos - Me quedé para poder cambiar las cosas, para convertirme en un modelo a seguir. El director cree que podemos enmendar la brecha existente, y yo intento aportar mi granito de arena. Si cambiara la vida de uno de mis alumnos, podría... -

- ¿Cambiar el mundo? - interrumpo.

- Tal vez -

- No puede hacerlo, el mundo es como es -

Ella me mira, con una expresión de satisfacción en la cara.

- Ay, Naruto, estás tan equivocado. El mundo es como tu quieres que sea. Si piensas que no puedes cambiarlo, entonces continúa el camino trazado. Pero hay otros caminos, aunque son más difíciles de recorrer. Cambiar el mundo no es fácil, pero lo que si tengo claro es que quiero intentarlo, ¿y tu? -

- No -

- Estás en tu derecho. Yo voy a intentarlo de todas formas - asegura, y tras hacer una pausa, añade - ¿Quieres saber cómo le va a tu compañera de laboratorio? -

- No. No me importa - respondo negando con la cabeza.

Las palabras casi se me atascan en la garganta.

Ella suspira, dándose por vencida, y se acerca a la repisa de la ventana para coger el libro de química.

- ¿Debería dejarlo aquí o llevármelo? -

No le digo nada.

Ella vuelve a dejar el libro junto a la ventana antes de dirigirse a la puerta.

- Ojalá hubiera elegido biología en lugar de química - confieso cuando abre la puerta para marcharse.

Ella me guiña un ojo con complicidad - No te creo. Y para que lo sepas, el director vendrá a visitarte esta tarde. Le advertiré que tenga cuidado al entrar, por si te da por lanzarle alguna cosa -

Me dieron el alta dos semanas después, mi padre nos recibió en Suna, con un casa humilde, pero lista para nosotros, aún sin vivir con él, tenía desde hace años un cuarto para mí, nos contó que el abuelo fue quien lo obligó a marcharse y luego no tuvo más contacto con ninguno, nos buscó pero no dio con nuestro paradero, hasta ahora, por noticias del periódico. Un mes más tarde conseguí trabajo como camarero en un hotel, cerca de casa. Un buen hotel, con paredes entabladas y pilares en las puertas delanteras. Cuando salía con mis nuevos compañeros después del trabajo, intentaban que me interesase por alguna chica. Las chicas eran preciosas, sexys y evidentemente, sabían cómo atraer a un chico. El problema era que no eran Hinata.

Tenía que sacármela de la cabeza. Y rápido.

Lo intenté. Una noche, una chica que se alojaba en el hotel me llevo a su habitación. Al principio supuse que acostarme con otra me haría olvidar la noche que pasé con Hinata. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, me quedé paralizado.

Entonces me di cuenta de que Hinata había arruinado mi percepción de las mujeres para siempre. No era el rostro de Hinata, ni su sonrisa, ni sus ojos. Todo eso hacía que los demás la vieran como una chica preciosa, pero era su interior lo que la hacía distinta. Era el modo en que le limpiaba la cara a su hermana, la seriedad con la que se tomaba la clase de química, su modo de demostrarme su amor pese a saber quién y qué era yo. Había estado a punto de meterme en un asunto de drogas y, pese a todo, Hinata eligió amarme.

De modo que ahora, tres meses después del disparo, regreso a Konoha, para enfrentarme a lo que la señorita Yuhi llamaría mi mayor miedo.

Deidara está sentado en su oficina, en el taller, negando con la cabeza. Hablamos de la noche de Halloween y le perdono por haberle contado a Shikamaru que me había acostado con Hinata.

Tras explicarle lo que voy a hacer, Deidara suelta un lento y profundo suspiro.

- Podrías morir - dice, mirándome fijamente.

- Lo sé - admito, asintiendo con la cabeza.

- No podré ayudarte. Ninguno de nuestros amigos en los Akatsuki podrá hacerlo. Piénsalo bien Naruto. Regresa a Suna y disfruta del resto de tu vida -

Ya he tomado una decisión y no tengo intención de dar marcha atrás.

- No soy un cobarde. Tengo que hacerlo. Tengo que salir de la banda -

- ¿Por ella? -

- Sí -

Por ella y por mi abuelo. Por Yahiko, por mi familia y por mí mismo.

- ¿De qué te sirve salir de los Akatsuki si acabas muerto? - me pregunta Deidara - La paliza que sufriste para entrar te va a parecer una bendición comparado con esto. Harán incluso que participen los miembros más antiguos -

En lugar de responder, le paso un trozo de papel con un número de teléfono escrito en él.

- Si me ocurre algo, llama a este tipo. Es el único amigo que tengo que no tiene nada que ver con esto -

Ni con esto, ni con Hinata.

Esta noche me enfrento a un almacén lleno de gente que me considera un traidor. Me han llamado eso y un montón de cosas más. Hace una hora le conté a Tobi, el sucesor de Pain, que quería salir de la banda. Una ruptura limpia con los Akatsuki. Solo hay un problema... para conseguirlo tengo que sobrevivir a un desafió, lo que ellos llaman "El 360", un paliza en la que te propinan golpes desde todos lados.

Tobi, rígido y ceñudo, camina hacia mi con la bandana de los Akatsuki. Observo a los espectadores. Mi amigo Sasuke, al fondo, aparta la mirada. Lee y Shikamaru también están aquí, pero a ellos les brillan los ojos por la emoción. Lee es un chiflado en cuanto a peleas se dida y Shikamaru no se alegra de perder la apuesta, aunque nunca reclame mi premio. Ambos disfrutarán apaleándome son que pueda devolverles los golpes.

Deidara, mi primo, está apoyado contra la pared, en un rincón del almacén. Lo demás esperan que participe en el desafío, que aporte su granito de arena, rompiéndome un hueso que me provoque la muerte. La lealtad y el compromiso es lo más importante para los Akatsuki. Si violas esa lealtad, violas el compromiso... y te conviertes en su enemigo. O en algo peor, porque antes eras uno de ellos. Si Deidara mueve un dedo para protegerme, estará jodido.

Me levanto orgulloso mientras Tobi me tapa los ojos con la bandana. Sé que puedo hacerlo. Si la recompensa es regresar junto a Hinata, habrá merecido la pena. Ni siquiera voy a pensar en la otra opción.

Tras atarme las manos a la espalda, me llevan hasta un coche y me meten en el asiento trasero, con dos tipos flanqueándome. No tengo ni idea de hacia dónde nos dirigimos. Tobi está ahora al mando, así que cualquier cosa es posible.

Una nota. No he escrito ninguna nota. ¿Qué pasa si muero y Hinata no se entera nunca de lo que siento por ella? Quizás sea mejor así. Ella podrá seguir adelante con su vida más fácilmente si cree que solo soy un idiota que la traicionó.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, el coche se sale de la carretera. Lo sé porque siento la gravilla crujiendo bajo los neumáticos. Tal vez saber dónde estoy me tranquilizará, pero no puedo ver nada. No estoy nervioso, más bien impaciente por saber si seré uno de los afortunados que salen vivos del desafío. E incluso si lo consigo, ¿me encontrará alguien o moriré solo en algún granero, almacén o edificio abandonado? Quizás no vayan a pegarme. Puede que solo me lleven a la azotea de un edificio y una vez allí me den un empujón y se acabó.

No. Tobi no haría eso. Le gusta oír los gritos y las súplicas de tíos más fueres mientras los tiene arrodillados frente a él.

No voy a darle esa satisfacción.

Me sacan del coche. Por el sonido de la gravilla y las piedras bajo mis zapatos, sé que estamos en medio de la nada. Oigo cómo se detienen otros coches, el sonido de más pasos. Una vaca muge a lo lejos.

¿Un mugido de advertencia? La verdad es que no me gustaría que tuviéramos que largarnos ahora. Si algo interrumpe esta ceremonia, solo supondrá posponer lo inevitable. Estoy deseando hacerlo. Estoy preparado. Acabemos de una vez.

Me pregunto si me atarán las manos a un árbol o si me colgarán como una piñata viviente.

Joder, odio no saber lo que me espera. Estoy perdido.

- Quédate aquí - me ordenan.

Como si fuera a marcharme a algún sitio.

Alguien se acerca. Puedo oír la gravilla crujiendo a cada paso.

- Eres una desgracia para la hermandad, Naruto. Hemos protegido a ti y a tu familia, y tu decides darnos la espalda, ¿es así? -

Ojalá mi vida fuera una novela, de esas donde los héroes al estar a punto de morir encuentran un plan brillante, y si el héroe acaba muerto, el malvado acaba destrozado el resto de su vida. Por desgracia, la vida real no siempre tiene un final feliz.

- Pain fue el que traicionó a los Akatsuki - le digo - Él si era un traidor -

Como respuesta, me gano el primer puñetazo en la mandíbula. Mierda, no estaba preparado. No puedo ver nada con los ojos vendados. Intento permanecer impasible.

- ¿Comprendes las consecuencias de dejar los Akatsuki? -

Muevo la mandíbula de una lado a otro - Sí -

Oigo los crujidos de la gravilla mientras la gente se arremolina a mí alrededor. Esta noche yo soy el blanco.

Se impone un silencio aterrador. Nadie ríe, nadie emite sonido alguno. Algunos chicos que me rodean han sido mis amigos desde que eramos pequeños. Como Deidara, libran una batalla interior consigo mismos. No les culpo. Solo los menos afortunados han sido elegidos para la pelea de hoy.

Sin previo aviso, alguien me golpea en la cara. Intento mantener el equilibrio, pero es difícil, sobre todo porque sé que me esperan más golpes como aquel. Una cosa es estar en una pelea abierta, y otra muy distinta es estar en una en la que sabes que no tienes salida.

Algo afilado me rasga la espalda. A continuación, siento un puñetazo en las costillas. Me golpean de cintura para arriba, sin dejar ni un centímetro libre de golpes. Un corte aquí, un puñetazo allá. Me tambaleo varias veces, pero vuelvo a enderezarme y vuelven a darme un puñetazo.

Me dan una cuchillada en la espalda. Me escuece como si las llamas estuvieran lamiéndome la piel. Puedo distinguir los puñetazos de Deidara y de Sasuke, porque contienen menos rabia que los demás.

Pensar en Hinata me ayuda a no gritar. Quiero ser fuerte por ella... por nosotros. No voy a dejar que mi vida o mi muerte dependan de estos tipos. Yo soy el dueño de mi destino, no los Akatsuki.

No tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado, ¿media hora?, ¿una hora? Tengo el cuerpo entumecido. Me cuesta mucho mantenerme en pie. Y entonces me llega el olor del humo, ¿me van a empujar a una fogata? Todavía tengo la bandana bien atada sobre los ojos, aunque no me importa, porque estoy seguro de que los tengo tan hinchados que de todos modos no podría abrirlos.

Me siento desfallecer y estoy a punto de caer al suelo pero me obligo a permanecer recto.

Probablemente esté irreconocible, con la sangre brotando de todos los cortes que tengo en la cara y el cuerpo. Puedo sentir cómo me desgarran la camiseta y cómo cae al suelo hecha pedazos. La cicatriz que me dejó Pain debe de ser ahora visible. Un puño me golpea justo ahí. Es demasiado doloroso.

Me desplomo al suelo, arañándome la cara con la gravilla.

Ya no estoy tan seguro de poder resistirlo. "Hinata, Hinata, Hinata". Mientras pueda repetir ese mantra, sé que no moriré. "Hinata, Hinata, Hinata".

¿Será real el olor a humo o acaso es el olor de la muerte?

A través de la espesa neblina de mi mente, me parece oír cómo alguien dice - ¿No crees que ya ha tenido suficiente? - oigo una voz distante, pero inconfundible.

- No -

Se suceden las protestas. Si pudiera moverme, lo haría. "Hinata, Hinata, Hinata"

Oigo más protestas. Nadie suele hacer esto durante un desafío. No está permitido. ¿Qué sucede? ¿Qué va a ocurrir ahora? Tiene que ser algo peor que los golpes porque oigo a varios chicos discutiendo.

- Sujetenle la cabeza abajo - me llega la voz de Tobi - Bajo mi mando, nadie traiciona a los Akatsuko. Que esto sirva de ejemplo para todo aquel que intente traicionarnos. El cuerpo de Naruto Uzumaki quedará marcado para siempre como un recuerdo de su traición -

El olor a quemado se hace más intenso. No tengo idea de lo que está a punto de ocurrir, y entonces siento en la parte superior de la espalda lo que parecen brasas.

Creo que suelto un gemido, o un gruñido, o un grito. No estoy seguro. Ya no sé lo que ocurre. Me cuesta pensar. Lo único que puedo hacer es sentir el dolor. Podrían haberme lanzado directamente al fuego, es la peor tortura imaginable. El olor a piel quemada me abraza la nariz. Entonces comprendo que las brasas no son en realidad brasas. El cabrón me está marcando. El dolor, el dolor...

"Hinata, Hinata, Hinata".

Continuará...

Ya casi terminamos :3